Aquel Chico De Ropa Holgada
By Lydia
Pateaba una roca mientras apretaba fuertemente mi falda amarilla, tenía mis rodillas raspadas y mis mejillas estaban llenas de suciedad y lágrimas; aquel niño.
—Oye pequeña...¿estás bien? Estás llena de lodo y mira tus rodillas
Levanté mi mirada viendo a un hombre o adolescente parado frente a mi, vestía con ropa holgada y en sus manos había un bulto, me mirada sonriente mientras jugueteaba con algo brillante en sus labios.
—Umm mi padre dice que no debo de hablar con extraños
—¿Extraño? Bueno me llamo Tom, Tom Kaulitz y vivo por aquí cerca...ya no somos extraños ¿No?
Me quedé mirándolo fijo, me daba un poco de desconfianza pero ese chico me llamaba la atención, traté de limpiar mis lágrimas sintiendo como un poco de la tierra raspaba mis mejillas.
—Déjame ayudarte ¿Si? —Dijo mientras sacaba un paño de su bolsillo, se agachó y comenzó a pasarlo por mi mejilla—
Yo cerré mis ojos dejándome mientras me recordaba como mi padre lo hacía, solté una risa mientras lo observaba.
—Te pareces a mi padre señor...
—¿Señor? Oye no estoy tan viejo apenas y estoy comenzando mi vida
—¡Eres viejo! —Dije mientras reía tapando mi boca—
—Me llamo Lydia señor Tom...¡Tengo once años!
—Vaya vaya si eres toda una señorita —Dijo mientras pellizcaba mi mejilla izquierda y lo jalaba un poco provocando que riera—
—Ven vamos a sentarnos y así poder limpiar bien tus rodillas, se puede infectar y luego cucarachas correrán por tus rodillas
Solté un sonido de disgusto mientras iba donde el, me senté en el banco más cerca que había, Tom se sentó a mi lado tomando mi pierna izquierda y dejándola en sus muslos, con el mismo paño que limpió mis mejillas lo paso por alrededor de mi herida quitando la tierra y la sangre casi seca de mis rodillas.
—Eres muy hermosa para tener tus rodillas así ¿Qué pasó? —Dijo mientras tenía su mirada enfocada en limpiar mi rodilla—
—Un chico...se llama Nick es muy malo, siempre se la pasa burlándose de mi junto a sus otros amigos
—Que idiotas —Lo observé sorprendida mientras tapaba mi boca— ¿Qué? ¿Qué dije?
—¡Dijiste una palabrota mañana tendrás tu lengua cortada! —Dije asustada, el al principio no sabía que decir pero luego se echó a reír—
—Si...dije una palabrota pero no voy a despertar sin mi lengua...esta bien decir una palabrita de vez en cuando Lydia
Bajé mis piernas mientras comenzaba a moverlas ya que no llegaba al suelo, luego me levanté sonriéndole.
—Señor ya me tengo que ir, si no vuelvo temprano mi padre me castigará —Antes de poder hacer algo el tomó mi mano acariciando la—
—Quiero ser tu amigo Lydia...¿Por qué no nos vemos aquí de nuevo? Podemos pasar el tiempo juntos
—¡Ok! Luego de clases volveré Tom —Me di la vuelta súper contenta, tenía a mi primer amigo—
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—¿Por qué llegas a esta hora?
—Lo siento papi yo conocí a un amigo y me quedé hablando con el —Dije mientras iba donde el—
—Ven acá...
Caminé más donde el, estaba como de costumbre en aquel sillón frente a el televisor mientras tenía unas cuantas botellas en el suelo y una en la mano, iba a hablar pero antes de reaccionar su mano estaba enredada en mi cabello.
—¿Acaso no te acuerdas que no te quiero con nadie? Eres mi niña y no quiero que ningún chico te toque
—Papi me lastimas...
Fue lo que dije antes de que me soltara y acariciara mi mejilla, se veía asustado, arrepentido, así que yo también acaricié su mejilla y lo abracé.
