I Want To Know If I Can Be Yours

Summary

Solo quiero ser tuyo. Y se que tú también quieres ser mío.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Quiero saber si puedo ser tuyo

La luna ilumina mi rostro, las marcas que recorren mi piel nívea me recuerdan lo que soy. El reflejo en el agua, me hace pensar sobre mis sentimientos y lo que estos gritan cuando pienso en ti.


Lo que suplican ser expuestos ante ti.


Suelto un suspiro, el aire se me escapa como todas las veces en que cruzas por mi cabeza.


Y es que, después de todo, ¿cómo podría yo llamar tu atención?


Quiero que me mires, me sientas, me admires.


Quiero que solo te concentres en mi, querida luz en mi oscuridad.


Quiero ser tu camino, para que me sigas cuando seas feliz.


Quiero ser aquello que más amas, para que dejes de ignorarme.


Quiero ser tu objetivo, para que sepas la dirección en la que debes blandir tu katana.


Quiero ser todo para ti.


Tomo posición, enderezando mi postura al sentir tu presencia. Miro de reojo, detrás de mí, ahí estas.


Sujetas tu katana en lo alto, mirándome con cierto desdén. ¿Acaso no estas feliz de que te deje vivir después de aquella maravillosa y placentera batalla? De solo recordar la noche en que nos conocimos, mis sentidos se alteran.


- Kyojuro.


- Demonio.


Sonrió de lado, girando mi cuerpo en tu dirección. Te tensas.


- Puedes llamarme por mi nombre, Kyojuro.


Frunces tus cejas.


- Anda, querido Kyojuro, decir mi nombre no te hará ningún daño.


- No me interesa, sigues siendo un demonio para mi y así serás tratado.


Agudizó mi mirada, dando tres pasos en tu dirección, te pones en posición. Sonrió complacido.


- Oh, Kyojuro - murmuró - ¿Realmente crees que puedes ganarme con tu condición actual?


En menos de un segundo, ya me encuentro frente a ti, te tomo desprevenido y flaqueas por un momento. Elevas tu espada, brillante en todos los sentidos, dirigiendo esta misma a mi cuello.


Dejo que me la claves.


Acercó mi rostro al tuyo, pareces sorprendido. Tomo con mi mano derecha tu rostro, apretando las mejillas con ligera fuerza. Te sacudes intentando alejarte.


- ¿Asustado, Kyojuro?


- Ni un poco.


- Entonces, ¿por qué estás temblando bajo mi agarre?


Haces presión contra mi cuello, pero veo en tus dorados ojos un sentimiento, uno que no había visto hace mucho tiempo. Uno que nunca se me fue dado ni cuando fui humano.


Misericordia.


- Me das asco - suelto sin pensar.


- Lo mismo digo - sueltas con pesar.


Sueltas el mango de tu katana, diriges tus manos a la mía, en un intento vago de liberarte de mi agarre. Te miro con seriedad.


Tu tacto es muy cálido.


Quisiera tenerlo para mi por la eternidad.


- ¡¿Qué haces...?!


Te tengo contra el suelo, tu katana lanzada lejos de nosotros, te sujeto las manos sobre la cabeza. Pareces sorprendido, más no asustado.


- ¿Qué mierda haces, demonio?


- Nunca te había escuchado insultar a alguien.


Interesante.


- Siéntete orgulloso de ser el primero, idiota.


- Me halagas, querido Kyojuro. Y además, tu adorable sarcasmo no funciona conmigo.


- Cierra la puta boca.


- Que tigre me saliste, Kyojuro.


Me acerco más a tu rostro, me mantienes la mirada en todo momento, qué interesante eres.


Abro con mis rodillas tus piernas, posicionandome entre ellas. Eso parece hacerte reaccionar, pues intentas cerrarlas y ejerces fuerza en tus brazos.


Que tierno.


- Oe.


- Quitame las manos de encima, imbécil.


