Butterflies → JunCheol

Summary

"Hay mariposas volando hacía mí, tengo que volar hacía ti quien me está esperando. En este hermoso éxtasis mi corazón se derrite lentamente." Oneshot inspirado en "Butterflies" de Red Velvet. No se autorizan adaptaciones y/o publicación externas. Disclaimer: Solo con fines de entretenimiento, no buscamos asumir las preferencias de nadie en ningún texto.

Genre
Romance
Author
AnFer
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Butterflies, butterflies.

"El toque sútil lo hará llegar, y si tu fortuna dice que serás elegido será imposible evitarlo.


¿Qué se siente ser afortunado? ¿Qué se siente ser elegido?


¿Será coincidencia o lo buscarás tú?


Tal como las mariposas te buscan a ti."



La ansiedad al dormir de Seungcheol cada día se hacía más grande, antes le fascinaba el momento de ir a la cama para descansar y olvidarse de cada preocupación existente que le daba manejar una cadena de restaurantes a tan corta edad. Su padre se había encargado firmemente de dejarle varias sucursales de su cadena de comida coreana con tan solo 22 años en China, para que practicara el idioma además de aprendiera a administrar el negocio.


Había escuchado una leyenda que consideraba absurda pero que de pronto había cobrado sentido cuando le sucedió a él.


No conocía a ninguna persona que hubiese vivido lo mismo, y para nada estaba en sus planes pasarse la vida buscando desmentir aquellos mitos cuando tenía cosas más importantes que hacer en la vida real, cosas que si existían y eran plausibles, cosas que podía disfrutar, tocar, vivir..


Bueno, hasta que le sucedió.


A la semana de haber llegado a China se dio el tiempo de ir a las montañas de regiones remotas para profundizar en la cultura, conocer más a la gente con la que estaría tratando, entender las raíces de ese país en el que viviría durante al menos un año entero para poder ganar experiencia aprovechando su último año de universidad.


Eso hasta que en una expedición con unos niños de un pequeño pueblo.. una mariposa lo tocó.


Y es que Seungcheol solo había escuchado de las mariposas por medio de historias fantásticas, en donde éstas se convertían en portadoras de buenas nuevas, las buenas nuevas que todos deseaban tener: te mostraban la apariencia de tu alma gemela por medio de tus sueños.


Incluso decían que las mariposas solo te encontrarían cuando estuvieras cerca de ellas, pues al ser tan buenas y maravillosas no permitirían a nadie tener esa posibilidad sin que existieran altas probabilidades de encontrarse.


Seungcheol lo recuerda muy bien, los niños la notaron primero justo sobre su mano, era de color azul y caminaba tranquilamente sobre sus nudillos mientras seguramente descansaba las alas de su agitado vuelo. El toque era tan delicado que probablemente ni lo habría notado de no ser por aquel comentario de aquellos pequeños quienes emocionados comenzaron a jugar en su alrededor, incluso queriendo tocarla pero apenas Seungcheol tuvo el tiempo de reaccionar la mariposa volvió a irse volando impidiendo que cualquier otra persona fuese capaz de sentirla.


Más incrédulo que ilusionado cuando regresaron al pueblo lo que quedaba de la tarde transcurrió normal, eso hasta que llegó la hora de dormir.


Ahí fue cuando lo vió.


Su complexión tan delgada se acentuaba a su cintura perfectamente, las proporciones de su cuerpo eran tan buenas que le hacían querer tocar su espalda y su perfil parecía tallado a mano, como si los dioses del Olimpo lo hubiesen hecho a la medida perfecta.


Sus labios eran pequeños y rosados, las pestañas eran largas y ligeramente rizadas tal como las de él. Lucía el cabello algo largo y rubio platinado, contrastaba perfectamente con un paisaje lleno de mariposas en el que estaba caminando, como explorando aquel lugar que el propio Seungcheol desconocía.


No pudo evitar detallar en los múltiples lunares de su rostro, sobre todo el que tenía sobre su labio superior.


