Prologo
—¿Cómo llegué aquí? ¿Cómo es que mi cabeza está a punto de rodar por aquellos a quienes serví, a quienes obedecí y a quienes admiré? —fueron los susurros de un chico peligroso, con ojos azules y tres marcas como de vigotes en cada mejilla, el cual estaba atado con unas gruesas cadenas a una plataforma.
—Naruto Daelam, ¿alguna última palabra? —dijo un hombre que parecía tener unos 20 años y ser el líder de todos los shinobis, o en pocas palabras, el Mizukage.
—Púdrete, Yagura —escupió Naruto con furia poco contenida.
Tras eso, un hombre tomó una espada para levantarla, listo para cortar la cabeza del pelinegro, mientras este cerraba los ojos aceptando su destino, recordando toda su vida, o al menos una parte de ella: cómo empezó hasta el día de hoy, que sería el último para él, mientras unas pocas lágrimas salían de sus ojos al saber que, por su culpa, decenas, si no cientos, de vidas inocentes se esfumaron, y todo empezó solo por una pequeña y estúpida pregunta a un shinobi que era su tutor.
/Flashback/
—¡Nii-san, ¿por qué esa mujer se siente rara? —preguntó un joven Naruto de 6 años a un jōnin de la aldea.
—¿Por qué rara, Naruto? —preguntó el shinobi, confundido.
—Bueno, tiene... No sé cómo explicarlo, pero su aura se ve rara. Es azul y parece muy fría —trató de explicar Naruto, ya que era muy diferente a todo lo demás.
—¿En serio? —preguntó el shinobi, muy extrañado.
—Sí, solo ella. No sé por qué —comentó Naruto, mirando a todos en el lugar.
—... Naruto, acompáñame —dijo el jōnin, empezando a caminar.
—Ya voy, solo deja que recoja mis juguetes —dijo Naruto, recogiendo unos juguetes que tenía.
El viaje no duró mucho; pronto llegaron a una especie de fábrica con dos enormes chimeneas que emanaban un humo negro y un fuerte olor a carne quemada, como si hubieran arrojado carne al fuego durante horas. Naruto lo sabía bien, ya que una vez intentó cocinar y terminó con un pollo hecho carbón, pero dejando eso de lado, vio cómo su amigo jōnin susurraba algo con el guardia, aunque no pudo escucharlo. Lo miraban mucho, cosa que lo incomodaba, pero luego entraron y vieron muchas celdas con hombres, mujeres y niños de todas las edades. Estaba por preguntar, hasta que el jōnin a cargo habló.
—Escucha, Naruto, no hables con ellos. Son gente muy peligrosa y por ellos la aldea sufrió mucho, ¿entendido? —dijo el shinobi rápidamente.
—Está bien, nii-san —dijo Naruto, un poco nervioso.
—Muy bien, ahora dime, ¿qué ves en él? —señalando a un hombre.
—Mmm, es como la señora, pero este es gris y se ve como niebla —dijo Naruto, y los guardias se miraron entre sí muy seriamente.
—Está bien, ¿y ella? —preguntó otro jōnin, señalando a una mujer.
—Mmm, ella se ve... azul, como si fuera de agua —extrañado porque todos tenían un aura o se veían diferentes.
—Y ella? —preguntó otro jōnin, señalando a otra mujer.
—Su aura es blanca, como harina, y se ve como un hueso —dijo Naruto, extrañado por la forma de su aura.
—Y ¿qué hay de mí? —preguntó un chico, el mismo Yagura pero un poco más joven.
—Misukage-Sama —dijeron todos, arrodillándose frente a él, y Naruto los imitó, pero él le dijo que se pusiera de pie.
—Bueno, tú, ¿cómo me ves? —preguntó Yagura, con los ojos entrecerrados.
—M-me llamo Naruto, señor —dijo Naruto, nervioso por la mirada que le daba el mayor.
—Es un gusto, Naruto. Soy Yagura. Veo que tienes un don —dijo con una sonrisa.
—¿Por qué? —preguntó Naruto.
—Porque ninguno de nosotros puede ver lo que tú ves —dijo Yagura con calma.
Ante esto, Naruto no pudo evitar reír. Tenía un don único que nunca supo, y ahora tenía al propio Misukage alabándolo por eso. Se sentía especial; quizás así podría ayudar en algo, ya que siempre le decían que, si bien tenía mucho chakra para su edad, tendría que entrenar mucho para ser un shinobi. Pero ahora parecía que no. Después de hablar un rato con Yagura, le dijo que ahora era un gennin especial; que si bien no pelearía en el frente de batalla, ayudaría a encontrar a gente como la que estaba en esta prisión, liberando el país del agua de estos males.
