Codeado con el demonio

Summary

Harry es un chico que ha pasado por mucho dentro de su infancia y esas heridas jamás sanaron, se plasmaron dentro de él y modificaron hasta su sexualidad, el maltrato, abuso y dolor fueron su fuente extenuante de placer y los traumas pasaron a ser trastornos sexuales. ADVERTENCIAS: Este One shot será algo largo y contiene ALTO sadomasoquismo, sangre golpes, abuso, maltrato y más en ámbitos explícitos así que si eres alguien sensible, te recomiendo omitir esta historia. Habrán retazos de la obra original de Jk o sea que hay contenido canon pero a penas algunas partes. (Tiene segunda parte llamada "El amo y el siervo")

Genre
Romance/Mystery
Author
Koki
Status
Complete
Chapters
6
Rating
4.5 2 reviews
Age Rating
18+

I

Un vacío y completa ansiedad inundaban la vida de Harry desde hacía años pero jamás como le había ahogado ese año con cada acción que caía ante él. Nada de lo que hacía lograba compensar las expectativas o alcanzar lo que deseaban de él, había pasado por todo lo que en algún momento de su vida creyó imposible, fue poseído por Voldemort, pasó por el odio de todo el colegio y el mundo mágico al creerlo un mentiroso busca fama, había sentido odio cada segundo de su vida y por si fuera poco, había perdido a Sirius.


Harry estaba consciente de que a cada momento ansiaba simplemente irse con todas y cada una de las personas que consideraba importantes pero ya no tenía ni siquiera la fuerza de hacer algo para inducirse a la muerte, al contrario, era como un cascarón vacío que nadie notaba y simplemente dejaban pasar por un lado. Su mente divagaba, torturandose con cada imagen que le causaba dolor emocional aunque no pudiese llorar porque ya simplemente se había secado, las uñas rasgaban con dureza la piel de su brazo como si quisiera romper hasta llegar a sus venas, queriendo deshacer la atención del dolor en su pecho y postergarlo en otra zona, no fue hasta que ligeras gotas de sangre comenzaban a salir por la fuerza que aplicaba que se dio cuenta de que Hedwig estaba fuera de su ventana, tocando la misma y con algo sobre el pico.


—¿Tienes mucho rato esperando? Lo siento, estaba divagando. —Se disculpó como pudo pero eso no evitó que lo mordiera indignada luego de soltar aquella carta.


Era la carta de Hogwarts y algo en él no sabía si realmente quería volver ese año o quedarse encerrado en su habitación hasta que sus huesos se fusionaran con el gastado colchón, sabía que era una actitud egoísta simplemente sucumbir a sus pensamientos más oscuros pero estaba cansado, tenía tan sólo dieciséis años y ya se sentía completamente exhausto y sin querer seguir luchando pero para su mala suerte, no tenía ni siquiera el derecho de darse por vencido porque, ¿adivinen qué? Era el maldito niño que vivió/El elegido, no tenía la oportunidad de elegir ni siquiera cuándo o cómo morir, hasta eso era algo organizado y planeado.


Las vacaciones finalmente terminaron y con ello, el evidente inicio de clases, Harry no sentía emoción alguna por ello pero no lo divulgó, simplemente se dispuso a respirar profundo y saludar a Hermione y Ron quiénes lo esperaban como siempre en el vagón. Entre los tres hablaban sobre lo visto cuándo estaban en el callejón Diagon donde había aparecido aquella melena rubia de manera sospechosa e intrigante que daba la impresión de no querer ser visto.


—Te digo, Hermione, tú lo viste, no es mi imaginación. —Soltaba exhausto Harry quién había explicado mil veces que la presencia en dicha zona de aquel rubio no era necesariamente con ámbitos amigables.


—Ya te dije que no sé lo que vi, ¿si? —Expuso con ligero cansancio pero sin querer sonar grosera.


Se sentía colmado, la cabeza le zumbaba y las manos le sudaban ante el ligero enojo que no sabía que tenía reprimido, ¿por qué estaba tan molesto de que sus amigos no quisieran secundar su presentimiento y por qué quería simplemente estar lo más lejos posible? Ni siquiera él estaba seguro de lo que presentía y en el fondo veía la inmadurez de sus actos. De repente su lengua se sintió áspera, poniéndose de pie, Harry tomó su capa de invisibilidad de manera disimulada.


—Iré a tomar un poco de aire.


