Capítulo Único

Ha hecho algo imprudente. Por no decir estúpido.
Hisoka observa el casillero de platino frente a él, escuchando la respiración agitada de Yuuji y un leve gruñido de Satoru detrás de su espalda. No es religioso, pero anoche soltó una oración a cualquier dios para que lo salvara del infierno al que se ha sometido por culpa de su temperamento. No obstante, no tiene un ápice de arrepentimiento. Aun sabiendo las consecuencias de desatar la ira del tirano de esta escuela, él no soportó una injusticia más, y menos si iba dirigida a un amigo. Pero ahora que está cara a cara ante un futuro terrible, debe admitir que está un poco asustado.
Fue testigo de múltiples abusos cometidos hacia otros estudiantes. Algunos de ellos cruzaron los límites, como la vez que arrojaron a una chica a la piscina y ella no sabía nadar. No llegó a ahogarse porque prometió irse de la escuela y el tirano ordenó que la sacaran para enseguida escoltarla a la salida.
Alarga su brazo y, despacio, coloca los números de la combinación del casillero. Cierra los ojos y contiene la respiración mientras abre la pequeña puerta.
Cuando los abrió, su corazón dejó de latir por un segundo y un escalofrío le recorrió por el cuerpo. Dentro del casillero, en la parte superior, una tarjeta roja con el mensaje «From F4» escrito en negro ha sentenciado su destino.
Un estudiante que se mantuvo escondido, abrió la boca con asombro y temor. De prisa, él se dirigió hacia los pasillos para informarle a los demás sobre el nuevo objetivo.
—¡Tarjeta Roja! —gritó.
Profesores y estudiantes lo escucharon. Y más de uno sintió un frío calar en sus huesos.
—¡Hisoka Morow de la clase 3-B ha recibido la tarjeta roja!
Los profesores comenzaron a guardar sus cosas y les dijeron a los estudiantes que la clase se cancelaba y huyeron de los salones.
En el salón 3-D, una chica de cabello celeste se levantó del asiento y se dirigió a sus compañeros.
—Oigan, ¿Hisoka… no es el primo de Gojo-san?
—Así es —respondió otro estudiante—, pero ni siquiera su relación consanguínea lo salvó.
—¿Qué deberíamos hacer? —preguntó una chica rubia, mirando a sus compañeros—. Si nos metemos con él, Gojo puede tomar represalias contra nosotros.
Un chico de cabello largo golpeó su pupitre y lanzó una mirada de soberbia.
—¿Qué demonios les pasa a ustedes? ¿Les tengo que recordar que los F4 son los reyes de esta escuela, y que ponerse en su contra será nuestro fin? —sonrió, mostrando sus dientes—. Gojo Satoru no tiene poder en este lugar. Este es el reinado de los F4, no lo olviden.
—Mahito está en lo cierto —dijo un estudiante, cuyo cabello es de estilo militar—. ¿O quieren ser ustedes el próximo objetivo de ellos?
Ninguno habló. En silencio, todos concordaron en no ser el objetivo del perverso juego de los F4.
—¡Bueno! —Mahito se levantó y aplaudió—. ¡Que comience la cacería!
De regreso en los casilleros, los tres estudiantes se sentaron en unos bancos blancos. Cada uno mostró una expresión diferente, pero compartieron el mismo sentimiento de miedo.
—Ese maldito cabrón —masculló Satoru, enojado.
—Te pido una disculpa, Hisoka. —Se pone de pie y se inclina frente a él—. Lamento mucho lo que mi hermano ha hecho.
—No debes disculparte; esto es obra de los F4, no tuya.
—Pero me quedo de brazos cruzados permitiendo que mi hermano y sus amigos sigan abusando de los demás —insiste Yuuji—. Soy cómplice al no tratar de detenerlos.
—Todos somos sus cómplices, Yuuji-kun —dice Satoru—. Hemos permitido que esos bastardos se salgan con la suya solo porque ofrecen grandes sumas de dinero a esta escuela.
Gojo se coloca al lado de Yuuji.
—Y ya estoy cansado de estar a su merced. —Mira a Hisoka—. No dejaré que se salga con la suya.
—No vas a interferir en esto, Satoru.
