Una Particular Noche de Halloween (ZoSan)- ONESHOT [TERMINADA]

Summary

-Una reunión en la casa de Monkey D. Luffy -Un libro viejo traído por Nico Robin -Unos ingredientes raros que buscaron entre toda la banda -Un Zoro de mal humor con ganas de irse a casa a dormir -¿Que puede salir mal? Disclaimer: todos los personajes pertenecen a Eiichiro Oda. Créditos de la imagen de portada a su respectivo autor.

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1
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n/a
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18+

Capítulo 1

CAPITULO 1

Lo único que Roronoa Zoro deseaba en este momento más que nada era regresar a casa para entrenar, dormir un poco y entrenar nuevamente.

Eran las 6:15 pm de la tarde y miraba molesto como sus amigos en la casa de Luffy colocaban todos los ingredientes en el suelo. Una pequeña navaja, un anca de rana, azufre, tres rosas marchitas, una crisálida de mariposa y otras cosas que no supo reconocer formaban los utensilios que utilizarían para esta noche.

-bien Usopp,- dijo la pelirroja mirando al chico de nariz larga- te toca dibujar el circulo. Así mismo como está allí en el libro, señalo la chica de cabello corto.

El chico de cabello negro corto y rizado tomo la tiza y prosiguió a dibujar dicho símbolo con sumo cuidado. Un circulo doble, algo que parecían runas en un extraño idioma antiguo, una estrella de cinco puntas con otros pequeños círculos y símbolos extraños fueron dibujados en aquel frío suelo del sótano de la casa de los hermanos D.

-¡Tengo hambre~!- el joven del sombrero de paja sonó indignado. Su estómago no paraba de pedir comida y eso que antes habían ido a una cafetería a comer para saciar el hambre del antes mencionado.- ¡Nami~!

La pelirroja de cabello corto solo viro los ojos por la molestia, subió las escaleras del sótano y fue a la cocina del monito en busca de hacerle algo rápido de comer a Luffy; detrás de ellos Chopper los siguió de cerca también, se le antojaba algo dulce.

-¿está bien así?- pregunto Usopp, ahora de pie a un lado mirando detenidamente el dibujo. El de cabello rizado se sentía orgulloso por el dibujo idéntico del libro, a quien engañaba, él era bueno con todo lo que tuviera que ver con diseños.

-¿podemos empezar ya?- la voz de Zoro salió con un deje de molestia. Quería entrenar para volverse más fuerte que su capitán de Kendo, Kuina. Odiaba perder con ella, y de lunes a viernes la retaba siempre a un duelo de 1 vs 1 al finalizar el entrenamiento- tengo que entrenar, además ni se porque estoy aquí.

- si recuerdo bien, fue porque le debes dinero a Nami-chan y ella te obligo a venir espadachín-san, fu fu~- contesto Robin con una sonrisa en sus labios y leyendo con detalles los pasos a seguir. La pelinegra recordaba como su amiga literalmente había doblegado al peliverde mediante la amenaza del aumento de intereses a su deuda con ella, quien cada día se veía más endeudado por la avariciosa de Nami.

Zoro simplemente se cruzó de brazos indignado ante tal comentario, y todo porque le tuvo que pedir dinero a la usurera de Nami unas semanas atrás por una emergencia. Él aprendió su lección desde ese momento.

Robin procedió a encender las velas negras y rojas que habían sido traídas como complemento para el ritual que harían, apago las luces y las sombras danzaron por el piso y las paredes dándole un aspecto más tétrico de lo normal al sótano de la familia D. Cada vela había sido posicionada en cada una de las puntas de la estrella variando sus colores haciendo el símbolo mucho más llamativo.

Usopp tembló de miedo mientras observaba como Robin disponía de los ingredientes y procedía a colocarlos en el orden específico de uso que el libro indicaba cuidadosamente.

Aquel libro viejo tenía una cubierta negra con un pentagrama en el medio, sus hojas antes blancas eran ahora de un tono marrón por lo viejas que eran, se notaba el desgaste del mismo aparte de algunas hojas sueltas y carcomidas por la polilla; aparte una ligera capa de polvo aun impregnaba las viejas hojas de dicho artículo.

Luffy, Nami y Chopper regresaron después de haber cumplido su cometido, darle de comer a monito y buscar un dulce para el pequeño castaño. La dupleta se veía satisfecha y con energía.

