𝐋𝐢𝐤𝐞 𝐫𝐞𝐚𝐥 𝐩𝐞𝐨𝐩𝐥𝐞 𝐝𝐨|𝙎𝙤𝙪𝙠𝙤𝙠𝙪

Summary

No es que Dazai no piense en sexo. Se sorprendió a sí mismo al mirar las caderas de Chuuya en el pasado. Chuuya, la fuerza imparable de la naturaleza que no tuvo reparos en presentarse a Dazai a los quince años. Dazai, un objeto inamovible, con un séquito de amigos falsos y una lengua de plata. Chuuya, bonito con una especie de belleza anárquica que sólo encuentras en criaturas de otro mundo; etéreo en formas que ninguna deidad podría soñar con rivalizar. Chuuya, ruidoso y malhablado, justo y compasivo. También el mayor dolor de cabeza de Dazai. Esta historia incluye: • Tranftm Chuuya • Acespec Dazai (aun no lo sabe) •Fluff, smut y angst leve

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Primer y único capítulo • Primera vez

—¿Has tenido relaciones sexuales antes? —


A Dazai le tomó un minuto recomponerse.


Está seguro de que su rostro no revelar nada, pero la exasperante inclinación de los labios de Chuuya significa que, una vez más, ha fracasado en engañar a su mejor amigo. Sólo Chuuya podría plantearle una pregunta así como si le estuviera preguntando que hiba a cenar esa noche. Lo dice mordisqueando una rodaja de sandía, y Dazai decididamente no está mirando su boca.


Dazai quiere alardear de todos los hombres con los que se ha acostado, pero sólo es un adolescente de dieciocho años que toma antidepresivos que afectan su libido en los mejores días.


Sin embargo, la realidad es que en años anteriores el sexo parecía una gran hipótesis. Lo que hacían los personajes de ficción en las películas: un beso embriagador y luego una terrible salida de ropa esparcida por el suelo y una panorámica de una pareja heterosexual que yacía jadeando y sonriendo como si acabaran de describir que estaban heredando Genovia, en una cama demasiado prístina. La mujer tendría el edredón hasta el pecho y solo ocultaría las regiones inferiores del hombre. Qué asco.


No es que Dazai no piense en sexo. Se sorprendió a sí mismo con la mirada fija en las caderas de Chuuya en el pasado. Chuuya, la fuerza imparable de la naturaleza que no tuvo reparos en presentarse s Dazai a los quince años. Dazai, un objeto inamovible, con un séquito de amigos falsos y una lengua de plata.


Chuuya, bonito con una especie de belleza anárquica que sólo se encuentra en criaturas de otro mundo; etéreo en formas que ninguna deidad podría soñar con rivalizar. Chuuya, ruidoso y malhablado, justo y compasivo. También el mayor dolor de cabeza de Dazai.


Una interrupción en su vida. El día en que  los planetas se alinearon para traer la perdición a Dazai. O eso se dice a sí mismo, demasiado consciente del sabor amargo del autoengaño.


Sin embargo, tiene una reputación que mantener.


Tan pronto como la primera sílaba de afirmación salió de su boca, su mejor amigo, huele la mentira en la punto de de su lengua.


Chuuya resoplo. —¿Por qué estás tan avergonzado? No estoy tratando de burlarme de tí.— Dice. Dazai le lanza una fulminante. —Sorprendente, lo sé. —


Sin embargo, por muy confiado que parezca, las mejillas de Chuuya están teñidas de rosa. Clavó la uña del pulgar en una semilla de sandía, con tres cáscaras masticadas a su lado.


—Sólo me avergüenza la pregunta infantil de Chuuya.— Dice Dazai con la mayor indiferencia posible, evitando aún la cara de Chuuya. Su mano se cerró en un puño, tensa y temblorosa, formando medias lunas en su palma. —¿Qué tenemos, dieciséis?—


—Dios, Dazai. Está bien si no lo has hecho.— Chuuya obligó a Dazai a colocar el brazo en su regazo, y él siempre ha sido el más fuerte de los dos. Apenas costó lograr que relaje su mano, y Chuuya no lo suelta. Dazai realmente debería pensar más en el gesto. —Yo tampoco. Por cierto. —


—¿Qué? — Los ojos de Dazai se abrieron como platos por una fracción de segundo. Suficiente para justificar la risa de Chuuya. Se aclaró la garganta. —Pero has tenido parejas antes. —


El sabe que son jóvenes. Que no existe una edad mínima aceptable para perder la virginidad. Pero en la secundaria no era raro ver a Chuuya seguido por una fila de pretendientes, tanto hombres como mujeres; ojos sombríos y compitiendo por un poco de su atención. Con algún que otro caso atípico. Simples hormigas que, como acababa de enterarse, nunca lograron meterse a la cama de Chuuya.


