DESIDERIUM, loki laufeyson

Summary

Loki manipula a Billie May para beneficiarse, incentivando a la fémina para que active la habilidad que le fue inyectada en el pasado y así poder conseguir «La Perla de la Resurrección», que habita en una dimensión desconocida. Estos sucesos prometen crear una secuencia de contratiempos que afectan al espacio-tiempo y, a su vez, le abren las puertas a viejos y nuevos enemigos. O Billie intenta superar su obsesión con los bad-boys, sus problemas paternales, sus fracasos amorosos y su miedo a la soledad, refugiándose en un intenso camino de ayuda psicológica. Pero como era de esperarse, nada sale como planeó. Loki la subyuga a caer una y otra vez en un tira y afloja que se vuelve tan adictivo cómo sus antiguas relaciones fallidas. A su vez, una Diosa que estuvo desde su nacimiento destinada a comprometerse con el Dios de Las Mentiras, decide meterse y causar discordia en la relación complicada de «amigos-enemigos y algo más» que llevan Billie y Loki desde que se conocieron. Ahora, Billie debe lidiar con sus problemas personales, el hecho de ser "La Llave de Las Dimensiones", un Dios deseoso por explotar su habilidad—que la tiene enamorada hasta la médula—, y una Diosa del Amor que de amorosa no tiene ni una hebra de su oscura cabellera. May siempre tenía su suerte en debacle.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Prologo

📍 "Habitación de Espera", Dimensión mental, sin fecha, ni tiempo.






Contemplaba el marco teórico que me había llevado días y noches extenuantes, estresantes y solitarias. Era tan vasto, tan rebosante de información valiosa, que cubría las tres paredes de la habitación.


Lo había creado con la meta de llegar a este día con un plan que no provocara más problemas de los que ya existían, teniendo en cuenta todas las fluctuaciones que el multiverso podía ofrecerme con cada decisión que tomara. Y en este caso, el Mindkeeper, mi invención, había sido mi aliado más fiel. Su capacidad para analizar y proyectar las ramificaciones de cada cambio en la realidad me había permitido vislumbrar las múltiples sendas posibles. El universo se extiende a una infinidad de opciones. Y una simple elección podía generar una cascada de consecuencias y alterar el curso de los eventos canónicos. Cada cambio, por mínimo que pareciera, resonaba a lo largo de la red interconectada de realidades alternativas.


La Habitación de Espera también fue de gran ayuda, siendo un espacio en el que el tiempo se distorsionaba y se adaptaba a mis necesidades. Aquí, podía dedicarme en cuerpo y alma a mis investigaciones, sin las limitaciones del reloj o las interrupciones externas. El fluir del tiempo se adecuaba a mi ritmo mental, permitiéndome avanzar a pasos agigantados en mi búsqueda de respuestas. Estaba convencida de que, de haberme embarcado en esta tarea sin estos dos pilares, me habría llevado años, incluso décadas del tiempo real, robándome una gran parte de mi vida.


La tensión se apoderaba de mi cuerpo mientras reflexionaba sobre el arduo camino que me había llevado hasta aquí. Los sacrificios personales y las noches de insomnio habían valido la pena al ver el fruto de mi arduo trabajo materializarse ante mis ojos.


El silencio reinaba en la Habitación de Espera, solo interrumpido por el latido de mi corazón y el zumbido suave del Mindkeeper, encogido en una simple bola metálica y dorada, la forma que adquiría cuando me revelaba diferentes escenarios dimensionales. Cerré los ojos un instante, tratando de calmar mi mente agitada.


—Recopila los acontecimientos del archivo seiscientos dieciséis —le ordené.


Al abrir los ojos, mi mirada se posó en las proyecciones holográficas que mi voz reclamó, sobresaliendo del Mindkeeper y desplegándose frente a mí. Reviví aquellas imágenes que deseaba enterrar, sintiendo una punzada en el pecho. Me sumergí en los detalles y comparé, por última vez, lo que veía con mi marco teórico. Analizando minuciosamente cada posibilidad y evaluando sus repercusiones. No podía permitirme cometer errores, no cuando estaba en juego el destino de innumerables vidas y realidades.