Elevó una ceja, burlándome en tu cara con mi expresión. Eso parece molestarte aun más. Me acerco más a tu rostro, nuestras narices rozando un poco.


- Kyojuro...


Un golpe me sorprende, liberando tus manos por un momento, antes de tomarlas nuevamente. Esta vez aprieto más. Sueltas un quejido de dolor.


Un cabezazo.


- Vete al infierno.


- Iremos juntos, querido.


Esta vez te atreves a más, me escupes en la cara. Eso hace que una vena resalte en mi cuello. Aprieto más tus manos, lo que te provoca un espasmo y quejidos adoloridos.


- ¡Suéltame ya!


Te sacudes en mis brazos, eso me llena de júbilo, estas tan indefenso y a mi merced. Me da mucho gusto ser el único causante de aquello.


Batallas un poco más antes de perder las últimas fuerzas que te quedan, aflojó un poco mi agarre, acercando nuestros rostros una vez más.


- Eres encantador.


- No puedo decir lo mismo de ti.


Acercó mi rostro a tu cuello, te siento temblar bajo mi agarre, inclinas tu rostro en mi dirección. Te ignoro. Sigo mi recorrido, observando, analizando, anhelando.


Respiro con profundidad al llegar a tus clavículas, te estremeces. Eso me gusta. Adoro tener el control de la situación. Adoro tener control sobre ti.


Jadeas cuando paso mi lengua por toda la extensión de tu cuello, te siento apretar tus manos y tensar la piernas a mis costados. Te miro con intensidad, tus ojos vuelven a lo míos, pareces confundido.


- ¿Qué...?


Un pequeño beso en tu manzana de Adán.


- Ah...


Un suave roce de labios en tu mejilla.


- Espera...


Un pequeño mordisco en tu clavícula.


- Akaza.


Me detengo, aflojando mi agarre por completo. Ahora mantengo tus manos a los costados de tu cabeza, me acerco más a tu rostro. Ambos nos miramos.


- ¿Si, Kyojuro?


- Quiero que te detengas.


- ¿Ahora?


Tus labios tiemblan mientras más me acerco a ti, pareces dudar de tus palabras, me pregunto el por qué. Tu cuerpo cede ante mis caricias, dejándose guiar por cada pequeño toque qué llega a acariciar tu piel.


- Responde, ¿quieres que me detenga?


- Yo...


Doy una mordida algo profunda en la unión de tu cuello y hombro, aprietas las manos y pataleas, intentando acertar algún golpe en mi cuerpo. Te sostengo con más fuerza, sometiendo tu cuerpo para mi.


Me separó, lamiendo tu herida antes que mis labios te besen la piel, sabes muy bien. Sabes demasiado bien. Sueltas un gran suspiro, casi quedándote sin aire, pareces aguantar muy bien.


Me pregunto, ¿qué tanto puedes aguantar?


- Quítate de encima.


- ¿No te gustó? A mi sí, quizás de esa forma la gente sepa a quien le perteneces.


Me miras con notable molestia.


- No soy un objeto para pertenecerle a alguien, mucho menos a ti.


Elevó mi sonrisa.


- Querido Kyojuro, tú ya me perteneces.


Recorro tu cuerpo con mi mirada, eso parece incomodarte, pues te remueves bajo mi ser. Eres extrañamente tentador. ¿Debería probar más de ti para marcar mi punto?


- Mírame.


Desvías tu mirada a otro punto, eso me molesta.


- Mírame.


Repito una vez más, antes de sujetar tu rostro con fuerza y girarlo en mi dirección. Tu espíritu vacila ante la intensidad de mi presencia.


- Me perteneces Kyojuro, nunca lo olvides.


- Púdrete.


Acercó nuestros rostros, tu respiración errática choca contra mi mejilla, puedo sentir tu tensión y dudas al estar tan cerca. Puedo sentir como te das por vencido, sonrió.


- Bésame...


Una petición extraña, más bastante deseada.


