Enhypen《Male reader》

Summary

I can be the one for you for good I can be the one for you for good I'll be your boyfriend (boyfriend) I can be the one for you for good, baby I'll be your boy boyfriend (friend) ☆ Historias male reader ☆Historias cortas y largas ☆ Las historias no me pertenecen son sacadas de tumblr.com créditos a sus respectivos autores ☆Contenido explícito y fluff ☆ Son historias traducidas y puede que tengan errores de traducción y pido disculpas por eso, algunas historias contienen contenido explícito, si este contenido no es de tu interés o agrado te invito a retirarte.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Little Red《Heeseung》

Mamá te enviaba a la casa de la abuela nuevamente, y cada vez que lo hacia decía lo mismo. "No te desvies del camino querido, podría haber un lobo rondando."


A estas alturas ya te resultaba demasiado familiar, ella debe estar fanfarroneando por lo que sabes. Nunca has visto nada parecido a un depredador en el bosque, incluso apenas has visto una ardilla. No había tal cosa.


¿Por qué debería preocuparse tanto? Ya eras grande, pronto sería tu vigésimo cumpleaños. Ella no tiene nada de que preocuparse, no tardarías en llegar a casa de la abuela. ¡Regresarías antes de que ella pudiera parpadear!


Tu madre te ha dicho que la abuela no se encontraba muy bien, así que le ha hecho una cesta de regalo para animarla. Ella misma no podía ir. Por eso te envió a ti, la abuela te echaba mucho de menos y le encantaría verte.


Cada vez que te adentrabas en el bosque, creías haberlo visto todo, el bosque seguía fascinándote de vez en cuando. Había flores de muchos tipos que florecían con tanta belleza en esta estación primaveral, pájaros que cantaban con su agradable melodía, la brillante atmósfera de la luz del sol filtrándose a través de cada hoja. Era un día maravilloso al aire libre.


"¿A dónde vas, pequeño?" Uno de los habitantes del pueblo apareció de la nada, era un simple granjero.


"Cielos, no soy tan pequeño, Heeseung". No paraba con sus interminables bromas cada vez que se cruzaban. Era bastante alto y más corpulento que tú. Juraste que siempre parecía un poco más alto cada vez que lo veías. "Sólo a casa de mi abuela, está bastante enferma en este momento."


Colocó una de sus manzanas recién cortadas en tu cesta: "Toma, esto es para tu abuela. Las cultivé yo mismo". Era de un rojo vibrante, como todas las demás manzanas, y como en todos los lugares de este pequeño pueblo, la mayoría también eran de cosecha propia. Pero había algo en su manzana que destacaba, la piel exterior se sentía particularmente extraña bajo las yemas de los dedos, era inquietantemente suave. Parecía piel humana.


Tu cara mantuvo la incertidumbre en una sonrisa, "Gracias, seguro que le gustará". Tal vez estabas pensando demasiado las cosas, era sólo una manzana, probablemente las cultivaba de una manera diferente. Había muchos agricultores en tu pueblo, seguramente habría cierta rivalidad entre algunos de ellos. Oíste a muchos decir que los productos de Heeseung eran los más frescos y mejores de todos.


Te despediste del granjero y continuaste tu camino hacia la casa de la abuela. Él también te recordó que no te salieras del camino. Que el peligro acechaba cuando menos te lo esperabas.


Estaba postrada en cama, entraba y salía de su propio conocimiento cuando llegaste. Dejaste la cesta en su mesa de comedor, colocando el ramo de flores que te proporcionó tu madre en uno de los muchos jarrones de cristal que tenía en su casa. Qué pena que viviera sola y no tuviera a nadie que la cuidara, fue una suerte que vinieras a ver cómo estaba por si acaso pasaba algo. Lavabas y colocabas frutas en un plato para que se las comiera, había uvas, naranjas y peras. Las cortabas en trozos más pequeños para que le resultara más fácil masticarlas.


La manzana que te dio Heeseung era demasiado fácil de cortar, el cuchillo casi se deslizaba en ella como si no tuviera corazón. Dejaste caer el cuchillo, que golpeó el suelo a pocos centímetros de cortarte los dedos de los pies. Sangre y vísceras salieron del interior de la manzana, viste trozos de intestino mezclados con la sustancia escarlata.


Había un solo dedo, un dedo que tenía un anillo envuelto alrededor cayó fuera de la fruta. Esto era pintura, pintura sobre piel humana. "¡Abuela!" Gritaste, corriendo escaleras arriba hacia ella. Le quitaste la manta de encima, presenciando una escena que te traumatizaría de por vida. Tu abuela yacía en la cama con las sábanas manchadas de sangre, con el estómago colgando del torso.


Aterrorizado, huiste. Tus pies siguieron corriendo, corriendo sin sentido por el profundo bosque. Ni siquiera te diste cuenta de que te habías desviado del camino que tu madre te había indicado.


Tu corazón se aceleraba a cada paso, los pulmones ardían como si hubiera un infierno dentro de ti. Estos zapatos que madre te había puesto te torcían los tobillos, te dolían mientras seguías corriendo. Se negó a comprarte zapatos nuevos, un par que te quedara bien, ya que aun te quedaban. Eran unos zapatos tan bonitos que te dolía caminar con ellos.


