Con él (Killer x OC)

Summary

One-shot Killer x OC. Continuación especial del One-Shot "Sin ella".

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

AVISO: este especial es una continuación de un One Shot titulado “Sin ella”. Para entender bien el contexto y la relación de Killer y la prota es necesario leerlo. Si no lo lees y procedes a leer esto, es probable que no entiendas muchas cositas.

...

Mañana es San Valentín.

El día de los enamorados.

El día del año donde más citas ocurren.

El día en el que más se celebra el amor mundialmente.

—El día de la mierda. —celebra Kid chocando su jarra de cerveza con las nuestras y nos hace reír.

Wire, Heat, Kid y por supuesto Killer se han convertido en mi mayor apoyo. Sobre todo, Killer. No somos pareja oficialmente, no hemos tenido ni una sola conversación acerca de cómo nombrar nuestra relación, pero me da igual. Quiero a Killer en mi vida y creo que me esfuerzo por demostrárselo.

Ha pasado un año desde que lo conocí y llevo ocho meses sin saber nada de Sanji, desde la fatídica noche en la que nos tendríamos que haber casado. Esa noche fue un poco patética y desastrosa, pero pude sobrellevarla gracias a Killer y los tres idiotas que lo acompañan siempre así que estaré agradecida toda mi vida. Fue como la última recaída que necesité para liberarme de todo lo que implicó que Sanji me dejara como lo hizo.

Cuando Sanji me llamó y observé su anillo de casado, supe que ya no había nada que hacer. No porque estuviese casado con otra (que también), pero es que al ver a Sanji y sentirme tan desprotegida lo único de lo que tenía ganas era de marcharme, pero no con él. Quería irme con Killer. A donde fuese, pero con Killer. Ahí supe que había cerrado por fin una etapa.

—Brindemos porque hace un año pasé San Valentín insultándole a una foto de mi ex y este año lo paso con el rubio más buenorro de la ciudad gracias a una estúpida apuesta que perdió. —alzo de nuevo mi jarra guiñándole un ojo a Killer y él me dedica una sonrisa antes de seguir mi brindis, al igual que Wire y Heat.

—¿Eso soy para ti? ¿Solo un cuerpo bonito?

—No... También tienes una cara bonita y una melena preciosa. —asiento convencida haciéndolo reír, pero el crío del grupo (Kid) nos interrumpe.

—No jodas, tío, ¿vas a pasar San Valentín con ella, sin nosotros?—pasa de dirigirse a Killer para dirigirse a mí con la misma indignación—¿Y tú vas a pasar San Valentín con él? ¿Sin nosotros?

Killer parece querer decirle algo a Kid, pero yo me adelanto.

—No vamos a hacer nada especial. —me encojo de hombros tras dar un trago—Pasaremos la noche juntos, pero si queréis podemos vernos para cenar o lo que sea.

—¡No! —exclama Wire agobiado y le miro sin entender nada. —¡Kid! ¿Mañana no tienes que hacer eso con ese? —pregunta y me echo a reír por lo poco específico que ha sido.

—No tengo nada de eso con ese porque no sé de qué coño me hablas.

Miro confusa a Killer y él se encoge de hombros como si también estuviese perdido en la conversación, pero no luce cómodo.

Heat le cuchichea algo a Kid y él de repente se golpea la frente.

—¡Anda, mierda! ¡Es verdad! No puedo cenar mañana, tendrá que ser otro día, mañana no puedo.

—¿Por? —pregunto extrañada por su cambio de actitud, porque algo me ocultan. Los conozco bien.

—Por... Por nada.

Supongo que es algo íntimo de Kid por lo que no quiero intervenir mucho. Es el más desastre del grupo, así que tampoco me sorprende que se le olvide que tiene algo que hacer.

Tampoco insisto en saber nada porque quiero estar a solas con Killer mañana.

No quiero que se me malinterprete. Adoro a los cuatro, pero mañana quería pasar una noche tranquila sintiéndome afortunada por tenerlo a mi lado.