-¿no va pasar nada malo, verdad?- pregunto chopper, un pequeño adolescente de cabello castaño algo asustadizo y muy inocente. Al más pequeño del grupo en estatura le encantaba usar un sombrero rosado, regalo de su padre.

Robin sonrió y le dio una palmadita en la cabeza al castaño dándole su apoyo.

-no te preocupes, Chopper- contesto Robin con toda la calma del mundo.-todo saldrá bien.

-¡Comencemos! - grito Luffy emocionado mientras se colocaba su túnica y subía la capucha que acompañaba a la misma cubriendo su sencillo sombrero de paja.

Usopp se alisto, pero a él no le agradaba la idea de hacer un ritual, un 30 de octubre... aunque Robin dijo que nada sucedería sino lo hacían un día antes de noche de brujas, ya que usualmente este tipo de rituales era más efectivo un 31 del mismo mes durante la medianoche.

Terminaron de alistarse con las túnicas negras y prosiguieron a colocarse frente al círculo de invocación, poco a poco Robin fue leyendo detalladamente los pasos a seguir.

Colocaron un pequeño tazón donde echaron el anca de rana, prosiguieron a echar una crisálida de mariposa, cera de abeja, incienso, sal de mar, seguido de azufre y encima de eso las tres rosas marchitas.

-y ahora- dijo la pelinegra- unas gotas de sangre. Quien hace el sacrificio, fufu~

La sonrisa de Robin se ensancho a lo último. A ella le encantaba todo lo que tuviera que ver con historias de terror, la chica tenía ciertos gustos peculiares y un sentido del humor extraño.

“¿¡QUE~!?” gritaron los Mugiwaras a la vez, excepto la pelinegra quien rio en ese momento al ver como reacciono toda la banda quienes estaban asombrados por semejante loca petición.

-es un ritual de invocación,- dijo Robin con una sonrisa adornando su rostro- es obvio que se necesita un poquito de sangre para estos rituales. Ahora quien se ofrece para tal tarea.

Nami, Usopp y Chopper negaron rotundamente aquella acción, no querían lastimarse cortándose ellos mismos. Luffy por otra parte, simplemente rio y llevo su mano hasta la mano de la pelinegra que sostenía la cuchilla; el monito era muy temerario la mayoría del tiempo y usualmente no pensaba las consecuencias. Por sus acciones, los hermanos mayores de Luffy terminaban preocupados la mayoría del tiempo por los problemas en que se metía y más de una tuvieron que ir a la oficina del director por hacer travesuras. El pobre director Sengoku, ya le estaban sacando más canas de las que tenía antes de tanto estrés por el mencionado.

-Tch,- Zoro tomo la pequeña cuchilla que sostenía la pelilarga actuando más rápidamente que su amigo y con la punta de la navaja corto la palma de su mano lo suficiente para que brotara la sangre necesaria, logrando así no causarse una herida muy profunda. No por nada era bueno con la espada- listo. Prosigue mujer, que quiero irme a casa.

Aquel liquido rojizo cayo en el pequeño cuenco desde la palma de la mano de Zoro sobre los ingredientes, y Robin sonrió satisfecha. La chica comenzó a leer nuevamente el ritual en aquel extraño lenguaje y luego le indico a Nami que encendiera los ingredientes dentro del cuenco con el fosforo. La flama empezó a tomar mayor fuerza hasta que era lo suficientemente fuerte, por indicaciones de la aspirante a arqueóloga, la pelirroja derramo el contenido sobre el circulo dibujado en tiza, donde el fuego comenzó a recorrer cada línea blanca de aquella runa envolviéndola en llamas. Un ¡Oh~! Salió de los labios de la mayoría y se tomaron de las manos; Robin hablo en aquel lenguaje con los ojos abierto mientras los demás repetían lo que la chica decía con ojos cerrados.

La habitación comenzó a ponerse fría, y los escalofríos invadieron los cuerpos de aquellos curiosos adolescentes mientras seguían pronunciando aquellas palabras de un lenguaje muerto ya hace mucho. La temperatura en el sótano decayó más de lo que estaba, un ligero temblor sacudió los cimientos del lugar provocando que los objetos del lugar de balanceasen de un lado a otro por el estremecimiento repentino, los chicos en consecuencias apretaron más sus manos por el miedo. Se escuchó una suave explosión proveniente del fuego que causo que esta se apagara dejando solo las velas que iluminaban el lugar y proyectaban sombras tenebrosas en las paredes; una melodiosa risa se escuchó alrededor de ellos, y luego una sombra oscura con alas salió del lugar.

