Capítulo Único
N/A: Este song fic es parte del reto de Giyuushino patriotas ¿Y que tiene de patriota? Pues la canción que adjunte es una de esas rompe corazones de mi país, la canción es “Secreto amor” del grupo Protección, la música folklórica puede ser muy poética y llena de sentimientos. Espero lo disfruten.
Disclamer:Las imágenes de la portada y separadores no me pertenecen, créditos a quien corresponda.
Ni Kimetsu noYaibani sus personajes me pertenecen, este fanfic está creado por entretenimiento.

El pilar del agua parecía alguien ligero ahora que todo el dolor había acabado, no más demonios, no más problemas.
Como cada jueves, apareció en la finca mariposa listo para visitar el altar en memoria de su compañera, Kochou Shinobu.
El altar en su memoria fue levantado en el antiguo consultorio ya que nunca pudieron enterrarla.
Parecía que todos podían seguir sus vidas menos dos, Aoi Kanzaki que parecía un fantasma atendiendo la finca mariposa negándose a abandonarla, notando como ella también esperaba volver a ver a Shinobu saludar entrando a su con su sonrisa brillante y un “Moshi moshi”
—Tomioka-sama... Olvide que iba a venir a ver a la maestra, pase, tome lo que guste de la cocina, debo llevar estás medicinas hasta el pueblo, siéntase como en su casa por favor. — pidió amablemente la joven.
Y él, que la entendía cuando hablaba como si Shinobu aún continuará allí, esperando en silencio en su consultorio mientras se encargaba de informes, documentos o fórmulas de sus nuevos venenos.
—Gracias. — se limitó a decir con esa pequeña sonrisa calmada y falsa, ahora entendía a su compañera.
“Desde un tiempo a esta parte sin que lo sepas, mi mente ya no piensa si no es en ti.”
Últimamente recordaba sus misiones y sentía ese aire solitario en su sonrisa como en la propia, parecía que al fin todo estaba bien ¿No?.
Él nunca fue pegado a sus compañeros aunque les tuviera respeto y ahora tuviera una especie de amistad con Sanemi, no eran más que colegas.
Aún así su último pensamiento al dormir eran aquellos recuerdos de la Kochou menor, siempre cuidándolo, aunque era de trato agridulce cada que le decía una palabra, hubieron ocasiones donde ella le dejó ver la tristeza en sus ojos, era la única dispuesta a pasar tiempo con él.
Ya sea comiendo en algún pueblo, en batalla contra los demonios o con una simple taza de té a media noche, siempre estaba ella dispuesta a regalarle un poco de su compañía.
Encendió el incienso y le puso un pequeño ramito de flores silvestres junto al cuenquito de arroz que Kanzaki dejo listo y empezó con sus rezos.
“Caminamos tu y yo mundos diferentes
Y tratar de encontrarte sería elfín.”
Era estúpido y casi irónico. Él era quien siempre pensó en la muerte pero quién se lanzó a esta sin titubear fue la mujer en la fotografía del altar, a la cual en vida no le decía muchas palabras para no delatarse en vida pero ahora le hablaba y le contaba todo sin dudar. Pero no recibía respuesta, mientras el respiraba y sentía, en cambio el alma de Shinobu descansaba entre lirios rojos.
—Kochou... Ya vine a verte, te traje las flores que te conté crecen cerca a mi casa, me recuerdan a ese kimono que usaste una vez, no lo dije pero, era muy bonito, con todo el respeto que te mereces. — aún trastabillaba con las palabras. Que se haya vuelto más hablador no era sinónimo de que haya mejorado con las palabras.
Se sentía estúpido y deseaba haber tenido el mismo valor que tenía para acabar con esas malignas criaturas de la noche como para salir un poco de su cascarón y hablar con su compañera.
—En realidad, Kochou siempre se veía linda... Aunque cuando te enfadabas, tu forma de mirar daba escalofríos y tu sonrisa... Tenemos la misma ahora, ahora ambos somos mentirosos. — hablo suave y serio mirando el retrato mirando su sonrisa fijamente.
Suspiró profundamente sintiendo de nuevo el remordimiento, si tan solo hubiera sido más amable con ella, o si la situación en que se hubieran conocido fueran diferentes, quizás hubiera tenido una oportunidad.
