Alone again naturally (Sanlu)
(Pedido hecho por fujoshi-neko24)
Al fin había llegado el gran día de su boda. Por fin se casaría con su querida Nami-san, la mujer más hermosa que jamás había visto ante sus pecadores ojos.
Ya estaba en el altar, con su elegante traje negro, camisa blanca, corbata azul marino y pañuelo blanco nieve, a la espera de ver aparecer a la que sería su esposa por la puerta. Pero ya habían pasado cinco minutos y nadie llegaba. Sabía que a veces las novias tardaban un poco para darle emoción a la boda, pero cuando pasaron los siguientes cinco minutos, un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda. Los comentarios por parte de su "familia" no se hicieron esperar, junto por parte de la familia de la pelinaranja. Cuando otros cinco minutos pasaron, la hermana de Nami, que la estaba ayudando a prepararse, entró por la puerta con mirada baja y aflijida sin querer ver a nadie en concreto.
-Nami se ha... Nami se ha ido -confesó al final con tono triste, provocando que los susurros comenzaran a formarse y a subir de tono.
Miradas indiscretas que querían pasar por lo contrario eran dirigidas hacia el rubio que estaba en el altar con la mirada apagada, sin ver a nada en realidad, todavía asimilando la noticia.
Sin salir todavía de ese estado moribundo, se alejó del lugar bajo la atenta mirada de todos, algunos mirándolo con lástima, sus "hermanos" con diversión, aunque su hermana con pesar. La familia de la que iba a ser su esposa lo miraba con culpa.
--Sanji... --pensó Reiju al ver como su hermano se iba a paso muerto hacia la ciudad, con el atardecer que él mismo había planeado cayendo a espalda de todos ellos.
Caminó sin ningún rumbo, pensando que su boda con Nami iba a ser lo único bueno después de todo lo ocurrido con "su familia". La muerte de su madre fue un golpe muy duro para él, y pensaba que nunca encontraría nada bueno, más después de que el que se hacía llamar su padre lo obligara a entrenar hasta el desgaste por ser más débil que sus hermanos y hermana. Todo fue de mal en peor conforme crecía. Lo llegaron a encerrar por querer ser cocinero, mintiendo sobre su muerte. Pero sus hermanos lo encontraron y lo golpearon hasta el cansancio, no sabía como no había muerto en ese entonces.
Caminó a lo largo de la ciudad, no dándose cuenta de que había anochecido hacía ya un rato y se había adentrado ya en la ciudad sin ni siquiera pararse un momento. Elevó la mirada y se encontró en el puente principal de la ciudad. Se asomó al borde y vio la corriente del río pasando rápida y constante a una altura bastante lejana.
--¿Y si todo esto acabara? --se preguntó a sí mismo, viendo la corriente pasar sin ninguna expresión.
De un salto ágil, se subió al borde del puente y se quedó un rato mirando el agua correr, como si estuviera hipnotizado. Fue a dar un paso cuando escuchó unos pasos apresurados acercarse.
--¡Espera! ¡No lo hagas! --gritó alguien a su espalda.
Detuvo su andar, volviendo el pie a su sitio, y giró levemente la cabeza, encontrando la espantada mirada oscura de un joven pelinegro con un sombrero de paja en su cuello que lo miraba aterrado desde abajo del borde.
Un trueno se escuchó en la lejanía, anunciando una inminente lluvia.
--¿Qué debería importarte lo que me ocurra? --soltó como si nada, sin emoción alguna en su voz.
--Sé que no te conozco, pero esta nunca es la solución --intentó hacerlo entrar en razón. --Por favor, baja, hablaré contigo, si hace falta no me separaré de tu lado nunca, pero no lo hagas --rogó el desconocido al rubio, que lo miró sin creerse lo que estaba diciendo.
--¿Por qué iba a importarte tanto un desconocido? --inquirió con desconfianza.
--Porque no pienso volver a perder a nadie ante mis ojos, aunque sea un desconocido --sentenció con seguridad, la cual se transmitía a través de sus ojos tan oscuros como la noche.
Sanji vio esto completamente impresionado. La lluvia se hizo presente, comenzando a mojar su ropa de manera lenta pero constante mientras ellos seguían en un silencio que era roto únicamente por el agua que caía junto por algún relámpago que iluminaba el cielo de amarillo.
