#1: Nameless
—Ya lo sé, mamá —respondió una joven por su teléfono. Una chica de cabello negro y desarreglado, ojos oscuros y con notorias ojeras veía la pequeña tienda de conveniencia en la que trabajaba. Escuchó unos murmullos del otro lado de la línea, a los que respondió: —Si, si, quieres tener nietos y que mi vida sea feliz antes de irte a la tumba, pero mamá, yo ya soy feliz como vivo... —su madre siguió hablando. La joven solo escuchaba hasta que terminó la llamada. Ya cansada y aprovechando que en la tienda no había nadie. Solo agachó su cabeza sobre el mostrador, durmiendose al rato.
El aviso en forma de pequeño pitido de la puerta que sonaba cada vez que alguien entraba o salia. Esto despertó a la chica que se levantó en un momento.
—Bienvenido —saludó entre un bostezo.
Charlotte se sorprendió al ver que quien entró era un chico de apariencia escuálida, ojos azules, cabello negro, estatura promedio, pero lo más notorio, estaba golpeado y sangrando.
—¿Venden vendas? —preguntó aquel chico con una pequeña sonrisa.
La joven tomo unas que tenía bajo el mostrador y se las entrego al chico, quien las tomo, y saco su billetera donde tenía guardados algunos billetes.
—¿Cuanto te debo? —el joven tenía un aspecto tranquilo a pesar que seguía sangrando.
—Son dos... —sin aviso alguno el chico saltó sobre el mostrador para esconderse debajo— ¡Que mier...! —pero el joven hizo un gesto de que guardara silencio, esto confundió a Charlotte pero al mismo tiempo sonaba la puerta abriéndose, donde entraron tres tipos que se notaban bastante enojados— Bien-bienvenidos, ¿puedo ayudarlos en algo?
—Si —respondió un castaño que se puso delante de sus dos compañeros—. Estamos buscando a un amigo, es flaco, de 1.70, lo golpearon unos sujetos y lo están buscando —se quedó en silencio un momento, pensando en algo que inventar—. Queremos asegurarnos que este bien.
—Pues... —Charlotte miró por debajo. El chico negaba con la cabeza, ella bien podía indicarles donde estaba y todo el asunto se acabaría para ella, lo pensó por un instante— No, no lo ví. Lo lamento —los tipos después de la respuesta negativa se marcharon— Gracias por venir... y no vuelvan —dijo esto último en un susurro—. Bien, ya puedes salir.
El joven salió de abajo del mostrador con dificultad por sus heridas. Charlotte le dejó un asiento para que pudiera apoyarse.
—Ese sujeto es un imbécil. Dijo que mido 1.70 y realmente mido 1.75 —afirmó el chico indignado, pero con una sonrisa que demostraba su poca seriedad ante el asunto.
—No quiero sonar entrometida pero...¿qué acaba de pasar?
—Esos tipos, me golpearon, escape, llegue aquí y bueno, me escondí —habló el chico mientras trataba de vendar sus heridas con torpeza. Lo estaba haciendo mal.
—Me refería al porque te habían golpeado y... —Charlotte suspiró— Deja que lo haga yo —Charlotte, agarró las vendas y la mano. Lo vendó con firmeza. El chico se quedó sorprendido por las acciones de la fémina, quien levantó su mirada, esto hizo que los pulsos del chico se aceleran un poco—. ¿Y bien?
—Oh, si, esos tipos molestaban a un chico, yo lo defendí y ya sabes el resto.
—Eso supongo —se mantuvieron en un largo silencio hasta que Charlotte terminó con las vendas.
—Gracias, ¿cuánto te debo?
—Es gratis, lo necesitabas. Pero no se lo digas a mi jefe —el chico asintió, caminó hasta la puerta, pero antes de retirarse, dió un paso hacia atrás.
—Soy Richard Parker —se presentó el muchacho.
—Charlotte Aller. Es un gusto.