Robin termino el encantamiento y miro a sus amigos. Los chicos tenían los ojos cerrados fuertemente y temblaban, incluyendo el espadachín que nunca había vivido semejante experiencia de tipo paranormal. Abrieron sus ojos y miraron el lugar con aquellas marcas de fuego y ceniza en el suelo de cemento, por lo menos la casa no se había incendiado en pleno ritual.

-¡PENSÉ QUE MORIRÍA!- grito Usopp preso del pánico junto con el castaño mientras se abrazaban temblando por el miedo- ¡TENGO LA ENFERMEDAD DE NO VUELVO A HACER ESTO NUNCA MAS!- el narizón se abrazó más fuerte al pequeño quien le correspondía el abrazo.

-¡Me voy a casa!- exclamo Nami- mi hermana debe estar esperándome. Se quitó la túnica negra y la metió en su mochila rápidamente. No quería volver a hacer eso nunca más, sintió un escalofrió horrible durante esa sesión.

El “Shishishi” de Luffy lleno el lugar dejando a algunos miembros del grupo sorprendidos por la risa del monito. Al chico del sombrero de paja le había parecido divertido; Zoro lo miro y suspiro, era tarde y quería regresar a casa. Eran las 7:30 pm de la noche cuando miro el reloj.

-te ayudare a limpiar, Luffy- la pelinegra se ofreció amablemente; sino lo hacían los hermanos del chico se enojarían.

-gracias, Robin- contesto el pelinegro- mis hermanos me matarían si se enteran shishishi~ -se echó el sombrero hacia atrás.

“¡Nosotros ayudaremos también!” las voces decisivas del trio miedoso lleno el lugar y se pusieron en movimiento, debían arreglar todo y dejarlo como estaba antes. Mientras más rápido terminasen, ya podrían mancharse; Zoro, sin ánimos, simplemente se puso a ayudar también.

Exhausto, el peliverde fue obligado por todos a tomar un taxi para regresar a su departamento; observo los adornos de Halloween en la gran mayoría de las casas. Calabazas, momias, arañas, gatos, velas y otros adornos para la ocasión decoraban las vías, almacenes, restaurantes, cafés y hogares para la noche de mañana; la gente sonriente por la festividad y los disfraces en las vitrinas para la venta de aquella fiesta pagana. Ese tipo de cosas no le interesaba la verdad, solo le importaba una cosa: y era el próximo torneo de Kendo a nivel de ciudad y si quería ganar, pues tenía que entrenar. Entrenar más que nadie y volverse más fuerte que Kuina y derrocar a Mihawk de su título de N°1.

El taxi se detuvo al frente de un pequeño complejo de departamento y el peliverde pago la tarifa que le fue marcada en la maquina; cerró la puerta y se colocó la mochila al hombro. Subió las escaleras hasta el segundo piso, saco las llaves de su bolsillo y encendió las luces.

Se quitó los zapatos en la entrada y arrojo la mochila al suelo, fue quitándose la ropa poco a poco caminando hacia el baño, se perdió varias veces en su propio hogar pero luego encontró el dichoso lugar.

Se metió bajo la regadera y tomo una ducha rápida para relajar los músculos para así quitar la tensión de los mismos, se lavó el cabello y enjabono el cuerpo, luego volvió a echarse agua para quitarse el jabón y el shampoo; salió del baño con una toalla en la cintura. Paso unos cinco minutos buscando lo que era su recamara hasta encontrarlo, se secó más el cuerpo y se colocó unos boxers que se ajustaban a su cuerpo como una segunda piel, arrojo la toalla sobre una silla y se tiro en la cama.

Cansado, el peliverde cerró los ojos para dormir; lo último que enfocaron los ojos del muchacho antes de apagar la luz, fue el reloj en su mesita de noche a lado de la lámpara.

Marcaba las 9:47pm.

La suave opresión que sentía en ese momento en su parte inferior del cuerpo se sentía totalmente extraño para él. Se revolvió en la cama por la incomodidad hasta que sus ojos se abrieron y se adaptaron a la oscuridad; sorprendentemente no vio nada raro en la habitación y en sus alrededores hasta que vio un tipo de bulto en medio de sus piernas cubierto por la sabana. Un suave cosquilleo y una sensación húmeda y cálida lo envolvían en ese momento, estiro la mano y encendió la lámpara de una vez.