El de sombrero de paja extendió una mano tembloroso por si el contrario se negava a cojerla y al contrario, terminaba por lanzarse al vacío. Pero, contrario a sus pensamientos, el rubio agarró su mano con seguridad, temiendo a que fuera alguna clase de ilusión que desaparecería y quisiera confirmar que estaba allí. Bajó con cuidado del puente, viendo que era bastante más alto que el contrario, pero y cuando estuvo abajo, no soltó la mano del chico, que ahora le transmitía una sonrisa tan brillante como el mismísimo sol, a pesar de ser de noche y estar lloviendo. Se quedó tan embobado viendo esa amplia sonrisa, que no notó cuando el menor de altura comenzó a caminar mientras tiraba suavemente de él. No le dio ninguna importancia, intentando recordar cada facción del rostro ajeno: pelo negro y corto, unos grandes y profundos ojos oscuros, donde debajo del izquierdo llevaba una cicatriz de dos puntos, piel ligeramente morena, nariz pequeña y chata, y lo que más llamaba la atención, una amplia y blanca sonrisa, sin ninguna imperfección en ella. Estuvo tanto tiempo pensando en memorizar las facciones de su salvador que no se dio cuenta cuando llegaron a un edificio hasta que la lluvia dejó de caer sobre sus cabezas. Entraron al ascensor y el pelinegro pulsó uno de los botones. Vio como las puertas se cerraban antes de sentir la mano que estaba junto a la suya alejarse. Dirigió la mirada a su acompañante y vio como se había retirado su sombrero y ahora estaba sacudiendo su cabello para intentar secarlo. Hizo lo mismo con la parte del flequillo que le tapaba el ojo, escurriéndolo un poco, antes de ver las puertas abrirse. El chico a su lado comenzó a caminar, por lo que lo siguió sin pensarlo. Llegaron a una de las puertas, donde el menor abrió con sus llaves y entró, siendo seguido de cerca por Sanji. Este vio la casa con curiosidad, viendo la simpleza de esta.
--Será mejor que te quites la ropa mojada para que no cojas un resfriado --sugirió con tranquilidad, quitándose su chaqueta y colgándola en el perchero a un lado de la puerta. --Aún me queda ropa de mi hermano mayor, te sacaré algo, el baño es aquella puerta de allí --señaló la puerta de enfrente que estaba un poco más a la derecha.
Sin más, el rubio no tardó en dirigirse al lugar mencionado, deseoso por quitarse la ropa mojada de encima.
El menor le dejó unos pantalones largos negros y una camiseta manga corta de color naranja que eran de más o menos su talla, lo cual agradeció. Salió del baño con una toalla en el cuello y no reaccionó cuando por su lado pasó alguien corriendo y cerrando la puerta a su espalda. Dedujo que era el dueño de la casa, por lo que no le dio importancia y continuó con su paso, sentándose en el sillón y secando su cabello. El sonido de la ducha no tardó en hacerse presente.
--Debería hacer algo para agradecerle --pensó una vez sintió que su pelo ya no goteaba tanto.
Se levantó de su lugar y se dirigió a la cocina americana que había en el lugar, yendo directo a la nevera y abriendo, encontrando un montón de carne y poco más. Suspiró y siguió mirando por el lugar, viendo que, aunque era poco, tenía suficiente para preparar algo decente. Comenzó a cocinar mientras su anfitrión se estaba duchando.
Para cuando el menor salió, ambos platos de comida ya estaban servidos en la isla de la cocina. El olor llegó a la nariz del pelinegro, el cual comenzó a babear como loco y fue corriendo a ver de donde provenía.
--Que bien huele --dijo mientras babeaba al ver la comida. --¿De dónde a salido esto? --preguntó mirando a su invitado.
--Yo lo preparé, quería agradecerte por lo ocurrido --se sinceró el mayor. --Puedes comer sin contenerte --ofreció con una ligera sonrisa.
El contrario se sentó y tras agradecer la comida comenzó a devorar como bestia.
--Por cierto, mi nombre es Sanji, ¿cómo te llamas tú? --se presentó y preguntó tras dar el primer bocado.
Tras tragar lo que tenía en la boca, el chico habló.