Fue con risita triunfante que Dazai disfrutó del hecho de que, la mayoría de las veces, Chuuya elegía pasar su tiempo con él.


Quejándose, quejándose y quejándose de ello, tal como lo hace Dazai hasta el día de hoy. Un juego de arrojar palabras odiosas pero sin sentido sin un ganador claro a la vista.


—¿Entonces? — Chuuya jugueteo con las cuentas rojas de sus pulseras a juego. Otro capricho más, pero por descoloridos que estén, ambos los han mantenido en condiciones casí impecables, tres años después. Se froto el labio inferior entre los dientes. —M-joder. Está bien, lo que sea. Realmente nunca me sentí... cómodo. Con ellos. Con mi cuerpo, a veces. Dios, por qué te estoy admitiendo esto. —


Una gota de sangre goteo por el labio agrietado y maltratado. Antes de que realmente pueda procesarlo, Dazai se inclinó hacía adelante para atraparla con su pulgar para que no caiga por el mentón. Y entonces, ambos se sintieron paralizados en el frío piso de madera del dormitorio de Chuuya, un poco demasiado cerca; sospechosamente cerca.


— Tu también podrías haber tenido una cita o pareja. — murmullo Chuuya mientras Dazai se limpiaba el dedo con el borde de su camisa. — Incluso un bastardo como tú tenía bastantes oportunidades. —


Sí, a Dazai no le faltaban pretendientes. Se sentían demasiado cómodos con él para su gusto; sentando en su escritorio con sonrisas irregulares que le revolvían el estómago, preguntando por sus vendajes, tocando y arrastrando las yemas de los dedos por la casa. Para los hombres, generalmente terminaban con el puño de Chuuya impactado en sus caras.


Eso le costó a Chuuya mucha detención. ¿Y qué podría hacer Dazai? Excepto que lo enviarán a detención también.


Desafortunadamente, de verdad. Ser salvado por Chuuya, quien ni una sola vez intentó descubrir la verdad que Dazai esconde debajo de las vendas hasta que él muy voluntariamente se la ofreció; el decimosexto cumpleaños que lo pasaron juntos bebiendo vino barato en una azotea. Sin juicio. Sólo una curiosidad inocente que tocó la fibra sensible de Dazai.


Cada vez que Dazai intentaba encontrar razones para alejarse de Chuuya, le daba diez más para quedarse a su lado.


—Por supuesto. Podría haber tenido a quien quisiera.— dice, como si la sola idea de salir con cualquiera de esos antiguos admiradores no lo llenará de temor y disgusto. —Podría tener a quien quisiera. A diferencia del pobre de tí, Chuuya, que te quedaste con el grupo más feo de seres humanos. —


Chuuya mostró una sonrisa lobuna. Una que tiene más dientes que labios, combinado con un brillo en sus ojos que presagia problemas. —Creo que alguien está celoso. —


—¿Yo? ¿Y por qué querría salir con un baboso como tú, hmm? — Con los brazos cruzados sobre el pecho, Dazai muestra su propia sonrisa e ignora las implicaciones detrás de las palabras de Chuuya. —Con lo pequeño que eres, apuesto a que terminaría aplastandote. No quiero que me acusen de asesinato. —


—Naciste imbécil, siempre un imbécil, — espeta Chuuya sin morderlo. Dazai puede darse cuenta de que algo le molesta: pasó de jugar con el brazalete a juguetear con la Palma de Dazai, que seguía sobre su muslo. Trazó las líneas que se entrecruzaban. —Así que estaba pensando...—


—¡Qué descubrimiento! Eres capaz de tener pensamientos reales. — Dazai vuelve su mirada hacia Chuuya, buscando, hasta que los ojos azules y cafes se suavizaron. —Por fin puedo terminar mi tesis sobre los diminutos cerebros de las babosas y su contribución al ecosistema.—