.
.
.
.
.
.
.
.
Ya era de mañana y Naruto estaba caminando con una nueva banda para la cabeza con el símbolo de Kiri, siendo acompañado por una carrosa y varios ninjas con máscaras que debían protegerlo para que no fuera atacado mientras buscaba a personas con esas auras y sentimientos extraños. Cuando señalaba a alguien, un ninja se acercaba para tomar una gota de sangre y dejarla caer sobre un papel; si brillaba, lo subían a la carrosa. Confiaban en el pequeño, pero querían confirmar lo que él decía, y cada vez que se llevaban a uno, lo felicitaban, cosa que le encantaba. Le explicaron que eran usuarios de líneas de sangre y que por ellos el país estaba como estaba, y debía ayudar a capturarlos, cosa que aceptó sin dudar.
En un abrir y cerrar de ojos pasaron 8 años, y ahora, con 14 años, estaba en sus labores típicas buscando a esas personas. Como no encontraba muchos, decidió ir a ver a su ex tutor. Hace algún tiempo, cuando sintieron que estaba listo, le quitaron a su tutor. Cuando estaba cerca de esa prisión, vio cómo movían a los hombres de un edificio a otro con las mismas chimeneas. Estaban desnutridos, golpeados y sucios, lo que hizo que su corazón se estremeciera. Le habían dicho que los tratarían bien y que solo los encarcelarían, pero luego vio cómo, después de un rato, salió un pequeño carrito de carga con su ropa, mientras el humo negro salía de las chimeneas con ese olor a carne quemada, haciendo que se tapara la nariz mientras escuchaba gritos de agonía salir de las chimeneas.
—Huelen peor cuando arden, ¿verdad? —dijo un shinobi con una pequeña sonrisa, parándose al lado de Naruto, quien lo miró con asco y arrepentimiento, haciendo que el shinobi se diera cuenta y volteara a ver hacia otro lado.
—¡Yagura! —fue el grito de Naruto al entrar a la oficina del Mizukage.
—Vaya, hola Naruto-kun. ¿Qué te trae a mi oficina? —dijo el Kage con una sonrisa.
—¿Qué me trae a tu oficina? ¡Quiero que me expliques por qué me mentiste sobre los prisioneros a los que he entregado! —dijo Naruto, con un fuego feroz en sus ojos.
—Así que al fin te diste cuenta —dijo el mayor, suspirando.
—¿Por qué demonios hacen eso? —rugió Naruto, con furia no contenida.
—¿Por qué? Quieres saber por qué. Ya lo sabes, pero te diré toda la verdad —dijo Yagura con calma, pero ya un poco molesto por la actitud de su mano derecha.
—¿Toda la verdad? —preguntó Naruto.
—Como bien sabes, hace una década terminó la Tercera Guerra Ninja —dijo Yagura seriamente.
—¿Y eso qué tiene que ver? —preguntó Naruto, aún molesto.
—Durante ese tiempo, los usuarios con líneas de sangre devastaron el país, llevándose vidas inocentes, incluyendo la de Yami —dijo Yagura, con un deje algo triste.
—No quieras meter a tu esposa en esto. Fue una guerra, y eso fue porque estaba en una base estratégica con Konoha —dijo Naruto, ya sabiendo sobre la muerte de la mujer de Yagura.
—Tú, ¿qué sabes, niño? ¡Tú no sabes nada! Las líneas de sangre solo nos han traído problemas a todo el mundo! —dijo Yagura.
—Eso es mentira. Ellos son los que pueden salvar un país entero con sus habilidades especiales —recriminó el pelinegro, con molestia, viendo al mayor.
—Naruto, entiéndelo. Los kekkei genkai solo nos traen problemas, no solo a Kiri, sino a todo el mundo. Si no me crees, mira a Konoha. Hace una semana, el Kyūbi atacó por culpa de un Uchiha y su línea de sangre maldita —dijo Yagura, poniéndose de pie con furia.
—¿Y por eso los expulsaron? No por uno, deben pagar todos. Deben hallar al culpable y hacerlo pagar. Ellos también sufrieron bajas —dijo Naruto, empezando a darse cuenta de las injusticias que recibían aquellos que tenían esta "maldición".
—¿Y qué sabemos nosotros? Quizá fue algo planeado por todos para tomar el poder. Esas bajas quizá fueron un sacrificio justo para ellos —dijo Yagura, empezando a invocar el chakra de su bijū.
—¿Y qué hay de los malditos Uzumaki? ¿Por qué los mataron a todos? Ellos no hicieron nada, solo los masacraron por miedo —dijo Naruto, recordando ese clan extinto.
