Único
Era una noche muy hermosa, la cual fue aprovechada para hacer una fiesta organizada por la murciélago, que se llevó a cabo en su casa.
El objeto ubicado sobre la mesa lo había traído la eriza. Se le ocurrió traer una radio a pesar de que su amiga albina le había comentado que tenía bocinas. Sin embargo, en esa misma noche habían dejado de funcionar por un pequeño accidente, en el que Charmy había estado involucrado, pues sin querer se le había caído el vaso con agua encima de las bocinas. Por tanto, se terminó usando la radio de Amy, y su amiga no podía estar más agradecida, claro, se notaba un poco molesta. Ya habría otro momento para que hablara seriamente con los Chaotix, porque aunque Charmy fuera el que tiró el agua a las bocinas, Vector y Espio eran los responsables del cuidado del niño y por ende su educación, pero lo más importante para Rouge era su dinero y que le compraran otras bocinas.
Después del desastre ocasionado por el agua y que Knuckles le ayudará a limpiar el piso a Rouge.
Amy prendió la radio, y se emocionó en esos momentos porque a pesar de todo, no había perdido la ilusión de usarla. A la eriza le encantaban las radios, tal vez por la emoción que tenía en el momento en que acababa una canción y empezaba otra, era divertido no saber qué canción seguía. Aunque no las usaba muy seguido, disfrutaba escuchar un poco de radio cada cierto tiempo en su habitación.
Todos escuchaban atentamente la melodía que la pequeña radio roja desprendía.
Acabó esa canción que sonaba y la mayoría de los invitados, incluyendo las parejas como Knuckles y Rouge, entre otros, se pusieron a bailar al ritmo de la siguiente canción.
Aquella música hacia latir el corazón de ambos erizos. Amy ya conocía a la perfección todo sobre el azabache, era muy serio sí, pero con buenos sentimientos, los únicos que conocen eso de él son Amy, Sonic e incluso Rouge y Omega, a diferencia de los demás, el erizo de betas rojas era un misterio. Por otra parte, Shadow sabía que la eriza era tan dulce y amable, no conocía ningún ser vivo como ella, aquella eriza que hizo que viera al mundo y a sus habitantes tan diferente a su perspectiva, en donde las esperanzas nunca mueren y que todos podemos tener muchas oportunidades.
Nadie se podía creer el simple hecho de que estos dos erizos fueran pareja, ambos eran como polos opuestos, pero eso era lo más hermoso, porque se complementaban el uno con el otro.
Como si fueran el reflejo del otro, voltearon a verse con expresiones de sorpresa y sonrieron reconociendo la canción.
Era una que ambos amaban. Era algo muy raro por parte de Shadow, ya que a él le gustaba una que otra música de rock e instrumental, pero aquella música le transmitía paz y recuerdos del pasado en el ARK, donde Amy le había dicho que no todos eran malos y que siempre tienen un motivo para ser felices.
Esa melodía era ese recuerdo que el azabache y la eriza no podían olvidar, ese día que cambiaría todo para ellos, a tal manera en que se amaran y se protegieran mutuamente. No sabían por qué pero les gustaba escucharla juntos, de algún modo la sentían suya.
“No puedo fingir,
lo que ves en mi, es por ti.
Déjame sentir, solo acércate.
Porque en ti pude ver mi reflejo.”
Dejaron de mirarse, sintiendo la letra y el ritmo de la canción. Percibieron un rastro de paz en su interior y comenzaron a mover sus cabezas y sus pies al compás de la música.
“La mitad de mi vida hecha verso,
cada sol, cada luna en mi cielo.
En tus ojos mi sustento.
Fue tu luz, la ilusión, la caricia.”
Pero había algo que quería salir. No bastaba con golpear un pie contra el suelo o mover la cabeza de un lado a otro. Necesitaban más, y Shadow descubrió lo que su cuerpo le pedía.
