Capítulo 1
ACLARACIÓN: Los puntos suspensivos cambian el punto de vista desde el que es narrado el relato y pueden saltar temporalmente.
-
—Oi, cocinero.
—¿Mmmm?
—Despierta de una puta vez, cocinero de mierda.
Pocas veces conseguía dormir pronto desde los últimos meses. Bueno, en realidad pocas veces conseguía dormir en general, así que el hecho de que me despertasen del primer sueño que conciliaba desde hacía más de 30 horas me jodió a lo grande. Más aun cuando me había sacado del sueño donde era feliz de nuevo. El único rastro de felicidad que tengo desde que estoy sin ella.
—Son las...—reviso el reloj de mi propio teléfono con solo un ojo entreabierto y vuelvo a colocarlo cerca de mi oreja para escuchar la buena explicación que espero que tenga—Tres y cuarto de la mañana. ¿Qué narices quieres, marimo?
—Tengo un pequeño problema en el bar ahora mismo.
Zoro regenta un bar junto a Perona. No es su hermana, pero casi, por mucho que él se niegue a aceptarlo. La confianza que tienen entre ellos como para dirigir un negocio juntos desde hace cinco años lo prueba. Y diría que las discusiones entre ambos también. Por eso mismo le pregunto por ella.
—¿No puede la preciosidad que tienes como hermana encargarse? ¿Tienes que venir a tocarme los cojones en mitad de la noche?
—No, no puede. Y sí, porque es culpa tuya.
Gruño y me levanto de la cama más malhumorado que de costumbre por su culpa.
—Mira, marimo de mierda, más te vale que llegue y tu puto bar de mierda esté incendiándose o algo así, porque como me hayas llamado para una tontería te pienso...
—Te he llamado porque tú la rompiste y lo único que hace es repetir tu puto nombre. Y otros insultos que me ahorro porque hasta a mí, que te odio, me parecen fuertes.
No tengo necesidad de que especifique de quien se trata. Trago saliva intentando apartar el nudo que ha surgido en mi garganta de nuevo, aunque sé que no se va a ir. Nunca se va. No cuando escucho hablar de ella.
Sí que es cierto que el nudo en mi garganta no está siempre, pero el dolor en el pecho desde que la perdí es permanente.
Cierro los ojos frustrado y me masajeo las sienes.
—Si aparezco por allí, Nami me va a matar.
Trago de nuevo con dificultad, porque aún me cuesta decir en voz alta que mis amigos me desprecian. No me sorprende, porque yo también me desprecio a mí mismo, pero no es fácil saber que he perdido a la mayoría.
—Nami no está aquí. Está sola. Y muy borracha.
—Voy para allá.
Cuelgo sin necesitar ninguna información más.
Sola.
Y borracha.
Ella jamás salía sola, ella jamás se emborrachaba. Odiaba el sabor del alcohol y las fiestas de noche. Solo acudía por nosotros. Claro, todo eso era así hasta que le rompí el corazón.
Mierda, siento que me mareo de recordar todo lo que le he provocado.
Ignoro ese malestar y me visto en menos de un segundo. Agarro una chaqueta cualquiera y las llaves de mi auto antes de volar hacia el bar.
Está lloviendo y se me complica llegar rápido.
Aprieto el volante con fuerza, porque por las calles de esta maldita ciudad con la lluvia no es posible ir a la velocidad que mi cuerpo me exige con tal de ir a buscarla. Al fijarme en el costoso anillo que porto en mi mano izquierda, aprieto aún más el volante. Me encantaría aventarlo por la ventana y perderlo de vista, porque no solo era el recordatorio de que mi vida era una mierda, era el recordatorio de que jamás podría volver a tenerla a mi lado.
— Oye, Sanji... ¿Por qué con todas menos conmigo?
— ¿Qué?
— ¿Por qué babeas por todas menos por mí?
— Es que tú... Tú eres diferente.
Ese recuerdo azota mi mente cuando menos lo necesito. Éramos dos críos, ella tenía dieciocho y yo diecinueve en ese entonces. Acabábamos de empezar a trabajar en el bar de Zeff oficialmente. Siempre estaba allí desde crío, ese viejo había sido y es el padre que nunca tuve.
No porque mi padre biológico esté muerto, eh, que ojalá. Es simplemente porque es escoria. Al igual que toda mi familia. Bueno, no toda, Reiju se salvaba. Antes les tenía algo de aprecio, pero ahora...
— ¿Tan horrible soy?
Su pregunta sonó con tanto dolor que aún recuerdo cómo se me encogió el corazón ante su vocecita.
Yo babeaba por todas desde crío, eso no era ningún secreto. Pero con ella era distinto, siempre lo fue desde que la conocí.
— Eres la chica más preciosa que he conocido nunca.
Y tal y como me pasaba siempre que me miraba, me perdí en sus ojitos color miel por los que me derretía siempre que me dedicaba una simple mirada.
—¿En serio piensas eso? ¿O lo dices porque no quieres aguantarme lloriqueando?
—Lo pienso de verdad, Gaia. Eres la mujer más preciosa que conozco.
—¿Y por qué no babeas por mí?
—Porque eres la única mujer por la que no soportaría sentirme rechazado.
—¿Por qué?
—Porque creo que no soportaría perderte.
Me aterraba perderla, pero en cuanto ella me hizo esa pregunta entendí que yo también le gustaba. Y dejé de tener miedo a su rechazo, porque cada mañana me despertaba con sus besos recordándome cuán afortunado era.
Una lágrima recorre mi mejilla y la limpio con furia.
Ya no me aterraba perderla, ahora me aterraba el dolor que me produce no tenerla. Ahora despierto cada mañana sirviéndole el desayuno a una mujer preciosa por la que no siento ni una pizca de atracción y que mi padre me obligó a tener en mi vida. No me llevo mal con Pudding, por supuesto. Lo que menos necesitamos es llevarnos mal. Ella tampoco quería este matrimonio, pero es que yo no soporto la vida sin Gaia.
Aparco en la puerta del bar sin molestarme siquiera en hacerlo de forma correcta. Que me multen, si total, lo va a pagar el asqueroso de mi padre.
