Noche del Diablo [BakuDeku]

Summary

* Especial de Halloween 2023 * Musutafu es un pueblo tranquilo donde todos se conocen y se llevan bien. Sin embargo, la llegada de cierta familia con costumbres extrañas al lugar podría acabar con la vida pacífica de sus habitantes. Misteriosas desapariciones, asesinatos, sucesos paranomarles, aullidos de lobo y tenebrosos lamentos al caer la noche llenaran de terror a todo Musutafu. Y cuando los humanos tienen miedo responden con agresividad.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Llegada

Autora: MaddieSagita.


Fandom: Boku no Hero Academia.


Parejas: BakuDeku.


Género: Horror.


Derechos: Los personajes no me pertenecen sino a Kōhei Horikoshi.


Advertencias: AU, Comedia, Sobrenatural, Religión, Homicidio, Canibalismo, Suicidio, Romance, Hombres Lobo, Fantasmas, Misterio, Gore, Homofobia, Discriminación, Monstruos.


Clasificación: Mayores de 18 años.


Aclaraciones:


Esta historia fue escrita para celebrar Halloween que, aunque es una festividad gringa, me pareció fascinante escribir un fic con esta temática.


Inspirada en las series de blanco y negro de Los Locos Adams y La Familia Munster; y basada en las películas La Granja Humana, Inframundo 3, El Resplandor, Doctor Sueño, Silent Hill, El Conjuro, El Extraño Mundo de Jack, El Demonio 2, La Noche del Demonio 3, Monster High: Embrujadas; y las series de American Horror Story: Roanoke y Monster High. Además incluí algunas referencias a La Divina Comedia, Drácula, Frankenstein y la mitología griega.


Quiero aclarar también que este fic no es una ataque a ningún grupo religioso ni a los miembros de la comunidad LGTBIQ+. Es ficción con referencias (o intentos de referencias) satíricas a problemas sociales reales, nada más. Pido respeto a la obra y por favor ahorrense comentarios insultantes sobre el contenido que no haya sido de su agrado.


Notas de la autora:


¡Disfrútenlo!



En Musutafu, un pequeño pueblo con costumbres conservadoras y mentalidad cerrada, controlado casi en su totalidad por la presidenta de la junta vecinal que era una mujer muy religiosa y orgullosa; todos observaban curiosos el paso de lo que parecía un muy descuidado y fúnebre carruaje tirado por dos caballos tan negros como la noche de ojos rojos, controlados por un hombre cuyo rostro no se veía en absoluto debido a la túnica negra con capucha que usaba.


-¿Qué es esa cosa?-preguntó una de las vecinas que espiaba por la ventana.


-No tengo la menor idea, pero se parece al automóvil de la familia Adams-respondió su amiga.


-¿La familia Adams? La familia Munsters mejor dicho.


-Escuché esta mañana que la mansión de los Ojiro se vendió.


-¿Qué? ¿Estás segura?


-Por supuesto.


-Entonces los que van dentro de esa...casa para perro andante ¿son los nuevos vecinos?


-Eso creo.


-Faltaba más. ¿Habías visto semejante muestra de exhibicionismo? Esa gente no tiene el menor sentido de la descencia.


-Tienes razón. Usar ese pedazo de madera pudrida para transportarse, ni los vagabundos son tan desvergonzados.


-Genial. Este pueblo es conocido por el alto nivel social de los que vivimos aquí y ahora tendremos que codearnos con gente tan sucia y vulgar-dijo con el mentón en alto.


-¿Qué habremos hecho para que Kami-sama nos castigue así, amiga?


-No tengo idea. Pero espera a que Monoma-san se entere, no se pondrá nada contenta.


-Es verdad, quizá ella pueda arreglar este error.


-Cierto. Aunque la vieja y abandonada mansion Ojiro lleva en venta más años que sus antiguos propietarios llevan muertos, eso no es motivo alguno para vendersela a cualquier gentuza.


-Amén, amiga, amén.


Ambas asintieron y volvieron a la sala para seguir tomando el té y hablar sobre los chismes del pueblo de esa semana.