Se puso de pie y sin pensarlo, extendió su mano derecha hacia su novia, llevando la mano izquierda atrás de su cintura. Amy al verlo así, pensó que con esa leve inclinación de su cuerpo hacia adelante le daba un aspecto de príncipe distinguido. De igual manera, se sorprendió mirarlo en frente suyo con tal actitud, y antes de poder decir algo fue interrumpida por las palabras de su novio.
–¿Te gustaría bailar? –se dio cuenta de lo que estaba haciendo y de pronto sintió un leve calor en sus mejillas, su corazón dio un vuelco y tragó un poco de saliva, pero vio que no había marcha atrás–. Digo, esto es normal para las parejas, ¿no? –dijo un poco tímido en aquellas palabras, algo que Amy Rose solo podía presenciar, nadie más sabía ese lado suyo.
La eriza formó una pequeña sonrisa con sus labios, que estaban un tanto separados por la sorpresa que le ocasionó el azabache. Pero decidió aceptar esa hermosa propuesta, además ambos necesitaban relajarse y que mejor que con un baile. Y esa canción era perfecta para dejar de lado todo el estrés y preocupaciones.
Al notar que Shadow seguía con la mano extendida, Amy la tomó con su mano derecha y con ayuda del erizo, se levantó del sillón.
–Me parece una buena idea, Shadow.
Al estar frente a frente soltaron sus manos y con cierta duda, comenzaron a moverse sobre su sitio, separados, con la mirada en cualquier lugar menos en la que tenían al frente, un tanto nerviosos ante tan inesperada situación.
“Tus palabras besando las mías,
fue tu aroma poción tan divina.
Tu recuerdo, no puedo olvidar.”
Al acabar el primer coro ambos llevaron la mirada al frente, encontrándose sin querer con los ojos del otro. Sintieron una chispa en su interior, esa que sentían cada vez que sus miradas se encontraban casualmente. Empezó a crecer más aquella chispa, era como una conexión que les impedía mirar hacia otro lado.
“Busco en mi silencio,
cada razón que puedo.
Mi mente pide olvidar,
yo no puedo.”
Amy dio un paso al frente y de un momento a otro, ambos, con las mejillas sonrojadas y el corazón latiendo a mil por minuto, situaron sus manos en un lugar más cómodo para bailar mejor.
Sin apartar sus ojos de los que tenía en frente, la eriza llevó sus manos hacia los hombros de Shadow, y este puso las suyas en la cintura de Amy. La rosada soltó una risa nerviosa y el azabache solo sonrió nervioso, sintieron un hormigueo en el estómago y el corazón en la garganta, sin duda el bailar juntos, hacia que el ambiente se sintiera mejor y más cerca.
“Fuiste el firmamento,
un bálsamo, un misterio.
Contigo hice mi verdad y mi credo.”
Sus pies comenzaron a moverse de un lado a otro, de atrás hacia adelante, con pasos suaves y cortos. Sus cuerpos iban de izquierda a derecha lentamente al compás de la música, y sus manos se mantenían fijas como sus miradas.
“No puedo fingir,
lo que ves en mi, es por ti.
Déjame sentir, solo acércate.
Porque en ti pude ver mi reflejo,
la mitad de mi vida hecha verso,
cada sol, cada luna en mi cielo.
En tus ojos mi sustento.
Fue tu luz, la ilusión, la caricia,
tus palabras besando las mías,
fue tu aroma poción tan divina.
Tu recuerdo, no puedo olvidar.”
Sus sonrisas comenzaron a hacerse más notorias, las risas nerviosas salían de vez en cuando y sus ojos ganaron un brillo único, se perdieron en esos ojos color jade y carmín, y segundos después encontraron la calma que los llevó a recargarse en el otro cuando la melodía paró y se escuchó la letra nuevamente.
"Tu recuerdo, no puedo olvidar.”
La de ojos color jade reposaba su cabeza en el hombro del azabache y encima de su mano derecha, ya que sus manos lo seguían sosteniendo de los hombros, y su nariz tocaba un poco el pelaje blanquecino del pecho de su novio. Sus ojos estaban cerrados y su rostro emanaba infinita tranquilidad.