“Juntar dos almas como las nuestras en un amor...”
Alguna vez tuvo aquella ilusión escondida en lo más recóndito de él, cuando se le ocurrió aquella idea mientras lo cuidaba después de una de sus misiones, aún estando cansada pasaba con cuidado las gasas con empeño y concentración para limpiar sus heridas sin causarle dolor, que ella era en quien más podía confiar para ser su esposa en caso de que pudieran acabar algún día con Muzan y sus demonios.
Dicha ilusión era pisoteada cada vez que la de mechones morados manifestaba sus intensiones de venganza.
—¿Sabes? A veces siento que responderás, al menos en los sueños donde últimamente te veo, pero te mantienes en silencio allí también, bajo ese árbol al otro lado del río... — últimamente la veía así en sus sueños y aunque la llamara, solo le daba una mirada tranquila con una sonrisa antes de seguir descansando bajo la sombra del árbol o de ir tras quien supuso era Kanae, y cuando intentaba cruzar el río lo miraba enojada.
“...Es querer que un día la luna llena se acerque al sol”
Suponía esa era la barrera entre sus mundos, y dolía más de lo que creía.
Arrodillado como lo estaba en ese momento, podía mirar el callado retrato sintiendo una opresión en el pecho como si el corazón se le estrujara porque sabía bien que ya nunca escucharía su suave voz.
Aún quedaba una pequeña flor roja en su mano con la cual sus dedos aún jugueteaban pensando en las veces que le señalo lo hermoso de la luna en las noches.
—Ojala te hubiera entendido mejor antes, tenías razón, soy solo un tonto y quizás un mentecato, irritante como el sol para esos demonios con los que acabamos.— hablo calmado bajando la vista ya sin sonreír.
Si bien fue uno de los mejores cazadores de demonios, muchas victorias fueron al lado de la dueña de esa mirada amatista, a la que muchas veces le debió la vida cuando lo curaba de forma devota y hasta discutía con él, solo buscando su bien estar.
“Las ilusiones que hay en mi mente me hacen soñar, quete tengo a veces entre mis brazos y tú no estás.”
Cuando su alma no era la que dejaba verse, pero si sus recuerdos, soñaba con aquellas veces que la cargaba malherida hasta esa finca, parecía tan frágil y últimamente enfermiza sin saber que era por el efecto del veneno de las glicinas.
Aquellos días dónde era él a quien le tocaba el desvelo en silencio esperando escuchar por “coincidencia” que Shinobu estaba bien, viéndola desde la puerta con expresión seria y brazos cruzados para asegurarse, solo dando respuestas toscas.
—Eras mi compañera, viajamos, pelamos... Convivimos juntos y aún así no me di cuenta de que te estabas envenenado, debía cuidarte y estabas muriendo lento frente a todos, eres cruel... —
Sin embargo cuando despertaba, estaba de nuevo solo escuchando la noche pasar y ella volvía a parecerle solo una ilusión pasajera.
“Y tú no estás secreto amor.”
Ella no volvería a estar de nuevo y aunque era lejana creía que faltaba poco para verla de nuevo.
La marca que había despertado le marcaba el reloj de la vida hasta sus jóvenes veinticinco años de los cuales solo le quedaban tres, casi dos.
Su partida no solo lo dejaba vacío a él, sabía que Kanao se fue por esa misma razón, porque la ausencia de la calidez de Shinobu ardía en lo más profundo de los corazones de aquellos que la conocieron tan bien, durante tanto tiempo...
—Me diste de tu veneno sin pensar las consecuencias y luego me castigaste con tu indiferencia ¿A qué le tenías miedo? Debí haberme hecho responsable de ti desde ese momento aunque para ti solo fuera una firma a tu despedida. — reclamó algo enojado y frustrado.
Él la conocía desde que solo era una chiquilla y vio como las heridas que la muerte de su hermana mayor evolucionaron y se convirtieron en esa inquebrantable sonrisa.
Sin saber cómo, sin quererlo se fue convirtiendo en complice con su silencio de todo el dolor de ella y sus mentiras.
“Muchas veces he visto tus ojos limpios
Y he sentido el deseo de amar tu piel”
El notaba sus ojos recién humedecidos en lágrimas que intentó esconder, su enojo y todos aquellos sentimientos bajo una sonrisa.
