Sinopsis
Su abuelo decía que todo sería suyo, que nació para poseer la corona, era el hijo deseado por su padre y el reino, tanto qué la antigua reina Aemma había muerto, por órden del Rey fue abierta en la cama de parto para dar un varón, uno qué apenas fue heredero por un día.
Alicent, su madre, aceptó el destino qué se le impuso cuando Viserys I Targaryen la eligió como su futura esposa, dió a luz el heredero qué tanto había esperado el Rey y Westeros. Pero no solo dio uno, sino tres varones. Aemond, Daeron y él.
Por gracia de los dioses Aegon fue el mayor, nunca lo pidió, tampoco comprendió qué era lo qué su nombre y nacimiento conllevaría. Aegon Targaryen, primogénito varón de la reina Alicent.
Jacaerys era hijo de su media hermana, Rhaenyra, al igual que él, era el primogénito. Por eso, cuándo comprendió el peso de su título a la edad de once años, no dudo en acercarse a Jacaerys, ambos compartían un peso, expectativas y tenían un futuro planeado.
“Pequeño Jace” cómo Aegon lo llamaba, se convirtió en su amigo, un compañero de juegos y travesuras. Aún cuándo fuera casi de la edad de Daeron.
Si, Aegon tenía hermanos y podía convivir con ellos, pero Helaena se la pasaba soñando despierta, Aemond prefería a Helaena o Daeron antes qué a él, y Daeron adoraba a Aemond.
Jacaerys era casi su otra mitad, casi, porque aún cuándo fueran cómplices en los pastelitos hurtados, o las travesuras a los caballeros, Jacaerys aún era un príncipe arraigado al deber, y haría cualquier cosa por su madre y familia, aún cuándo eso significará renunciar al Targaryen, y Aegon lo sabía.
Y no solo era Jacaerys quién le daría la espalda por Rhaenyra, sino también su padre, el Rey. El tiempo le confirmo qué ser aquel niño qué tanto deseó, no era suficiente para atraer su atención cuándo Rhaenyra existe.
A nadie le importaba Aegon, cuándo Rhaenyra o incluso sus hermanos, son traídos a la conversación. Y estaba bien, Aegon lo había aceptado, podía vivir con eso.
Pero entonces un torneo se hizo presente para celebrar un año más del reinado de su padre, aunque por capricho de Viserys sería en Dragonstone.
Una noche se escapó del palacio, faltaban dos semanas para que diera inicio el evento. Su destino era el pueblo, pero se terminó desviando hacía la playa, claramente lejos del palacio.
Era luna nueva, solo las estrellas se veían en el cielo, fue cerca de un árbol de duraznos qué lo vió. Un muchacho de su edad, cabellos rojos y pecas pintadas en su rostro, con algo de tierra por el arduo trabajo en el campo seguramente.
Las llamas de la fogata avivaron más aquel rostro. Ese muchacho era la encarnación del fuego de dragón.
Fue esa noche cuando Aegon se preguntó internamente, ¿Por qué los Targaryen tenían el cabello blanco cuándo ellos eran fuego? Deberían tener el cabello rojo, demostrando qué ellos son fuego y sangre, que son dragones.
«Me llamo Tom» fue lo qué el muchacho le dijo con algo de dificultad, poco después entendió porque, el muchacho era tartamudo.
«¿Eres un dragón?» fue lo qué preguntó Aegon sin detenerse a pensar cómo lo tomaría el muchacho.
«Sí lo fuera, sería el qué nadie quiere» es lo qué respondió. Y Aegon supo qué era ese sentimiento, uno qué conocía perfectamente.
Así empezó una amistad entre un príncipe qué había nacido para reinar, y un joven que no debía soñar.
Aegon encontró un amigo, su alma gemela, la persona por la qué volaría de King's Landing a Dragonstone una vez a la semana.
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«Aegon adora visitar a Jacaerys, creo que esto podría ser una señal demasiado clara.» comentó Viserys.
«¿Qué quieres decir, señor esposo?» pregunta Alicent, fingiendo no tener idea que es lo qué Viserys podría proponer
«Aegon gusta de pasar tiempo con Jace, imagino que es mutuo. No estaría mal hacer un compromiso entre ambos, de esa manera también se uniría más la familia.» dice el Rey.
«Son apenas niños, Viserys. Un compromiso es apresurado.» la reina intenta persuadir.
«Debería preguntar a Aegon y el príncipe Jacaerys sí desean tener un compromiso.» opina Otto Hightower.
Los días pasan y Viserys le pregunta a su hijo, Aegon no desea un compromiso pero no lo dice, solo pregunta.
«¿Podré viajar todas las semanas y en el futuro vivir en Dragonstone?» Viserys dijo qué si, entonces Aegon acepta la idea del compromiso.
El griterío de Alicent y la decepción de Otto no se hicieron esperar después de qué Viserys informó que Aegon no estaba en contra del compromiso.