--Soy Luffy --sonrió para luego seguir comiendo. --Que bueno --halagó la comida y siguió tragando.
Sanji sonrió al escuchar ese comentario por parte del menor, comiendo de una manera más tranquila.
Ambos terminaron, quedando satisfechos con lo comido.
--Que bueno estaba --siguió diciendo, acariciándose su estómago ligeramente abultado. --Pero no deberías de haberte molestado --miró al rubio con reproche.
--Era lo menos que podía hacer después de lo ocurrido --negó él lo dicho por Luffy antes que un fuerte relámpago sonara y pocos segundos después un rayo iluminara la habitación.
--Parece que la tormenta es bastante fuerte --comentó el de sombrero de paja. --Puedes quedarte si quieres, puedes dormir en mi habitación y yo en la de mi hermano --ofreció con amabilidad.
--¿Y tu hermano? --se extrañó por eso.
Vio a Luffy bajar la cabeza con la vista opaca y triste, y se arrepintió de haber preguntado al momento.
--Es... difícil de explicar --admitió con pesar, acariciando uno de sus brazos.
Sanji sintió un gran dolor al ver esta actitud por parte del menor.
--Pero no es momento para eso --intentó volver a su faceta normal. --Ya es tarde, será mejor ir a dormir --ofreció con lo que se notaba una sonrisa forzada.
A pesar de que no quería dejar las cosas así, el rubio asintió y dejó que Luffy lo guiara a la habitación, donde se despidió antes de retirarse.
Sanji se durmió con pesar tras ese día de tantas emociones juntas, pensando en todo lo ocurrido y en su nueva amistad.
(...)
Pasó el tiempo, y Sanji consiguió animarse después de esa fatídica boda con ayuda de su nuevo amigo, el cual no lo dejó solo ni un minuto, como había dicho.
Los días se convirtieron en semanas y estas en meses, hasta tal punto en que ya le daba igual el paso del tiempo siempre y cuando la radiante sonrisa del pelinegro estuviera a su lado.
Lo que él creía que era una amistad profunda, acabó siendo un amor tan hondo como el negro de los ojos que lo tenían cautivo cada día más. Luffy no se separaba de él, a pesar de que al día siguiente de lo ocurrido se fue de su casa, siguieron en contacto por mandato del menor, que no quería dejarlo solo. Pero, había un inconveniente, y era que no sabía si ese revoltoso chico sentía lo mismo que él. Estava en un dilema.
Una vez pensado todo en frío, le importó poco y tomó camino a aquel hogar que le transmitía tanta paz con la clara idea de contar lo que sentía.
Se paró delante de la puerta y llamó con seguridad, no tardando en oír los pasos dentro que iban hacia esta apresurados para abrir. Cuando vio el rostro del de cicatriz, un vuelco le dio el corazón, más aun por el grito con su nombre en el que dio el chico. Entró en el hogar y dio una rápida mirada, asegurándose de que no hubiera nadie, para luego girarse al menor.
--¿Qué te trae por aquí, Sanji? --curioseó con interés.
No se creía capaz de hablar, por lo que se acercó con dos pasos al de sombrero de paja y antes de dejarlo reaccionar le dio un suave pero demandante beso, agarrando la mejilla ajena con una de sus manos.
Luffy no reaccionó en un principio, pero pasado un rato, cerró los ojos y correspondió con inexperiencia, pasando los brazos por el cuello del rubio. En ese momento, Sanji no cabía en sí de la felicidad al notar como el pelinegro le correspondía de una manera inexperta. Siguió hasta que notó como el aire de Luffy comenzó a escasear, por lo que se separó y vio la expresión del de cicatriz, viendo un adorable sonrojo surcando sus mejillas y un inusual brillo en sus oscuros ojos.
--Te quiero, Luffy --admitió en voz alta sin vergüenza.
Tras recuperar el aliento, el menor elevó la mirada y sonrió hacia su amigo.
--Yo también te quiero, Sanji --correspondió con una tierna sonrisa en sus labios ligeramente hinchados.
Sin poder contener su alegría, Sanji volvió a besar los exquisitos labios del menor, que no dudó en corresponder. Así estuvieron el resto de la tarde, con una felicidad extrema entre ellos.