Afterglow

Summary

¿Cuánto tiempo tiene de caducidad el amor? Shinobu Kocho se permitió vivir un sueño de amor junto a Giyuu Tomioka, hasta que la realidad los regreso a la tierra con una bofetada, ahora sus caminos son cuento aparte de nuevo, como Este y Oeste.

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13+

Capítulo Único

Dislamer:Ni Kimetsu no Yaiba ni sus personajes me pertenecen, este fanfic está creado por entretenimiento.

Dislamer:Este One’shot fue parte del concurso “Mariposa Ahogada”

Portada:La imagen de los personajes pertenece a la artista en TwitterYonayona43, la edición es mía.


El aire frío calaba hasta el más cálido corazón y para aquel punto hasta las lágrimas se sentían heladas, la gente que despedía a amigos y familia que partían a ese tren podían sentirlo tanto como quienes abordaban o bajaban veloces huyendo del clima.

Habían prometido no llorar ni hacer de aquello algo mayor pero...

—No voy a negar que se siente mal que hagas esto en una fecha tan importante para mí, por eso todos te odian. — Como de costumbre la de ojos amatistas reclamo tratando de bromear, mirándolo con una bonita y dolida sonrisa, no era la primera vez...en esa fecha al parecer, siempre se le arrebataba lo que amaba.

El dueño de esa mirada como el mar que la contemplaba la había acompañado antes a la tumba de sus padres en el aniversario de fallecimiento, misma fecha en que ahora se separaban. Parecía que la vida sin duda disfrutaba las lágrimas de la menor de las Kochou.

—¿Tú me odias, Shinobu? —le preguntó con el corazón oprimido en el pecho, cambiando la respuesta habitual. Aquel azabache de ojos

profundos que la vieron bajar la vista para ocultar sus lágrimas sin dejar de sonreír mientras negaba.

Sus caminos que se habían unido de forma extraña, y por uno o dos momentos, se permitieron hacer su historia de amor algo real...más ahora, dichos caminos, se volvían a separar.

En ese pueblo no existía futuro para ninguno de los dos.

—No, pero si no te callas y no hacemos esto, voy a odiarte, pero te odiare más, nunca te perdonaré si no das lo mejor de tí, Giyuu, es más, te encontraré, te sacaré los ojos con mis propias manos y luego te haré tragar arsénico. — Amenazó de modo tan dulce y suave como escalofriante contradiciendo su sonrisa de labios cerrados, usada para tratar de no llorar más.

—¿Y si cumplimos ambos?—Tomioka mantenía su calmado y monótono tono, era alguien simple y directo aunque torpe con la selección de sus palabras muchas veces. Le dolía dejarla subirse a aquel tren, tanto que, de forma inconsciente le sujetaba las manos con algo de fuerza, como si pudiera detenerla, pero sabía que era lo correcto.

Desde pequeño, su hermana se dedicó a criarlo con lo que podía lo cual lo obligó a madurar demasiado jóven, cuando ella se casó no pudo evitar sentirse ajeno en la casa de su cuñado, se aisló y en cuanto pudo se mudó solo, lo hizo un retraído arisco y solitario.

No encontraba fácil abrirse con la gente, Sabito era el único que había logrado ganarse su amistad, sin embargo ganó aquella beca para el extranjero y no pudo acompañarlo.

Regreso a su soledad ahogándolo como desastrosas y heladas olas de mar, cosa que acabo a la fuerza gracias a la pequeña mariposa, que con mirada desafiante caminaba tras la mayor de las Kocho por la universidad.

Al igual que Kanae, por una paga casi decente él fué asistente de medio tiempo en la universidad a unos kilómetros del pueblo, el bloque de biología compartía con otras carreras sus aulas, por ello la amable mujer lo cuidaba como un hermano pequeño al verle asistiendo clase en el salón continuo, cuando tuvo que reemplazar al docente y trajo a Shinobu para ayudarla y familiarizarse con el lugar ya que la mayor se marcharia pronto pero la menor empezaría a estudiar farmacéutica allí.

"Tomioka-san, te presento a mi hermanita, pronto empezará a estudiar aquí, si da problemas, prométeme que me dirás de inmediato. Confío en tí.”

Aún la recordaba diciéndole eso, y aunque no parecía un digno “guardaespaldas” (muy distraído en sus asuntos y distante para vigilarla), Shinobu era independiente... Sabía cuidarse, estudiante ejemplar y aunque distante era amable con la mayoría, en su caso particular solía usar bromas venenosas solían dejar un sabor de sarcasmo y algo agridulce, todo por un pedido hecho sin mala intención.

Asi, casi a fuerzas, la diminuta chica se había metido poco a poco en su vida como un rayo de sol por las cortinas.

Después de ver lo solitario que era en la ausencia que el chico que siempre lo acompañaba, trató de ser más amable y cercana a Tomioka, quien se hundía en su silenciosa monotonía, logrando, poco a poco que su presencia se hiciera natural, tanto que el mismo se sintió avergonzado de encontrarse esperándola para comer en los descansos, para regresar juntos a casa bajo el pretexto del pedido que le hizo la mayor de las hermanas ahora graduada, y ella aceptaba ocultando su alegría con la justificación de que sería para evitar que él se suicidará equilibrando la dulzura de su corazón con el veneno de su lengua.

Su camino era el mismo hasta que se separaban, él hacia la zona activa de la ciudad y ella, a aquel lugar tan alejado que el silencio era rey, uno al este y ella hacia el oeste, justo como sus nuevos destinos se habían trazado ahora.

Esa triste mariposa cubrió con su agarre con su mano libre notando lo pequeñas que eran a comparación de las suyas, y con valor, lo miro a los ojos.

—Si nos volvemos a ver, prometo aceptar tu propuesta... Y no soltar tu mano nunca más.

Si tan solo hubiera podido tatuarse esas palabras en la piel...

No quería estar solo de nuevo.

Shinobu le regaló la más triste sonrisa dónde encerraba su pedido al cielo para que pudieran volver a encontrar la felicidad.

Se colocó de puntitas para poder acercarse y besarlo con toda la necesidad y dolor que sentía en ese momento, lo cual su amado azabache correspondió con el mismo sentimiento atrapandola en sus brazos con fuerza, sintiendo sus suaves y tibios besos hasta que les faltó el aire y se volvió un desesperado abrazo.

—Te amo... —dejo salir en un débil susurro que ella no respondió.

