Capítulo Único
Este es mi regalito de Navidad, espero que lo disfruten.
Una de las maravillas del mundo que más encantaba a los cachorros Kim; era la navidad.
Era una época tan dulce y festiva, era imposible pasarla mal en navidad. El rojo en los listones que colgaban del árbol navideño, el blanco de la nieve que caía afuera de la ventana y el verde de los adornos de pino que decoraban cada espacio de la mansión eran un deleite para los ojos de los niños. Además, era imposible no caer rendido ante los aromas que provenían de la cocina; galletas recién horneadas, pavo y chocolate calientito. Un banquete listo para compartir en familia.
Pero los Kim no eran como cualquier familia, desafortunadamente. Los empresarios multimillonarios trabajaban hasta altas horas de la noche e incluso en días festivos, por lo que el Presidente Kim no estaría en casa para compartir la cena de navidad con sus cachorros. Eso los entristecía, pero ya estaban acostumbrados. Kim Taehyung y Kim Namjoon sabían lo que era tener un padre ausente, no era nada nuevo. Pero había una diferencia este año.
El hermano más pequeño, Kim Jimin, tenía cuatro años y una mente muy despierta. Esta sería la primera navidad que recordaría como niño grande, no como un bebé que se chupaba el dedo, y sus hermanos querían que fuera muy especial. Planearon múltiples cosas con la ayuda de su Nana y el mayordomo/chofer/abuelo Sunying. Desde la compra de regalos, adornar la mansión y colgar los calcetines en la chimenea, los mayores ayudaron a los cachorros en todo.
Pero, como es de esperarse cuando se involucra a los cachorros Kim, nada salía como se esperaba.
La primera tarea fallida fue escribir las cartas a Santa Claus. El viejo barrigón era solo una invención de los adultos y Taehyung se lo hizo ver a su hermano menor. Todo sucedió cuando el pequeño Jimin, que aún no sabía leer ni escribir, dibujaba con gran ilusión lo que deseaba de regalos en su carta.
—Y quiero un oso...—El cachorro rubio apretaba su crayola en un trazo firme y decidido hasta que esta se quebró. Sus ojos se agrandaron y soltó un chillido. — ¡Mi crayoncito se quetro!
—Se quebró, así se dice. — Taehyung, que escribía con una nada entendible caligrafía, rodó los ojos. — ¡Aprende a hablar ya tienes cuatro años!
Jimin hizo un puchero y luego le tiró a la cabeza un pedazo de crayola.
— ¡Cállate!
— ¡Eres un grosero! —Taehyung se levantó del suelo y le saco la lengua. — ¡Además no sé para que te esfuerzas, Santa ni siquiera existe! ¡Es papá quien nos compra los regalos! ¡Nani y Sunyi los dejan debajo del árbol!
Jimin agrandó los ojos al punto de estar a segundos de hacer un berrinche.
—¡No es cierto! ¡Santita Clos vendrá!
—¡Santa no existe! —Chillo Taehyung a su vez.
— ¡Claro que sí!
— ¡Te digo que no!
— ¡Existe! —Jimin apretó sus puñitos. — ¡Y traerá a su reno Rodolfito!
— ¡Si existiera no le traería nada a cachorros que aun mojan la cama!
Jimin tomó aire en sus pequeños pulmones y grito antes de abalanzarse sobre su hermano y atacar.
— ¡Tuve una pesadilla!
El pequeño cachorro Kim Namjoon, quien recientemente había sido declarado alfa, llegó corriendo al salón en donde sus hermanos estaban escribiendo sus cartas al escuchar los chillidos de auxilio de ambos. Los encontró rodando en el suelo. Jimin tiraba con fuerza el cabello de Tae y este a su vez, mordía una de las piernitas de su hermano menor. Namjoon suspiró al ver la situación y simplemente se dio la vuelta. Tenía mucha tarea de sus clases particulares como para lidiar con la situación.
El altercado terminó cuando Nani los castigó a ambos; a Taehyung por grosero y a Jimin por atacar a su hermano. Ambos cachorros terminaron de escribir sus cartas en el rincón sin siquiera hablarse. Solo se daban miradas de resentimiento.
El segundo plan fue decorar la mansión, empezando con el árbol. Sunying los llevó a conseguir un árbol de pinabete y para su desgracia, escogieron el más grande y pesado que vieron. El pobre chofer tuvo que llevarlo sobre su espalda hacia el auto, amarrarlo al techo y llevarlo a la mansión de los Kim.
—¿Aquí está bien? —El chofer soltó un quejido al sentir que su espalda se torcía de mala manera luego de arrastrar el bendito árbol por todo el salón, los cachorros no quedaban conformes con la ubicación del árbol. — ¿Ya dejaran de molestar?
Tae negó con la cabeza.
—Lo quiero más cerca de la chimenea. ¡Más a la derechita, Sunyi, por fis!
El chofer lo acomodo como Tae quería.
— ¿Ahora sí?
Jimin movió su piecito.
—Yo lo quiero más cerquita de la ventana.
El alfa gruño pero movió el árbol otra vez.
— ¡¿Están felices ahora?!
Namjoon asintió cuando al árbol estuvo acomodado como todos querían.
— ¡Perfecto, gracias!
Tae aplaudió.
— ¡Ahora trae las cajas con los adornos, Sunyi! ¡Y tráelas todas, no olvides ni una sola!
—Por supuesto, joven amo. —Refunfuño el alfa. —De casualidad, ¿se le ofrece otra cosa?
—Un juguito y galletitas para Jiminie y para mí. —Tae estaba entretenido dando vueltas alrededor del árbol con Jimin. — ¡Gracias, Sunyi!
