When Max Falls In Love

Summary

Max recién egresado de la universidad llega a Nueva York para tomar las riendas de la sociedad del negocio de su padre y conoce a Sergio, el nuevo socio que desde que lo ve siente atracción por él.

Genre
Romance/Erotica
Author
Ari
Status
Complete
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝐈

Max miraba a través de la ventana del jet de su familia mientras viajaba a la ciudad de Nueva York completamente solo. Había salido de su apartamento en Beverly Hills temprano esa mañana y ya extrañaba el sol y el calor del sur de California. Había sido su hogar durante los últimos 18 años, pero básicamente estaba en una misión.

Su padre Christian Horner, le había dado la mayor responsabilidad y oportunidad de su vida hasta el momento y era poder demostrarle a él y al resto de la gente que podía hacerlo, que podía ser un buen heredero de la empresa de su padre.

No era como si su padre no confiara en él, a pesar de que recientemente se había graduado de la carrera de negocios en Stanford con excelencia, Christian era su mayor apoyo junto con su madre Geri. Sabía que era la persona más afortunada por tenerlos como padres.

Era solo que a pesar de que había sido el mejor de su clase y en deportes desde que comenzó a estudiar en los Estados Unidos y pasaba los veranos trabajando con su padre, para las personas que trabajaban en el corporativo no era suficiente. El hecho de que no fuera un hijo biológico tampoco ayudaba. A él no le importaba eso ni a su familia, pero sí a algunas personas snob.

Max había nacido en Bélgica pero creció en los Países Bajos. Sus padres eran Jos y Sophie Verstappen y fueron abusivos con él y su hermana desde que tiene memoria. Lo peor de todo es que mucha gente lo sabía y no hizo nada.

Cuando tenía 6 años, un ángel en forma de una joven pelirroja apareció para salvarlo a él y a su hermana. Geri Horner era miembro de un grupo de chicas que daría un concierto en los Países Bajos y vio a Jos Verstappen abofetear en la cara a un delgado Max de 6 años en un centro comercial y luego gritarle a su hija de 3 años por llorar frente a la gente. Al instante fue y se enfrentó al hombre y por un momento Max sintió que estaba a punto de ser salvado. En cambio, el hombre simplemente se rió en su cara y los arrastró lejos de la mujer.

Max pensó que todo había terminado hasta que al día siguiente gente del servicio social fueron a visitarlos porque su padre le había dado tontamente su nombre a su ángel y ella lo había denunciado. Como no tenía más familiares aparte de sus padres, él y Victoria fueron llevados por los trabajadores sociales. Para su sorpresa, se presentó nuevamente su ángel Geri y su esposo Christian, quienes dijeron que querían adoptarlos y alejarlos de su familia abusiva.

La pareja había intentado sin éxito durante años tener bebés, así que cuando Geri vio el estado en que se encontraban, llamó inmediatamente a Christian y pusieron manos a la obra.

Se mudaron a Los Ángeles, les dieron la mejor vida que pudieron tener y mucho amor, como si fueran sus hijos biológicos. Una vez que cumplió 18 años, Max decidió mantener su apellido original porque le gustaba y quería recordar de dónde venía y hasta dónde había llegado. Christian y Geri aceptaron felices, contentos de que no se sintiera avergonzado de su pasado.

Años atrás, Geri dio a luz a mellizos y luego a una niña, por lo que Max también tenía 3 hermanitos a los que amaba con todo su corazón.

Estaba destinado a convertirse en el heredero de su padre con la condición de ayudar a sus hermanos pequeños cuando crecieran y estaba feliz de hacerlo.

La empresa se fue expandiendo más a medida que pasaba el tiempo y Christian ya había llegado a un acuerdo con una de las empresas de noticias más grandes de Nueva York. El hombre estaba listo para reunirse con el CEO, pero se enfermó y decidió enviar a Max en su lugar.

Una vez que aterrizó, se instaló en la habitación que su papá había reservado para su estadía en el Hotel Plaza y compulsivamente se puso a estudiar toda la información para la reunión que tenía al día siguiente como si no la supiera de memoria.







El aire estaba frío cuando salió de la camioneta negra para entrar al edificio de PGA News en la Fifth Avenue. Se dirigía a la reunión más importante de su vida hasta el momento.

La sucursal del periódico digital de su padre se iba a fusionar con PGA News, ya que la empresa quería expandirse de la televisión y el periódico tradicional al digital. El trato estaba casi cerrado, solo quedaban algunos pequeños detalles que discutir antes de firmar el acuerdo ese día.

No conocía al CEO de PGA News, todo lo que sabía era que había heredado la empresa de su padre algunos años atrás y aunque no era un hombre de negocios despiadado, era bastante quisquilloso.

Una vez que llegó al séptimo piso, Max se acercó a la asistente pelirroja del CEO para anunciar que estaba allí.

Esperó algunos minutos hasta que le dijeron que podía entrar a la oficina. Durante ese tiempo tuvo la oportunidad de mirar a su alrededor. El lugar era espacioso, con algunas oficinas personales, salas de reuniones y cubículos. Los colores predominantes eran el gris, el negro y el blanco y estaba rodeado de grandes ventanales.

Una vez que entró a la oficina del CEO, sintió que le temblaban las manos.

Este es el momento que has estado esperando, Max. No lo arruines.

Mientras cerraba la puerta, el hombre detrás del escritorio de madera levantó la vista y lo hizo congelarse en su lugar.

Mierda, es demasiado atractivo. ¡No Max, concéntrate en lo que importa!

Maldijo su suerte porque era bastante selectivo con los hombres que le gustaban y sin embargo, en el primer segundo que miro al hombre sintió una especie de atracción que nunca antes había sentido.

El hombre se puso de pie con una sonrisa en su rostro pero confusión en sus ojos marrones. Cabello oscuro, cejas pobladas, pecas por todo el rostro, piel bronceada y cuerpo delgado.

— Hola. ¿Tú eres...?— Saludo el hombre mientras estrechaba su mano.

— Hola, soy Max. Max Verstappen.— Respondio después de recuperarse de la electricidad que sintió en todo su cuerpo cuando sus manos se tocaron. Por la mirada del hombre, parecía que él también lo había sentido.

— Oh, pensé que tendría una reunión con el hijo de Christian.— Dijo el hombre confundido.

— Soy yo, solo que tengo un apellido diferente.— Contesto nervioso de tener los ojos del hombre sobre él con una mirada tan intensa que lo estaba afectando.

Sabiendo que la reunión era con la persona indicada, el CEO se sentó y lo invitó a sentarse también.

— ¿Cómo es eso posible? ¿Por qué tienes un apellido diferente?

Max no era fanático de hablar de su pasado con nadie. Si bien no se avergonzaba de ello, muchas veces hacia que la gente comenzara a cuestionar sus derechos en su familia. Sin embargo, con el hombre no lo pensó dos veces antes de decírselo.

— Bueno, soy adoptado y quise mantener mi nombre original par-

— Para mostrar una diferencia entre tú y tu familia, que quieres hacer tu propio nombre y no ser una sombra del éxito de tu familia.— Max solo asintió asombrado de cómo el hombre casi leyó su mente. —Bueno, tienes suerte en ese aspecto.— El hombre suspiró.— Soy Sergio, por cierto. Sergio Pérez. De la familia Pérez, todo el mundo la conoce.

Max pudo escuchar un matiz de resentimiento en esa última frase.

— Encantado de conocerte, Sergio.— Sintió que su rostro se sonrojaba instantáneamente debido a la atracción que sentía por el hombre.

Joder Max, contrólate. Es un socio de negocios.

— Igualmente Max.— Dijo el hombre mirándolo directamente a los ojos, con una mirada intensa que hizo que a Max se le pusiera la piel de gallina.— Por lo que entiendo, tu padre te envió para que podamos discutir los últimos detalles antes de firmar, ¿verdad?

— Sí.

— Está bien, entonces, te escucho.

Por un momento, toda la información que había memorizado se había ido y no podía formar una oración. Vio a Sergio darse cuenta de que estaba nervioso y lo odiaba, no quería parecer débil e inexperto a pesar de que lo era.

Había ido a reuniones pero nunca solo, siempre con su papá.

Mierda Max, estás arruinando esto.

— ¿Oye, estás bien?

Levantó la vista y vio preocupación genuina en los ojos del otro hombre y eso calmó su nerviosismo. Esperaba ver a alguien que se burlara de él y de su inexperiencia, en cambio, recibió paciencia y comprensión.

— Sí, lo siento. Uhmm... entonces, como estamos listos para fusionar ambas compañías, se espera que abramos una sucursal aquí y transfiramos a parte de nuestra gente. Esto sucederá tan pronto como firmemos el acuerdo. Todos los aspectos legales han sido aprobados por ambos equipos. La transición será gradual pero consistente.

