Sísifo y Aioros, Ultrajados

Summary

Sísifo es novio de Aioros. Aioros es novio de Sísifo. Están a punto de iniciar una nueva vida juntos como cualquier pareja común. Y lo son, excepto por una cosa: ambos son donceles, y, según la sociedad, ellos no deberían querer unirse. Porque un doncel es a un varón como la miel es a las abejas. ¿Pero qué había de malo si ellos se amaban? No lastimaban a nadie por eso. Todo lo que querían era ser felices juntos. ¿Por qué nadie lo comprendió? "Podía vivir con la mancha de una violación de la persona que más admiraba, ¡pero no podía perdonar que se lo hiciera también a él!". "Yo debía protegerlo, pero fallé. Él nos humilló a los dos, y lo maté." "Yo también".

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sísifo Aioros Ultrajados

Autora: MaddieSagita.


Fandom: Saint Seiya Clásico, The Lost Canvas.


Género: Drama.


Parejas: SísifoxAioros.


Derechos: Los personajes de este fanfic no me pertenecen sino a Masami Kurumada y a Shiori Teshirogi.


Mujeres Asesinas pertenece a su autora Marisa Gristeins.


Advertencias: AU, Romance, Donceles, Lemon, Tragedia, Muerte de un personaje, Violación.


Clasificación: Mayores de 18 años.


Notas:


Otro de mis trabajos antiguos, aunque no es tan viejo como el resto de los que planeo traer jejeje. En fin, pues debo decir que este fanfic fue realizado con el consentimiento previo de Aranel Poli, iniciadora de la adaptacion de Mujeres Asesinas con los cabarellos dorados.


Un saludo para ti hermosa!!!


Aviso que es una versión editada, aún así espero que sea de su agrado.


Sin más, ¡disfrutenlo!




Aquella tarde Aioros Andreatos se encontraba empacando sus libros para mudarse próximamente junto a su pareja a Madrid. Se sentía emocionado y ansioso, pues ese cambio significaba mucho para él, tenía tantos proyectos, tantas esperanzas que estaba seguro que al fin alcanzaría en Europa, pues les habían ofrecido un trabajo que les permitiría destacar; él, como diseñador de vestuario; y su pareja como escenógrafo.


No podía estar más feliz.


Y por eso ensanchaba su sonrisa mientras terminaba de vaciar los estantes superiores de su librero, y comenzaba con los intermedios. Curiosamente el primer libro que tomó fue

El Cantar del Mío Cid

, un libro que su amigo Shura, quien vivía en Barcelona, España; le había regalado en su último viaje a la ciudad, y al verlo decidió llevárselo consigo a Madrid, donde sabía que su amigo trabajaba de forma temporal. Igual y se encontraba con él y así podrían ponerse al corriente de lo que habían hecho en todo ese tiempo.


Con esa resolución, lo metió a la caja, para luego tomar su copa de vino y darle un sorbo. Tanto empacar le había dado sed, y qué mejor que el vino para saciarla ahora que estaba de fiesta.


-Aioros-escuchó el llamado de su novio, seguido por el sonido de la puerta de su departamento.


-Estoy aquí, lindo-respondió, dejando la copa a un lado para continuar su labor.


A los pocos segundos, un hombre alto, de cabellos castaños más claros, y ojos azules más intensos, apareció en el umbral a la sala mostrando su dulce sonrisa y dejando su mochila en uno de los sillones de la sala.


-Hola, cariño-saludó éste acercándose para plantar un beso en los labios del menor.


-Hola-correspondió-¿Cómo te fue?


-Bien. ¿Qué haces?


-Empacando. Oye,

Historia de los zapatos en el siglo XX

, ¿lo llevamos o se queda?


El castaño mayor borró su sonrisa y desvió su mirada, para luego caminar a uno de los pasamanos del sofá y sentarse. Aioros lo miró extrañado.


-¿Pasa algo?


-Te tengo una noticia-dijo con pesadez.


Cosa que su pareja no pasó desapercibido, pero tampoco le dió importancia, pues sabía de antemano de la manía de Sísifo de hacer una tormenta en un vaso de agua, por eso se limitó a sonreírle y dejar su labor para después.


-De acuerdo-respondió y se dió la vuelta para ir a la cocina de donde trajó la botella de vino que había abierto y una copa en la que le sirvió a su novio-Mucho mejor-dijo entregándosela y tomando de nuevo la suya-Antes que nada, propongo un brindis por Madrid. ¡Salud, hermoso!


-Salud.


Ambos chocaron sus copas y bebieron sin despegar la mirada del otro. Al terminar, compartieron un beso más apasionado que el anterior y volvieron a brindar por su próximo viaje. Ya todo estaba listo, y la producción que les había llamado empezaría pronto, solo restaba terminar la función que tenían pendiente y podrían marcharse. Pero en ese momento, el castaño mayor tenía algo que decirle a su pareja, algo importante que estaba seguro que no tomaría muy bien.


-¿Y qué noticia querías darme, Sísifo?-preguntó Aioros una vez volvió a dejar su copa a un lado.


-Bueno-se aclaró la garganta-Verás...sucede que...yo...


Estaba nervioso, para qué negarlo, Aioros parecía realmente feliz con la mudanza y lamentaba tener que arruinarlo. Después de todo, era una buena oportunidad la que les ofrecían en Madrid, especialmente para Aioros, quien había hecho sus estudios ahí y tenía buenos amigos y profesores que lo estimaban y no dudarían en ayudarlo a destacar, pero, ahora, él tenía otra puerta abierta, una segunda opción que, ciertamente, era más beneficiosa que la primera, aun cuando sabía que aceptarla arruinaría los planes que llevaba años maquilando con su pareja.


-Aioros, es que....


Se maldijo, no encontraba las palabras correctas o una buena forma de decirselo, pero, si lo pensaba bien, realmente no había una forma sencilla de hacerlo, así que optó por ser directo.


-Parece que Aspros me va a dar el puesto.


Eso le cayó como un balde de agua fría al menor, quien borró su sonrisa y observó a su pareja con incredulidad.


-En la Dirección Nacional de Teatros, chiquito-continuó, tratando de no ser tan brusco-¿Puedes creerlo? Francamente pensé que su desagrado por mí le impediría ser imparcial.


-Pero...-habló Aioros con un nudo en la garganta-Le dijiste que no ¿verdad?


-Todavía no le contesto.


-¿Por qué no?-espetó-La respuesta es clara, simplemente no y ya.


-Es que...-tragó saliva y suspiró-Creo que es una gran oportunidad.


-¡¿Qué?!-exclamó molesto-¿Cómo puedes decir eso tan a la ligera? ¡Tenemos planes recuerdas! ¡Y tú nunca quisiste un puesto burocrático, Sísifo! Además, no soportas a Aspros Caristeas.


-Él tampoco me soporta a mí, fuí su mejor opción-dijo y se levantó de inmediato al ver que el menor le daba la espalda y se pasaba la mano por los cabellos con frustración-Chiquito-tomó sus hombros-Esto nos conviene a todos.


-¡¡A mí no!!-exclamó volviéndose hacia él.


-Pero tú también podrías trabajar aquí, podrías seguir diseñando. Mira, medio día de trabajo y medio día para nuestros proyectos, ¿qué te parece?


-¡Nuestros proyectos hace diez segundos era irnos a Madrid!-apartó sus manos-¡Ese era nuestro proyecto, Sísifo! ¡Y no jugar a los funcionarios!


-¡Es que no ves que tenemos una gran oportunidad!


-¡No, TÚ tienes la oportunidad aquí!


-Ajá, ¡y tú tienes la oportunidad allá en España! Digo, porque por lo menos aquí tengo nombre y tengo prestigio, ¿y allá qué? ¡Allá no soy nada!


-Allá tú no tienes nada y aquí yo no tengo nada. A lo mejor nosotros tampoco ya somos nada-dijo, para luego marcharse.


-¡Espera! Chiquito, no te vayas así-pidió tratanto de seguirlo, pero el menor lo ignoró y salió del departamento azotando la puerta.


Sísifo soltó un suspiro y volvió a la sala para sentarse y terminarse la copa. Había sabido de antemano que su novio no se tomaría bien la noticia porque ciertamente tenían planes, pero esta era una oportunidad única y no podía dejarla pasar así como así, aún cuando supiera que Aioros tenía razón en estar molesto.


El menor tenía su oportunidad en España con esa nueva producción que enaltecería su trabajo como diseñador. Allá podría ser reconocido trabajando con un gran cliente como lo era Saori Kido, pero no era así para Sísifo, quien ya tenía una vida en Atenas y llegar a un país distinto significaba empezar de cero e ir subiendo, algo que no podía hacer tan fácilmente.


No cabía duda de que esta era la decisión más difícil de su vida.




Aioros se encontraba en los asientos del Teatro Nacional de Atenas observando al resto del equipo montar el escenario guiados por su novio, quien en ese momento se encontraba dándole indicaciones a Dohko, el tramoyista principal.


Tenía en su regazo su cuaderno de dibujo y con su lápiz se encargaba de retratar el diseño de los vestuarios que usarían los actores en la obra. Estaba tan concentrado en eso que no se dió cuenta de que alguien se le acercaba por detrás hasta que éste lo asustó, provocando que saltara del asiento y se volviera hacia él.


-¡Te asuste! ¡Ajajajaja!


-No es gracioso, maestro-refunfuñó cruzando los brazos, pero al ver que eso no detenía las carcajadas del mayor, simplemente suspiró y sonrió-

Me da gusto verlo.


-El gusto es mío, bombón, y vaya que sí es un placer verte, mira que hasta las musas se quedan cortas a tu lado-dijo detallándolo de pies a cabeza con una sonrisa indecifrable.