Mientras tanto el carruaje continuó su marcha por la calle principal hasta llegar a los límites del pueblo donde finalmente se detuvo frente a una mansión muy deteriorada, casi destruida, con un jardín lleno de hierbajos e insectos y una cerca de madera pudrida.


-Llegamos-informó el cochero a sus clientes con una voz que espantaría al mismísimo Frankenstein.


No pasó mucho antes de que la puerta del carruaje se abriera y uno de sus clientes saliera a corrobar sus palabras.


-¿Es aquí?


-Sí, señor. Seguí la dirección que me dio.


-Mmm. Bien, aquí está tu dinero más la propina.


-Oh gracias, mi señor.


-Sí, lo que sea. Ahora baja el equipaje.


El cochero asintió y subió al techo del carruaje para desatar los cofres con las pertenencias de sus clientes mientras su cliente le tendía la mano a su pareja para ayudarlo bajar, seguido de su hija y el resto de la familia que estaba ansiosa por ver su nuevo hogar temporal, sin saber que cada uno de sus movimientos eran vigilados por los ojos chismosos de los vecinos.


-¿Esta es la casa?


La melodiosa y dulce voz de la "esposa" hizo estremecer al jefe de familia, quien aún sostenía su mano y miraba el lugar con una expresión indescifrable.


-Al parecer sí. ¿Te gusta?


-¡Oh Kacchan, es hermosa!-chilló dando saltitos de emoción-No puedo creerlo, por un momento temí que te hubieran estafado de nuevo.


-¡¿Qué?!


-Pero me alegro que todo saliera bien-sonrió, ignorando la mirada fulminante del cenizo-Y lo mejor es que el pueblo parece muy elegante y fino, digno de nosotros. Recuerda que nuestros invitados no esperan menos que lo mejor para la fiesta.


-Espera un segundo, Deku de mierda, ¡¿qué mierda quisiste decir antes?! ¡A mi nunca me han estafado! ¿Por quién me tomas? Yo soy el gran Bakugou Katsuki, heredero único de la ancestral familia Bakugou.


-Pues lamento recordarte que al "gran Bakugou Katsuki" le vieron la cara de tonto cuando lo envié a comprar sangre de cabra y trajo sangre de vaca.


-Ya te dije que eso no fue mi culpa, el estúpido vendedor escuchó mal-replicó, cruzando los brazos y desviando la mirada-Estúpidos chupa sangre, podrán ser inmortales, pero están más ceniles que el abuelo mimado y excéntrico de mi Deku.


-No culpes a los vampiros, Kacchan, siendo un lobo de tu alcurnia es vergonzoso que no notaras la diferencia solo con su olor. ¿Para qué tienes esa nariz súper desarrollada si no la usas?


-¡Sí la uso!


-Olvídalo, no quiero discutir ahora. Estoy muy contento con la casa que conseguiste para nosotros que lo único que quiero es entrar para comenzar a desempacar-dijo echando andar hacia la entrada.


Katsuki cargó los pesados cofres con su equipaje y lo siguió.


-¿No quieres descansar un poco? Fue un largo viaje, tal vez deberíamos comer algo antes de instalarnos.


-Nada de eso, Eri y yo tendremos mucho trabajo las siguientes semanas organizando la fiesta y si quiero tener todo listo a tiempo tengo que empezar ya.


-Bien, solo no te exijas tanto.


-Descuida, no lo haré. Especialmente porque permití que Eri ayudara, ya sabes que si no me detengo yo ella tampoco.


-¿Qué esperas? De tal palo tal astilla.


Deku bufó y atravesó el umbral de la mansión, solo para encontrarse con su abuelo peleando en el suelo con su cachorro Kouta, quien gruñía a cada golpe con bastón que recibía del anciano.


-¡Mocoso tonto, yo gané!


-¡Pero yo quiero dormir en el sótano! Además hiciste trampa, anciano.


-¡No es cierto!


-¡Que sí!


-¡Que no!


-¡Que sí!


-¡Que no!


-¡Mocoso del demonio!


-¡Anciano egoísta!


-¡¿Qué mierda está pasando aquí?!-rugió Katsuki apareciendo detrás del peliverde-¡Abuelo, Kouta, separense!


-Viejo, el abuelo no quiere aceptar que hizo trampa para ganarse el sótano como habitación.