No es un romántico empedernido como lo era Sanji y tampoco nos hemos dicho “te quiero” en ningún momento, así que no quiero asustarle diciendo que quiero pasar la noche más romántica del año con él, pero es lo que quiero.

No me preocupa que Killer no me diga que me quiere, porque tiene mil y una formas de demostrarlo que no son con palabras, pero a veces me genera inseguridad. Lo único que hemos hablado abiertamente sobre nosotros dos es el acuerdo de exclusividad: no estaremos con otras personas.

Fue un consejo que mi psicóloga me dio en terapia hablando de las cuatrocientas inseguridades que la infidelidad de Sanji me produjo.

En la relación que mantengo con Killer hay muchas cosas implícitas que a veces me gustarían que no lo fuesen y pudiésemos hablarlas, pero me da miedo. Doy por hecho que somos algo, pero me aterra preguntarle cómo de seria es la relación que tenemos, a pesar de que de siete días a la semana cinco los paso en su casa. Me aterra porque no estoy preparada para otro rechazo.

Cuando Sanji me destrozó emocionalmente hace ya casi dos años me dije a mí misma que jamás podría volver a amar. Killer llegó y me demostró que me equivocaba, me enseñó a amar más y mejor. Ha sido paciente, comprensivo y un gran apoyo, por lo que no considero justo ser impaciente yo y anticiparme a lo que vaya surgiendo entre nosotros.

No obstante, no puedo evitar que me asalten las dudas cuando me pregunto si Killer querrá estar conmigo de cara al futuro. Yo estaba a meses de casarme con Sanji cuando me engañó con otra y se caso con otra más, por lo que no quiero ser yo la que agobie a Killer con hacer más seria nuestra relación.

Finalmente, esos tres se acaban excusando y el día de San Valentín puedo pasarlo tal y como quería: a solas con Killer.

He llegado un poco antes de lo previsto porque he podido salir antes del trabajo y ni siquiera he pasado por mi casa. No es la primera vez que llego antes de la hora a la que hemos quedado, pero esta vez me abre la puerta entre sorprendido y nervioso.

Trato de no darle importancia y entro a la casa cuando él me saluda con un beso en la mejilla.

Eso es un poco raro, porque Killer no me dice nunca lo que siente como tal, pero un gesto suyo que aprecio mucho es que siempre me besa en los labios, en cualquier circunstancia, haya quien haya delante. Y ahora estamos solos y el idiota me ha besado la mejilla.

—¿Todo bien, Killer?

—Sí... Es que acabo de llegar yo también del trabajo y no he podido ni ducharme. Parece Navidad, las carreteras están a tope.

Yo asiento porque lleva razón, voy a trabajar en metro y hoy iba el triple de lleno. Para empeorarlo había cientos de adolescentes portando enormes globos cursis y ositos de peluche. Es tierno, sí, pero cuando he visto que un oso ocupaba un sitio donde mi precioso trasero podría ir sentado, he odiado San Valentín, el amor y los peluches gigantescos de las adolescentes enamoradas.

—Menos mal que no hemos salido a ningún lado. No estoy lista para ver todas las cursiladas del mundo. —comento colgando el bolso en el perchero y después la chaqueta.

Killer me mira con aire distraído, pero a la vez atento a mi respuesta y lo encuentro la mar de extraño.

—¿No te gusta San Valentín ni todo lo que implica?

Sí me gusta lo que implica esta fecha en sí, implica pasar tiempo íntimo con tu pareja y es algo positivo. Pero no todo el mundo tiene pareja y no todas las parejas consiguen que sea un tiempo de calidad debido a que es una fecha impuesta por la sociedad que acaba siendo una especie de obligación más que un disfrute mutuo de las parejas.

Me ahorro decirle todo eso, porque su pregunta espera una respuesta mucho más simple.

Y porque tampoco quiero agobiarlo. Sé que lo que siento por él es amor, pero nunca hemos tenido la conversación y no quiero atosigarle justo hoy o que por presión se sienta obligado a decirme que me corresponde porque es San Valentín y me gusta.

—Bueno...—murmuro observando el lugar porque algo no me encaja.