—Lo digo en serio, idiota. Deja de bromear por un maldito segundo, — ladra, y oh. Dazai se mueve para poder enfrentar a Chuuya adecuadamente, pronuncia una línea delgada para transmitir un voto de silencio, al menos hasta que termine con su pieza, —es una mierda experimentar esta–rara disonancia con mi cuerpo. Como si realmente no... correspondiera. No lo odio, pero tampoco... he hecho cosas. Conmigo mismo, pero en realidad nunca, um... no lo he hecho, Dazai. Sé lo que estás a punto de decir. Callate la boca. Por el amor de Dios. Bueno. Deseo-...—


Siempre es un poco desgarrador cuando Chuuya habla abiertamente de su disforia. Dazai tararea, más que nada para hacerle saber que está aquí y presente, escuchando, y Chuuya exhala lentamente; lleno de alivio. Ha incursionado un poco de sus propios problemas de género, pero nada que profundice en el ámbito de su cuerpo. Le duele que no haya nadie a quien pueda hablar dulcemente o sobornar para que las difíciles experiencias de Chuuya desaparezcan.


—Chuuya, — insiste Dazai, suavemente, apretando la mano temblorosa de Chuuya. —Dilo.—


—Maldita sea. Bien. Confío en ti, ¿vale? Sabes que que lo hago. — Chuuya se acuesta boca arriba y la mano de Dazai todavía está fuertemente apretada entre la suya. Casi como una ocurrencia tardía. Su peso y calidez lo tranquilizan. —Confío en ti. Sé que no serás malo, ya que sería el primero... Y es... conveniente, supongo. Que somos mejores amigos. Entonces deberíamos hacerlo. Uf, ¿por qué esto es tan jodidamente difícil? Deberíamos tener sexo. Para terminar con esto. Ya. Lo dije. Puedes reírte ahora.—


Dazai no está seguro de si alguna vez le ha expresado sus sentimientos encontrados con respecto al sexo a su mejor amigo. Se dejo caer a su lado, uniendo sus manos como cojín para levantar la cabeza. Chuuya emite un tarareo evasivo.


La culpa suele acompañar a los murmullos en la parte posterior de su cabeza cuando se trata de los placeres del cuerpo. Puede contar con una mano la cantidad de veces que se ha masturbado alguna vez, siempre con náuseas y desesperado por qué termine. Dazai no puede precisar qué es lo que le hace tener tantas ganas de vomitar en el sexo.


El último año lo convirtió en objeto de deseos, pero Dazai no cree haber experimentado ese tipo de calor.


Tal vez. No está muy seguro pero sí muy reacio a averiguarlo.


Aunque si es con Chuuya...


La única persona en la que ha confiado lo suficiente como para mostrar su piel llena de cicatrices. La única persona que lo como algo más que su lucha contra la depresión. El que casi derriba a Dazai cuando se atrevió a sugerir que no era humano en lo absoluto, lo que le valió un ojo morado y un labio partido.


Chuuya, Chuuya, Chuuya.


Si mira más de cerca, Dazai podría tropezar con una epifanía.


Hoy no, aparentemente.


Respiro hondo, deseando ocultar su rostro en llamas en el dorso de la mano de Chuuya. —Bueno.—


—Piensa en ello como un experimento científico, nosotros...— Chuuya parpadea; una, dos, tres veces en rápida sucesión. Para una habitación tan grande, seguramente terminaron atrapados como sardinas. Tiene que moverse un poco para poder girarse y mirar a Dazai, con los ojos muy abiertos y boquiabierto. —¿Que acabas de decir?—


Dazai resopla, tratando de enmascarar el repentino tirón en su voz con molestia. —Dije que tendré sexo contigo, Chuuya. Para enseñarte cómo es el verdadero placer.—


—Alguien es arrogante, —bromea Chuuya, con una perfecta ceja levantada, preparándose para golpear con el codo el costado de Dazai. —Tal vez te enseñe algo.—


—Lo siento, no acepto lecciones de perros.—


—Maldito imbécil.—


Se echaron a reír y el sonido de la alegría de Chuuya es melodioso y contagioso. Dazai se incorpora al coro casi de mala gana; Preferiría mirar y cometer el arrugamiento de los ojos de Chuuya mientras echa la cabeza hacia atrás y casi la golpea contra el armario. La necesidad de meterse un rizo ardiente detrás de la oreja es abrumadora. La risa que brota de él es inesperada, pero oh, cómo le gusta la forma en que armoniza con la de Chuuya. Con el corazón latiendo fuerte y rápido en su pecho, Dazai sigue adelante. Chuuya se sobresalta, pero se recupera rápidamente. Revolotea entre los ojos entrecerrados de Chuuya y sus labios, y hay un ruido sordo en su vientre que Dazai no está del todo seguro de que tenga algo que ver con ponerse caliente. ¿Hay alguna manera de que puedan unirse más, aún más?