Entro deprisa para que la lluvia no haga muchos estragos en mí, aunque me gustaría fumarme un cigarrillo antes de entrar, porque me da pánico verla.
El bar ya está vacío, seguramente por el enorme cartel luminoso que hay fuera indicando que estaban cerrados. Perona se empeñó en ponerlo porque la gente no respetaba el horario de cierre mientras limpiaban, aunque Zoro siempre se queja de que no les sirve una mierda y la gente sigue colándose como si nada.
Entro decidido a encontrarla a ella, sin embargo no veo su esbelta figura por ninguna parte. Me aterraba verla, pero por otro lado me desilusiona no encontrarme directamente con esa larga melena negra alborotada y rizada de la que ella tanto se quejaba y que a mí tanto me encantaba.
En realidad no me encuentro con nadie, esto está vacío.
Echo un vistazo buscando algo de vida, hasta que capto a Zoro. Está limpiando la zona donde sirven las bebidas y sin mirarme siquiera alza su voz.
—Está vomitando en el baño.
Otra punzada de culpabilidad me arrolla y quiero salir corriendo a ayudarla, pero su voz me frena.
—Perona está con ella. Llévatela a casa y habla con ella de una maldita vez, Sanji.
Pocas veces este imbécil pronuncia mi nombre, solo cuando es terriblemente necesario. Eso me da a entender lo mal que se encuentra ella.
De repente viene a mi cabeza en qué día nos encontramos.
Mierda. No es un sábado cualquiera.
Vivo tan perdido desde que arruinaron mi vida que no lo recordaba. Hoy Gaia y yo nos casábamos. Después de más de siete años de relación, si todo hubiese seguido su curso, a estas horas estaríamos celebrando junto a las personas más importantes de nuestras vidas que oficialmente de cara al Estado compartiríamos la vida juntos.
Si todo hubiese ido bien, ella sería en estos momentos la mujer más feliz del mundo y yo no me querría arrancar el corazón de cuajo. Si hubiese podido cambiar el curso de las cosas ahora mi vida valdría la pena.
Pero eso no había pasado y ella ya no era la chica risueña y deslumbrante que solía ser antes de todo el daño que le hice. Zoro y Luffy jamás me querían contar cómo estaba, pero acabé enterándome por otros que empezó a salir todas las noches, a beber, a acostarse con muchos hombres que estoy seguro de que jamás la merecerían y sobre todo... Empezó a llorar todos los días. Se descuidó a sí misma y las pocas imágenes que veía de ella podía notar que había perdido mucho peso y su sonrisa no brillaba como antes. Eso me carcomía por dentro. Había abandonado su salud a su suerte por un desgraciado como yo. Jamás podré perdonármelo.
Hace poco Zoro me dijo que no tenía que preocuparme por ella, porque últimamente la veía mejor. Y yo, a pesar de que mi corazón seguía destrozado, me alegré. Supongo que es esta estúpida fecha de mierda la que la ha vuelto a hundir.
Me acerco a la barra sin sacar mis manos del abrigo negro que llevo.
—¿Por qué no has llamado a alguna de sus amigas?
No respondo a su propuesta anterior, porque hasta él mismo sabe que es una tontería. No puedo hablar con ella.
—Porque Nami juró que, si tenía que volver a recogerla de un antro borracha a esta hora, iría a tu casa a cortarte los huevos y la lengua.
Quiero llorar, no solo porque su respuesta me recuerda que quien era de mis mejores amigas me odia, también me recuerda que he destruido a la mejor persona del mundo.
—¿Te preocupas por mí, marimo? —bromeo en un intento de mostrarme ajeno a lo que dice.
—Conmigo no tienes que fingir indiferencia, cejitas.
Sorprendentemente, Zoro fue uno de los pocos que no me dejó de lado cuando todo ocurrió. Bueno, fue el segundo que no me dejó de lado en realidad. Luffy me sigue tratando como si nada hubiese pasado. Y realmente no sé si lo merezco, pero no puedo pedirles que me dejen de lado. No le reproché nada al resto del grupo, porque entiendo su postura, pero si Luffy y Zoro acababan excluyéndome también, ya no sería capaz de soportar mi vida de mierda.
—¿Por qué la habéis dejado beber? Me dijiste que había mejorado.
—Ya venía borracha, pervertido. Llegó diez minutos antes de que te llamase.
Mis ojos, que hasta el momento observaban con cansancio la barra, buscan los de Zoro dolido.
—¿Con quién?
—No debería importarte.
Tenso mi mandíbula ante ese reproche, porque no proviene de Zoro.
—Perona... —no tengo necesidad de girar mucho el cuello, ella se sitúa a mi lado de brazos cruzados, en un intento de parecer terrorífica supongo—Ella me importa.
—No. No te importa una mierda. Si te importase no te habrías follado a otra. ¡Y mucho menos te hubieses comprometido con otra más dos semanas después! ¡Si tanto te importase no la habrías destruido, Sanji!
Cierro los ojos con dolor. Porque no tengo forma de defenderme. Porque lleva razón. Yo solito me encargué de destruir lo que teníamos y en el proceso destruí al amor de mi vida.
...
— Dios mío, Gaia. Nos acabamos de acostar juntos. ¿Se puede saber por qué lloras?
No era la primera vez que pasaba. Siempre que tenía sexo con alguien acababa llorando arrepentida.
— ¿Tan mal lo he hecho? ¿Te he tratado mal? ¿Te duele algo?
Rio exhausta al mismo tiempo que lloro. Estaba recostada en la cama mientras lo observaba quitarse el preservativo hasta que he empezado a llorar de repente.
Pobrecito.
Admito que me encuentro cómoda con este chico. Me había hecho disfrutar. Y sobre todo me había hecho olvidarme de él por un rato. Hasta que pensando en el pelo tan bonito que tenía, me di cuenta de que su color de pelo era idéntico al de Sanji.
— No... Eso ha sido increíble. En serio. Lo siento. — digo esto último con la voz un poco ronca y no puedo contener mi llanto de nuevo— Es solo que... No eres él. Y se me hace insoportable la existencia desde que no está.