—Deja los archivos en espera y quédate en modo hibernación hasta que te encienda de nuevo.


El Mindkeeper obedeció. Y guardé su forma esférica y fría en el pequeño bolsillo de mi traje.


Yo no soy conocida precisamente por ser alguien que resuelve problemas. Mucho menos cuando se trata de asuntos tan graves como la evaporación total de un universo. Siempre me he dejado llevar por mis emociones y he trazado mi camino siguiendo su guía. He actuado movida por la insensatez, he cedido a los impulsos y he privilegiado el corazón en lugar de la lógica en innumerables ocasiones. Sin embargo, las experiencias recientes con él... me obligaron a dejar atrás ese hábito.


Sí, él tuvo una influencia abrumadora.


Fueron tiempos difíciles. Ignorar mis emociones no fue sencillo. Cambiar tu forma de ser después de haber forjado una personalidad durante toda tu vida implica librar muchas batallas internas y mentales. Y al final, sientes que algo muere. Quizás tu antiguo yo.


Mis nervios se adentran tan profundamente en mí que generan un calor sofocante. Puedo sentir algunos de mis mechones rubios pegados en mis clavículas y en mis mejillas debido al sudor nervioso. Este viaje hacia lo desconocido puede resultar en el fracaso más desgarrador o en el éxito más trascendental. Estoy arriesgándome a una posibilidad en un millón, porque si hay algo que he aprendido desde que me convertí en La Llave Dimensional, es que el universo es infinito. Las dimensiones se ramifican sin control y nunca, jamás, puedes estar completamente seguro de lo que sucederá.


Elevé mi mano y abrí el portal, resplandeciente como siempre; con sus destellos blancos intercalados entre las luces violáceas, como si fuera un sol excéntrico pintado por un niño desafiante de las reglas básicas de la biología.


Un sentimiento de nostalgia me embargó de repente. Observé a mi alrededor, ese lugar que me había acogido durante mi tiempo como fugitiva. La Habitación de Espera se había convertido en mi santuario, un refugio donde podía apartarme del bullicio del mundo exterior y dedicarme por completo a mi misión.


La cama estaba cubierta de recortes de periódico que había recolectado en diversos viajes temporales, los cuales me ayudaban a trazar mis esquemas. Junto a ella, una mesa con una taza de té a medio beber. Las paredes estaban cubiertas de diagramas, ecuaciones y anotaciones meticulosas que reflejaban la inquebrantable determinación que había generado mi nueva personalidad.


En otro momento, habría llorado desconsoladamente. La antigua Ruby habría entrado en crisis en el instante que cae en cuenta que está completamente sola. Sin embargo, esa versión de mí está ahora silenciada, encerrada en algún rincón dentro de mí. Ahora soy yo quien lleva el timón, intentando lidiar con esta enorme responsabilidad que ella no puede, ni quiere enfrentar. Estoy segura de que si pudiera verme desde afuera, no creería que somos la misma persona.


Cada célula de mi cuerpo me instaba a rendirme y quedarme allí, cómoda, escondida del mundo hasta el último suspiro. Me aterraba lo que pudiera aguardar al otro lado. Me aterraba enfrentar la posibilidad de haber invertido tanto tiempo en planificar algo que quizás no llevara a nada. Y me aterraba ser la responsable de más desastres. Ya tenía suficiente con saber sobre los acontecimientos que había desencadenado en otras dimensiones.


La incertidumbre se cierne sobre mí como una nube amenazadora, oscureciendo mi mente. Me pregunto si estoy preparada para afrontar las consecuencias de mis acciones, si poseo la fortaleza necesaria para enfrentar los desafíos que se avecinan. Sin embargo, no puedo retroceder. No puedo dejar que el temor me detenga. He llegado demasiado lejos para renunciar ahora. Mi deseo por proteger el multiverso y mi afán por alejarme lo más posible de ser "la profecía oscura de la Llave Dimensional", pesa sobre mis hombros. Y ahora, debía salvar a mi variante de aquel destino también.


No tenía más opción que aferrarme a la fe.


Desvié mi mirada hacia el portal. Me esperaba. Me llamaba. Me di cuenta de que había estado contemplándolo y conteniendo la respiración durante varios minutos, porque de repente me vi obligada a respirar con normalidad.


