The boy who never felt

Summary

Akaashi es un joven que se ha mudado a Tokyo después de tener varios problemas en su antigua ciudad, más concretamente, en su equipo de voleyball. Jura que no volverá a jugar nunca más, o eso pensaba, hasta que un torbellino llamado Bokuto Kotarou le hace cambiar de opinión. Pero no todo será color de rosa, porque todos tenemos oscuros secretos que ocultar y, puede que hasta las personas más alegres y sin preocupaciones tengan algo que deben esconder de los demás, ¿no?

Genre
Other
Author
ARMVN
Status
Complete
Chapters
8
Rating
3.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo uno

La música resonaba en mis auriculares, hoy debía de ir a la presentación de primer año en mi nueva escuela secundaria: Academia Fukurodani; era de las mejores de la prefectura así que era un honor que me hubiesen aceptado allí. Llegué con tiempo y ya había demasiada gente en la escuela, algunos eran de cursos superiores intentando reclutar a los jóvenes de primero en un descuido, se me acercaron a preguntarme varias veces, pero decliné todas las ofertas, ese año no quería unirme a ningún club, lo único que conseguías era perder tiempo, decepcionarte y engaños, sobre todo engaños.


Fui a secretaría, allí me darían el uniforme que usaría, los horarios, las listas de clase y con suerte un mapa porque la escuela era tan grande que te perdías al minuto de haber comenzado a caminar, un verdadero problema. Toqué la puerta, y me atendió una mujer entre los 25 y los 30 años, seguramente era el primer año que daba clase, ya que se la veía un poco nerviosa.


-Entonces, ¿eres Akaashi Keiji? -me preguntó con una sonrisa.


-Así es -no sentía la necesidad de sonreírle de vuelta, así que ahí seguía, con mi cara neutral, algo que al parecer la puso aún más nerviosa.


-Me llamo Melanie, pero me puedes decir Mel, este año seré tu tutora, espero que nos llevemos bien y trabajemos duro este año -ensanchó su sonrisa mientras cerraba los ojos-. He leído en tu informe que te acabas de mudar aquí, ¿no?


-Sí, me mudé con mi madre el mes pasado.


-Y cuéntame Akaashi, ¿por qué decidisteis mudaros aquí? He oído que Kioto es muy bonito -dijo mientras ojeaba unos papeles que tenía encima de su mesa.


-Problemas -me miró con unos ojos dudosos-. Ahora, si me disculpa, debería de irme, ¿podría darme mi horario y mi uniforme? -corté.


-Ah, cierto, se me había olvidado que habías venido a por eso, a veces me pongo a hablar y se me pasa el tiempo volando... Bueno, cambiando de tema, aquí tienes -me entregó un papel con las horas y las asignaturas que daba cada día-, pero tu uniforme está en el gimnasio. Para llegar debes de salir por el patio y girar a la derecha, habrá una pequeña pendiente, bájala y ve al segundo gimnasio, sabrás cuál es ya que hay una placa encima de las puertas.


-Gracias, me retiro -hice una media reverencia y me marché.


Seguí las indicaciones de Melanie, perdiéndome por el camino y teniendo que preguntar a varios alumnos, la orientación no era lo suyo por lo que parecía. Bajé la pendiente y busqué cuál era el segundo gimnasio, pero en su puerta había un póster sobre el club de voleyball, me sentí nostálgico. Aparté la mirada y entré al gimnasio. Había pocas personas, y al parecer estaban entrenando, me sentí fuera de lugar. Un estruendo que provenía justo detrás de mí alarmó a todos y se quedaron mirando en mi dirección, algo que me incomodó un poco.


- ¡HEY HEY HEY! Perdón por llegar tarde, me había quedado dormido.


Intenté que no se notase mucho mi presencia, aunque claro, quedándome estático como un palo no lo conseguí. El chico que acababa de montar el escandaló se giró a mí y se me quedó mirando de forma un tanto peculiar.


- ¿Has venido a apuntarte al club de voleyball? He visto que estabas mirando el cartel de afuera.


-Ah, no, disculpa si ha parecido eso, he venido porque mi tutora me ha dicho que aquí me entregarían mi uniforme, aunque creo que está aún más perdida que yo en esta escuela -respondí.