— Oh, no. —lo escucho aterrado, pero he hundido la cabeza en mi almohada para que no me vea llorar— No... No. No. No. ¿Me he tenido que liar con la tía que sigue enamorada en serio?
— ¡Vete! Déjame aquí... Triste... Y sola.
— ¿Tan poco corazón crees que tengo? —cuestiona indignado y me atrae hacia él para abrazarme— Anda, ven, cuéntame tu trágica historia de amor.
—No tienes que fingir que te importa, Killer.
Lo noto suspirar y parece que va a decir algo, pero supongo que se lo replantea dos veces, porque no lo hace.
—Voy a vestirme. —le aviso separándome con suavidad de él.
Estoy agradecida porque, a diferencia de los otros, es el único que se ha preocupado por mi malestar e incluso ha mostrado una pizca de responsabilidad afectiva. Tampoco es que lo necesitase de los otros hombres, pero el abrazo de Killer me ha reconfortado.
No consigo alejarme mucho, porque toma mi muñeca y vuelve a envolverme en sus brazos.
—Venga, seguro que si te desahogas te sientes mejor. Además, justamente aquí no puedo dejarte triste y sola.
—¿Por?
—Porque es mi casa. —me recuerda logrando que se me escape una carcajada.
Acomodándome entre sus brazos, con los dos aún desnudos y cubiertos por las sábanas, comienzo a relatarle mi historia de amor con Sanji. O más bien mi historia de desamor.
Intento ser clara y concisa respecto a la relación que manteníamos antes de que me engañase con otra, pero es complicado resumir en diez minutos todo lo que viví a su lado en siete años.
—Me iba a casar con él y él se acabó casando con otra. Mucho más bonita y mucho más millonaria. —finalizo rápidamente, como si hubiese resumido algo y no llevásemos hora y media hablando.
— Dudo que sea más bonita que tú. —murmura perplejo observándome.
— ¿Eh?
Lo he escuchado perfectamente, pero mi reacción me nace natural, porque no esperaba ese halago por su parte. Él no era como Sanji, bueno, nadie lo era, pero él en concreto no había alabado mi apariencia ni una sola vez en todo el tiempo que habíamos estado hablando en la aplicación de citas.
Sí, soy patética. Las chicas me lo recomendaron por entretenerme un rato y conocer gente nueva que no me recordase día sí y día también que el amor de mi vida resultó no ser tan correspondido como creía. Les hice caso y creo que ellas ahora piensan que fue el peor consejo que pudieron darme, porque empecé a salir todos los días con alguien distinto.
Con Killer había empezado a hablar un par de semanas atrás, pero a diferencia de los otros, no me dijo de vernos hasta hace tres días. La curiosidad me picó, porque era raro que un tío no fuese directo al sexo. Quedamos para tomarnos una cerveza y le pregunté directamente por qué tardó tanto.
—No me gustan estas apps, para serte sincero. Perdí una apuesta con los gilipollas de mis amigos y tuve que hablarle a alguien aleatorio. Por suerte me saliste tú.
Su respuesta final me hizo sonreír en su momento y le pregunté cómo conseguí llamar su atención para finalmente querer verme en persona.
—Me pareciste muy inteligente y me hiciste reír.
Esa respuesta también consiguió hacerme sonreír, por lo que le propuse volver a vernos esta tarde.
Vuelvo a la realidad cuando él, sin repetirme de nuevo ese halago que estoy más que segura de que se le ha escapado, me cambia de tema.
—Entonces, ¿estuviste con un tipo al que solo le importan el dinero y las mujeres?
— Cocina muy bien, ¿vale? —bromeo lloriqueando y él se ríe abrazándome.
— Siento mucho que hayas tenido que pasar por esa puta mierda. Ese tipo no supo valorarte.
— No me conoces. No sabes si valgo la pena o no.
—Bueno, hemos follado así que sé que en ese aspecto puedo hablar con conocimiento.Y eres divertida. Estás llorando y bromeando a la vez, no cualquiera puede.
—Una lloradita y a seguir. —respondo encogiéndome de hombros y vuelvo a hacerlo reír.
Su siguiente frase es violenta, pero no me suena de esa forma porque Killer, por mucha apariencia de chico malo que tenga, no parece un chico violento.
— ¿Sabes qué? Le partiré las piernas si le veo.
—Me parece bien. —asiento acomodada en su pecho riéndome entre lágrimas.
Nos mantenemos un rato más así hasta que retoma la palabra.
—Venga, anda, vamos a vestirnos que te invito a unos tragos para que ahogues las penas. Mis amigos están en un bar aquí cerca, si quieres algo distinto podemos tomarnos algo con ellos.
Asiento reincorporándome y él me imita.
—Creo que me encantaría. —declaro decidida, porque es la primera vez que cuento esta historia a alguien sin tener ganas de meter la cabeza en el horno para siempre. No puedo desaprovechar la energía que Killer me ha dado.—Gracias.
— No tienes que darlas.
Observo sus movimientos buscando su ropa interior y la mía, que quedaron esparcidas en el suelo de su habitación hace horas.
— Killer.
— Dime.
— Eres un buen tipo.
Se encoge de hombros mientras se coloca su ropa, acabando con el precioso paisaje de su cuerpo desnudo.
—Creo que tienes las expectativas demasiado bajas si piensas que por escuchar cómo te sientes soy un buen tipo.
Rompo a reír, porque, de hecho, por culpa de Sanji y su constante atención hacía mí durante toda nuestra relación, es justo lo contrario. Tengo las expectativas tan altas que estoy segura de que jamás podré encontrar un hombre como él. Atento, divertido, amable, protector, detallista... Y cabronazo. Porque todos los adjetivos anteriores le definían muy bien antes. Pero desde que me engañó con otra... La lista mental de adjetivos que lo definen ha aumentado y todos son insultos.
Lo último que sé de él es que se casó hace tres semanas. Y supongo que eso fue todo lo que necesitaba para saber que el hombre al que más he amado realmente está fuera de mi alcance para siempre.
—Oye...—murmura preocupado a pocos centímetros de mí con mi cara entre sus manos.