—Lo siento mi niña...me molesta que un niño te tocara de más...¿Perdonas a tu papi?
—Si... —Fue lo que dije antes de sentir como besaba mis mejillas y frente luego me alejó volviendo a ver televisión, yo sin quejarme me di la vuelta entrando a mi habitación, necesitaba bañarme, estaba llena de tierra—
Dejé mi bulto a un lado de la cama y busqué mi pijama, tomé el set color rosa con un unicornio en la camisa, me di la vuelta saliendo de mi habitación y yendo a el baño.
Al estar dentro comencé a quitar mi lazo color amarillo y luego mi camisa blanca con el logo de la escuela, me quedé en mi falda amarilla y mis zapatos escolares con las medias blancas, fui hacia el inodoro sentándome en el, comencé a quitar mi zapato e media mientras veía mis rodillas, aun tenía un poco de sangre.
—¿Te ayudo? —Me sobresalté al escuchar la voz de mi padre en la puerta, levanté mi cabeza observándolo, estaba serio mientras su respiración estaba un poco agitada—
—Me asustaste...creo que puedo yo sola papi
—Mira tus rodillas...vamos déjame ayudarte estas muy pequeña para bañarte sola, dudo que puedas bañarte bien ¿O si?
—Umm...no, creo que no puedo papi
El entro cerrando la puerta tras de el mientras iba donde mi, se agachó hasta quedar frente a mi y con cuidado quitó mi otro zapato junto a las medias luego me levanto volteándome, bajo el cierre de mi falda hasta dejarlo en el suelo, me sentía un poco expuesta pero era mi padre ¿No? El solo quiere ayudarme.
Luego con cuidado bajo mi braga, podía escuchar como su respiración era cada vez más pesada.
—Papi...¿Estás bien?
—Estoy muy bien...ven vamos a bañarte —Me tomó del brazo llevándome a la bañera, allí me senté viendo como encendía el agua mientras esperaba a que se llenara, el con un cubo tomaba agua y me lo echaba a mi cabeza y a veces a mi pecho—
—Mi niña se está volviendo toda una mujercita
Habló mirando mi pecho haciendo que riera nerviosa, luego busco la esponja y un poco de jabón, hizo la suficiente espuma y comenzó a pasarlo por todo mi cuerpo, mis piernas, brazos, pecho, espalda y por último pasó su mano por mi galleta.
Ahora estaba vestida y cepillada, estaba sentada en mi cama mientras mi papi hacía una pequeña trenza, al terminar apretó mis brazos y dio un beso en mi hombro.
—Ya estás...vamos a comer algo rápido para que vallas a dormir
—¡Si! —Dije sonriendo mientras iba con él hacia la cocina—
Me senté en la mesa esperando a que me sirviera comida, luego de un par de minutos dejo en mi plato fideos con albóndigas y al lado un vaso de Ariel, lo tomé probando saboreando que era jugo de naranja, sonreí observándolo mientras él acariciaba mi cabello.
—Come antes de que se enfríe
Y gustosamente comencé a comer, tarde como unos cinco minutos en comerme todo, tomé mis platos y fui directo al lavabo, dejé los platos yendo hacia donde mi padre.
—¡Ya terminé papi! Iré a dormir —El se volteó sonriéndome mientras besaba mi frente, yo me volteé yendo hacia mi habitación—
Saqué las sábanas envolviéndome en ellas, tomé mi conejito de peluche abrazándolo fuerte, cerré mis ojos pensando en aquel chico, era demasiado interesante, sonreí mientras me dormía.
Me revolvía sintiendo una presión horrible encima de mi, sentía como si no pudiera respirar, como si fuera un monstruo horripilante queriendo hacerme daño, abrí mis ojos viendo una sombra negra, estaba encima de mi, con sus ojos rojos clavados en mi, levanté mi cabeza viendo como varias manos comenzaban a tocarme, yo intenté patear pero mi cuerpo no reaccionaba.