-Q-Que tonterías dice, maestro.


-Dios, no me digas maestro, Aioros, llamame Aspros. El "maestro" me hace sentir viejo-cruzó los brazos con diversión.


-¿Qué no lo está?


-Gracioso.


-Oh, vamos, no se enoje, fruncir tanto el ceño lo hará envejecer más rápido. Por cierto-le mostró su dibujo- Miré, estoy trabajando en esto, es un poco de la indumentaria antigua, pero se le da un toque moderno, ¿qué le parece?


-Me gusta, sí-dijo, acariciándose la barbilla con fingida concentración-Maravilloso, dulzura, no podía esperar menos de tí.


Tal declaración en tono innecesariamente alto hizo voltear a Sísifo en su dirección, quien frunció el ceño al ver al de cabellos azules tan cerca de su pareja, y no dudó en dejar a Dohko para ir rápidamente hacia ellos.


-...mira, la capa de la armadura hay que recortarla un poco porque el cantante que van a traer...amm... ¿cómo se llama?


-Krest Rusell.


-Krest Rusell es un poco bajo como todos los tenores.


-Contratenor-le corrigió.


-¿Contratenor dices? Vaya, ¿y no le habrán cortado los...? Ejem-señaló su entrepierna, logrando sonrrojar al menor.


-¡C-contratenor no castrado, maestro!


-Solo digo. Uno nunca sabe, hermoso.


-A lo mejor te gustaría comprobarlo, Aspros-dijo Sísifo, mostrando un sonrisa fingida mientras llegaba donde ellos.


-¡Ajajajaja!-rió forzadamente-Maestro Sísifo Antzas, es un placer trabajar de nuevo juntos.


-El privilegio es mío.


-¿Y cómo van?


-Pues como siempre en el teatro: tarde.


-¿Tarde? Pero si el estreno es dentro de varios días. Y en la noche-señaló con un dedo al techo, acto que hizo reír a Aioros-En la noche-comenzó a carcajearse de nuevo, pasando de largo hacia el escenario.


-Ajajaja-Sísifo miró al de ojos azul claro-Es insoportable tu maestro.


-Y si no lo soportas, ¿por qué vas a aceptar la oferta de trabajo?-le reprochó el menor.


-Bueno, ¿y tú por qué lo defiendes? ¿Qué? ¿Lo quieres mucho o qué?


-No solo lo quiero, Sísifo, también lo respeto y lo admiro. Desde que llegué a Atenas ha sido mi maestro.


-Por favor, solo míralo. Es un arrogante, doble cara y un borracho con los pulmones llenos de humo de cigarro. Ah, pero seguro a tí hasta te ha de gustar ¿o me equivoco?


Aioros lo fulminó con la mirada, para luego dirigirse al escenario donde se encontraba el de cabellos azules, y acercarse a abrazarlo ante la celosa mirada de su novio.


-Maestro-lo besó en la mejilla-Cada día está más guapo- dijo alejándose luego para continuar con su trabajo.


-¡Gracias, precioso!


Por su parte, Sísifo no pudo evitar apretar los puños con furia al ver como el desagradable de Aspros le mandaba besos al aire a Aioros. Era obvio que el menor lo había hecho para molestarlo, pero no le daría el gusto de verlo hacer una escena de celos.


Ese hombre, Aspros, no le agradaba, le daba mala espina y trataba de advertirle al de ojos claros, sin embargo, éste no lo escuchaba. No le creía cuando le decía que sospechaba de intenciones ocultas, y por no escuchar las consecuencias serían fatales.




Mas tarde, y tras atender sus otros pendientes, Aioros se reunió con Aspros en su oficina para revisar el diseño de los vestuarios, principalmente el que sería para Krest Rusell.


-Este dorado me da miedo por las luces, podría perderse, y Krest es bajito. ¿Cuándo dices que llega?


-El viernes.


-Ya has trabajado con él,¿verdad?-preguntó de forma casual mientras volteaba a verlo.


-Sí, en la ópera de Creta-le pasó otra hoja-Mire este.


-Ajá-lo observó unos segundos, para luego regresar su atención al castaño-¿Y cómo vas con Sísifo? Escuche que no estás muy contento con su nuevo puesto.


-Bueno...es...Es lo mejor para él, sí. Hice unos diseños por si quería vestir a los músicos de la época-intentó cambiar de tema pasándole los dibujos, pero Aspros de ninguna manera iba a dejar el tema ahí.


-Los vemos después-dijo dejando los diseños en el escritorio-Regresando a lo de Sísifo, la vida a veces nos da sorpresas y hay que saber aprovechar las oportunidades.


-No lo malinterprete, yo me alegro por él-desvió la mirada con pesadez-Pero teníamos otros planes, y esto llegó a arruinarlos.


-¿Planes?-exclamó con burla-Bombón, uno no puede pasársela haciendo planes-se levantó de su silla y el castaño lo imitó-Si nos pasamos la vida planeando, al final no viviremos de verdad. Pasaremos por alto lo que tenemos enfrente, especialmente a los sentimientos-dijo acariciando la mejilla de Aioros-Y ese es un grave error que no...


-Hola-interrumpió Sísifo, entrando de improviso a la oficina y obligándole a separarse-Aioros, te estaba buscando. Necesito que vengas.


-¿Ocurre algo?


-Tenemos problemas con las telas.


-De acuerdo, enseguida estoy ahí-recogió su cuaderno y se dirigió a la salida-Nos vemos, maestro.


-Cuando quieras, dulzura-respondió sonriendo ante la mal disimulada molestia del escenógrafo, quien le dirigió una última mirada antes de salir en compañía de su novio.


En cuanto ambos se marcharon, Aspros volvió a sentarse en su silla y soltó un bufido. Ese Sísifo siempre tenía que llegar en el peor momento, era exhasperante, pero ya encontraría otra oportunidad. Aún tenía tiempo.




En los días siguientes, el movimiento en el teatro aumentó debido al trabajo que conlleva preparar una función de ópera al estilo del griego antiguo, y durante ese tiempo la tensión entre la pareja de castaños no hacía más que aumentar, al punto en que pronto fue demasiado evidente para sus compañeros, y lo peor era que ninguno se atrevía a dar el primer paso para arreglar las cosas. Aioros creía que sus planes y su futuro artístico no eran importantes para Sísifo, quien, egoístamente, intentaba convercerlo de quedarse en Atenas, y el susodicho pensaba que su pareja era demasiado joven e inmadura para ver que esa oportunidad era conveniente para ambos, y por eso esperaba a que él mismo se diera cuenta y se acercará a disculparse. Lo cierto era que ninguno intentaba ponerse en los zapatos del otro, y mientras no fuera así, no podrían llegar a un acuerdo.


Esta situación, por supuesto, fue aprovechada por Aspros, que no perdió tiempo en acercarse a Aioros.


-Aioros-lo llamó al verlo pasar con rollos de tela en sus manos mientras él revisaba la secuencia de escenarios con Dohko.


El castaño, al oír su nombre, se volvió hacia su maestro con extrañeza. Hasta donde recordaba, ya no tenía pendientes que tratar con él.


-¿Tienes un momento? Quiero hablar contigo.


-Ah, ¿puede ser más tarde? Tengo que llevar las telas al taller.


-Puedes hacerlo después, aún hay tiempo-se las quitó y las puso en una mesa-Acompañame, necesito mostrarte algo.


-Pero maestro, tengo...


-Nada de peros, lindura. Ven.


Sin darle tiempo a protestar, Aspros tomó la mano del menor y lo guió a las escaleras que alcanzaban el puente de luces que se encontraba en la parte superior del escenario, y subieron hasta el punto de donde se podía ver tanto la función como una parte del público.


-Observa, Aioros, el mejor lugar para ver una función-dijo señalando el teatro.


-Es maravilloso-reconoció. Desde ese punto todo parecía diminuto, y le daba una sensación de poder-Excepto porque no hay una función.


-La habrá la próxima vez, bebé-aseguró, cambiando su expresión al ver la mirada afligida del castaño-¿Problemas en el paraíso?


-Algo así.


Aioros no dijo nada más, pero no hubo necesidad de que lo hiciera. Su frustración era evidente, y no era para menos cuando sentía que sus sueños habían sido aplastados en cuestión de segundos, y Aspros, al verlo así, aprovechó para estrecharlo.


-Lamento que tengas que pasar por esto, bebé-susurró suavemente en su oído, acariciando sus cabellos y sonriendo complacido al ver que su acto no era rechazado. Sintiéndose así con la suficiente confianza para levantar el mentón de Aioros e intentar capturar sus labios lentamente, pero el más bajo desvió la mirada al comprender sus intenciones-Disculpa, no quise...


-Está bien-le cortó apartándose y desviando la mirada.


-Aioros, aprovechando que estamos solos tú y yo, dejáme confesarte que siempre he pensado que eres una maravillosa criatura llena de sensibilidad y...muy hermosa.


Aioros volteó a verlo con una ceja alzada, preguntándose el por qué de aquella tan repentina declaración, pero luego pensó que Aspros solo intentaba alzarle el ánimo y sonrió, volviendo a acercarse a él para recargarse en su pecho.


-Gracias, maestro.


Aspros se limitó a envolverlo en sus brazos.




-Kanon, ¿puedes subir el contraluz?-pidió Dohko desde abajo y el de cabellos azules obedeció de inmediato.


-Cambia estas por una mica roja-dijo Sísifo señalando las luces.


-¿Y ésta?-apuntó a la lámpara de arriba.


-A ver, apágala.