No me he dado cuenta de en qué momento se ha acercado tanto, pero su tacto en mi piel me reconforta.
—Dime.
—Estás llorando otra vez.
—Ay, sí, perdona. —respondo y sé que su expresión de sorpresa se debe a que seco mis lágrimas como si nada, pero estoy tan acostumbrada a descubrirme llorando que ya ni siento ni padezco. Por no sentir, a estas alturas, ya no siento pena ni de mí misma.
—No me molesta, no pidas perdón por eso. ¿Quieres otro abrazo?
Asiento dolida y él me rodea con sus brazos.
Me he percatado de que el color de pelo de Killer no es en lo único en lo que se parece a mi ex. También en su buen corazón.
No puedo no odiar a Sanji, pero tampoco puedo mentirme a mí misma diciendo que no es buena persona. Siete años de relación y algún que otro de amistad previa me ha demostrado que es un ser humano con un corazón de oro. Solo que su gusto por las mujeres bonitas ha sido su perdición siempre.
Pensé que estar conmigo lo cambiaría, como cuando en las pelis la chica buena consigue que el chico malo y tóxico se salve de sus demonios siendo su psicóloga, su madre y su maestra de moral y ética todo al mismo tiempo. Pero eso solo pasa en las pelis y me siento estúpida cada vez que lo pienso. Yo no era su salvadora y la verdad, a estas alturas yo era más bien la que necesitaba ser salvada. Tampoco estaba dispuesta a ir detrás de un hombre por mucho que lo amase, mucho menos después de todo lo que me hizo. Lo tenía muy claro. Pero tampoco he conseguido olvidarlo.
A veces me pregunto si realmente la relación que mantuvimos fue real para los dos. A veces me pregunto si estuve tan ciega de pensar que él no se veía con otras estando conmigo.
—Fue real, Gaia. Solo que él no supo valorarte. Ya no vale la pena que te atormentes con algo que nunca vas a saber.
Me doy cuenta de que he pensado eso último en voz alta, pero me da igual.
Sorprendentemente y en comparación con lo vivido estos últimos meses, estar entre sus brazos consigue hacerme sentir mejor.
—¿Quieres que te lleve a casa?
— ¿Eh?
— Si estás mal y quieres estar sola, puedo llevarte a casa. Y si quieres compañía, pero no quieres salir, podemos quedarnos aquí.
— No, no, quiero conocer al pelirrojo del que tanto te quejas.
— Bueno, si se te hace insoportable la existencia de nuevo solo avísame. Saldremos de allí en cuanto me lo pidas. Si no, buena suerte, espero que tengas buen aguante con la cerveza.
Sus palabras consideradas, pero en un tono tan despreocupado, me hacen sentir bien. Porque sé que se preocupa por mí y que, aunque nos conocemos de nada, de alguna forma está tratando de cuidarme, pero cautelosamente. Como si no quisiera victimizarme más de la cuenta. Eso me gusta. Me hace sentir bien, porque de mis amigos solo recibo miradas donde sé que me perciben como la víctima.
No digo que no lo sea, lo que hizo Sanji fue horrible y dudo recuperarme algún día de ello, pero a veces cansa que te miren y lo único que veas en sus expresiones es la pena que sienten por ti.
Una vez me calmo y nos vestimos, nos dirigimos a un bar para tomar algo. Me presenta a sus amigos y no puedo decir que no me asusto al principio. Sin embargo, cuando nos sentamos con esos tres tipos gigantescos y empiezo a charlar con ellos, me parecen divertidos e incluso amables. Alguna que otra vez sueltan una barbaridad, pero con una sola mirada de Killer, se calman. Eso también me gusta. Y me doy cuenta casi al momento de que tras mucho tiempo estoy disfrutando sin ningún dolor en mi pecho.
Por primera vez desde que perdí a Sanji, mientras me rio con Killer y sus amigos, me siento completa. Mis ojos se centran en Killer y en cómo mantiene su mano por encima de mi pierna por debajo la mesa. Nos hemos acostado juntos hace unas horas, así que no tiene sentido que ese contacto me parezca incorrecto o fuera de lugar. Al revés. Me parece un gesto íntimo. También lo interpreto como un aviso. Entiendo que me quiere indicar que está para mí, por si en algún momento me siento incómoda y quiero volver a casa. De nuevo, eso también me gusta.
Hay un momento de la noche en el que me pregunta cómo me encuentro y veo en su mirada preocupación genuina. Es considerado conmigo incluso delante de sus amigos y sus burlas, pero parece darle igual.
Y así, establecemos una especie rutina sin charla previa de la que no me quejo en ningún momento. Ni él tampoco. Me escribe para vernos y saber cómo estoy casi todos los días, y cuando él no lo hace, lo hago yo. Sin más.
A sus amigos les caigo bien. Principalmente porque le caigo bien a Killer. Parece como el único filtro necesario para ser bienvenida: si Killer lo ve correcto, estás dentro. Tengo la suerte de que no solo le caigo bien y las noches que compartimos juntos me lo demuestran.
Ya apenas lloro cuando menciono a Sanji. Por supuesto también he dejado de llorar después de acostarme con Killer. Y como si él esperase que eso ocurriese en algún punto, el muy descarado me regaló una botella de vino blanco para celebrarlo la primera vez que ocurrió. Su gesto me hizo llorar, pero de alegría. Nos la bebimos juntos esa misma noche mientras veíamos una película de mierda que Kid, con sus gustos macabros también de mierda, nos recomendó. La película fue horrible, pero aun así la recuerdo con mucho cariño.
He dejado de emborracharme y de estar con tíos distintos cada noche. Ahora como mucho bebo cerveza con mis nuevos amigos y solo me acuesto con uno. No tenemos ningún tipo de acuerdo de exclusividad ni muchísimo menos, pero ya no necesito estar con uno distinto cada noche para llenar el vacío que me dejó mi ex prometido. Creo que ahora solo lo necesito a él.