Nuestras bocas se mueven despacio, tus labios son dulces y suaves, me vuelven loco. Todo de ti me vuelve loco, adicto a ti.


Soy completamente adicto a ti.


A tu cuerpo, a tu espíritu, a tu presencia.


Todo de ti me tiene en una especie de dominación en la cual solo tu eres capaz de detenerme.


- Akaza...


Solo tú eres capaz de hacer que mi corazón lata con intensidad, que mi mente se nuble y que todo mi cuerpo grite por tenerte para mi por siempre.


Me haces desear ser tuyo.


- Kyojuro.


Apartas la mirada, tus mejillas rojas y una pequeña lágrima cayendo por tu mejilla. La seco con delicadeza, tiemblas bajo mi tacto sutil.


- Apártate.


La desesperación en tu voz me hace sentir curiosidad, quizás, y solo quizás, algo dentro de ti siente culpa por tu extraña petición que se ha cumplido. ¿Por qué?


- Akaza, apártate.


Esta vez me miras, pareces cohibido por algo, como si alguna especie de juramento hubiera sido manchado y destruido por este simple, pequeño acto, de besarnos.


Eres interesante.


Me alejo un poco, dejando tus manos finalmente libres, te miro con intriga, inclinando el rostro.


- ¿No te gustó el beso?


No respondes, solo te enderezas un poco, ambos terminamos viéndonos de frente. Me analizas con la mirada, eso me provoca un escalofrío, tu mirada llena de seriedad acaba de dominarme con facilidad.


- ¿No te gustó?


- No.


Esa respuesta viene de inmediato.


Enderezó mi postura, me pongo igual de serio, no lo entiendo.


Parecías disfrutarlo, lo sentí, relajaste tu cuerpo y bajaste por completo la guardia. De haber sido cualquier otro, te habría matado de un solo golpe al tenerte a mi merced, al tenerte en mi control.


- No mientas.


- No lo hago.


- Si, lo haces. Dime, ¿te gustó?


Tu mirada vacila, miras por un segundo mis labios antes de regresar la mirada a mis ojos. Sonrió de lado.


Paso mis manos por tu cuello, abriendo mis piernas y acomodando mi cuerpo sobre tu regazo. Acarició tu cabello con suavidad, mirando cada pequeña parte de ti, cada detalle que pueda guardar en mi memoria.


- Dime, se honesto conmigo, Kyojuro.


Me sujetas de los hombros, más no me apartas.


No te entiendo, esta faceta de ti me llena de dudas e intriga, quiero conocer cada parte de ti para pertenecerte un poco más. Para intentar, de alguna forma, ser tuyo sin necesidad de que me poseas.


- Si me gustó, pero es incorrecto.


- ¿Por qué es incorrecto si te gustó y a mi también?


- Porque somos diferentes.


- ¿Es malo ser diferentes?


- Si.


- ¿Por qué?


Enmudeces. Apartas la mirada, y lo veo, hay algo que no quieres decirme.


- ¿Por qué, Kyojuro?


Aprietas tus manos en mis hombros.


- Dime, Kyojuro... - susurro cerca de tus labios - ¿Por qué es malo que seamos diferentes?


Suspiras contra mis labios, eso me hace temblar de ansias por besarte otra vez.


- Porque no podemos estar juntos. Porque en cualquier momento, tú y yo, seremos dejados en el olvido. Porque sin importar cuanto quiera ocultarlo, tu siempre estás rondando en mi cabeza y eso me confunde.


Acortó la distancia, besando con cariño tu boca, alejándome y volviendo en pequeños besos que son correspondidos por ti con cierta vacilación.


No quiero que vaciles, no cuando se trata de mi. Quiero que estés seguro conmigo. Quiero que te sientas tranquilo a mi alrededor. Quiero que me elijas por sobre todas las cosas. Quiero que me hagas tuyo.


- Dime, cuéntame todo lo que sientes. Voy a escucharte.