Sus labios están agrietados, pero de todos modos lucen suaves. Dazai quiere tocar, tocar y tocar. Quiere pellizcarse el labio inferior entre el pulgar y el índice. Quiere juntar sus bocas con el único fin de respirar a Chuuya; el regusto a sandía y su pasta de dientes de menta, el olor a protector solar en su rostro por haber pasado la tarde afuera.


La garganta de Chuuya se mueve cuando traga. —¿Ahora?—


—Yo…— Dazai acuna la mejilla de Chuuya. Es cálido al tacto y muy, muy suave. Los besos han sido pocos y lejanos en la vida de Dazai; Bueno, aunque increíblemente aburrido. Nunca ha visto el atractivo de intercambiar saliva con otra persona. Y, sin embargo, la idea de besar a Chuuya no lo llena de temor. Quiere besar a Chuuya, y lo desea tanto que ni siquiera puede encontrar un solo argumento en contra. —Sí. ¿Quieres?—


Encuentra la palabra que mejor describa este extraño anhelo. El anhelo no lo es todo; La electricidad recorre todas las terminaciones nerviosas de los labios de Dazai, pero el hambre no proviene de algún lugar profundo y bajo de su vientre. Curiosamente se siente tranquilo. A salvo, en este bolsillo; en este preludio de cariño. Este cuerpo suyo, el más relajado que ha estado en semanas.


—Alguna vez…?— Murmura Chuuya, su voz baja y áspera, sus ojos cerrados.


Viene con un momento de vacilación (allí y desaparecido), y Dazai inclina la mandíbula de Chuuya, obteniendo una vista desde el asiento delantero de las pecas en la piel calentada por el sol. Admira el suave puente de la nariz de Chuuya, tentado a pasar el dedo por su inclinación. Su mano se mueve antes de apretar ligeramente el hueso y acercarse.


Dazai no piensa en lo que vendrá después. No la maraña de miembros, las respiraciones dificultosas, el sudor que se les pega.


Él sólo conoce este momento.


Sus labios apenas tocan los de Chuuya en la sombra de un beso, y cree que emite un gemido ahogado. Una mano tira de la tela de su camisa, la de Chuuya, más pequeña que la suya, insistente en su vestimenta. Dazai se ríe. Parte de la tensión abandona sus músculos tensos. Ese es tu Chuuya. Tal vez no sea el suyo en la forma en que Dazai sospecha que quiere que sea, pero ciertamente el Chuuya que muestra una sonrisa torcida y se acerca para cerrar la distancia restante entre ellos.


Entonces-


Una puerta se abre de golpe en el primer piso. Con un grito, Chuuya salta hacia atrás, arrastrando a Dazai con él y golpeando sus frentes antes de empujarlo hacia el lado opuesto de la habitación. Es completamente rojo; desde sus pómulos hasta su cuello y desapareciendo debajo de la plata de su clavícula expuesta por su camiseta sin mangas. Chuuya no se molesta en usar binder en casa cuando están solo ellos dos.


—¡Chuuya!— Llega la (desafortunada) alegría de la voz de Adam. Un crujido revela lo que probablemente sean bolsas de plástico para la compra. Dazai sabe con certeza lo que va a decir a continuación: —¡Ven a ayudarme a guardar esto! Ah, Dazai-kun. No sabía que vendrías de visita.—


Adam dice algo más que Dazai no entiende. Está demasiado ocupado arrastrándose hacia Chuuya para controlarlo, apenas capaz de oír por la sangre que corre hacia sus oídos.


—Chuuya,— dice, deteniéndose antes de que pueda mover la punta de su nariz donde el rubor es más rojo. Probablemente no sea mejor, pero Dazai se sorprende al descubrir que... le falta algo; y, sin embargo, no está tan molesto como cree que debería estar. —Chuuya, pareces un tomate. Incluso el ketchup, la salsa más asquerosa inventada por el hombre.—


—Dice el que va camino a darle una oportunidad a la granadina.— Chuuya se sienta, trayendo a Dazai con él. Se sientan uno frente al otro, inmóviles, pero Dazai sabe que Chuuya está sacando sus propias conclusiones. Es decir, el hecho de que hoy no van a hacer nada con Adam y su maldita gran audición. Algo parecido al alivio inunda a Dazai, seguido de culpa. —¿Mañana? Papá va a una cena de trabajo con su jefe. No estaré en casa hasta tarde.—


Dazai sonríe. Al menos, no hay nada de falso en ello. Qué efecto tan aterrador tiene Chuuya sobre él. —Mañana.—


                ♡♡♡♡♡♡


Las casi veinticuatro horas que separan el jueves del viernes pasan en un abrir y cerrar de ojos.