No esperó la respuesta de sus amigos y simplemente salió de allí, tenía en su mente el hecho de buscar y adquirir respuestas, no iba a quedarse simplemente de brazos cruzados cuando sospechaba y tenía en las entrañas que Malfoy estaba en malos pasos.


Draco Malfoy, con su cabello siempre peinado y liso como de costumbre con una tonalidad opaca pero al mismo tiempo brillante, el mismo que no fruncia lo suficiente el ceño y Harry suponía que era para no arrugar su "Perfecto y delicado" rostro, sus labios, eran delgados sin necesidad de ser pequeños, de una tonalidad rosácea y húmeda constantemente, era el físico del típico niño que usaba todo a su favor para ocultarse bajo la sombra de ser el único que jamás cometería un error, el mismo niño ahora casi hombre con el que Harry había desarrollado un tipo de enemistad enorme que con el paso de los años creció y se formó en un cúmulo de odio, rencor y enojo, eso envolvía la relación de ambos, un ambiente que asfixiaba y demolia todo a su paso pero Harry estaba consciente de que por más que no existiera ese odio y enemistad, ellos jamás podrían ser amigos, no cuando lo único que había brindado a la vida del moreno habían sido torturas, insultos y golpes, toda su personalidad emanaba maldad y es por ello que no entendía cómo sus amigos no lograban entender que Malfoy ya era un mortífago, que ya poseía la marca sólo que estaba cubierta.


La mente de Harry en su afán por sacar la verdad le había dado la idea de perseguir a Malfoy incluso al baño con la capa invisible hasta que se quitara la parte de arriba de sus ropas pero era tan moralmente incorrecto que las mejillas de Harry se pintaron y sacó aquel pensamiento, por el contrario, sólo se enfocó en caminar hasta el último vagón donde normalmente estaban los Slytherin y en efecto, así era. Intentaba no ser visto ocultándose en una de las puertas mientras sacaba de su bolsillo aquel polvo peruano de oscuridad instantánea que había sacado de la tienda de Sortilegios Weasley y sin esperar más lo lanzó. Todo el vagón se había oscurecido a la par en la que las voces comenzaban a ser escuchadas, Harry con rapidez se colocó la capa de invisibilidad y corrió hacia donde estaban Malfoy y sus amigos, intentando subirse al portaequipos, estaba seguro de que se le habían visto los pies y los tobillos al ondear la capa, hubo un horrible instante en que creyó ver cómo la mirada de Malfoy seguía la fugaz trayectoria de una de sus zapatillas antes de que ésta desapareciera de la vista. Como pudo se acomodó sobre la zona logrando ver todo desde donde estaba, incluso la asquerosa escena de Draco recostado sobre las piernas de Parkinson quién, muy alegremente le acariciaba los cabellos mostrándose más que agraciada, pedía al cielo que aquellas escenas no fuesen recurrentes o vomitaria antes de sacar algún tipo de información.


—Cuéntame, Zabini —pidió Malfoy—. ¿Qué quería Slughorn?


Harry en aquel momento permaneció en silencio, escuchando y observando, sintiendo una emoción y extasis en su estómago ante el hecho de ser descubierto, un tipo de emoción que no había sentido hace mucho y que lo sacaba de ese círculo tan depresivo.


—Sólo trataba de ganarse el favor de algunas personas bien relacionadas —contestó Zabini, que seguía mirando con rabia a Goyle—. Aunque no ha encontrado muchas.


Eso no pareció agradar a Malfoy.


—¿A quién más invitó? —inquirió.


—A McLaggen, de Gryffindor...


—Ya. Su tío es un pez gordo del ministerio.


—... a un tal Belby, de Ravenclaw...


—¿A ése? ¡Pero si es un mocoso! —intervino Pansy.


— ... y a Longbottom, Potter y esa Weasley —terminó Zabini.


Malfoy se incorporó de golpe y apartó la mano de Pansy.


—¿Invitó a Longbottom?


— Supongo, porque Longbottom estaba allí —respondió Blaise con una mueca.


—¿Por qué iba a interesarle Longbottom? —preguntó Malfoy. Zabini se encogió de hombros—. A Potter, al precioso Potter, vale; es lógico que quisiera conocer al «Elegido» —se burló—, pero ¿a esa Weasley? ¿Qué tiene de especial?