Zoro se mordió los labios y tiro de las sabanas con gran rapidez destapando lo que sea que estuviera con él allí. Sus ojos avellanas se abrieron en shock y de su boca no salió ninguna palabra; Irreal, era la palabra correcta en ese momento mientras su cerebro trataba de analizar la situación que tenía ahora mismo frente a él.

Miro el reloj y este marcaba las 12:21 am del 31 de Octubre...

-¿QUIEN ERES Y QUE HACES?- el tono ácido en sus palabras dejaba ver lo molesto que se encontraba. El tipo rubio solo sonrió y siguió con su tarea como si nada.

-¿qué te parece que hago ma-ri-mo~?- aquella pequeña risa le causo un cosquilleo en todo el cuerpo mientras era atendido de aquella peculiar forma.

-tú dime, rubia- el rubio hizo una mueca de disgusto ante el apodo dado por el peliverde. Estaba soñando, pero lo que sentía era tan jodidamente real.-ahora responde, cejas de caracol.

El suave ''humph'' fue debido a la indignación del rubio ante el apodo, luego un ''plop''se escuchó al separar sus labios...

-te la estoy chupando~- lo tomo nuevamente en su boca y su lengua comenzó un dulce jugueteo con el glande enfocando especial atención en la abertura donde la punta de la lengua del rubio jugueteaba.

Zoro apretó los labios, no quería dejar escapar ningún sonido. Aunque ahora que observaba detenidamente al chico en medio de sus piernas, este tenía unos pequeños cuernos en su cabeza de rubia cabellera, en su espalda un par de alas negras como de murciélago y una cola larga negra pero delgada que terminaba en punta de flecha. Su apariencia era un tanto juvenil como de 19 años según su punto de vista, era delgado con una piel blanca, hermosos ojos azules como el cielo y labios rosados.

El rubio separo sus labios del miembro del peliverde y le regalo una sonrisa.

-sabes, la comida no se puede desperdiciar-le regalo una sonrisa insinuante. Lentamente levanto una mano y con las yemas de sus dedos hizo un suave y lento recorrido desde su ombligo pasando por aquel abdomen ligeramente marcado de músculos, recorrió los fuertes pectorales subiendo por su cuello hasta los labios de Roronoa quien no dejaba de mirar lo que el rubio hacia; Zoro simplemente contenía el aliento ante tal sensual caricia que causaba estragos de excitación en su cuerpo.

-¿Qu-qué tipo de comida, cejillas?- el peliverde trago fuerte. La curiosidad lo estaba matando aunque bien se hacía una idea de lo que el rubiales se refería en ese momento.

El rubio gateo un poco hacia el chico de piel tostada y tomo asiento sobre aquellas caderas, poso sus antebrazos en los hombros del peliverde y enlazo sus dedos detrás de su nuca. Acerco su rostro lentamente hacia el oído del peliverde y simplemente dijo: “Una muy especial, pero de preferencia la sexual”.

Roronoa coloco sus manos en las caderas del rubio y suavemente comenzó un lento balanceo del cuerpo del ojiazul sobre su erección. Un gemido escapo de aquellos labios rosados mientras aquel placer tan sutil provocaba a su cuerpo de mil maneras.

-¿Qué eres? ¿Quién eres?- pregunto el espadachín mientras aumentaba el fuerte roce de su erección con las nalgas del rubio quien gemía mucho más ahora; deseaba romper aquella ropa que le impedía enterrarse en el cálido cuerpo del ojiazul- me llamo Zoro, cejillas. Ahora respóndeme...

El rubio quito las manos que tenía en sus caderas y se puso de pie sobre la cama. Lentamente con un lento y sensual movimiento de caderas prosiguió a desabrochar el pequeño pantaloncillo negro que parecía de cuero deslizándolo por sus torneadas piernas hasta sus tobillos, su miembro semiduro quedo frente al rostro del chico peliverde; pequeñas gotas de pre semen se deslizaban desde la punta. El peliverde nunca dejo de mirarlo, en especial teniendo semejante manjar a la vista.