Dejaste escapar un aullido devastado, golpeando una piedra en el suelo de tierra. Por suerte, antes de que cayeras al suelo, alguien te atrapó. "¿Cuál es la prisa, pequeño?"


Verlo suponía un alivio tan grande, tan feliz, que uno nunca se daba cuenta de cómo aparecía de la nada cada vez. Por un lado, su fuerza estaba por encima de la de un simple granjero. La otra se escondía detrás de su espalda, él también estaba metido en algún asunto antes de toparse contigo una vez más.


"¡Heeseung! ¡Oh, gracias a Dios! Llama al cazador, creo que un lobo se ha llevado a mi abuela...". Te detuviste aburridamente, la comprensión finalmente golpeó tu densa cabeza. Él fue quien te dio esa manzana en concreto, él fue a quien la gente alabó e ignoró al mismo tiempo, él fue el lobo.


"Yo... Yo..." Tropezando con tus palabras mientras lo mirabas con un miedo que ardía lentamente.


"¿Hmm? ¿Un lobo, dices? Interesante". Las comisuras de sus labios se curvaron, una inquietante sonrisa que lucía en su rostro. Una sonrisa emparejada con ojos en blanco, sus afilados colmillos reflejaban el sol tanto como sus ojos. Su peluda cola se movía de un lado a otro, burlándose de ti. Sabía lo que hacía, lo calculó todo durante algún tiempo.


Te apartaste de inmediato, intentando zafarte de su firme agarre. Tomandolo desprevenido, le lanzaste uno de tus zapatos. Lo que le causó la perdida del sentido de la orientación, la luz del sol cegaba tu vista. Sin importarte, seguiste corriendo, con la esperanza de salir con vida.


Sin aliento, su hacha manchada de sangre voló y se clavó profundamente en el árbol que tenías delante. "¿Por qué huyes pequeño? ¿Ya no confías en mí?" Su tono de voz sádico, que bromeaba con tu miedo.


Se te cayó la capucha roja de la cabeza, el aprovecho y tiró hacia atrás, causando que te comenzarás a asfixiarte por el cuello del abrigo. Viste tus pies colgando sobre la tierra, estabas indefenso y devastado. Si al menos fueras un poco más rápido, si al menos esos malditos y estúpidos zapatos no te dolieran cada vez que das un paso. Un lindo e indefenso conejito como tú sería devorado rápidamente por el lobo grande y aterrador.


Eras otra de sus presas. Deberías haber visto la sangre que manchaba sus bonitas manos, deberías haber visto la locura que brillaba en sus ojos. ¡Deberías haberlo previsto todo! Un lobo con piel de cordero, ocultando la oscuridad bajo un exterior amistoso.


Libre de patalear y gritar todo lo que quieras, ya te tiene sometido. "Hmm, ¿no eres la cosita más linda?". Te ólio el cuello, lamiendo tu fina piel. "Y además huele tentador".


Se te llenaron los ojos de lágrimas, llorando y suplicándole que te soltara. Su agarre apretaba cada palabra de súplica que salía de tus labios, cuanto más sollozabas y le gritabas, más se llenaba de locura. Nadie podía salvarte ahora, te tenía envuelto entre sus garras que fácilmente podían destrozarte. Eras su presa, le pertenecías únicamente a él para jugar y darse un festín.


Te soltó, cayendo al suelo mientras te estremecías de dolor por el impacto. Tosiendo y tratando de llevar cada centímetro de oxígeno a tus pulmones. El suelo áspero raspó tus rodillas por la caída, tú piel se rompió y empezó a sangrar.


Antes de que pudieras levantar la cabeza, te empujó hacia atrás sobre la hierba mientras te atrapaba entre sus brazos. Sus garras a escasos centímetros de desgarrarte en pedacitos.


"Qué bonito abrigo, ¿lo ha cosido tu madre? Sí que es una mujer ingeniosa, ¿verdad?". Se rió, arrancándote las capas hasta que quedaste ante él completamente desnudo como un trozo de carne cruda, esperando a ser devorada.


No podías soportar tener sus manos sobre ti, manchando tu pureza con las yemas de sus dedos. Deslizándose lentamente por cada costilla, llegando hasta tu cintura. Tu piel suave, cálida y pura bajo sus manos, no podía resistir ni contenerse de querer hacerte cosas malas. Sus afiladas garras podrían cortarte, deslizándose sobre la superficie sólo para provocarte más.


Mientras respiraba sobre tu cuerpo desnudo, su cálido aliento se burlaba de los sentidos en tu piel. Provocando escalofríos y un placer culpable. Se sentía bien, tu cuerpo excesivamente sensible se rendía poco a poco mientras él seguía tocándote en lugares a los que tú mismo no habías tocado.


Su lengua húmeda y larga se arrastraba sobre tu polla medio erecta, excitándote un poco más. Heeseung mantenía su mirada fija en ti, intensa y totalmente salvaje. Iba a comerte, pero no de la forma que piensas. Te saborearía como es debido, te destrozaría lentamente hasta que te sometieras por completo a él.


