INCAUTO DESEO

Summary

Jennie es dueña de una casa de acompañantes de lujo, que está en busca de una nueva mujer para que ocupe una habitación en la lujosa casa. Cuando Jennie conoce a Lisa se siente totalmente atraída por la joven y decide que tiene que ser parte de su casa, pero mientras la entrena para que sea una buena escort la atracción que sentía se convierte en algo más rayando el deseo y amor. Jennie está aterrorizada por su crecientes sentimientos y el hecho de que la joven la deje por la vida de una amante mantenida. Pero Lisa tiene sus propias ideas sobre lo que depara el futuro.

Genre
Romance/Erotica
Author
Status
Complete
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
18+

──── ∗ ⋅1⋅ ∗ ────

La noche caía sobre la ciudad, había algo de llovizna.


La carretera, se veía oscura solo luces amarillas por aquí y por allá.


Las buenas personas se refugiaban en sus casas, y las personas que revelaban su verdadero ser salían a las calles.


Las mujeres de mala reputación se preparaban para una larga noche, unas lo hacian en las calles, esperando que algún ingenuo detuviera su coche y la llevará a pasar un buen rato, pero otras mujeres que preferirían hacerlo desde una casa de alto prestigio en cuanto a vender su cuerpo, prostitutas que no eran tomadas por hombres comunes.


En esas casas los clientes eran unos mimados, personas que públicamente eran ejemplo de lo que una mujer buscaba.


Una de esas casas estaba a cargo de la señorita Jennie Kim, una de las mayores bellezas de la ciudad de Nueva York.


A sus treinta años lo único que conocía eran burdeles, no recordaba mucho de su vida antes de llegar a uno.


Su piel morena seguía tan gloriosa como siempre, y su melena negra al viento brillaba, nunca se había sentido más lujosa que ahora. Sus ojos eran negros como el carbón. Sus pechos, estaban firmes, montículos llenos y flexibles cuando estaban restringidos, inspiraron a algunos cantantes a componer canciones a ellos mientras ella atendía sus partes inferiores.


Mientras se arreglaba el cabello y revisaba que su maquillaje estuviera impecable, Jennie repasó mentalmente a los hombres poderosos que había complacido en esa casa de lujo. Los políticos y sus discursos hipócritas eran acallados cuando cedían a la lujuria entre sus sábanas.


Los compositores de moda, que prometían canciones y álbumes dedicados a ella entre gemidos y gruñidos extasiados. Incluso religiosos de alto rango dejaban de lado sus dogmas y proclamaban que el paraíso terrenal se hallaba entre sus muslos, gastandole fortunas por una noche.


Mientras se aplicaba el rubor en las mejillas frente al espejo, Jennie intentó recordar a sus padres, las circunstancias que la llevaron a ese mundo, pero sólo venían a su mente los ecos distantes del orfanato y los llantos apagados de otros niños huérfanos en situaciones igual de precarias.


Jennie prefería infinitamente los gemidos extasiados de sus clientes adinerados. En lugar de sus padres biológicos, la única imagen maternal que tenía era la de Madame Ruby, la mentora que la introdujo en el negocio de las acompañantes de lujo y la convirtió en la joya más codiciada de la ciudad. La señorita Ruby le dejó las riendas de la casa cuando falleció, y Jennie se mantuvo fiel a ese estilo de vida exclusivo y lucrativo que ninguna mujer común podría imaginar. No conocía otro tipo de vida.


A Jennie le encantaban los vestidos ceñidos con aberturas frontales que dejaban ver sus torneadas piernas cubiertas únicamente por medias de encaje. Llevaba el cabello suelto sobre los hombros y escote, luciendo su encantos de forma orgullosa.


Antes de recibir a los clientes en la casa, se cubría parcialmente con un ligero chal negro de gasa, ya que su ajustado vestido sin mangas apenas lograba ocultar algo. Si algún cliente indiscreto miraraba cuando ella se inclinaba para mostrarles su portfolio, obtendría una espléndida vista de sus pechos. Algunos hombres, embobados ante tal muestra de sus encantos, suplicaban desde un inicio por su compañía exclusiva esa noche pero Jennie, no estaba dentro del catálogo.


Vestirse sin la compañía de Rosé su favorita la hacía sentir triste, llegó a ser su asistente, Rosé la ayudaba a ponerse su vestido, disfrutaba del suave aliento detrás de ella, los delicados dedos en su espalda y el dulce perfume flotando en el aire.


Y aunque ella lo disfrutaba jamás le haría saber eso a su asistente ni siquiera lo aceptaba para si misma.


Desde que estaba a cargo no dejó que ningún hombre la tocara, el último que la tomó tuvo que pagar una suma muy muy alta. Los sonidos de gemidos y jadeos que se producían en la casa hacían que una pequeña humedad apareciera entre sus piernas, en las madrugadas se encontraba encorvada en su cama con sus nudillos trabajando una y otra vez bajó sus bragas. No había querido aceptar a ningún pretendiente.


