Si supieran... [StarkRogers]

Summary

Antonio Stark tiene muchas razones para amar a Steve, aunque nadie lo sepa, y es que, a pesar de que el hombre es el sujeto más fuerte y macho que haya conocido, un hombre en toda la extención de la palabra, en la recámara no es más que un tierno borreguito temblando ante el acecho del lobo. Y, para su suerte, él es ese lobo. ~Earth-1610 Ultimate~ Semi AU Drabble

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Si supieran...

"¿Cómo puedes amarlo a él?"


"El Cap no batea para tu lado."


"Él odia a los homosexuales."


"Estás en una relación tóxica."


"Eres un masoquista."


Eso, y mucho más, escuchaba Antonio desde que les había confesado a sus compañeros lo que sentía por el Capitán América. Honestamente, no le molestaba, ninguno de ellos sabía la verdad de su relación no oficialmente establecida con Steve.


¿Qué sí el hombre era homofóbico? ¡Claro que sí! En el pasado, por supuesto. ¿Qué sí lo odiaba? Más bien lo incomodaba, y de eso se había dado cuenta la primera vez que se le insinuó. ¿Qué si era un masoquista al amarlo y revolotear a su alrededor como yegua de un año enamorada? Pues sí, un poco. ¿Qué cometió un error al terminar con Natasha por él? Bueno, considerándo que la araña luego trató de matarlo, creía que más bien había apresurado lo inevitable. ¿Qué Steve no batea para su lado? ¡Ja! Si lo vieran, en serio, por Dios que no mentía, si ellos pudieran verlo cada noche tan sonrrojado y avergonzado por sus caricias como él tenía el placer de presenciar, se tragarían sus palabras y dejarían de señalarlo como el típico macho alfa que molió a golpes a Hank Pym y que no merece el amor de Tony Stark.


Y es que ellos nunca pudieron ver más allá de toda esa fachada de hombre de los cuarenta que Steve había tenido que construirse influenciado por lo moralmente aceptado en su época, ni siquiera Janet había podido desnudar su alma como él tenía el honor de decir que lo hizo, y por eso, creían que el Cap solo encontraba placer en los bellos muslos de una dama. ¡Que tontos! Él vió la verdad con solo pasar unos minutos a su lado.


Bueno, más bien lo había sospechado, pero nadie tenía por qué saber eso.


El punto era que Tony se dió cuenta de la preferencia sexual de Steve mucho antes de que él mismo lo hiciera. Porque sí, el rubio amó a Gail, no ponía en duda eso, pero lo cierto es que amar y desear son cosas diferentes. El rubio podía decir que amó a esa hermosa mujer, pero, ¿disfrutó en realidad de tener sexo con ella? Le afirmó que sí para ocultar lo insatisfecho que se había sentido al terminar. Steve no quería ver, y mucho menos aceptar, que era un hada, aún cuando era tan evidente.


O al menos, para Tony lo fué.


Steve era un hombre fuerte, derecho, con fuertes valores, educación, y moral, un símbolo de fortaleza y libertad para el país, y no pudo evitar notar las pequeñas discrepancias en eso. Parecía, por decirlo de alguna forma, demasiado perfecto. Demasiado " soldado" y "hombre" perfecto. Y lo comprobó cuando le sugirió a Steve tener un round por ahí solo para no volverse virgen de nuevo, y éste le respondió que nunca tendría sexo solo para quitarse las ganas. Ni siquiera con su novia, la cual, en ese entonces era Wasp. Fué ahí cuando decidió dar el primer paso y acercarse.


Comenzó un día cuando estaban sentados juntos en el sofá observándo la televisión en el departamento del rubio, su primer paso fue pegarse demasiado a él hasta rozar su muslo "casualmente" e irse acercándo lentamente a sus labios, susurrándo si prefería otro tipo de diversión, conocer nuevas experiencias, saber lo que se siente, y aunque terminó con un ojo morado, vaya que valió la pena por haberlo hecho sonrrojar y ponerse nervioso.


Desde ese día, los juegos continuaron, se hicieron más cercanos, las cosas cambiaron, tanto para ellos como para el equipo, y un día, luego de salvarlo de SHIELD arriesgando su propio cuello, Steve vino a él para agradecerle. Tomaron, rieron, pasaron un buen rato juntos, una cosa llevó a la otra, y al final, terminaron devorándose a besos y yendo a la recámara a tropezones y risas divertidas.


Entonces, y solo entonces, Steve se aceptó a sí mismo, y Tony reconoció que sentía más que deseo por Steve.


Oh, si tan solo sus amigos supieran lo equivocados que estaban del Capitán. Si supieran que él no era un idiota homofóbico, un macho, ni un amante de la violencia y la agresión para reafirmar su hombría.


Pero, por otro lado, se dijo que era mejor así. Le resultaba mucho mejor ser el único testigo de los sonrrojos y la adorable inexperiencia sexual del gran Capitán América, ser el único en amasar sus apetecibles glúteos, saborear su piel, su miembro, y escuchar sus gemidos de placer. Rayos, lo exitaba el solo recordarlo ahí, en su cama, recostado sobre su espalda, con las piernas abiertas y los muslos mojados, rojo como un tomate, y temblando como un tierno borreguito en presencia de un lobo. Podía fácilmente masturbarse rememorando sus gemidos mientras arremete contra su cadera y él se arquea y estruja las sábanas, o dandole duro reclinado sobre su escritorio, o sosteniendose de la pared, e incluso en cuatro.


"Mierda".


Pero, si había algo que lo exitába más que evocar al tímido y temoroso Steve, era sin duda verlo ahí, frente a todos, en la sala de reuniones, dando órdenes con voz grave y firme, intimidando fácilmente a cualquiera con su dura mirada y su porte tan imponente y masculino. Se relamió los labios, lo ponía tan duro saber que era el único que podía someter a tal mastodonte, el único en hacerlo lloriquear de placer, y el único que podía colarse entre sus piernas.


Maldición, lo amaba tanto...


-Eso es todo. Pueden retirarse-ordenó el Capitán, y casi inmediatamente el equipo comenzó a abandonar la sala de juntas, dejándo solos al rubio y al castaño, quien se levantó de su silla a penas se cerró la puerta.


Tony observó exitado como el más alto apagaba la gran pantalla que había estado usándo para dar los detalles de su próxima misión, y rodeó la mesa para llegar hasta él, atrapándolo de la cintura y recargando su mentón en su hombro.


-Tony...-suspiró el rubio estremeciendose.


El castaño le dió la vuelta y vió con infinito placer como el hombre duro y perfecto se desvanecía completamente para dar paso a su tierno borreguido, quien se estremeció cuando acarició su cintura y respondió torpemente a su beso mientras lo recostaba lentamente en la mesa.


-E-estamos en...-intentó decir cuando se separaron, pero el más bajo lo calló con un dedo en sus labios.


-Shh, cariño-se inclinó a un más a su rostro y le hizo espacio entre sus piernas con la rodilla-Si no gritas nadie nos descubrirá.


¿Qué si el Capitán América nunca iba amarlo? ¡JAJAJA! Si supieran que todo lo que hay en la mirada de Steve en ese momento no es otra cosa que el amor más sincero que nunca pensó recibir en su vida.


Y eso siempre lograba enamorarlo aún más.


Fin