Una vez Richard salió de la tienda, caminó hasta alejarse lo suficiente. Entrando a un callejón. Cayó sobre sus rodillas con las manos sobre su cabeza y pensó:
«Mis latidos estan acelerados, solo es atracción física de primera vista, mis hormonas adolescentes, la química cerebral y...y sus labios, yo...»
Richard se dió una fuerte cachetada a si mismo.
Luego se levantó para irse a un callejón. Miró a toda dirección para verificar que no hubiera nadie cerca. Saltó hasta la parte superior de una pared por donde correría de forma vertical. Subió hasta el tejado donde había una torre de agua. Una mochila estaba envuelta en telaraña sobre la torre de agua.
Tres hombres escapaban de un banco que habían asaltado. Traían dinero en sacos. Pero antes de lograr llegar a su vehículo, unas redes los detuvieron y los elevaron bastantes metros sobre el suelo. Al quedar colgados, vieron que se trataba de una figura en un traje rojo y azul, con una capucha que cubría su rostro enmascarado.
—Lo siento, caballeros, pero los robos no están permitidos por la ley —bromeó el chico mientras se balanceaba.
«¿Es en serio? ¿No se me ocurrió nada más? Pude decir, Debieron revisar el reloj porque esta es mi hora de cazar. No, no, no. Soy una mierda para los comentarios ingeniosos. ¿Qué habría dicho el Spider-Man original?»
El joven se quedó en el borde de un edificio sentado mientras tenia frente la ciudad de Nueva York. La ciudad no le fue de relevancia, ya que estaba sumergido en sus pensamientos.
«Bueno, de estar en un cómic o manga ¿como sería un buen inicio? Lo tengo. Una narración propia de mi vida.»
Richard se impulsó, saltó y después disparó su telaraña hasta una cornisa para columpiarse con la inercia de su cuerpo.
«Me llamo Richard Parker. Tengo 16 años. Me gusta la pizza.»
El enmascarado se detuvo mientras corría sobre los cristales de un edificio. Suspiró con tristeza al vagar en sus recuerdos
«Han pasado dos meses de la muerte de mi padre.»
Richard se dió unos golpes en el rostro para continuar.
«También descubrí mis poderes hace un par de semanas.»
Mientras se balanceaba entre los edificios, bastantes personas lo grababan y tomaban fotos. Los Neoyorquinos se sorprendían al no haber tenido a un trepamuros desde hace años.
«Hice mi propio traje y lanzaredes, tome inspiración del Spider-Man original y otro sujeto con el que lo vieron, Scarlet Spider creo era su nombre. Es probable que mi padre, Peter Parker, haya sido uno de estos dos. Es lógico. La probabilidades de yo ser un mutante de habilidades similares a las de una araña por mi es de un 7%. También esta mi madre, Jessica Drew, tengo el conocimiento de la existencia de una Spider-Woman, ¿O habían más? De cualquier forma, ella podía volar y yo no. Ella podía disparar energia y yo no. Yo tengo un camuflaje que me vuelve prácticamente invisible, excepto si me muevo de manera brusca, que me hace visible y es una desventaja. Claro que sí ella lo hubiera tenido, no muchos lo sabrían pues no se vería. Aunque claro, sí fuera mi madre, explicaría porque es que de momento mi hermana no ha demostrado ni ninguna capacidad sobrehumana. Y hablando de ella...»
Richard se quedó colgando de cabeza en una de sus telarañas. Sentía el aire cruzar por su rostro cubierto.
«Mayday Parker, si la he molestado con un ¡Mayday! de alarma en los aviones, pero ese no es el punto. May es mi media hermana o hermanastra, como sea. Ella es menor que yo por un par de meses, el como es posible es lo más gracioso o triste. Mi padre un par de meses antes de reconciliarse con su madre, Mary Jane, y por ende de llegar a lo sexual y la concepción... Él tuvo una pequeña aventura con mi madre y ahí nací yo. Un accidente fortuito. Más accidente que fortuito según mamá. Pero no me mal entiendan, mi padre es genial. O así lo era. Me llevaba a pescar y hasta incluso a ver La Venganza de los Sith y papá odiaba Star Wars.»
