Introducción
Mi cabeza solía funcionar de vez en cuando como un reloj. Como una alarma programada para casi todos los días sin la opción de "desactivar" en mis manos. La diferencia, era el 'asunto'.
Hoy era una de esas noches.
20:43: empezaba a sentir un pitido en mi oído que con los segundos iba aumentando un poco más y mi única opción era ir a mi habitación a esperar en silencio que cesara.
Pero con el paso del tiempo, se ponía cada vez más insoportable. Al punto en que mis manos desesperadas controlaban todo el resto de mi cuerpo.
Buscando y buscando ello que no podía faltar a eso de las 20:54 horas.
Mis manos temblorosas no dejaban de acariciar aquella arma que alguna vez fue colocada en éstas cuando eran las 20:56 horas.
Las órdenes en forma de gritos de autoridad empezaban como un eco lejano, pero si luchaba con ellas en pensar en otra cosa como gatitos blancos buscando mimos en mis pies no servía, sólo empeoraba.
Quería que pararan. Otra noche más dónde yo quería que se detuvieran.
Abrí el tambor del revólver y allí había una bala sin usar. Con mi palma sudorosa, di un golpe al tambor para provocar que éste empiece a girar.
"—Vamos Melissa". —cerré mis párpados con fuerza, luchando contra esa voz masculina.— "Dijiste que siempre quisiste jugar a esto. Ahora, te doy la oportunidad." —dí otro golpe al tambor para que siga girando. Mientras escuchaba el ruido del aparato cambiando de posición, éstos iban cambiando por risas masculinas.
Aunque mis ojos sigan cerrados, sus caras seguían grabadas en mi mente.
Mi desesperación aumentó cuando los recuerdos empezaron a acelerarse: risas de hombres, llanto de mujeres, la humedad y humo de ese sótano, de ese maldito sótano bajo un gran casino que también lo odiaba.
Lo odiaba. Lo odiaba demasiado.
"—Siempre has sido muy afortunada en los juegos, Mio Sole" —golpeé el tambor para que se colocara en posición sin saber en dónde se ubicaba la única munición. Ese estúpido apodo me hervía la sangre pero no podía detener el odio y dolor.
Coloqué el revolver en mi cien.
"—Cállate... Cállate" —susurraba yo a la vez que presionaba el cañón en mi cabeza.
"—Tan afortunada, Mio Sole. Creo que tenemos ganadora" —no sabía si mi recuerdo o yo de estos momentos era la dueña del sollozo—"Aún así, debemos confirmarlo ¿verdad, chicos?" —más risas.
Mi yo de hace cuatro años apuntaba a la persona de en frente con las manos temblorosas.
Mi yo de ahora, se apuntaba a si misma.
Abrí mis ojos y frente de mi estaba ella, con una sonrisa dolorosa que a la vez derramaba lágrimas.
No podía escapar de mi.
Aún así ella, en voz baja, dijo algo que hacía que mi alma quiera irse, como en estos momentos.
Y fue allí, cuando apreté el gatillo.