Ojalá pudiera ser tan directa y clara como él... ojalá pudiera ser tan transparente y sincera como él.

Besó su cabeza agachando la propia un poco —Tus hermanas te estarán esperando, debes subir al tren. —Su voz era tan suave como una canción de cuna cuando se trataba de ella.

«Vete...O no podré dejarte ir nunca»pensó, acariciaba su cabello despacio sintiendo la tentación de acompañarla en su llanto silencioso que escondía apoyada en su pecho, hipando sin poder evitarlo —. Kanae ya te dijo que eres más bonita cuando sonríes. Hazlo por favor.— pidió sintiéndose lo peor del mundo y arrepentido de estar tan comunicativo ese día.

Él sabía que esa sonrisa y actitud calmada era una máscara para los demás, para tratar de permanecer fuerte, hasta ese momento siempre le había permitido ser ella misma cuando solo estaban los dos, sin miedos o prejuicios.

Shinobu se separó sin soltar el abrigo del contrario y lo miro manteniendo su intento de sonreír como cada día cuando las miradas agenas se posaban en ella, mientras, él le limpiaba los ojos manteniendo su rostro serio y sereno, pero sus ojos lo delataban, ambos volvían a sentirse rotos.

—Vamos Kochou, sube. —le ordenó acomodando la bufanda azul que usaba, originalmente pertenencia de Tomioka.

«Yo también te amo. Pero si lo digo... »pensaba la menor. Sus pensamientos estaban empapados de amor, a comparación de sus agridulces palabras.

«Por favor, dime qué no quieres esto, di que no soltarás mi mano, por favor... Mienteme»Rogó Shinobu en su mente.

Si pudiera jugar con el tiempo, seguirían en la cama del chico abrazados en silencio, con ella sujetando su mano, apoyada en su pecho disfrutando el sonido de sus latidos como siempre. Pero no lo admitiría.

—Que impaciente, por eso todos te odian... cuídate mucho por favor —su preocupación por él era clara, aunque la trataba de disimular —, Se cuidadoso al hablar con otros.

—A mi nadie me odia. — contradijo melancólico ignorando la recomendación dando rienda a ese pequeño gusto culposo, esa pequeña discusión suya, una costumbre compartida, tanto como contradecirla. Se daba tan natural como su fuese un viejo cassette ya grabado.

Finalmente ella lo soltó y acomodó la mochila que traía en sus espaldas mirándolo a los ojos —Bien, es hora de decir adiós Tomioka-san... — era mala para las despedidas, quizás si era fría dolería menos —Gr-gracias por todo, voy a estar rezando por tí.

—Cuídate mucho, Shinobu. Se que, eres suficientemente fuerte para resistir cualquier cosa. No lo olvides, en cuatro años...

—En el lugar de siempre.

Él volvía a su seriedad fría y serena, aunque acomodo uno de los mechones morados con dulzura mientras ella regresaba a su falsa fachada animada pero distante, aunque sin darse cuenta jugueteaban con la bufanda blanca que ella misma tejió y ahora abrigaba al pelinegro, al cual le dió un último beso en la mejilla antes de subir al tren justo cuando dió la última llamada antes de partir con un último susurro desafiante.

—No llegues tarde.

La cabina estaba casi vacía, acomodó su mochila siendo lo único que traía, con sus maletas ya en el coche de carga, y ahora sentada podía verlo, tal y como lo recordaba hace unos años, frío, distante y lejano, con las manos dentro de su abrigo mientras en su mente retumbaban las mismas palabras doliendole como si fueran ácido:

“Deberíamos ser mas cercanos Tomioka-san, ¿Podríamos ser amigos no crees?”

Si tan solo hubiera imaginado el dolor que eso le había traído ahora...

En aquellos primeros días, al verlo como un reto, una amistad inalcanzable, lo saludaba con un choque de puños algo forzado, o invadiendo aquella zona de “espacio personal” como lo haría con cualquiera, con una sonrisita algo intimidante para alguien de ese tamaño, un“Hey Tomioka-san”para después empezar una charla, que parecía más un monólogo.

Cruzaron miradas y ella le sonrió de labios cerrados sintiendo sus ojos arder cuando el tren empezó a moverse.

Cómo en una película, su corazón esperó por un momento que él corriera tras el tren entonces ella le extendería la mano para decirle que dejaría todo por él, aceptaría quedarse con él para siempre.

Pero eso nunca pasó...

En su lugar vio como el salía de la estación de trenes, sintiendo su corazón romperse como cristal estrellado con violencia en el piso, eran demasiados orgullosos y necios para hacer algo asi, tanto que hasta le dió vergüenza el haber pensado en algo así.

Y sin notar las gotas cálidas bajar por su rostro, lloró, tanto, que cuando se dió cuenta de ello, agradeció que su asiento fuera el primero y que los puestos que la rodeaban estuvieran vacíos, para que nadie la viese quebrarse en silencio.

Sentía era mejor mantenerse al margen con otros o le dolería su partida como sus padres fallecidos, o Himejima su ex tutor, sus hermanas... Y ahora él se iba de su lado sin compasión, aunque fue suyo pedirle que así fuera.

El ir a otro lugar por sus prácticas de último año y ayudar a Kanae, era un pretexto para convencerse así misma huir y dejarlo ir. ¿La razón? Giyuu tenía una oportunidad única después de graduarse con excelencia, algo que había deseado mucho antes de que esa mirada con el color del veneno, se convirtiera en su único hogar.

Agotada, con los ojos adoloridos tanto como su cabeza apoyada en la ventana escuchando el castañeo al chocar la fuerte lluvia que pronto se hizo de pequeños trozos de hielo con los cuales había comparado a su ahora exnovio las primeras veces que se acercó a él por sugerencia de su hermana.

Primeras veces... muchas de esas las tuvo con él.

Nunca olvidaría cuando escaparon de clases para ir a caminar. Tomioka la había regañado con tono neutro y seco, sin embargo él la había ayudado a trepar las rejas que cercaban el lugar, y había comido de su ramen instantáneo, además de pagar los helados. Era contradictorio.

Una de las primeras veces inolvidables era cuando se embriagaron juntos por primera vez, con ron para ocasiones especiales que escondía su hermana mayor.

“Joder Tomioka, eres una pequeña monja” hizo el ademán de algo diminuto con los dedos “, Y yo soy quien te roba tu pureza.” decía algo fuerte y burlona.