Tobillos, muslos, mi galleta, caderas, estómago, muñecas y cuello esas manos estaban tocando, manoseando como si su deber era eso, tocarme, yo intentaba gritar y no salía nada de mi boca, como si fuera muda luego aquella sombra se acercó bastante a mi cara sonriendo, la sonrisa más horrible que e visto en mi vida.
Pi Pi Pi Pi Pi Pi Pi Pi Pi
Abrí mis ojos mientras jadeaba agitadamente, estaba en mi habitación, estaba amaneciendo, miré mi reloj que sonaba y lo apagué, me senté viendo que no había nadie conmigo, ni las manos ni la sombra negra, di un suspiro aliviada.
—Solo fue una pesadilla...una fea pesadilla
Me levanté yendo directo al baño, me senté en el inodoro viendo como mis pantis estaban mojados, me avergoncé de inmediato quitando mi pantalón y mis pantis tirándolo a la ropa sucia, no puede ser me oriné encima.
Tomé una toalla enredándola en mi cintura mientras iba a lavarme la boca, al volver a mi habitación fui directo a mi cama quitando las sábanas, quería quitar las sábanas antes de que papi se entere, toque la cama y estaba seco, fruncí leve mi ceño, me había orinado pero la cama estaba completamente seca.
—Tal vez...me oriné de camino —Me dije tratando de explicar el por qué la cama estaba seca—
Di un suspiro aliviada, volví acomodar las sábanas, fui directo a mi armario buscando mi uniforme escolar, me acomodé la camisa junto al lazo, busqué la falda y me la acomodé, me miré en el espejo sonriendo, me veía bien, me gustaba como me veía.
—¿¡Papi?! —Lo llamé tomando mis zapatos junto a las medias, salí de mi habitación corriendo donde el— ¿Puedes ponerme los zapatos? Por favor
—Claro linda...ven siéntate en la mesa
Fui directo a la mesa sentándome mientras mi padre se sentaba frente a mi, tomó mi pierna derecha acomodando mi media y luego mis zapatos, hizo el lazo y fui a mi otra pierna, al terminarla dio unas pequeñas caricias y luego se agachó para dar un beso a mis rodillas raspadas.
—Ve...ya tienes que ir a la escuela, luego no puedes desayunar —Dijo revolviendo mi cabello pero luego arreglándolo casi al instante— Te pareces mucho a tu madre pequeña...
Sonreí abrazándolo mientras besaba su mejilla, fui a la puerta tomando mi mochila, salí de la casa yendo directo hacia la escuela.
Ya en la escuela apareció nuevamente Nick junto a sus amigos, tragué seco mientras bajaba mi cabeza.
—Miren volvió la rarita —Dijo mientras se acercaba a mi empujándome no tan fuerte pero lo suficiente para alejarme de el—
—Por favor solo quiero estar tranquila...no te hice nada...
—Oh si...hiciste mucho, existir —Lo observé al borde de las lágrimas, quería llorar ahí mismo—
Bajé mi cabeza y comencé a correr hacia mi salón sintiendo como Nick y los demás iban detrás de mi, vi a la maestra González, se veía como si fuera mi ángel de la guarda, corrí donde ella abrazándola.
—¿Lydia? ¿Estas bien? ¡Ey Nick! Deja en paz a la niña por favor —Y con eso ellos se fueron, yo aun apretaba fuertemente a la maestra mientras lloraba— Oh vamos mi niña, es muy temprano para estar así y el día acaba de empezar
Decía sonriendo mientras acariciaba mi mejilla, yo poco a poco dejaba de llorar mientras limpiaba mis mejillas.
—Gracias maestra González...no se que hubiera pasado si no estuviera allí
—Te diré un secreto, los niños que te molestan es por que están enamorados de ti —Dijo sonriendo mientras yo la observaba sorprendida— Pero es tema de otra ocasión ahora tienes que ir a tu salón
Asentí despidiéndome de ella, me volteé y fui directo hacia el salón y como si fuera por arte de magia Tom apareció en mi mente, adueñándose por completo de mi mente por todo el día.