Aunque Killer siempre es limpio y ordenado, hoy siento que la casa está reluciente y tiene un aroma a jazmín que no puedo negar que me encanta, porque junto a las margaritas son mis flores favoritas.

—En realidad es un invento capitalista. —respondo con cautela observando la sala de estar, porque huele demasiado a jazmines. Quiero encontrar qué maldito ambientador ha usado y comprarlo yo también.

—La Navidad actualmente también es un invento capitalista y te encanta. —me recrimina con voz apurada a mis espaldas, pero sigo inmersa en encontrar de donde narices viene ese maravilloso olor.

Aun distraída en mi investigación me río, porque noto el rencor de su voz. Me reprocha lo de Navidad porque los hice a él y a sus amigos vestirse con pijamas enterizos de renitos y hornear galletas y bizcochitos todo el día, como en las películas cutres estadounidenses. Mi casa mis normas les dije, aunque Kid se la pasó por los huevos. Anduvo sin camiseta todo el día y encima destrozó la masa de galletas echándole cerveza y la de los bizcochos con un chorrito de ginebra. Nos dimos cuenta después al probarlas ya hechas.

En fin.

Fue tremendamente divertido, para qué mentir.

Normalmente paso las festividades con mi familia, pero el año anterior no paraban de atosigarme con la cancelación de mi boda y decidí que ese año no pisaba la casa de mis padres para vivir otro mal rato. Mis padres lo entendieron y mis nuevos amigos también. Estos últimos lo entendieron tanto que se solidarizaron conmigo y decidieron pasar ese día tan familiar en mi casa alejado de sus seres queridos para que yo no lo pasase sola.

—Pero Navidad es algo familiar, tonto. San Valentín es algo más relacionado con el mito del amor romántico. Al menos yo lo he vivido así siempre. Todos los años lo celebrábamos con una cena romántica preparada por Sanji en el ambiente más empalagoso que te puedas imaginar en un restaurante caro y elegante. Él mismo alquilaba la cocina. Me regalaba flores, chocolates, joyas...—comento y me doy por vencida girándome hacia él, porque no encuentro ningún tipo de vela aromática ni nada parecido que pueda estar impregnando la casa de este agradable olor—No digo que no me gustase, eh, en su momento era muy feliz, pero... Se siente bien hacer algo distinto por una vez.

Killer y yo habíamos decidido pasar San Valentín juntos en su casa, sin muchas presiones sociales ni nada. Él me lo propuso y yo acepté, aunque en realidad yo iba a decírselo igualmente, porque últimamente solo quiero pasar tiempo con él.

Bueno, últimamente, últimamente... El último año más bien.

Mientras yo he soltado toda mi chachara, Killer se ha marchado a su habitación y lo escucho trastear. Lo noto más nervioso de lo normal y dudo que sea por San Valentín.

—¿Qué película te apetece ver? —le pregunto adentrándome en su pasillo con intención de llegar a su habitación, porque pretendo cambiarme de ropa, pero me impide pasar.

—¡¿A dónde vas?! —aparece repentinamente agitado en el arco de la puerta y veo que esconde algo detrás de su cuerpo, pero su espalda es tan ancha que tiene suerte y aunque me muevo, no consigo ver que esconde tras de sí.

—¿A ponerme cómoda? —le pregunto en tono obvio señalando la incómoda falda vaquera que llevo hoy.

Llevaba deseando salir del trabajo desde que entré y solo quiero quitarme esta ropa para ponerme una de mis camisetas anchas que uso como pijama.

Bueno, son de él. Pero son las que uso siempre que paso la noche en su casa y me las he agenciado. Siempre dice que son sagradas y que por nada del mundo me las regalaría, porque son de la época en la que jugaba con los chicos al baloncesto y bla bla bla es todo lo que oigo cuando me pone excusas. Algún día desaparecerán de su casa y mientras él se pregunta que habrá podido pasar, esas prendas descansarán en el cajón de los pijamas en mi casa.

—Quería cambiarme, ¿no puedo pasar?

Killer me empuja con suavidad hacia la sala de estar de nuevo y me percato de que lanza por los aires lo que sea que tuviese tras de sí, pero no escucho nada caer, así que no entiendo nada.