—Muchos chicos están colados por ella —terció Pansy, observándolo de reojo para ver su reacción—. Hasta tú la encuentras guapa, ¿no, Blaise? ¡Y todos sabemos lo exigente que eres!


—Yo jamás tocaría a una repugnante traidora a la sangre como ella, por muy guapa que fuese —replicó Zabini con frialdad, y Pansy sonrió satisfecha.


Harry hacía su mayor esfuerzo por no salir de allí y caerles encima a todos por la manera en la que se referían hacía Ginny, ganas no le faltaban y sin duda la necesidad de repartir golpes sobre la cara sonriente de Malfoy y Zabini estaba latente.


—Por lo visto, Slughorn tiene muy mal gusto. A lo mejor ya chochea. Es una lástima; mi padre siempre decía que en sus tiempos fue un gran mago, y él era uno de sus alumnos predilectos. Seguramente Slughorn no se ha enterado de que yo viajaba en el tren, porque si no...


—Yo no creo que te hubiese invitado —lo interrumpió Zabini—. Cuando llegué a la reunión, me preguntó por el padre de Nott. Se ve que eran viejos amigos, pero cuando se enteró de que lo habían pillado en el ministerio no pareció alegrarse, y Nott no fue invitado, ¿verdad? Me parece que a Slughorn no le interesan los mortífagos.


Malfoy, furioso, soltó una risa forzada.


—¿Y a mí qué me importa lo que le interesa? Al fin y al cabo, ¿quién es? Tan sólo un estúpido profesor. —Y dio un bostezo de hipopótamo


Además, ni siquiera sé si el año que viene iré a Hogwarts —añadió—. ¿A mí qué más me da si le caigo bien o mal a un viejo gordo y estúpido?


—¿Qué quieres decir con que no sabes si irás a Hogwarts? —se alarmó Pansy, y dejó de acariciarlo.


—Nunca se sabe —replicó él, y esbozó una sonrisita pícara—. Quizá me dedique a cosas más importantes e interesantes.


A Harry, acurrucado en la rejilla portaequipajes bajo su capa invisible, se le aceleró el corazón. ¿Qué dirían Ron y Hermione cuando les contara eso? Ya no podrían negar que algo se traía en manos y que no era simple capricho y obsesión de Harry.


Crabbe y Goyle miraban boquiabiertos a Malfoy; al parecer, no estaban al corriente de que hubiera planes de dedicarse a cosas más importantes e interesantes. Incluso Zabini permitió que una expresión de curiosidad estropeara sus altaneras facciones. Pansy volvió a acariciarle el cabello, atónita.


—¿Te refieres... a «él»?


—Mi madre quiere que acabe mi educación en Hogwarts —contestó Malfoy con un encogimiento de hombros—, pero francamente, tal como están las cosas, no creo que eso tenga tanta importancia. Si lo piensas un poco... Cuando el Señor Tenebroso se haga con el poder, ¿crees que se va a fijar en cuántos TIMOS y ÉXTASIS tiene cada uno? Pues claro que no. Lo que importará entonces será la clase de servicio que se le haya prestado o el grado de devoción demostrado.


—¿Y crees que tú podrás hacer algo por él? —repuso Zabini con tono mordaz—. Pero si sólo tienes dieciséis años y todavía no has terminado los estudios.


—¿No acabo de explicarlo? Sé que a él no le importará si he terminado los estudios o no. Quizá para hacer el trabajo que él quiera encomendarme no sea necesario tener ningún título —replicó Malfoy.

Crabbe y Goyle seguían boquiabiertos, como dos gárgolas, y Pansy miraba a Malfoy como si jamás hubiera visto nada tan impresionante.


—Ya se ve Hogwarts —anunció Malfoy, deleitándose con el efecto logrado, y señaló por la ventanilla envuelta en penumbra—. Será mejor que vayamos poniéndonos las túnicas.


Harry estaba tan concentrado observando a Malfoy que no se fijó en que Goyle intentaba bajar su baúl de la rejilla, y cuando lo logró, Harry recibió un fuerte golpe en la cabeza, de modo que no pudo reprimir un grito ahogado.


Malfoy miró hacia la rejilla con cara de extrañeza.

Harry no le tenía miedo a Malfoy, pero no le hacía ninguna gracia que un grupo de alumnos de Slytherin poco amistosos lo descubrieran allí. Con los ojos llorosos y una aguda punzada de dolor en la cabeza, sacó su varita y esperó conteniendo la respiración. Por fortuna, Malfoy pareció decidir que se había imaginado aquel ruido; se puso la túnica como hacían los demás, cerró su baúl y, cuando el tren redujo la velocidad hasta casi detenerse, se abrochó una gruesa capa de viaje nueva.