Sintió la necesidad de acercarse mientras éste se alejaba a lo que parecía un precipicio en donde el campo terminaba con un final muy abrupto hasta lo que parecía un río.


Sus primeros pasos fueron lentos, titubeantes pero la sensación en su pecho tan cálida lo hizo acelerar en menos tiempo del que notó al punto de sentir la brisa chocar contra su rostro cuando notó su trote.


"¡Oye! ¡Oye!" Gritó sin ser capaz de abrir sus labios pero en su mente el resonar era demasiado fuerte e incluso podría jurar que se le imponía.


Pero no pasó nada ya que el hombre lindo no giró.


"¡Por favor, detente!" Suplicó mientras más se acercaba a la orilla "¡Puedes caer, es un lugar peligroso!" Insistió entrando al fin al campo de flores las cuales no le importó pisar en lo más mínimo.


Quería llegar a él para evitar un accidente.. o tal vez mentía y solo quería llegar a él para besarle el lunar que tenía sobre el labio.


De pronto las flores comenzaron a batir sus pétalos convirtiéndose en mariposas de todos los colores pero predominaba el blanco..


"¡Quiero verte!" De pronto gritó aún sin gesticular palabra alguna, pero por algún motivo eso hizo que el extraño parara su andar y por ende Seungcheol también de forma abrupta, aunque ya no faltaba nada para alcanzarlo.


Las mariposas aún revoloteaban a su alrededor y por ello solo pudo cubrirse viendo por debajo de sus protectores brazos los pies del contrario girando en su dirección. El sol comenzaba a quemarle la cara aunque estuviese mostrando sus últimos rayos.


Cuando las mariposas dejaron de volar rodeándolo entonces enfocó la vista y lo notó de mejor manera.


Sonriendo, era hermoso.


Y se despertó empapado en sudor.


Desde entonces todos los días sueña con lo mismo, no importa en donde se encuentre y qué intente cambiar los hechos de ese momento, no importa qué tan fuerte sea la pastilla para dormir que tome o las infusiones a las que recurra, los chamanes, las iglesias, los médicos, los curanderos, ninguno puede ayudarlo porque saben que solo existe una posible cura..


Encontrar a la persona de sus sueños de la cual inevitablemente quedará enamorado.


Fue hasta que en un día como cualquiera encontró a un especialista en "el mal de la mariposa" o al menos así era como lo hacían llamar muchas personas en China. Y si, estaba agotadisimo porque la noche anterior las cosas se habían tornado complicadas.


—Choi Seungcheol.—Lo llamó el enfermero en turno mientras revisaba un expediente y entonces se levantó de su lugar dispuesto a caminar hasta el consultorio sin mucha esperanza.


—Buenas tardes.—Saludó por cortesía a quien lo había llamada el cual asintió levemente con la cabeza y cerró la puerta al salir.


Seungcheol miró al doctor de apellido Xú y repitió el saludo sin muchas ganas.


—Señor Choi, me alegra tenerlo aquí, los casos mariposa son algo bastante frecuente últimamente. Supongo que las almas se cansaron de esperar a los humanos.—Bromeó levemente sacándole a Seungcheol una sonrisa irónica.


—Yo no quería, solo sucedió.—Con pesar recordó.


—Nadie quiere pero cuando los encuentran solo para curarse no los dejan ir.—El doctor Xú sonrió del mismo modo en que él notando lo obvio.—Ahora, cuénteme cómo sucedió todo..—Con curiosidad Minghao indagó sacando de nuevo un suspiro de Seungcheol quién rendido comenzó de nuevo a contar la historia de siempre.


El cómo había sucedido todo en las afueras de una prefectura, que estaba en medio de la nada y seguramente los niños estaban más emocionados que él.


Cómo no creía en eso hasta que llegó la noche y se perdió en aquella sonrisa.


