[1] Una invitación
Era un día normal, niños jugando en grupos, personas caminando enfrente de las tiendas o realizando compras, jóvenes divirtiéndose o solamente dejando pasar el tiempo, era un día normal como el resto de los días.
Los carros iban y venían, en uno de esos carros iba una pareja con sus 2 hijos, el mayor de 17 años y la menor de 15 años, se estaban mudando de casa, la chica estaba aburrida por lo cual no tenía otra opción nada más que contar carros, mientras que el mayor ni siquiera prestaba atención a lo que pasaba a su alrededor, estaba tan perdido en sus pensamientos, hasta que el grito de su hermana lo saco de sus pensamientos.
—¡Ay! —grito un poco fuerte su hermana.
—¿Qué pasa? —preguntó su hermano en un tono despreocupado.
—Me masqué el dedo —dijo por lo cual su hermano no pudo evitar soltar una leve risa—. No te rías, enserio duele.
Su hermano entre risas pudo decir—. ¿Y con qué te mascaste el dedo esta vez? ―Pero antes de que su hermana le respondiera él volvió a hablar—. Déjame adivinar... ¿fue con el zipper de tu mochila? —ella asintió provocando que el estallara en risas—. ¿Enserio? Oh vamos, ya tienes 15 años, ya no deberías de... ―Pero fue interrumpido por la voz de su madre.
—Ya llegamos, bajen del auto —dijo por lo cual ellos hicieron caso. Estando ya fuera del auto la familia miraron la casa en frente de ellos—. ¿Qué les parece?
—¿Les gusta? —esta vez fue la voz de su padre, ambos chicos asintieron—. Qué bien, es una habitación para cada uno de ustedes.
(...)
—Aun no comprendo porque nos mudamos, digo sí, es bonita la casa pero... nuestra anterior casa también era bonita, nos llevábamos bien con los vecinos, no era peligroso ese lugar, que yo recuerde no peleaba con los o las hijas de los vecinos —dijo Mary.
Su madre soltó una ligera risa debido a lo último que dijo su hija, pero su rostro se torno a un poco serio—. Mira hija... nosotros estábamos bien en donde vivíamos pero... recuerda el accidente que ha sufrido tu hermano, la verdad es que tu padre y a mí no nos gustaba verlo casi todo el día triste, además este es como un nuevo comienzo para él, tal vez este cambio lo ayude a olvidar lo que paso hace unas semanas.
Mary iba a hablar pero fue interrumpida debido a que sonó el timbre de la casa—. Espera, voy a ir a ver quién es —dijo su madre levantándose de la silla del comedor para ir a ver quién era. En cuanto llego a la puerta, la abrió dejando ver a un pequeño niño de unos 7 u 8 años de edad con una bandeja de galletas—. ¡Hola pequeño! ¿Puedo ayudarte en algo? ―dijo amigablemente la madre de Mary.
—Y-yo...―dijo nervioso el niño, haciendo que este dirigiera su mirada a unos arbustos que se encontraban a la par de la casa de al lado—. B-bueno yo... pues... mis padres los... —cada vez se ponía más nervioso el niño, haciendo que otra vez dirigiera su vista a los mismos arbustos de la casa de al lado.
La madre de Mary se sentía un poco confundida y al ver que el pequeño dirigía su vista al par de arbustos de al lado, decidió seguir con la mirada lo que tanto miraba el niño y se encontró con un niño de unos 15 o 16 años semi escondido en los dichos arbustos con un pequeño cartel en la mano que decía "tranquilo, solo dile que la familia Denbrough (nosotros) los invitamos a una cena para conocer a los nuevos vecinos".
Pero se llevo una sorpresa cuando la mujer lo había visto, él rápidamente se escondió en los arbustos, pero ya era muy tarde, la mujer ya lo había visto así que se armó de valor y decidió salir de los arbustos sacudiéndose la ropa llena de tierra, camino hasta la entrada de la casa donde se encontraba su hermano menor, vio a la mujer y finalmente dijo.
—Disculpe mi hermano es un poco miedoso y se pone nervioso al hablar con desconocidos —dijo, ganándose una mala mirada del pequeño—. Lo que mi hermanito quería decir es que mis padres los invitan hoy a una cena para conocerlos mejor ya que son los nuevos vecinos, Soy Bill y el es George Denbrough, vivimos a la par de ustedes... —Dijo el muchacho un poco nervioso y avergonzado de que lo vieran con la ropa llena de tierra.
—Dile a tus padres que aceptamos su invitación —dijo la madre de Mary—. ¿Pero a qué hora es la cena? —preguntó ella cortésmente.
—Es a las 7:00 pm —dijo el muchacho.
—Muy bien, entonces llegaremos a esa hora —dijo ella amablemente
Mientras la mujer se despedía de los hermanos, el mayor le dio unos leves golpecitos en la espalda al menor, indicándole que le diera la bandeja de galletes a su nueva vecina —D-disculpe... —dijo el pequeño, ganándose la atención de la mujer—. Esto es para usted —dijo ofreciendo la bandeja.
—¡Oh! Gracias pequeño —dijo amigable mientras sostenía la bandeja—. Gracias, los veo después —dijo entrando a su casa.
Los 2 hermanos solamente articularon una sonrisa avergonzada y se fueron lo más rápido posible a su casa, durante el camino no dejaban de pensar en lo vergonzoso que se había visto la escena.
(...)
—¿Qué paso? —preguntó Mary al ver que su madre reía un poco al entrar a la cocina.
—Los vecinos de a la par nos invitaron a una cena, para conocernos —dijo ella mientras dejaba la bandeja en la pequeña mesa que se encontraba dentro de la cocina, al ver la curiosidad de su hija cuando veía la bandeja dijo—. Son galletas, nos lo dieron los vecinos —y como ella la conocía como la palma de su mano, no se sorprendió al ver a su hija tomar unas cuantas galletas para después comérselas —. Ve y dile a tu hermano que tiene que arreglarse para la cena al igual que tu, mientras tú vas con el yo iré con tu padre a decirle también.
—Bueno —dijo Mary, sacudiéndose las manos—. ¡THOMAS, DICE MAMA QUE...! —pero fue interrumpida por su madre.
—Para eso hubiera sido yo la que lo llamaría —dijo su madre—. Anda ve.
—Bueno... —dijo Mary dirigiéndose a la habitación de su hermano.