Tu respiración se entrecorta, agarrando sus suaves rizos. Deberías detenerle antes de perderte en el éxtasis. Sus dientes rozando la piel, sus colmillos enjaulando tu polla con amenazas.


"Si gritas, te la arranco de una puta mordida". gruñó. Sus labios rosados y carnosos rodearon tu polla, el interior de su boca estaba húmedo y caliente. Pasando su lengua por la cabeza cada vez que llegaba a la punta. ¡Te estaba volviendo loco!


La saliva le chorreaba por la barbilla mientras se sumergía más, casi hasta el fondo de su garganta. Te agarraste a sus anchos hombros, haciendo todo lo posible por apartarlo, porque sentías que algo te subía por dentro. No podías dejar que tuviera la satisfacción de verte derrumbarte bajo su lengua. Era fuerte, como si hubiera crecido un poco más, que unos momentos antes.


Te corriste en su boca, el espeso fluido derramándose por las comisuras de sus labios. Pero él no se detuvo, siguió moviendo la cabeza al mismo ritmo, manteniendo tu estimulada polla en su boca.


Tu pecho subía y bajaba, se sentía caliente, ardientemente caliente. Tu respiración era aún peor que cuando te perseguía con su hacha, no podías ni respirar sin que te interrumpiera bruscamente.


Entonces te corriste de nuevo, y de nuevo sin una pausa. No te dejaba respirar en absoluto, chupándote continuamente ese placer pronto se convirtió en tortura. Escupió todo tu dulce jugo sobre la hierba, incluso sobre tu cuerpo al que le faltó el respeto.


Gritaste "¡Ya basta! No puedo...". Tu cara enrojecida, las lágrimas cayendo de tus brillantes ojos sin parar. Definitivamente se excitó con esto, una visión maravillosa de ti avergonzándote así. Tan jodido, llorando y gimiendo como la pequeña zorrita que eras.


Te dio la vuelta y la hierba rozó tus pezones, haciéndote soltar un suspiro. Déjale que se divierta, acaba con esto y con suerte te dejará en paz. Eso era por lo que rezabas, pensabas y rogabas internamente, pero teniendo en cuenta que tal vez no tuviera esa clase de piedad.


Heeseung vivía en el mismo pueblo aislado que tú, y la gente lo adoraba, ¿quién te creería? Especialmente con una afirmación audaz que decía que era un lobo disfrazado de humano. Te harían creer que estabas perdiendo la cabeza. Mamá tampoco te creería, no existían los metamorfos ni la magia. Inventado, sin pruebas.


Empujó su polla dentro de tu trasero, cuanto más se adentraba, más dolor sentías. Un salto tan grande podía hacerte daño, pero eso era lo de menos.


"Pequeño, deberías haber escuchado a tu madre. Te metiste en una situación tan vergonzosa, no querrías que se enterara, ¿verdad? Ver a su pequeño niño tomando mi polla tan bien, como la zorra nata que es". Sus orejas se movían y su cola se agitaba mientras hablaba, el tono que jugaba con tu jodido estado, tus ojos girando hacia tu cráneo mientras su gran tamaño se clavaba en ti desde atrás.


Intentaste luchar contra la sensación, pero una sensación dolorosamente agradable se apoderó de ti. Se inclinó hasta tu nivel, lamiendo y presionando sus dientes afilados contra la tus orejas.


"Entraré en tu casa, me comeré toda tu comida y luego te follaré hasta que sólo pienses en mí cada vez que pongas un pie en este bosque". Te dijo, clavando su polla en ti. Destruyéndote pedazo a pedazo con sus profundas y duras embestidas. Sujetándote ambas muñecas con su gran mano a la espalda, sin darte ni una sola oportunidad de luchar. De todas formas, no tenías ni la fuerza ni la estabilidad mental para luchar.


Él gimió. Dios tu carnoso interior abrazaba su polla tan fuerte. Tus tripas se sintieron revueltas, con su semen llenándote por completo, incluso goteando hasta el suelo. Todo tu cuerpo se estremeció, teniendo un pequeño episodio para poder relajarse, por fin después de que Heeseung jugara con tu cuerpo a su antojo.


Sujetaste el abrigo rojo que te hizo tu madre, que tuvo la amabilidad de conservarlo entero, a diferencia del resto de tu ropa. Cubriendo tu figura desnuda mientras mirabas al lobo feroz frente a tus propios ojos.


Él sonrió de una manera tortuosa, teniendo intenciones esparcidas en su expresión inhumana. "No dejes que te encuentre de nuevo, no seré tan amable como esta vez. Vete ya".


Te agarraste el abrigo tan fuerte como pudieron tus débiles y arañadas manos, haciendo que tus piernas sufrieran dolor una vez más. Le ves en el rabillo del ojo, admirándote en silencio desde la distancia, desapareciendo lentamente de tu vista.


Deberías empezar a escuchar más a mamá, te lo advirtió, ¿no? ¿Cómo se lo explicarías cuando vuelvas? El lobo ya se acercó bastante, y sólo se acercaría mucho más si la próxima vez te dejas llevar.