No he olvidado a Sanji, evidentemente. Y sé que lo peor vendrá en pocos días, porque se supone que este sábado sería al fin una mujer casada. Sé que lloraré y lo odiaré tanto como lo extrañaré. Pero en este momento, a decir verdad, no lo extraño. Y sé que es gracias a los gigantescos tipos que me rodean.
Los cuatro son buenos amigos entre ellos y me han acogido como una más en poco tiempo.
Wire y Heat son un poco más suaves cuando me tratan, supongo que porque a pesar de todo, sigo siendo una mujer. Kid no. Kid me trata como si fuese su puto colega de toda la vida. O eso dice cuando le pido que no me eructe en la cara, pero bueno, no todo puede ser perfecto. Además, sé que se preocupan por mí. De lo contrario no me habrían propuesto salir el sábado sabiendo de sobra la noche que se avecinaba.
Me han dicho que puedo beber lo que quiera, llorar y maldecir. Que ellos estarán ahí para cuidarme, pero que no van a impedir que me desahogue. Su plan me parece más atractivo que el mío: estar en la cama llorando todo el día ignorando los mensajes de lástima de mi familia y amigos.
Los Mugiwaras siguen siendo mis amigos y son maravillosos, pero siguen sintiendo pena por mí. Aún así, no me alejo del todo porque los quiero muchísimo y son un apoyo crucial en mi vida, pero aun me cuesta estar con todos.
"Poco a poco" me había dicho mi psicóloga la semana pasada. Sí, sí, mi psicóloga. Killer me ayudó a buscar una cuando decidí que realmente tenía que ir a terapia.
La psicóloga fue la que me avisó justamente este mismo lunes de que, por muy bien que estuviese avanzando, las recaídas muchas veces eran imposibles de esquivar. Trabajamos mucho eso en esta última sesión. La sesión es carísima, pero ella es muy buena en su trabajo y dice que probablemente me dé de alta mucho antes de lo que me pienso.
Cuando les pregunto a mis nuevos amigos qué opinan sobre mi más que predictible recaída, Killer me dice que es natural y que por eso es buena idea lo del sábado.
—Una lloradita y a seguir. —me recuerda encogiéndose de hombros, haciéndonos reír a todos.
Acepto el plan que me ofrecen porque creo que es mejor que no me quede sola. Ya no me da miedo estar sola conmigo misma, la vida ya no se me hace insoportable sin Sanji, pero quiero tenerlos cerca por si acaso. Son un buen apoyo y he trabajado mucho para no volver a hundirme entre alcohol y hombres desconocidos.
Estoy orgullosa de todo lo que he avanzado a decir verdad y en realidad, mi avance se debe, sobre todo, gracias al rubio que justo en ese momento rueda sus ojos ante alguna tontería de Wire en respuesta, pero se ríe junto a él justo después.
Me quedo perdida en él y su risa el resto de la noche.
Definitivamente no se parece a Sanji.
No ha hecho alusión a mi belleza ni una sola vez desde que se le escapó que era bonita, no me ha abierto la puerta ni una sola vez desde que nos hemos visto y su vestimenta está muy alejada de parecerse a los costosos trajes de Sanji.
No obstante, debo decir que, al contrario del primer día, no pierde en esta comparación. No ha hecho alusión a mi belleza ni una sola vez, pero sí me repite una y otra vez lo divertida e inteligente que soy. No me ha abierto la puerta del coche, pero sí se ha molestado en rodearme con sus brazos para darme calor cuando una ráfaga de viento me ha azotado mientras esperábamos a que el idiota de Kid se terminase su cigarro fuera. No viste trajes costosos, pero su vestimenta casual luce su cuerpo de manera perfecta. Killer no tiene necesidad de decirme lo preciosa que le parezco o lo mucho que se preocupa por mí, porque me lo demuestra de otras formas.
—¿Qué miras? —pregunta en un susurro cuando capta mi mirada sobre él.
No me molesto en esconder mi sonrisa y me encojo de hombros dando otro trago a mi cerveza.
No pienso responderle, porque quizá se asusta si le digo que es probable que gracias a él me haya dado cuenta de que, cuando el tiempo necesario pase y consiga recomponer mi corazón, seré capaz de amar a otro hombre que no sea Sanji. Porque gracias a él me he dado cuenta de que existe la posibilidad de que incluso si no me vuelvo a enamorar como lo hice de Sanji, puedo sentirme plena con solo una cerveza, una estúpida charla y unos buenos amigos. No obstante, no puedo negar que me emociona pensar en lo que está por venir junto a Killer. Me siento afortunada de contar con él y de lo que estamos construyendo. Aunque no sepa exactamente qué es.
También me siento aterrada por lo que se avecina el sábado, pero me siento tranquila porque sé que lo tendré a mi lado.
...
—Perona, déjalo en paz.
Debo darle mucha pena al marimo para que me defienda de algo que a la vista de todos es obviamente indefendible.
—No me puedo creer que precisamente tú, Zoro, seas quien hace de abogado del diablo. No sé con qué intenciones lo has llamado, pero esta escoria no se va a llevar a mi amiga a casa. No pienso dejar ni que la mires, así que vete de mi bar.
De repente, me siento como un crío cuando papá y mamá se pelean. O algo así. Porque mi padre es tan autoritario que mi madre jamás peleó con él, porque llevarle la contraria a Vinsmoke Judge significa arruinarte, eso lo sé de primera mano. Ya no podían pelear de todas formas, pero porque ella no está viva.
Creo que es de las pocas veces que no me duele pensar que no está viva, porque si lo estuviese, seguro que estaría decepcionada conmigo. Tanto como ella. Tanto como mis amigos. Tanto como yo.
Me mantengo en silencio, porque realmente no tengo nada que objetar. Perona lleva razón: no tengo derecho ni a que me mire.
Siento un pinchazo constante en el pecho y me sudan las manos. Estoy de los nervios porque voy a volver a verla. Y lo peor es que sé que no puedo demostrarlo porque debo fingir que no me importa.
—Perona. No. No lo juzgues sin saber.
—Marimo...
Le advierto porque no quiero que nadie más sepa mis motivos. Pero parece demasiado tarde, porque el rostro de Perona pasa de tener el ceño fruncido del enojo a expresar incredulidad. Y sé que entonces lo entiende. Entiende porque su propio hermano me defiende. Mierda. Mierda. Mierda.