El arácnido se soltó de su red, dejándose caer, pero poco antes de chocar con el pavimento, disparó telarañas contra un edificio para proseguir su balanceo. Llegó hasta un edificio de 25 pisos, usando su camuflaje, fue lentamente hasta el decimoquinto donde abrio una ventana de manera cautelosa, para así entrar en su habitación. El cuarto tenía una cama con sabanas grises, un par de figuras de acción, un halcon milenario y una estrella de la muertea medio terminar hechos de legos, una pequeña mesa junto a la cama y sobre ésta, un cubo rubik con todos los colores esparcidos.
Una fotografía de Richard sobresaliente. Estaba él, pero a los doce años junto a su padre. El niño traía una gorra de los Mets de Nueva York y su padre tenía un dedo de espuma que alentaba al mismo equipo.
Richard se quitó su traje, quedando en ropa interior. Salió de su habitación para ir hasta el baño a darse una ducha.
Mientras sentía el agua caer sobre su cuerpo desnudo, algunos pensamientos llegaron a su cabeza. El como pudo haber golpeado con facilidad a los abusones, pero gracias a eso pudo llegar a la tienda donde trabajaba Charlotte. Ese nombre quedó en su cabeza. El recordar que lo ayudó de manera desinteresada, su voz tranquila y que producía cierta calma, su cabello negro y desarreglado, esos ojos que cargaban sus ojera pero que no le importaría verlos en silencio durante horas.
«Plátanos, tomates y legumbres, estos alimentos comparten el hecho de contener dopamina. La dopamina es una sustancia que provoca placer y relajación, tambien esto lo causan, varias actividades... incluyendo las sexuales»
Rato después, Richard vestía una camiseta gris y un pantalón a cuadros azules. El joven estaba acostado sobre su cama mirando al techo con su cabello negro con aún mojado. Levantó su mano derecha y se la quedó viendo un rato con una mirada de algo de asco. Negó con su cabeza y susurró:
—Charlotte. Ese nombre es lindo.
Se paso un rato mirando al techo, pero al momento en el que se aburrió, se levantó. Caminó hasta su puerta y salió de su habitación.
«Mi madre llegará tarde hoy. Creo que me acostumbre a ser independiente a ella desde pequeño. Mamá me dejaba con papá o hasta incluso con la esposa de él. Originalmente yo veía esto con inocencia, pero al darme cuenta de que mi existencia no fue ni planeada, ni estoy dentro de su núcleo familiar real. Cuando tenía unos doce años le pedí a mamá que me dejara quedarme solo. Era incomodo. Ahora solo puedo recordar algunos momentos en los que Mary Jane me miraba de manera extraña cuando jugaba con May. Puedo entenderla. Yo era un bizarro reflejo de mi padre.»
Richard fue hasta la cocina. Dejó hervir el agua. Del refrigerador saco un par de frascos y envases para ponerlos sobre una mesa. El joven cubrió su torso con un delantal de cocina.
«Gracias a que me empecé a quedar solo, aprendí algo de cocina. Así que desde niño hice la cena para mi y madre.»
—Quiero hacer albóndigas —Richard rascó su barbilla—, ¿pero con qué? ¿Puré de papas o fideos? ¿Con o sin salsa?
Una vez el chico terminó de cocinar, fue hasta una mesa dejando su comida servida junto a un vaso con jugo de naranja. Richard encendió el televisor dejando un canal de noticias.
—Y por eso la manzana verde da sida. Pasando a otra reciente noticia, más avistamientos de estas ultimas semanas sobre lo que algunas personas llaman "El Regreso De Spider-Man." héroe de quien no se tenía información confirmada de hace más de diez años, aquí unos testigos que afirman haber visto al vigilante —dijo el presentador mientras cambiaba a los comentarios de los testigos.