— ¿Y cuánto tiempo va a tomar esa transición?— Sergio preguntó con lo que parecía ser curiosidad en sus ojos como si no supiera toda la información.

— Cinco meses.

— Está bien, ¿y quién va a supervisar esa transición de su parte? ¿Tú?— preguntó Sergio pero no lo hizo con condescendencia, parecía realmente interesado.

— Todavía no lo sé, mi padre solo me envió para cerrar el trato.

— Bueno, si tu padre te ofrece la oportunidad, creo que deberías aceptarla.— ¿Qué? Max no lo vio venir.— Sería una gran manera de obtener experiencia. Acabas de salir de la carrera de negocios, ¿no es así?— Max dudó antes de asentir, no quería perder el respeto que le tenía el hombre una vez que se diera cuenta de que acababa de graduarse, pero para su sorpresa, su actitud hacia él no cambió en lo más mínimo.— Si yo fuera tú, lo aceptaría. He estado en tu lugar, créeme. Y Nueva York es la mejor manera para ganar experiencia. Está lleno de tiburones y víboras, pero si aprendes a domarlos, te puedo garantizar que serás un hombre de negocios exitoso.

El hombre dijo todo eso con un brillo en los ojos, casi como si estuviera tratando de convencerlo de que aceptara una oferta que ni siquiera tenía en ese momento.

Después de discutir los últimos detalles del trato, fueron a una sala de reuniones con muchos adultos intimidantes del equipo de PGA News y la firma de Max Verstappen se hizo junto a la de Sergio Pérez en varias páginas del documento.

Más tarde en la noche, mientras Max revisaba algunos emails, recibió una solicitud de videollamada de su padre. Respondió al instante y se encontró con un Christian más recuperado.

— Hola papá, ¿Cómo te sientes?

— Mejor hijo, no puedo creer que un resfriado me impidió viajar a Nueva York.

— Ya sabes cómo es mamá.— dijo Max rodando los ojos. Geri Horner era una esposa y madre muy sobreprotectora.

— Sí, lo sé.— Respondio Christian mirando a sus espaldas para comprobar si su esposa no estaba cerca.— ¿Entonces, cómo te fue?

— Bien, creo, el trato ya está cerrado. Eso significa que ya puedo regresar a casa, ¿verdad?

— Ah, no tan rápido Max. Todavía tenemos que hacer la transición y estaba pensando que podrías encargarte de eso y tal vez incluso hacerte cargo de forma permanente. — Max abrió los ojos sorprendido.— Obtendrías mucha experiencia de eso, ¿sabes? Y Checo cree que es una buena idea.

¿Uh?

— ¿Checo? ¿Quién es Checo?

Christian se rió antes de responder.

— Es Sergio, ese es su apodo. Hablé con él hace unas horas y está de acuerdo conmigo, sería bueno que ganaras experiencia. Parece que se llevaron muy bien.

Max se mantuvo en silencio tratando de procesar toda la información, una vez que Christian se dio cuenta de que su hijo estaba en estado de shock, volvió a hablar.

— Quédate para la transición Max, por favor. ¡Confío en ti, puedes hacerlo! Y la experiencia, hijo, te juro que Nueva York es un mundo completamente diferente, ganarás mucha experiencia allí. Ayúdame con la transición al menos.

— Estás tratando de deshacerte de mí, ¿no?— Respondió con una sonrisa.— Lo pensaré, ¿de acuerdo?

— No lo pienses demasiado. Debemos comenzar todos los movimientos la próxima semana.

— Ok, te resolveré en dos días.






Max pasó esos dos días reflexionando y conociendo mejor Nueva York. Había estado allí, pero solo visitaba lugares específicos.

Durante esos días no dejaba de recordar lo que le habían dicho su padre y Sergio sobre aceptar la oferta. Era la oportunidad perfecta para demostrar que estaba destinado a ser el heredero del legado de su padre.

Una vez que aceptó la oferta no perdieron tiempo y empezaron a llegar empleados de la empresa de su padre a Nueva York. Se realizaron varias reuniones, hubo un gran anuncio y una rueda de prensa y estuvo todo el tiempo en el punto de mira junto a Sergio.

Se le asignó una gran oficina en el piso de PGA Newsy una secretaria con la que se llevo muy bien de inmediato.

Durante las primeras tres semanas de la transición llegó a tener reuniones con Checo y otros miembros del equipo y el hombre siempre lo trató con paciencia y amabilidad, sugiriendo y aconsejando cuando era necesario.

Pero después de esas tres semanas, Checo estuvo ausente dos porque se fue de vacaciones familiares anuales, por lo que Max tuvo que encargarse de la transición con los asesores personales de PGA News.

Durante ese tiempo pudo explorar la ciudad y conocer a la gente del piso de PGA News, especialmente a un joven llamado Lando Norris que tenía casi la misma edad que Max y era uno de los abogados de la empresa. Se conocieron una noche cuando estaba lloviendo y el auto de Lando no encendía, así que Max le preguntó si quería que lo llevara a casa, después de eso almorzaban juntos todos los días.

Estaban en el loft nuevo de Max preparándose para jugar videojuegos cuando lo tomó por sorpresa con una pregunta.

— Entonces, ¿Qué pasa entre tú y Checo?

Max lo miró sorprendido.

— ¿De qué hablas? Somos socios de negocios.

— Bueno, parece que hay algo más y la gente en la oficina empieza a hablar.

— ¿Qué? ¿Qué están diciendo y por qué?

— Parece que tiene una fijación contigo.— dijo Lando encogiéndose de hombros.

Max comenzó a recordar sus interacciones con el hombre y lo que más recordaba era el brillo en sus ojos cada vez que se encontraban, se miraban a los ojos o hablaban en una reunión.

— Siento que debo advertirte.— Lando interrumpió.

— ¿Sobre qué?

— Checo, él... nunca ha tenido relaciones serias. Es muy conocido aquí en Nueva York por eso y por el hecho de que bueno... es bisexual, ¿así que hay más competencia?.

— No hay nada que tengas que advertirme pero gracias.— Dijo rápidamente.— ¿Cómo sabes todo eso?

— Ahh, ¿recuerdas que te hablé de mi novio Carlos?— preguntó Lando y Max asintió.— Bueno, él es amigo cercano de Checo y mi papá es un buen amigo de su papá.

Pasaron el resto de la noche jugando pero la conversación se quedó en la cabeza de Max. Después de lo que había dicho Lando, no pudo evitar considerar que toda la amabilidad y generosidad de Checo habían sido por una razón.

Una vez que su amigo se fue a casa, abrió el navegador de su teléfono y escribió el nombre de Sergio, y lo que encontró lo dejó sin palabras. Aparte de los artículos sobre su exitosa carrera que no se molesto en abrir, Max encontró innumerables fotos y exclusivas de las salidas nocturnas del hombre con diferentes hombres y mujeres en sus brazos cada noche. Las fotografías fueron tomadas por reporteros, pero también por personas con las que festejaba y pasaba la noche. Bloqueó su teléfono y se fue a la cama tratando de aclarar su mente de lo que había descubierto esa noche.

Sergio era su socio de negocios, solo eso y así se iban a quedar las cosas.

La siguiente semana fue un infierno para Max, estaban pasando tantas cosas al mismo tiempo y los asesores de Sergio eran despiadados con él en tantos aspectos, como si no hablaba en el momento adecuado, dudaba en tomar una decisión o no sabía algo relacionado con la empresa que claramente no era suya. El martes fue objeto de burlas frente a una gran cantidad de empleados porque no reconoció un término que no estaba relacionado con su carrera. Tuvo que reprimir las ganas de quejarse e incluso algunas lágrimas de frustración. La forma en que esas personas se portaban con él era tan innecesaria, él nunca había sido grosero con ellos y lo estaban haciendo avergonzarse como si no supieran que Max tenía un mejor rango en la empresa y tenía que ser respetado.

Era consciente de que era por su edad y se sentía tan frustrado y... solo. Era más que su edad o su apellido y estatus.

No quería decírselo a sus padres y hacerles creer que no era lo suficientemente bueno para ser el heredero, sus amigos de casa estaban demasiado ocupados en sus vacaciones y para ser honesto, por mucho que Max los quisiera, nunca lo entenderían. Sentía que nadie lo entendía. No había nadie en su vida en esa situación que pudiera escucharlo y realmente darle consejos precisos.

Ese martes por la noche tan pronto entro a la ducha en su loft del Upper East Side, lloró. De frustración, agobio, soledad y la confusión.

Confusión sobre lo que debía hacer con esa gente y aunque no quería admitirlo, también sobre Sergio.

Sí, le gustaba mucho y aunque trató de negarlo, después de su conversación con Lando se dio cuenta de que Sergio sí estaba interesado en él.