-Pamplinas. Yo gané justamente.


-¡Mentiroso!


-Mocoso irrespetuso, pero no me sorprende siendo hijo de ese perro sarnoso.


-Te escuché, anciano idiota-gruñó. Puso el equipaje en el suelo y cruzó los brazos, mirando a ambos con una cara tan aterrradora que solo reservaba para la Noche del Diablo.


Ante esto, tanto el abuelo como Kouta tragaron saliva.


-Escuchenme bien porque no lo repetiré, no quiero más peleas absurdas dentro de la casa ni gritos ni gruñidos ni escándalo, ¡¿está claro?!


-Sí, papá-respondió el cachorro, bajando la mirada.


-¿Y tú, abuelo?


-Tú no me das órdenes, mocoso sarnoso. Si quiero gritar lo haré, si quiero pelear con mi nieto lo haré, soy demasiado viejo para obedecer a un mocoso que recién dejó de alimentarse de su madre-declaró golpeando el suelo con su bastón.


-¡¿Qué dijiste viejo idiota?!-exclamó a punto de saltarle al cuello.


Al verlo, Izuku suspiró y se paró en medio de ambos.


-Abuelo por favor, Kacchan es el jefe de la casa, le debes respeto, además él tiene razón. Tenemos que causar una buena impresión para nuestros nuevos vecinos, recuerda que estaremos un tiempo aquí y es mejor adaptarnos para no tener problemas.


-Ya oíste anciano, ahora ve a tu habitación.


-Ja. No puedo creerlo, traicionado por mi nieto, si tu padre estuviera aquí, Izuku, estaría muy decepcionado.


-Abuelo, haz caso.


-Sí, sí, ya voy.


Aún refunfuñando, el anciano abrió la puerta del sótano y se encerró, azotando la puerta.


-Tú también vete a tu habitación, mocoso. Tienes mucho que desempacar y ni creas que te vamos a ayudar.


-¡Pero el abuelo se quedó con mi habitación!


-¡Está casa es malditamente grande, solo encuentra otra sucia y destrozada habitación y úsala! O ve al ático, pero deja de molestar.


-¡Muerete viejo!-ladró y subió corriendo a la segunda planta.


-¡Maldito mocoso!-gruñó y miró a su esposo, quien tenía una sonrisita en su rostro-¿De qué mierda te ríes?


-De tal palo tal astilla, ¿no Kacchan?


-¡¿Tú también?!


Izuku soltó a reír y subió a la segunda planta para ver a Eri, dejando a un muy irritado cenizo gruñendo en la entrada.


-Con esta familia para qué quiero enemigos.




Monoma Hikari era la presidenta de la junta vecinal del pueblo de Musutafu y era conocida por ser una mujer cínica, entrometida y chismosa que no perdía oportunidad para meter sus narices en donde nadie la llamaba, al igual que casi todas las señoras del pueblo que conformaban su círculo de amistades. Es por eso que, cuando se enteró de la llegada de los nuevos vecinos, se apresuró a organizar para el día siguiente otra de sus famosas "fiestas de Tupperware" en la que invitó a todas sus amigas del pueblo con el fin de informarse más al respecto.


Es así que al día siguiente, por la tarde, la residencia Monoma se llenó de amas de casa que tomaban té y comían de los pastelillos que su anfitriona les ofrecía mientras se quejaban de sus maridos, hijos y quehaceres del hogar, pero guardaron silencio cuando cierta rubia de ojos azules dio golpecitos a su taza de té con la cucharita.


-Atención chicas, vamos a empezar. Sé que todas se enteraron ya de los nuevos vecinos que compraron la casa de los Ojiro.


-Oh, sí Monoma-san. Tetsutesu-san y yo vimos su horrible automóvil sacado de la edad media desfilar por la calle principal. Qué vergüenza salir con eso, se nota que no tienen moral.


-Es verdad. Esa cosa parecía más una casa de perro con llantas que un transporte.


-Ja y no viste los harapos que vestían.


-Es cierto, parece que lavaron su ropa en un vertedero.


-Oh dios, que horrible.


-No puedo creerlo, además de vulgares también son vagabundos.


-Hasta eso se queda corto.