En cuanto las luces se apagaron el abrazo entre Aspros y Aioros quedó al descubierto ante Sísifo y Dohko, a quienes, desde su posición, les parecía que ambos estaban compartiendo un pasional beso, lo cual no hizo más que molestar al castaño mayor.


-Está muy competido tu chico, eh-se burló el chino, pero en cuanto vió la mirada fulminante del escenógrafo se arrepintió de haberlo hecho.


-¿No tienes nada mejor que hacer?


-Sí, perdón-respondió y salió casi huyendo de ahí.


Sísifo suspiró y desvió su mirada hacia cualquier otra parte del teatro, encontrándose con su buen amigo Krest, quien entró al lugar acompañado de uno de los ayudantes de escenografía.


-¡Ya llegó Krest!-les gritó al par que se abrazaba.


En cuanto los vió separarse, se dirigió hacia el de cabellos negros y lo saludó con un afectuoso abrazo.


-Krest.


-Sísifo-correspondió-Je te vois trés bien.


-Igualmente.


-¡Krest!-lo saludó el castaño menor llegando a ellos.


-Comment avez-vous été Aioros?


-Bien, merci.


-Krest est un plaisir de vous accueillir ici-dijo Aspros, acercándose también.


-Gracias, Director Caristeas.


Mientras Aspros saludaba a Krest con un apretón de manos, Sísifo aprovechó para tirar del brazo de Aioros y apartarse de los otros.


-¿Por qué carajos te estabas besando con Aspros?-le reprochó haciendo un esfuerzo colosal por no alzar la voz.


-¿Qué? ¿De qué hablas?


-¡No finjas ignorancia!


-¡No sé de qué estás hablando, Sísifo!


-Oh, por supuesto, y ustedes no estaban en el puente de luces besándose como si no hubiera un mañana-dijo con sarcasmo-¿Quieres acostarte con él, verdad? ¡Responde!


Eso era el colmo, Sísifo lo ignoraba por días y cuando por fin se digna a dirigirle la palabra es por un ataque de celos. Aioros nunca había estado tan molesto.


-¡Eres un...-se interrumpió al ver a su maestro y a Krest acercarse-Hablamos luego-le murmuró, para luego sonreírle a los recién llegados.


-Lo digo en serio, maestro Krest, en verdad espero que con esta recepción cante con todo el corazón jejeje-dijo presionando su dedo en el pecho del más bajo.


-Muchas gracias por la bienvenida, maestro Aspros-respondió con una mirada severa-Y descuide, le aseguró que yo siempre canto con el corazón-y apartó el dedo del mayor-¿Vamos, Aioros?


-Sí.


Krest le ofreció su brazo y Aioros lo tomó para dirigirse juntos al taller donde el de cabellos negros se probaría su vestuario.


-Salió gruñón el enano, eh.


-Ujum-cruzó los brazos con fastidio y pasó de largo para seguir con su trabajo.


Aspros ignoró la actitud de Sísifo y miró su reloj.


-Oh, vaya. Es la hora del vino.




-¿Siempre es así?-preguntó Krest, mientras Aioros lo ayudaba a probarse el vestuario.


-Sé que es molesto, pero es una buena persona-respondió acomodando la capa de la armadura.


-Si tú lo dices. Por cierto, ¿y tú cómo estás? ¿Todo bien con Sísifo?


El castaño detuvo su labor por unos segundos, pero la reanudó de inmediato para no preocupar a Krest.


-Todo bien, sí, gracias. Bueno, mírate-se apartó para que se viera en el espejo con la armadura puesta-Tu aimes?


-Sí, vous vous regardiez.


-Me alegro. Solo falta esto-le puso el casco-¿Y?


-Perfecto-sonrió, admirando el espléndido trabajo del castaño. No cabía duda de que era realmente talentoso.




Sísifo salió del teatro para tomarse un pequeño descanso. Necesitaba despejarse un poco luego de trabajar tanto, y optó por ir a su departamento para dejar algunas de sus cosas que ya no necesitaría en el teatro, y quizá comer algo antes de volver. Sin embargo, cuando pasó frente a una cafetería que se encontraba cerca de ahí, vió en una de las mesas al aire libre a Aspros, tomando tranquilamente un café y comiendo una rebanada de pastel. Frunció el ceño con recelo al recordar el beso que le había dado a Aioros en el puente de luces, y pensó en ignorarlo y pasar de largo sin dirigirle la mirada para no estallar frente a él, sin embargo, para su desgracia, éste alzó la vista en ese momento y reparó en su presencia, sonriendo con diversión y haciéndole una señal para acercarse.


Sísifo rodó los ojos y se acercó a regañadientes al de cabellos azules, descubriendo que en realidad no era solo café lo que tomaba, sino una mezcla entre cafeína y vino de la mejor calidad.


-Aspros, ¿qué tal tu café con alcohol?-preguntó esforzándose por mantenerse sereno.


-Bien, gracias por preguntar, hermosura-respondió aumentando su sonrisa al verlo fruncir más el ceño-Pero no te quedes parado, siéntate, hay demasiado espacio.


-Gracias-tomó asiento frente a él y dejó sus carpetas y rollos de distintos tipos de papel en la mesa.


-Aprovecho que te encuentro ahora para comentarte que ayer comí con el Secretario de Cultura y está de acuerdo con tu nombramiento.


-Para mí es una gran oportunidad-aseguró, mirándolo fijamente.


-Por supuesto, bombón. Oh, por cierto, ¿no deseas algún café o un pastel, tarta, o pay? Adelante, puedes pedirlo, no seas tímido. Y no te preocupes, cualquier cosa que pidas correrá por mi cuenta.


-No, gracias, estoy bien.


-¿Seguro? Una belleza como tú no debería descuidarse tanto, después de todo has estado trabajando toda la mañana y no has probado bocado.


-No tienes que preocuparte por mí, soy un adulto.


-Sin embargo, siempre será natural para un varón como yo preocuparse por criaturas hermosas como tú, Sísifo.


El castaño apretó los puños con furia. Le estaba costando mucho contenerse de golpear al cínico de Aspros, no podía creer que se estuviera burlando así de él, y más aún después de haber besado a su pareja.


-Aspros, sabes que yo te respeto como artista, y me apena pedirte esto pero quiero que evites dirigirte a mí con ese tipo de adjetivos.


-¿Adjetivos? Ja, lindura, me mal interpretas, lo único que hago es alabar tu belleza.


-Pues ahorrate hacerlo.


Aspros rió, se estaba divirtiendo en grande burlándose de ese escenógrafo homosexual.


-Está bien, lo siento, no sabía que te incomodaba tanto. Digo, a Aioros nunca le ha molestado que lo llame así.


-Que bueno que lo mencionas, porque ese es otro tema del que quiero hablarte.


-Pues tú dirás


-Escucha, me resulta muy vergonzoso tener que decirtelo, pero...-entrelazó los dedos y lo miró a los ojos-Tengo que pedirte que te mantengas a raya con Aioros.


El de cabellos azules no pudo evitar alzar las cejas ante eso. Nunca esperó que Sísifo llegara tan lejos como para pedirle directamente que se mantenga a distancia con su novio, siempre se había divertido haciéndolo rabiar aun cuando se mantenía sereno, pero ahora estaba ahí, pidiéndole, no, más bien exigiéndole que se aleje de Aioros, y eso solo podía significar que al fin lo había llevado al límite.


Sonrió. Se recargó en su silla y cruzó las piernas con diversión.


-Que interesante petición, Sísifo, sin embargo, ¿no crees que Aioros ya está grandecito para cuidarse solo?-el castaño afiló su mirada, pero el de cabellos azules ni se inmutó-Lindura, en serio, ¿no te das cuenta que lo que necesita Aioros realmente, por naturaleza, es un varón?


-Vete a la mierda.


-Ey, cuida esa boquita porque vamos a trabajar juntos y no es bueno que empecemos con el pie izquierdo-dijo agitando su dedo-Además, es muy mal visto que un doncel diga malas palabras.


-¡Me importa un carajo! ¡¿Y para qué querría trabajar contigo?! ¡¿Para qué yo haga todo el trabajo mientras tú estás borracho y te llevas todo el crédito?!-tomó sus cosas y se levantó-Ya sabes por donde te puedes meter tu puesto-escupió y se marchó a toda prisa de ahí.


Aspros lo miró marcharse soltando una gran carcajada. No le agradaba ese tipo, pero no podía negar que tenía un cuerpo bastante exquisito, el cual desgraciadamente no podía apreciarse del todo debido a la ropa que siempre usaba, la que consistía en pantalones de mezclilla holgados con camisas y sacos.


Aún así, pensó, se veía muy bello, y para qué negarlo, de verdad deseaba a ese doncel, más sabiendo que éste lo odiaba, pues eso aumentaba su excitación. Aunque prefería a Aioros, ya que, por mucho que Sísifo fuera una belleza, el menor lo superaba con creces al ser más más joven, más sensible, y más hermoso.


Las diosas del Olimpo debían envidiarlo, también al castaño mayor, y por eso, era una lástima que se desperdiciaran tales bellezas por querer unirse uno con el otro. Todo un acto antinatural.


Sin embargo, ese mismo día se encargaría de poner las cosas en su lugar.




-¿Y cuándo se van a Madrid?-preguntó, mientras el castaño le colocaba la espada en la funda y le ayudaba con el cinturón-La producción empieza dentro de dos meses, ¿no?


-Todavía no sabemos-respondió rodando los ojos.


No quería ser grosero con Krest, pero realmente no tenía ganas de hablar de eso, menos con la reciente actitud de su pareja.


-Sísifo tiene otra oferta, así que...ya veremos-terminó de ajustarle el cinturón y se apartó-Terminamos. Si quieres te puedes quedar así para el ensayo, solo ten cuidado.