—No es humano. Lo ví destruir una pared como si fuera papel —afirmó un hombre un tanto panzón con una gran barba.
—Apareció de la nada y detuvo a los asaltantes a base de golpes —describía una mujer de mediana edad.
—No sé sí era Spider-Man. Traía un traje diferente al de hace años, pero lo vi columpiarse y se ve bastante similar —habló un hombre que traía un casco de motociclista.
—Apesta y no me agrada —dijo molesto un tipo calvo que descargaba unas cajas de un camión.
—No podemos afirmar o negar nada de lo visto por la gente, pero los vigilantes en Nueva York han estado muy inactivos en la última década —afirmó un policía mientras comía una dona.
Richard solo mantenía una pequeña sonrisa, antes de beber un poco de jugo.
«No he pensado en como esto podría afectarme en algún futuro, ni siquiera sé sí me acostumbraré.»
—¡Luce como araña, luce como un bicho. Un superhéroe que nos salvará, ahí está, Spider-Man es! —cantaba un hombre rubio que tocaba la guitarra en la calle. En ese momento, un billete de 10 dolares fue dejado en una taza de metal debajo del músico.
Richard Parker había sido quien le dió el dinero. El chico se alejaba con una sonrisa. Siguió su camino por un rato hasta que llego a la tienda de conveniencias donde había sido atendido hace unos días. Dió un suspiro para así después entrar a la tienda.
—Bienvenido —saludó Charlotte, pero al notar de quien se trataba, no pudo evitar decir—. Oh, eres tú, Richard. Es bueno verte.
—Gracias. Lo mismo digo —respondió el chico tratando de parecer lo más relajado posible.
«Pero a esto creo que puedo acostumbrarme.»
«Bueno ha pasado una semana. Ya fuí hablar con Charlotte en su trabajo. ¿Debería invitarla a salir? No. Ella tal vez solo habla conmigo porque no tendría opcion al estar en el trabajo. Y no solo eso. Ella es mayor que yo. Mierda. No tengo ningún buen ejemplo en la literatura o televisión»
Richard salió de sus pensamientos cuando un pedazo de papel le llegó a la cara. Al buscar de donde venía, vió a los mismos matones que lo habían golpeado una semana atrás. Los tres riéndose por lo ocurrido.
—¡Perdón, Parker! —exclamó uno de piel oscura mientras seguía riendo con sus compañeros.
Richard solo mostró una sonrisa fingida para después voltear y cambiar su rostro a uno de enojo. Acostó su cabeza sobre el pupitre mientras se colocaba la capucha de su sudadera. Biología no era su clase favorita para estar. No era la materia en sí misma, eran sus compañeros. La bulla de los estudiantes en sus constantes conversaciones fue mermada con la llegada de su profesor. El hombre se detuvo frente a todos la clase para hacer un anuncio ese día.
—Buenos días, jóvenes. Es probable que no estuvieran enterados, pero hoy se nos une una nueva compañera —Richard levantó un poco su cabeza por curiosidad—. Se llama Kamala Khan, les pido que la hagan sentir bienvenida —la chica frente a todos, era morena, cabello y ojos marrones, traía una camiseta del Capitán America, y claro, por su mirada era obvia la incomodidad de estar frente a todos.
«Cliché de historias escolares, la nueva se sienta junto al protagonista y en teoría al probablemente pensar en que es mi narración de una historia, eso me transforma a mí en el protagonista... ¿O tal vez soy yo el personaje secundario en la historia de su vida? Eso la haría la protagonista. Es normal que en las historias de chicas, la protagonista llegue a una nueva escuela durante la mitad de semestre»
—Puedes sentarte junto a Parker —dijo el profesor mientras apuntaba al asiento vacío junto a Richard, a lo que la chica fue en silencio—. Por cierto, hoy tenemos un examen sorpresa... —no terminó cuando la mayoría de estudiantes ya gemían con negatividad— ¿¡Pues saben que!? ¡Lo harán igual!