—No... No la engañaste, ¿cierto?
No soy capaz de mentir de nuevo, pero sí soy capaz de dirigirle una mirada perturbadora al marimo, aunque este solo sigue limpiando con el semblante serio.
Perona vuelve a pronunciar mi nombre con desesperación.
—Jamás habría hecho algo así. Ocupaba y ocupa todos los pensamientos. Nunca le hubiese roto el corazón de esa forma.
—Entonces...
—Su padre lo tiene coaccionado. Dijo que se encargaría de destruir el restaurante de Zeff.
Miro otra vez al puto cabeza de alga que ha dejado escapar de su maldita boca lo que llevo meses intentando que Luffy no cuente. Porque Luffy también lo supo, en cuanto vino a partirme la cara por haber dejado a Gaia como lo hice. Me miró a los ojos una sola vez y fue suficiente. Me preguntó que por qué narices me había inventado lo de la infidelidad. Supongo que Luffy es de los que, a pesar de comportarse como un idiota, sabe leer muy bien a sus amigos.
Quiero recriminarle a Zoro, sin embargo, Perona se adelanta y me toma con urgencia el rostro para que la mire.
— ¿Es eso cierto? — no respondo, intento hacer lo que llevo meses haciendo: parecer una piedra— Mierda, Sanji. ¿Por qué inventaste esto?
Me suelta indignada y se sienta en un taburete a mi lado. Yo sigo en pie.
— Perona, la conoces perfectamente, ¿crees que esa maldita cabezota hubiese dejado que el padre de Sanji los separara?
Su hermana niega mirándome, pero yo centro mi vista en el puto Roronoa de los cojones que continúa exponiendo sin problema lo que pasa.
—Necesitaba que me odiase para mantenerla a salvo, así que eso hice. Y necesito que te calles la puta boca, marimo. No puede enterarse.
— ¿De verdad piensas que fue buena idea inventarte que te acostaste con otra?
—Prefiero eso a que se entrometa en una guerra que está claro que no puede ganar.
Mi padre quería hacer negocios con los Charlotte y como si fuésemos una familia medieval, me vendió. Zeff y Gaia fue lo primero que usó para amenazarme.
—Y por eso la hiciste sentir inferior físicamente.
— Tendrías que haberle plantado cara a tu padre de una vez. —dice firmemente mi amiga.
— ¿Quieres que le pegue una paliza?
— De verdad, no sé cómo puedes ser tan imbécil. —susurro cansado por la burrada de Zoro— El negocio de Zeff peligra si no hago caso a lo que mi padre dice.
— Es el mejor restaurante de la región, no va a pasar nada. —murmura Perona con la mente ida, supongo que sigue impactada por lo que acaba de conocer.
— Los Vinsmoke tienen mucho poder. No puedo arriesgarme. Ni siquiera sentiría seguridad en cuanto a ella. Y si algo le pasa a Gaia os juro que no respondo.
—Pero, Sanji...
—Por favor, Perona, —creo que es de las pocas veces que me dirijo a ella sin añadir un excesivo halago hacia su belleza, pero necesito que me tome en serio por una vez—no puedes decir nada. A nadie.
— Pero, Sanji, si hablas con...
No quiero que termine su oración. No quiero porque sé que si me lo replanteo dos veces mandaré todo a la mierda. Y eso traería consecuencias en la única figura paterna que he tenido en mi vida.
— No. No puedo hacer eso. No puedo retractarme.
— Pero Sanji, tu felicidad...
Me rio, porque la felicidad es algo que ya no alcanzo ni a oler desde que no la tengo a mi lado.
— Mi felicidad está vomitando en el baño ahora mismo, Perona, por mi culpa.
Parece que Perona va a llorar de un momento a otro, incluso la escucho tomar una enorme bocanada de aire tratando de retener sus lágrimas.
—Mierda, no quería hacerte llorar. —me quejo rodeándola con un brazo.
—Joder, Sanji, lo siento. Te hemos fustigado. Te hemos excluido. Te hemos dicho de todo. Lo siento mucho.
—No tienes que...
Sin embargo, la protagonista de todos mis sueños alza la voz a mis espaldas.
—¡Wow! ¡El recién casado!
Cierro mis ojos con fuerza ante su voz. Suena temblorosa y ronca, probablemente por el alcohol que ha consumido. Y me dan ganas de morirme, porque sé que todo es mi culpa.
Ella era un rayito de sol que yo me fui encargando de apagar.
—Cariño, siéntate. —se apresura Perona en sostenerla cuando se tambalea saliendo del baño—No sé ni cómo te sostienes en pie.
—¡Ahora tengo mucho aguante al alcohol! —exclama como si fuese algo digno de celebrar, pero ninguno la acompañamos.
Me tiemblan las piernas y siento la boca el triple de seca. No puede ser que esa mujer lleve litros del alcohol en el cuerpo y siga siendo la mujer más hermosa del puto mundo. No puede ser. No puede ser. No puede ser.
Tiene el cabello mucho más corto, a la altura de los hombros. Y mierda, le sienta espectacular. Antes lo tenía a la altura de la cintura porque quería hacerse un peinado especial para la boda, supongo que como soy lo peor y no hay boda, decidió cortárselo drásticamente.
Zoro me dijo que últimamente ya estaba comiendo bien, pero la veo mucho más delgada y mi estómago se revuelve en preocupación. Además, viste un vestido lila demasiado corto para el día de mierda que hace hoy. Y sus tirantes son tan finos que parece una prenda de verano. No veo que lleve chaqueta, por no llevar no lleva ni bolso siquiera. La conozco y es la mujer más previsora del mundo, dudo que saliese de su casa sin un bolso lleno de pañuelos, pintalabios, chicles, efectivo, pastillas y compresas. Cuando salíamos de fiesta con Luffy y el resto llevaba hasta lo necesario para curar una herida, porque decía que con ellos nunca se sabía. También dudo que saliese sin chaqueta o paraguas.