-Bueno, pues aquí no entregamos uniformes, pero ya que estás aquí no te vamos a dejar ir sin que juegues un poco con nosotros. ¿Qué me decís chicos? -se dirigió al resto de personas que había allí, estos le respondieron que les daba igual, pero que cuantos más mejor-. Ya los has oído, ¿quieres jugar un rato con nosotros? Si lo haces te enseñaré a dónde debes de ir a recoger tu uniforme.


Parece que no tenía más remedio, cogí un par de rodilleras que había en el almacén y me las puse. Me acerqué al chico de cabello plateado con cara de búho que me había metido en esto.


- ¿Qué hago ahora? -le pregunté sin ganas.


- ¿Sabes jugar? Si no sabes te puedo ense-


-Sí sé, siguiente pregunta.


- ¿Qué posición quieres? Obviamente rematador no porque ya estoy yo aquí -se dio aires de grandeza, parecía que intentaba hacerme reír o algo por el estilo.


Al ver que no le reía ese intento de "gracia" se le bajó desmesuradamente el pelo hacia abajo, como cuando un perrito baja sus orejas cuando está triste.


-Me gustaría ser armador, si no hay ningún inconveniente con ello -esto hizo que el cabello del chico volviera a la normalidad, algo verdaderamente extraño.


- ¿Entonces colocarás para mí? -dijo con aires de crío, sonriendo.


-Si se requiere, lo haré. Última pregunta.


- ¿Cómo te llamas? -eso me descolocó un poco, no me la esperaba.


-Akaashi, Akaashi Keiji, ¿y tú?


-Bokuto Kotarou -me sonrió-, creo que debemos de empezar ya con el partido, Konoha no para de mirarnos raro, intimida.


Noa acercamos y comenzamos a calentar, poco tiempo después, empezamos con el partido, los rumores eran ciertos, este equipo era increíblemente bueno, hice varias jugadas con Bokuto, me dijo que las remató perfectamente y otros chicos me dijeron si ya había estado en un quipo antes, decidí no responder.


Estábamos a mitad de una jugada decisiva, íbamos 23-24, teníamos que anotar este último punto si no queríamos entrar al deuce. Sacaba un chico llamado Sarukui, hizo un saque un poco fuerte, pero Komi la recibió perfectamente. Debía de colocársela a alguien, la decisión estaba en mis manos, si perdíamos este punto sería por mi culpa, la ansiedad me estaba matando.


-AKASHEEEE -mi atención fue completa para Bokuto, y se la pasé, esperando a que rematara, algo que nunca ocurrió.


El balón cayó al suelo haciendo un ruido sordo, habíamos perdido ese punto, había sido todo por mi culpa. Me quedé atónito y sin habla viendo como el balón rebotaba en el suelo, estaba petrificado, volvió a ocurrir.


- ¿Akaashi? -levanté mi vista hacia Bokuto.


Esa expresión. Esa expresión de preocupación mezclada con tristeza. No podía soportarlo, cogí mis cosas y salí corriendo de allí. Me dolía el pecho, quería llorar y gritar, quería escapar de allí, quería que la tierra me tragara y que no me devolviera jamás. Me faltaba el aliento, tuve que pararme a dar unas bocanadas de aire, me dolía cada molécula de oxígeno que entraba en mis pulmones, era insoportable.


-Espera... -Bokuto había corrido hasta alcanzarme y ahora se encontraba con las manos en sus rodillas, intentando recuperar el aliento que le faltaba- Sí que corres rápido, ¿no te cansas? -dijo con fatiga.


- ¡¿PERO NO VES LO CANSADO QUE ESTOY?! -me exalté.


-Akaashi, vamos a sentarnos a tomar aire y un poco de agua y allí hablamos ¿sí?


Le seguí hasta un banco que había cerca y me ofreció una botella de agua, algo que acepté porque literalmente me estaba muriendo de haber corrido en este estado.


-Has jugado realmente bien Akaashi -empezó Bokuto- deberías de unirte al club.


-Bokuto-san, yo ya no juego.


- ¿Y por qué no? ¿Pasó algo malo en tu antiguo equipo?


-No quiero hablar realmente del tema.


-No pasa nada, fuera lo que fuese que te pasó, te aseguro que no va a pasar aquí, estamos para divertirnos haciendo lo que nos gusta y crear memorias juntos.


-Pero si yo fallo todos me odiarán, ya no me querrán en el equipo, será mi culpa si perdemos, no puedo con eso, no otra vez, lo siento.


-Bueno, si quieres pasarte a jugar ya sabes dónde encontrarme, y si quieres hablar también -me miró y me dedicó una pequeña sonrisa.