Tus manos descienden a mi cintura, la cual atrapan con facilidad, yo afianzo mi agarre en tu cuello. No quiero alejarme de ti, quiero estar siempre contigo. Quiero pertenecerte, en cuerpo y alma, solo si se trata de ti. Solo si es contigo.


- Me aterra la idea de involucrarme contigo y que fracasé. De que en lo profundo de mi ser, sé que nada bueno saldrá de una relación contigo.


Apoyo mi cabeza en tu hombro, sigo acariciando tu cabello, tu suspiras antes de decir:


- Quiero saber si este sentimiento es correspondido.


Abro mis ojos con sorpresa, ¿qué sentimiento?


- Esa vez, yo esperaba que te quedaras, no para morir bajo el sol, sino para saber si te preocupabas un poco por mí. Si habías sentido esa pequeña conexión.


Alzó mi cabeza, mirando tus ojos, llenos de sentimientos extraños e irresistibles, que hacen mi corazón latir con frenesí.


Y en cualquier caso, ambos sabemos que las noches fueron hechas principalmente para decir las cosas que no podemos decir en la mañana.


- Continúa.


- Hace un tiempo, me he estado preguntando si tu corazón sigue abierto a aquellos sentimientos...


Tus manos suben suavemente por la curvatura de mi cadera, me hace soltar un pequeño suspiro. Se detienen en mis hombros, donde hacen una leve presión, suelto otro suspiro.


- A aquel sentir humano que yo anhelo con desesperación.


Mis cejas se fruncen un poco en tu dirección, ¿sentir humano? ¿Qué quieres decir con eso? Tú sueltas una leve risa, supongo que tengo una expresión graciosa para ti.


- Tranquilízate y deja de fruncir el ceño, Akaza.


Suelto un bufido, tirando suavemente de uno de tus mechones de cabello. Sueltas un quejido, seguido de un golpe en mi hombro. Ahora yo suelta una risa.


- Así que, ¿tienes las agallas de golpearme pero no ser honesto conmigo a menos que te presione a serlo?


Te sonrojas levemente.


- Cállate, es difícil para mi expresarme.


- Hace rato no era tan difícil, ¿no lo crees?


Te robo un beso, haciendo referencia a la nada discreta petición que me diste. Sueltas una especie de queja, sonrió entre ello.


- Continua, Kyojuro, quiero saber todo lo que piensas, lo que sientes, lo que anhelas.


Mi cuerpo se mantiene sobre el tuyo, mis manos se quedan alrededor de tu cuello, espero paciente a que sueltes todo lo que sientes, espero a ver hasta donde podemos llegar si decides darme la confianza que yo también te estoy dando.


Pareces divagar en pensamientos incontrolables y extraños, tu expresión cambia de vez en cuando, yo sigo esperando. Pareces tener sentimientos que no quieres admitir. Deseos que te avergüenzan. Peticiones que piensas no voy a cumplir.


Kyojuro, si tan solo supieras...


- Mírame. Escúchame.


Alzas la mirada en mi dirección, en algún punto la bajaste y no me di cuenta. Intento sonreír antes de decir:


- Podría calcinarme a mi mismo, caminar bajo el brillante sol, arder en las llamas del mismo infierno, solo para que...


Dejo la frase al aire, porque no estoy seguro de utilizar aquella palabra, pero al ver el brillo de interés en tu mirada fuego, se que debo hacerlo.


- Solo para que me ames como yo lo hago. Para que tu corazón palpite al pensarme, al oírme, al verme, al sentirme.


Me inclino contra tu cuello, hundiéndome y respirando con profundidad aquel delicioso aroma qué te rodea. Tan dulce, tan fuerte, tan maravilloso.


Amo cada parte de ti, tan efímera que tengo miedo de que desaparezcas bajo mi más pequeño y sutil toque.


- Daría, renunciaría y me esforzaría más de lo que pudiera solo por ti.  Solo para que me ames como yo lo hago. Solo para que tu corazón palpite como desquiciado al igual que el mío al verte.