Le picabael brazo con el dedo mientras con la otra mano le daba un sorbo a la botella de Hello Kitty dónde había puesto el ron para que Kanae no sospeche “No puedo creer que nunca hayas bebido.”concluyó su burla. Surisa era estruendosa para él que ahora sentía todo inestable y algo confuso.

Había ido a buscar a Kochou después de notar su ausencia en la última clase de la tarde, como respuesta tuvo un mensaje extraño con una dirección, un lugar alejado de la ciudad donde se veía el atardecer desde una estructura abandonada, «el lugar especial de Kochou...» pensó, allí donde estaba la respuesta cuando desaparecía en silencio.

Nunca supieron decir que era, un frontón o el patio de un edificio...era confuso, solo observaban postes metálicos, estructuras incompletas y escombros blancos, dónde ella estaba sentada, un lugar parecido a una gradería demasiado gruesa y alta con una reja metálica atrás como si tratarán de evitar accidentes. Al llegar la había regañadoinultimentenotando lo ebria que estaba, y de algún modo lo convenció de beber, pero el problema era que nunca había probado alcohol...

“No soy una monja, soy un hombre” la contradijo serio y quizás más ebrio que ella haciéndola reir.

“Entonces muéstrame, quiero que me enseñes que eres un hombre de verdad” dijo riendo hasta que notó su seriedad cuando bajo la botella volteando a ella de forma directa con la miradaensombrecida,sintió un escalofrío recorrerla, más cuando este tomo su muñecajalandolahacia él. Nuncacreyóque el sería capaz pero ahí estaba... Entonces de un momento a otro tuvo que luchar con todo el peso que él representaba “Kochou, llévame a casa por favor...me siento mal, quiero vomitar..."

Shinobu se había burlado tanto como pudo de la situación los días siguientes soltando el veneno producido por el regaño y el golpe con el periódico que su dulce hermana le había dado por llegar a las dos de la mañana además de la razón que la había hecho huir a ese lugar... Después de haber dormido fuera de casa por primera vez, en la habitación de un chico y con un chico por primera vez, claro que había sido más ambos llorando y vomitando según el efecto del alcohol iba bajando, en sinfonía con su discusión sobre quién tenía más culpa que el haber dormido. Ahora entendía que de no ser el malestar la hubiera besado.

Luego de esa ocasión, pasaba su tiempo cuidandolo pero aún más provocándole, molesta por la serenidad de Buda que el chico tenía, con aquella actitud estoica, silenciosa y ausente que la hacía sentir ignorada.

Pensó mucho en alejarse pero no podía... Esa idea le dolía más.

Se encontró enojada consigo misma, decepcionada por enamorarse de alguien que parecía no corresponder sus sentimientos, un cabeza hueca.

Esos sentimientos se esfumarón cuando aquella tarde de regreso a casa en silencio inusual, bajo la lluvia, torpemente y con la timidez que trataba de esconder, la besó tomándola desprevenida.

Nunca supo manejar su primera relación, terminaron actuando como colegas, de trato agridulce, pero a su vez cuidando del otro como una fiera.

La verdad, no sabía cómo actuar o que decir al encontrarse sola.

Kanae se mudó a un pueblo algo más grande por trabajo, llevándose a su hermana pequeña Kanao al ser la tutora legal, estaba cumpliendo sus sueños como médico y con una vieja finca funcionando como un hogar y refugio para niñas huérfanas, como ellas.

Aquello dió paso libre para hacer su voluntad, correcta o no... La soledad la asfixiaba, rondando por la universidad, por los escombros blancos y las calles del pueblo convertida en un gato callejero, con el tiempo, un gato que dormia más noches en el pequeño apartamento de Tomioka que en su gris hogar.

Sus mejores noches, entre libros, juegos o en silencio con el viejo estéreo sonando bajo, algunas veces las horas se iban entre besos y caricias como la noche dónde con suavidad se entregaron a la dulzura del otro en la intimidad sin saber que aquello era nuevo también para aquel pelinegro de ojos como zafiros.

Ambos estaban nerviosos pero ella le mostró que confiaba en él y en respuesta, él se sintió a salvo en su calidez. Cada caricia, cada beso era como rozar el cielo, cuando la tenía en sus brazos oyendo sus suspiros. Para su amante, ella era su único destino.

Mientras el sol no salió, aquella noche parecía un dulce y suave sueño compartido...

Todo se convirtió en una pesadilla con aquella llamada al amanecer. Kanae Kochou estaba en el hospital, mostrando malestares que nunca confesó en sus llamadas. Sus resultados fueron desalentadores, ya no podría llevar ese ritmo de vida tan agitado, no podría sola.

Shinobu entonces se sintió culpable, por no sospechar, por no pensar más en ellas mientras era feliz, pero sobre todo por no ser capaz de hacer nada.

Kanae lo era todo para ella. Debía encontrar un modo de cumplir sus deberes familiares.

De nuevo, todo se tornaba gris...

No pudo dormir tranquila muchas noches. Sensible e irritable, Shinobu atormentada, cursó tanta materia como pudo tomar para pronto poder entrar a la última etapa, trabajo asistido, mientas Giyu empezó la preparación de su tesis la cual le daba aún más mal genio de lo normal.

Cada uno tenía su propio infierno.

Viviendo juntos de modo formal, trataron de adaptarse a las condiciones y compartir carga inútilmente, acababan agotados, causando peleas, pero noñ suficientes para dejar caer al otro. En la tormenta sujetaban más fuerte sus manos, firmes en su camino, regresando a los brazos del otro cada noche, buscándose para sentirse a salvo recuperando su paz.

Después de meses eternos, festejaron con daikon de salmón hecho por ella misma, la noche antes de la entrega de diplomas de Giyuu, recuperaron esos viejos aires de paz, pero, hasta la ceremonia no contaban con esa notícia, un deseo pasado ahora cumplido; la ayuda laboral a los mejores promedios por carrera, el director de Carrera Urokodaki su mentor y maestro lo había seleccionado.

Ella lo amaba pero, nunca lo ataría de esa forma, no a costa de sus sueños...de los sueños de ambos que era lo que habían estado haciendo.

Por las responsabilidades que cargaban en sus hombros, ahora todo había acabado, cada uno tenía una vida por delante, debían ir por caminos separados, no eran más ese inmaduro par que disfrutaban mirar el sol caer y las estrellas bailar con las luces de la ciudad desde aquel elefante blanco.

Jugando una ruleta rusa con el destino para ver si aún podrían cumplir sus promesas en un par de años.