-Gracias, te lo agradezco en verdad.


-No es nada, todos pasamos por situaciones difíciles y no todos tienen a alguien allí; y por eso quiero que tú tengas a alguien, quiero verte feliz -miró al cielo y sus ojos tenían un especial brillo particular.


Miré al cielo también, ya estaba atardeciendo, ¿tanto tiempo había estado allí? No me había fijado. El cielo tenía mezclas de tonos rojizos y anaranjados y algún que otro pájaro dibujaba el cielo junto a las nubes que les quitaban el color. Se respiraba paz, sólo había silencio en aquel lugar. Revisé mi teléfono, tenía varias llamadas perdidas de mi madre, era normal, ya era bastante tarde.


-Bokuto-san -se giró hacia mí-, si no le importa debo de llamar a mi madre -señalé mi teléfono, dejando ver las miles de llamadas perdidas de mi madre.


-Por supuesto -me sonrió-, tómate el tiempo que necesites. Yo esperaré aquí.


Comencé a marcar el número de mi madre, no había dado ni un tono cuando una voz preocupada había cogido el teléfono.


- ¿Keiji? ¿Keiji estás bien? ¿Cómo es que todavía no vuelves? ¿Te ha pasado algo? ¿Quieres que vaya a por ti? -dijo la voz de mi madre, claramente exagerando.


-Tranquila mamá, estoy bien, voy a tardar un poco más de lo previsto, han pasado varios inconvenientes, pero voy a ir a casa después de recoger el uniforme, donde quiera que se recoja -dije lo ultimo en un pequeño susurro- ¿Quieres que compre algo de camino a casa?


-Ah cariño no hace falta, ve a por el uniforme y vuelve a casa, ten cuidado. Te quiero -seguido de esto cortó la llamada, sin darme tiempo a decir "y yo".


- ¿Qué te ha dicho? -me preguntó Bokuto.


-Que vaya a por el uniforme y vuelva a casa.


-Entonces vamos a por tu uniforme y te acompaño a casa.


- ¿Qué? Nono, ya has hecho suficiente por mí hoy, no te voy a pedir tal cosa.


-No me la pidas, voy a ir porque quiero acompañarte y no quiero que te ocurra algo por el camino. Además, podemos hablar mientras vamos hacia tu casa.


Desistí, no podía hacer nada contra esos ojitos y esa preocupación que tenía sobre mí. Bokuto me enseñó el camino hacia donde se entregaban los uniformes. Como era tarde ya estaban cerrando la instalación, pero al parecer todo el mundo conocía y adoraba a Bokuto, así que hicieron una excepción conmigo y me entregaron el uniforme.


Caminamos de regreso a casa, alguna que otra charla sin sentido y unos cuantos chistes sobre búhos nos acompañaban por el camino. Era divertido, sentía que allí podría ser feliz, empezar de nuevo, dejar todo lo que pasó atrás. Sentía que podía lograr todo eso aquí.


Llegamos a mi casa, el trayecto fue demasiado corto para mi gusto. Debía despedirme de Bokuto y entrar en casa.


-Bueno, ha estado bien -comencé-, espero que nos veamos en otra ocasión Bokuto-san.


-Lo mismo digo Akaashi, no te olvides de pasar a visitarme de vez en cuando, si no lo haces me pondré triste -iba a continuar hasta que la conversación fue cortada abruptamente por una puerta abriéndose. Mi madre.


Nos miró confundida, después sonrió.


-Hola, soy la madre de Keiji, mucho gusto.


-Me llamo Bokuto Kotarou, encantado de conocerla.


- ¿Eres amigo de Akaashi? -ya empezamos- Si quieres puedes quedarte a cenar, he hecho comida de más, la costumbre.


Antes de que Bokuto hablase le corté.


-Mamá, Bokuto-san tiene que irse a casa ya, me ha acompañado porque le preocupaba que me pasase algo. Además de que su familia estará esperándole también para cenar.


-No se preocupe, en otra ocasión será, Akaashi tiene razón -contestó Bokuto.


-Ay, entonces no pasa nada, ven cuando quieras, siempre serás bienvenido.


Bokuto se dispuso a irse, pero antes me dio un papelito y salió corriendo. Segundos después se paró en una esquina y se giró. "Llámame" me gritó. Abrí el papelito y había un número de teléfono con un búho mal hecho a toda prisa en una esquina, y debajo del teléfono el nombre de Bokuto junto a un pequeño corazón y una carita sonriente.