Normalmente se sentiría halagado y vería hacia dónde irían las cosas, pero afortunadamente ahora sabía que sería el sabor del mes de Sergio y eso era todo. Así que decidió tratar de no pensar en eso para evitar el dolor y porque no mezclaba negocios y placer. Pero por mucho que lo intentaba, no podía dejar de pensar en el hombre.

Todas esas emociones encontradas lo llevaron al límite, estaba cansado de que se burlaran de él y era un luchador, nunca se rendia, y por eso decidió quedarse hasta tarde en la oficina algunos días a la semana.

Esa es la razón por la que Checo lo encontró en su oficina con la nariz enterrada en un libro el miércoles por la noche.

— Max, ¿qué haces aquí tan tarde?

Cuando levantó la vista, vio al hombre parado en la puerta. Se veía tan guapo con su cabello desordenado y su traje sin corbata que claramente se quitó pensando que no había nadie en el piso a esa hora.

— ¿Puedo preguntarte lo mismo?— Dijo reacomodando sus gafas.

— Necesito ponerme al día con el trabajo de las últimas semanas.— respondió el hombre invitándose a sí mismo a entrar y sentándose en el sofá de cuero en medio de la oficina de Max.— ¿Qué es todo esto? ¿Hay problemas?— Preguntó el hombre con algunas hojas en sus manos.

— No hay ningún problema, solo estoy conociendo mejor tu empresa.

—¿ Por qué?

Max suspiró y se quitó las gafas.

— Tus queridos amigos mayores son muy exigentes y despiadados.

Sergio suspiró resignado.

— ¿Quién y qué pasó?

— Bueno, hoy fue Marko pero el lunes fue Hannah.

— Amigo, fue suficiente, voy a hablar con ellos.

— ¡No!— Max dijo inmediatamente sorprendiendo a Sergio.— No necesito que me defiendas. Solo te lo digo porque eres el CEO y tienes que saber lo que está pasando. Pero no necesito ni quiero que pelees mis batallas.

— Está bien.— dijo Checo levantando las manos en señal de resignación.— Honestamente, solo estoy buscando una excusa para echarlos.— Respondió y eso despertó el interés de Max. Levantó una ceja y se dio la vuelta para mirarlo mientras estaba parado cerca, buscando entre los papeles en la mesa frente a Sergio.

— ¿Por qué? Parecen muy protectores contigo, eso es algo de lo que deberías estar agradecido.

— Con la empresa no conmigo. Yo no los elegí. Han trabajado décadas para la empresa y mi padre los mantuvo en sus puestos para que pudieran “guiarme durante unos años mientras obtengo experiencia y contrato a mi gente”.— Dijo entre comillas con los dedos.— ¿A dónde vas?

Checo cambió bruscamente el rumbo de la conversación y lo detuvo tomándolo de la muñeca. El efecto fue inmediato. Sintió el calor y el fuego recorrer todo su cuerpo, dejando la piel de gallina en su camino y pudo ver que el contacto afectó al hombre también cuando sus ojos se oscurecieron pero no lo soltó.

— Uhhhh, vuelvo a mi silla.

— Quédate aquí.— Fue una orden amable y por alguna razón no pudo decir que no. Se sentó en el sofá a su lado tratando de mantener una distancia adecuada.

— Volviendo a Marko y compañía, ¿desde cuándo has estado lidiando con ellos?

— Ahhh desde que tenía 28 años.

— ¿Y eso fue hace cuánto tiempo?— Max en realidad no sabía la edad de Sergio, así que tuvo que preguntar.

El otro hombre se rió antes de responder con un brillo en los ojos y acercando su rostro al suyo.

— ¿De qué edad parezco?

OK, ahora definitivamente está coqueteando.

Max se sonrojó al instante al darse cuenta y porque le preocupaba que su respuesta de alguna manera ofendiera al hombre.

— Ah, ¿30 o 30 y tantos?— El hombre levantó una ceja en busca de una explicación.— Bueno, te ves muy cómodo por aquí y la gente te respeta y te trata como su jefe, así que ya ha pasado un tiempo.

— Bien pensado, Max. Tengo 34 años, ¿y tú?

— 23, a punto de cumplir 24 a fin de mes.

— Oh! Eso es genial. ¿Cómo vas a celebrarlo?— Max se dio cuenta de que Checo parecía realmente interesado.

— No sé, probablemente salga con Lando o algo así.

— ¿Lando? ¿Lando Norris?

— Sí, lo ayudé a llegar a casa una vez y ahora somos amigos. Es la única persona en la que confío aquí.

Sergio parecía herido.

— ¿Y yo?—Sí, claro.— Puedes confiar en mi Max, de verdad. Pero es bueno que tengas a Lando como amigo, es genial.

— ¿Lo conoces?

— Sí, su papá y el mío son muy cercanos.

Cayeron en un cómodo silencio por un rato mientras Max comenzaba a leer las finanzas de PGA News del año fiscal anterior.

— Es tarde, ¿Ya comiste?— preguntó Sergio.

— No, comeré cuando llegue a casa.

— Deberíamos pedir algo. ¿Alguna sugerencia?

— ¿Nosotros?— Max preguntó.

— Sí, soy parte del equipo y si tienes problemas con el personal debo ayudarte. Desaparecí por un tiempo y te deje solo lidiando con todo.

— No tienes que quedarte hasta tarde por mí.

— Lo haré, quiero ayudarte.— Cuando vio que Max estaba a punto de protestar, cambió el rumbo de la conversación.— Ya sé por qué Marko y los demás están siendo unos idiotas contigo.

— ¿Por qué?

— Los estás exponiendo, Max, los estás sacando de su zona de confort porque no entienden la tecnología tan fácilmente como nosotros, y en lugar de aprender, están proyectando su frustración en ti.

— Entonces, ¿me ven como una amenaza?

— Sí, estás amenazando sus trabajos, no es porque seas joven o no estés calificado, porque si lo estás. De hecho, esa es una de las razones por las que quería expandirme a las noticias digitales.— Sergio dijo tímidamente.

— ¿Así que soy su saco de boxeo porque quieres deshacerte de ellos?

— Ellos son así con todos, pero tú eres quien más los está haciendo sentir amenazados. Por eso quiero ayudarte, no te mereces la forma en que te están tratando.

Max suspiró. Todavía estaba bastante seguro de que su edad también era un problema.

— Se irán, ¿no? ¿Eventualmente?

— Sí. 100%. Solo estoy esperando el momento adecuado. Demostrar que ya no están calificados porque el caos comenzará con mi padre una vez que los eche. Solo espera un poco.

— Ahora sé por qué eres tan amable conmigo. Te sientes culpable.— Miró hacia abajo y susurró. Tenía que admitir que se sentía un poco decepcionado, ni siquiera era atracción, solo culpa y remordimiento.

— ¿Qué? ¡No max! ¡Me gustas! La forma en que soy contigo no tiene nada que ver con ellos.

Me gustas. Me gustas. Me gustas.

— Confía en mí.— El hombre se acercó a él para mirarlo directamente a los ojos, haciéndolo sonrojar debido a la intensidad de la mirada.

Después de esa noche Checo se ganó la confianza de Max en el aspecto profesional, quedándose hasta tarde con él en la oficina y resolviendo cualquier duda que tuviera sobre la gestión de la empresa.

Él, por supuesto, coqueteaba sutilmente con Max, tratando de hacerle entender que estaba interesado no solo como socio de negocios, pero el joven no le devolvía el coqueteo y siempre hablaba de temas profesionales con él, nunca personales.

No quería encariñarse con él cuando ya sabía cómo era. Casi la mitad de Nueva York lo sabía.

Pronto llegó el cumpleaños de Max y fue a 2do Floor Bar y Essen con Lando. Era un bar bien guardado sobre 2nd Avenue Deli.

El lugar contaba con un bar con sillas altas y sillones de cuero, las luces eran tenues y los detalles eran marrones y amaderados.

Estaban sentados en un sofá bebiendo su segunda cerveza cuando Max vio a Lando sonreír y saludar a alguien. Eso fue raro porque se suponía que nadie debía estar allí, solo ellos dos, pero había visto al hombre enviando mensajes de texto minutos antes. Cuando miró la dirección hacia la que Lando estaba saludando, vio a dos hombres de cabello oscuro con grandes sonrisas en sus rostros, y para sorpresa de Max, uno de ellos era Checo.

Su corazón comenzó a acelerarse porque se veía tan guapo con su camisa azul oscuro, abrigo negro y jeans.

— ¡Hey!— Saludo Lando poniéndose de pie y abrazando al extraño, luego medio abrazó a Checo.

— Hola, pensamos en pasar por aquí.— dijo el extraño y luego miró a Max.

— Ah, Max, él es mi novio Carlos.

El hombre le sonrió y le estrechó la mano.

— ¡Hey, feliz cumpleaños! Es bueno conocerte al fin. He oído muchas cosas sobre ti.