No ayuda que Dazai se quedara despierto hasta bien entrada la hora de las brujas, pero está acostumbrado en este momento de su vida. El sueño se le escapa en los mejores días hasta que finalmente se desmaya por agotamiento. ¿Un hábito saludable? Ciertamente no. Sin embargo, hay pequeños lugares donde te sientes lo suficientemente seguro como para dejarte llevar y dejar que el reino de los sueños te reclame durante más de tres horas seguidas.


Él frunce los labios. Que la cama de Chuuya, su edredón mullido y su presencia jugando en su PSP en la oscuridad junto a él sean uno de esos lugares es completamente una coincidencia.


El viaje entre el departamento que comparte con un viejo amigo de la familia (debido a su fallecimiento) y la casa de Chuuya no es tan largo, pero a cada paso que da Dazai ve el camino frente a él estirándose y adelgazando a su alrededor hasta que tiene que tomar. un descanso para intentar respirar.


Después de casi media hora que deberían haber sido diecinueve minutos, Dazai llama a la puerta de su mejor amigo lo suficientemente fuerte como para despertar a todo el vecindario.


—Qué carajo,— espeta Chuuya mientras abre la puerta y lo hace entrar. Dazai se ríe con petulancia y Chuuya le da una patada en la espinilla. O al menos lo intenta, porque lo esquiva y el golpe termina en un simple roce del pie de Chuuya sobre la pierna de Dazai. —Sabes que puedo meterme en problemas por eso, ¿verdad?—


—Razón de más para hacerlo, querido Chuuya,— dice Dazai. Todavía están en el pasillo, iluminado sólo por una ventana abierta en la pared del fondo.


—Hmm. No dirás eso cuando me castiguen durante toda la universidad.— Chuuya inclina su cabeza, irradiando un aura engreída que no debería ser tan convincente —Me extrañarías demasiado como para arriesgarte, ¿verdad?—


—¿Estás bromeando? He estado esperando el día en que nunca más tenga que ver la fea cara de Chuuya.—


En lugar de morder el anzuelo, Chuuya se gira hacia las escaleras, balanceando sus caderas. Su voz es baja mientras habla antes de desaparecer, —sea mi invitado. La puerta está justo ahí.—


¿Y qué podría hacer Dazai excepto seguirlo?


No sin arrastrar sus pasos y quejarse de la falta de hospitalidad de Chuuya, pero seguirlo de todos modos.


Cuando llega al dormitorio, Chuuya está acostado boca arriba en su colchón, mirando las estrellas brillantes en el techo y jugueteando con los cordones de su sudadera con capucha azul marino. Dazai lo había engañado haciéndole pensar que ciertos arreglos pertenecían a constelaciones inventadas que él conservaba de todos modos; mostrándolos, incluso. Un recordatorio del hecho de que compartes algo y te das cuenta de que esto realmente está sucediendo.


Deja la bolsa colgada sobre su hombro y camina el resto del camino para pararse, incómodo y rascándose el codo, justo delante de la cama. Chuuya resopla, señalando con un dedo torcido a Dazai para que se acerque. Así lo hace. Su rodilla sobre el edredón, luego el resto de su pierna. Se acerca cada vez más hasta que Chuuya tira de su brazo y cae sin ceremonias encima de él.


—¿Estás nervioso?— Chuuya pregunta alrededor de su cabello. Exhalando, Dazai se levanta hasta quedar sentado. —Está bien si-..—


—¿Por qué habría de estarlo?—, dice Dazai, la imagen perfecta de compostura, a pesar de que su cerebro se dispara y se esfuerza y se estresa ante su inminente perdición. Mientras que el cuerpo de Chuuya es cálido, el de Dazai es frío.


—Estás siendo la herramienta más masiva en este momento.— Chuuya se masajea el puente de la nariz, pero su mirada se suaviza y Dazai no se lo merece. La gentileza allí, una que ha catalogado y sabe que está dirigida únicamente a él. —Bueno, estoy muy nervioso. Tú- estamos a punto de...—


—Nunca pensé que te vería tartamudear.— Joder. Se puso lo más cómodo que puede entre las piernas de Chuuya, sin estar seguro de lo que viene después, de lo que debe hacer ahora. —Es entrañable.—


Chuuya no hace más que observarlo durante largos y duros segundos. La nuca de Dazai se eriza ante el incómodo escrutinio. —¿Seguro que quieres hacer esto?—


¿Realmen quiere?