Finalmente, mi cuerpo reaccionó. Apreté el botón del reloj que haría que mis manos se cubran de los Iron Gloves, para usarlos en caso de que el escenario se torne difícil. Esperaba que no.


Me acerqué al portal, sintiendo la energía palpitar a mi alrededor. Sus destellos hipnóticos me envolvieron, atrayéndome hacia lo desconocido con una fuerza magnética. Luego, con paso decidido, crucé el portal y no volví a mirar atrás. Ya no podía.


📍 "Dimensión Espejo", prisión conectada a un hechizo.




Me recibió un lugar completamente negro, como si hubiera caído en un agujero de gusano. Miré a mi alrededor. Paredes de espejos fragmentados me rodeaban, reflejando mi imagen en cada pieza. No pude evitar sentirme atrapada en una prisión. Por un instante, dudé de mi habilidad y creí que el portal me había arrojado al lugar incorrecto, a pesar de que usualmente no solía pasar.


Corroboré que mi teoría estaba errada cuando el ruido de un libro cerrándose abruptamente resonó en mis oídos y causó una reverberación en el ambiente. Parpadeé varias veces, sorprendida, mientras me percaté que frente a mi, a unos metros, se encontraba un sofá rojo junto a una mesita circular. El único objeto que alumbraba la prisión de los espejos, era la lámpara situada sobre la misma.


Vi una mano abandonando el libro sobre la mesa. Y me quedé paralizada cuando vi la silueta levantándose. Lo reconocí. Incluso mucho antes de confirmarlo con mis propios ojos. Era Strange. Stephen Strange.


Alcé mis manos para deshacerme de la capucha que opacaba mi rostro, para que él pudiera verme mejor. No me reconocería. Se supone que en esta dimensión jamás nos habíamos visto antes. Pero de algún modo, sentía que podría convencerlo más si me veía al hablar.


Nuestras miradas se encontraron. La habitación se sumió en un silencio tenso, solo interrumpido por el leve sonido de las respiraciones. Se quedó a unos pasos de mí, lo suficientemente lejos como para prevenir un ataque y lo suficientemente cerca como para no dejarme huir.


Strange se cruzó de brazos y rompió el silencio con su voz grave y profunda, resonando en el aire como un eco ancestral:— Parece que no te esperabas esto.


Me quedé en silencio.


—Es un hechizo básico de protección contra amenazas externas —explicó con tono arrogante, su mirada escrutando los fragmentos que nos rodeaban. Tras una breve pausa, volvió su atención hacia mí—. Supongo que querías aparecer en el Santuario.


Por supuesto que estábamos dentro de un hechizo de protección, era obvio que tendría un as bajo la manga para todo aquel viajero que quisiera meterse en su universo. Lo subestimé o fui muy ingenua.


Alcé ligeramente el mentón.


—Supones bien —respondí con voz queda.


— ¿Y por qué? —cuestionó con brusquedad, inclinando la cabeza hacia un lado y entrecerrando los ojos. La intensidad de su mirada me desafiaba a revelar mis intenciones—. ¿Qué quieres?


Sus palabras resonaron en mi interior. Aunque el miedo aún me acechaba, me aferré a mi convicción interior. Una voz interna me recordaba constantemente la importancia de sacar fuerzas y motivación de dónde sea. Era un pacto silencioso, un compromiso con el multiverso y conmigo misma.


Bajé la cabeza y me alejé unos pasos, recorriendo la habitación en dirección opuesta a él. Mis pies me llevaron hasta la mesa donde reposaba el libro que Strange había estado leyendo antes de mi llegada. Era un antiguo volumen encuadernado en cuero, desgastado por el tiempo y el uso constante. Su título, apenas visible, evocaba secretos arcanos y conocimientos olvidados.


—Soy lo que el Darkhold define como La Llave Dimensional... —pronuncié con amargura, sintiendo un nudo en mi garganta. Odiaba ese apodo, odiaba el Darkhold y odiaba la profecía que cargaba sobre mí. Levanté mis ojos pardos para encontrarme con los suyos—. Imagino que ya sabes de qué hablo.