—¿Y sus cosas? —pregunto preocupado en un susurro a Zoro.
Mi amigo se encoge de hombros, aunque luce igual de preocupado.
—Llegó así.
—Sanji. —su torpe llamado me hace temblar al completo—¿Puedo pedirte un favor?
La miro a los ojos, con todo el dolor de mi corazón. Pasmado frente a ella y de espaldas a la barra, pero sé que Zoro esta casi tan dolido como yo. Porque sé que la adora al igual que sé que, aunque no me lo diga, me aprecia a mí tanto como yo a él. Simplemente preferimos cortarnos los huevos antes que admitirlo en voz alta.
Perona le pide en un susurro que no me hable, pero le da igual.
—Dime. —le respondo todo lo firme que puedo.
—¿Puedes decirme con quién me engañaste?
Quiero que la tierra me trague, pero respondo.
—¿Crees que saberlo te haría sentir mejor?
—Creo que me ayudaría a no preguntármelo cada vez que me acuesto en mi maldita cama sola.
—¿Por eso intentas acostarte con uno diferente cada noche? —reprocho molesto, y sé que la he cagado porque Zoro me da un apretón en el hombro y Perona me suplica con los ojos que no le hable más, pero no puedo.
Ella ríe torpemente y le sigue un hipo. De repente me señala indignada. Bueno, primero señala una de las columnas del bar antes que a mí. Supongo que de verdad va muy borracha.
—Las preguntas las hago yo, Vinsmoke.
— No me llames así, — le pido más suave acercándome al lugar donde Perona la sentó— sabes que odio mi apellido.
—A estas alturas me importa una mierda lo que odies, Vinsmoke. Dime con quien mierda follaste cuando aún estabas conmigo, rata inmunda. ¿Fue con tu esposa? La Charlotte esa. Es hermosa, la verdad. ¿O de verdad tuviste un puto calentón de mierda en mitad del trabajo? Nunca pensé que no fueses capaz de guardar tu maldita polla en tus putos pantalones. Te creía un caballero, animal rastrero.
Trago saliva en un intento de no llorar al escucharla hablar tan bruscamente y no sé qué mierda responderle, hasta que reflexiono cómo me ha llamado.
— ¿Rata inmunda? ¿Te ha dado por escuchar a Paquita la del Barrio?
— Sí, me sirve para desahogarme cada vez que me acuerdo de ti, animal rastrero. Escoria de la vida. —se levanta y me empuja. pero se tropieza casi cayendo al suelo. Por suerte puedo estabilizarla y evitar que caiga de bruces— Adefesio mal hecho. —comienza a recitar esta vez tornando su voz a la melodía de esa canción entre mis brazos. —Suéltame.
Acato su orden al instante a pesar de que me encantaría poder seguir teniéndola cerca, porque su voz temblorosa por nuestro contacto me indica que va a llorar.
Perona vuelve a sentarla esta vez con ayuda de Zoro.
—¿Te doy asco, Sanji? —pregunta Gaia de repente y por poco me echo a llorar.
—Nunca me has dado asco. —respondo tratando de parecer indiferente a su pregunta, pero sé que fallo, porque si de verdad fuese indiferente no tendría que haber respondido siquiera.
—Tú a mí sí.
Normal, yo también me doy asco.
—¡Ahí está! —exclama un tipo pelirrojo seguido de uno rubio que corre con preocupación hasta la mesa de mi novia. Perdón. De mi exnovia.
También aparecen otros dos con cabellos bastante peculiares y suspiran aliviados. Es notable que estaban preocupados por ella. Me percato que llevan un bolso y una chaqueta que probablemente sean de ella.
Parpadeo perplejo y cuando veo que el tipo del melenón rubio se sienta a su lado escrutando que está sana y salva, me hierve la sangre.
—¿Quién cojones son esos? —cuestiona Zoro confuso, aunque de repente se da cuenta de algo y suspira frustrado—Otros que no respetan el puto cartelito que indica que estamos cerrados.
—¡Killer! —exclama ilusionada y torpemente se lanza a sus brazos, logrando que la sangre me hierva aún más. No solo porque él la corresponde con demasiada confianza, también porque ella parece adorarle.
Distingo el brillo que nace en la mirada de ese tipo cuando la mira y me arde el pecho cuando me doy cuenta de que el rostro de ella se ilumina cuando lo mira.
—Joder, Gaia. Me has asustado. Kid casi revienta la cabeza del camarero porque se pensaba que te había echado del bar.
Ella señala a quien supongo que es Kid entre risas y los otros dos se ríen también. El tipo encoge sus hombros con diversión.
—Como no parabas de cantar canciones horribles pensé que te echaron por desafinar.
—Son idiotas. —opina Zoro a mi lado en un susurro.
En otras circunstancias me reiría y le daría la razón, pero solo puedo ver como el tipo al que ella ha llamado Killer sigue inspeccionando que de verdad está bien.
—Salí y... Me desorienté. Es el bar de mis amigos. —señala vagamente a Zoro, que había salido de la barra de brazos cruzados para ver si necesitaría ayuda.
—Ay, Perona, no te vi.
—No te preocupes, Killer, ha estado aquí todo el rato. —responde ella supongo que tratando de calmarlo.
—Me quedo más tranquilo.
De repente noto que el tal Killer está analizando mi cara. No sé si por mi semblante serio o porque realmente me conoce de algo.
—Gaia, —pronuncia su nombre con prudencia y me señala—¿este es...?
—¡Ay, sí! ¡Fíjate qué casualidad! Este es Sanji. El que me engañó con otra. Con el que hoy tendría que haber dado el sí ante el altar. Aunque ya no es Sanji para mí. Ahora es rata inmunda. Rata inmunda, Killer. Killer, rata inmunda. Podéis daros la paz.
Ante eso último el pelirrojo se ríe como si fuese el mejor chiste del mundo hasta que procesa lo que dice y notó su mirada sobre mí, pero yo solo puedo observarla a ella.
—¿Te dignaste a engañar a tremenda mujer? —lo oigo preguntar como si yo estuviese loco. Y lo entiendo perfectamente.