Los adornos estaban desparramados en el salón, mientras los cachorros rebuscaban con cuales querían decorar el árbol.
—Mamá tenía una esfera por cada uno de nosotros. —Estaba explicándole Nam a Jimin. —Ahora tú también tendrás una esfera con tu nombre, Jimin.
El cachorro rubio aplaudió.
— ¡Tiene brillitos!
Taehyung cargo a Jimin y juntos pusieron la esfera al lado de la de sus hermanos.
— ¡Ahora tenemos que poner la estrella! —Chillo Tae. — ¡Namjoonie cárgame que no alcanzo!
Jimin hizo un puchero.
— ¡Yo también quiero! ¡Quiero poner la estrella!
— ¡Ya tienes tu esfera! —Tae aferró el adorno entre sus manitas. — ¡Mamá me dejaba poner la estrellita a mí! ¡Es tradición!
— ¡Taehyunnie déjame poner la estrellita! ¡Envidioso!
— ¡Ya me desespere de escuchar tus chillidos de capricho!
— ¡Hazme caso, Taehyunnie! —Jimin le hizo pucheros.
Namjoon suspiro.
—Taehyung...
El cachorro miró a sus hermanos y asintió.
— ¡Esta bien! —Señaló hacia Jimin en advertencia. — ¡Pero solo este año! ¡Que no se te haga costumbre!
Jimin hizo un pequeño bailecito.
—¡Nam cárgame!
Nani llegó al salón para vigilar que todo estuviera en orden, se sintió complacida al ver que los pequeños decoraron el árbol sin ningún inconveniente.
— ¡Mira, Nani! —Jimin corrió a los brazos de la niñera. —¡Tae me dejo poner la estrellita!
— ¿De verdad? ¡Bien hecho, pequeño!
Tae hizo una mueca burlona.
—Te quedo torcida.
— ¡No es cierto!
Namjoon estaba a punto de gruñir.
— ¡No quiero peleas!
— ¡Perdón, Namjoonie! —Ambos cachorros cantaron en coro.
Nani negó con la cabeza.
—Veo que no han puesto los calcetines en la chimenea.
Namjoon les dio su respectivo calcetín a sus hermanos menores.
Jimin frunció el ceño.
— ¿Por qué mi calcetín es más pequeñito?
—Porque eres el enano de la familia. —Tae soltó una risita burlona. —El calcetín es para los dulces. Tú no debes comer tantos o se irán a tu trasero y parecerá que traes pañal.
— ¡Si eres malo conmigo otra vez, Santita Clos no te traerá nada! —Chillo Jimin.
— ¡Ya te dije que Santa no existe, cachorro pañaludo!
El pequeño Namjoon se dejó caer junto a la chimenea con la cabeza entre sus rodillas, estaba tan cansado.
—Solo quiero una navidad tranquila y con obsequios. ¿Por qué es tan difícil?
Nani no pudo hacer más que reír con ternura y darle un beso al pequeño alfa mientras los otros hermanos Kim rodaban por el suelo en un enredo de mordidas y patadas.
A pesar de todo el caos de la preparación navideña, la cena no salió tan mal. La comida estuvo deliciosa, la acompañaron de villancicos, cantos y risas. Namjoon se sintió feliz de ver a sus hermanos bailar junto a la chimenea enfundados en sus suetercitos navideños y sus gorritos. Tomaron chocolate caliente y esperaron la media noche, cuando el reloj dio las doce, se abrazaron y se llenaron de besos y más risas. Los tres se quedaron dormidos en el sofá contemplando la chimenea mientras la nieve caía en el exterior. Quizás eran un caos estando juntos, era la naturaleza que su madre les heredó, pero el amor que se tenían los tres era una gran bendición.
A la mañana siguiente, Jimin y Tae bajaron corriendo las escaleras mientras cantaban villancicos, ansiosos por abrir sus regalos. Namjoon los siguió tranquilamente.
Antes de que pudieran llegar al salón, la puerta principal se abrió y el Presidente Kim llegó a casa. Había tenido un vuelo largo y cansado, el trabajo para un alfa como él nunca paraba. Para mantener el prestigio del apellido, su padre tenía que trabajar arduamente, ser la cabeza de familia y hacer sacrificios como estar alejado de su familia en fechas importantes, en el mundo en que vivían, así eran las cosas. Era una lección que Namjoon empezaba a comprender.
Tae y Jimin gritaron de alegría y corrieron a abrazar a su padre.
— ¡Volviste!
El Presidente se agachó para abrazarlos.
— ¿Aún no han abierto sus regalos?
Jimin negó con la cabeza.
— ¡A eso íbamos!
Tae sostuvo la mano de su padre y lo arrastro al salón.
— ¿Me compraste el carrito de carreras que te pedí, papi?
El Presidente rio.
—Veremos si Santa leyó tu carta.
— ¡Ya sé que eres tú! —Tae suspiro, cansado.
— ¡No es cierto! —Jimin chillo. — ¿Verdad que no es cierto, papi?
Abrieron los regalos, compartieron risas con su padre y hubieron más riñas de los dos hermanos pequeños. Quizás no era una navidad que Jimin o ninguno de ellos recordará como perfecta, pero lo que siempre recordarán es que el lazo que los une como hermanos, permanecerá firme ante cualquier adversidad que les depara el futuro.
FIN
Recuerden que estas fechas son para abrazar a nuestros seres queridos, decirles cuánto los amamos y crear recuerdos que durarán para toda la vida. ¡Feliz Navidad! ❤️ I Purple U.