𝐶𝑎𝑝𝑖́𝑡𝑢𝑙𝑜 𝐼
...
—¡Maldita zorra, ¿creés qué puedes engañarme?! —gritó golpeando a su esposa, quien tenía solo 3 meses de embarazo.
—¡D-Déjame q-que te expliqué,para p-por favor! —suplicó, sin embargo, su esposo siguió golpeándola a pesar de saber de su embarazo.
—¿Y qué me vas a explicar?, ¡¿la forma en la qué follas con ese imbécil?! —dió una fuerte patada, la cual, impactó en el vientre de Fuji.
—¡M-Mi bebé, H-Hiroki mi bebé! —imploraba para que no le siguiera golpeando, pero era en vano todo lo que le decía y solo siguió llorando.
—¡Ya cállate! —dió un último golpe y ella cayó inconciente —, levántate y deja de exagerar —Sin embargo, solo hubo silencio —¿Fuji?...cajaro —expresó al ver la sangre manchando la ropa de su esposa.
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—Perdí a mi bebé... —sollozó mirando a la nada —de nuevo...
—Lo lamento mucho, Fuji —Su amiga de nombre Hana la abrazó, sentía bastante pena por su amiga.
—F-Fue mí culpa...—mencionó y su llanto se hizo más fuerte por la culpa que sentía.
—¡Claro que no!, Fuji, eres una mujer bastante amable y todos en el pueblo lo sabemos, ¡es él quien tuvo la culpa de que perdieras a tu bebé!, ¡Nunca le das razones para que te lastime! —afirmó con enojo después de separarse del abrazo y la miró.
—¡Claro que sí!, nunca debí de hablar con Isamu... —respondió con lágrimas.
—Nunca hicieron algo más que hablar,¡él siempre malinterpreta todo! —contestó molesta por lo que dijo.
—¡Fuji!, ¡¿dónde mierda estás?! —gritó el hombre ebrio mientras buscaba a su mujer, quién al escuchar su voz empezó a temblar.
—Ese idiota me va a oír —Hana se levantó bastante furiosa y fué hacia el hombre.
—¡No lo hagas! —gritó temerosa y la agarró del kimono.
—¿Pero qué haces?, voy a darle su merecido —trató de liberarse.
—Por favor... no quiero que se enoje más —le dió una sonrisa triste a su amiga y fue hacia su esposo.
Hana solo la vió irse, sabía que el papel de toda mujer es estar y obedecer a su esposo, pero no quería que le dieran más de esos tratos a su amiga.
—Sé que habrá alguien que te quiera bien... —dijo mirando hacia donde su amiga había ido con bastante tristeza por la situación de su amiga, después se fué de ahí para irse a su casa.
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En medio de la penumbrante noche, corría con desesperación y un miedo enorme, solo quería que no la encontrara por nada del mundo.
—¡Te atraparé!, ¡¿me escuchaste?! —gritó expresando enojo —¡Fuji! —Sostuvo con fuerza el cuchillo mientras corría.
«No puedo, no puedo, no puedo, kami-sama ayudame por favor tu sabes porque no puedo defenderme» pensó, sus pies dolían, sus brazos tenían unos golpes provocando un dolor punzante e insoportable, «Tengo miedo...» su cabello estaba pegado por el sudor y las lágrimas, empezó a sentir dolor en su cabeza.
Su tercer esposo había mal entendido las cosas y ahora la quería muerta, la perseguía con un cuchillo en manos mientras se adentraban a un bosque con un aura bastante pesada.
Cuando la chica tuvo lo suficientemente lejos a su esposo por unos minutos, se escondió mientras lo único que podía hacer era rezar por su vida, tenía tanto miedo,nunca pensó que su tercer marido, fuera a ser tan capaz de matarla.
«Kami-sama por favor no me dejes... ¿Qué hice mal esta vez?» temblaba mientras trataba de callar sus llantos, lastimosamente no duró mucho tiempo escondida.
—Aja, ja, ja, ja, ja, ¿enserio creíste que podrías esconderte?, sabes perfectamente que te amo—La azotó contra el pasto —¿entiendes que ésto solo es por tí? —una cruel y macabra sonrisa se formó en su rostro.
—¡S-Si! —La voz de ella se quebró, aquellos ojos mostraban locura.
—¡¿Entonces por qué siempre me desobedeces?! —pronunció restregandole el cuchillo en la pierna.
—Hiroki... por favor, ya no m-me hagas nada... —suplicó temblando, sus ojos eran de una presa aterrada por su depredador —s-solo vamos a casa...
—Prefiero que estés muerta, a verte con otros... —soltó con voz susurrante.