-Aguarden un momento-intervinó la anfitriona poniéndose de pie-Yo aún no los he visto, por eso quiero que me digan todo lo que saben. Kendo-san e Ibara-san, ustedes viven al lado y frente a ellos, ya deben haberlos visto.


-Oh sí, lo hicimos.


-Bien, hablenos de ellos. ¿Cómo son?


-Kendo-san los vio más de cerca, estaba en su jardín esta mañana cuando salieron, ella puede darles una explicación más detallada.


-Habla entonces.


-En seguida, Monoma-san-asintió la aludida, dejando su taza de té en la mesita de centro y alisando su falda-Primero que nada, todos vestían en harapos sucios y remendados que parecían ser de tercera sino es que de cuarta mano.


-Ooh.


-Que asco.


-Que vulgares.


-Seguro son vagabundos que ganaron la lotería.


-Espero que no tengan pulgas ni piojos. ¿Se imaginan en lo que este limpio y noble pueblo se convertiría si surge una plaga de esos repulsivos insectos?


-Ni lo menciones, perderíamos el pretigio y la exclusividad que nos distingue.


-Me temo que ya es tarde con la exclusividad. Esperen a que todos se enteren que unos pepenadores suertudos viven aquí, dios, no quiero ni imaginar lo que dirán de nosotros.


-Silencio. Kendo-san, continúa.


-Claro, Monoma-san. Pues verán, no solamente visten en harapos sino que también se disfrazan para Halloween todo el tiempo.


-¿En serio?


-Sí, ayer los ví usando los mismos ridículos disfraces que esta mañana.


-No cabe duda de que no saben nada sobre decencia ni higiene, es decir, si lo usaban esta mañana quiere decir que no se bañaron.


-Iugh.


-¿Y cuántos son?


-Son cinco. Un anciano decrépito, una niña de unos trece años con un color de ojos muy raro, un niño de unos seis años que viste de hombre lobo con todo y orejas; y los padres que lucen muy jóvenes para ser padres. Si no fuera porque es imposible hasta pensaría que solo son como uno o dos años mayores que mi hija.


-Deben haberse operado.


-Claro, ganando la lotería cualquiera lo haría, pero intervenir con el ciclo natural de la vida desagrada a Dios.


-Estoy de acuerdo.


-Y eso no es lo peor, Monoma-san, chicas, lo peor en ese matrimonio  es que es...oh dios, ni siquiera puedo decirlo.


-¿Qué cosa, Kendo-san?


-Sí, díganos.


-Es que ellos son el mismo diablo.


-Kendo-san, no blasfeme.


-Pero es que no sé de qué otra forma llamarlos, Monoma-san. Le juro que tan solo los ví cometiendo esos actos tan impuros e inmorales en medio de su jardín me asustó tanto que entré de inmediato a mi casa y comencé a rezar.


-¿Pero qué viste?


-¡Los ví besándose, Monoma-san! ¡Ellos se besaban!


-¡¿En público?!-exclamó escandalizada la rubia-Dios mío, ¿acaso no piensan en los niños? Esos angelitos que podrían haber visto semejante espectáculo pecaminoso y pensar que es correcto actuar tan desvergonzadamente en público.


-Kendo-san, Ibara-san, por favor díganos si sus niños los vieron.


-Pobres criaturas, debió ser horrible para ellos.


-Oh no, Tetsutesu-san, por suerte tan pronto los ví salir a su jardín los envié a sus cuartos y les prohibí asomarse por las ventanas.


-Hiciste bien, Ibara-san.


-¿Y tú, Kendo-san?


-Gracias a Dios mi esposo los había llevado al pequeño cine, por lo que ninguno estaba en casa. Pero si creen que su comportamiento es vulgar e indecente, esperen a saber el tipo de matrimonio que tienen.


-¡¿Hay más?!


-Sí, esas personas no solo se besan en público sino que también...ay no, no puedo decirlo. Es asqueroso y podría molestar a Dios si lo digo en voz alta.


-Estoy segura que Dios entenderá, ahora díganos ya que nos tiene en suspenso.


-Bueno, la verdad es que ellos...ellos son...-la mujer tragó saliva mostrándose casi como si estuviera apenada de decirlo-Homosexuales.