—¡Pero…!
—No. —Se levanta—. Yo elegí esto en el momento que me enfrenté a él. Seré yo quien luche, y ninguno de ustedes se va a entrometer.
—Hisoka, recapacita. Los F4 acabarán contigo —advierte Yuuji.
—No le daré el gusto a Sukuna de irme de la escuela —anunció en tono firme—. Si ustedes me respetan y aprecian lo suficiente, no se meterán y tú no le dirás una palabra de esto a la abuela, Satoru.
—¿Por qué carajos tienes que ser tan terco? —Satoru suspira y niega con la cabeza—. De acuerdo, pero si esto escala demasiado, no dudaré en quemar este lugar.
—Deberían ir a sus salones.
—¿Y tú qué harás, Hisoka?
—¿Yo? —muerde su labio—. Prepararme para el campo de batalla.
Hisoka ya sabía que le harían cuando el alumnado lo encontró y lo rodeó. Esquivó las primeras patadas que le lanzaron, pero dos chicos lo sujetaron con fuerza y otro comenzó a golpearlo en el estómago. Recibió varios golpes de chicos y chicas en su rostro, vientre y piernas. Cayó en el piso, sosteniendo su abdomen y se mantuvo en esa posición mientras le arrojaban huevos y harina. Las risas burlonas resonaron por las paredes al marcharse, y cuando ya no oyó los pasos de los estudiantes, soltó un gemido de dolor. Se mantuvo callado durante la paliza. No les daría la satisfacción de regocijarse de su sufrimiento.
Sus manos se retorcieron de furia. Furia contra los F4, contra los estudiantes y contra él mismo.
Se incorpora y cojea hasta llegar a las duchas.
Es el primer día, y lo ocurrido es solo el comienzo.
¿Realmente podrá soportar diez meses más?
Ha transcurrido una semana y los ataques no cesan. Y pese a que pone resistencia, luchar contra todos los estudiantes no es fácil. En el período de clases le arrojan bolitas de papel con saliva, borradores y libros. Uno de ellos se puso gracioso y le tiró tomates podridos. Sus amigos, que están en el mismo salón, también tenían prohibido ayudarlo. Ellos observan con impotencia cómo Hisoka es constantemente atacado.
Siguen acorralándolo para golpearlo y ya se ha familiarizado bastante con la enfermería. El enfermero, Leorio, siempre tiene lista la cama y los analgésicos para él. Charlan poco y Leorio le ofrece algunas piruletas para «endulzar su vida».
En el almuerzo, los chefs solo le sirven sobras que están echadas a perder. Por eso comenzó a traer bento y dejó de ir a la cafetería cuando Mahito colocó lombrices en su comida. Sube a la azotea para almorzar y por unos minutos puede disfrutar de la paz. Un día, sus amigos se reúnen con él en la azotea y Gon le vuelve a pedir disculpas.
—Deja de pedirme perdón. Te he dicho que no es tu culpa.
—Fue por mí que Sukuna se enojó y te dieron la tarjeta roja.
Hisoka suspira, recordando lo que ocurrió ese día durante la práctica del club de voleibol.
El entrenador Razor hizo sonar el silbato y la práctica dio inicio. Hisoka y Killua se sentaron en las gradas y notaron la tensión en los jugadores. Escrutaron sus ojos hacia el causante de la tensión: Ryomen Sukuna. Los F4 aparecieron de imprevisto en el gimnasio y su líder anunció que estaba aburrido y que jugaría con el equipo. El entrenador aceptó y sonrió forzadamente.
Transcurrieron quince minutos y el equipo donde juega Sukuna está ganando. El otro equipo no quiere arriesgarse a sufrir el mal genio del rey si su equipo pierde.
Gon salta y golpea la pelota. Pero lo ha hecho sin verificar la trayectoria.
La pelota rebota en el rostro de Sukuna y los presentes quedan paralizados. Gon se tapa la boca y Sukuna le da una mirada iracunda. Él va dando pasos furiosos hacia Gon, e Hisoka casi puede jurar que el alma está escapando del cuerpo de su amigo.
—¿Eres consciente de que casi pierdo un ojo por tu culpa?