-Descuida, sé ser cuidadoso.


-Ejem-carraspeó Aspros para hacerse notar.


Tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados con evidente molestia. Había llegado ahí con la intención de hablar con Aioros sobre la advertencia de Sísifo, torciendo, por supuesto, sus palabras para moldear la situación a su favor, y se encontraba con esos dos solos, charlando, demasiado cerca uno del otro, y eso no le agradó nada.


-Maestro, me alegra verlo. Dígame-Krest se apresuró a tomar el casco que iba en combinación con el traje y se lo puso para mostrarle la armadura entera-¿Qué le parece?


Se trataba de una imitación de una armadura griega antigua con su capa y espada correspondientes, la cual se usaría en una de las escenas de la función.


-¿A usted le gusta?-respondió el de cabellos azules.


-Me encanta.


-A mí me vale un comino-dijo avanzando hacia Aioros, quien se mostró sorprendido por su respuesta.


-Es evidente-gruñó Krest saliendo de ahí hecho una furia.


En cuanto el contratenor estuvo fuera de su campo visual, Aspros regresó su mirada al menor y le sonrió.


-Aioros, ahora que estamos solos, quiero decirte algo en lo que estuve pensando.


-¿De qué se trata?-preguntó desconcertado.


-Verás, te he visto trabajar con mucha pasión durante todo este tiempo, y reparando en eso, me he preguntado si en verdad Sísifo merece ese tipo de sacrificio, porque, en lo que a mí respecta, él está siendo demasiado egoísta al ponerse por encima de tí.


-Agradezco que se preocupe maestro, pero...-desvió la mirada-Pero de verdad no importa.


-¿No? ¿Acaso tu futuro artístico no tiene importancia?


Aioros bajó la vista ante eso.


-Bueno, cuando se está en una rela...


-De eso nada-lo interrumpió-Una relación es de dos, y creo que si tú te tomas la molestia de pensar en el futuro de Sísifo, él debería hacer lo mismo. Casi pareciera que no le interesan tus sentimientos, y eso, para mí, es inaceptable siendo tú una criatura hermosa y sensible-alzó la mano y acarició su mejilla, logrando que Aioros lo mirara-Sabes que, vamos a brindar para ahuyentar la tristeza.


-Me gustaría, pero mejor otro día maestro. Tengo muchísimo trabajo y si no me apresuro no llegaré al ensayo general.


-Claro que llegas, estás con el director ¿recuerdas?-dijo yendo inmediatamente por la botella.


Aioros sonrió y se sentó en unos de los sillones del taller. La verdad no le gustaba beber en el trabajo, pero Aspros había dicho que solo brindarían y ciertamente necesitaba despejar su mente, así que no vio problema en relajarse un rato.


El mayor volvió luego de un par de minutos, y sirvió dos vasos pequeños, con vino, entregándole uno al castaño, y alzando el suyo.


-Por los amigos-dijo y chocó sus vasos.


-Por los amigos.


Aspros bebió, pero Aioros no pasó de dar un sorbo.


-Qué pasó, hermoso, no hagas trampa y tomalo todo-dijo volviendo a llenar su vaso.


-Espere, no quiero be...


-Nada. Aún queda mucho por lo cual brindar, por ejemplo, por Madrid, que no conozco pero que voy a conocer.


Aioros observó a su maestro con renuencia. No quería beber mucho o se emborracharía, y dar una mala imagen en el ensayo general era lo último que necesitaba. Sin embargo, tampoco estaba tan mal brindar con quien veía como un padre, y francamente no tenía ganar de ver a Sísifo en el ensayo, así que vió esto como una buena excusa para ausentarse.


-Bien. Por Madrid-brindó-¿Todo maestro?


-Sí, todo Madrid.


-No, maestro-rió-¿Que si todo el vaso?


-Ah, eso. Pues sí, todo-ambos lo bebieron todo, pero de inmediato Aspros volvió a llenar los dos vasos.


-Oiga...


-Vamos, un poco más. Ahora brindemos por...por...


-Por usted-dijo el de ojos claros-Porque siempre me hace reír.


-Okey, por mí, pero también por tus ojos.


-¿Mis ojos? Pero si los suyos también son bonitos.


-¿Sí?


-Sí.


Así siguieron brindando durante un largo rato y Aioros cada vez se sentía más mareado, ya hasta creía que el piso se movía, pero se sentía incapaz de negarle otra copa a su maestro. Estaban brindando y aunque tuviera poca resistencia al alcohol, no iba a arruinar el momento.


Después de todo necesitaba despejar su mente en algo, todo lo que estaba pasando con Sísifo lo tenía muy estresado, y entre eso y el trabajo, no se daba abasto. Era consciente de que ambos eran de rangos distintos: Sísifo ya tenía prestigio en Atenas, a diferencia de él que a penas tenía dos años de haber egresado de la universidad y comenzado a ejercer. Por eso buscaba una oportunidad, una que ya se le había ofrecido en España, y ahora tendría que abandonarla por su novio. No era justo.


Pero sabía que tampoco para Sísifo lo era. Abandonar todo para empezar de cero en un país desconocido era un sacrificio muy grande, tal vez demasiado, y eso lo había llevado a la conclusión de que, la única solución a ese dilema, era que uno lo sacrificara todo. Solo quedaba decidir quién.


Al cabo de una hora, tanto el mayor como el menor estaban ya bastante mareados, el castaño más que Aspros, por lo que se inclinó para dejar el vaso sobre la mesa de centro y se sujetó la cabeza al sentir un mareo.


-N-o, ¡hip! Maestro, y-a no puedo...-dijo cuando el director le ofreció la botella.


-Un trago más, Aio. Uno chiquito.


-No, ya-ya me ten-¡hip!-que ir.


Aspros dejó la botella en la mesa, y detuvo a Aioros cuando hizo amago de levantarse, devolviéndolo al sofá, y aprovechando para pegarse aun más a él.


-Espera, bebé, estás mareado, no puedo dejar que te vayas así.


-...m-me da vueltas todo...-murmuró entrecerrando los ojos para tratar de enfocar el piso-No sé cómo voy a llegar al-¡hip! esce-ensayo.


-Tranquilo, solo descansa.


-Pero maestro, yo...


-No pasa nada, estás conmigo-susurró en su oreja con tono seductor, logrando que el castaño se volviera a mirarlo-Tú tranquilo, yo cuidaré de tí-dijo y, aprovechando la confusión de Aioros, capturó sus labios en un fogoso beso que le obligó a corresponder mordiendo su labio inferior.


-¡Mng!-gimió el castaño sintiendo un escalofrío cuando el de cabellos azules sujetó su cintura para atraerlo.


Parpadeó un par de veces para centrarse, y cuando por fin salió de su estupor, lo apartó con todas las fuerzas que pudo juntar en su estado etílico.


-Basta, maestro.


-Oh, vamos cariño, yo sé que te gusta-respondió acariciando sus piernas y ascendiendo por ellas hacia la entrepierna-Te prometo que será la experiencia más placentera que hayas tenido.


-No sabe lo que dice. Por favor, apartese-dijo apartando sus manos, pero el mayor aprovechó para sujetar las suyas-¡Suélteme!


-¡No te hagas el difícil!


La orden y el tono furioso con la que había sido dada hicieron respingar al menor, logrando erizarle la piel y ponerlo en alerta, por lo que luchó con más fuerza para apartar a Aspros.


-¡No, alejese!


-¡Quieto!


Aioros tragó saliva y le propinó una patada al director, deshaciendo el agarre, para luego intentar levantarse, pero éste se lo impidió atenazando su brazo y su cintura.


-¡Suélteme, maestro! ¡No me toque!-gritaba forcejando con él.


-Vamos, yo sé que quieres.


-¡No, dejéme!


Aspros, hastiado de la resistencia del menor, le soltó una bofetada con la suficiente fuerza para tumbarlo en el sillón, donde lo sujetó de los cabellos para arrojarlo al suelo.


-¡Ah!


-No quería llegar a esto, pero no me dejaste otra opción-dijo poniéndose de cuclillas y torciendo uno de los brazos de Aioros en su espalda.


El castaño gimió adolorido y se retorció para liberarse, pero Aspros lo superaba en tamaño y fuerza, y el dolor en su propio brazo le imposibilitaba moverse, sin mencionar que aun estaba bajo el efecto del alcohol.


Su terror aumentó al sentir como le bajaba los pantalones y la ropa interior.


-¡No, por favor, suélteme! ¡Maestro! ¡Auxilio!


-Grita todo lo que quieras lindura, nadie te escuchara-dijo, dejando al descubierto su propio miembro y obligándo al castaño a flexionar las rodillas para que quedara en cuatro-Por fin vas a ser mío.


-¡No! ¡Deje-¡¡Ah!!-gritó cuando se introdujo en él sin ninguna preparación, liberando su brazo para tomar sus caderas y empujarse más adentro-¡Noo!...¡Ya bast-ah! ¡Ah, ah, ah!


El castaño estalló en lágrimas mientras apretaba la alfombra del suelo ante las brutales embestidas que recibía. Aspros no tenía reparo en entrar y salir de su interior, gimiendo de placer, disfrutando cada segundo, haciéndolo gritar con todas sus fuerzas esperando que alguien viniera a ayudarlo, pero pronto recordó que todos estaban ya en el ensayo general, por lo que nadie vendría en su ayuda.


Nadie lo escucharía.


Sintió que se rompía en pedazos cuando el director arremetió con fuerza provocando que su rostro golpeara el suelo, y tras un par de arremetidas más, se corrió en su interior mezclándose el seme con la sangre que escurría por sus piernas.