—Ellos eran peligrosos, Naruto. Su sola presencia amenazaba el mundo. Ahora lárgate de mi oficina antes de que te mande con todos los demás —dijo el Kage, poniéndose frente a Naruto mientras cuatro ANBU se paraban detrás de él.
—Pues prefiero eso antes que seguir sirviéndote —dijo Naruto, retando al mayor sin miedo en sus ojos.
El mayor, ya harto de la actitud del chico, tomó la muñeca de este, pero en cuanto se tocaron, el chakra rojo del bijū se arremolinó alrededor de ambos chicos y poco después, una gran explosión sacudió el lugar, provocando la muerte de los cuatro ANBU y un gran alboroto en la aldea, mientras varios shinobis corrían a la oficina del Mizukage, o lo que quedaba de ella. De vuelta a la oficina, se pudo ver que Yagura se logró salvar por muy poco gracias al chakra de su bijū, y cuando el polvo se disipó, se pudo ver a Naruto arrodillado y confundido, viendo cómo su cuerpo estaba rodeado por el mismo chakra del bijū. Al mirar hacia arriba, solo vio a Yagura con su bastón, listo para asestarle un fuerte golpe que lo dejara inconsciente.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
—¿Y bien, qué rayos pasó? ¿Por qué pudo hacer eso? —preguntó Yagura a un doctor, observando a Naruto, que estaba siendo tatuado con unos sellos.
—Bueno, parece ser que su chakra no tiene una afinidad clara, además de que su densidad varía mucho, por lo que es inestable —explicó un joven analizando los resultados del joven.
—Pero no me has dicho por qué pudo tomar el chakra del Sanbi —dijo Yagura con calma.
—Y a eso voy, señor. Debido a su inestabilidad, su cuerpo tomará cualquier chakra denso. Parece que también actúa como un catalizador para los kekkei genkai, por eso los podía ver, ya que el chakra pasaba por sus ojos —dijo el doctor con calma.
—Entonces, enciérrenlo lejos de otros portadores y estudien cómo pasó esto para replicarlo en otro —ordenó Yagura, saliendo del lugar para encontrarse con una chica de unos 17 años.
—Hola, papá —dijo la chica preocupada, abrazando con fuerza al mayor.
—Ayaki —dijo Yagura, devolviendo el abrazo.
—¿Qué pasó en tu oficina? —preguntó Ayaki.
—Solo un problema con un rebelde, mi niña. Todo está bien —dijo el mayor, empezando a caminar.
—Escuché que robó el chakra del Sanbi —dijo Ayaki, intrigada.
—Sí, es peligroso. No quiero que preguntes nada sobre él. Es incluso peor que todos los usuarios juntos —dijo Yagura con calma.
—Pero quizá podamos usarlo a nuestro favor. Digo, si el puede robar tu chakra, quizá podría contar como otro jinchūriki o como un infiltrado en la rebelión —dijo Ayaki, viendo a su padre.
—Él no está de nuestro lado. Lo estuvo por un tiempo, pero ahora se reveló en nuestra contra y buscaremos la forma de replicar su habilidad en alguien fiel a nuestra causa —dijo Yagura, viendo cómo se llevaban al peligro, el cual tenía tatuajes (sellos) en sus brazos.
—Vaya, que es lindo —dijo Ayaki con un pequeño sonrojo.
.
.
.
.
.
.
.
.
—1828 —fue lo que dijo Naruto, tallando una marca en la pared con sus cadenas, las cuales brillaban un poco en azul, iniciando en sus brazos y viajando a sus cadenas hasta un gran cristal en el techo que absorbía su chakra.
—¿Y eso es? —preguntó Ayaki, llegando donde Naruto con un plato de comida.
—Casi 6 años, lo sabes bien, estuviste presente cuando me encerraron en esta jaula de ratas —dijo Naruto, tomando su comida con calma.
—Como sea, solo come —dijo la mujer, viendo al joven Naruto de 19 años.
—Ajá, ¿y cómo hago eso? —dijo, burlándose un poco por sus cadenas.
—Disfruta de tu comida, porque será la última de tu vida —dijo la mujer seriamente.
—Jajaja, parece que el no poder replicar mi poder solo le ha causado dolores de cabeza a tu padre, ¿cierto? —se burló Naruto.
La mujer solo bufó un poco, molesta, y se fue después de que Naruto tomara su última comida de la noche. Luego de que se fuera, Naruto vio su mano derecha, con la que rozó la mano de la chica, viendo un pequeño fuego de chakra rojo antes de que las cadenas lo absorban y vayan al cristal, haciendo que Naruto tenga una sonrisa, solo para ver la luna a través de una pequeña ventana de barrotes tan gruesos como las patas de una mesa, para luego recostarse, esperando el día de mañana con una gran sonrisa, listo para finalmente demostrar quién es Naruto Daelam.