—Nos vamos. —añade el tal Killer con la mandíbula tensa y ayudando a Gaia levantarse de su asiento.
Ah, veo por su odiosa mirada que es probable que ya me conozca de antes por ser el desgraciado que rompió el corazón de la mejor mujer del mundo. Y me duele. Porque estoy seguro por el cuidado con el que la está tratando, que él también se ha dado cuenta de eso, de que es la mejor mujer del mundo.
Killer la ayuda a ponerse la chaqueta vaquera que le hace llegar uno de los otros y los veo dispuestos a marcharse.
—Gaia.
Anhelaba con toda mi alma decir en voz alta su nombre. Y odio sentirme tan vacío cuando ella alza la mirada consternada, como sintiéndose ajena a mi voz.
—¿Quieres que te lleve a casa?
Mi corazón da un vuelco cuando su rostro adopta una expresión que me indica que la he desarmado. Y no quería eso. Pero tampoco quiero que se vaya con ellos, porque no los conozco y sé que Zoro tampoco. Y porque sé que ese tipo no la mira solo como un buen amigo.
Killer no ha soltado su mano ni un segundo desde que se cercioró de que físicamente estaba a salvo, pero parece esperar pacientemente su decisión. Estoy seguro de que, si ella decidiese venir conmigo, ese tipo solo le respondería algo amable como “bien, llámame si necesitas que te recoja.” Y me enfada aún más imaginármelo tan comprensivo.
Por un momento ella mira a Zoro y Perona, como si esperase que ellos le dijesen que hacer. Después me mira a mí y finalmente mira al tipo por el que me muero de celos.
—Killer y ella son amigos desde hace tiempo, Zoro. No va a pasar nada.
—¿De qué se conocen? —pregunto a mi amiga sin apartar la vista de sus manos sostenidas.
—De Tinder.
Contengo el grito de horror que estaba a punto de salir de mi garganta.
¿Se conocen de Tinder?
De Tinder.
Del puto Tinder, que es una maldita aplicación para conocer gente. Gente con la que puedas congeniar y sobre todo tener sexo. Amigos mis cojones.
Quiero gritar y apartarla de él. Quiero llevármela conmigo a casa. Aun cuando no tiene sentido que quiera eso, porque justamente en casa me espera otra. Dormimos en habitaciones diferentes incluso, pero al fin y al cabo es mi esposa.
A Pudding, por suerte, no la odian. No me perdonaría que odiasen a alguien que no tiene que ver en mis malas decisiones y mis mierdas familiares. Cuando mentí a Gaia y a mis amigos acerca de la infidelidad, no tuve necesidad de inventarme con quien. Pero cuando salió la noticia de que me comprometí con Pudding, Nami casi va a matarla a su casa. Por eso tuve que inventar que me enrollé con una maldita clienta en el baño del restaurante donde trabajo. Prefería ensuciar mi nombre mil veces antes que el de otra mujer. Pero al parecer esa confesión no sólo empeoró mi reputación, también el estado de Gaia.
“Quizá si hubiese sido con tu futura esposa me hubiese parecido menos horrible, porque al menos con ella te vas a casar. Me engañaste por un puto calentón y después te casarás con otra...”
Esas fueron las únicas palabras que ella me dijo cuando se enteró de cómo supuestamente sucedió. Me dirigió una mirada que jamás podré olvidar, porque me di cuenta de que había conseguido que me odiase. En teoría debería alegrarme, porque es lo que buscaba desde el principio, pero es imposible que me alegre por destrozar su corazón. Todavía tengo pesadillas con eso cuando consigo conciliar el sueño.
Veo que de nuevo centra su mirada en mí, pero no en mi rostro, si no en mi mano. En mi dedo anular concretamente. En mi puto anillo de casado. Sé que está a punto de romper a llorar de nuevo.
—Killer...
—Dime. —responde con toda la suavidad que no nos dirige al resto.
Y ella se gira hacia él temblando.
—¿Me abrazarás si me voy contigo?
—Puedo hasta arroparte si eso es lo que necesitas, Gaia. —le responde con una honestidad que me hace entender que él se preocupa por ella de verdad.
Con esa respuesta, ella decide.
—Zoro, Perona, nos vemos otro día.
No parecía querer girarse para despedirse de mí, pero finalmente lo hace mirándome.
—Adiós, Sanji.
Y sé que con esa forma de despedirse no solo se despide de mí, siento que también lo hace del amor que un día compartimos y que yo mismo me encargué de destrozar.
Killer rodea sus hombros y acompañados de sus amigos se van.
Me quedo ahí pasmado. Perona me mira con toda la pena que antes era furia.
—Voy a salir a fumar un momento.
—Está lloviendo, te vas a empapar. —interviene Perona con voz baja— Y por supuesto no va a prender el cigarro.
—Déjalo, así tiene una excusa para poder llorar tranquilo.
Su hermana asiente.
—Lo siento, Sanji.
—Parece un buen tipo. —murmuro buscando mi paquete de tabaco en mis bolsillos, porque no quiero sus malditas disculpas. Porque todo esto me lo he buscado yo y todo el dolor que siento en todo mi cuerpo también me lo he buscado yo. Me lo merezco.
—Lo es. —responde con sinceridad, y aunque me arde el pecho como nunca, lo agradezco—Le está devolviendo la paz que tú le robaste.
Una parte de mí odia escuchar eso, pero otra parte de mi se alegra, porque ella no merece menos. Merece paz, respeto, amor, cariño, placer y un sinfín de momentos felices. Se merece el mundo. Se merece todo lo que yo no pude darle.
—Ojalá sea todo lo feliz que yo jamás podré ser sin ella.
...
Holi!
Este One-shot estaba publicado originalmente como un Sanji x lectora en Wattpad, pero he decidido publicarlo aquí tal y como lo escribí en su momento, con el personaje original que creé para esto. Poquito a poco iré añadiendo aquí todo lo que tengo publicado en Wattpad, aunque es probable que publique directamente los relatos con las protas originales :)
Gaia y Killer tienen otro One-shot aparte que también está publicado en mi perfil.
Gracias por leerme si llegas a este punto <3