Y aunque tenía el impulso, nunca la abrazo...
Si lo pensaba así, ni siquiera el sabía cuándo se enamoró de ella, pero el vacío que sentía después de su muerte no era normal, era demasiado dolor en su corazón, no era común ese nudo en la garganta ni el hecho de no poder mirar a otra.
No podía dejar de pensar en aquella noche donde sus labios tocaron los suyos con tanta suavidad mientras el aroma a glicinas rozo su nariz mientras le regalaba aquel amargo beso de despedida.
Y aunque muchas veces en aquellas posadas estuvo tentado a curiosear mientras charlaban con frases cortas sobre el informe, dándose la espalda al ella cambiarse las ropas o curarse las heridas, cuando imagino lo suave de su piel llena de blancas cicatrices prefirió no faltarle al respeto.
Esperaría que llegase el tiempo adecuado cuando le contara la idea de casarse con ella, ya que nunca ninguna otra lo conocería ni entendería tan bien, ni a ninguna admiraba o protegía así. Porque él la veía como una igual o más bien, superior, una blanca luna inalcanzable.
“Tú eres mi amor secreto, mi amor furtivo”
No podía definir el tiempo ya que fue algo que creció lentamente en él.
Mientras Kochou moría despacio, los sentimientos nacían y crecían despacio en él, la necesidad de verla sin razón alguna iba habiéndose recurrente.
Iba por un simple raspón o como aquella noche poco antes de su muerte por un par de consejos, esa donde la encontró en el techo de la enfermería como un gato que le pregunta a la luna el por qué de sus aventuras y desgracias.
Entonces sus ojos limpios y tristes se volvieron animados y alegres como su sonrisa cuando lo vio y le pidió que se suba y la acompañe.
Recuerdos frescos que aún invadían su mente mientras miraba su fotografía.
Después de eso empezó con su charla casi monólogo con algunas bromas pero, aunque pareciera odioso, por dentro su voz calmaba su alma atormentada, disfrutaba oírla, disfrutaba su risa y todo de ella.
Amaba todo de ella.
Últimamente en ese tiempo, Shinobu ya no se molestaba cuando se portaba como un cabeza hueca, solo le sonreía de forma triste y lo entendió cuando dijo esas crueles palabras: “Yo solo tengo un objetivo, vengar a mi hermana y no me interesa si eso toma mi vida...a mi no me importa.”
Cuando trato de hacerla entrar en razón todo acabo en aquel beso.
El más agridulce y doloroso que alguien pudo probar en su vida.
“Y he de amarte en silencio en mi soledad”
Así fue como tuvo que callar su amor por ella, por su petición... Porque era voluntad de Shinobu morir, y nadie salva a quien no quiere ser salvado.
Por ello aunque tuvo cierto shock cuando el cuervo anuncio su muerte pero sabía que era algo que se veía venir, ella se lo advirtió bajo aquella blanca luna.
Pero esa era la ventaja del amor dónde solo está en uno, que puede ser vehemente y puro, que puede ser callado por mucho alargando su tiempo de vida evitando que se apague como el deseo pasional, ese que los hombres pueden corromper y contaminar.
Desde esa noche decidió que sus sentimientos por ella serían así...
Y ahora que ella no estaba, podía decirle a su retrato todo aquello, con alguna esperanza de que se apiade de él y en otra vida le de esperanzas a él y sus sentimientos, donde si pueda esperar que lo corresponda.
—Perdón, no se les habla así a las mujeres y menos a tí, solo estabas cumpliendo con tu deber... Pero espero que verte algún día — sonrió falsamente y con calma de nuevo —. En dos años y un poco más espero estés allí para recibirme con mi hermana y Sabito, es el único modo de compensar el corazón que dejaste quebrado.—
Cerró los ojos unos segundos para evitar alguna lágrima y sintió su aroma impregnado en todo el lugar, su presencia y todo de ella se sentía aún como si ella siguiera allí.
“Juntar dos almas como las nuestras en un amor”
Pudo sentir sus tibias manos en sus mejillas, solo le quedaba recordar aquel beso fugaz de una noche.