—Y-yo lo siento mucho —Se inclina—. Ha sido un accidente, lo juro.
—De rodillas.
Gon lo ve con gesto sorprendido.
—¿Disculpa?
—Ponte de rodillas y pídeme perdón —Ladea una sonrisa—. Hazlo.
Él inhala despacio, descendiendo hasta que sus rodillas se presionan contra la cancha.
—Por favor, perdóname por golpearte con la pelota.
Sukuna patea su rostro y él se queda tumbado.
—¡Gon! —exclamó Killua, apretando sus puños.
—¿En serio creíste que una miserable disculpa lo resolvería? —Se ríe—. Idiota.
Preparó su pierna para seguir pateándolo.
—¡Es suficiente!
Todos contemplaron con asombro a Hisoka, quien había dicho esas palabras. Él caminó apresurado y se colocó delante de Gon. Sukuna entornó los ojos e Hisoka no esquivó la gélida mirada que le dedicaba.
—¿Quién mierda eres? ¿Su defensor o su puta?
—Él no lo hizo a propósito y se ha disculpado. Déjalo en paz.
—¿O qué? ¿Acaso vas a golpearme? —dice socarrón.
—Si tengo que golpear a un imbécil para defender a Gon, lo haré.
Sukuna gruñe.
—¿Cómo demonios me has llamado? —Sujeta el cuello de la camisa de Hisoka y lo atrae, haciendo que sus caras estén muy cerca—. Repítelo si tienes las pelotas.
—Imbécil.
Suelta su camisa y se voltea para ir a la salida. El corazón de Hisoka late mil por hora mientras los F4 abandonan el gimnasio.
—No me arrepiento de lo que hice. —Suspira— Ryomen Sukuna es un imbécil, y ya no pude controlarme.
Se lleva un camarón a la boca y sus amigos lo miran con preocupación.
—Este año va a ser duro —comenta Killua—. Es nuestro último año y quería que lo pasáramos tranquilos.
—Maldita pelota —dice Gon, y luego bebe una lata de refresco.
—Por cierto —Killua mastica un onigiri—, ¿cuándo vas a conocer a tu prometido, Hisoka?
—No lo sé, y tampoco me importa. —Termina de comer y envuelve la caja de bento con un pañuelo azul. Frunce el ceño—. Todavía no comprendo por qué la abuela arregló un matrimonio para mí. Satoru es el heredero del Imperio Gojo, no yo.
—Quizás tu abuela ya tenía a un candidato para él; sin embargo, él empezó a salir con Yuuji y, como pertenece a la familia Ryomen, no se opuso. Entonces, sea quien sea esta persona, tu abuela no lo quiere dejar escapar y te tomó a ti como un seguro.
—Estupendo. Soy la segunda opción —dijo sarcástico.
—¿Qué tal si intentas convencerla para que anule tu compromiso?
—¿Estás bromeando? Prefiero volver a enfrentarme a los F4 que a esa mujer.
Él tiene un mal presentimiento.
Nervioso, Hisoka abre su casillero y vislumbra una cosa escamosa con forma de cola. Se asusta y se aleja rápidamente, al mismo tiempo que cuatro serpientes salen de su casillero. Los pocos estudiantes que estaban junto a él salieron corriendo y gritando. Él retrocede y siente que lo agarran por los hombros. Gira su cabeza y se encuentra con Todo Aoi y Uvogin de la clase 3-C.
Aoi sostiene sus muñecas y Uvogin sus tobillos. Intenta liberarse, no obstante, ellos lo superan en fuerza. Al parecer lo están llevando a la piscina, y el pánico se apodera de sus sistemas. Ha podido sobrellevar los golpes, los objetos que le lanzan, los baldes de agua sucia que lo mojan, que lo avienten al basurero. Pero ayer en la tarde la situación se intensificó cuando Mahito, Jogo, Hanami y Dagon intentaron ahogarlo. No lo consiguieron porque logró derrotarlos y se escapó. Hisoka teme que lo intenten de nuevo, y esta vez no podrá huir.
Sin embargo, llegan al terreno baldío de la escuela y se confunde al ver un auto deportivo.
«¿Qué es lo sucederá? ¿Qué diablos planearon?», pensó Hisoka.