Kamala dejó su bolso bajo la silla. La chica giró la mirada, en dónde estaba el joven pelinegro. Richard guardaba una gran cantidad de papeles en su mochila de manera desordenada y arrugando cada uno en el proceso.
—¿Sabés que hay carpetas para eso? —preguntó Kamala al muchacho que terminaba ya casi cerraba su mochila.
—Ya tengo una —Richard sacó una carpeta de entre todos los papeles en su mochila, dejando a Kamala un tanto confundida.
La nariz del joven comenzó a olfatear. Un potente aroma llegó a sus fosas nasales. Era un perro rastreando algo cercano. Se acercó un tanto a Kamala. Al darse cuenta de su cercanía, se alejó de golpe.
—Lo lamento, compañera —se disculpó el chico al ver la cara un tanto nerviosa de Kamala.
Por medio de ambos cruzó el profesor, que fue caminando estudiante por estudiante para dejar la hoja del examen.
—Al menos podrías decirme tu nombre primero, ¿No? —susurró Kamala mientras buscaba su estuche en su bolso.
—Me llamo Richard.
—¡Ojos en el examen! —ordenó el profesor.
Luego de la clase, Richard guardó un par de cosas en su casillero. Lo que no espero es que al cerrar la puerta de su casillero, hubiera una calavera que intentó meterle un susto.
—He venido por tu alma —dijo la calavera, pero Richard solo le quitó la máscara viendo al joven rubio que se encontraba trás ésta.
—Hola, Butch —saludó Parker con tranquilidad—. ¿Por qué no viniste estos últimos días?
—¿Me extrañaste?
—No. Realmente tuve una buena semana y ni noté que faltabas —afirmó Richard con una sonrisa.
«Supongo que como narrador protagonista debería presentarlo. Este es Butch Thompson, su padre y mi padre eran amigos, así que lo conozco de pequeño. Me ayuda con los bravucones y yo a él con algunas tareas, como el clásico cliché del nerd que ayuda al músculos, solo que en este caso somos amigos. Incluso podría decir que es mi mejor amigo. Bueno, Tom le podría hacer competencia por ese puesto.»
—¿De verdad? Escuché lo que sucedió con la pandilla de Tyrone —el tono de Butch cambio a uno más serio. Preocupado por su amigo.
—¿Qué? ¿Esos imbéciles?, no podrían hacerme nada —la mirada de Butch denotaba que no le creía—. Es que había un alguien y...
—Siempre hay alguien —una sonrisa se formó en los labios de Butch—. Hermano, siempre te he dicho que no te metas en sus asuntos, pero en fin, no importa lo que te diga, eres demasiado bueno.
—¿Qué? ¡Claro que no! ¡soy un sujeto rudo! —reclamó Richard enojado— ¡Con una increíble armadura y ojos láser!
—Eres un sujeto rudo con cara de bebé —se mofó el rubio mientras pellizcó la mejilla derecha de su compañero.
—¡Oye! Eso no vale -dijo Parker mientras se quitaba la mano de la cara, para luego comenzar a caminar en dirección a su salón—. Por cierto, ¿por qué no fuiste a biología?
—Hermano, me estaba ejercitando —aseguró un confiado Butch caminando junto a su amigo.
—Entiendo. Volviste a quedarte dormido, ¿no? —ante el comentario, Thompson solo se rascó la cabeza.
En el gimnasio, Richard entró con toda la tranquilidad del mundo. Fu hasta el entrenador, quién miraba a los distintos grupos de estudiantes que jugaban distintos deportes entre ellos.
—Señor Parker —el chico sin hablar le entrego un pedazo de papel—. Vaya otra nota de impedimento. Qué sorpresa —dijo el maestro con sarcasmo. Richard alzó los hombros y se iría con la misma calma.