Strange pasó de verse suspicaz a tenso en cuestión de segundos. Los brazos se aflojaron a los costados de su cuerpo, como si estuviera dejándolos libres para anticiparse a algo.


—No eres una viajera del tiempo, entonces —aseguró—. Eres una viajera dimensional.


—Bueno... —murmuré, mordiéndome el labio inferior mientras desviaba la mirada hacia la pared de espejos a mi derecha. En los reflejos múltiples de mí misma, me sentí triste y ajena a la persona que veía. Un rostro cansado y sudoroso, con ojeras oscuras y marcadas, parecía una flor marchita. Suspiré, tratando de soportar los efectos secundarios de mi destino—. Podría decirse que soy varias cosas.


—¿Sabes el riesgo que le causas a este universo con sólo estar aquí? —Su aura se volvió amenazante. El lado protector de Strange comenzaba a emerger—. No sé porqué viniste, pero tienes un minuto para reflexionar e irte a tu dimensión antes de que yo te envíe allá.


Lo observé decepcionada por su actitud, más no estaba sorprendida en absoluto. Sabía que no sería fácil convencerlo a menos que vea las cosas por sí mismo. Agradecí al Stephen Strange de mi universo por advertirme que debía venir preparada para esto.


Apreté los labios y asentí lentamente, aceptando el curso que tomaba la conversación. Busqué en mi bolsillo el artefacto que aclararía todas las dudas. El Mindkeeper se encendió al contacto con mi mano, listo para cualquier orden.


—Este universo está en peligro —expliqué, ignorando su advertencia—. Si no quieres creer en mi palabra, lo cuál es razonable, puedo mostrártelo.


—¡El Darkhold dice...! —Interpuso, alzando el tono. Eso me exasperó.


—¡Sé muy bien lo que dice el Darkhold! —Repuse en el mismo tono.


Jamás le había hablado a Stephen de tal manera. Sentía como si estuviera siendo irrespetuosa con mi madre. En respuesta, Strange cerró lentamente la boca y me observó de una manera que no pude descifrar, soltando un suspiro nasal. No podía determinar si lo había convencido o no. Pasó casi un minuto antes de que alzara las manos y abriera un portal detrás de mí.


—Vuelve a tu universo —ordenó entre dientes—. Ahora.


Cerré los ojos por un momento, inhalando profundamente. Me sorprendió lo mucho que su terquedad me afectó en tan poco tiempo. Pensé que la coraza que había construido alrededor de mi ser era más sólida. Una ola de vulnerabilidad me invadió, algo a lo que ya no estaba acostumbrada. Tal vez era el hecho de tenerlo frente a mí de nuevo. Tal vez era el afecto haciendo sus artimañas en lo que quedaba de mi antiguo yo. O tal vez, incluso, era todo lo anterior y mi desesperación saliendo a flote porque no veía el plan funcionando como debía ser.


Llamé a la paciencia dentro de mí. Paulatinamente, dejé el Mindkeeper sobre el libro, sintiendo su mirada analizando cada uno de mis movimientos. Mi corazón latía con intensidad.


—Permíteme mostrarte la verdad —insistí.


—¿Por qué crees que me dejaría influenciar por alguien que es una potencial amenaza para el multiverso? —cuestionó con escepticismo, refiriéndose nuevamente a la profecía del Darkhold.


Me quedé inmóvil. No tenía remedio. No tenía otra opción, pues no creería en mi palabra ni aunque le rogara.


—Reproduce los archivos del universo seiscientos dieciséis. —Pedí al Mindkeeper.


Strange frunció el ceño, pero antes de que pudiera reaccionar, el Mindkeeper desplegó diversas proyecciones holográficas por toda la prisión, dejándolo boquiabierto. Reviví la peor parte de la historia de mi vida por milésima vez, mientras él se adentraba por primera vez en la guerra oscura que había sometido a mi universo. Analizaba cada proyección con detenimiento, sumergiéndose en la oscuridad y el caos que había reinado allí.


—No..., no puede ser. —Susurró con incredulidad, incapaz de apartar la mirada de las imágenes que se desplegaban ante sus ojos. Parecía procesar la información, luchando por comprender la magnitud de lo que veía—. ¿Cómo sé que no manipulaste esto?