El doctor Minghao parecía asentir atento a cada palabras, a cada pequeño detalle que estaba compartiendo de su vida privada y solo se animó a volver a cuestionarle cuando terminó su relato.


—¿Y cómo era?—Esa pregunta le tomó por sorpresa tanto como le impactó.


Seungcheol frunció el ceño creyendo innecesario compartir esa información con él e incluso un atisbo de celos apareció en su pecho, muy pequeño pero bastante molesto.


—¿Importa? Solo quiero medicina para esto..—Seungcheol cruzó los brazos sobre su pecho.


Y recibió una sonrisa leve mientras el doctor ajustaba las gafas en el puente de su nariz.


—Importa, si no me lo dices seré incapaz de ayudarte Seungcheol.


Incómodo el mencionado se removió en su asiento al borde de un colapso, quería salir de ese lugar pero su última opción era el especialista en el mal de la mariposa y por alguna razón Xú Minghao le transmitía cierta confianza.


Así que comenzó con aquella descripción, pretendiendo que no le había sorprendido que fuese un hombre y queriendo no sonar tan enamorado como realmente se sentía cada vez que lo miraba.


Detallando en cada detalle que ya había memorizado de su rostro y en especial en aquellos labios..


Sin saberlo terminó con una sonrisa pequeña al terminar con esa descripción.


Y esa expresión fue imitada por el doctor.


—De acuerdo, necesito que reserve el siguiente fin de semana.


Y llegados a la actualidad aquí estaba Seungcheol en un estúpido retiro de una estúpida casa de "sanación" que era parte de la medicina tradicional China, con una mochila al hombro y rodeado de extraños que le hacían notar como no era de ahí.


El doctor Xú le daba indicaciones a los que suponía eran más pacientes, a algunos apenas les había prestado atención, solo veía bajo su gorra la gran casa de campo que estaba frente a él con muchísima atención.


Era una antigua casona China, con acabados tradicionales pero semejante a un palacio de lo que él conocía como era Joseon. Bellísimo sin duda pero no lo suficiente como para dejarlo sin habla.


Agradecía que había dejado tres encargados de su trabajo en la cadena porque no estaba seguro de que regresaría ya que no conocía ni siquiera el lugar ¿Si quiera seguían en el norte del país? El viaje había sido demasiado largo.


—Ahh que gran lugar ¿No?—El peso sobre sus hombros cayó al notar al doctor Minghao de lo más relajado rodeándolo con la mayor confianza.


—¿Me curaré con esto?—Preguntó desconfiado.—O solo era un plan para extraer mis órganos y venderlos en el mercado negro..—Murmuró provocando la risa del contrario quien con palmadas en su hombro negó firmemente.


—Entremos, esta es la llave de tu habitación.—Así le tendió un llavero el cual apenas Seungcheol tomó hizo que el doctor se separara.—Entrando a la izquierda subes las escaleras y luego al fondo del pasillo a la derecha.—Le indicó como si nada y se alejó de nuevo con la misma sonrisa.


Seungcheol lo miró cansado y decidió rendirse siguiendo las indicaciones.


La llave marcaba la puerta 302 así que sería fácil encontrarla con la numeración de las puertas. Solo caminó y caminó expectante a lo que estaría por suceder, comenzando a ser en su mente lo más positivo que podía.


Tal vez había llegado muy lejos solo por una leyenda, tal vez se había sugestionado demasiado e ido muy lejos por cosas sin sentido.


Prefería descansar un rato antes de seguir con aquel tratamiento al que suponía sería llamado en cuanto tuviera la oportunidad.


Entró a la habitación expectante cuando se dio cuenta de que era precisamente como se la imaginaba, tan tradicional como la casa pero demasiado grande y espaciosa, con una gran ventana que daba a un pequeño riachuelo.


Fue algo sospechoso pero en lugar de escuchar ese presentimiento malo que siempre tenía se acercó al marco recargandose en la pared con los brazos cruzados, cerrando por un momento los ojos y dejando que la luz del sol le cubriera el rostro.


