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PRINCIPE
ScarGTR
Chestappen
Historia corta.
Ficción.
...
MAX
No quería dejarlo ir, no estaba listo, ni ahora ni nunca.
¿Por qué me pasan estás cosas a mi?, ¿Por qué mis padres no aceptan aquella relación?
Odiaba las barreras que ponían entre sus expectativas y la realidad, ellos querían que yo me casará con otro príncipe, querían un linaje de "realeza". Me tenía harto todo esto.
Sergio era capitán de un barco pirata, el me hacía feliz, con el supe lo que realmente quería, era a él.
No me interesaba para nada una vida de "lujo" o seguir las reglas de mis padres. Ellos querían que yo continuará su reinado y que siguiera con su legado, pero eso jamás me ha gustado para mí.
Cuando se enteraron sobre lo de Sergio y yo, ese día me encerraron en el castillo sin poder salir siquiera a tomar aire afuera.
Les demostré mil veces a mis padres lo equivocados que estaban. Creían que Sergio solo por ser un pirata era una mala influencia.
Era todo lo contrario, el era amable, educado, demasiado educado, honesto, un hombre lleno de valores y que vale la pena, siempre me ha respetado.
Aún así no lo logré, no logré convencerlos.
Los días se sentían años, las horas me hacían sentir cada vez más nervioso y los segundos eran como cortadas en mi cuerpo.
Según ellos todo esto era un escarmiento para mí. Decían que yo y el no podíamos estar juntos por qué el no era apto para estar conmigo.
Mi amigo, el príncipe Norris había logrado convencer a mis padres de venir a hablar conmigo un momento, y así fue, entro por las grandes puertas de la habitación encontrándose conmigo mirando por la ventana, tan desolado.
-El capitan Sergio te estuvo buscando.- Se dirigió a mi y se sentó sobre un sillón frente a mi.
-¿Que le has dicho?, ¿Cómo está el?- Pregunté rápidamente.
-Que te han encerrado en el castillo por haberse enterado de lo suyo.- Bajo la mirada.
-¿Pero el como está?, no contestaste aquella pregunta.- Insistí.
Hubo un silencio, el no respondió, solo miraba el suelo con aquel semblante triste.
-¡Norris!, ¿¡Que está pasando!?- Me desesperé.
-El estará bien...- Suspiro y finalmente me miró.- Le han ordenado retirarse del reino. Carlos me lo dijo está mañana apenas lo vi.
-No...- Susurré.- ¡Dime qué es mentira!- Aferre mis manos en el sillón, clavando los dedos.
-Me gustaría que fuera así, pero lo han ordenado, y de lo contrario han decidido ejecutarlos.- Una lágrima resbaló por mi mejilla al escuchar tales palabras.
-¡Mi Sergio!- Sollozé.
-El barco con Carlos, Sergio y sus tripulantes partirá a media noche.- Y el también comenzó a sollozar.
Carlos era la mano derecha de Sergio, también era un pirata.
El establecía una relación con Lando, así que algunas veces, él y yo escapabamos del castillo para ir a ver a aquellos hombres.
-¡No quiero que se vaya!- Tape mi rostro con mis manos.
-Yo tampoco quiero que Carlos se vaya... Pero no pude hacer nada, y eso me duele demasiado.- Se limpio las lágrimas, pero fue inútil, volvieron a caer.
-¿Al menos sabes a dónde irán?- Intenté calmarme.
-No... Lo intente investigar, fue inútil...
-¡Necesitamos ir con ellos!- Me levanté rápidamente.
-¿Cómo?, ¿Sugieres escapar?- Me miró sorprendido.
-Ni a ti ni a mi nos gusta está vida, ¡Piénsalo!- Extendí los brazos en un ademán.
-¡Si!, pero... Necesitamos hacerlo ya, ¡Ya!, y hay muchos guardias afuera.- Ambos miramos por la ventana.
-Y está ventana es la única salida.- Agregue mirando la gran caída que había desde aquí, hasta abajo.
-No importa, si morimos en el intento, al menos tuvimos una cau...- La puerta se abrió de par en par.
-Principe Norris, acompañeme por favor, su tiempo con el príncipe Verstappen ha terminado.- Dijo un guardia.
-Eh.... No, no, más tarde.- Fue imposible impedirlo, se lo terminaron llevando a la fuerza.
Mire de nuevo por la ventana y comenzé a llorar. Me sentía débil.
No podría escapar solo y menos dejarlo aquí.