Max miró a Lando con duda en los ojos y el hombre se encogió de hombros, lo que significaba que no sabía de qué estaba hablando su novio.

— Gracias, es un placer conocerte.

Entonces finalmente miró a Checo quien tenía una gran sonrisa en su rostro.

— Hola Max, feliz cumpleaños.

El hombre lo abrazó y esa acción tomó a Max por sorpresa por unos segundos. Lo abrazó de vuelta envuelto en la colonia del hombre.

— Gracias.— Alcanzó a decir sintiendo su cara en llamas.

— ¿Cómo va tu cumpleaños?— Sergio le preguntó una vez que se sentaron de nuevo y Carlos comenzó a hablar con Lando.

— Bien. Amigos y familiares me llamaron y recibí algunos regalos.

— Eso es bueno. ¿Harás algo más tarde?— Sergio preguntó antes de tomar un sorbo de su refresco.

— No exactamente.

— Bueno, Carlos y yo iremos a RumpusRoom por si quieres venir.

— ¿Rumpu qué?

Sergio se rió de su expresión confundida.

Rumpus Room. Es una disco.

Max sintió que su corazón se hundía por un breve momento.

Claro, saldrá de fiesta, al fin y al cabo es sábado por la noche y ese es su estilo de vida.

— ¡Vamos, Max! ¡Será divertido!— Lando parecía emocionado y Sergio también. Esos ojos marrones y su gran sonrisa lo hicieron ceder.

— Bien, vamos.— Pero para ser completamente honesto, no estaba muy contento con la idea de ver a Checo coqueteando con otras personas frente a él.

— Entonces, ¿cómo nos vamos?— Lando preguntó porque el chofer de Max los había llevado al bar.

— Vinimos en el carro de Checo entonces...— Carlos respondió.

— ¿Vas a conducir? Que irresponsable.— Lando dijo burlonamente.

— No voy a beber esta noche. Solo acepté salir porque Carlos seguía molestando.

— Sí, claro.— respondio Lando rodando los ojos.

— ¡Lo juro!

— ¿Tienes que trabajar mañana o algo así? ¿Alguna llamada internacional?

— No.— Sergio respondió riéndose porque Lando se negaba a creerle.— ¿Es difícil de creer que no soy yo el que quería salir?

— Esta vez es verdad, bebé.— Carlos le dijo a Lando.

— Está bien, entonces tú conduces.— Respondió el más joven de todos.

Una hora más tarde Max se encontraba con Lando en el asiento trasero del BMW negro de Sergio de camino al club.

— Estás loco por querer conducir en Nueva York.— le dijo Lando a Sergio, quien estaba detrás del volante.

— Me relaja.

— Entonces, Max, ¿estás disfrutando de la Gran Manzana?— preguntó Carlos queriendo conocerlo mejor y el involuntariamente clavó los ojos en Sergio a través del espejo retrovisor porque el hombre estaba curioso por su respuesta.

— Sí, me gusta el lugar en sí. Solo que algunas personas son algo...

— Frías.— Carlos respondió divertido.

— Carlos no es muy fan de Nueva York.— explicó Lando.

— ¿De dónde eres?

— Massachusetts.

Después de escuchar eso, a Max le agrado más Carlos, sintiendo por primera vez que alguien entendía cómo sentía sobre los neoyorquinos de la alta sociedad.

Llegaron al club y ya estaba abarrotado, pero de inmediato los llevaron a un salón en la esquina porque tenían una reserva.

El lugar tenía un estilo ecléctico y retro con paredes revestidas de madera y algo de naturaleza en la decoración.

Pidieron unos tragos y media hora después Checo dijo que era su cumpleaños así que todos le cantaron con botellas de tequila y velas de bengala encendidas. Pero para Max lo que más iluminó el lugar fue la sonrisa que le dedicó Sergio mientras cantaba.

Inmediatamente se dio cuenta de que Checo era un imán para la gente porque tan pronto se sentaron, varios hombres y mujeres se acercaron a él de manera coqueta, pero para su sorpresa, el hombre amablemente rechazó a todos y cada uno de ellos.

En algún momento de la noche, Lando y Carlos se fueron a la pista de baile y los dejaron solos.

— ¿Estás disfrutando de tu cumpleaños?

— Sí, gracias por la canción y por todo.

— No es nada, de verdad. Solo quería que tuvieras un lindo cumpleaños a pesar de no estar en casa.— respondió el hombre, poniendo una mano en el muslo de Max y haciendo que su ritmo cardíaco se disparara.

— ¿Quieres bailar?— pregunto Sergio y miró hacia la pista de baile.

Max no sabía si era el ambiente del club, el alcohol, la atracción que sentía por el hombre o lo guapo que se veía esa noche pero aceptó a pesar de que era algo nuevo y arriesgado.

Sergio tomó su mano y lo llevó a la pista de baile, lejos de Carlos y Lando para que Max no se sintiera demasiado observado. El hombre sujetó suavemente su cintura con ambas manos y él colocó las suyas sobre los hombros de Checo.

Trató de mantener una distancia adecuada entre ambos, pero el hombre tiró de él y con la electricidad que sentía recorriendo todo su cuerpo, no pudo apartarse.

Sergio comenzó a mover sus caderas al compás de la música y el lo imitó, tratando de relajarse y no mostrar lo mucho que lo afectaba la cercanía. La atracción que habían sentido durante esas semanas se iba acumulando y sentía como si estuvieran solos los dos en la habitación. Max se olvidó de su regla de mantener las cosas de manera profesional con Sergio en ese momento y siguió bailando con él por quien sabe cuánto tiempo hasta que un tipo borracho chocó contra ellos y dejó caer su vaso en el suelo manchando sus zapatos.

Después de ese incidente, volvieron a su mesa y encontraron a Lando y Carlos besándose claramente muy borrachos.

— ¡Hey!— dijo Carlos.

— Vámonos. ¿Podemos irnos ya?— Lando le preguntó a su novio, olvidando que habían llegado con Checo.

Carlos los miró esperando su respuesta. Era la 1:30 am y un buen momento para irse.

— Claro, vámonos.

— ¿Quién vive más cerca?— Sergio preguntó una vez que estaban caminando hacia el auto.

— Max, pero realmente necesitamos llegar a casa.— dijo Lando, sonando desesperado y abrazando a Carlos por detrás.

Checo y Max compartieron una mirada divertida porque claramente, esos dos no podían quitarse las manos de encima en ese estado.

— Checo, lleva a Max a casa y nosotros tomaremos un taxi.

— Oh, no te preocupes, puedo llamar a mi chofer y él puede llevarme.— Él dijo.

— No cumpleañero, no deberías esperar aquí solo.— Carlos alcanzó a decir mientras recibía besos por todo su rostro.

Se despidieron y Checo lo llevó a su casa dándole un breve recorrido de los lugares por donde pasaban por si alguna vez se perdía. Le compartió datos, consejos y recomendó restaurantes, discotecas, bares y tiendas.

Una vez que llegaron a su edificio, Max no estaba seguro de qué hacer. El hombre había sido muy amable con él toda la noche, pero desconfiaba de lo que podría pasar si iban a su apartamento. Ya había recuperado la sobriedad, pero todavía estaba intoxicado con la colonia de Checo. No tenía mucha experiencia en los temas de relaciones, ya que solo tuvo un novio en su adolescencia y algunas citas que al final no condujeron a nada, pero sabía las implicaciones de invitar a alguien a ir con él a su loft.

— ¿Quieres entrar un rato?— Se escuchó decir a sí mismo. El hombre sonrió y asintió.

Una vez dentro, pasaron por el vestíbulo y Checo empezó a mirar alrededor de la sala.

— ¿Quieres algo de beber?— preguntó Max, buscando una manera de distraerse de su nerviosismo.

— Claro, agua si tienes.— respondio Sergio y se acomodó en su sofá. —Este lugar es lindo.— El hombre habló de nuevo cuando Max le pasó su vaso.— Gracias.

— Sí, me mudé no hace mucho. Me quedé en un hotel cuando llegué y me tomé mi tiempo para encontrar un lugar que me gustara.— Dijo sentándose junto a él.

— Me alegra que te sientas cómodo aquí en Nueva York, aunque seamos personas frías.— dijo el hombre con un brillo en los ojos, lo que hizo que Max se riera un poco avergonzado.

Dios, es tan guapo.

— No dije que todos ustedes son fríos. No lo son. Eres una de las personas más amables que he conocido aquí.

No se dio cuenta de que él y Checo habían reducido la distancia entre ellos hasta que tuvo la oportunidad de ver cuántas pecas tenía el hombre en su rostro.

— Sí, no soy frío, al menos no contigo. No puedo.— dijo el hombre cerca de sus labios y Max cerró los ojos con anticipación, esperando el inevitable toque. Había imaginado ese escenario un millón de veces y en todos rechazó a Sergio, nunca imaginó que estaría esperando nervioso lo inminente con las manos temblando.