Por su parte el pelinegro no se permitió llorar.

Juraba que la amó, sí, juraba que aún la amaba, pero la devoción que se tenían se había tornado peligrosa sin quererlo.

Renunciaron a las ambiciones propias por el otro y no era correcto...

Él sabía que Kocho quería ser una científica, explorar nuevas formas de uso de las plantas, no ser una ama de casa... No, ella había dado todo de si para algo más que eso, aún la recordaba animada contándole su sueño en una de esas tardes que pasaron en ese lugar de ruinas niveas, aunque Shinobu creía que no la estaba oyendo. Además ahora tenía que dar la cara por sus hermanas...

¿Y él? Antes de Kocho, no tenía rumbo más que sobrevivir y estudiar, no quería ser un carga para Tsutako, quería retribuir todo el sacrificio que hizo por él.

Gracias a ello fue asistente becado de Urokodaki, pensaba que quizás si lograba ser suficientemente bueno que esa sensación de menosprecio por si mismo se borraría, incluso podría ir a la par de Sabito, pero eso no era posible en ese diminuto pueblo donde lo miraban raro, dándole otra razón para irse lejos, el anonimato que daban los lugares grandes le parecía encantador. Nunca tuvo intenciones de quedarse a vivir allí, hasta que chocó con esa sonrisa venenosa.

Se sentía culpable, se había encadenado a ella como un ancla y la chica de mechas moradas casi había reprobado por cuidar de él aún sabiendo su deber con sus hermanas.

Debía ser mejor por aquellos que tuvieron fe en él, por ella y todo aquel esfuerzo, quería que, si sus sentimientos no cambiaban, darle algo mejor que lo que tenían en ese apartamento tan pequeño como una caja de zapatos, en realidad, deseó que juntos o no, ella estuviera bien.

Aún mantenía en él escondidas los restos de sus esperanzas y planes rotos de aquella tarde entre las ruinas blancas dónde todo a su alrededor se marchitaba con el invierno cerca.

Habían ido a su lugar especial luego de la ceremonia, donde la besaba con dulzura, jugando con la cajita dentro de su bolsillo. Quería hacer las cosas bien, iba a darle aquel anillo, sencillo y de fantasía pero al fin y al cabo de compromiso. Segundos después en su lugar, su corazón fue pisoteado con las palabras de la chica.

"Giyuu... Yo, creo que lo mejor es terminar esto”declaró sin mirarlo al separarse de aquel beso.Sintió como si un balde de agua helada se le cayera encima evitarlo, en shock por unos momentos con un sabor amargo en sus labios, supo que no bromeaba. Callado quitó la mano de su bolsillo sin notar que soltó la pequeña caja, se sentía herido.No pudo evitar romper suestoisismonatural,su corazón pisoteado en su día especial, hace unos momentos con ellajalandolode la corbata y su hermana riendo se sentía en lo alto y ahora sentía todo derrumbarse.

Shinobu recogió la cajita tragando duro, adivinando que era, la guardo en el bolsillo del traje del recién graduado.

"Kocho... sabes que lo que siento por ti no es un juego ¿Entonces?” dijo mirando el inicio del lejano atardecer para después mirarla a ella, que también volteo a ver a la lejanía con una pequeña sonrisa y los ojos vidriosos “Lo sé, pero me asquea la gente tonta y codependiente, como yo... Quiero que te vayas, no desperdicies esto. Si vas a hacer algo por mi, que sea tener los pantalones para irte.”

Entendió porque había estado rara desde la charla que tuvieron en el almuerzo organizado por su hermana cuando le preguntaron si tomaría la oferta de la universidad, pero siempre era lento para darse cuenta... pensó en proponeruna relación a distancia, pero eso era estúpido hasta para él, y luego de mirarla, supo en el fondo que era lo mejor para ambos, debía dejarla volar por su propio camino.

“Entonces...voy a hacerlo, pero también tengo mis condiciones” expreso serio tratando de ocultar su dolor y enojo volteando de nuevo al horizonte. Sintió la mirada amatista sobre él “Pídeme lo que quieras, es lo justo” aceptó seria y con un deje de vergüenza en los leves temblores de su voz.

“No quiero verte más” siempre tan torpe con las palabras, ella lo había malinterpretado sintiendo nacer su enojo y aumentar su dolor, Tomioka al levantarse de su lugar rápidamente lo reformuló dándose cuenta“.Si quieres romper, está bien, el día que nos vayamos dejaremos de ser novios, pero ninguno de los dos buscará ni se comunicará con el otro...a menos que nos veamos de nuevo.”

Ella se levantó limpiando su falda, de nuevo él estaba roto y ella enojada pero ambos trataban de disimular.

“Acepto. No sabrás nada de mí de nuevo cuando me haya ido.” dijo tratando de sonar calmada sin mirarlo, centrando su vista en el atardecer naranja opaco frente aellos.

Ese día había planeado pedirle matrimonio, y habían terminado acordando su rompimiento."Kochou...” la llamo firmesobresaltandola“¿Eh? ¿Acaso quieres algo más?”

Musitó con ese tonito sarcástico para ocultar su pena.

“Si, quiero pedir algo más.” sorprendida ante el atrevimiento lo dejo hablar, él hizo que lo mire, lo que no decía su expresión lo decían sus profundos ojos azules“Se mi esposa...me iré, y tú debes ir a cuidar de tus hermanas.Shinobu.Dique serás mi esposa y me iré tan lejos como quieras aunque sea unamentira."

Loabrazo tan fuerte como pudoreconfortandolosa ambos y se mordió el labio para no llorarla voz de su amado era firme pero temblaba levemente, y era porque no quería llorar. Eran demasiado distintos y parecidos a la vez.

Al separarse, la vió tomar valor para hablar sujetando entre sus puños la tela de su larga falda"Si realmente estamos destinados a estar juntos... Si esto es más que un simple capricho, si nuestro amor es mas fuerte que el tiempo, nos veremos justo aquí en cuatro años, y ambos seremos mejores que el desastre que somos ahora. Y no soltaremos la mano del otro de nuevo, por la eternidad"Shinobu lo mirótan desafiante como el día que se conocieron“.Y seré tu esposa, voy asujetartetan fuerte a mi que te vas a cansar de estar a mi lado.”Concluyó sintiendo su corazón en la mano, Tomioka la abrazo tanto que casi dolía y beso su sien mientras sentían la brisa enfriarse y el sol desvanecerse.