Inmediatamente después un fuerte chillido hizo eco en toda la casa. Todas las señoras comenzaron a rezar y a gritar asustadas, hasta que la rubia anfitriona las obligó a guardar silencio alzando la voz por encima de sus griterío.


-Basta, chicas, basta. Tenemos que calmarnos.


-P-Pero, Monoma-san, ¿cómo quiere que nos calmemos? Si esos demonios estarán viviendo en nuestro pueblo.


-¡Podrían corromper a nuestros hijos e insitarlos al pecado!


-Personas como ellos no pueden estar aquí, Monoma-san, ¡debemos hacer algo!


-¡Su matrimonio es una ofensa a Dios!


-Tranquila Tetsutesu-san, estoy segura  que arderan en el infierno.


-Que asco, no quiero que se me acerquen nunca.


-Yo quiero irme de aquí. No quiero mezclarme con ellos.


-Estoy de acuerdo, no deseo que piensen que me mezclo con hombres que se creen mujeres.


-Nadie se irá de aquí, así que calmense.


-Monoma-san.


-Escuchen, es verdad que los nuevos vecinos son una amenaza para nuestra vida perfecta, nuestra reputación y nuestras almas, pero recuerden lo que el Señor dice: la salvación está al alcance de quien se arrepiente de corazón.


Las amigas se miraron confundidas.


-¿Qué tiene que ver eso?


-Siguiendo las enseñanzas del Señor, nuestro deber como sus ciervas fieles y puras es intentar 'salvar' a estos pecadores y mostrarles el buen camino.


-¿Y cómo haremos eso?


-Bueno, Hagakure-san, si no mal recuerdo en unos días será el baile del aniversario del pueblo.


-Claro, el día en que nuestros ancestros fundaron este pueblo para mantenernos puros y alejados de las ciudades de pecadores.


-Sí y este año será de disfraces.


-Así es, por eso invitaremos a los nuevos vecinos a ir. Una vez ahí, Kendo-san, Hagakure-san, ustedes les presentarán a sus hijas.


-¡¿Qué?! ¡¿A nuestras hijas?!


-¡¿Se ha vuelto loca, Monoma-san?!


-Claro que no. Es perfecto, si esos varones conocen mujeres quizá olviden esas pecaminosas prácticas lujuriosas y vuelvan al camino de Dios.


-Pero nuestras hijas Monoma-san, nos pide que entreguemos a nuestras hijas a esos desviados.


-Sus hijas son las únicas que no han conocido varón, por eso son las únicas que podrían ayudarlos. Además, solo hablaran y bailaran con ellos, no es como si se fueran a casar.


-Pero...


-Kendo-san-intervinó la señora Tetsutesu-Recuerde lo que ocurrió en Sodoma y Gomorra, si hombre tan noble pudo ofrecer a sus hijas a esos demonios para salvar a los ángeles del Señor, ¿por qué ustedes no?


-Cierto. Recuerden, somos buenas hijas de Dios y si esta es su voluntad no nos queda más que aceptarlo.


Ambas mujeres se miraron aún dudosas y reacias. No querían que sus hijas se acercaran esos demonios, pero si era la voluntad de su Dios no había más remedio. Estaban seguras de que él las protegería.


-Está bien.


-Haremos lo que nos dice, Monoma-san.


-Perfecto. Y no olviden poner al tanto a sus hijas, deben estar preparadas para ayudar a esas pobres almas.


-Claro.


-Pero Monoma-san, ¿será eso suficiente para devolverlos al buen camino?


-Esperemos que sí. Yo iré todos los días a leerles algunos pasajes de la Biblia.


-Buena idea, así recordarán sus sagradas enseñanzas y lo que les pasará si continúan su pecaminosa relación.


-También será bueno para los niños. Probecitos, lo más seguro es que no conozcan a Dios y piensen que lo que hacen sus padres es bueno.


-Por suerte aún no es demasiado tarde para ellos. Puede que su estadía en el purgatorio no sea tan prolongada si les hablamos de los diez mandamientos y los pecados capitales.


-Es verdad.


-Sin embargo-habló Ibara-Incluso si logramos salvarlos, todavía serían unos vulgares plebeyos y pepenadores entre nosotros.