Excepto que el toque no llegó y abrió los ojos cuando sintió la mano del hombre en su mejilla. Estaba esperando su permiso.

Nunca le había dicho a Sergio nada personal sobre él y sin embargo, el hombre podía descifrar que no era un experto. Una parte de él se sentía avergonzado por eso, por no poder darle al hombre todo lo que el podía darle en un beso pero el calmó sus temores con una caricia en su mejilla. Sí, tal vez era una estupidez y estaba yendo en contra de lo que se había dicho a sí mismo innumerables veces pero era su cumpleaños y en ese momento se sentía bien, así que puso su mano encima de la suya y el hombre lo tomó como aprobación porque le dio a Max un beso rudo lleno de desesperación.

La desesperación que sabía que Sergio había sentido durante un tiempo debido a su atracción y su renuencia a ceder. Era casi como si quisiera demostrar lo bueno que era para él, las cosas que podía hacerle sentir y funcionó.

Max le devolvió el beso, perdiéndose en el deseo y la lengua experta del hombre. Checo parecía frenético por conocer su boca con todos los lametones y mordiscos que le daba y en respuesta Max se aferró a sus hombros queriendo acercarse, buscando más, algo que nunca le había interesado encontrar con nadie más. Como resultado de sus acciones, Checo lo sujetó por la cintura, tarareando en su boca.

1, 2, 3 besos largos y apasionados que compartieron hasta que Max volvió en sí a pesar de sentir que su cuerpo estaba en llamas e ignorando la voz en su cabeza que le decía que no lo hiciera, se apartó.

Su corazón latía increíblemente rápido, tenia la de piel de gallina y su pene comenzaba a palpitar. Era tan fácil ceder, pero no podía.

— Espera.— Dijo sin aliento con sus labios aún tocando los de Sergio.

— ¿Qué?— Pegunto el hombre, buscando sus labios para otro beso.

— No podemos. Debemos detenernos. Esto es una mala idea.

Eso hizo que Sergio abriera los ojos.

— ¿Por qué?

Max miró sus manos mientras respondía, no queriendo ver la reacción del hombre, temiendo que se burlara de él.

— No puedo. No mezclo los negocios con el placer.

— No lo haremos, no estamos en la oficina.

Hombre tonto.

— Lo digo en serio Checo.

— Yo también.

Max suspiró porque el hombre no lo estaba tomando en serio.

— Estoy cansado, creo que es mejor que te vayas. Es tarde.— Se levantó y el hombre también lo hizo. A pesar de su intensa sesión de besos y de haber sido básicamente echado, Sergio caminó a su lado con calma.

Una vez que estuvieron en la puerta y se despidió, Checo lo sorprendió jalándolo por las caderas y besándolo nuevamente. El beso fue sensual y profundo, dejándolo con ganas de más.

— No hemos terminado, ¿de acuerdo? Hablaremos de esto.

Antes de que pudiera responder, el mayor se había ido.







No volvió a hablar con Sergio esa semana, pero sabía que el hombre no estaba enojado con él por la forma en que seguía mirándolo y hablando con él durante las reuniones formales que tenían todos los días.

Sin embargo, se sintió decepcionado cuando el viernes y sábado por la noche vio fotos de Sergio en diferentes clubes nocturnos con diferentes personas pasando el mejor momento de su vida.

No sabía a quién estaba engañando, le habían advertido cómo era el hombre y lo había rechazado el fin de semana anterior, pero aun así, dolía. No planeaba exigirle una explicación al hombre, no le correspondía hacerlo, pero aun así lo hizo el martes por la noche.

Estaba revisando otra vez las finanzas de la compañía cuando Sergio apareció y se sentó a su lado, lo suficientemente cómodo como para no importarle que no hubiera espacio personal entre ellos.

— Hey.— Dijo el hombre felizmente.

— Hola.— Respondió con los ojos aún pegados a unos papeles.

— ¿Qué estás revisando?

— Finanzas.

— ¿Otra vez?

— Sí, no confío en las personas. Sin ofender. Siento que algo está mal.

— No te preocupes, Max. Lo siento por desaparecer la semana pasada.

— Sí, no te preocupes, sé que estuviste muy ocupado la semana pasada y también el fin de semana.— Incluso él podía escuchar la acidez en su tono.

— Vaya, ¿está todo bien?

— Sí, acabo de decir que sé que estabas ocupado.

— ¡Lo estaba! Los días de trabajo pasaba mi tiempo libre asesorando a mi hermana con su nuevo negocio y el fin de semana fui a fiestas de unos amigos.

¿Por qué parece que se está excusando?

— Okay.

Se quedaron en silencio un rato, cada uno ocupado en algo, Max con unos documentos y Sergio con su teléfono, hasta que volvió a hablar.

— Vine porque quería hablar contigo.

— ¿Sobre qué?

— Nosotros.— Eso captó la atención de Max y lo miró a los ojos.— ¿Recuerdas que te dije que teníamos que hablar antes de irme de tu apartamento?

— Yo...— Justo antes de que Max hablara, Sergio lo interrumpió.

— No digas que no te acuerdas porque estabas sobrio y no hay manera de que puedas olvidar que te metí la lengua en la boca.

— ¡Sergio!— Max sentía que le ardía la cara. Sus amigos de casa hablaban así todo el tiempo, por lo que estaba acostumbrado, pero nunca había estado involucrado personalmente en ese tipo de circunstancias. Todavía estaba sorprendido de lo fácil que había sido ceder y besar al hombre como si no hubiera un mañana en su loft.

— Es la verdad. Necesitamos hablar de eso.

— No hay más que decir, ya te dije que no mezclo los negocios con el placer, no termina bien.

— ¿Y cómo lo sabes? Acabas de salir de la universidad y no tienes experiencia.— La mirada ofendida de Max lo hizo hablar nuevamente.— No tienes experiencia en el tema. Nunca has tenido una relación con un compañero de trabajo.

— Quizás no, pero sé muchas cosas, Checo. Sé que seré yo quien pierda aquí si algo sucede entre nosotros y termina mal.

— ¿Cómo sabes? No puedes saber lo que sucederá.

— Sí lo hago. Tú no sabes porque estás en una posición de poder en este momento y no lo digo como si me estuvieras obligando a hacer algo o usando tu influencia en mi contra, sino porque tú eres el CEO experimentado y yo soy un extraño lo suficientemente tonto como para caer en tus encantos. Si sale bien, la gente dirá que estoy donde estoy gracias a ti y si sale mal, seré el novato estúpido que se enamoró de Sergio y no sabía que él no tenia relaciones serias. Y la gente va a hablar, ya lo hace.

— ¿Qué quieres decir con que ya lo hacen?

Max suspiró y luego respondió.

— Sí, la gente nota la atracción y lo paciente y servicial que eres conmigo, no están ciegos. Ya dicen que sigo aquí porque quieres meterte en mis pantalones y una vez que lo hagas me echarás a patadas, como si mi esfuerzo y mis cualidades no importaran.

— No sabía nada de eso.

— Por supuesto que no, eres su jefe. Y no busco una aventura Checo, así que no soy el chico indicado para ti. Sé como funcionas.

— ¿Cómo lo sabes? ¿Lando te dijo?

— Incluso si no lo hubiera hecho, me habría enterado por mi cuenta. Todas las redes sociales hablan de ti y de tus conquistas. Mi feed estaba lleno de tus salidas nocturnas del fin de semana pasado. Así que no Sergio. Puede que nos hayamos besado, pero eso es todo. No importa la atracción, no soy material de conquista para ti.— Max terminó y comenzó a escribir en su computadora frente a él sobre la mesa, poniendo fin a la discusión, o eso pensó.

— ¿Tengo derecho a contestar?

Max miró a Sergio y suspiró.

— Sí.

— De acuerdo, tú eres el que está en desventaja aquí, pero no terminará mal, te lo prometo, Max.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro?

— Mira, sí, tienes razón. No soy conocido por ser un fan de las relaciones serias, pero quiero eso contigo.— Max no pudo evitar poner los ojos en blanco y burlarse.— ¡Lo digo en serio! No he estado con nadie más desde que te conocí. No hay aventuras de una noche o salidas a clubs. La vez de tu cumpleaños Carlos quiso ir y el fin de semana pasado fueron unas fiestas de amigos y no estaba con nadie. Sobre la gente, hablan, siempre lo harán, pero es en serio cuando te digo que nunca te faltaría al respeto ni les daría una razón para decir una mierda sobre ti.— Sergio terminó su discurso tomándolo de la mano, lo que hizo que automáticamente se sonrojara ante el contacto.

— No lo sé.

— Max, seríamos tan buenos juntos. En todos los aspectos. Piénsalo por favor, piénsalo de verdad.