—¡Oye, Parker, piensa rápido! -gritó Tyrone mientras lanzaba un balón que llegó a la cabeza de Richard, haciendo que este perdiera el equilibrio por un momento, volteando con una expresión de enojo mientras apretaba sus puños. Tyrone solo río y chocaba los cinco con sus otros dos amigos.
Richard bufó y se retiró molesto.
—¡Hey, hey, señor Daniels, estará en problemas sí se repite! —advirtió el entrenador.
Por las calles de Nueva York, el arácnido sin nombre definido se balanceaba por los edificios, la gente que lograba verlo, intentando grabar o fotografiar al enmascarado.
«Estúpido Tyrone, estúpido Miguel, estúpido PJ ¿¡Quién carajos se llama PJ!? ¿¡Qué demonios significa!? Ah, pero no le podría insultar por su nombre, ¿verdad? Sería racista porque es negro.»
Pensaba el chico mientras caía en la ventana de un tren en movimiento. Todos los pasajeros se sorprendieron al notar su presencia, asomándose para verlo más de cerca.
«A pesar de que sí es un negro hijo de puta, no, espera, la culpa no lo tienen los negros. Bueno es un hijo de puta. No, espera, su madre tampoco tiene que ver con esto.»
Richard saltó del tren para volver a balancearse por los edificios mientras hacía algún giro en el aire.
«¿Estaré pensando demasiado las cosas? Creo que no. ¿Ahora que debería hacer? Todo está tranquilo. Es algo aburrido.»
En ese momento, tal vez por casualidad o destino, se escucharían unos disparos. El arácnido al dirigirse de donde venían, vería como un auto de policía iba persiguiendo a otro que, era lógico asumir se trataba de criminales.
—Tenemos un 10-0, solicitamos apoyo en... —el policía que iba de copiloto se detuvo pues comenzaron a tocar la ventana de la puerta del coche en movimiento, confundido abrió la ventana. La cabeza del enmascarado se asomó desde el techo.
—¿Problemas oficiales? —preguntó el arácnido.
El policía afirmó con la cabeza algo desconcertado. Apuntó al auto en fuga.
—Robaron una gasolinera —el arácnido alzo su pulgar para después comenzar a balancearse—. ¡Tú puedes, Spider-Man! —gritó el agente, sacando la cabeza por la ventana.
—Creí que era Scarlet Spider —se dijo el conductor.
—Los perdimos —un criminal suspiró de tranquilidad, descansando sus brazos en la parte trasera del auto al ver que no los seguía la policía.
Los tres en el vehículo quedaron aliviados, pero no duró mucho ya que un ruido en el techo haría que se volvieran a un estado de alerta.
El copiloto se asomo para ver que causó el ruido, notando que no había nada.
—Falsa alarma, todo en orden —no obstante, detrás de los criminales en los asientos delanteros ya no estaba su tercer compañero.
—¿Saben? —ambos sujetos se sorprendieron por una voz desconocida y voltearon rápidamente, viendo que estaba en el arácnido en lugar del otro ladrón— Mi madre y yo solíamos jugar quien se queda más tiempo callado. Yo siempre perdía.
—¿¡Spider-Man!?
—Si, no. Algo así —el conductor intentó sacar un arma de su bolsillo, pero sería detenido de manera rápida por una telaraña que dejó su mano pegada en la puerta—. Aún tengo esa duda, ¿qué nombre puedo usar? Estaba entre Supaidaman y Aracno-Pateatraseros. ¿Soy yo o hace calor? —dijo el chico. Enredó entre sus redes a los dos tipos. Se asomó entre los asientos y así abrió la puerta del conductor para así disparar unas redes entre un poste y un árbol, procediendo a lanzar a los criminales— Llegamos a la parada final.
Para la desgracia del joven, una llanta se reventó dejando el vehículo descontrolado. Richard trató de estabilizar el coche, pero sería inútil.
—Bien, bien, piensa —suspiró para calmarse. Al no conseguir ideas, gritó— ¡¡¡PUTA!!!