Su pánico y temblor se incrementó, sus súplicas desgarradoras parecían brindarle placer y diversión a su marido, mientras él sujetó su garganta y alzó el cuchillo, la cordura y la empatía nunca estuvo, o siquiera cruzó en el camino de Hiroki, nunca se arrepentirá de todos sus pecados.
Nada lo hace cambiar de opinión, todo es como él dice, pero siempre hay un límite. Una criatura los observaba desde lo más alto de los árboles, causándole molestia los gritos de ellos.
—Que molestos... —expresó con un tono molesto.
La criatura alzó por los aires al hombre hasta tenerlo frente a frente en medio de las alturas. Los penetrantes ojos causaban inquietud y horror en él, era como si los papeles cambiarán y él era la ahora presa, pero esta vez de un monstruo.
Mientras tanto, Fuji miró como aquella criatura le arrebató la vida de una forma bastante cruel, la sangre caía cual lluvia en verano, una lluvia carmesí manchó el pasto y los pies de la mujer, su mirada era de asombro y de terror, sus músculos se tensaron tanto que no podía moverse, estaba frente a un demonio, pero su apariencia empezó a distorsionar o incluso llenar de empatía el corazón y la mente de ella.
Era simplemente extraño que un demonio mantuviera una forma humanoide, una apariencia tan inocente como lo era un niño, ella se arrastró por el pasto hasta llegar a un árbol y usarlo de apoyo para levantarse, sin quitar la mirada de él, observando como lanzaba lo que quedaba del cuerpo de Hiroki como simple basura y sin ningún tipo de empatía, su mirada era neutral, pero al mismo tiempo tan aterradora que erizaba su piel.
—T-Tú... —señaló en un susurro.
El demonio bajó de entre los árboles, su mirada estaba tan relajada que provocaba inquietud, ella sentía que podría desplomarse en cualquier momento, pues su cuerpo ya no le respondió. El demonio se acercó a ella a pasos lentos, mirándola con tranquilidad y provocándole Inquietud, la mente de ella se estaba confundiendo tanto por la apariencia de él que, a este paso, ya no distinguió la realidad, ella se acercó también, quedando por fin frente a frente.
Su instinto hizo que limpiara el rostro de la criatura que para él, fue una acción bastante peculiar.
—¿Me tienes miedo?...
Fuji se agachó un poco y terminó de limpiar la sangre, retiró los peculiares mechones semi blancos de la parte izquierda del rostro, descubriendo el kanji en su ojo, «Quinta...menguante...».
—Nunca temería de un niño... —Se volvió a poner derecha y abrazó a la criatura —permíteme...cuidarte...
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La brisa fresca acarició su rostro al salir de la cabaña con tranquilidad, sosteniendo su canasta mientras se iba alejando poco a poco sin ningún tipo de preocupación; observando en algunas ocasiones el cielo estrellado y la luna en su andar en busca de algunas moras.
Finalmente, siente una pesada presencia detras, dándose vuelta, ve al demonio, la fría mirada de Rui la observaba de una forma penetrante en una parte oscura del camino, ella le sonríe con calma; mientras que él sigue mirándole fijamente a los ojos.
—¿A dónde vas?... —Ladea con ligereza su cabeza tras preguntar.
Lo único que hace es mirarlo fijamente cuando escucha su pregunta, ninguno se mueve de su lugar, Fuji se voltea por completo y extiende sus brazos. Rui sale del oscuro sitio para acercarse a ella, en busca de los brazos de su humana.
—No me vas a dejar, ¿verdad? —Las palabras salen con calma, pero con un tono frío, al menos por un momento.
Ella mantiene su sonrisa, mientras que una de sus manos acaricia la espalda de Rui para relajarlo.
—No, tranquilo Rui.
No parece estar asustada, y Rui lo nota, levanta su cabeza para mirarla mientras sus brazos siguen en la cintura de Fuji, ésta vez, con una expresión inocente; como lo és su apariencia.
—No me vas a dejar solo, ¿verdad, 'mamá'? —habló con un tono más infantil.
Su abrazo se hizo algo fuerte y su aliento estaba apestoso. Muestra sus afilados colmillos al hablar y la saliva se derrama por ellos. Su aliento apestoso invade su nariz, mientras su abrazo se va volviendo más apretado y sofocante.
Lo ve reír de un modo que le causa eescalofríos, mientras sus ojos se centran en ella, estudiando cada uno de sus movementos y expresiones. De inmediato descubre que es una trampa. Se ha molestado porque ha salido de la cabaña que él mismo le constituyó para ellos, para ella.
—No lo haré cariño —afirmó Fuji, colocando una mano en la mejilla de Rui, mientras que la otra es besada con suavidad —, sabes que no.
Sus dedos acarician de una forma lenta la mejilla de Rui, la respuesta y caricia de Fuji parece calmar un poco a Rui. Pero aún duda de ella y sigue molesto con ella trás salir de casa sin su consentimiento.