-Es cierto.


-Tranquilas chicas, les prometo que solo los invitaré al baile este año. Me aseguraré personalmente de excluirlos de cualquier otra festividad y evento del pueblo. Si no podemos echarlos entonces nos aseguraremos de que nadie sepa que la calidad de Musutafu ha bajado.


-Sí, bravo.


-Bien dicho.


-Monoma-san siempre cuidándonos.


-Ay ya basta que me sonrojan.


-Eres nuestra heroína.


-Oh no Ibara-san, todas somos heroínas por mantener en alto el nombre de nuestro pueblo. Ahora debemos darles una cálida bienvenida a los nuevos vecinos y ponerlos al tanto de las normas de la comunidad. No queremos otro incidente como el del jardín, verdad jajaja.


-Jajaja Tampoco queremos que crean que no tenemos modales. Estamos muy por encima de sus vidas llenas de lujuria y vulgaridad.


-Amén.




Al siguiente día, Monoma y compañía se presentaron en la puerta de la mansión Ojiro, (aunque ahora ya no tenía ese nombre), y observaron con desaprobación el descuidado jardín que no tenía ni la menor señal de que sus nuevos dueños fueran a arreglar.


-En verdad son unos cerdos-susurró una de ellas mientras la rubia tocaba el timbre.


-Por eso se habrán de sentir tan a gusto en este chiquero-susurró otra.


-Y que lo digas.


-Shh. Silencio, escucho pasos.


Todas pusieron su mejor sonrisa y esperaron hasta que los pasos se detuvieron y la pesada y vieja puerta se abrió, revelando a un joven de cabellos rubios cenizos y ojos rojos como la sangre que tenía una mueca en su cara. El pensamiento de todas es que no estaba de buen humor.


"Con esos trapos, quién no lo estaría"

, pensó la señora Monoma mirando de pies a cabeza al joven que no parecía rebasar los dieciocho años. Vestía una desgastada gabardina verde oscuro, unos jean rotos, unas botas de piel viejas, una camiseta blanca y lo que parecía un collar de perro en su cuello a juego con los grilletes sin cadenas en sus muñecas. 


Lo que más llamó su atención además de la cola que se meneaba detrás de él fueron las curiosas y adorables orejas de lobo en su cabeza. La señora Monoma tenía que admitir que se veían tan reales que por un momento casi creyó que lo eran, al igual que la cola.


Sin embargo, se recuperó rápido de la impresión y mostró su sonrisa.


-Ay hola, usted debe ser el nuevo vecino. Es un gusto conocerlo, soy Monoma Hikari y ellas son mis amigas. Seguro que ya lo sabe, pero Kendo-san es su vecina de a lado e Ibara-san es su vecina de enfrente-saludó con "simpatía"-Me encanta su casa, es...bellísima, ¿no es así, chicas?


-Oh sííí, claaro.


-El jardín es taaan hermoso.


-Se nota que tiene eh...'talento' con la jardinería.


-Que bueno que la mandó a 'arreglar' antes de mudarse. Se nota que son taaan finos.


Una ola de risillas mal dismuladas estalló en ese momento, siendo calladas por la rubia.


-Como decía, tiene buen gusto, señor...ah, perdón, ¿cuál es su nombre?


-Bakugou Katsuki.


-Señor Bakugou. Uuh si me lo permite, es un nombre muy exótico.


-Gracias. ¿Es todo?-respondió casi gruñó el cenizo, tambolireando los dedos en el marco de la puerta.


Le había prometido a su Deku que sería amable con los vecinos, pero si había algo que lo enojaba en demasía era que lo interrumpieran mientras cazaba la comida.


"La estúpida rata que perseguía ya se debe haber escapado. Maldición, ahora tengo que buscarla por toda la casa."


-Oh bueno, en realidad vine para saludarlos, darles la bienvenida a nuestro humilde pueblo que espero sea de su agrado, y también para darle un pequeño obsequio-chasqueó los dedos y Kendo se acercó con un pastel de manzana en sus manos, el cual entregó al hombre disfrazado-Es mi famoso pastel de manzana. Espero que le guste, lo hice con mucho amor.