Tomo la mano que esta sobre uno de mis muslos, la llevo con cierta timidez hacia mi pecho, donde mi corazón esta latiendo tan rápido que siento se saldrá de mi pecho en cualquier momento. Tu cara sorprendida, seguida de un fuerte rojo en tus mejillas son la única respuesta que necesito.


El silencio reina entre nosotros, yo mantengo tu mano sobre mi pecho, esperando que entiendas lo complicado que fue para mi soltar esas palabras con la seguridad que lo hice.


Sueltas un suspiro, me miras con intensidad, las llamas de tu espíritu arden de una forma que no había visto nunca. Mi cuerpo tiembla, algo inesperado pasará, estoy ansioso, deseoso.


Hazlo.


Hazlo Kyojuro.


Estoy preparado para lo que sea.


Hazme tuyo por favor, solo quiero que lo hagas.


- Quisiera renunciar a este amor, pero provocaría daño. A ti, a mi, a nosotros - tu voz grave, ronca, hace que me den escalofríos.


Lo que haz dicho me confunde, no entiendo si quieres hacer eso o si quieres evitar hacerlo. Mis ojos se entre cierran cuando te acercas a mi rostro, tu mirada cargada de seriedad pero con ese brillo que no logro identificar me parece de lo más atractiva.


- Mírame. Escúchame.


Las mismas palabras usadas por mi, mi sonrisa tranquila parece estar a punto de desvanecerse, cuando una vez más logras sorprenderme con algo tan simple como un diálogo.


- Podría renunciar a mi puesto por ti, podría traicionar mi legado y espíritu para seguirte. Podría dejar atrás a mi familia para protegerte, podría soportar ese dolor si te tengo a mi lado al final del día.


Suelto un pequeño jadeo de sorpresa, ¿realmente harías eso? ¿Lo harías por mi? ¿Por un demonio que no tiene un ápice de misericordia y podría destruirte en menos de un segundo? ¿Lo harías?


Te veo suspirar, tu mano derecha recorre de mi pecho hacia mi cuello, donde acaricias antes de hacer un poco de presión, me sorprende ese tacto tan atrevido. Te miro con ojos brillosos, quizás ahora comprendo de que es aquel brillo que tu también posees en tu mirada.


- Podría darte cada efímera parte de mi, podría otorgarte mi humanidad, lo que me hace tan especial, lo que seguramente también amas. Podría entregarte mi corazón para que te alimentes de sus latidos, qué son solo por y para ti.


Aquella última frase me revuelto el estómago, me hace soltar un jadeo bastante audible, la presión en mi cuello incrementa y ahora, tu mano izquierda, se mueve de mi muslo hacia mi cintura, donde la aprietas antes de empezar a moverla contra ti.


Mi cuerpo se menea sobre el tuyo.


No se como sentirme al respecto, esto es tan nuevo, tan único, tan especial. No quiero que termine nunca. No quiero que te separes de mi lado, no quiero que me dejes. Quiero que te quedes.


- Podría dejarme devorar por tu besos, dejarme caer en la tentación de sentir tus caricias. Podría permitirte el tomar mi cuerpo, mi piel con tus marcas serían mi orgullo, podría dejar que me trataras a tu antojo.


Te acercas de manera peligrosa a mi rostro, suelto un suspiro contra tus labios, sonríes. Pero no es aquella sonrisa de la que me enamore, es diferente, algo me alerta. Tus manos hacen más presión, suelto otro jadeo contra tu mejilla, te inclinas sobre mi.


Llegas a mi cuello, donde das un beso, luego dos, luego tres... Pierdo la cuenta, estas maltratando mi cuerpo a tu antojo, me derrito en tu tacto que hace hervir mi piel, me hace temblar ante estas nuevas sensaciones.


- Los secretos qué guardo en mi corazón.


Tu voz me mantiene atento aunque sigo temblando sobre ti.