—No hay por que estar molesto Rui —Rui arruga un poco el rostro.
—¿Por qué no?, aun no me has dicho a donde ibas, mamá —afirmó mientras su abrazo deja de serlo y se convierte en un agarre posesivo y brutal —. ¿Adónde vas?
Su voz era bastante perturbadora pero también infantil e inocente, Fuji empezó a sentir dolor por el fuerte agarre de Rui. Quería que fuera parte de su 'familia', aunque fuera humana... Eso ya no pareció importarle a Rui. Y él parece estar apegado a ella.
Le sigue a todas partes. Después de unos segundos volvió a hablar.
—Mamá, ¿por qué no me contestas? —Le sonrió. Su abrazo era bastante fuerte y apretaba con fuerza a Fuji.
—Solo iba por algunas moras, cariño —respondió y, a la vez, dejando caricias en una de las mejillas del niño. Rui mira a su 'madre' aun dudoso, pero las caricias lo vuelven a calmar, mientras que Fuji permanece tranquila incluso temiendo de su 'hijo', pues seguía viéndolo como una criatura adorable y vulnerable.
—Yo iré por las moras, mamá, tú regresa a casa... —ordenó mientras la miraba, ella asintió y regresó a casa después de darle la canasta.
Fuji regresaba con calma a la casa, siendo seguida por Rui, aun sin darse cuenta de él.
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Aun somnolienta, preparaba la comida de Rui, una deliciosa tarta, y claro, sin olvidar el ingrediente perfecto para que él disfrutara de la tarta, además del azúcar claro.
Observando cada uno de sus movimientos hasta que por fin, la cena estaba lista. Llevó la tarta hasta la mesa y llamó a su pequeño.
—Rui, cielo, ya está la cena —le dió una dulce sonrisa, a lo que Rui se acercó a la mesa, y empezó a comer.
Gustoso de la deliciosa fusión de dos ingredientes importantes para nutrirse. Había descubierto una nueva fuente de alimento desde que conoció a Fuji, claro, tuvo que alejarse de su antiguo territorio para no compartir nada de su nueva vida. Para no compartir para nada la atención de su nueva 'mamá'. Incluso dejó toda comunicación y conexión con su señor, para estar con ella.
Fuji se percató de las manchas moradas en el rostro de Rui, por lo que las limpió con las mangas de su ropa, captando la atención de él.
Le resultó tierno verlo manchado y siendo descuidado al comer, a pesar de estar cansada.
—Gracias por la comida, 'mamá'
—No es nada cielo... —respondió con voz cansada.
Él la miró por un momento, hasta que habló.
—¿'Mamá'?...
—Dime, cielo...
—Tú no vas a traicionarme, ¿verdad?... —insinuó con seriedad.
Ella se quedó confundida por lo dicho, así que negó repetidamente y sonrió.
—Claro que no cielo, no haré eso... —sonrió con pesadez, hasta que terminó dormida en la mesa.
Rui la miró por un momento, a pesar de su actitud tosca, fué por el futon de su 'madre' para acomodarla y arroparla, siguió observando como dormía por casi dos horas, hasta que se sintió curioso de la palabra y el acto de dormir, así que, se acomodó con ella y se acurrucó, cerró los ojos e intentó dormir como su 'madre', pues no quería salir y atraer cazadores, así que optó por dormir.
Pasando casi dos horas, hasta que pudo dormir, sintiéndose por primera vez relajado. Entre sueños, se arrinconaba más hacia Fuji y viceversa, algo inconciente para Rui, Fuji solo para acomodarse.
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Siendo casi las doce de la tarde, Fuji despertó, analizando el por qué había amanecido en la sala, hasta que un pequeño movimiento entre la cobija del futon llamó su atención, al mirar debajo de estas, notó al pequeño estando en posición fetal, durmiendo con plenitud y en calma.
Sin despertarlo, se levantó del futon y fue al baño, lavó su rostro y cepilló su cabello, después fue a la cocina para preparar los desayunos, hasta que notó que la despensa pronto se acabaría, pero sabía que no podía salir sin avisar porque su 'hijo' se molestaría. Preparó el desayuno mientras esperaba a que Rui despertara.
Por el momento, se encargó de la limpieza de la cabaña después de comer, estando de un lado a otro, hasta que terminó, encontrándose a su hijo despierto mientras frotaba sus ojo, ella sonrió.
—Hola cariño, ¿dormiste bién?
El volteo a verla y asintió en repetidas veces, Fuji fue a la cocina por el desayuno de Rui. Él se acercó a la mesa y empezó a comer, Fuji recogió el futon y lo dejó en su habitación.
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