Dejó que Chuuya analice los indicios más pequeños y simplemente... dándose cuenta de que algo podría estar mal.


Dazai no se había atrevido a pensar en la posibilidad la noche anterior, demasiado asustado de descubrir que tal vez no... No. No era una falta de deseo, eso es lo que Dazai pudo suponer. Quiere estar con Chuuya; él realmente, realmente lo hace. Son, bueno, los aspectos del encuentro los que podrían estar inquietándolo.


Chuuya es tan despreocupado en su facilidad para tocar a los demás, donde la perspectiva de compartir la más mínima intimidad hizo que Dazai se sintiera incómodo. No era como si no pudiera intercambiar fisicalidades con los demás -es el escudo perfecto para crear la impresión de que todo está bien, en todo momento-; podría ser un mal necesario, pero verdaderamente...


Divertido. Chuuya siempre ha sido la excepción, ve a través de él, y Dazai no es tan tonto como para no poder notar que hay ciertas exhibiciones que su mejor amigo reserva solo para él. Sosteniendo su mano por la acera, pasando sus dedos por el cabello de Dazai cuando se queda dormido sobre el hombro de Chuuya en el metro, sin dudar nunca en compartir cama con él cuando pasa la noche.


Y siempre surge como una elección.


—Dazai. ¿Tú-..—


Dazai no piensa en eso. Aplasta sus labios; duro y desordenado y por una fracción de segundo Chuuya se derrite contra él, abriendo su boca para darle la bienvenida.


Luego retrocede.


—Dame una maldita respuesta, Dazai,— sisea, con la boca brillante por la saliva. —No haremos nada hasta que tú lo hagas. Y no me mientas.— Chuuya entrecierra los ojos y luego agrega: —por favor.—


Le toma un momento darse cuenta de que ha estado mirando, hipnotizado. Lleva el pulgar para trazar el contorno de sus propios labios hinchados. Eso no había sido una mierda. De nada. En lo mas minimo. Parte de la preocupación se disipa de su sistema y maniobra a Chuuya para sentarlo en el regazo de Dazai.


—Sí,— dice. Sus brazos rodean la cintura de Chuuya y Dazai entierra su rostro en la curva de su hombro. Seguramente ya no hay necesidad de ocultar el ruido de su corazón. —Chuuya.—


El siguiente beso es suave, una auténtica introducción. “Hola, cómo estás.” Se mueven juntos como si hubieran coreografiado este baile de antemano, telegrafiando los movimientos del otro y cayendo en un tira y afloja como el ir y venir de las olas rompiendo en la orilla. Chuuya lame las comisuras de su boca y los labios de Dazai se abren para él, sin aliento.


No hay prisa. Dazai se permite disfrutar de la cercanía. Le molesta que haya calor en su vientre donde no lo hay; eso es lo que dicen la mayoría de los libros de todos modos, pero cada movimiento mientras persigue a Chuuya viene con una emoción y un hormigueo en las puntas de sus dedos donde lo mantiene firme.


Sí. A él le gusta esto. Le gustan los sonidos frustrados que hace Chuuya cuando tira del cabello de Dazai.


Se separan sólo para recuperar el aliento. Chuuya lo sostiene con sus brazos relajados alrededor del cuello de Dazai, jadeando y deliciosamente sonrojado.


Dazai hizo eso.


—Por supuesto que el desperdicio de vendajes es un buen besador.— Chuuya mueve sus caderas, sus fuertes muslos lo rodean y, por primera vez, Dazai siente un pequeño indicio de fuego en sus venas. —Te odio, joder.—


—Todo lo que escucho es que Chuuya piensa que tengo mucho talento básicamente en cualquier cosa,— canta Dazai con la lengua asomando, es decir, hasta que Chuuya la muerde lo suficientemente fuerte como para sacar sangre. Tarareando, Chuuya calma la herida con la suya. —Lo sabía. Chuuya realmente es un perro.—


Las comisuras de los labios de Chuuya se arquean. Besa a lo largo de los bordes de la boca de Dazai, hasta la mandíbula y el pómulo, la nariz y la frente; Besos fugaces que se suman aún más al polvo rojo que cubre todo el rostro de Dazai. —Tú eras el que prácticamente babeaba todo sobre mí.— Frunciendo el ceño, Dazai elige ignorar el golpe y se mueve para deshacerse de la sudadera con capucha de Chuuya. Más bien obedientemente, pero aún intentando morderlo una vez más, Chuuya obedece y levanta los brazos. No tiene por qué ser tan lindo. O usar uno de sus binders, ya que están solos. Un puchero llega a los labios de Dazai.