Lo imaginó entre sus brazos un instante antes de nuevamente enfocar la vista al abrir los ojos.


Y se encontró con un par que curiosos lo veían desde el primer piso, expectantes, impactados, sorprendidos, seguramente tanto como él.


No perdió el tiempo en retomar la buena postura y recargar las manos en el cristal creyendo que alucinaba cuando sus facciones le sonrieron.


Quería golpearse la cara para comprobar que no estaba alucinando.


Lo vió mover los labios aturdido y de pronto notó como el cristal le estorbaba ¿Qué quería hacer? ¿Quería ir con él? ¿Quería correr lejos de él? ¿Quería matarse por sentir el corazón acelerado viendo un extraño?


Le devolvió la sonrisa y se alejó del cristal, asustado pero ansioso, con las manos sudandole ¿Habría marcado el cristal con su sudor? Que vergüenza sentía, sus mejillas se sonrojaron solo de pensarlo por la pena y se golpeó con ambas manos las mejillas intentando pensar con cordura.


¿Y si lo hacía sentir mal por alejarse y no abrirle la ventana? Reaccionó volviendo a acercarse nuevamente hasta el ventanal esperando volver a verlo pero al buscar con la mirada no pudo encontrar a nadie.


¿Había sido una alucinación?


Supo que probablemente no habría sido así cuando tocaron a su puerta.


Y de nuevo se asustó pero el valor llegó dentro de él a neutralizar cualquier otra emoción así que con rapidez para saciar el hambre de dudas se acercó rápidamente a abrir la puerta.


Ambos estaban petrificados mientras finalmente se encontraban con la mirada del otro, escuchando sus respiraciones agitadas al borde de un colapso mental.


—¿Alucino?—Murmuró el pelinegro apenas fue capaz de hablar, no sabía si habían pasado segundos, minutos u horas pero tampoco le importó mucho en cuanto el contrario le sonrió y entre sus manos temblorosas tocó la piel de su rostro, acunandolo por las mejillas como algo demasiado precioso.


—Me preguntaba lo mismo.—Musitó despacio mientras por inercia quería acercarse, pero el que fuera un extraño y aquel terror diciéndole que lo podría perder aparecieron.


Seungcheol por su parte soltó una risa después de mucho tiempo, nervioso, aún esos nervios no desaparecían del todo pero ya vería que haría con ellos.


Se preguntó si el doctor Xú era un sociópata o un erudito en el interior pero no le importó demasiado indagar en ello al tener de frente a la.. de forma literal, persona de sus sueños.


—¿Quieres entrar?—No apartó su rostro pero si su cuerpo y el contrario animado asintió, se notaba que era una persona muy enérgica, con tres pasos lo hizo así cortando aún más la distancia.


—Soy Junhui ¿Tú eres?—Se animó a preguntar el rubio apenas cerró la puerta detrás de si al fin soltando el rostro de Seungcheol.


—Seungcheol.. y me alegra haberte encontrado al fin.—Su sonrisa se amplió aún más de ser posible y le tomó la mano con delicadeza.


—Ahora que conocemos el nombre del otro no somos dos extraños ¿Cierto?


Seungcheol parpadeó confundido pero entonces encogió los hombros antres de negar.


—Supongo que no..


—¡Bien! Porque antes de comenzar el interrogatorio quiero hacer esto.—Confundido de nuevo frunció el ceño pero al sentir unos suaves labios sobre los suyos tomaron sentido aquellas palabras.


Y sin dudarlo correspondió, rodeando esa pequeña cintura que tanto había adorado en secreto, reprimiendo sus saltitos de felicidad mientras pensaba en cuánto había deseado esto desde la primera vez que lo vio pero no quería que lo viera como un aprovechado.


Se alegraba de que al parecer su destinado fuera real y no tuviera timidez en si.


Porque era lo que necesitaba, era su complemento perfecto.


Y tendría toda la vida para conocerlo si se lo permitía.