Solo le quedaba el arrepentimiento de no haber pedido que se quede con él, el de no abrazarla libremente y sin miedo, de haberla amado y quitarle la venda de los ojos para que se de cuenta de lo mucho que personas que aunque pocas, la necesitaban, de que él la amaba.
Porque los muertos, una vez que se han ido no regresan jamás y las palabras se desvanecen en el silencio.
Las palabras y promesas se las lleva el mismo viento que fue testigo de cuando juro protegerla a capa y espada.
“Es querer que un día la luna llena se acerque al sol”
A las malas tuvo que aprender aquello, a las malas aprendió todo eso que nunca creyó experimentar, incluyendo que los corazones que se destrozan y las ilusiones de amor que se quebrantan se pagan en esta vida.
Él hizo aquello con esa dulce y joven Shinobu de diecisiete cegandose a todas las directas e indirectas declaraciones de sus sentimientos, hasta que un día la encontró inalcanzable a él y lo dejo agonizando por dentro con su amor y su pobre ilusión de poder tener un hogar en ella, donde sea que ella fuera.
Pero ahora eran tan lejanos como el día y la noche, el era vida y vigor, ella muerte y silencio...
Solo deseaba que haya encontrado paz, esa que nunca tuvo en vida.
“Las ilusiones que hay en mi mente me hacen soñar”
—Shinobu...— susurró tan bajo que su voz se perdió en la brisa en la que quería creer escucho su risa, esa brisa silbante que pasaba por la ventana como si de un suave beso se tratase.
No la salvo de la muerte pero siempre que pudo la salvó de cosas como miradas maliciosas, perros grandes y hombres mal intencionados.
Nunca se hubiera atrevido a dejarla en esos momentos, ni hacerle daño él, porque era casi sagrada para él, y lo sagrado se respetaba.
Sonrió con amarga diversión, al recordar que ella no titubeaba y que a comparación de él que usaba defensivas y esquivos en sus peleas ella atacaba casi a matar.
Siendo tan cercanos como lo eran, se enamoraron del otro en tiempos distintos y eso los hirió más que cualquier lucha.
—Shinobu... Shinobu, te extraño tanto, perdóname por no haberme dado cuenta antes, por no tener el valor de haberte dicho todo esto esa noche. — susurró despacio disfrutando de su dulce nombre en sus labios, tanto que solo dolía más.
“...Quete tengo a veces entre mis brazos y tú no estás”
Le era inevitable pensarla, pensar en las veces que la tuvo con él, incluso durmiendo sobre él cuando no encontraban más refugio que el bosque.
Soñaba con sus recuerdos pero sabía bien que al despertar ella no estaría más...
Por muchas veces que viniera, su esperanza de que le responda nunca se cumpliría, que aunque la sintiera cerca en la suave brisa, en el aroma de las flores o el golpear del mar, nunca más volvería a tenerla riendo y hablando junto a él, cuidando de él.
La vida le regalaba un nuevo golpe, pero este era un giro del karma, de esos que duelen hasta calar en el alma.
En él quedaba cuidar de los más jóvenes y el bienestar de la finca a la cual siempre le hacía visitas, el callar su dolor y sus recuerdos... Ahora era él quien daba monólogos que nunca tendrían respuesta mientras sujetaba en la mano su destrozado corazón.
Ahora le tocaba a él callar sus sentimientos porque nunca serían correspondidos.
“Y tu no estás, secreto amor.”
No era ella quien lo besaba, era solo la brisa, y sus cálidas manos ya no lo acariciaban, ya nada quedaba de ella en esa vida.
Abrió los ojos recuperando su seriedad, ella ya no estaba más.
Solo quedaban ese retrato en el altar lúgubre ya sus recuerdos que ella existió.
Se levantó con cuidado escuchando que Aoi y Sanemi ingresaron al lugar, era hora de irse.
Si existía algo divino esperaba que al menos le dé la esperanza de que en otra vida le de la oportunidad para poder amarla, para poder regalarle todo aquello que no pudieron tener al ser cazadores, con vidas efímeras, tan cortas que se perderían en el tiempo.
Después de pedir por última vez, miró el retrato viejo.
«Adiós Kochou.» se despidió en sus pensamientos antes de voltear a la salida.
Y aunque desease que fuera la última vez que tuviera que despedirse de ella, regresaría las veces que fueran necesarias hasta poder reencontrarse con su secreto amor.