“Tu voz habita en mi.
Mi piel me pide de ti.
Te miro en mis sueños, te busco al dormir.”
El mayor posicionó su cabeza sobre la de la menor, sintiendo en su rostro las suaves púas de su novia y cerca de su pecho la respiración. Sus manos seguían en la cintura de la eriza, pero ahora la rodeaban y se aferraban más fuerte.
No había espacio entre ellos, no había frustración ni agobio. Sus respiraciones se hacían notar, y justo como sus pasos, fueron tornándose más calmadas. Ya no se movían de su sitio, sólo se tambaleaban en su lugar de un lado a otro, de izquierda a derecha junto con la música.
“No puedo escribir,
hoy solo se sentir.
Te pido, te recuerdo.”
Lentamente levantaron sus rostros, aún sin espacio entre sus cuerpos, sus miradas se encontraron nuevamente y sus mejillas se tornaron de un rojo suave. Les gustaba tenerse cerca y sentir su calidez.
“Tu recuerdo, no puedo olvidar.”
De pronto Amy soltó una pequeña risita, provocando a vista del mayor una escena tan conmovedora y tierna imagen que tenía a centímetros de su rostro y casi en un impulso se acerco más, rozando su nariz con la de la eriza. Sus respiraciones se volvieron notorias nuevamente, sus latidos empezaron a correr rápido otra vez y sus estómagos sentían un cosquilleo parecido a la electricidad que sentían recorrer por sus cuerpos.
Shadow se atrevió a bajar la mirada para ver la boca de su novia, mojó sus labios inconscientemente al ver tan apetecibles los de la eriza, y lo invadió un deseo de querer tomarlos. Amy, al notar la mirada de Shadow, sintió un cosquilleo en el estómago y también se encontró con el deseo de sentir los labios que tenía al frente.
Ambos cerraron los ojos quedando a centímetros de la boca del otro. Sentían sus respiraciones, mientras rozaban sus narices buscaban una posición cómoda para juntar sus labios.
Cortaron el espacio entre ellos, y sus labios chocaron, quedándose quietos por unos segundos. Sentían calor en su cuerpo, sus labios desprendían una calidez que inundaban sus bocas.
Movieron sus labios y no permitían que hubiera espacio entre sus bocas, solo para girar sus rostros y seguir con el beso. Sus labios se movían lentamente en la boca del otro y disfrutaban cada segundo del beso.
Abrían y cerraban sus labios mientras movían sus rostros rítmicamente y probaban más besos. Sintieron la suavidad en cada beso, se dieron pequeñas mordidas, jugaron un poco lamiendo los labios del otro; la menor acariciaba las púas del azabache y este acariciaba su cintura, a veces ambos acariciaban sus mejillas y de vez en cuando aparecían sonrisas entre los besos que se daban.
Cuando sintieron que les faltaba el aire, se separaron. Con las respiraciones entrecortadas abrieron sus ojos y notaron el rubor en sus mejillas, sus púas alborotadas y la hinchazón de sus labios. Ambos sonrieron, se sentían en paz.
En esos momentos sólo querían tenerse frente a frente, contemplar sus rostros y disfrutar de la tranquilidad que les causó el baile. Sin importar cuantas miradas tuvieran encima, pues no era de mentir que Shadow y Amy formaban una extraña pero divina combinación ante los ojos de los demás, después de todo la rareza era algo único y autentico.
El ambiente se sentía mágico, lo que había pasado los tenía en otro mundo, en su mundo. Sus corazones se sincronizaron, y aunque no lo sabían era una señal del universo. Sus caminos siempre estuvieron destinados a encontrarse. Ellos sin duda seguirían siendo felices, a seguir bailando, y a dejar que la música los lleve hacia un destino que los situaba juntos en cada nota que una canción desprendía, pero sobre todo en su melodía, aquella que siempre les recordaba ese momento en que pudieron hablarse por primera vez, y en el que después de un tiempo, se reconocerían como su amor verdadero.
·˚ ༘₊· ͟͟͞͞꒰➳Fin.