🫀🩸Split🩸🫀💚 Dekubaku 🧡

Summary

… ¿Qué he hecho mal?... …Acepto todo el daño que provoque… … ¿Más esto es necesario?... …Me duele y mucho… … ¿Como te lo dejo saber?... …¡¡DETENTE!!... …¡¡ME DUELE!!... …Yo nunca te pertenecí… … ¿Estás seguro?... …Tu siempre fuiste mío… 🔔*AVISO*🔔 -Esta historia contiene contenido fuerte, por favor les pido que si no están actos psicológicamente para leerla no lo hagan, se les recomienda discreción. -Mundo sin quirk. - Cambios de personalidad. -¡¡¡DekuKacchan!!!. -Chico×chico🔞. -Derechos de personajes a su creador Kōhei Horikoshi. -La historia me pertenece. - No acepto ninguna adaptación sin autorización ni copy🚫 Espero que les guste...✨

Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

🔪 Capitulo Uno🔪

Flashback...

—Ahhhh... mmm... ¿Te gusta? —susurra mientras se mueve sobre mí, su voz mezcla de deseo y desesperación.

—¡PARA! ¡POR FAVOR! TE LO SUPLICO —grito con el asco y el dolor, apoderándose de mi voz, luchando por liberarme.

—TÚ NOS PERTENECES, KACCHAN —responde, su tono oscuro y poseído, una promesa aterradora.

Fin del flashback...

Despierto sobresaltado, el cuerpo empapado en sudor frío, la respiración agitada y mi corazón golpeando furioso en el pecho. La maldita pesadilla sigue acechándome, tan nítida y real como lo fue ese día. Nueve años han pasado, pero el peso de ese recuerdo sigue ahí, inmutable, clavado en mi mente como una espina que no puedo arrancar. Me paso una mano temblorosa por el rostro, intentando borrar el sudor mientras inhalo profundo, buscando calmar el temblor en mi cuerpo y el caos en mi cabeza.

Miro el reloj junto a mi cama. Las tres y media de la madrugada, otra vez. Suspiro con frustración sabiendo que el sueño no volverá. Me levanto con pesadez y camino hasta el baño, quitándome la ropa antes de meterme bajo el chorro de agua fría que espero me alivie, aunque solo sea un poco. El agua resbala por mi piel, pero el eco de esa voz sigue en mi mente. Cierro los ojos, pero el pensamiento surge sin que lo invite: “¿Qué habrá sido de él?”. Aquel día dejó una marca que nunca se borró, y desde entonces no he vuelto a saber nada de él.

Sacudo la cabeza, como si eso pudiera desterrar esos recuerdos, y trato de enfocarme en la ducha, en el presente. En dos horas estaré en la universidad. Estoy cursando una maestría en ingeniería civil en la UA, y aunque a veces me sorprendo, sé que a mis veinte años soy uno de los mejores en matemáticas y ciencias, incluso con honores. Es un logro que me enorgullece, especialmente considerando todo lo que he tenido que superar. Me repito lo que siempre escucho: “El pasado es pasado, y ahí debe quedarse”.

Ahora soy alguien diferente. Vivo solo, lejos de la “vieja bruja” y de mi padre, que finalmente se divorciaron. También tengo a Camie, mi novia desde hace dos años, que está cursando una maestría en enfermería. Todo marcha bien entre nosotros y tenemos planes para el futuro, una vez que nos graduemos.

Salgo de la ducha, me visto y me preparo para ir a la universidad. A las ocho de la mañana ya estoy en el campus, dirigiéndome hacia mi salón. En el camino, veo a Camie y a nuestro mejor amigo. Nos besamos, un gesto que ambos necesitábamos, aunque en mi interior todo se siente distante. Luego, me separo y saludo al semi-albino, quien me mira con una expresión seria.

—Amor, te estábamos esperando. ¿Estás bien? —pregunta Camie, su voz teñida de preocupación.