—¿Qué? Jesús, hoy salí más temprano,— explica Chuuya, todo altivo y molesto, siempre el maldito mocoso. Él levanta una ceja, la amenaza. —¿No me digas que no puedes quitármelo?—


Dazai se burla. —Por favor. Sé exactamente lo que estoy haciendo.—


Resulta que sacarlo de su binder es todo un problema, si es que se le puede llamar lucha. Este en particular viene con una fila de cierres sobre el lado izquierdo de Chuuya (para que pueda salir más rápido, se burla de Chuuya). El único intento de Dazai de juguetear con el sostén de una niña fue solo un éxito a medias y sirvió para darse cuenta inmediata de que no le gustaban mucho las chicas. O juguetear con sujetadores.


El binder de Chuuya es una ofensa flagrante contra las manos ágiles y hábiles de Dazai, porque quiere arrancarlo de su pecho, aunque no sabe exactamente por qué. Pasa un dedo por las costuras invisibles. Ha visto a Chuuya con el torso desnudo antes, una de esas pequeñas demostraciones de confianza y vulnerabilidad que nunca falla en hacerlo sentir emocional. En el interior, por lo menos.


Puede sentir a Chuuya impacientarse, sonrojarse y retorcerse en el regazo de Dazal. Aún así, no hace nada para instar a Dazai a actuar. Finalmente, busca el primer cierre, tira, intenta desengancharlo, pero no cede. Un gruñido surge del fondo de su estocada. Lo vuelve a hacer.


Se hace evidente rápidamente que Dazai no sabe lo que está haciendo. No se le puede culpar por este percance cuando el aglutinante maldito continúa conspirando contra él. Dazal quiere... Él- él quiere ver a Chuuya; todo él. Lo cual no será posible si no le quita la prenda.


—Chuuyaaa...— Se queja Dazai, poniendo sus mejores y más aclamados ojos de cachorro. Los que siempre le consiguen lo que quiere. —Vamos.—


—Chúpala, hijo de puta.— Chuuya estira los brazos por encima de la cabeza, como un gato y con gracia. Lo mira con una sonrisa perezosa. —Aquí no recibirás ninguna ayuda.—


Entonces así es, eh. Dazai dirige su atención a la piel inmaculada de la clavícula de Chuuya, su mirada recorriendo las leves pecas rojizas. Su boca reemplaza el rastro que había estado dibujando con sus ojos, sumergiéndose para chupar el hueco entre los huesos que sobresalen por pura curiosidad y...


Chuuya hace un sonido confuso y de sorpresa. Dazai se aferra al lugar hasta que una marca púrpura florece en su carne, y sólo entonces se retira para admirar su obra. No es tanto la calidad de la acuarela sino la vista de la boca de Chuuya colgando parcialmente abierta, con los ojos vidriosos, lo que aporta calidez a la parte trasera del cuello de Dazai.


Su polla, en su mayoría desinteresada, se mueve en sus pantalones. Dazai odia cómo su cuerpo no responde como él quiere, cuando Chuuya luce tan exquisito bajo sus cuidados; La boca de Dazai sacaba esos gemidos entrecortados con cada succión. Parece que ya debería estar a toda velocidad.


—Es casi como si Chuuya no quisiera que me lo follara—, dice Dazai, y si suena demasiado sensato para alguien que se supone que está perdiendo el control, Chuuya no comenta al respecto. —¿Se está descamando mucho?—


—La noche es joven.— Chuuya levanta la cabeza de Dazai con un puño tirando de su cabello. Le duele el cuero cabelludo, pero agradece el dolor. —Sin embargo, sería bueno que esto sucediera en este siglo.—


Dazai le da una última oportunidad, hasta que aproximadamente un tercio de los cierres están sueltos pero el resto todavía está decididamente en su lugar. Su toque es tan ligero que Chuuya parece no poder decidir si quiere presionarlo o desviarse, con los ojos iluminados por la diversión. Entonces Dazai busca la mejor opción y muerde su clavícula. Las caderas de Chuuya se mueven contra su suave polla.