Él obtiene la respuesta en el instante que le amarran las manos con una soga y el otro extremo lo atan al auto.
—¡¿Van en serio?! —gritó—. ¡Ustedes están dementes!
—¡Oye Mahito, date prisa!
—¡Aquí voy~!
Mahito se sube al auto y lo enciende. Las rodillas de Hisoka son atacadas por un bate de béisbol y cae al suelo. El auto acelera, arrastrando a Hisoka.
El vehículo hace derrapes y su cuerpo impacta de vez en cuando contra el suelo. Está empezando a marearse, sus muñecas y rodillas duelen, siente náuseas. No vale la pena gastar la voz; aun si los estudiantes o profesores lo escuchan, ellos no lo salvarán. De repente, el auto se detiene e Hisoka atisba a Gon y Killua correr hacia él.
—¡Hisoka!
—Gon…
Killua saca una navaja de bolsillo y corta la soga, liberando a Hisoka.
—¿Por qué tienes eso? —pregunta, sentándose con ayuda de Gon.
—¿Bromeas? Con la clase de idiotas con los que convivimos en esta escuela me sorprende que ustedes no tengan una.
—¡Hisoka, ¿estás bien?! —Yuuji aparece y lo abraza—. Lo siento, lo siento tanto.
—Estoy bien, y no sigas disculpándote. Ya te he dicho muchas veces que no es tu culpa.
—Vamos a la enfermería.
Cuando llegaron Leorio no se encontraba en la enfermería, así que los cuatro se quedaron a esperarlo para que revise a Hisoka. Unos minutos pasaron y la puerta se abrió de forma abrupta. Satoru se encaminó hacia su primo y lo miró alarmado.
—Joder, qué te han hecho —susurró, viendo el uniforme llenó de polvo, la cara sucia y las muñecas lástimadas.
—No fue tan grave, estoy bien.
—¡¿Ser arrastrado por un auto no es tan grave?! —Hisoka se estremece—. ¡No me jodas!
—¡Satoru-san, espera!
Yuuji fue detrás de Satoru, quien evidentemente va por Sukuna.
—Maldición —Hisoka se incorpora de la camilla—. Killua, ve a buscar mi ropa deportiva. ¡Rápido!
—¡Sí!
—Gon, ¿has inyectado a alguien? —le preguntó mientras buscaba en una gaveta el analgésico que Leorio le administraba.
—B-bueno, sí.
—Perfecto, porque necesito que me inyectes esto.
Después de salir de la enfermería, Hisoka le ordenó a Killua y a Gon que buscaran a Satoru y evitaran que se enfrente a Sukuna. Él caminaba por los pasillos y para su buena suerte no se topó con nadie. Escuchó la voz de Sukuna y se apresuró en seguirlo. Finalmente, lo encontró junto a los otros F4.
—¿Lo ataron a un auto y lo arrastraron? Creo que se han pasado esta vez.
—Suguru, ¿te olvidaste que a Kinomoto lo empujaron por las escaleras? —comentó Kuroro.
—Pienso que lo del auto es peor.
—¿Qué mierda importa? —suelta Sukuna—. Estoy seguro de que ahora esa perra estará llorando y vendrá a mí a rogarme.
«¿Rogarte? ¡Eso jamás!».
Hisoka inhala y exhala, y corre hacia adelante.
—¡Ryomen Sukuna!
Los F4 se giraron y vieron con sorpresa a Hisoka corriendo. Sukuna no reaccionó a tiempo y el pie conectó con vehemencia su rostro, haciendo que pierda el equilibrio y caiga de bruces.
—¡Sukuna!
—¿Estás bien?
—Eso fue increíble —Nagumo fue el único que sonrió mientras Suguru y Kuroro socorran a su líder.
—¡No me importa que seas el heredero del Imperio Ryomen! ¡No voy a retroceder y jamás le rogaré a un imbécil!
Sukuna escupió sangre y contempló estupefacto a Hisoka.
—Atácame todo lo que quieras y envíame a tus lacayos; no pienso esconderme. —Pega en la frente de Sukuna una tarjeta roja con detalles dorados—. ¡Es una declaración de guerra! Y yo seré el ganador.