“Vámonos...” Susurró el pelinegro cuando se separaron, pero se refería a algo más que regresar a ese pequeño intento de ciudad como ella creyó, después de los primeros pasos que dio la sujeto de la muñecadeteniendolay dar inicio a un nuevo abrazo, ella tardó en reaccionar ante la confusión, por lo general, ella era la de la iniciativa en demostrar afecto, pero...Él acababa de aceptar que le dolía tanto como a ella pero iba a cumplir.

Sabía el sacrificio que hacía ella, particularmente impaciente con el tiempo incluso cuando se le contaba algo, pero necesitaban probarse, para ver si realmente podían resistirlo todo o si era hora de separarse para siempre.

En camino al aeropuerto tan lejano a ese lugar, se sintió alicaido y descompuesto por lo lento que iban. Solo observaba la llovizna que venía del este se iba desvanecido como un presagio de la afligida caravana que la seguia, se preguntaba si ella estaría bien, o si estaría como el cielo que la seguia.

No, Shinobu era una chica fuerte, y aunque su corazón le decía que ella sufría tanto como él, prefería creer que se iba con una sonrisa calmada en su dolor...pero la conocía demasiado bien, bajo esa sonrisa, guardaba tristezas de muchos años.

No tenía conciencia del paso del reloj o cuando abordo el avión, solo sentía hundirse de nuevo en esa oscuridad tan profunda como la del café barato que sujetaba en su mano, sin poder evitarlo empezaba a presentir el regreso de esas aguas oscuras y turbulentas dónde se ahogaba siendo ahora la razón una desconocida monotonía a la cual adaptarse... Quizás había sido un error.

Nunca se vio tan dependiente de alguien desde que era niño y necesitaba a su hermana mayor para casi todo, pero era difícil sacarla de su mente.

Nunca se sintió merecedor de la chica con broche de mariposa, después de una vida de soledad, y autoestima más baja que el subterráneo del que Sabito le había contado, incluso cuando se enamoro de ella se sintió culpable... era la hermanita menor de Kanae a quien respetaba tanto como a Tsutako, era menor que él, era mejor que él. Merecía más que él.

Intentó alejarla, ignorarla y hasta regañarla, pero lo arrastró con ella, y cuando beso sus labios bajo la lluvia supo que no había vuelta atrás.

Experimentó con ella cosas que no podía imaginar con nadie más, incluyendo la primera vez que casi los arrestaron por jugar en la fuente de agua de la ciudad en plena madrugada... Callado y ausente, así lucía cuando ella hablaba pero ponía atención a todo, a sus gestos y lo que decía, noto el lunar diminuto en su hombro izquierdo, que cuando se enfadaba o se exasperaba le saltaba una vena desde el nacimiento de su cabello, que ebria era capaz de hacer más locuras y que dormía hecha un bultito cuando más cansada estaba o más frío tenía, que era sobreprotectora con quienes amaba, como una mamá gruñona pero siempre incondicional, la observaba tanto que un día se regaño a si mismo sintiéndose un acosador. Alejaba esas ideas según más se permitía dejarse llevar y hasta portarse como un niño a veces cuando estaba con ella, jugando torpemente mientras el la inmovilizaba para que no lo golpee, cuando la cargaba como a un costal, cuando ella lo peinaba con ligas de colores jugando con los estilos en su cabello, cuando pellizcaba o jalaba sus mejillas tratando de molestarlo... Cuando lo abrazaba para reconfortado, cuando lo besaba por las noches.

El calor llegaba a su fin y su primera, única y más intensa historia de amor se había acabado con este...

Los primeros días habían sido tan dolorosos como dagas clavadas en el pecho de ambos.

En aquel enorme lugar, el brillo y las sonrisas que habían renacido en Tomioka se borraron como si nunca hubieran estado con cada día que pasaba, como si la seriedad y el frío lo hubieran absorbido completamente para convertise en una sombra silenciosa en aquella ciudad desconocida.

De nuevo era bienvenido por su soledad en una ciudad donde parecían nunca despertar y absolutamente todo se limitaba a rostros neutros y desconocidos.

Días buenos y malos dónde a veces se arrepentía de ser maestro, tanto que se decía que si tenía hijos se aseguraría de educarlos de forma militar si era necesario para que no fueran como los salvajes de aquella institución, aunque uno que otro estudiante le agradaba, como los hermanos Kamado, eran alumnos ejemplares... Aunque el gusto le duraría solo un par de meses más, ya que después pedirían una transferencia.

Llegar a casa por otro lado, era extraño, la comida insípida e instantánea o comprada que comia al estar demasiado cansado para cocinar hacia que los caldos salados de su exnovia ahora supieran a paraíso, pero, no podía extrañar a Shinobu del modo que es debido, ella nunca había estado ahí, de estar en el otro departamento hubiera notado más la ausencia de su cantina voz y el tornado que representaba al moverse en el lugar como la recordaba... Aunque la sensación era la misma por las noches sin importar el lugar, en una cama vacía y fría, dónde en sus sueños la veía sentada en el lugar de siempre con las piernas colgando y meciendolas en el aire, junto a él. Pero al estirar la mano solo tocaba las heladas sábanas.

Simplemente dejo que los días pasarán con el arrancar de las hojas del calendario, guardando sus memorias en pequeños rincones dónde aún sentía la presencia de la pelinegra, allí en cosas tan pequeñas como la fotografía tras el colgador junto a la entrada de su habitación.

La pelinegra de mechas moradas, por otra parte, no lucía ni como la sombra de lo que solía ser, distraída e ida los primeros días, apenas ponía atención a lo que le decían, como si su mente y su corazón estuvieran a kilómetros de allí. Al anochecer sentada en el techo, incluso por horas, solo susurraba pensamientos que no parecían tener sentido.

Despertó la preocupación de la mayor de las Kochou, que comparaba a ambas menores.

«Escomo una competencia, Kanao tomando el sol como un girasol y Shinobu tomando luna como un gato.»pensaba cuando las miraba a lo largo del día, pero la diferencia es que el corazón de la más pequeña estaba vacío pero no perturbado mientras el de la mayor que si lo estaba, en los ojos de Kanao veía inocencia y calma pero en los de Shinobu solo había aguas heladas de lágrimas retenidas.