Los pasillos volvían a llenarse y Harry confió en que Hermione y Ron le bajaran el equipaje al andén, dado que él no podría moverse de allí hasta que el compartimiento quedara vacío. Al fin, con una última sacudida, el tren se detuvo por completo. Goyle abrió la puerta y se sumergió en una riada de alumnos de segundo año, apartándolos a empellones; Crabbe y Zabini lo siguieron.


—Ve tú primero —le dijo Malfoy a Pansy, que lo esperaba con un brazo extendido, como si él fuera a cogerla de la mano—. Necesito comprobar una cosa.


Pansy salió, y Harry y Malfoy se quedaron a solas mientras un tropel de alumnos recorría el pasillo y bajaba al mal iluminado andén. Malfoy echó las cortinas de la puerta para que los del pasillo no lo viesen. Luego se agachó y abrió de nuevo su baúl.


Harry observaba desde el borde de la rejilla con el corazón palpitando. ¿Qué era eso que Malfoy no había querido enseñarle a Pansy?


—¿No te dijo tu mami que no es cortes espirar, Potter? ¡Petrificus totalus!


Sin previo aviso, Malfoy apuntó con su varita a Harry, que al instante quedó paralizado, perdió el equilibrio y, con un doloroso golpe que hizo temblar el suelo, cayó casi a cámara lenta a los pies de Malfoy. Quedó encima de la capa invisible, con todo el cuerpo expuesto y las piernas encogidas.


Aturdido y paralizado, a duras penas logró mirar a Malfoy, que sonreía de oreja a oreja.


—Ah sí, murió antes de que pudieras limpiarte la baba tu solo. —se jactó éste y le propinó una fuerte patada en la cara.


Harry notó cómo se le rompía la nariz, salpicando sangre por todos lados, sentía el calor de la misma resbalarle por la mejilla y en su interior una ligera sensación de jalea cálida se alojaba en sus entrañas, no podía moverse pero podía sentir el dolor punzante en su rostro y por un momento fue placentero ya no sentir ni escuchar el dolor de su pecho y ser cambiado por uno más palpable e incluso confuso para él...


—Esto fue por mi padre. —Sacó la capa de debajo del indefenso cuerpo y se ocupó de cubrirlo bien— Qué te diviertas en Londres —comentó con tranquilidad.


Y dicho eso, salió del compartimiento, no sin antes pisarle una mano.


Harry no podía mover ni un músculo. Tendido bajo la capa invisible, oía voces y pasos provenientes del pasillo y notaba cómo la sangre que le brotaba de la nariz le resbalaba, caliente y húmeda, por la cara, sentía el dolor que seguía sobre su rostro, lograba oler la sangre incluso y se tornó algo adictivo para él, era un olor tan específico y la sensación de aquel líquido espeso bajar por su mejilla le propiciaba escalofríos en su espalda.


Terminó siendo encontrado por Tonks quién preguntó ante dicha acción y no tuvo más que explicar, de camino a Hogwarts su nariz continuaba con aquella hemorragia a pesar de que había sido arreglada por la auror mayor, no se sentía de ánimos para explicarle o entablar una conversación amena con sus amigos que de inmediato le preguntaron en dónde había estado y qué había pasado, simplemente suspiró intentando expresar con ello que ya luego explicaría y agradeció con gesto algo rústico el que Ginny le ayudase con la sangre que aún escurría sobre su rostro. Sólo allí se pudo tomar la potestad de mirar a Malfoy, al otro lado del comedor, con su mirada algo vacía y sin prestarle atención a nada, con sus manos finas y largas recostada sobre un lado de su mejilla. Harry de manera inconsciente repasó con su lengua la ligera gota de aquel espeso líquido que caía sobre sus labios, aquel sabor metálico que erizó su piel y el olor que no dejaba de ser presente, el ruido en la mente que no paraba ni abandonaba a Harry ni por un momento, regresó y por unos segundos de aquella noche, extrañó el dolor que sentía ante su nariz fracturada, punzante e imposible de ignorar pero de cierta forma, satisfactoria..


Aquel pensamiento fue suficiente para hacerle sentir a Harry un miedo que jamás había experimentado y al mismo tiempo intriga.