— Tengo miedo... —Sergio levantó una ceja animándolo a continuar.— Tengo miedo de decir que sí, no funciona, y la sociedad se jode. ¿Qué le diría a mi papá? ¿Que fui tan estúpido como para empezar a salir con nuestro socio y arruinar el trato? La gente se burlaría de mí durante años.

— Oye, te prometo que si sale mal y estoy bastante seguro de que eso no sucederá, no afectará la transición ni la sociedad. Soy un hombre de palabra Max.

Miró sus manos unidas por un rato hasta que sintió el pulgar de Sergio acariciando su mejilla.

— Solo piénsalo,¿ de acuerdo? Somos tan buenos el uno para el otro.

Max comenzó a imaginar situaciones con el hombre. Salir del trabajo juntos, pasar los fines de semana en su departamento, presentarlo a su mamá, tener su primera vez con él...Esa era una de sus mayores preocupaciones, cómo actuaría el hombre al descubrir que no era un experto como todas sus conquistas.

— Está bien, lo pensaré.

Sergio sonrió y le dijo “Genial”. Luego se acercó, sus labios a unos centímetros de los de Max.

— Solo para que recuerdes lo buenos que somos el uno para el otro.— Dijo el hombre y tiró de él por la corbata cerrando la distancia y besándolo apasionadamente. Él, a su vez, jadeó en la boca de Sergio y pasó los dedos por el cabello oscuro del hombre.

Max no era como esa clase de persona que andaba besando a la gente como si nada. Para él, un beso era significativo e íntimo, pensaría mucho antes de decidirse a besar a alguien, pero con Checo, era tan fácil... y sorprendente.

Parecía como si Checo quisiera meterse en su mente tratando de convencerlo de que dijera que sí a su propuesta porque le devoraba los labios, apenas dándole la oportunidad de respirar, y haciendo que Max se acercara tomándolo de las caderas.

Era agotador y abrumador porque el hombre sabía claramente qué hacer y cuándo, en comparación con su inexperiencia, pero Max no podía detenerse y no quería hacerlo.

No sabía cuánto tiempo se habían besado, todo lo que Max sabía era que la lengua de ese hombre lo estaba volviendo loco y necesitaba más.

Lo jaló del cuello queriendo sentir más e involuntariamente dejó escapar un gemido cuando Checo comenzó a acariciarle los muslos. Todo era tan nuevo y emocionante. Se olvidó de su entorno, de él supuestamente pensando bien antes de decir que sí al hombre. Todo en lo que podía pensar y sentir era en la mano del hombre en su cuello tratando de sostenerlo debido a la rudeza de los besos y la que aún estaba en su muslo.

Justo cuando estaba pensando en lo bien que se sentía, abrió los ojos y se separó mientras la recepcionista esperaba tímidamente afuera de su oficina con la comida en la mano, claramente incómoda pero sin querer interrumpir a sus jefes.

Sintiendo que le ardían las mejillas tomó su comida y al abrir la bolsa se dio cuenta que eran dos hamburguesas en lugar de una porque sin darse cuenta pidió dos de todo así que invitó a Sergio a cenar.

Esa noche no volvieron a hablar de los besos y actuaron como socios de negocios.

— ...y estábamos considerando contratar a más personas para el equipo de marketing, pero debemos comenzar a considerar algunos filtros más, ¿qué te parece?— La verdad es que Max no estaba prestando mucha atención a lo que decía Checo porque acababa de descubrir algo... interesante en uno de los archivos con miles de números.— Max, ¿estás escuchando?

— Lo siento, no.— Dijo mirando al hombre que tenía una expresión de enfado.— Mira esto. Los números en el departamento de Frank no cuadran y ha sido así durante años por lo que deduzco.

— Estás bromeando.

— No, mira.— Le entregó el archivo que había estado revisando durante la última media hora y pronto se encontró hablando solo porque Sergio se sumergió en los datos.

A la mañana siguiente, estaba revisando sus e-mails cuando el hombre entró con un traje azul oscuro.

— Buenos días.

— Hola.

— Entonces...— Max se puso rígido al instante pensando que el hombre ya esperaba una respuesta a su propuesta.— Relájate, solo estoy aquí para pedirte un favor.— dijo Checo con una sonrisa.

Eso no ayudó con su ansiedad.

— ¿Qué?— Preguntó con desconfianza en sus ojos.

El hombre se rió y decidió poner fin a su agonía.

— Vine aquí para pedirte que por favor sigas indagando en las finanzas del departamento de Frank por tu cuenta. No quiero que nadie se entere, esto es serio. Si realmente está desviando dinero, definitivamente eso me daría la base para despedirlo y también me ayudaría con el caso contra los demás.

Max comenzó a mirar su agenda, tratando de calcular que tanto tenía que hacer ese día.

— No te preocupes, le diré a Erin que reprograme todas tus reuniones. No le digas lo que estás haciendo. Por favor, Max, eres el único en quien confío en esto.

— Sí, claro.

— Gracias, investiga todo lo que puedas hoy y mañana y envíale todo lo que descubras a Alice.

Él asintió y volvió a revisar sus e-mails.

— Ah, y por cierto.— Max levantó la vista.— Te ves muy guapo hoy.







El hombre claramente sabía qué hacer y decir para hacerlo sentir valorado y especial, calmando sus miedos durante sus reuniones nocturnas y enviándole su bebida favorita temprano a su oficina esa semana porque sabía lo malhumorado que estaba por la mañana.

Nunca lo presionó para que le diera una respuesta y de hecho, el hombre se fue el fin de semana a los Hamptons con su familia, pero Max sentía que necesitaba decidir qué hacer.

Entonces, el domingo por la mañana, mientras cerraba las persianas de la sala de su loft, decidió llamar a su mamá, la persona a la que llamaba cuando estaba confundido y no sabía qué hacer.

Había una tormenta y el cielo estaba oscuro, siendo ocasionalmente iluminado por relámpagos. Max los odiaba, le recordaban sus primeros años en los Países Bajos con su familia biológica. No les tenía miedo, solo le traían malos recuerdos.

— ¡Hola, querido! ¡Es tan bueno escuchar tu voz!— El acento británico de su madre llenó la habitación, ya que la había llamado a través de su Alexa.

— Hola mamá. ¿Como has estado?

— ¡Excelente! Es día soleado y encantador y estoy sola. Tu padre llevó a tus hermanos a la playa. ¿Y tú? Qué tal Nueva York?

— Lluvioso.— En ese momento, un rayo cayó en algún lugar cercano y el sonido llenó la habitación, había sido tan fuerte que Geri lo escuchó a través del altavoz.

— Oh.

— Sí... pero no es por eso que te estoy llamando.

— Bueno. ¿Qué pasa?— Max entró un poco en pánico y las palabras se le atascaron en la garganta.— Está bien, ¿quién es él?

— ¿Qué te hace pensar que quiero hablar sobre alguien?

— Max, te conozco y así es como actúas cuando te gusta alguien. Estás terriblemente callado.

Max suspiró antes de hablar.

— Sí, lo siento, solo estoy pensando en todas las maneras en que podría terminar mal.

— Ok jovencito, si ya estás siendo negativo, no entiendo por qué estamos teniendo esta conversación.— Su madre odiaba lo negativo que tendía a ser.

— Sí, lo siento. Es solo que... es una situación tan compleja, mamá.

— Cuéntame entonces. ¿Quién es él?

Como ya estaba sentado en su sofá, abrazó sus rodillas antes de hablar.

— Sergio. Sergio Pérez.— Geri se quedó callada, por lo que sintió la necesidad de aclarar.— De PGA News, nuestro socio de negocios.

— Sí, sé de quién hablas. ¿Cómo? Me refiero a que necesito el panorama completo.

— Bueno, me sentí atraído por él en el momento en que lo conocí y fue mutuo. Él ha sido una de las pocas personas que ha sido amable, paciente y servicial conmigo, lo juro. Desde nuestro primer encuentro ha sido tan amable mamá, sin importarle mi inexperiencia y sin hacerme sentir mal por eso, incluso me pide mi opinión sobre ciertos asuntos. Salí con un amigo el día de mi cumpleaños y su novio apareció con Sergio. Me llevó a casa, así que lo invité a pasar, nunca hago eso, lo sabes, pero se sentía correcto y nos besamos. Después de eso, le dije que no volvería a pasar porque no mezclo negocios con placer y me dijo que deberíamos hablar sobre nosotros. Lo hicimos el lunes por la noche y me dijo que quería algo serio conmigo.

— ¿Y tú? ¿Quieres algo con él?

— ¿Existe una respuesta correcta para esa pregunta?

— No hijo, o no lo sabremos hasta que tú decidas.

Volvió a suspirar temeroso de lo que su mamá iba a decir después.