Creyó que ahí se terminaría todo, pero lejos de eso, Aspros lo volteó y abrió sus piernas para volver a introducirse de una sola estocada.


-¡¡Ah!!...¡ah, ah, ngh!...ba-ah...M-Me due-¡Ah!...


El mayor se relamió los labios al ver el dulce rostro de Aioros empapado en lágrimas, exitandose, insitándolo a continuar, a abrir más las piernas del menor para empujarse más fuerte, más profundo, al punto de desgarrarlo, hasta que por fin logró correrse por segunda vez. Su alarido de placer resonó en las cuatro paredes del taller, aunado a los sollozos del castaño.


Esperó unos minutos para recuperar el aire y luego se levantó.


-Me la pase muy bien, hermoso-dijo saliendo de su interior-No pongas esa cara, ambos sabemos que lo disfrutaste tanto o más que yo, es obvio. Después de todo, solo un varón puede darle verdadero placer a un doncel. Estoy seguro que Sísifo no es capaz de hacerte gemir como yo lo hice-declaró abrochándose los pantalones-En fin-se inclinó y depositó un beso en su frente-Espero que pronto se repita.


Dicho esto, Aspros salió de ahí tan campante como si fuera navidad, mientras Aioros apretaba los ojos y abrazaba sus piernas.


¿Ahora cómo vería a Sísifo a los ojos? ¡Él iba a odiarlo!


-...perdón...-murmuró entre lágrimas-Perdón...Sísifo.


Todo era su culpa.




Abandonó el teatro tras varias horas de llorar en silencio y llegó a su departamento casi cojeando del dolor punzante en sus caderas. Gimió al sentir la sangre mezclada con semen que se escurría por sus piernas por debajo del pantalón, causándole un profundo asco.


Sucio. Estaba demasiado sucio.


Ante ese pensamiento se quitó con prisa la ropa, abrió la regadera y se metió a la bañera. El nudo en su garganta no había desaparecido, sentía que le costaba respirar, y, rápido, tomó el jabón y se lavó todo el cuerpo, tallándose con fuerza con las uñas hasta el punto de sacarse sangre, pues no le importaba arrancarse la piel si con eso se quitaba esa sensación.


Sin embargo, por mucho que tallaba y rascaba, ésta no se iba, por lo que decidió rendirse y sentarse en la bañera, abrazando sus piernas y ocultando su rostro en ellas. No se molestó en cerrar el paso de agua como tampoco le importó resfriarse cuando se acabó el agua caliente, únicamente se dedicó a llorar amargamente por varias horas hasta que escuchó a alguien ingresar al departamento y cerrar la puerta con suavidad.


-¿Aioros?-era Sísifo quien al escuchar el sonido de la regadera se dirigió al baño-Aioros, te estuve bus...¡¿Qué demo...?! ¡Pero quién te pego!-exclamó horrorizado al verlo encogido en la bañera con el labio inferior partido.


Rápido cerró la regadera y corrió al armario por una toalla, con la cual envolvió al menor y lo puso de pie sin que éste pusiera resistencia.


-Chiquito, mi amor, ¿qué te pasó? ¿Quién te golpeó?-preguntó apartando el cabello mojado de su cara.


-No sé...-respondió Aioros evitando mirarlo a los ojos-No sé, yo...no lo ví.


Hizo un esfuerzo colosal para que su voz no se quebrara, ya que de lo contrario Sísifo se asustaría más y no quería eso. Ya bastante le había fallado como para agregar más a la lista.


-¡Pero cómo que no lo viste!-exclamó incrédulo-¿Fue en el teatro o...?


-E-En el estacionamiento.


-¿Qué quería? ¿Te asaltaron o...? ¿Qué pasó?


El castaño no pudo evitar sentirse peor al ver lo preocupado que estaba Sísifo por él, no podía decirle lo que había pasado, no quería que lo odiara. Trató, por todos los medios, calmarse, pues estaba hiperventilando de nuevo.


-¡La billetera!-exclamó como una revelación-¡Me robaron la billetera!


-¿Que te roba...Por dios, Aioros, tenemos que ir a denunciar-afirmó tomando su rostro para que lo mirara.


-¡No! No, no. No quiero denunciar.


-Chiquito-limpió las lágrimas de sus ojos-Chiquito, tenemos que ir a denunciar ahora mismo. Yo te acompaño.


-No, no puedo ahora, no-decía desesperado.


No estaba listo para enfrentar el odio del mayor y no creía poder estarlo jamás.


Sísifo, por su lado, suspiró al ver el terror en la mirada de su pareja, entendía que estuviera bastante alterado y asustado, pero la denuncia no podía esperar.


-Cariño, tenemos que...


-¡Por favor no!


-Ya, ya, está bien-cedió-No llores amor. Mira, estás helado y lleno de rasguños-dijo al sentir su cuerpo frío aun con la toalla-Vamos a afuera, yo te ayudo, y te voy a poner un hielito para que te pongas bien, ¿sí?


-Sí.


-Ven, agarrate de mí.


Aioros asintió y tomó las manos de su pareja para que Sísifo pudiera tirar de ellas y levantarlo. Lo abrazó y con mucho cuidado lo ayudó a salir de la bañera para llevarlo a la recámara, donde curó sus rasguños e hizo que se pusiera su ropa de dormir, para luego acostarlo en la cama y acobijarlo.


Dejaría que durmiera por esa noche, pero no permitiría que las cosas se quedaran así, de una u otra forma lo convencería de ir a denunciar el robo para que atraparan a ese infeliz que se había atrevido a golpearlo.


-Duerme bien, mi amor-besó su frente y poco después se acostó a su lado para envolverlo en sus brazos.




Contrario a las creencias del mayor, que pensaba que el castaño se repondría pronto del susto, Aioros no estuvo mejor al día siguiente ni a la semana siguiente ni a la siguiente. Estaba distante, frío, y triste el noventa por cierto del día, a veces ni siquiera salía de la cama, y con el pasar de los días Sísifo estaba cada vez más preocupado. El menor no había querido ir a trabajar, no comía, no salía y rechazaba cualquier contacto que tuviera con él. Ya tampoco diseñaba, no hacía nada más que estar todo el tiempo en cama o en el sillón, y tal comportamiento no era nada justificable para el doncel mayor.


Sísifo sin duda comprendía perfectamente su temor a salir de casa, puesto que el "asalto" había sido fuera, quizá también justificaba su depresión, pero lo que no podía concebir era que lo rechazara o que no quisiera pasar tiempo con él. Cada vez que deseaba tocarlo, el menor se ponía agresivo y lo alejaba de sí, incluso hubo veces en que había llegado al extremo de no dejarlo dormir a su lado. Situación que le partía el corazón y le hacía pensar que ya no lo quería.


O que quizá, había conocido a alguien mejor...un varón.


Y en eso lo lastimaba.


-No puedo creer lo que me dices-dijo Krest, quien se encontraba sentado en la banca del parque junto a Sísifo.


Ambos habían decidido salir a tomar aire fresco, lejos del sofocante ambiente de estrés del teatro, y el contratenor aprovechó dicha oportunidad para preguntarle a Sísifo por Aioros, ya que llevaba tiempo sin ir a trabajar, y aunque el mayor se mostró reacio a responder al principio, finalmente terminó contándole sobre el asalto, y eso sólo porque el doncel estaba ya en su límite después de cargar con todo él solo.


-Creelo. No me quiso decir ni quién fué ni quiso poner una denuncia-suspiró-Krest, yo estoy aquí para protegerlo, y...


-¿Estás seguro?-lo interrumpió ganándose una mirada interrogativa del doncel- Yo te he visto muy enojado los últimos días, Sísifo.


-¿Qué? Claro que no.


Krest arqueó una ceja, por lo que el castaño no pudo más que desviar la mirada.


-No estoy enojado, Krest, es solo que estoy preocupado. Aioros...se comporta muy frío conmigo, a veces agresivo, y no sé qué pensar.


-¿Y qué respuesta te das ahora?


-Pues...-bajó la vista al suelo-Que tal vez conoció a alguien mejor.


-¿Cómo un varón?-el castaño asintió-Sísifo, no olvides que Aioros es joven, es sensible y recientemente sufrió un asalto. Es normal que esté asustado...tal vez más de lo normal, pero eso no significa que haya dejado de amarte porque no estuviste a su lado cuando sucedió todo. Aioros sabe que no puedes vigilarlo las venticuatro horas del día, y tampoco es que espere que lo hagas. Quizás no pueda explicar su comportamiento hacia tí, pero sí te diré que, sea cual sea el problema, debes cuidarlo mucho. Ha sido una desagradable experiencia y necesita tu ayuda para superarlo, ¿de acuerdo?-sonrió tomando la mano del castaño para mostrarle su apoyo.


-Sí-respondió devolviendo la sonrisa, aunque la suya se notaba cansada.


Tenía mucho estrés acumulado, tanto por el trabajo y la presión de la proximidad del estreno como por la situación en casa, pero hablar con su amigo había ayudado a sentirse un poco más relajado, aliviado de saber que no estaba solo, y por eso ese mismo día hablaría con Aioros sobre una nueva idea que había estado rondando su cabeza desde que el menor se autoexilió, esperando que eso los ayudara a superar el asalto.




Su teléfono llevaba horas vibrando, pero había decidido ignorarlo desde el primer timbre. Sentado en el sofá, abrazando uno de los cojines y luchando por no volver a llorar, Aioros no hacía más que reproducir en su mente una y otra vez las imágenes de lo que había ocurrido esa tarde en el taller. Sentía asco, vergüenza, suciedad y dolor, un dolor agudo que no se disipaba y que solo aumentaba cada vez que veía a su pareja.