Habia visto a Sergio, a mi Sergio por última vez y no lo supe. Este pensamiento me dolía. El era todo lo que me hacía feliz, y ahora probablemente ya no estaríamos juntos jamás.
No tuve idea de cuánto tiempo estuve así, pensando y pensando, torturandome yo solo con cada cosa que cruzaba por mi mente en aquel terrible momento.
Las puertas de mi habitación se volvieron a abrir, mire sin ganas para saber quién era aquel que entraba.
¿Un guardia? Nunca había visto esa túnica negra en uno. Lo cubría totalmente, no distinguía que ni quién era. Me asusté.
Se giro rápidamente y cerro la puerta.
-¿¡Quién eres!?- Me hize a una orilla.
-¡Max!- Dejo caer la túnica por los suelos para por fin descubrirse.
-¡Sergio!- Llore y corrí a sus brazos.
Nos abrazamos pegando totalmente nuestros cuerpos, no quería soltarlo, me aferraba a el como si mi vida dependiera de el, y así lo era.
Nos separamos un poco para mirarnos a los ojos. Su mirada era triste, él también había estado llorando.
-No te vayas.- Suplique y nuestros labios se unieron en un beso.
El beso me transmitió todo lo que necesitaba en aquel momento.
-No quiero dejarte... Pero...- Miro el suelo con tristeza.
-Mirame.- Pedí y tome suavemente su mentón con la suavidad de mis dedos.
Rápidamente me miró e intenté sonreír para el.
-No importa lo que pase, te seguiré amando siempre, cada día como el primero, incluso más.- Dije y el aferró sus manos en mi cintura.
-Te prometo amarte siempre, a dónde vaya y en donde esté mañana, siempre. Te pensaré día y noche, hasta que te recupere y vuelvas a estar conmigo.- Acaricie su hermoso cabello castaño.
-No quiero pensar que este será nuestro último momento juntos...
-No lo será.- Afirmó.
Una lágrima rodó por mi mejilla, el la limpio y luego nos volvimos a besar.
Afuera ya estaba oscureciendo, pero aún así estaba un pianista y un violinista practicando una linda canción.
En cuanto Sergio escucho esto, me volvió a tomar de la cintura con una mano y con la otra ambos la entrelazamos, sabía lo que quería, así que yo la coloque en su hombro.
Bailamos un vals, un hermoso y a la vez triste vals.
Dábamos vueltas y giros por toda la habitación. El era un excelente bailarín, sabía conducirme a la perfección.
En todo momento nos mirábamos con amor, no sabíamos cuando sería la siguiente vez, y eso solo si llegaba a haber una.
Momento tan hermoso, pero no pude evitar lagrimear por el pensamiento, y el tampoco.
Nos detuvimos en el centro y nos abrazamos.
-Voy a buscarte. Jamás creas que me rendiré, haré hasta lo imposible por ti.- Dijo mientras nos mirábamos a los ojos.
-Te amo. No me detendré hasta estar contigo otra vez.- Lo bese rápidamente.
Pasos se escuchaban cerca de la puerta, ambos entramos en pánico.
Logro abrir la ventana con rapidez y se acercó a esta.
Corrí hacia el y nos abrazamos, por última vez.
-No me dejes.- Suplique antes de soltarlo.
-Te amo, Emilian.- Sonrio tristemente y me besó.
Un beso tan hermoso, único... Y último.
Se alejó y bajo como pudo.
La puerta se abrió, por ella, entro una sirvienta trayendome la cena.
-Gracias.- Agradecí amablemente pero demasiado desanimado, y luego ella se fue.
Mire por la ventana, a ver si lo alcanzaba a ver, pero el ya se había escabullido entre la noche y los guardias.
No pude evitar controlarme y rompí en llanto.
Esa noche me tiré en la cama a llorar por todo lo que quedaba.
Vino y tan rápido como lo hizo, se fue.
Lo que me mantenía vivo era su promesa, me gustaba creer que la cumpliría.
Y entonces, a media noche me levanté y volví a mirar por la ventana, fui un tonto al pensar que vería algo, sabía que no lo haría, pero ahí estaba.
Y así me quedé, por un largo, largo tiempo.
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Gracias por leer!!! ❤️ Esta pequeña historia solo consta de dos partes.
Y ya que están aquí, aprovecho para recomendar mi otro fanfic: Chestappen : INEFABLE Las Luces de La Ciudad

De nuevo muchas gracias!!!