/Fin Flashback/
—Padre, espera —dijo Ayaki justo antes de que cortaran la cabeza de Naruto, cosa que le hizo sonreír.
—¿Qué ocurre, hija? —preguntó Yagura con calma.
—Recuerdo que hace un tiempo Naruto dijo que quería un abrazo antes de morir... ¿Me permites dárselo? Está con sus cadenas, no puede usar su poder —dijo la mujer. Aunque ella también estaba en contra de las líneas de sangre, quería cumplir un último deseo.
—Adelante —dijo el mayor, y la mujer abrazó un poco al pelinegro.
—Gracias —dijo Naruto con una sonrisa.
—Solo es un favor por ayudarnos en nuestra causa —dijo Ayaki.
—No lo entendiste, chica... Gracias por ser mi pase de salida —dijo Naruto, viendo a la mujer que aún lo abrazaba.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, Naruto tomó tanto chakra de la 6 colas como pudo, rompiendo los grilletes que ataban sus cadenas al piso, causando un gran alboroto y pánico mientras trataban de detener al usurpador. Dio un grito que más bien era un rugido, dando un pequeño salto hacia adelante para lanzar sus manos hacia delante, enviando chakra a las cadenas que brillaron un poco en azul y se alargaron hasta incrustarse en el pecho de un shinobi. Al tener una punta en forma de ganchos que verían hacia los otros eslabones, Naruto dio un jalón, lanzándose contra el shinobi, quien sintió cómo no solo su vida se alejaba de él, sino también su chakra, y dio un grito de dolor.
Esto hizo sonreír al pelinegro, ya que ahora con sus cadenas cargadas un poco con el chakra del shinobi se avalanzó contra Ayaki. Alterada al ver lo que su pequeña acción desató, no le dio tiempo a un ataque giratorio de Naruto con sus cadenas, cortando el cuello de esta, ya que participó en algunos experimentos dolorosos en él. Además, sería su venganza contra Yagura por engañarlo y por todo lo que había hecho a personas inocentes. Dio un grito furioso de rabia mientras corría a ayudar a su hija que se desangraba rápidamente, mientras Naruto acababa uno por uno con sus shinobis, y luego escapaba al ver que el chakra de 6 colas que robó se había acabado, para correr a la prisión.
Al llegar, el único guardia que estaba allí solo vio cómo las cadenas atravesaban su pecho, luego un ataque giratorio con estas mismas y, por último, un azote con ambas cadenas, dejando una acumulación de chakra que poco después explotó, rematando al shinobi y sudando, dejando paso libre a Naruto, que vio con una sonrisa a todos los prisioneros. Luego derribó las puertas de las celdas de estos, que salieron algunos confundidos pero alegres, para escuchar a Naruto.
—¡Levántense, hermanos y hermanas! ¡Hoy la verdadera revolución empieza! ¡El mundo no es para aquellos con el poder falso! ¡El mundo lo heredaremos nosotros, los portadores del verdadero poder! ¿Quién está conmigo? —dijo Naruto, haciendo que los prisioneros dieran un grito de apoyo y emoción, para luego al salir ver cientos de shinobis de Yagura listos para acabar con todo.
—Ríndanse ahora y su muerte será rápida —dijo Yagura, viendo a todos, haciendo que los que podían se pusieran en guardia.
.
.
.
.
.
.
.
.
—Corran, corran, los heridos por aquí, los que saben de jutsu médico por aquí —decía una mujer de pelo rojo castaño y de buenos atributos, moviendo y mandando a curar a los heridos.
—Mei-sama, el chico que llegó con las personas quiere hablar con usted —dijo un ninja con un chaleco chūnin.
—Que pase —ordenó Mei.
—A la orden —dijo el chūnin y, después de un rato, entró Naruto arrastrando sus cadenas.
—Quiero agradecer por recibirnos a mí y a mis hermanas y hermanos —dijo Naruto, confundiendo a Mei.
—¿Por qué los llamas así?
—Porque los que tenemos este don solo nos podemos entender entre nosotros y debemos protegernos entre sí, como una familia —dijo Naruto con una pequeña sonrisa.
—Jeje, me gusta tu mentalidad, chico —dijo Mei con una sonrisa.
—Gracias, pero ahora debemos organizarnos para atacar. Están débiles por nuestro primer ataque, el siguiente debe ser con todo nuestro arsenal —dijo Naruto, viendo el mapa.
—Pues a trabajar.
Fin del capítulo.