—Killer, ¿estás con alguien ahí dentro?

Me doy la vuelta sobre mis pies confusa y el ríe nervioso mientras me guía tomándome de los hombros para sentarme en el sofá e impedir que vuelva a dirigirme hacia su habitación.

—¿Qué cosas dices? No hay nadie, ni nada—recalca esa última palabra con una sonrisa que no llega a sus ojos, porque estos lucen tan nerviosos como todo él—que pueda llamar tu atención. ¿Qué tal si preparas la película mientras yo pido unas pizzas? La tuya con champiñones y doble de queso como siempre, ¿verdad? —pregunta con una felicidad y amabilidad que me abruma porque sé que es falsa.

Distingo qué algo ocurre porque es fácil de notar. Killer es alguien que se caracteriza por su personalidad tranquila y sosegada. Es una persona que muy pocas veces se altera, por eso mismo creo que congeniamos tan bien. A veces creo que es para equilibrarnos entre nosotros, porque yo soy todo lo contrario por norma general.

Visto así también es lógico que congenie tan bien con Kid, ¿a qué si? Ese pelirrojo insoportable es mi competencia, pero bueno, por ahora Killer me prefiere a mí.

Me río de mi misma ante ese pensamiento, pero caigo en algo.

Por ahora.

Cuando lo veo escabullirse en busca del teléfono me asalta una sensación muy conocida y que no he tenido ni una sola vez con él hasta ahora.

Tengo miedo.

Miedo porque está inquieto, porque no me deja entrar a su habitación y porque, joder, ha tirado algo por los aires y no ha sonado como si cayese al suelo.

Él nunca ha sido una persona preocupada por mantener cierta distancia conmigo respecto a su intimidad, porque desde el principio he pasado mucho tiempo en su casa.

Mierda. Ahí hay alguien y me lo está ocultando.

—Killer...—lo llamo antes de que me deje sola—¿Hay alguien contigo aquí?

Él se gira rápidamente con expresión preocupada.

No me he dado cuenta de que mi voz ha temblado al realizar esa pregunta.

Killer me sostiene la mirada un par de segundos no sé bien si examinando mi expresión o inventándose una excusa, pero segundos después exhala con cansancio.

—Por supuesto que no hay nadie.

Se acerca a mí y toma mi rostro con cariño quedando el suyo a pocos centímetros, agachándose también en el proceso para que podamos contemplarnos con mayor facilidad.

—No hay nadie más que tú. —me aclara y siento que esa frase tiene un sentido mucho más profundo que el hecho de que en casa solo estemos él y yo. —Lo sabes, ¿verdad?

Mis inseguridades y mi miedo se han desvanecido en el momento en el que ha clavado su mirada sobre mí.

Asiento acariciando una de sus manos y quiero disculparme.

—Lo siento, es estúpido pensar eso, pero...

No quiero tener que mencionar de nuevo que el desgraciado de mi ex me engañó y me dejó por otra, porque eso él lo sabe de sobra. No es la primera vez que hemos hablado de que necesito sinceridad, transparencia y trabajar mucho mis inseguridades, aunque tampoco puedo mentir, Killer no me ha hecho sentir insegura nunca. Hasta hace un par de segundos por algo que probablemente solo sea una tontería y la verdadera culpable de la inseguridad y el miedo haya sido mi propia mente poniéndose en lo peor (como siempre).

—Lo entiendo, Gaia, no tienes que justificarte. —pasa de tomar mi cara a agarrar mis manos para levantarme. —Ven, no tiene sentido que te oculte lo que hay en la habitación.

Por un instante el miedo vuelve. Pero no el miedo de que esté con otra, porque dudo que eso me lo enseñe con tanta facilidad, ¿verdad?

—Killer, por favor, si es un cadáver solo dímelo, no hace falta que me lo enseñes.

Una suave carcajada se le escapa al mismo tiempo que me obliga a seguirlo hacia el lugar del crimen.