Entré a casa, seguramente me esperaba un "pequeño" interrogatorio de mi madre. La verdad no tenía muchas ganas de contestar a nada, sólo quería tumbarme y dormir un rato, estaba agotado. Fui a mi habitación y me tumbé un momento, quería mantener la mente despejada. Cogí el papelito que me dio Bokuto y sonreí al verlo, en verdad parecía un crío de 5 años atrapado en el cuerpo de un chaval de 16.


Mi madre me llamó para cenar, me cambié y bajé. Me senté en la pequeña mesa de madera del comedor, esperando a que mi madre se sentara conmigo.


- ¿Ese chico era tu amigo?


-Algo así... La verdad no lo sé, supongo que sí, no sé -dije sin interés.


- ¿Y cómo lo has conocido?


-Es... Es el capitán del equipo de voleyball -al terminar la frase noté cómo mi madre se tensó.


-Eso es interesante, sí, muy interesante -intentó disimular que se sentía un poco incómoda, cosa que claramente noté, mi madre era horrible para fingir- ¿Y qué le has dicho? Es decir, ¿has jugado o algo? ¿Vas a intentar entrar de nuevo a un equipo?


-Mamá, yo ya no juego. He tenido que jugar un set hoy porque me había equivocado de gimnasio y Bokuto-san me había visto ojear el poster sobre el club.


- ¿Y qué tal? ¿Cómo te has sentido? ¿Ha ido todo bien?


-La verdad no, al principio me estaba divirtiendo, pero al final del set nos quedaba un punto para ganar y fallé. Me sentí horrible mamá, ¿por qué no puedo hacer las cosas bien? ¿Por qué no puedo ser como antes? -las lágrimas de frustración empezaban a recorrer mis mejillas, poco a poco.


-Ay Keiji, ven aquí cariño -extendió sus brazos hacia mí.


Estuve llorando un rato en los brazos de mi madre, la ansiedad y la culpa me carcomían por dentro, pero más que eso me dolía el saber que no volvería a ser igual que antes, que nada volvería a ser igual, que no podría cambiar, que me quedaría como un muerto en vida sin saber qué hacer. Me dolía, y no lo podía soportar.


Después de esto, me fui a la cama con el pretexto de que estaba cansado. No sabía en verdad que hacer, estaba cansado y no tenía ganas de hacer nada. Una idea surgió en mi cabeza. Cogí rápidamente mi teléfono y agregué a Bokuto a mis contactos. Sin que me diese cuenta ya le había mandado un mensaje.


Bokuto-san <3


-Hola Bokuto-san, soy Akaashi, me preguntaba si querrías hablar un rato conmigo.


La respuesta no tardó mucho en llegar.


-HEY HEY HEY AKAASHI! Me alegro de que me escribas :)


-Por supuesto que quiero hablar contigo, sería un placer ^^


-La verdad es que no sé de qué quiero hablar, ¿así que tienes alguna cosa para contarme?


-Mmm, bueno, si lo ponemos así, creo que sí tengo algo.


-El año pasado, estaba con un amigo mío que se llama Kuroo, él va al Nekoma y en un campamento de entrenamiento que teníamos con otros equipos cerramos las instalaciones con la gente dentro y encendimos unos focos de luces de colores y pusimos música realmente alta. Después cogimos un micrófono y nos pusimos a cantar Kuroo y yo mientras hacíamos unos bailes muy raros, nuestros compañeros se pensaban que nos habían puesto algo en el agua de lo raro que nos movíamos JAJDAHDHAJKAKDJFSFH.


La verdad había soltado una pequeña risa, a pesar de la estupidez que me estaba contando Bokuto, ya lo estaba imaginando con esa cara que pone mientras que baila. Pobres de los que estuvieron allí, seguro quedaron traumados.


-JASDJHSJSHJSHD


-Mi más sentido pésame por los ojos que vieron eso.


- ._.


-Qué fuerte me parece.


-/pose dramática/


Seguimos hablando hasta que se hizo tarde. Quedamos en ir mañana a los recreativos después del entrenamiento de Bokuto, por el cual a lo mejor me pasaba para echar un vistazo. Por supuesto no para corregir a los puertos que vayan pensando que es fácil ya que en el equipo está uno de los mejores 5 rematadores de Japón en sub17. Por supuesto que tampoco era para ver a Bokuto rematar mientras que gritaba un rato, desde luego que no.