Tomé el Mindkeeper y lo lancé a sus manos, desafiándolo a que encontrara alguna señal de engaño. Él lo atrapó, su rostro se arrugó un poco.


— La ciencia no miente, Stephen. —Afirmé con convicción.


Él levantó el artefacto en el aire y lo inspeccionó, mientras las proyecciones volvían a reproducirse en un tortuoso bucle.


— Sé que mi Stephen y tú no son la misma persona. —Continué, sintiendo como mi corazón se abría—. Y probablemente no entiendas como me siento porque nosotros, en tu universo, aún somos dos desconocidos. Pero Stephen era... —mi voz se quebró, dolía tanto hablar de él en pasado. Apreté mis labios y ojos a la vez, antes de empujar mi dolor al fondo de mi pecho—. Era mi amigo.


Capté su atención nuevamente.


» Él se sacrificó por esto. —Mi voz tembló, presa del nerviosismo. Me acerqué más a él, sin temor alguno, ya no sentía nada más que cansancio y desesperación. Un par de lágrimas se acumularon en mis ojos, pero no se animaban a caer. Incluso en ese instante, se me hacía sumamente complicado llorar. Probablemente porque ya no quedaban más lágrimas en mi exhausto cuerpo—. No puedo permitir que su sacrificio sea en vano.


Me observó con dureza, pero note una chispa de empatía en sus ojos cerúleos. La tenue luz dorada de su portal iluminaba su rostro y se reflejaba en la pared fragmentada detrás de él, al igual que las proyecciones.


Se acercó más a mí y, por un momento, temí que me atacara de alguna manera. Sentí una brisa suave y, de repente, una sensación incómoda invadió mi cabeza, como si alguien estuviera hurgando sin restricciones en mis pensamientos. No podía describir con precisión lo que sentí en ese momento, solo sabía que se asemejaba a una molesta jaqueca. Mi visión se volvió borrosa y solo pude ver la mano extendida de Stephen hacia mí. En medio de la confusión, logré captar el panorama con el poco raciocinio que se me permitía en ese instante: Strange estaba leyendo mi mente.


Pasó un tiempo que pareció eterno antes de que finalmente me soltara. Me sentí mareada y me aferré al respaldo del sofá para mantener el equilibrio. Mi respiración se agitó, causándome una leve taquicardia. Cuando al fin levanté la mirada hacia él, vi su rostro atónito. Sus ojos vacilantes recorrían la habitación, tratando de asimilar la realidad de lo que acababa de confirmar.


Comprendí, por su reacción, que no era tan diferente a mi Strange. Pues habían dos cosas especiales que podían descolocar a este hombre totalmente: La primera; confirmar que estaba errado en algo en lo que creía tener razón. La segunda; aceptar el hecho de haber fallado como protector del universo.


Me sentí fatal por él. Sabía muy bien lo que significaba cargar con esa montaña de culpa sobre tus hombros. Es algo que nadie está preparado para enfrentar.


—Santo cielo... —murmuró, recuperando el equilibrio. Aplacando el tono defensivo. Vi en sus ojos algo más que el miedo, también había asombro—. Pero..., ¿Loki? ¿Cómo...?


Mi corazón dio un vuelco al oír ese nombre.


—Él vendrá. —Afirmé sin titubear. Ahora que tenía su atención plenamente centrada en esto, no podía permitir que se desviara. No quería desperdiciar este momento crucial—. Tengo un plan. Bueno, en realidad es el plan de Stephen. Es arriesgado pero... puede funcionar.


Strange soltó una risa amarga y negó con la cabeza.


—Genial, sí. Temía que dirías eso —dijo con una mezcla de resignación e ironía. Se acercó al sofá para sentarse, apoyó los codos en sus piernas y se cubrió la cara con las manos—. Siempre es un plan temerario que desafía toda lógica y sentido común. Parece que nunca puedo evitar salvar al multiverso de forma imprudente.


Lo observé, comprendiendo su inquietud. Me atreví a posar una mano consoladora sobre su hombro.


—Créeme —susurré con firmeza—. Nada puede ser peor que lo que ya se está gestando.