«Si en vez de jugar y bromear me hubiera preocupado de frenar el auto, maldito inútil» pensaba enojado, golpeando su cabeza contra el claxon. No era tiempo de odiarse a él mismo, primero debía parar el auto.
El arácnido salió del auto de un salto para quedar frente al vehículo, sin duda era una locura, pero no se le ocurrió nada más. Colocó sus manos para detener el carro.
«No tengo demasiado tiempo para usar las suficientes telarañas, así que esto funcionará... Tal vez.»
Lo que no esperó, fue que el vehículo se volcó, Richard cerró sus ojos, paralizado por el miedo. Pero el auto nunca cayo sobre él. Al abrir sus ojos, el carro era sostenido por una mano gigante, que dejó el vehículo en el suelo.
—Te doy una mano, Spider-Man —na voz femenina le habló al enmascarado. Una chica morena, vestía unas medias, mangas y bufanda rojas, además de un antifaz traje y botas azules. Con algo similar a un rayo o letra S en el pecho.
—¿O prefieres que te llame Scarlet Spider? —reguntó la chica, ofreciendo su mano para ayudar.
«Perfecto, mi reputación esta arruinada, me acaba de salvar una chica. Ay, que vergüenza, ¿qué hace un héroe protagonista en estas situaciones? Lo tengo»
Richard se levantó, ignorando la mano de la chica, para así dar un salto e impulsado por telaraña, llegó hasta el tejado de un pequeño edificio. Al aterrizar, caería de cara al piso.
—Mierda. ¿Qué...? —Richard notó como es que en su pierna izquierda tenía un corte, al mismo tiempo que empezaba a sentir el dolor— Hoy no es mi día —el chico se quitó la máscara, dejando salir un par de lágrimas de sus ojos, para así levantarse y usar su telaraña para cubrir la herida—. Tú puedes, tú puedes, Parker —se colocó la máscara nuevamente. Con dificultad trató de caminar un poco.
«Siento el dolor. Pero si seguiré haciendo esto me tendré que acostumbrar ¿Pero por qué tendré que seguir haciendo esta mierda? Me congele solo deteniendo a unos sujetos me hice este corte ¿qué pasará si me vuelve a suceder mientras lucho con una mafia o un supervillano incluso? ¿Realmente seguiré haciendo esto? Soy un idiota.»
—Oye —la voz de quién lo había salvado también lo sacó de sus pensamientos. Richard levantó la cabeza, mirando a la chica que estaba a un par de metros.
—Oh, eres tú —dijo el enmascarado sin ánimo—. Perdón por no agradecerte lo de hace rato.
—Descuida, eso es lo que hago, ayudar —afirmó con calma la castaña mientras se acercaba y le ofrecía la mano—. Soy Miss Marvel —el arácnido estrecho su mano con algo de desconfianza—. ¿Y tú eres? -el chico ladeó su cabeza hacia la izquierda algo confundido— Tu nombre. Te llaman de distintas formas por todas partes.
—Pues... —el enmascarado comenzó a rascar su cabeza— de momento no tengo un nombre.
—¿No tienes un nombre? —Ms. Marvel puso una mano bajo el labio— Bueno, si no eres Spider-Man o Scarlet Spider, podemos dejarte solo como Spider. ¿Qué te parece?
—Ese nombre me parece poco original —confesó el muchacho. La sonrisa de la chica cayó en una mueca de súplica—. Bueno, puede funcionar. Al menos por ahora.
—¡No te arrepentirás! —exclamó alegre Miss Marvel.
«Ya lo hice» pensó el ahora nombrado Spider.
—Me alegra que haya más.
—¿Más de qué?
—Más superhéroes. Muchos decían que su tiempo ya había pasado, pero al parecer se equivocaron —dijo Ms. Marvel con una sonrisa.
Richard se quedó en silencio pues no se consideraba a sí mismo un héroe, tal vez hizo acciones que algunos les llamarían heroicas, pero para él sólo le era diversión.