- Son más difíciles de ocultar de lo que pensé.


Continua, continua, quiero saberlo todo.


- Quizás... - murmuras, abro mis ojos con expectativa - Quizás...


Quizás solo quiero ser tuyo.


Antes de que continúes, te beso.


Por que lo sé, yo sé lo que quieres.


Porque yo también lo quiero.


- Quiero ser tuyo, Kyojuro.


Logro decir después de un momento, alejando mi rostro para mirar directamente a tu ojos, los cuales se muestran sorprendidos. Ambos abiertos de par en par, me recuerdas a un búho. Suelto una pequeña risa por esa imagen.


- No te sorprendas tanto, es algo un poco obvio de mi parte. Y lo lamento... - murmuró lo último con un deje de culpa - No quise interrumpir, es solo que estoy constantemente a punto de intentar besarte y tu no dejabas de decir todas esas cosas mientras me mirabas de esa forma.


Aprietas mi cintura, lo que me hace saltar de la impresión. Tus ojos cargados de sentimientos me miran fijamente, vuelvo a temblar sobre ti, mi cuerpo parece haberse calentado varios grados sobre lo normal.


- ¿Qué forma?


- Como si quisieras devorarme.


Me besas enseguida, suelto un jadeo entre el beso, aprietas mi cuello y cintura, me haces menear sobre ti. Es desordenado, intenso, sin delicadeza, como si estuvieras desesperado de callar mi boca con la tuya. Me desespero, quiero más, necesito más.


- Quizás yo también quiero ser tuyo, Akaza.


Al fin lo dices, con seguridad, con gran pasión. Me besas de nuevo, me dejo hacer de ti, porque por mucho que no quiera admitirlo siempre he querido que las cosas terminarán así para los dos.


Porque estoy seguro, muy seguro de esto, que yo estoy demasiado ocupado siendo tuyo como para enamorarme de alguien más. Como para entregar mi corazón a otra persona que no seas tu.


Mis pupilas se dilatan ante un pensamiento repentino que cruza por mi mente. Podríamos estar juntos, si tu lo quisieras. Te dejaré a ti la elección de nuestro destino, te dejaré a ti toda la responsabilidad de mis sentimientos, así como de lo que hagas con mi cuerpo.


- Linda vista - sonríes de lado al separarte de mi.


Seguramente soy un desastre y el reflejo que veo en tus ojos me lo confirman. Mi cabello está desarreglado, el chaleco que uso a terminado en el suelo, mis pupilas se encuentran totalmente dilatadas y mis mejillas están muy rojas. La piel nívea a quedado casi en el olvido.


Me abrazo a tu cuello, dejando leves besos sobre tus labios, pequeños y fugaces, no quiero qué termine. Quiero que continúe hasta que uno de los dos termine totalmente exhausto.


Ahora es mi turno de hacer una petición, me acomodo sobre tu regazo, balanceando mi cadera sobre la tuya, mis ojos trasmiten todo lo que deseo que me hagas. Y se que lo entiendes cuando tus manos se aferran a mi cintura para ayudarme en aquel movimiento tan sensual y nuevo para ambos.


- Se mío.


Una sonrisa sincera se muestra.


- Siempre lo he sido.


Porque, tal vez, después de tantos roces y palabras cargadas de deseo, ambos solo quieren pertenecerse, en cuerpo y alma, por toda la eternidad. Pertenecerse hasta que uno de los dos de su último aliento de vida.


.


.


.


FIN


.


.


.


.


.


Este relato ha sido un poco más corto de lo que me gustaría, pero la verdad no sabía como plasmar tantas ideas, así que tuve que descartar algunas. Además estaba probando otro formato de escritura, así que espero les guste.


En ciertas partes, utilizo la cursiva, si se fijan bien solo en esos diálogos o palabras resaltadas con dicha letra, encontrarán que ambos no se conformaron con simples besos juju👀




Miss_Sol29