“Soy Sanji, un incubo” dijo el rubio mientras acariciaba la mejilla del chico sentado en la cama quien lo observaba detenidamente con los ojos brillantes llenos de deseo. “Déjame darte el mayor de los placeres, Zoro~”. Aquellos dígitos acariciaron su rostro y luego sus labios tentándolos a abrirlos. “Pruébame, Zoro. Sé que lo deseas, tú mirada no miente. Soy todo tuyo por un día entero”. Ante aquellas palabras el peliverde acaricio aquellos níveos muslos hasta sus caderas, beso su ingle, paso la lengua por aquel falo casi duro y luego lo tomo en su boca.

Las suaves succiones y los deliciosos recorridos de su lengua en la ya dura erección del rubio lo hicieron gemir gustosamente al ser deliciosamente complacido. Aquellas manos fuertes y grandes, magreando la carne suave de sus glúteos mientras un dedo jugueteaba con su entrada tentándolo a la penetración. Muy despacio, el de ojos avellanas inserto un dígito en su agujero buscando aquel punto de placer que lo haría gritar en un suave mete y saca. La suave penetración de ahora dos de sus dígitos le hicieron dar un gemido más fuerte cuando encontraron su próstata; sin compasión alguna, el peliverde comenzó follarlo duro y rápido mientras chupaba aquel lujurioso miembro en su boca llevándolo hasta la garganta. El rubio, mientras tanto se sostenía de los hombros del peliverde y abría más las piernas para mayor acceso de aquellos dedos en su interior golpeando el pequeño brote de carne que lo hacía gemir de placer.

Zoro, simplemente observaba el rostro del rubio en especial sus brillantes ojos azules que mostraban sus emociones debido a las exquisitas atenciones.

-¡Ahm~! ¡Sí~!- los dedos del ojiazul se enterraron más en los hombros del peliverde mientras este no dejaba de atenderlo con sus dedos y boca.

El cuerpo del rubio se tensiono y gimió fuerte mientras llegaba al orgasmo. Los fuertes chorros de aquel cremoso líquido golpearon la garganta del peliverde mientras su cálida boca trabaja el miembro del rubio sin parar; el peliverde simplemente succionaba la semilla del incubo. El chico separo sus labios de aquella virilidad y trago aquella dulce sustancia, el rubio simplemente cayo en la cama agotado por semejante placer de aquella lujuriosa boca.

El cuerpo de Zoro estaba al borde del deseo, y por alguna razón su cuerpo parecía no estar satisfecho con lo anterior.

Roronoa volteo al rubio sobre su estómago...

“¡Ahm~! ¡Zor-hyamn~!”el grito del rubio lleno la habitación cuando esa boca chupo su rosado agujero seguido de su lengua penetrándolo y moviéndose en su interior; el incubo gemía por semejante placer. Ese musculo rosado revolvía sus entrañas de cierta forma que provocaba espasmos deliciosos a su cuerpo; lentamente aquellos labios y lengua se distanciaron del rosado agujero que palpitaba deseoso pidiendo ser llenado por otra cosa más gruesa y larga; Zoro se colocó sobre el rubio y posiciono su miembro en aquella estrecha entrada y deslizo su miembro poco a poco dentro de del cálido interior mientras se tragaba un gemido de gusto al sentir como era de apretado al igual que un guante. De un solo golpe se enterró en el cuerpo de Sanji y ambos gimieron, las manos del rubio apretaron fuertemente las sabanas por la penetración.

El peliverde tomo la cola del incubo y comenzó un fuerte movimiento de caderas para penetrarlo. El ojiazul gemía y chillaba mientras el moreno lo embestía vigorosamente sobre la cama la cual rechinaba por las fuertes embestidas; a continuación soltó la cola y separo las nalgas del incubo para ver como su miembro entraba y salía del apretado interior de quien parecía succionarlo como si su vida dependiese de eso.

Con un fuerte gemido algo ronco, el de ojos avellanas lleno el interior del rubio; salió del lujurioso cuerpo y esta vez lo coloco sobre su espalda. La vista del hermoso ojiazul sobre su cama era demasiado excitante para él.

El peliverde aún seguía duro después de la primera ronda...

Suavemente apretó sus pezones y deslizo una mano hacia su erección. El suave movimiento de arriba abajo de su mano recorriendo su miembro de forma incitante para su observador lo encendía más de lo que quería admitir ; abrió las piernas y dejo a la vista su rosado agujero, pequeñas gotas deslizándose desde su entrada a las sabanas de algodón de la cama.