Para llevar la fiesta en paz ya no la regañaba tanto por decir maldiciones y trató de ser lo más paciente al instruirla en las tareas del lugar que aumentarían después de graduarse, logrando pequeños avances gracias a las niñas del lugar que le tomaron a Shinobu el afecto de una hermana mayor a la cual ayudaban en sus tareas.

Ella era alguien que sabía mantener su fachada, para no dar problemas con el pasar del tiempo, aunque se sintiera desganada se levantaba temprano a sus prácticas universitarias en una ONG que eventualmente la termino contratando al graduarse. A su regreso, Aoi, una muchacha de más o menos la edad de Kanao la ayudaba a preparar la comida y otras tareas del lugar además de ofrecerle ayuda con algunas prácticas y tareas que le dejaban enseñándole también a la chiquilla de coletas.

Dado a la salud frágil de su hermana además de la nueva relación que esta llevaba, acabo encargándose del lugar y cada una de las niñas, haciendo un poco más soportable aquel vacío que parecía no sanar,«Tal vez »pensó«Es más como una herida infectada... Aunque duela la debo curar».

Kanae estaba orgullosa de ella, así cuando las malas noticias llegasen, podría confiar en que Shinobu estaría allí, su hermana había madurado.

La de mechones morados trabajaba con la ONG de investigación botánica a cargo de Tamayo (a quien admiraba y veía como una amiga), solo tres días a la semana, los días que Kanae trabajaba como médico en una clínica cercana, dándole tiempo para supervisar el tratamiento de la mayor, que iba a a casarse con aquel a quien, en el tiempo que vivió con Tomioka, lo presento como un “amigo”, Shinazugawa Sanemi.

—¿A ti te agrada el novio de nuestra hermana? — cuestionó la menor una de esas tardes sentada en la cama viendo a Shinobu.

— No es mi persona favorita pero, entre gustos y gustos, además yo... — la de ojos amatistas se calló abruptamente y dejo lo que hacía —.Kanao, promete que si te enamoras serás suficientemente decente y no tan estúpida como tus hermanas.

La menor solo asintió algo asustada y no cuestionó aunque ella ya se había hecho una leve idea de lo que sucedía al enlazar el presente y lo que le contaba vagamente la mayor años atrás. Podía notar más que otros, se dió cuenta de su dolor oculto, por eso buscaba cualquier pretexto para acompañarla en la noche que era donde más apagada se veía, descubriendo que la mayor hablaba dormida llamando a alguien, o más bien rogándole, pero solo calló.

Las niñas eran dirigidas a hogares sustitutos o eran adoptadas, y ya casi solo eran un hogar de espera o refugio durante juicios respecto a la protección de menores de edad, solo quedaron Aoi, Naho, Sumi y Kiyo, queridas como cualquier otro miembro de la familia, terminaron tomando su custodia para que se quedarán de forma definitiva.

Sintiendo el tiempo pasar como arena, se llenaba de trabajo por el día, para llegar en la noche tan cansada que no pudiera pensar en aquella promesa que aún la atormentaba, había estado tentada a investigar un poco mas de lo que se le había comentado, pero no tuvo el valor aunque en las noches que soñaba con él, despertaba al no sentirlo a su lado, sintiéndose miserable...

Tres años, mismas fechas, como un mal chiste, la vida de su hermana casi se le escurrió de las manos, con aquel susto, era definitivo el retiro de la mayor de la vida laboral, Sanemi cuidaba de ella más que a su propia vida, y Shinobu asumió de lleno la responsabilidad del lugar y la crianza de Kanao.

Era como ser madre soltera.

El pensamiento de Tomioka Giyuu ya no tenía tanto espacio para hacerla sufrir, debía encargarse de tres niñas y dos adolescentes que tenían la mala costumbre de traer a sus nuevos amigos a casa como si se tratara de un local, pero nunca se quejaba, los hermanos Kamado, Zenitzu e Inosuke se habían adueñado casi cada tarde de su sala llenando la casa de ruido animándole.

Se encariñó con el último al saber de su situación familiar, ya que aún atendían como ayuda y refugio de paso, llevando a Kotoha, la madre de este a buscar ayuda para escapar del padrastro de Inosuke, salvando la a ella a la vez de un pretendiente repulsivo como Douma que de hecho siempre la había asqueado.

La hermosa mujer ahora trabajaba ayudándola en quehaceres y deberes del lugar algunos días en la semana aliviando su carga.

Casi pasados cuatro años dónde se agotaba a si misma entre trabajo con Tamayo, ayudar a Kanae, manejar la finca quedando agotada en la noche, criando a las niñas el resto del tiempo... Ahora entendía a qué se refería la mayor cuando le decía que no podía perder tiempo en vanalidades o fiestas sin sentido mientras estuvieran las menores.

Entre esas tardes, cómo de costumbre luego del trabajo entro con dulces para el ruidoso grupo escuchando desde el jardín los regaños de Aoi y los gritos de Zenitzu.

—¡Estoy en casa! — grito amable pero manteniendo ese veneno amenazante de advertencia que era lo mismo que decir “Si no se comportan, o rompen algo, haré que se arrepientan”.

—¡Shinobu-san! ¿Cómo le fue en el trabajo? — preguntó uno de los muchachos, pelirrojo con aquella particular cicatriz, siempre amable.

—Agotador, Yushiro es alguien irritante a veces ...muy seguido, gracias por la ayuda Nezuko. — agradeció cuando la chica le ayudo con la bandeja para repartirse los caramelos después de un tímido “Buenas tardes”.

Se dejó caer en el sofá junto a su hermana y aflojó su postura e imagen “perfecta”, aunque se había vuelto parecida a Kanae, no eran iguales... nunca lo serían.

—¿Qué ven? — pregunto mirando como las niñas miraban la televisión tan absortas como el Kamado.

Abrazó a Kanao que tragó duro en lo que el los demás peleaban por dulces, deseó que ese emocionado Tanjiro no respondiera, ella conocía la historia gracias a la mayor de los tres, sus plegarias silenciosas fueron ignoradas.

—Es el torneo internacional de ciencias y deportes, solo van los mejores estudiantes de secundaria. Nezuko y yo estudiábamos en la escuela que está en los semifinales de ajedrez, fueron con el grupo Tomioka-sensei, lo admiro mucho... —

No escucho lo demás, sintiendo la sangre bajarle a los pies, y un nudo en la garganta, fue peor la sensación cuando lo enfocaron que cuando lo nombraron. Tan serio y distante vigilando la victoria segura de sus estudiantes...