Se gira y va a buscar a sus amigos. Una sonrisa se dibuja en su cara y por primera vez en varios días, se siente libre y animado.
—Entonces, los F4 no han tomado represalias —dijo Satoru, atando el nudo de la corbata.
—Hmm. Estos dos días no me han atacado y eso no es buena señal. —Peina su flequillo hacia un lado y se rocía spray para que su cabello rojo brille más—. Esto es como la calma antes de que llegue la tormenta.
Satoru se coloca el saco y enseguida ayuda a su primo a colocarse el suyo. Hisoka porta un traje color vino y el de Satoru es de color azul oscuro.
—Oye, ¿no te parece extraño que la abuela decidiera presentarte a tu prometido tan inesperadamente? Apenas bajó del avión y nos llamó para informarnos que esta noche se reunirán.
—Ahora que lo mencionas, tienes razón. Pero nunca logro comprender su forma de actuar y pensar.
—¡Oigan, mocosos, apresúrense que ya están aquí los invitados! —Biscuit Krueger, el ama de llaves, anunció.
Los dos bajan deprisa al primer piso. Ven a Ijichi, el secretario de su abuela, parado cerca del marco de la entrada del salón. Pasan a su lado y él permanece ahí, en caso de que la abuela lo necesite.
En el centro del salón están tres personas. Su abuela, Gojo Kaede, los recibe con una sonrisa (falsa) y las otras personas se inclinan. A Hisoka se le corta la respiración al observar a la familia Ryomen. Echa un vistazo a Satoru y ve que está igual o más confundido que él. Los ojos carmesí de Sukuna y los ojos ámbares de Hisoka se conectan con ferocidad. Satoru y Yuuji son los únicos que notan la tensión entre esos dos y tragan saliva.
—Hisoka, me complace presentarte oficialmente a tu prometido: Ryomen Sukuna.
—¿Qué? —musita, sintiendo un hueco en el estómago.
—Sukuna, por fin conoces a tu prometido: Hisoka Morow. —Su madre le da palmaditas en la espalda—. ¿Es lindo, verdad?
—Sí, es… encantador —dijo entre dientes.
—Estoy feliz por esta doble unión. Después de tantos años enemistados, los Gojo y los Ryomen formarán una alianza y se fusionan para ser el Imperio Financiero más poderoso. Y todo gracias al matrimonio de Satoru y Yuuji, y el de Sukuna e Hisoka.
—Kaede-san, es un honor para mí y para mis hijos pertenecer a tu familia.
—También es un honor para mí y mis nietos, Kaori-san.
Biscuit y Ponzu ingresan al salón sosteniendo charolas de plata. Ambas familias cogen su copa de champán y brindan por la unión. Aquel champán se siente demasiado amargo para Hisoka y Sukuna.
—Por cierto, Satoru —Kaede deja la copa en la charola de Ponzu—, ¿Yuuji y tú aún quieren casarse después de la graduación?
—Sí, abuela. Dos semanas luego de graduarnos.
—¡Perfecto! ¿Qué les parece si lo convertimos en una boda doble?
—¿Boda doble? —dicen los jóvenes al unísono.
—Esa es una maravillosa idea, Kaede-san —concuerda Kaori—. Tengo a la persona indicada para organizar la boda. Es el mejor de Japón.
—Dejaré eso en tus manos, Kaori-san. La boda de nuestros chicos debe ser la mejor, después de todo, será la única vez que se casen.
Hisoka deja la copa en la charola de Biscuit. Quiere salir despavorido de aquí y tirarse a las vías del tren. ¿Qué sádico en el universo se le ocurrió que sería genial que Sukuna y él se casaran?
—Hisoka, creo que Sukuna y tú deberían conocerse mejor. Vayan al jardín.
—Abuela, yo creo…
—Y tu Satoru, puedes ir a pasar tiempo con Yuuji. Kaori-san y yo hablaremos de negocios.
—Vayan, chicos, y disfruten del amor joven.
Los cuatro adolescentes se miraron y obedecieron. Satoru dirigió a Yuuji a su habitación y Sukuna siguió a Hisoka hasta la alberca.
Sukuna se sentó en una tumbona e Hisoka hizo lo mismo.