-ven Zoro...- la voz de Sanji bajo una octava y se había tornado más seductora que antes, observo detenidamente al peliverde y sonrió para sí mismo al darse cuenta que el afrodisíaco había funcionado; el de ojos avellanas tenía los ojos dilatados como si hubiera consumido algún tipo de droga, lástima porque no era el caso.- ¡Ahm~! ¡Zo-zorhm~! - el incubo lo incito entre sus gemidos de placer al jugar con su miembro y apretar más duro los sensibles pezones.

Roronoa simplemente se abalanzo sobre el rubio y unió sus labios en un beso de lengua mientras sus dedos pellizcaban los hinchados pezones provocando grititos de placer en Sanji quien en ese momento abrazo al espadachín por el cuello y caderas, sin ninguna escapatoria.

“¡Hazme tuyo, Zoro~!”el ojiazul canturreo al oído del chico sobre él. El peliverde se adentró en aquel interior tan exquisito como la seda y comenzó un lento movimiento de caderas mientras mordisqueaba el níveo cuello de Sanji dejándole marcas de la tórrida pasión que estaban viviendo. “¡Más~! ¡Más fuerte~! ¡Cógeme más duro~!”el rubio gemía ahora por los fuertes embistes. Sanji simplemente cerró los ojos y se dejó llevar por el deseo pasional de ambos mientras conseguía lo que deseaba.

“¡Sa-Sanji~!”la voz del peliverde sonaba más sensual durante el coito. Los duras embestidas simplemente hicieron chirriar la cama por el sexo explosivo que estaban teniendo provocando los fuertes golpes contra la pared. El cuerpo perlado de sudor, los pezones durísimos como perlas por las atenciones de su boca, los labios rosados semiabiertos y los ojos cerrados de placer, causaban en Zoro una lujuria más que exquisita al tener tan sensual vista de aquella belleza en su cama.“¡T-tan apretado rubia~!”dijo el peliverde mientras aumentaba la velocidad de su embestidas y unía sus labios con el rubio, sus lenguas jugueteando por el dominio y enredándose en aquella espiral de deseo, o mejor dicho lujuria. Aquel ser, le quitaba el aliento por primera vez en su vida al espadachín; hermoso y sensual, que más podía desear.

-¡Ahm~! ¡Mhya~m! ¡Zo-Zoahm~! ¡Más~!- el rubio gemía sin parar y luego se vio alzado en brazos y posicionado sobre el más joven quien lo ensarto de un solo golpe sobre su polla. -¡T-tan profundo~!- aquella posición lo hacía sentir todo la extensión del peliverde dentro de su interior logrando así tocar su punto de placer y lo mejor es que el peliverde era tan bueno en su trabajo de complacerlo que él no necesitaba usar sus manos en su miembro.

El joven espadachín simplemente se dedicó a follarlo más profundo y rápido, devoro los apetitosos y sensibles pezones, mientras magreaba las redondas y perfectas nalgas en un duro apretón logrando que el incubo no parase de gemir su nombre y una que otra incoherencia por el éxtasis del placer que recorría su cuerpo que lo volvía loco.

-me encantas, rubia- le dijo Zoro entre besos al seductor incubo sobre su regazo mientras lo embestía- ¡me vuelves, loco~! ¡Eres perfecto~!- mordisqueo la unión de su cuello y hombro- ¡Eres dulce!- beso sus labios hinchados y luego mordisqueo cada pezón mientras el rubio arqueaba su espalda para darle más acceso a su insatisfecho cuerpo; la delgada cola del ojiazul envolviéndose en un brazo musculoso- ¡Eres mío, rubia~!

“¡Sí~! ¡S-soy tuyo~!”gemía Sanji en ese momento arqueando su espalda y echando la cabeza hacia atrás, un delgadísimo hilillo de saliva se deslizaba de la comisura de sus labios cuando alcanzaba el orgasmo más fuerte que hubiese tenido; su polla palpito y disparo su semen, manchando su abdomen y parte del pecho del marimo quien lo apretaba más fuerte y liberaba su semilla en su cálido interior marcándolo como su dulce propiedad.

Cayeron rendidos en la cama, Sanji acostado sobre el espadachín quien trataba de recuperar el aliento; el incubo no estaba satisfecho y quería más de la energía exquisita del peliverde.