—¿Crees que te hubiese intentado esconder que hay un cadáver en casa? Te hubiese llamado para que me ayudases a deshacerme de él. —noto la diversión en su voz y suena calmado, pero sus manos sudan y eso no me tranquiliza para nada, porque sigue siendo un claro indicativo de que está nervioso.

Quiero reírme con él, pero no puedo. Miles de posibilidades atosigan mi mente y de repente las más aterradoras las digo sin pensar.

—Killer, no me jodas. ¿Hay ratas? ¿Cucarachas? ¿Un nido de arañas? Killer, si eso es así me voy por la ventana si hace falta, pero yo no me quedo aquí a dormir si...

De repente no recuerdo qué estaba diciendo. Porque ya he descubierto qué hay en su habitación.

Killer se mantiene en la entrada observando mis pasos, pero yo me introduzco en ella parándome en cada detalle del que me doy cuenta desde que ha apagado la luz principal que normalmente ilumina la habitación.

La habitación está iluminada con unas lucecitas led que la decoran de una manera cálida y tenue. Recuerdo perfectamente que hace un par de meses le dije que unas luces así darían un toque más bohemio y “aesthetic” al cuarto. Él se negó por completo a convertir su habitación en un diseño de Pinterest y lo di por perdido. Por eso mismo lo que me sorprende no es solo que llevaba razón porque quedan genial, también me sorprende que en realidad me escuchó y valoró mi opinión.

Hay una tira de esas luces que recorre la pared principal donde está apoyada la cama donde tantas veces he dormido con él y de ella cuelgan fotos que, a pesar de no acercarme del todo, reconozco perfectamente. En casi todas salimos Killer y yo. En algunas aparecen los chicos también, pero en esas siempre estamos los dos juntos. Hay algunas en las que no sale nadie, son solo paisajes o fotos a objetos que han sido significativos durante nuestra extraña relación.

Todas las fotografías colgadas son de los momentos más especiales que he vivido con él y están decorando su habitación.

Este detalle me hace plantearme si el karma es real, porque de ser así, he tenido que hacer algo maravilloso para que el karma me lo devolviese poniendo a Killer en mi vida.

También hay una cubitera en la mesita de noche con un par de botellas de vino que reconozco a la perfección. Es exactamente el mismo vino que me regaló para celebrar la primera vez que no lloré después de que tuviésemos sexo juntos. Dicho así suena raro, pero puedo jurar que para mí tiene un significado muy romántico entre ambos.

Y ya he podido distinguir de donde viene el olor a jazmín. La cama está decorada con ramilletes de jazmines y en el suelo hay un ramo de margaritas deshecho. También hay una paquete envuelto en papel de regalo como centro en la cama rodeado de los jazmines.

—¿Eso es lo que escondías antes? —pregunto señalando las margaritas esparcidas por el suelo.

Me cuadra que sea eso lo que lanzó por los aires, porque es obvio que unas flores no van a hacer ruido al caer al suelo, pobrecitas.

—Te lo he dicho. —lo escucho murmurar avergonzado, pero yo sigo embobada con la decoración—No hay nadie más que tú en casa. Y es asquerosamente empalagoso y yo no suelo decir estas cosas nunca, pero tampoco hay nadie más que tú en mi corazón. Planeaba decírtelo hoy, porque justo hoy hace doce meses que te mandé el mensaje por el maldito Tinder. Tardaste dos días en responderme, eso sí, pero me parecía bonito que supieses que estoy enamorado de ti justo en esta fecha.

—Killer...—lo llamo conmovida, pero creo que está tan nervioso que malinterpreta mi silencio.

—Sé que es empalagoso, patético y que querías algo distinto hoy, algo que no fuese romántico. También sé que no habíamos hablado nada de esto antes y quizá tú no me ves de la misma forma que yo te veo a ti, pero ya has visto todo este desastre, ya no hay vuelta atrás.

—¿Por eso los otros tres estaban comportándose de una forma tan rara ayer?

—Habían quedado conmigo para preparar todo esto, pero Kid como siempre estuvo a punto de liarla porque no se acordaba. Lo siento. ¿Quieres que te lleve a casa?