—No imaginé que tú serías el «increíble» prometido que Kaori tanto parlotea desde hace años.
—En realidad, hasta hace dos años yo no pertenecía a la familia Gojo. Sospecho que originalmente Satoru era tu prometido, pero Yuuji y él se hicieron novios y la abuela lo reemplazó conmigo.
—¡¿Esa rata albina y yo?! —clamó con desagrado—. No eres precisamente buen material de esposo, pero te prefiero a ti que a esa cabeza de escoba.
Hisoka entrecierra los ojos.
—¿Qué significa eso?
—¿Te has mirado en un espejo? —se burla—. Eres feo, luces como un cadáver, y tu cabello es ridículo. Parece la peluca de un payaso.
—Yo tampoco estoy feliz de ser tu prometido.
—Vamos, deberías estar agradecido de tenerme a tu lado. —Sonríe taimado.
—¿Agradecido? —Se levanta—. ¿Por qué estaría agradecido de casarme con un imbécil que actúa como un maldito dictador?
—Por favor, solo mírame.
—Pues no es mucho lo que veo.
Sukuna se pone de pie e Hisoka se prepara para cualquier movimiento sospechoso.
—Estás poniendo mi paciencia al límite, payaso.
—Te lo dije: no voy a retroceder.
—Ni pienses que ser mi prometido hará que te quite la tarjeta roja. Con este maldito matrimonio, tengo más razones para acabar contigo. —Patea la tumbona—. ¡Maldita sea! ¿En qué diablos pensaba Kaori al juntarme con una basura? Esto me enferma.
—¡Yo igual estoy furioso! Estar casado con una escoria como tú será como vivir en el infierno. —Sukuna lo mira con sorpresa—. Tú no debes saber lo que es amar, proteger y sacrificar. Eres un imbécil que nunca ha trabajado duro para ganar dinero. Un joven amo que amenaza y abusa de las personas. Casado contigo… seré muy infeliz.
Se quedan en silencio por un momento.
—Regresemos.
Hisoka no espera respuesta y entra a la mansión. Su abuela puede regañarlo toda la noche, pero se encerrará en su dormitorio. No puede continuar fingiendo que está de acuerdo con este compromiso. No quiere seguir compartiendo la misma habitación con Sukuna.
Se dirige a las escaleras, pero lo jalan del brazo y lo giran. Sukuna sostiene su corbata y acerca su rostro para besarlo. La mente de Hisoka hace un corto circuito y permanece quieto. Los labios de Sukuna saben a champán y cerezas.
«Un momento, ¿cerezas? ¿Por qué cerezas? No, espera. ¡¿Por qué no lo estoy apartando?!».
Se separan y Sukuna le da una sonrisa arrogante.
—Un pajarito me dijo que nunca has besado.
—Bastardo…
—¡Me alegro de que los dos se estén entendiendo! —Kaori aplaude.
—Veo que se conocieron muy bien, ¿eh?
—Así es Kaede-san. —Se sujeta del brazo de Hisoka—. Su nieto es todo lo que he deseado en un esposo.
«¡¿Y este qué rayos le sucede?!».
Los Ryomen se despiden y Kaede recibe una llamada. Ella le ordena a Ijichi que tenga listo el auto, debe regresar a la empresa por unos documentos que necesitan su firma. Kaede se va y Satoru e Hisoka suben al segundo piso.
—Hisoka, sobre ese beso…
—Buenas noches, Satoru.
Él entra a su dormitorio y cierra la puerta de un portazo. Hisoka camina hasta su balcón y se recarga sobre el barandal. Ve el cielo nocturno iluminado por miles de estrellas y la luna llena.
—Ese imbécil me robó mi primer beso. —Rechina los dientes—. Esto es frustrante. Ese… ese…
Un pajarito me dijo que nunca has besado.
—HIJO DE PERRA.
Gritó tan fuerte que Satoru y todo el personal de la mansión lo escucharon.
En el salón, Biscuit y Ponzu se estremecieron.
—Nunca había estado tan molesto —dijo Ponzu.
—Y cosas peores vendrán, niña. Tenemos que prepararnos porque una gran tormenta se desatará en esta familia.