Parte 1
Los ojos suelen ser la ventana del alma, cada mirada te da un mensaje tácito de una emoción o sentimiento. Cada mensaje tiene diferentes destinatarios, por lo tanto, su significado es distinto.
Una mirada refleja el amor hacia un ser querido o a un desconocido.
Esa mirada está cargada de compasión.
De amistad.
De familiaridad.
De confraternidad.
De amor conyugal.
De pasión por un sueño.
De tristeza por lo perdido.
De alegría por aprender y conocer.
Hay tantas miradas con un significado único. No vale malinterpretar, porque si se malinterpreta solo queda aclarar.
Entonces, ¿es así como llegó a ese hogar? ¿al que ahora debe llamar hogar?
Porque una compasiva mirada se apiadó de él, y ahora es que consiguió su libertad. Sin embargo, ¿qué tipo de mirada debía darle al nuevo dueño de su vida?
¿Una mirada compasiva? ¿una mirada agradecida? ¿Una mirada de eterna lealtad como si fuera un perro?
¿Una mirada pasional de amantes?
Entonces supuso que sería la última incógnita, porque al fin y al cabo, ese alfa lo compró dos veces: para pasar una noche sexual y la siguiente es para ser parte de su posesión. Izuku Midoriya fue comprado de un burdel de omegas a un tal Masaru Bakugou. Ahora Izuku se considera propiedad de ese buen alfa, quien se compadeció de la mirada llena de tristeza que Izuku le ofreció cuando se conocieron.
Izuku es poseedor de unos iris preciosos, de un par de esmeraldas, que lastimosamente perdió su vitalidad, ese brillo de humanidad. Simplemente ahora solo puede ver con los ojos vacíos, como si fuera un simple muñeco sexual. Sin embargo, Masaru le dio la oportunidad de cambiar ese brillo en su mirada cuando lo compró.
Ahora Izuku no sabía cómo debía mirar. Por lo tanto, optó por mostrar una mirada opaca, con una curiosidad apenas visible mientras da el cariño a su nuevo dueño. ¿Qué tipo de cariño sería?
Aunque no quisiera negarlo, había un solo sentimiento latiendo en su corazón. Es la compasión. La misma mirada que Masaru le dio cuando se conocieron.
Y la mirada de Izuku fue conociendo más cosas con el pasar de los días. Hasta que llegó un día en el que su mirada comenzó a cambiar.
Quizá no fue una buena idea conocer al hijo del alfa Masaru. Porque cuando sus iris esmeraldas se encontraron con unos preciosos rubíes, entonces supo que debía temer a ese chico, porque la fuerza de atracción que sintió por él lo hizo temblar.
Fue una atracción inmediata. Y a pesar de ese banal deseo, sabía que debía rechazar cualquier tipo de emoción o sentimiento por ese joven. Porque Masaru lo presentó como su nueva madre, o mejor dicho, su madrastra.
Esa palabra le supo tan amargo en su boca, pero Izuku debía esmerarse para llevarse bien con su nuevo “hijo”, aunque muy en el fondo no lo veía así. Ni siquiera pudo entender el impacto de esa impresión que él le ocasionó con una sola mirada. Era la primera vez que se sentía atraído por un hombre, y sintió miedo de esa atracción.
Sin embargo, Izuku no fue el único que sintió ese deseo. A Katsuki nunca le habia llamado la atencion un omega, aunque solo los usaba para tener sexo casual, asi que el verse atraido de repente por su nueva “madrastra” lo hacia sentir extraño; sobre todo cuando deseaba que su padre pudiera retomar su vida luego de la perdida de su madre. Ya que, cuando un alfa pierde a su Omega, este moriría por la enfermedad llamado "El síndrome del corazón roto o El mal de amor". No obstante, al ver pasar los días, su padre no presentaba esos síntomas aunque la tristeza era visible. Es por eso que Katsuki le había sugerido rehacer su vida con un Omega que él quisiera, así quizá podría vivir feliz hasta el día de su partida. El joven alfa no quería perder a su padre al verlo sumergido en tristeza, así que pensó que su idea era lo mejor. Se aferraba a la idea de que su padre estaba bien y merecía su felicidad.
¿Pero cómo luchar contra esa mirada extraña?
Los ojos verdes de Izuku eran opacos, no tenían brillo, pero podía ver su esfuerzo por aprender la cotidianidad de la vida. Asimismo, se percató de que no era el único al ser observado, pues Izuku tenía una mirada curiosa sobre su persona. De esa manera, se empeñaba en tratarlo como su madrastra y se negaba a verlo a los ojos cuando notaba cierta profundidad en sus encuentros. Y solo eran contactos visuales, pero temía que algo pudiera surgir de ello si mantenían la mirada fija el uno del otro por mucho tiempo.
(***)
Con la llegada de Izuku a su vida, los días y los meses transcurrieron, ya iba medio año desde su llegada, y las cosas entre ellos eran frías como el invierno en febrero. Pero no se podía evitar, las cosas deben tener un límite y el joven de ojos rubí ya había trazado los suyos. Y la razón es simple, porque Katsuki comenzaba a descubrir sus nuevos gustos y eso era desagradable. Ya que en ese periodo, Izuku no dejaba de ser lindo pese a sus tímidas reacciones. Masaru le pidió comprensión a su hijo porque Izuku no conocía nada más que una vida llena de dolor. Izuku solo sabia hacer cualquier cosa relacionado al sexo, pero gracias a las enseñanzas que Masaru y Katsuki le daban sobre los quehaceres. Izuku comenzó a adaptarse, pero también comenzó a desarrollar sus propios gustos y aficiones.
Uno de los gustos que inició con una simple atracción, se iba intensificando.
Aunque Katsuki quería hacerse el loco y vivir en su fantasía de que su padre podría vivir hasta su vejez, en realidad era todo lo contrario. Comenzaba a sospechar que su padre estaba enfermando, pero por más que lo llevaba al hospital, los resultados indican que su padre no padecía de ninguna enfermedad. Era extraño, pero lo dejó ser, por un tiempo, así que comenzó a retomar su vida.
Al ser un alfa con grandes necesidades, y eso todos lo sabían, debía mitigar ese hambre de alguna manera. Así que, no era de esperar si él no llegaba a dormir a su casa o si llegaba, lo hacía junto con aromas diferentes. El olor a alcohol y a omegas estaba impregnado en su piel.
Izuku estaba triste, porque sabía que Katsuki tenía un interés por otros omegas y frecuentaba con ellos de una manera que él deseaba ser deseado. Y arrancando sus pensamientos innecesarios, tuvo que poner más empeño en olvidar lo que fuera que estuviera sintiendo por ese joven alfa, y se concentró en hacer feliz al alfa que lo salvó. Sin embargo, aunque tratara de hacer cualquier cosa por Masaru, sabía que era imposible llegar a él, ya sea de manera sexual o romántica, porque ese alfa ya no sentía la capacidad de sentir algo por algún omega. Entonces, cuando Masaru le confesó que estaba muriendo y que lo hacía de una forma silenciosa, Izuku no evitó llorar en su regazo, porque ese hombre era alguien muy bueno y sufría por la pérdida de un ser amado y la enfermedad lo estaba destrozando aún más.
Masaru estaba muriendo de amor, un mal del corazón, por haber perdido al amor de su vida.
Izuku no hacía más que ayudarlo a tolerar algunos dolores que la enfermedad silenciosa le ocasiona.
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