—¿Necesita ayuda con su cabello?


La voz de Rosé fue apenas un susurro.

Había estado trabajando año y medio bajo el cuidado de Jennie, su cara bonita, su rubio cabello y refinado perfil atraía a hombres pero más a mujeres.


Rosé había pasado de ser una tímida joven a ser una mujer salvaje y audaz que iba tras lo que quería sin restricciones. Fue elegida a unirse a la exclusiva casa para clientes de élite y exigentes. Se volvió más hermosa con cada cliente que tomaba y ahora estaban decepcionadas ya que la favorita las dejaba.


—¿Señorita Jennie?


Rosé preguntó en voz baja, sus manos se detuvieron en la cintura de Jennie.


—¿Si Rosé?


Nunca se acostumbraría a ver marcharse a una de sus chicas pero sabía que no podía cortarle las alas y tenerlas para siempre, merecían algo más que esto.


—Quiero agradecerte por todo lo que has hecho por mi.


—No tienes que hacerlo, por favor vive bien y feliz. Encuentra algo mejor que esto, nadie de aquí te merece.


—Si no fuera por ti estaría muerta, te extrañaré, a ti y a las chicas pero ahora quiero viajar dedicar tiempo para mí, o quizás me encuentre siendo tu competencia.


Jennie sacudió su cabeza, extendió sus brazos y se abrazaron con nostalgia.


—Donde quiera que vayas espero que te deleites y no vuelvas tan locas a las mujeres a tu paso.


—No puedo asegurar tal cosa Jennie, habrá otra chica ¿no?– preguntó Rosé con un profundo sonrojo–en el momento en que me vaya, alguien más será tu chica y ocupara el lugar vacío, así es como funciona ¿no?


Jennie asintió.


Así era como funcionaba unas se iban porque decidieron que esto no era más para ellas, otras se retiraban y algunas "afortunadas" lograban que el cliente las volviera su amante, las sacaban de la casa y les compraban un apartamento dónde estuvieran a su disposición el tiempo que quisieran.


—Aunque por supuesto podrías volver al mercado, hay muchos que lo desean.


—Oh, no lo creo ya estoy vieja.


—Jennie, estás completamente equivocada, eres absolutamente ardiente y radiante.


Jennie río de nuevo e hizo callar a su ahora ex asistente y pellizcó las mejillas que había enloquecido a muchas.


—Ven cariño, es hora de que te despidas de las chicas.


                    **************


En medio del salón estaban reunidas todas las mujeres.


Podrían decirles damas de compañía, acompantes de lujo, prostitutas, pero jamás dirían que esas mujeres eran feas, eran hermosas, una delicia que solo algunos tenían la fortuna de tocarlas, una noche, unas horas, cualquiera sea la cantidad de tiempo nunca sería lo suficiente.


—Mis encantadoras y amadas mujeres, es hora de despedir a nuestra querida Rosé, extrañaremos su dulce voz por toda la casa, hemos llegado amarla—Rosé se sonrojaba—Pero ha decidido seguir sus propios pasos y sean cuales sean contarán con nuestro apoyo y buenos deseos.


Las mujeres aplaudieron y celebraron.

La abrazaron.


Coral una de las chicas habló:

—Si las cosas no salen como quieres podrías regresar, estaremos aquí.


—Yo realmente las extrañaré.


Rosé lloraba.


—Estaremos en contacto cariño, no te preocupes, puedes llamarme y te escucharé todo el tiempo que necesites–Jennie le hizo saber.



                          *********


Las puertas se abrieron, los hombres entraron buscando a la mujer que se encargarían de su placer está noche.


El taxi llegó y Rosé se fue.

Desapareció en la oscuridad de la noche.


Jennie cerró las puertas, dió una última mirada no quería sentirse triste, había presenciado escenas peores; como ella dándole la despedida a una de sus chicas porque se enamoró de su cliente y él la había hecho su amante. La situación de Rosé no era así.


Subiendo las escaleras al tercer piso para llegar a la habitación que ocupaba en esa casa.


Se permitió dormir y en sus brazos tener a esa mujer que en sus sueños aparecía, con suave piel y un cuerpo que la invitaba a desinhibirse.


Al despertar esa mañana, con los rayos de sol filtrándose por las persianas, Jennie aún tenía muy presentes las sensuales fantasías que habían poblado sus sueños durante toda la noche.


Revivía la imagen de estar persiguiendo a esta mujer joven y hermosa que se escabullían entre aguas cristalinas, con sus firmes senos rozando su rostro cada vez que lograba atraparla. La mujer la envolvían con su larga cabellera mientras reía coqueta y se burlaba suavemente de su deseo, incitándola a continuar la cálida y etérea persecución.





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