Sería un día muy largo lleno de placeres carnales...

Aquella energía sexual recorría el cuerpo del sexy incubo mientras tenía a Roronoa para sí soloen aquella habitación donde el rubio se encontraba apoyado sobre el pecho musculoso del espadachín después de varias rondas de sexo salvaje mientras lo observa dormir plácidamente.

Él no tenía sexo con hombres, pero por él haría la excepción, solo por el marimo; al rubio le encantaba coquetear con las mujeres y tratarlas como todas unas princesas y luego tener sexo con ellas y alimentarse de su energía.

En toda su vida, que no eran muchas, si acaso 250 años si contaba bien, nunca había sentido o mejor dicho conocido a alguien con semejante aura de poder sexual.

Al principio, iba a ignorar la invocación hecha a su persona, pero luego esas gotas de sangre cambiaron todo el panorama a uno más exquisito y prometedor de lo que él había esperado.

Roronoa tenía una energía sexual muy alta y era un hombre de primera calidad, un virgen, como le dicen los suyos a ese raro tipo de hombres que era muy difícil de encontrar hoy en día y aparte uno muy dominante en la cama. El hombre sería perfecto para ser un demonio, aunque estaba mejor siendo humano; Sanji habia desfrutado de quitarle la ‘inocencia’ al joven. Solo había sido la primera vez y Sanji deseaba más de su energía sexual que era muy fuerte y deliciosa, solo tenía que ver su aura ahora mismo y percatarse que aún tiene buena cantidad de ella rondando en su cuerpo.

El peliverde dormía en la cama tranquilo sin que nada le preocupase con una mano sobre la cadera del rubio de manera posesiva, el incubo se mordía el labio inferior al percatarse con mucha tristeza que muy pronto tendría que irse y dejar semejante bocadillo tan rico hecho de carne y hueso, pero todo un hombre. El sexo había sido placentero y pervertido en varias ocasiones, literalmente lo habían hecho en cada rincón del maldito departamento, contra la pared, sobre el sillón, la mesa de la cocina, cuando tomaban una ducha para limpiar sus cuerpos llenos de fluidos y aparte otro montón en la cama en diversas posiciones donde Zoro lo hacía sentir su total longitud. Si era honesto consigo mismo, pues habían parecido ninfómanos y por otra parte si hubiera sido una chica ya estaría esperando un bebé del marimo.

Muy a su pesar, el rubio beso aquellos sensuales labios del moreno mientras recogía su ropa del suelo, la sacudía y se ponía los pantaloncillos negros. Su trasero dolía de tanta acción...

-¿A dónde vas, rubia?- el peliverde agarro la muñeca del rubio y tiro de él hacia la cama donde cayó sobre el pecho del espadachín.

-ya es tarde, marimo- acaricio suavemente el rostro de Roronoa quien aún lucia cansado de la maratón sexual. El afrodisíaco que producía su cuerpo al parecer aun afectaba a Zoro pero mínimamente, lo podía ver en sus ojos aun dilatados.- en tres minutos se acaba el plazo. Descansa...

Sanji beso aquellos labios y uso algo de su magia logrando dormir así al chico de hermosos ojos avellanas que lo había mirado con deseo. Lo recostó en la cama y tapo su fornido cuerpo con las sabanas limpia.

“Esto no es un adiós, Zoro. Espero volver a verte”dijo el incubo mientras lo besaba por última vez en esos labios y Sanji simplemente se mordía el labio inferior por resignación a su destino.

El rubiales cerró sus ojos y dejo que su cuerpo desapareciese de aquella habitación, regresando así, a su infernal hogar. Era hora de hablar con el señor de los infiernos.

Era la primera hora de la mañana de un 2 de Noviembre y Zoro bostezaba por tener que levantarse temprano; tomo asiento en su puesto de siempre, ubicado en la última silla en la fila cerca de la ventana. Odiaba madrugar pero tenía que asistir a clases, ya no faltaba mucho para su cumpleaños y sus amigos querían celebrarlo.

El timbre sonó y los pocos estudiantes de pie tomaron asiento mientras esperaban al profesor. A los dos minutos la puerta fue abierta y el director del plantel se hizo presente, aquellos ojos oscuros lograron su objetivo al mantener a raya a los estudiantes.