—Sí, todo bajo control, ¿verdad? —añade el bicolor, reflejando la misma preocupación en su mirada.

—Estoy bien. No sé por qué lo preguntas —respondo con una risa ligera, intentando aliviar la tensión que siento sobre mí.

—Es solo que... tus ojeras son más notorias hoy. ¿Has estado durmiendo bien? —insiste Camie, rozando suavemente mi mejilla con su mano.

—Estuve estudiando hasta tarde, nada más —miento, tratando de desviar la conversación a algo menos personal.

Ambos suspiran y cambian de tema mientras caminamos hacia nuestros salones. Nadie, aparte de mi familia, sabe lo de mis pesadillas o lo que sucedió. Decidimos no divulgar nada para que pudiera llevar una vida “normal”. Al llegar a mi salón, me despido de ellos y entro justo antes de que suene la campana. Las clases comienzan, y pronto me encuentro en filosofía, una asignatura que no me interesa en lo más mínimo. Mi mente se pierde mirando por la ventana, buscando cualquier distracción.

De repente, algo llama mi atención: un hombre vestido completamente de negro, con un gorro, chaqueta, mascarilla y gafas oscuras. Está parado a lo lejos, inmóvil, pero lo que me inquieta es que parece estar observándome fijamente. Un escalofrío recorre mi cuerpo, y el pánico empieza a apoderarse de mí cuando el hombre se quita la mascarilla, las gafas y el gorro, dejando al descubierto su rostro.

Mi corazón late con fuerza, y antes de que pueda procesar lo que veo, guardo mis cosas y salgo corriendo del salón. No sé cómo, pero llego a la salida trasera de la universidad y corro hacia mi departamento. Todo el camino siento que alguien me sigue, lo que me hace correr aún más rápido. Choco con personas, escucho sus maldiciones, pero no me importa. Al llegar a mi departamento, me lanzo dentro, cierro la puerta con fuerza y me dejo caer en el sofá, tratando de convencerme de que nada de esto es real.

El sonido del celular rompe el silencio. Busco en mi mochila y veo el nombre de la última persona que quiero escuchar en este momento. Respiro profundo, forzando una calma que no siento.

—¿Qué quieres, vieja bruja? —respondo con una calma tensa, intentando mantener la compostura.

—Ashhh, mocoso insolente. Solo quería saber si mi ignorante hijo está en la universidad —responde mi madre, con el tono molesto que ya conozco demasiado bien.

—No estoy en la universidad. Me fui porque no me sentía bien. ¿Por qué lo preguntas? —pregunto, sintiendo una creciente incomodidad.

—Bueno, prepárate para hacerme un té. Estoy en camino y más te vale no moverte de aquí —ordena antes de colgar sin más preámbulos.

Suelto un suspiro de frustración y pateo el sofá. La presencia de mi madre siempre resulta incómoda. Justo cuando estoy a punto de dirigirme a mi habitación, el timbre suena. Me acerco a la puerta y encuentro un paquete extraño en el suelo. No hay nombre ni dirección. Lo levanto, sintiendo su peso, y lo llevo dentro.

Mientras dejo el paquete en el suelo, una nota cae de él. La recojo y leo “¿Me extrañaste?”. Un escalofrío helado me recorre. Mi corazón late desbocado y mi respiración se acelera. De repente, el timbre suena de nuevo, esta vez con insistencia. Abro la puerta y me encuentro cara a cara con mi madre, que me observa con una mezcla de sorpresa y preocupación.

—Katsuki, ¿estás bien? Estás más pálido que la nieve y todo sudoroso. Espero que no estés haciendo alguna de tus cosas sucias, sabiendo que venía —dice con su tono desagradable, empujándome para entrar.

—Tranquila, no te dejaría entrar si fuera así —respondo con un alivio disimulado mientras cierro la puerta tras ella.



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Edición 7 de septiembre de 2024.