— Tontamente, quiero algo con él. Me gusta mucho y me hace sentir como nadie más lo ha hecho pero tiene su reputación aquí, mamá. Él no tiene relaciones serias y temo que si digo que sí y no funciona, seré yo de quien se burlen por ser lo suficientemente estúpido como para dejarme cortejar por él y sus encantos sabiendo como es. Quiero decir, la gente ya habla.

— ¿Qué quieres decir con que la gente habla?

— Sí, son conscientes de nuestra atracción y dicen que solo está siendo amable conmigo para meterse en mis pantalones, pero una vez que lo haga, me dejará o dirán que sigo en la empresa por eso.

— Oh cariño. ¿Él está al tanto de todo eso? No es justo para ti.

— Sí, se lo dije el lunes por la noche. Dijo que quería intentar algo serio conmigo y que somos realmente buenos el uno para el otro. Se da cuenta que él es quien está en una posición privilegiada entre nosotros dos, pero nunca le daría razones a la gente para hablar mal de mí y no sabía de los rumores.

— Bien eso es bueno. ¿Y tú qué piensas?

— No sé mamá. Me gusta mucho, pero ¿y si no funciona y arruino la sociedad? ¿Cómo voy a explicarle a papá que arruine mi primera tarea al enamorarme de nuestro socio, quien sabía que no tenía relaciones serias?

— ¡Cariño, eventualmente lo arruinarás! De una forma u otra.— Max se sintió tan ofendido. —¡Y no estoy siendo mala! Es parte de aprender y crecer. ¿Le has contado a Sergio esta preocupación?

— Sí, dijo que lo que pasara entre nosotros no afectaría a la empresa y una parte de mí quiere creerle, pero, Dios, no quiero que mis sentimientos afecten mi primera tarea importante en la empresa.— Se cubrió la cara con las manos mientras esperaba la respuesta de su madre.

— Creo que deberías darle una oportunidad.— ¿Qué?— Te entiendo, de verdad hijo, tu padre era así cuando lo conocí y yo estaba muy confundida, pero mira dónde estamos ahora. Si no funciona regresas y nunca hablamos de eso, la ruptura no tiene que ser dramática ni pública, sería mala publicidad para la empresa, y en cuanto a la gente....cariño, siempre van a hablar. No importa lo que hagas. Así que no dejes que tomen el control de tu vida.

— Te gusta ¿no?— Eso fue lo primero que salió de su boca y la risa alegre de su mamá invadió su sala.

— ¡Sí! Es realmente guapo y tu papá habla maravillas de él.

— ¿Entonces crees que, a pesar de todas las contras, debería intentarlo?

— Sí, eres joven y estás en una ciudad nueva, date la oportunidad de vivir tu vida y disfrutarla.

Después de eso, pasó el resto de la tarde poniéndose al día con su madre sobre cómo era la vida en California y le contó sobre su lado de la costa y Lando.

Una vez que colgó se sintió más relajado y ya había tomado una decisión.






No tuvo la oportunidad de hablar adecuadamente con Sergio hasta el viernes por la noche, ya que ambos habían estado demasiado ocupados con sus propias responsabilidades.

Checo tuvo que lidiar con las elecciones y en secreto con todo el lío financiero y las estafas que había descubierto y Alice había seguido revisando y el poniéndose al día con el trabajo y supervisando la contratación de nuevas personas porque Sergio le había dicho que solo querían lo mejor.

Carlos se había mudado a un apartamento nuevo y más grande y decidió hacer una fiesta con todos sus amigos, entre ellos estaba Max, pero aunque el hombre no había sido más que amable con él, estaba bastante seguro de que Lando intervino en los arreglos de la invitación.

En un momento de la fiesta, sintió que necesitaba un poco de aire fresco después de tanto mezclarse con gente que no conocía y salió al balcón, mirando las luces brillantes y las calles concurridas.

—¿ Ya te hartaste de la gente?— El sonido de su voz lo hizo temblar y en poco tiempo Sergio estaba parado a su lado con una gran sonrisa en su rostro a pesar de verse cansado.

— Un poco. Llegas tarde.

— Sí, me puse al día con el trabajo y luego tuve que esperar en mi loft a que llegaran mis hermanos.

Mierda, su familia esta aquí.

Max comenzó a entrar en pánico porque no estaba preparado para una presentación. Los rumores volaban rápido y trabajaban en el mismo edificio, por lo que estaba seguro de que habían oído hablar de él y su hermano. Parecía que su estado era evidente en su rostro porque el hombre llevó la mano a su antebrazo que estaba apoyado en la barandilla.

— ¿Estás bien?

— Sí, no esperaba que tu familia estuviera aquí.

— Solo mis hermanos y los tendrás que conocer un día u otro. ¿Cómo has estado?

— Bien, ocupado pero bien, ¿y tú?

— Ocupado y estresado pero bien también. He extrañado nuestras reuniones nocturnas y tú rechazándome todo el tiempo.— Dijo el hombre con una sonrisa.

Max puso los ojos en blanco pero le devolvió la sonrisa.

— Bueno, consulté a fondo con mi almohada y la respuesta es sí.

— ¿Sí?— El hombre preguntó confundido y luego Max vio la comprensión en sus ojos y sonrisa.— ¡¿Sí?!

Él asintió y se rió de la reacción emocionada del hombre.

— Sí.

El hombre no perdió más tiempo y lo abrazó por la cintura.

— Realmente necesito agradecerle a esa almohada, hizo un trabajo increíble.

— Sí, me tomó por sorpresa, no esperaba que ella te apoyara tan rápido.

— ¿Ella?— El hombre volvió a mirarlo confundido y se rió.

— Sí, mi mamá.

— ¿Hablaste con tu mamá sobre nosotros?

Asintió un poco nervioso por la reacción del otro hombre.

— Sí, hablo con ella cuando necesito tomar decisiones y estoy confundido.

— Bueno, entonces tengo que agradecerle a tu mamá.— dijo Checo y se puso de puntillas para besar su mejilla.— ¿Cuáles son sus flores favoritas?

— Oh, eres un encantador crónico, ¿verdad?

El hombre solo sonrió y tiró de él hacia abajo para besarlo. Esa vez no fue apurado ni lleno de hambre como las veces anteriores, el hombre tomó la iniciativa y le dio el beso más dulce que había recibido.

— ¿Quieres entrar y conocer a mis hermanos?— Ante la expresión de sorpresa de Max, el hombre puso los ojos en blanco.— Oh, vamos, Max. Tu madre sabe de nosotros.

Tenía razón, pero su madre sabía la verdad y Max no sabía lo que sabían los hermanos de Sergio.

— Está bien, pero ¿ qué saben ellos? Porque estoy bastante seguro de que han oído los rumores.

— Puede que lo hayan hecho pero saben que no es verdad y que me gustas mucho. Eso es todo lo que importa.

Una vez dentro, Sergio lo condujo hasta una mujer rubia que vestía un mono negro con tacones rojos y un hombre de cabello oscuro con un traje sin corbata.

— Chicos.— hablo Checo, tratando de llamar su atención.— Él es Max. Max ellos son mi hermano Antonio y mi hermana Paola.

No sabía qué hacer porque nunca le habían presentado a la familia de una pareja, y las sonrisas burlonas que le estaban dando no ayudaban.

—Hola.— Dijo extendiendo su mano para poder estrechar la de ellos.

— Hola Max, hemos escuchado mucho sobre ti.— Saludo la mujer, todavía dándole una gran sonrisa y poniendo una mano sobre el hombro de Sergio. Inmediatamente el hombre le dirigió una mirada de advertencia.— Solo cosas buenas, lo prometo.

— Sí, creo que te he visto en el lobby, pero es un placer conocerte.— dijo Antonio.

Sintió que le ardían las mejillas y empezó a preguntarse si el hombre lo había visto una de esas veces que caminaba rápido hacia el ascensor porque era tarde o con cara de mierda. Después de todo, odiaba las mañanas. Pensando en eso, recordó las pocas veces que había visto al hombre en el vestíbulo y deambulando por su piso, claramente yendo a hablar con Checo.

— Ah, sí, yo también te he visto un par de veces.

— Bueno, tengo curiosidad y Checo se negó a decírmelo. ¿Por qué tu apellido no es Horner? Tu papá es Christian Horner, ¿no?

Vio a Sergio pasarse la mano por la cara, exasperado con su hermana porque no era un tema normal en una conversación casual.

— Sí, Verstappen es el apellido de mi familia biológica, pero me gusta y Christian estuvo de acuerdo con que lo mantuviera.

— Oh, ere-

— Adoptado, sí. Mi hermana y yo.

— ¿Eres de aquí?— Antonio no pudo evitar preguntar.

— No, soy de Países Bajos pero vivo en los Estados Unidos desde que tenía 6 años.

— ¡Oh, tienes 2 nacionalidades como nosotros!— Dijo Paola emocionada.