-como sabrán, chicos- dijo Sengoku mientras se cruzaba de brazos- su profesora de Economía dio a luz este fin de semana y asignamos un profesor suplente para esa asignatura.- el tono de su voz dejaba notar un tanto su molestia al tener que cambiar de profesor casi a fin de semestre, dio un suspiro- pase, profesor Vinsmoke. Conozca a sus alumnos.

Un hombre rubio, delgado y de hermosos azules con una particular ceja saludo a la clase mientras los alumnos lo miraban curiosos. El hombre vestía una camisa celeste y pantalón de tela negro y unos zapatos mocasines del mismo color. El nuevo tutor saludo a sus alumnos y se presentó así mismo.

“Mi nombre es Vinsmoke Sanji, y seré su nuevo profesor de Economía. Espero que nos llevemos bien muchachos” el ojiazul les sonrió a los chicos y su mirada se detuvo en un joven peliverde que se encontraba sentado al lado de la ventana, que lo miraba sorprendido por su presencia.

Roronoa no esperaba ver al incubo en su salón de clases y mucho menos siendo su tutor; ahora que el sexy rubio estaría en su colegio no podría concentrarse mucho con él alrededor suyo, pensaba el peliverde mientras caminaba por el pasillo durante la hora del receso cuando una mano capturo su muñeca y tiro fuertemente de él hacia un salón vacío.

La puerta fue cerrada rápidamente con seguro y luego su boca fue tomada en un beso muy fogoso que termino en una batalla de lenguas sin ganador alguno, tuvieron que separarse debido a la falta de oxígeno.

-¿qué haces cejillas?- el de ojos avellana miro como su pantalón era desabrochado rápidamente y de un solo tirón junto con su ropa interior fue bajado dejando su virilidad a la vista del fogoso rubio.

“¡Ah~! ¡Tú boca es una delicia, rubia!”dijo Zoro ya excitado por la deliciosa vista del rubio de rodillas y masturbando su propio miembro, mientras la boca del incubo le daba suaves lamidas y chupadas a sus tensos testículos provocándole el más delicioso placer. “Te encanta chupármela, cejillas.”Sanji gimió ante aquel comentario un tanto directo como el peliverde suele ser. “Usa esa boca pecaminosa y pónmela dura; déjame ver como tus labios rosados engullen mi polla, que de ahora en adelante te dará tu alimento especial” con una de sus manos tomo parte del cabello del rubio y lo obligo a tomarlo en su boca. El incubo comenzó un sensual trabajo del tipo oral mientras su miembro se hinchaba por el placer en esa húmeda cavidad. “¡Sobre manos y rodillas! ¡Voy a darte lo que tanto deseas~!”. Fiel a su palabra, Zoro se enterró de un sólo empujón en el interior del rubio provocándole un gemido de dolor y placer. El duro mete y saca de su miembro golpeando su punto de placer volvía loco al Vinsmoke mientras era tomado por su alumno en un salón vacío; los sonidos húmedos de chapoteo y los gemidos de ambos llenaban el lugar. Zoro se sentía en el paraíso de la lujuria, al fin tenía a su sexy incubo en sus manos nuevamente, había sido el placer más delicioso que había probado y que no pretendía abandonar. Por este rubio, Roronoa era capaz de vender su alma al diablo mientras el ojiazul permaneciese a su lado complaciéndolo de todas las formas posibles y dándole toda la energía que el necesitase solo para mantenerlo a su lado. Con el rubio en su colegio, aprovecharía cada hora libre y receso para devorar aquel sexy cuerpo que pedía a gritos su semilla aparte de satisfacer todas sus ansias de sexo cumpliendo sus fantasías.

<<“Gracias tonta invocación, por darme este regalo exquisito por adelantado”>>pensaba el marimo, mientras sus caderas no detenían el empuje cuando tomaba a su profesor contra la pared esta vez. Las piernas torneadas del rubio abrazando las caderas del moreno y los brazos rodeando el cuello, sus lenguas jugueteando enredándose entre ellas para dominar en el beso, los gemidos fuertes de ambos por la lujuria compartida. La pareja gimió al llegar al pináculo del orgasmo y aquellos miembros derramaban su semilla entre sus cuerpos y en el interior del rubio.

Al final, Roronoa Zoro gozaría del placer de tener esa sensual criatura gracias a una tonta idea de Robin, que al final sucedió en una particular noche de Halloween.

Ɀ♥FIN♥Ȿ