Niego incapaz de hablar echando un vistazo a todo de nuevo. Quiero decirle muchas cosas, pero es que me ha dejado sin palabras.

Las fotos, las luces, los jazmines, el ramo de margaritas por el suelo, la cubitera con el vino barato con el que nos emborrachamos la primera vez que conseguí no llorar por Sanji.

Se me escapa una carcajada al ver que la foto central es una captura de pantalla de la conversación que tuvimos por primera vez. Él me habló por una apuesta diciéndome lo más ridículo que se les ocurrió a sus amigos. Yo tenía como datos sobre mí que me gustaba la poesía y él me escribió un mensaje cantando una canción viral en redes que mezclaba “poema” y “pene”. Todo un romántico.

Supongo que nunca se esperó una respuesta por mi parte, pero me hizo reír y acabé respondiéndole. Creo que fue lo mejor que hice en mi vida.

—Esto es justo lo que quería. No es patético. —digo recogiendo con cariño las margaritas una a una—Es distinto. Es perfecto. —me acerco a él con todas recogidas y sigue observándome apenado con cierto rubor que creo que no se le borrará en unas horas de las mejillas.

Colocando mi mano en su mentón, sin medir palabras le pido un beso y él no duda en acceder, pero lo noto inseguro.

—No tienes que fingir que te gusta, Gaia, está todo bien. Vamos a escoger peli y yo mañana recojo todo esto.

Se gira desganado y a pesar de que intenta mantenerse calmado, noto que está triste. De verdad se piensa que no me ha gustado.

—¡Killer! ¡Ven aquí! —le pido sin soltar el ramo de flores y él se coloca frente a mí de nuevo con desilusión— Es perfecto. De verdad. Me ha encantado.

—No, no lo es. Querías algo distinto, sin celebraciones y la he cagado. No pasa nada, puedo arreglar todo esto.

Aparto las flores un segundo y vuelvo a besarlo.

—Es perfecto, —señaló la cama donde los jazmines están esparcidos—tan perfecto como lo que tú y yo tenemos. Me encanta. Es íntimo, es especial. La respuesta es sí. Siempre sí.

—De... ¿De verdad? —asiento segura abrazándolo—Pero antes has dicho...

—He dicho que quería algo distinto. —le señaló la habitación entera y a él—Y todo esto lo es. Muchas gracias.

—Sé que nunca voy a estar a la altura de lo que vivías antes, yo solo quería hacerte algo que no se te olvidase nunca.

Le miro apenada porque sé que está pasando. Porque yo he pasado por eso. Yo me comparé con Pudding cien veces y ni siquiera la conozco. Si Killer siente amor por mí, no es extraño que se compare con Sanji y más teniendo en cuenta que al principio lo único que hacía era lloriquear sobre él.

—Killer, sé que es inevitable, pero no tienes que comparar nada de lo que viví con Sanji a lo que vivo contigo. Porque sois completamente diferentes y lo que he vivido contigo también es completamente diferente. Lo que viví antes fue doloroso y ya es pasado. En el presente estoy contigo, siendo feliz. Y no estoy fingiendo que me gusta todo esto, es que me ha encantado. Antes he dicho eso porque me daba miedo decirte la verdad. Quería pasar San Valentín contigo, y llevaba tiempo queriendo decirte que te quiero, pero no quería estropear lo que teníamos, porque tenía miedo de perderte. Me has enseñado mucho en este año, Killer.

Me mira emocionado y me derrito al ver que sus ojos están acuosos, por lo que me animo a seguir confesándome.

— Gracias a ti me di cuenta de que el amor no se acababa en Sanji. Gracias a ti entendí que podía enamorarme de nuevo e incluso aprender a amar mejor. Me has enseñado tanto en estos pocos meses que jamás podré agradecértelo. Lo único que quería este San Valentín era estar contigo. Y eso es justo lo que vamos a hacer. Disfrutar el uno del otro como los dos enamorados que somos.

—Joder... Haces que todo sea tan fácil siempre. —murmura abrazándome emocionado y me rio.

—¿Fácil? Killer, la primera vez que nos acostamos juntos me eché a llorar.