«Maldita sea, vuelves a romper mi corazón el día que me hablan de un posibleasenso»los recuerdos le caían como un balde helado«... supongo que te la debía».

Con un suspiro se levantó, excusándose con que iría a cambiarse de ropa.

Recordaba ese dolor, muchas veces volvía a ella.

Cuando dejó a los chicos notó como todos sonreían inocentes de la situación así que solo se empujó hacia su habitación, dónde tenía su bufanda guardada como cualquier sentimiento romántico, todo en una caja dentro del armario.

Se preguntaba si alguien en ese tiempo noto aquello que quería callar, verlo había sido una bofetada de dudas regresando como una inundación, quizás ya la había superado, quizás conoció a alguien más...quizás ya estaba casado, quizás no regresaría.

Al estar en otro lugar, lejano y además con cosas importantes quizá ni siquiera recordaría que en menos de un mes se cumplirían los cuatro años de plazo.

Los recuerdos que la inundaban eran tan agradables y crueles, suspiró con pesadez. Había enterrado tanto de ella en el jardín que plantó el primer año con las niñas, había congelado su corazón durante el invierno que Kanae estuvo más débil, se envenenó con todo lo que pudo para caer en una inconsciencia profunda como si fuera la bella durmiente para no pensar y su esfuerzo se había desvanecido en segundos.

Luego de quitarse el blazer estiró la mano a la mesita de noche donde estaba la única prueba no oculta en ese viejo armario con mariposas dibujadas, una fotografía de su primer año de universidad. En ella ella sonreía con naturalidad mientras el azabache miraba a otro lado con timidez.

Sentía el miedo, miedo a que hubieran cambiado tanto hasta volverse desconocidos.

«Si yo gritaría tu nombre ¿Me escucharias allá afuera?» la verdad es que ya había escuchado ciertos comentarios que hacían en su pueblo natal gracias a cierta vieja amiga pelirosa, desde entonces había desechado la idea de regresar alguna vez, sintiéndose una espectadora a la distancia y que a la vez todo pasará atravesandola como una espada, aún así, estaba feliz por él...

Acariciando la fotografía por última vez la guardo en le cajón, guardandola junto a todo eso que no pudo decirle en voz alta junto a un “te extraño” y un “Lo siento”.

Enfrascada en su rutina y fachada de siempre dejo que los días pasarán en como cualquier otro, aunque sin querer notarlo, escuchaba las mismas canciones de cierto viejo estéreo, incluso volvía a subir al techo como lo hacía con las viejas ruinas blancas.

Somos cobardes, en esta vida, pero no siempre podemos salirnos con la nuestra, y eso lo aprendió a las malas.

Tamayo le había encargado recoger pruebas de laboratorio que le serían entregados por un colega suyo en su viejo hogar, primer día de invierno, aniversario fúnebre de sus padres y el plazo de su promesa... definitivamente no quería ir allí.

Trato de usar toda maña posible, y ahora en la misma estación de trenes que la había recibido años atrás trataba de jugar su último recurso, Yushiro.

—Definitivamente no, Kochou, no puedo suplirte, si estás enferma manda a alguien más pero no olvides llenar tu hoja clínica, no quiero que Tamayo-sama tenga preocupaciones. —sin más el chico de pelo plateado cortó la llamada.

—Hijo de... Que remedio, espero Kanae me firme la hoja. Mierda. — Se lamento sentada en una banca, prácticamente no había nadie, eran las once de la noche, pronto regresaría a casa, solo necesitaba verse lo suficiente enfermiza para que la médico de el brazo a torcer, pero entonces recibió un mensaje suyo:

"Espera por favor, ve a la estación. Te veré ahi, tengo una noticia importante y quiero visitarlos, quiero que mamá y papá sepan cuando vayamos a dejar flores... Llevo tu maleta, puse lo que pude encontrar que te sirva”

Sintió un escalofrío congelarla más que el clima, ¿Acaso de nuevo ella estaba en peligro? ¿Necesitaba terapia de nuevo? O era algo más...

—Demonios, la vida en serio me odia.

Espero y con el último tren llegó su hermana acompañada de un Sanemi que extrañamente estaba callado y muy torpe ese momento, además de la angelical Kanao.

“Mandiles” como le llamaba Shinobu en secreto y las otras dos subieron... Pero ella estaba aún peor que su cuñado, congelada frente a la puerta del coche sus pies parecían pegados sin responderle, cuando el tren empezó a moverse no reacciono ni con los gritos de sus hermanas, solo sintió lágrimas recorrer su rostro por unos segundos antes de empezar a correr y con ayuda de la menor de las tres subió tomando su mano para saltar y abrazarla algunos minutos dónde la de coleta solo guardó silencio.

Su hermana, la bella durmiente del dolor había despertado al fin de su sueño.

Cuando se calmo y fue adentro entendió porque el albino estaba en ese estado...

“Estoy embarazada”, esas palabras casi le habían dado un ataque cardíaco y en consecuencia solo había hecho que Shinobu se sujetara a ella como cuando era pequeña, empezando a hablar de la criatura que esperaba su hermana como si fuera un regalo de navidad.

En la mañana, en cuanto llegaron se encargó del trabajo pendiente para acompañar a la mayor al cementerio donde limpiaron con amor las lápidas y colocaron unas bonitas flores acompañadas de algunas lágrimas.

Regresaban en silencio y calma a ese hogar donde no habían tenido tiempo de estar, su día se había ido rápido, pronto iba a atardecer.

—Shinobu...—llamó con suavidad la mayor que tanto la quería mientras caminaban.

—¿Uhm?— se limito a responder con las manos sujetas tras sí misma como una niña, así era como se sentía con la compañía de Kanae.

—Estos años...note que siempre has estado sola. —Musitó la mayor ganando un bufido de respuesta.

—No estoy sola, todo el tiempo cuido de las niñas, hablo con Kanroji, Tamayo... a veces con los amigos de Kanao — Contradijo ganándose una leve risita de la mayor.

—Exacto, nunca te he visto con un chico, solamente en colegio y con...

—Eso ya no importa, tengo otros deberes. — interrumpió la menor notando que ya llegarían a su casa y podría evitar esa charla.