Para no quedar fuera de lugar por la actitud de la chica, en vez de negarse, solo dijo:
—Sí, es bueno que los héroes no hayan muerto —aseguró con una sonrisa bajo la máscara mientras pensaba: «Mentiroso de mierda.»
—Fue genial haber visto a la araña de Nueva York, pero recordé que tengo algo importante. Así que adiós —Ms. Marvel alargó sus piernas, llegando al largo del edificio y se fue caminando. A la vista de Spider, ella iba bajando como si fuera la caricatura de un personaje bajando escaleras fuera de cuadro.
—Ja, importante. Maldición ya va a acabar la clase —Richard olfateó su axila, notando el olor a transpiración—. Nota mental: hacer otro traje para cuando tenga este roto o huela mal —dijo para sí mismo el enmascarado, saltando del edificio para balancearse.
En la escuela, Richard Parker había salido de las duchas con su ropa común, ajustando su camiseta. Nuevamente olía su aroma corporal, teniendo buen olor.
«No puedo ir por ahí oliendo a sudor de superhéroe. ¿Me pregunto cuánto loco lo compraría por internet?»
El timbre resonó por toda la escuela. Los estudiantes salieron de sus aulas
—Además llegué a la hora del receso —dijo un Richard sonriente.
—De hecho es el de salida —corrigió Butch. Parker volteo para ver a su amigo, quién le lanzó su mochila—. Se te quedó en el salón. La próxima vez que te escapes, avísame.
—Yo no me escapé.
—Pff, claro y yo soy Batman —se burló el rubio.
«Ya bastante raro es haber conocido a una heroína hoy como para lidiar con un murciélago en látex»
Ambos caminaron en dirección a la salida. Por accidente, Richard chocó con una chica que traía varios libros, éstos caerían al piso.
—Lo siento, no preste atención —Richard recogió unos libros y se percató que se trataba de su nueva compañera, Kamala Khan. Cuando iba a tomar el último libro, tocó la mano de la chica que también lo iba a agarrar.
Ambos se miraron a los ojos algo incómodos y quitando sus manos. El joven Parker de nuevo le alcanzó el libro en el piso y le entregó éste junto al resto a Kamala, para ambos tomar sus caminos con rostros algo avergonzados. Butch solo miraba las acciones de su amigo con una sonrisa burlona.
—¿¡Tú que ves, cara de larva!? —exclamó con el rostro levemente sonrojado.
—Nada, nada.
Ambos amigos saldrían de la escuela en dirección a la parada de autobuses. Esperaban sentados. Richard sacó un par de botellas con agua y le daría una a su amigo.
—Gracias, hermano —Butch bebió un poco—. Por cierto, este viernes habrá una fiesta —comentó el rubio para seguir bebiendo.
—¿Y a mi qué? —cuestionó desinteresado.
—Vamos, amigo, necesitas una vida social. Dejame adivinar que harás el viernes. ¿Jugaras Minecraft? —adivinó.
Parker volteo el rostro un poco avergonzado.
—Eso era para el sábado y yo iba a jugar con Tom. Bueno, ya veré si voy. Pero en caso de que fuera y no estoy sugiriendo que iré, ¿dónde será?
Butch sonrió, sabía que su amigo era algo testarudo.
—En una almacén abandonado en los muelles.
Finalmente el autobús de Butch llegó, ambos chocaron sus puños en señal de despedida. Richard silbaba, viendo al autobús alejarse. Cuando perdió el vehículo público de vista, fue hasta un callejón al cual entró.
Por los tejados salió a gran velocidad, deslizándose por los azulejos, destruyendo algunos con la fuerza de sus pies. Se balanceó entre los autos, algunos hicieron sonar la bocina al ver al arácnido pasar. Corrió sobre los cristales de algunos edificios, la gente se ponía sobre los cristales. Se impulsó hasta llegar al borde de un edificio, sentándose de cuclillas mirando arriba.
«Eso es todo amigos... Por ahora.»