—Podría decirse que es uno de mis momentos más humildes, sí. —me responde divertido y me da un beso tierno en el cuello cuando me oye reírme.

Me muerdo el labio emocionada y sé que estoy moviéndome como una niña pequeña nerviosa.

—¿Qué te pasa?

—¿Qué hay dentro de la caja? —pregunto señalándola.

—Ábrela. No son joyas ni chocolates, eh. No te hagas ilusiones, aún intento reponerme de la Navidad.

Me rio contenta y me abalanzo sobre la cajita.

La abro y al momento me doy cuenta de qué es.

Son mis dos camisetas favoritas.

Bueno, las de él. Justamente por eso grito emocionada y empiezo a dar pequeños saltitos que supongo que le hacen gracia, porque lo escucho reír mientras me dedico a abrazar las camisetas.

—¡Esto es oficial! ¡Son mías! —exclamo y me desvisto deprisa para ponerme una de ellas.

Killer se ríe observándome.

—Siempre lo han sido.

Su aclaración me conmueve y freno mi ataque infantil para mirarle.

—Te quiero. —se me escapan las palabras, pero ya me da igual. Porque sé que mi sinceridad no lo va a espantar, porque él también me quiere y definitivamente no le asusta estar conmigo.

—Yo también te quiero. —me dice observándome como si fuese lo mejor que sus ojos han visto en mucho tiempo.—Entonces, ¿la respuesta de verdad es sí?

Asiento feliz, porque es más que obvio que quiero ser oficialmente su novia.

—Eso sí, quedo fatal, porque no tengo regalo. —murmuro avergonzada y él niega varias veces haciendo que su cabello se menee de una forma que me produce ternura y me hace robarle un beso.

—No hay mejor regalo que tenerte aquí.

—¡Bueno! Puedo recitarte un poema que he escrito pensando en ti. Me lo sé de memoria incluso. — le ofrezco divertida y él se cruza de brazos con sospecha.

—Adelante.

Me aclaro la garganta con un ritmillo que siento que él ya reconoce, porque aprieta los labios para no reírse.

—Qué bonitos ojos tienes, quiero chuparte el...

—¡Lo sabía! —exclama entre risas, porque es exactamente lo mismo que me escribió él en Tinder hace un año, cuando aún no sabía que conocerle me mejoraría la vida.

Me rodea con sus brazos y se deja caer en la cama conmigo sobre él.

Nos hundimos en un intercambio de besos húmedos y su erección no pasa desapercibida para mí, por lo que llevo una mano al bulto en sus pantalones.

—Es que es un poema tan ardiente, qué...

Me rio por su estupidez, pero me doy cuenta de que estamos sobre mis preciosos jazmines.

—Vamos a movernos, no pienso follar encima de los jazmines, son preciosos y los vamos a destrozar.

—Bueno, los tiramos al suelo. —comenta despreocupado tratando de mover los brazos para quitarlas, pero yo lo retengo como puedo.

—¡No! Me da pena, las recogemos que podemos hacer un centro muy bonito para la mesa y así es un ambientador.

Quiero moverme con intención de recogerlas, pero Killer me retiene para que siga sobre él.

—Despreocúpate de eso ahora, te puedo traer jazmines todos los días.

—¿Aquí?

—Claro, ¿a dónde si no?

—A... ¿Mi casa?

— ¿Cómo que tu casa? Un momento... ¿Para qué crees que te he regalado esta camiseta?

—¿Para que me la quede? —sugiero curiosa y él me aparta para reincorporarse.

Espero que sea para eso, porque no pienso devolvérsela.

Pronuncia mi nombre frustrado y no lo entiendo, no lo entiendo hasta que señala la caja donde estaban las camisetas. Me asomo asustada por si encuentro algo raro en ella, pero no. Hay una llave descansando en la cajita y la verdad es que la reconozco a la perfección. Es la llave de su casa.

—Killer...

—¿A qué narices me has dicho que sí? —pregunta agobiado y rompo a reír.

—A... A ser tu novia.