-Tiene mucha suerte, Bakugou-san, aquí en Musutafu el pastel de Monoma-san es tan codiciado.


-Ay ya basta, Hagakure jajaja-pidió "apenada"-Como decía, quiero entregarle este pequeño obsequio de bienvenida y también me preguntaba si tenía un momento. Quisiera hablar con usted y su...compañero sobre ciertas normas de comportamiento en el pueblo. Es importante que las conozcan ya que las reglas son la base de una comunidad pacífica y ejemplar como la nuestra, ¿no piensa lo mismo?


El cenizo frunció el ceño. ¿Reglas de comportamiento? Lo que le faltaba, a este paso tendrían que comer estofado de arañas de nuevo y ya estaba hasta las orejas de él.


"Bien, supongo que por esta única vez puedo mandarla al demonio."


-En realidad...


-¡Kacchan! ¿Por qué tardas tanto? Necesito que me ayudes con...Oh, l-lo siento, no sabía que teníamos visitas-dijo Izuku apareciendo en la puerta.


-Son las vecinas, vinieron a saludar.


-Ya veo-dijo, observando fijamente a las mujeres, quienes se sintieron intimidadas por su penetrante mirada-¡Mucho gusto!-sonrió-Soy Izuku, el esposo de Kac-Katsuki. Sean bienvenidas a nuestro hogar, ¿quieren pasar?


Aunque la pregunta fue amigable, tanto Monoma como sus amigas arrugaron la nariz con repulsión y miraron desaprobatoriamente a la pareja que, sin embargo, no pareció darse cuenta de su desagrado, pues el cenizo observaba de forma extraña el pastel y el recién llegado mantenía su amplia sonrisa.


-Bueno, señor Izuku, justo le preguntaba a su...compañero si tenían un momento, quisiera discutir algunas de las reglas de la comunidad con ustedes, así que si en verdad no les molesta...


-No.


-Sí.


Izuku miró al cenizo con extrañeza.


-Nos gustaría charlar con usted y conocer esas reglas de las que habla.


-Me alegro, yo...


-Claro que nos..."gustaría"-interrumpió el cenizo-Pero no puede ser ahora, estamos ocupados.


-¿Ah sí?-preguntó sonriente, sabía que era una mentira-Izuku-san acaba de decir que...


-Mi esposo parece haber olvidado que aún tenemos mucho que desempacar.


Katsuki miró acusadoramente al pecoso y éste bajo la mirada, entendiendo la advertencia.


-Ya veo. Entonces volveremos otro día, gracias por su tiempo.


-Sí, sí, adiós.


Aunque Monoma se mostraba sonriente y simpática, por dentro estaba molesta.


"No puedo creerlo. En verdad que hay gente muy cínica y grosera en el mundo."


Por su parte, la pareja las miró irse y solo cuando estuvieron fuera de su propiedad, Izuku se permitió interrogar a su esposo.


-Kacchan, fuiste grosero con la vecina.


-A la mierda con ella, no tienes idea de la grosería que nos hizo.


-¿Grosería?


-¡Sí! Mira-le mostró el pastel que les habían obsequiado-Me trajo un puto pastel de bienvenida.


-Eso no es malo.


-¡Es pastel es de manzana! ¡¿Qué clase de persona sub normal regala un pastel hecho de frutas?!


-Tienes toda la razón, Kacchan-asintió el pecoso ahora molesto con sus vecinas-Esto es muy grosero de su parte, acabamos de llegar y en lugar de darnos una cálida bienvenida nos dan un pastel de frutas, ¿qué creen que somos? ¿Fenómenos? Es indignante.


-Joder, te dije que venir aquí era mala idea.


-Es solo por unos meses, no desesperes-concilió acariciando su cabeza-¡Ya sé! Ahora mismo iré a revisar la cocina y veré si tenemos algunas frutas descompuestas para preparar un buen pastel como postre.


-¿Y qué esperas? Anda a hacerlo, quiero quitarme este mal sabor de boca.


-En seguida, amor.


El pecoso depositó un dulce beso en la mejilla de su esposo y corrió al jardín trasero en busca de los ingredientes para su pastel, mientras Kacchan bufaba avergonzado y cerraba la puerta.


"Es un tonto cursi."