Ella no era consciente de que Kanae estaba al tanto. Chasqueo la lengua tomando sus llaves pero mirando de frente a su hermana —¿Sabes Shinobu? No es necesario que sacrifiques tu felicidad para hacer felices a los demás— suspiró acomodando con suavidad el broche de la menor —. Cuando éramos pequeñas...te cuide como si fueras una hija pese a nuestra edad, y cuando Himejima nos preparaba chocolate mientras veíamos la televisión, en esos programas veía como las novias eran felices, quería eso para las dos, creía que Kanao sería nuestra bebé para jugar...cuando creciste me preocupaba que alguien te hiciera daño aunque ningún chico te importó lo suficiente... Pero cuando te vi espiar al asistente de la clase de al lado entendí todo, así como cuando llegaste a la finca con los ojos hinchados— dejo escapar una risita melancólica mirando el camino que habían recorrido.

— No te lastimes mas a ti misma, deja el pasado irse, cielo, como tú hermana mayor, solo te pido que seas feliz, como cualquier otra chica. Shinobu deja el peso que traes tantos años sobre tus hombros. Se feliz...pero de verdad.

Los ojos de ambas estaban cristalinos, la menor asintió y abrazo a su hermana.

—Olvide recoger algo— susurró antes de separarse —. Dejen algo de chocolate extra para cuando vuelva, olvide que hacía tanto frío aquí. — Se excusó con su típica sonrisa antes de salir corriendo mientras la mayor observaba antes de entrar.

Corrió por las calles hasta que sus músculos ardieron dejando sus piernas temblorosas«Antes de las siete, aún puedo llegar.»pensó mirando el sol empezar a opacarse.

Fue tan rápida como pudo, al llegar al lugar notó que había más hierbas crecidas carcomiendo el lugar, subió a aquel lugar donde solía sentarse empezando a sentir su adolorido corazón golpear su pecho fuerte... Espero en silencio escuchando el viento mientras su respiración se calmaba.

Estaba sola, aunque esperó en el atardecer aguantando el frío que le daba aquel vestido negro, pero...

«Tonta, crédula»se recriminó mentalmente, era claro que esa promesa solo era un sueño que se desvanecía en el pasado.

Tomo los restos de su roto corazón, y sonrió sin ganas, al menos había logrado llegar a una conclusión y no quedar en una duda eterna, aunque dolía se sentía más ligera, su amor había sido sincero como sus palabras.

«Tonto, él se lo pierde... Aún puedo portarme mal y decirle a Kanae que es por una buena causa».

Al menos, él era feliz quería creer y había logrado llegar lejos, ambos lo habían hecho, tal y como desearon.

Miro el atardecer por última vez, casi las siete... A lo lejos vio globos de colores volar, seguro los habian dejado libres por el cambio de estación.

Ambos habían tocado el cielo, tenían sus metas cumplidas, ella en particular incluso tuvo que cambiar muchas de éstas a cambio de cumplir promesas, pero aún así su amor al parecer no había logrado alcanzarlo.

«Al menos lo intentamos, donde sea que estés...cuídate mucho Giyuu.»pensó antes de caminar hacia un atajo para salir de ahí, aunque de pronto sintió su corazón detenerse dos segundos cuando algo la detuvo... O más bien alguien, dejándola helada cuando giró, él estaba ahi, había regresado.

Sintió su corazón como loco, más que cuando había corrido, no podía hablar o moverse, sintió que aquellos recuerdos y ese anhelo volvían a ella.

Sintió sus sentimientos volver como si hubieran estado desaparecidos con él, y ahora los traía en una ola que la envolvía gentilmente.

—Kochou...¿Qué tienes? ¿Ahora eres muda? — cuestionó Giyuu con inocencia pero siendo tan torpe con las palabras como de costumbre.

—¡Estos días todos quieren matarme! Ah Tomioka-sensei, casi sentí que me daba un paro cardíaco por tu culpa, sigues siendo igual impuntual. — Regañaba recuperando el aire con tono agridulce, no pudo seguir cuando la detuvieron para abrazarla con fuerza, le quitaba la posibilidad de dar cualquier intento de golpe como antes.

—Lo lamento, no pude subir rápido, me lastime el tendón en el torneo... —su forma de hablar era la misma al justificarse, su aroma era el mismo. Estaba enfadada pero también sentía sus ojos arder, maldecía el haberse vuelto tan sensible.

Aflojó lo suficiente para golpear la espalda del pelinegro y abrazarlo mientras hablaba —Ara ara, no cambias ¿Siempre vas a necesitar que te cuide como a un niño? ¿Eso quieres verdad?. — se forzó a soltar una risita entre sus brazos dejando de ocultar su alivio.

El azabache era una marea de sentimientos, generalmente hubiera puesto una cara de poker pero levemente sonreía pese a su mirada cansada.

—No soy un niño.— la contradijo sereno dejándose llevar en ese abrazo unos minutos más hasta que ella se quedó quieta y en silencio correspondiendo.

El peso de esos años se iba, ambos eran como adolescentes, nerviosos e inseguros.

Mucho podía pasar en esos cuatro años, de hecho ambos se veían algo distintos, ambos habían sacrificado mucho, el renunciar situaciones, a personas nuevas... Cómo ganado otras.

Pero todo había valido la pena ahora que sentían el calor del otro. En el fondo, seguían siendo los mismos, con los mismos sentimientos.

—Te amo... —susurró la pelinegra ahora segura de que decirlo no causaría desastres, sin importar la respuesta.

Un simple susurro le regreso la paz mental a Tomioka que después de meditarlo, se separó de ella para tomar algo de su bolsillo y colocarlo en la mano de ella.

—Si aún lo deseás... Toma mi mano, y camina a mi lado Shinobu, el resto de nuestros días. —propuso después de entregarle anillo de juguete que guardo por tanto.

La pelinegra de ojos amatistas sonrió con sincera seguridad y asintió colocándose el anillo en el dedo anular sin dejar de mirar esos pozos azules dónde tanto extraño verse reflejada.

—Vamonos... juntos, Giyuu, en esta y todas las vidas que quieras — ofreció tomando su mano después de aceptar la propuesta —, Volvamos juntos a casa. — no iba a huir de sus sentimientos, ya no tenía miedo de fallar.

Juntos, empezaron a caminar, de nuevo uniendo su camino y está vez de manera definitiva a un futuro aún incierto, pero que estaban dispuestos a enfrentar cuidando del otro.


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N.A:

Hola! Espero hayan disfrutado la lectura, perdón si es un poco largo, este fue el primer fanfic o mas bien one shot que escribí... espero que aqui tambien tenga buen recibimiento, gracias por leerme.

¡HastaPronto! con cariñño, Bunny.🖤