Por su mirada de pánico veo que somos estúpidos que no se han comunicado bien, porque él ya daba por hecho que éramos el inicio de una pareja hace tiempo y yo debí haber sospechado lo mismo cuando hablamos del acuerdo de exclusividad.

—Perdón, estaba tan ilusionada con las camisetas que...

—Ignoraste por completo lo importante de todo este maldito espectáculo. —señaló toda la habitación y finalmente la llave—Entonces, ¿vienes a vivir conmigo o no? Porque me sudan las manos como si tuviese catorce años y en cualquier momento vendrán Kid, Heat y Wire a traer las pizzas y no quiero abrirles la puerta llorando. Si me dices que no tienes que ir a abrir tú, por favor.

Me echo a reír porque la respuesta está más que dicha. Estoy más tiempo aquí que en mi casa desde que nos conocimos y estoy enamorada de él, así que “no” no es una respuesta válida para mí, porque quiero estar con él todos los días de mi vida a ser posible.

—No te dio tiempo a pedir las pizzas, ¿no?

Cuando se excusó volví a llamarlo por lo que estoy segura de que no le ha dado tiempo a eso.

—Lo tenía ya planificado porque tu sitio favorito no reparte a domicilio así que los mandé a ellos a recoger las pizzas. Pensaba que esto sería mucho más fácil y que a estas alturas tú y yo ya llevaríamos media botella de vino después de que aceptases vivir conmigo.

Observo la decoración y finjo estar indecisa ante la clara desesperación en sus palabras, porque aún no le he respondido.

—A ver... ¿Las lucecitas led y las fotos se quedan como decoración para siempre?

Killer sonríe con satisfacción de una manera tan atractiva que sinceramente, solo quiero arrancarle los pantalones y hacerle disfrutar.

—Solo si también te quedas tú.

Su respuesta consigue que me deje llevar por mis impulsos y me lanzo sobre él para besarle mientras intento ser un poco más civilizada desabrochándole el pantalón en lugar de arrancárselo.

Estoy a punto de bajarlos cuando el timbre suena.

—Mierda, siempre son tan oportunos. —murmura frustrado recolocándose los pantalones y me besa para callar mi risa. —No te rías, mantente aquí y no te muevas. Vamos a continuar por donde lo hemos dejado en dos minutos. —me advierte y rompo a reír.

—Tranquilo, te esperaré desnuda en nuestra cama. —le aviso quitándome bajo su mirada la camiseta que hasta hace un rato era supuestamente suya, porque desde que me la puse la primera vez, esta camiseta ha sido mía.

Intento reprimir una risita cuando lo veo morderse el labio con la vista puesta en mis pechos.

—¿Tienes mucha hambre? Porque puedo no abrir la puerta. —comenta acercándose de nuevo y le lanzo la camiseta a la cabeza.

—¡Ve y recoge las pizzas, idiota! —exclamo entre risas y él se aleja haciéndome caso, porque sabe tan bien como yo que cuando acabemos, nos moriremos de hambre.

Me dejo caer bocarriba en la cama mientras escucho a nuestros amigos cuchichear a lo lejos preguntando por mi respuesta. Me rio como una tonta enamorada cuando escucho que Killer intenta despacharlos rápidamente. Observo la decoración de nuevo y me doy la vuelta para observar las fotos que hay justo sobre el cabecero de la cama.

Salgo en todas con una sonrisa de felicidad que durante mucho tiempo pensé que jamás recuperaría. Killer también sonríe en todas, pero en muchas aparece contemplándome a mí.

Me ha dicho que yo hago que todo sea fácil siempre. Pero no es así. Todo es más fácil con él. La vida ya no me pesa ni se me hace insoportable, la vida ahora es genial porque estoy con él.

Sigo sin entender cómo puedo merecer tener a mi lado a alguien tan sumamente impresionante. Algún día quizá recuerdo qué buena acción pude hacer para merecerle, pero ahora mismo no se me ocurre ninguna.

Suspiro emocionada contemplando las fotos.

Lo único que sé con seguridad es que la vida me ha dado la oportunidad de amar a alguien increíble y no pienso desaprovecharla.