Él le había advertido, pero no quiso escuchar. Confió demasiado en Aspros, en su fachada de buen maestro, y por eso le había resultado fácil ultrajarlo. El solo pensar en esa palabra las lágrimas volvían a desbordarse de sus ojos, era tanta su vergüenza que no podía más con ella, y lo peor es que ese maldito no había dejado de llamarlo y mandarle mensajes de "amor" que solo lograban enfurecerlo. ¡Era un cínico! Lo odiaba tanto, y aun así se rehusaba a denunciarlo.


Sabía que hacerlo significaría decir la verdad de lo que le habían hecho y sí lo hacía, Sísifo no querría verlo nunca más. Guardaría silencio, era lo mejor, lo mejor para ambos.


-Aio-escuchó que lo llamaban-Aioros, cariño, ¿dónde estás?


El mayor dejó sus cosas en la mesa y se dirigó a la sala, donde encontró al menor en el sofá, exactamente en la misma posición en la que lo había dejado en la mañana cuando salió al trabajo.


-Ya llegué, amor-saludó tomando asiento en el extremo opuesto, sabiendo de antemano que acercarse más podría incomodar al más bajo-Te estuvimos esperando para las pruebas, chiquito, pero no te preocupes, igual las cancelaron. No llegó Aspros y lleva semanas desaparecido.


Aioros asintió apenas, rompiéndole el corazón al mayor al lucir tan decaído.


-¿Tú cómo vas?


-...n-no he hecho gran cosa.


-¿Quieres que busquemos a alguien para que te ayude a terminar tu vestuario?


-Lo que quiero es irme a Madrid, Sísifo.


Sísifo no pudo evitar sorprenderse por la petición tan directa, pero se compuso pronto y con cautela tomó su mano, mirándolo fijamente a los ojos.


-Mi amor, mira, he estado pensando lo de la dirección de teatros y...tal vez no sea tan buena idea. ¿Qué te parece si después del estreno...


-¡No!-exclamó, sobresaltando al otro-¡Me quiero ir ya!


-¿Qué? Pero chiquito, falta menos de una semana para el estreno.


Justo en ese momento volvió a sonar el celular del menor. Sísifo lo miró fugasmente, para luego regresar su mirada a su pareja.


-¿Ya comiste?-Aioros negó con la cabeza-¿Quiéres que te cocine algo?- volvió a negar y el celular siguió sonando-¿No vas a contestar?


-¿Para qué?-dijo con las lágrimas acumulándose en sus ojos.


-No llores, chiquito-intentó abrazarlo, pero el otro se encogió más, rechazando todo contacto con él.


Sísifo cerró los ojos, mordiendose el labio para no dejar entrever lo mucho que eso lo lastimaba y hacer sentir peor a su novio, por lo que se limitó a correrse todo lo que pudo en el sofá y procurar mantener su distancia.


-Aioros, entiendo que estés asustado por lo del asalto, pero no puedes quedarte encerrado toda la vida.


El aludido desvió su mirada hacia el celular que seguía sonando en la mesa de centro, pero Sísifo no lo dejaría evadir el tema otra vez.


-Oye, ¿por qué no me dices quién fue?-preguntó con voz suave, intentando que no pareciera un interrogatorio.


-...no sé.


-¿Pero cómo no...-cerró los ojos hastiado del insesante sonido del teléfono-Chiquito, si no vas a contestar, contesto yo. Puede ser tu hermano o....


Se detuvo.


Estiró la mano hacia la mesa de centro, pero en lugar de tomar el aparato, recogió la cartera que se hallaba oculta bajo el portafolio del menor, sacándola para mostrarsela a su atónita pareja.


-Amor, ¿no me habías dicho que te robaron la cartera en el estacionamiento?


Aioros lo miró sintiendo nuevamente el nudo en su garganta. No tenía idea de qué inventarle en ese momento.


-Fue un robo, ¿verdad?


-...-


-Aioros-se acercó de nuevo y tomó su rostro para que no desviara la mirada.


-...-


-Aioros, ¿qué está pasando?


El castaño ya no podía más, se sentía acorralado y no había forma de escapar. Vio la preocupación y el miedo en las orbes azules de su pareja, su infinito amor a pesar de cómo lo había tratado los últimos días y no pudo más. Las lágrimas se desbordaron de sus ojos, no merecía tal amor y lo sabía. Era hora de decir la verdad.


-...fue Aspros-dijo apenas audible.


-¡¿Aspros te pegó?!-exclamó indignado. Sabía que ese hombre no era de fiar.


Aioros tragó saliva y continuó con voz débil.


-Él entró en el taller y...trato de...de...


-¡¿Trato de qué?! ¡¿Qué te hizo?!-presionó con el pulso acelerado y con un profundo miedo.


-...me violó...


Y Sísifo sintió que el mundo se quebraba en pedazos sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. Todo era claro en ese momento, su extraño comportamiento, su depresión, su miedo, todo. Su corazón se hizo añicos.


El dolor lo llenó como si fuera a él mismo a quien hubiesen ultrajado y hubiera deseado que así fuera con tal de no ver tan destrozado al amor de su vida.


-¡A-Aioros!-lo abrazó con fuerza, no pudiendo evitar romper en llanto


-...perdón...-murmuró el menor, aferrándose al cuerpo de su pareja con desesperación-Perdón.


-Chiquito, no. No es tu culpa, no es tu culpa.


Se abrazaron con fuerza como intentando sostenerse uno al otro. El mayor no pudo sentirse más molesto consigo mismo y con el bastardo de Aspros. Siempre supo que ese hombre era peligroso, pero no creyó que se atreviera a lastimar a Aioros así, y lo peor de todo era que él no había podido protegerlo. No había estado a su lado cuando más lo necesitó y todo por estar más preocupado en ganar la discusión, y esas eran las consecuencias.


Pero las cosas no iban a quedarse así, iría a ver a ese maldito y le haría pagar por eso. No dejaría que se saliera con la suya.




Sin embargo, como supuso, Aspros no se presentó en el teatro en los días siguientes sino hasta que faltaban solo dos días para el estreno. Esa misma mañana Sísifo finalmente había logrado que Aioros fuera al teatro, aunque sus diseños ya los había finalizado en casa, puesto que había usado su trabajo como distracción. Sin embargo, necesitaba que supervisara las pruebas de los trajes en los actores para que no hubiera ningún error, y mientras el menor se encargaba de eso, él y los tramoyistas terminaban de montar el primer escenario con Krest trabajando en sus diferentes volúmenes de voz acompañado de las notas del arpa.


Aspros se apareció justo cuando daban los últimos detalles y se dirigió apresurado al escenario con evidente molestia por el caos que había.


-¿Los leones de qué color?-preguntó Kanon cuando lo pasó de largo-¿Negros?


-¡No! ¡Negros no, no son panteras!-respondió subiendo los escalones.


El teatro entero se quedó en silencio y todos se reunieron alrededor de él para recibir indicaciones, incluyendo a Sísifo y Aioros.


-¿Qué pasó Dohko?-espetó al tramoyista quien parpadeó desconcertado.


-N-No sé.


-¡Organiza esto!


-Aspros, ¿por qué no fue al ensayo?-le espetó uno de los actores.


-No sé, pero ustedes en primera hasta que yo diga, ¿sí?


-Maestro-lo llamó Krest.


-¿Qué?


-Estamos a dos días del estreno y yo no sé ni por dónde voy a entrar.


-Usted canté bonito y cuidese la voz, yo me encargo de lo demás.


-Pero ni siquiera hemos hablado de mi personaje.


-¡Su personaje es un rídiculo que repite la misma frase ochenta veces!-exclamó hastiado-¡Eso haga y ya, confíe en mí! ¡Hay director!-dicho esto respiró profundo y continuó con voz más calmada-Bueno ya, antes de que organice yo esto, quiero hacer un anuncio. Como algunos de ustedes ya saben, he sido nombrado Director de la Compañía Nacional de Teatros, y el patronato me ha pedido al mismo tiempo que yo elija a un subdirector de la misma. Y yo he elegido, para éste cargo, a un doncel. Un doncel que, por su talento, es el mejor y el único para el cargo-miró a Aioros y sonrió cuando éste evadió su mirada-Un aplauso para al maestro Aioros Andreatos.


Los ojos de ambos castaños se abrieron con sorpresa y Sísifo miró furioso a su novio, quien a su vez observó a Aspros, casi vomitando cuando éste le devolvió la mirada y le mandó un beso con una sonrisa cínica.


Sísifo lo giró entonces con brusquedad, arrancándole un quejido por el brutal agarre en su brazo.


-¿Te violó?-le espetó en voz baja y Aioros lo miró dolido-¡Dí algo! Que sepan la clase de monstruo que es. Ah, pero claro, ahora ya no te conviene, verdad.


-Sísifo...


-Disfrutalo-escupió y se dio la vuelta para marcharse.


Aioros intentó seguirlo, pero Krest lo interceptó para felicitarlo causando que lo perdiera de vista.


Grave error.




Más tarde, en la intimidad de su oficina, Aspros gruñía mientras hacía algunas anotaciones en una hoja. No podía creer que apenas se ausentara unos días y todo se fuera al caño, pero suponía que eso era lo que pasaba cuando un doncel estaba a cargo. Ahora no le quedaba duda de que el teatro no era nada sin él.


Solo esperaba que su dulce Aioros no lo decepcionara ya que pasarían mucho tiempo juntos, aunque no es que fuera a permitir que hiciera todo por su cuenta o que tuviera tantas responsabilidades, él mismo iba a supervisarlo para asegurarse de que todo se hiciera bien, pues sabía de antemano que el puesto era demasiado grande para un doncel.