— Depende del país pero en teoría tengo 3.— Vio la curiosidad en los ojos de Sergio porque nunca antes había compartido esa información con él.

— ¿Holandés, americano y...?— Preguntó.

— Holandés por mi padre biológico, belga por mi madre biológica y británico por los Horner. Aquí solo soy un ciudadano.

— Eso es fascinante.— dijo Antonio.

— Siempre le ha gustado todo el asunto de leyes internacionales. ¿Por qué crees que maneja Cruceros y Hoteles?— dijo Paola.— ¿Entonces hablas holandés?

— Sí, papá hizo que mi hermana y yo fuéramos a clases. Holandés, alemán y francés.

— ¿Sabes que? Voy a Ámsterdam el próximo mes y necesito un traductor. ¿Te importa si lo tomo prestado, Checo?— Preguntó el otro hombre, abrazando a Max por los hombros, demostrando que le agradaba.

— Ok, ustedes dos, paren con el interrogatorio.— dijo Sergio y cambió de tema.

Más tarde en la noche, se encontraron hablando en un rincón de la sala de estar porque no podían oírse. La música y las voces eran tan fuertes que era casi imposible tener una conversación normal.

— ¿Entonces 3 nacionalidades?— Checo preguntó cerca de su oído.

— ¿Y tú 2?— Contesto mirando al hombre pero sus ojos estaban en sus labios, le tomó unos segundos procesar lo que decía.

— Sí, estadounidense y mexicano.— Y luego se rió de la expresión de sorpresa de Max.

— ¿Mexicano? Nunca te he escuchado hablar español.

— Bueno, no he tenido la necesidad de hacerlo contigo.

— Dime algo en español, cualquier cosa. Quiero escucharte.

Vio un brillo travieso en los ojos de Sergio antes de hablar, sin poder reprimir una sonrisa.

Estas bien bueno.

No lo entendió todo, solo el doble “bueno” de la frase.

—¿Qué significa eso?

Sergio tiró de él por la cintura haciendo que casi se le cayera la copa de champagne y le susurró al oído con voz ronca.

— Eres tan jodidamente sexy.

Se escuchó a sí mismo jadear y sintió su cuerpo arder, especialmente la parte sur de su cuerpo que había estado más activa desde que conoció al hombre.

Sergio buscó sus ojos y besó su mejilla sonrojada.

— Es tan adorable cómo te pones rojo cuando digo cosas así.

— Bueno, no lo vi venir.

— Deberías acostumbrarte, porque lo eres, mi amor.

Eso era algo que entendía.








Después de obtener su número personal al día siguiente, él y Sergio decidieron pasar el domingo haciendo cosas que el neoyorquino no había hecho en años, como ir al cine y elegir una película al azar, caminar por las concurridas calles de Manhattan, comer pizza en un pequeño restaurante, ver a los músicos tocar en el parque y correr al loft de Max porque comenzó a llover, no tenían paraguas y estaban cerca.

Una vez que estuvieron frente a su puerta Max lo miró con nerviosismo.

— ¿Quieres pasar?

Sinceramente no sabía que estaba haciendo ni que quería que pasara, lo único que sabía era que había tenido el mejor día en New York desde que había llegado y era gracias a ese hombre, por lo que no quería que se fuera.

El hombre sonrió y lo besó.

— Si alguna vez digo que no a entrar contigo, por favor golpéame.

Max se rió en el beso y logró abrir la puerta sin mirar. Una vez dentro, Sergio los condujo hasta un sofá de la sala, sin atreverse a romper el beso.

— Hoy fue increíble, gracias.— dijo Max una vez que se alejó.

— Gracias mi amor, hace mucho que no hacia todo eso.

Max pasó sus dedos con ternura por el cabello húmedo del hombre y recordó que estaban empapados.

— Tenemos que cambiarnos, de lo contrario nos enfermaremos.

Estaba de pie cuando Checo tiró de él hacia abajo y lo besó, sujetándolo cerca del cuello. El beso fue tan bueno que llegó a la conclusión de que no se enfermarían si permanecían así unos minutos más.

A pesar del clima frío por la lluvia y sus ropas mojadas, Max se sentía como si estuviera en llamas y todos sus sentidos estaban despiertos, especialmente el tacto, sintiendo los movimientos de la lengua y la mano del hombre en todo su cuerpo.

Al final, no fue suficiente para Sergio y tan seguro de sí mismo introdujo sus manos debajo de la camiseta blanca de Max, pasándolas lentamente por su espalda y luego por sus abdominales. En respuesta, Max se escuchó soltar un gemido de necesidad por primera vez en su vida y el otro hombre lo consideró una buena señal pues lo ayudó a quitarse la camiseta, continuando de inmediato con las caricias en su torso. Luego dejó sus labios y comenzó a dar lentos y sensuales besos en su cuello, haciendo que Max dejara escapar más sonidos de placer que nadie más había provocado.

Debido a su inexperiencia, Max no sabía qué hacer con sus manos o incluso con su cuerpo, por lo que decidió descansarlas sobre los hombros de Sergio mientras echaba la cabeza hacia atrás para que el hombre tuviera más acceso a su cuello.

Se quedaron así por unos segundos hasta que aparentemente, no fue suficiente para Checo porque mientras besaba y lamía otra parte de su cuello, comenzó a desabotonarse su propia camisa.

Una vez que se la quitó, se abalanzó sobre Max y se tumbó encima de él en el sofá, pero se detuvo cuando sintió algo de tensión en el rubio.

— ¿Está todo bien?— Preguntó con confusión y preocupación en su rostro.

— Creo que deberíamos cambiarnos de ropa.— dijo Max sin mirarlo a los ojos. Se sentía avergonzado de hacer tan evidente su nerviosismo y algo de culpa porque al acostarse sobre él había sentido la excitación de Sergio.

— Max, ¿qué pasa? ¿No lo estás disfrutando? Pensé que sí.— Pregunto el hombre, sentándose en su lugar anterior.

La preocupación en su rostro hizo que Max hablara.

— Lo estaba, lo estoy. Es solo que...nunca he estado en esta situación antes.— Susurró mirándose las manos.

— ¿Situación? ¿Te refieres a estar abajo?

— No. En general.— Dijo atreviéndose a mirar a los ojos del hombre y lo que encontró lo puso aún más nervioso. En realidad estaba preocupado por cómo reaccionaría el hombre.

Después de salir del shock, Sergio habló.

— ¿Quieres decir que nunca has tenido sexo?

— No.— contesto mientras se sentaba y miraba al techo sintiendo su rostro arder de nuevo.

— ¿Qué? Eso es imposible.— Dijo y cuando vio la expresión preocupada en el rostro de Max, habló de nuevo inmediatamente.— ¡No de mala manera, Max! Es solo que...¡joder, eres tan sexy, mi amor!

Max sonrió antes de responder.

— Supongo que nunca sentí interés en hacerlo.

— ¿Y ahora lo haces?— preguntó Checo, acariciando su cintura.

— Sí. Simplemente no sé exactamente qué hacer y cuándo.

Cariño eso viene con la experiencia. Solo tienes que relajarte y hacer lo que se sienta bien.

Max asintió y besó su mejilla.

— ¿Estamos bien?

— Maravilloso. No tenemos que apresurarnos, ¿de acuerdo? No quiero que te sientas presionado. Si no quieres hacerlo lo entiendo.

— Quiero hacerlo, contigo. Confío en ti y te deseo.— Volvió a sonrojarse al decir la última parte.

— Yo también te deseo mi amor, no sabes cuánto.— Lo besó suavemente, manteniéndolo quieto con las manos en su rostro.— Sé que el concepto de la virginidad es una mierda, pero no sabes lo bien que se siente saber que seré el primero.

Se suponía que debía sentirse excitado pero no pudo evitar reír.

— ¡Cállate macho !

El hombre también se rió y lo abrazó, Max tuvo que admitir que el contacto piel con piel era algo que le gustaba.

— ¡Es la verdad! Voy a hacerte sentir tan bien.— Susurró la última parte con voz ronca en su oído mientras acariciaba sus abdominales nuevamente.

— Más te vale, la gente en la calle dice que eres bueno y necesitas demostrarlo.— Dijo a pesar de sentir que su rostro se ponía rojo.

— ¿Bueno? Soy fuera de este mundo.— Max estaba sorprendido de lo seguro de sí mismo que sonaba y sintió que su interior se revolvía en deseo. Estaba maravillado de cuánto lo había afectado el hombre de esa manera en las últimas semanas.

Después de su charla, Max le prestó algo de ropa a Checo y pasaron el resto del día viendo películas y acurrucándose en el sofá. Por primera vez desde que llegó a Nueva York, Max no se sentía solo.





¡Hola! Les traigo este nuevo AU <3

Espero les guste tanto como a mí



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