Introducción
Era una noche de invierno, el viejo restaurante de Freddy Fazbear's Pizza había cerrado recientemente. Nadie sabía a ciencia cierta cuál era el motivo, aunque había algunos rumores al respecto. El lugar había sido sumamente popular no sólo por sus deliciosas pizzas y su ambiente familiar lleno de diversión, sino también por las estrellas de su espectáculo, un grupo de androides inspirados en los antiguos animatrónicos de las pizzerías de los 80's; eran un gran avance tecnológico y la gente se sentía maravillada por ellos, aunque esos días de fama llegaron a su fin abruptamente el día en que la pizzería cerró sus puertas.
Los Toy, que era como conocían al grupo de androides, pensaban que quizá la situación mejoraría y eventualmente reabrirían el lugar, así que no se desanimaban y esperaban ansiosos a volver a ver el lugar lleno de personas y a escuchar a los niños jugar y reír.
Aquella fría noche estaban alrededor de la mesa del comedor, disfrutando de la merienda que había preparado "Shía", como llamaban de cariño a Toy Chica. Toy Freddy (o Fred) la miraba atento, como reía, como sonreía, como observaba a los otros y como saboreaba aquel dulce pastel de fresas, era como mirar a un ángel. Sin embargo, la voz de Toy Bonnie lo regresó a la realidad.
—Fred, ¿ya supiste qué van a hacer los dueños? —Preguntó el joven de cabello azul con orejas de conejo de igual color.
—No, aún no lo sé Bon —Dijo el con tono serio.
—¡Espero no quedarme sin trabajo! —Chilló Mangle para luego darle un trago a su café— ¡Nadie va a querer emplear a un robot, por más humana que parezca!
—En el peor de los casos —Dijo Fred—, el dueño se deshará de todo lo que hay en la pizzería y a nosotros nos enviarán a ser desactivados y desmantelados.
— ¿¡DESMANTELADOS!? —Exclamaron los otros tres, la sola palabra les daba terror.
—Sí, nos desarmaran y regaran nuestras piezas en un basurero —Afirmó Fred acomodándose el corbatín que llevaba en el cuello.
Los otros ahogaron gritos y aullidos al escucharlo decir eso.
—¿Y los Withered? —Preguntó Shía, refiriéndose al cuarteto original de androides que habían sido la atracción principal del lugar antes que ellos.
—Ellos ya están rotos —Alegó Fred—. Se van con nosotros.
—Eso es bastante estúpido —Dijo el conejillo celeste—, invirtieron una pequeña fortuna en nosotros y ahora pretenden tirarnos... ¡Ya veo porque el negocio cerró!
—Eso es lo de menos —Dijo Fred—, sin pizzería no hay razón para que sigamos activos, cuando empiecen a llevarse todo, pasaremos a ser no más que chatarra en un vertedero...
—Vaya... —Suspiró el conejito, desanimado.
En ese momento la voz de Mangle los sacó a todos de su nube de pensamientos.
—¡Pero si son las 11:56! ¡Jeremy no tardará en venir! —Recordó ella.
—Ah, es verdad —Dijo Fred—. Bien, todos a sus habitaciones, mañana será otro día, a Bon le toca lavar los platos —Y acto seguido se retiró.
—¡Pero yo lo hice ayer! ¿Por qué tú nunca los lavas? —Gruñó el conejo.
—Te ayudaré —Dijo Shía sonriendo amigablemente.
— ¡Ok! —Exclamó Bon alegremente, olvidándose de su molestia inicial.
Fred se quedó en silencio, escuchando a su amada y a el mejor amigo de ésta hablando de cosas nada fuera de lo común, eventos, recetas de pasteles, vestuarios, presupuesto, entre otras cosas.
—Quisiera poder decirle lo que siento antes de que sea demasiado tarde... Pero no sé si en algún momento estaré preparado para hacerlo —Susurró el chico yendo a su habitación.