Justo en ese momento Sísifo irrumpió en su oficina azotando la puerta.


-Quiero hablar contigo-exigió mordaz mientras sus nudillos se tornaban blancos por apretar tanto los puños.


-Claro, precioso, pero te advierto que ya tome mi deci...


-¿Qué le hiciste a Aioros?-le cortó acercándose amenazante a él, pero Aspros ni se inmutó.


-Nada que no quisiera él, te lo aseguro.


-¡Eres un desgraciado!-gritó y le propinó un puñetazo tan fuerte que lo hizo tratabillar.


Aspros sobó su quijada sonriendo con cínismo, para luego, y antes de que el castaño pudiera reaccionar, sujetarlo del cuello y espotrarlo contra la pared, acercándose luego a su rostro para lamer su mejilla.


-¡Suél-tame!-decía tratando de deshacer el agarre-¡Suéltame!...gagh..


-¿Qué? ¿Acaso no querías saber qué le hice a Aioros, dulzura? Ahora te lo voy a mostrar.


Lo liberó sólo para tomar sus muñecas y presionarlas contra la misma pared, permitiéndole así besar y morder su suave y delicado cuello.


-¡Ah! ¡Detente!


-Mmm-suspiró exitado recorriendo con su lengua la piel expuesta para él-No sabes cuánto deseé ésto-jadeó, separando las piernas del castaño para frotar su miembro con el suyo.


-¡ngh!...¡ah-suéltame!...¡Asqueroso!-gritó removiéndose hasta lograr propinarle un rodillazo en la entrepierna, logrando que Aspros se doblara de dolor y en el acto se apartara de él.


-¡¡Eres un cerdo!!-escupió empujándolo.


-¡No te irás!


Aún adolorido Aspros detuvo a Sísifo cuando éste intento salir, golpeándolo, primero en la cara, y luego en el estómago, para luego repetirlo consecutivamente de modo que el castaño no tuvo tiempo de reaccionar.


-¡Bas-Bastardo!-masculló intentando golpear al de cabellos azules, pero éste detuvo su golpe y lo mandó al suelo con un puñetazo que le partió el labio inferior.


-A ver si así aprendes tu lugar, cariño-escupió propinándole una patada.


-¡B-Basta!


-¿Por qué querías saber qué le hice a Aioros? ¿Es que estás celoso, Sísifo? No tienes que estarlo, a ti también te quiero-volteó con otra patada al castaño para que quedara boca arriba y se montó sobre él, sujetando sus muñecas-Debes saber que, apesar de que siempre fuíste una molestia, te desee tanto como a él, y por supuesto que los dos pueden tenerme. Hay mucho de mí para ambos.


-¡Vete al infierno!-gritó escupiéndole en el rostro y removiéndose con desesperación-¡Dejame, maldito! ¡Dejáme!


-Hmphs-sonrió limpiando la saliva, para luego soltarle una bofetada.


-¡Ah!


-Descuida, nos la pasaremos bien.


El tono de dichas palabras, y el deseo que era casi palpable en ellas hicieron temblar al castaño, y su terror aumentó cuando Aspros se inclinó para repartir mordiscos en su cuello. Luchó con más desesperación e hizo amago de gritar, pero fue silenciado por la mano del director, quien ya estaba erecto ante la exitación que le provocaba tener al escenógrafo así.


Era tan exitante, ese doncel que lo odiaba e insultaba tanto ahora se encontraba casi llorando de miedo al sentir sus caricias, pataleando y retorciéndose cuando desabrochó su pantalón y comenzó a deslizarlo junto a su ropa interior hasta sus tobillos.


-Te ves tan lindo cuando mantienes la boca cerrada. Eso es exactamente lo que todos los donceles deberían hacer.


La respuesta fue un mordisco en sus dedos haciéndolo gruñir y liberar la boca del doncel.


-¡Dejame-ngh! ¡As-ah-pros!...


-¿Qué te deje?-rió-Pero si se ve que te gusta. Además, todavía no empieza la mejor parte-ronroneó, atenazando los muslos del doncel para separar su piernas todo lo que podía.


Los ojos de Sísifo se abrieron con horror y pataleó con más fuerza.


-¡NO! ¡Suéltame! ¡¡Aspros!!


-Shhh, no hay porqué asustarse.


-¡No!...dejame, por favor...¡Aspros!


-Eso mismo me decía Aioros, sabes-dijo descubriendo su miembro y mirando al castaño con lujuria-Ahhh, mi amor-suspiró-Eres exquisito.


-...no, Aspros, por favor, no...


El de cabellos azules no pudo más que sonreír complacido al ver las lágrimas acumulándose en lo aterrados ojos del castaño, escuchando sus suplicas de voz quebrada con las que intentaba hacerlo recapacitar.


-Pero no llores, precioso, prometo que te va a doler, pero te va a gustar-al terminar de decir esto, se introdujo en él de una sola estocada, haciendo que Sísifo arqueara la espalda y apretara la alfombra del piso.


-¡¡AH!!...a-ah ah...¡ASPROS, NOOO!...ah ah, ngh-ahr.


-Ah ah ah, dulzura-gemía extasiado-Ah...¡q-que apretado!


Las embestidas eran fuertes y agresivas, Sísifo creía que iba a partirlo por la mitad sintiendo la sangre comenzando a fluir de su entrada adolorida, pero al de cabellos azules no le importó en absoluto.


Aspros se sentía flotar de tanto placer, su deseo aumentaba cuando veía al otro suplicar que se detuviera con su rostro lloroso y golpeado por la humillación, y recordaba, en medio del éxtasis, que así también había tenido a Aioros. Ambos habían sido suyos.


Besó entonces sus labios, sus pezones, su cuello, recorriendo con sus uñas las torneadas piernas de Sísifo, arañándolas para asegurarse de que no olvidara ese momento como él tampoco lo haría, y cuando se sintió cerca de terminar, enrrolló las piernas de Sísifo en su cintura y se empujó más profundo, logrando correrse en medio de un grito que hizo eco en las cuatro paredes. Una vez liberado, se dejó caer exhausto sobre el castaño, quien no se atrevía a mirarlo.


Estuvieron así por varios minutos hasta que el varón se levantó, se subió los pantalones y besó por última vez al doncel, para luego salir de ahí con una gran sonrisa.


-Gracias por este maravilloso momento-dijo antes de cerrar la puerta.


Apenas se marchó, Sísifo hizo amago de levantarse aun con el dolor punzante en sus caderas, sintiendo sus piernas temblar y usando el maniquí con el vestuario del protagonista como punto de apoyo. Se subió el boxer, el pantalón y salió a toda prisa.


Corrió todo el camino hasta su auto sin dirigirle la mirada a nadie, y esquivando a quienes se le atravesaban en frente, y subió al vehículo que, por suerte, había decidido llevar ese día debido a que planeaba llevar a cenar a Aioros a su restaurante favorito al terminar la jornada laboral, aunque ahora eso era lo último que ambos querrían. Se sentía humillado, ultrajado, herido, tenía tanta vergüenza que no sabía cómo volver al teatro al día siguiente. No tendría cara para mirar a nadie, y menos al cerdo de Aspros, quien seguramente estaba burlándose de él en ese momento.


Y Aioros, ¡oh, Aioros estaría destrozado al enterarse de eso! Ya preveía que el menor se culparía de todo, aun cuando la culpa había sido suya, pues él sabía muy bien de lo que Aspros era capaz, y a pesar de eso, cegado por la ira y la frustración, fue a confrontarlo sin medir el riesgo y las consecuencias de sus actos. Este era el resultado de su impulsividad.


-¡Maldición!-gritó golpeando el volante y tratando de limpiarse las lágrimas.


Cuando pudo calmarse, arrancó el auto hacia su departamento, y rogó porque Aioros no estuviera ahí al llegar.




Por supuesto, Sísifo no podría tener peor suerte que ver sus plegarias frustradas, pues, aunque la jornada laboral todavía no terminaba, Aioros había decidido retirarse tan pronto como consiguió escapar de las felicitaciones de sus compañeros, y, sin tener a dónde ir a perderse lejos de todos, fue al departamento que compartía con su pareja y se dejó caer como peso muerto sobre su cama, encogiéndose y dándole la espalda al lado que pertenecía al castaño mayor. Se sentía dolido, sabía que Sísifo lo odiaría cuando se enterara de lo que había pasado, pero no había estado preparado para enfrentarlo cuando le reclamó en el teatro, aunque entendía de cierta forma su furia. Después de todo, el conflicto incial había sido porque Sísifo quería el puesto de subdirector, y que dicho título se lo hubieran dado a él luego de que Aspros...Creía que el castaño tenía motivos suficientes para estar decepcionado.


¡Pero él no quería el puesto! Lo que quería era irse a Madrid o volver a Creta, donde estaba su hermano y su cuñado Mu. No sería tan mala idea, ya que así podría pasar tiempo con su sobrino, aunque, pensándolo bien, tampoco quería empañar su felicidad con su aura depresiva, ni atrevesar por el duro interrogatorio que le haría Aioria cuando lo viera llegar tan decaído.


Seguro hasta culpaba a Sísifo cuando él no era responsable de su falta de juicio.


Sollozó.


Estaba a punto de romper a llorar de nuevo cuando escuchó el cerrojo de la puerta del departamento ceder y los pasos cautelosos de alguien ingresando al lugar. Sabía que se trataba de Sísifo, pues nadie más tenía llave para entrar. Pensó que quizás el castaño se había percatado de su ausencia y había ido a buscarlo a casa, pero él no quería verlo. No quería ver sus ojos furiosos o su mirada decepcionada de nuevo, por lo que no se movió de su lugar, a pesar de que el mayor se dirigía a la recámara.


Frunció el ceño con desconcierto cuando pequeños lloriqueos comenzaron a escucharse conforme los pasos se acercaban, eran como si alguien estuviera llorando pero se esforzara por no ser escuchado, y cuando finalmente escuchó el rechinar de la puerta de la recámara al abrirse, y las luces se encendieron, se volvió hacia él solo para terminar abriendo los ojos con horror al ver el estado en el que estaba su pareja.


-¿Sísifo...?-llamó con labios temblorosos.


El castaño mayor tenía el pómulo derecho hinchado y morado, el labio partido, y la ropa hecha un desastre, parecía que alguien había tironeado de ella sin el menor cuidado. A Aioros no le fue difícil deducir lo que había pasado.


-¡No!-gritó negando repetidamente con la cabeza-¡No, no, no!-repitió corriendo hacia él, pero Sísifo se alejó en el acto hasta tocar la pared, donde se deslizó hasta sentarse en el suelo-Sísifo, ¿acaso él...?


El silencio del mayor y la evasiva mirada no hacían más que desesperarlo, por lo que se puso de cuclillas y sostuvo con fuerza su rostro para obligarlo a mirarlo a los ojos.


-Te tocó, ¿cierto?


-...-


-¡Sísifo!


-...lo siento...-dijo por fin, incapaz de contener más el llanto-No pude defenderte y...y...-su voz se quebró y Aioros no pudo más que abrazarlo con fuerza, dejando que llorara en su hombro mientras él derramaba sus primeras lágrimas.


Siendo lo que eran, y teniendo una relación de naturaleza romántica, ambos se habían topado ya con personas como Aspros, personas que los señalaban, los insultaban, los discriminaban, y los agredían tanto física como verbalmente, y sabían que siempre se encontrarían con personas así en el camino, pero jamás nadie los había hecho sentir tan humillados como el de cabellos azules lo había hecho. Nadie los había quebrado como él, nunca se habían sentido tan acorralados y desesperados, y lo que era peor, sabían bien que, incluso si lo denunciaran, en una sociedad dominada por los varones que tachaba las relaciones como la suya de antinaturales, nadie los escucharía.


Seguro hasta los culpaban de todo. Nunca había justicia para los donceles.


-¿Qué vamos a hacer?-preguntó Aioros con voz débil, ayudando al mayor a lavarse-¿Qué vamos a hacer, Sísifo?


El castaño, quien se encontraba abrazando sus piernas dentro de la bañera con la mirada escondida en ellas, alzó la vista lentamente y la posó en el menor.


-Ya sé lo que vamos a hacer...-pronunció apenas con los ojos inundados de lágrimas.


Aioros los miró esperanzado.




La noche de la función llegó y el teatro se llenó de gente para presenciar el espectáculo. Todos los involucrados en el proyecto, entre los que se encontraban Sísifo y Aioros, se encontraban ahí para el estreno, y saludaban animados a los invitados mientras esperaban a que la función comenzara.


La pareja, por supuesto, había esquivado por todos los medios a Aspros, y procuraron no quedarse solos para evitarlo, por lo cual, Aioros se había mantenido todo el tiempo del brazo de Sísifo intentando no apartar la mirada de él, aunque resultaba algo difícil debido a que varios varones se les acercaban e intentaban separarlos para entamblar conversación con alguno de ellos, y es que nadie podía ignorar lo hermosos que ambos lucían esa noche.


Sísifo había elegido un elegante saco azul oscuro con una camisa blanca y unos jeans negros para la ocasión, mientras que Aioros vestía un traje negro con camisa coral y corbata negra, resaltando ambos sobre el resto tanto por su elección de guardaropa como por sus personalidades tan alegres.


Fue cuando dieron la tercera llamada para tomar asiento, cuando la mirada de Aioros se encontró por accidente con la de Aspros, quien le sonrió con lascivia y con un gesto le indicó que lo viera en el puente de luces sobre el escenario, para luego darse la vuelta y perderse entre toda la gente que se dirigía a sus asientos. El castaño menor palideció y por poco comienza a hiperventilar si no fuera porque Sísifo, que había presenciado lo ocurrido, lo abrazó por la cintura y lo llamó hasta que logró reaccionar. Forzó una sonrisa para él y lo siguió en silencio hacia sus lugares sin atreverse a decir nada más.


Pronto, todo el teatro quedó en silencio y Krest salió al escenario con su armadura puesta, observando detenidamente al público antes de comenzar a cantar, mientras el resto de los actores aguardaban tras bambalinas, y los tramoyistas iban de un lado a otro ajustando luces y preparando la siguiente escena. Aspros, por su parte, aguardó hasta el final de la última estrofa de Krest para perderse de vista del resto y subir al puente de luces donde esperó paciente a que Aioros se le uniera, encendiendo un habano para matar el tiempo.


Sabía que el menor iría, tenía la completa seguridad de que subiría a reclamarle, y quizá golpearle, por haber violado a Sísifo, su novio, pero en su defensa eso había sido culpa de él por seducirlo, exitarlo con el desprecio hacia su persona, y luego hacerse el difícil cuando era obvio lo que quería. Él simplemente se lo dió, y si acaso era culpable de algo eso era de no haberle dejado algún billetito para el taxi, y claro, por la magica experiencia, pues un momento tan placentero merecía el pago apropiado.


Pero igual y le daba un cheque con una cantidad jugosa a Aioros para que lo compartiera con Sísifo, total, ambos habían sido buenos, sólo esperaba que no se pelearan por ver quién merecía más.


-Maestro.


El repentino llamado lo hizo respingar y volverse hacia él. No lo había escuchado subir, pero eso era lo de menos. Había sido una grata sorpresa verlo.


-Sabía que vendrías-afirmó exhalando el humo de su habano.


Aioros lo miró fijamente por un par de minutos antes de formar un hermosa sonrisa que desconcertó al varón.


-¿Tenía opción?


Aspros frunció el ceño ante la pregunta, no parecía haber el menor rastro de reproche o resentimiento en ella, y eso era lo que le extrañaba. Había esperado todo por parte de él, desde insultos hasta un puñetazo, pero jamás que se comportara tan receptivo ni que se acercara tan seductoramente a su persona.


Tal vez lo había juzgado mal.




Mientras tanto, en el mismo puente de luces, alguien, escondido en el extremo opuesto de donde se encontraban el varón y el doncel, creaba apresuradamente un nudo usando guantes de herrero en las manos, esperando ansioso el momento de entrar en escena.




Aioros avanzó hasta quedar cara a cara con el mayor, tan cerca que podían escuchar sus respiraciones, y Aspros recorrió con la mirada al castaño de pies a cabeza, preguntándose qué escondía tras su espalda, pues Aioros habían mantenido las manos ahí todo el tiempo.


Sin embargo, éste no lo dejó pensar mucho en eso, ya que rápidamente le arrebató el habano de los labios y le dió una calada, exhalando el humo directo a su cara.


-¿Te gusta?-preguntó alzando las manos para tomar su rostro y acercarlo, listo para besarlo.


Aioros se estremeció y desvió la mirada para evitar el beso, ofreciendo en su lugar su cuello que fue atacado con besos y suspiros. Tembló, mirando impaciente el otro extremo del puente donde, para su alivio, vió a Sísifo salir de entre la sombras y acercarse en silencio hacia ellos, sosteniendo con fuerza la cuerda en sus manos. Éste le hizo una leve inclinación de cabeza, dándole la señal para que empezar el show, y Aioros tragó saliva.


-M-Maestro-lo llamó reprendiéndose por dejar entrever sus nervios.


-Aioros-suspiró el aludido rodeando sin pudor su cadera, para luego descender a sus glúteos.


El castaño respingó aterrado, dudando en si dar el siguiente paso o salir corriendo de ahí.


-No he dejado de pensar en tí, hermoso.


Se mordió el labio y miró a su pareja, asqueado con las caricias del varón, reviviendo con ira lo que le había hecho días atrás, lo que le hizo a su novio, a su Sísifo, la forma en que lo quebró, en que los humilló a los dos, y esa fue la motivación que necesitaba para dejar de lado sus dudas. Apretó las tijeras en sus manos y en un rápido movimiento apuñaló a Aspros en el hígado, girando y sacando el arma para volver a enterrarla.


-¡ARGH!-rugió el mayor empujándolo y colocando una mano sobre la herida.


Miró furioso al más joven, pero antes de que pudiera reaccionar, Sísifo lo interceptó por detrás colocándole la cuerda en el cuello, y cuando ajustó el nudo, Aioros empujó al varón con todas sus fuerzas causando que cayera al vacío ante las miradas de ambos donceles.


El escenógrafo no pudo evitar abrazarse a sí mismo al ver a Aspros colgado en medio del escenario ante las miradas aterrorizadas del público, por lo que su pareja se acercó para envolverlo en sus brazos.


-No te preocupes-le murmuró Aioros suavemente-Estamos juntos en esto.


Sísifo lo miró entonces y él le devolvió la mirada, sonriendo, para luego llevarlo de regreso al escenario escuchando de fondo los gritos de las personas que se empujaban entre sí para salir.


No les importó.


Esa era, después de todo, solo otra mala noche para la prensa local.


Sísifo Antzas y Aioros Andreatos fueron juzgados por asesinato en complicidad con premeditación, alevosía y ventaja.


La violación sufrida por ambos no fueron elementos que pudieran ser tomados en cuenta como atenuantes ya que al no haber denuncia, no pudieron comprobar los hechos.


Ambos fueron condenados a 20 años en prisión.


Fin

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