—¿Estás bromeando?— Chuuya hierve, o lo intenta y cae deliciosamente. En opinión de Dazai, no parece demasiado molesto para alguien que se queja de unos pequeños dientes en la piel. —¿Y yo soy el perro? Joder. Sólo joder.—


—Mmm... creo que Chuuya quiere que lo haga de nuevo.—


En lugar de responder, Chuuya guía las manos de Dazai con las suyas durante el proceso de desabrochar el resto del binder. Es lento e incómodo con sus dedos enredados, Dazai ocupado lamiendo rayas mojadas en el cuello de Chuuya. Parece bastante sensible en ese aspecto, observa Dazai con satisfacción. El polvo del vino de cereza de sus pómulos se extiende hasta el cuello; un extraño contraste con el collar desigual de mordiscos violetas en su piel.


Por fin, Chuuya se sale del binder, sin aliento y gruñendo por la falta de cooperación de Dazai. Atrae a Dazai para darle un beso embriagador, pero no es suficiente para ocultar el temblor en sus extremidades. Dazai lo empuja con cautela hacia el colchón.


No es nada que no haya visto antes, pero hay una gravedad diferente en este acto de desnudez.


En veranos duros como este, Chuuya deambula por la casa vestido únicamente con pantalones cortos. No le había tomado mucho tiempo renunciar por completo a los binders y las camisas frente a Dazai.


Un privilegio.


—Dazai,— murmura, guiando los brazos de Dazai hacia su estómago expuesto. —Puedes tocarme.—


La piel es suave bajo sus manos, salpicada de pecas y lunares que podría convertir en constelaciones. Dazai toma esto como el regalo que es; pasando sus dedos por cada hueco y grieta: el hueso que sobresale de sus caderas, el encuentro de sus hombros, el lugar donde se flexiona su brazo. Cada golpe viene con un jadeo que sale de los labios de Chuuya, y Dazai bebe de cada uno.


Ahora, él no sería Dazai si no evitara deliberadamente los pechos de Chuuya. Son del tipo pequeño perfecto y está seguro de que podría sostener cada uno con una sola mano. Las sensaciones de su propio cuerpo se sienten tan lejanas, casi como una ocurrencia tardía; Dazai sólo conoce la urgencia e impaciencia con la que Chuuya intenta obligar a Dazai a tocarlo donde quiera y el hormigueo en la nuca cada vez que Chuuya lo mira.


Cuando Dazai se acerca lo suficiente a la parte inferior de su mandíbula, Chuuya aprovecha la oportunidad y se gira para morderle la mano con dureza. —Estás viendo.—


—Eres hermoso,— las palabras se le escapan sin permiso, pero descubre que no podría haber mentido incluso si lo hubiera intentado. Chuuya farfulla. —Nunca había visto a alguien tan hermoso, Chuuya.—


—Tú... deja de perder el tiempo,— espeta Chuuya débilmente. Realmente no han hecho nada y él ya está lo suficientemente excitado como para freír un huevo sobre su piel caliente. Dazai desearía poder decir lo mismo de sí mismo. El peso de su casi inexistente excitación pesa sobre sus hombros, pero en realidad disfruta tocar a Chuuya de esta manera. —Oye. Hola, Dazai. Puedo oírte pensar.—


Dazai muerde el labio inferior de Chuuya y susurra contra su boca: —No creo que Chuuya sepa lo que es pensar, ya que nunca ha producido un solo pensamiento en su vida.—


—Eso no es…— Chuuya se estremece. —Eso no es tan sexy en absoluto.—


Esta vez, Dazai obedece. Sus manos recorrieron todo el camino hasta la curva de sus senos, observando ardientemente cómo la respiración de Chuuya se acelera y sus piernas se abren un poco, y había tenido razón; Puede colocar toda tu palma alrededor de ellos. Eso hace que algo se revuelva en el estómago de Dazai.


Pasa los pulgares por los pezones rosados y erectos; Los clavo, arañaron y atraparon y provocaron un largo silbido de Chuuya. Sin dudarlo un poco, y antes de que pueda pensar en ello, Dazai se lanza hacia adelante para tomar una de las protuberancias endurecidas en su boca.


—Mierda. Dazai-..— Chuuya llora, sus dedos se curvan y desenroscan alrededor del cabello de Dazai. Luego muerde y las caderas de Chuuya se elevan. —Eso-...—


Lo lame antes de girarse para darle la misma atención al otro, moviendo y pellizcando la otra protuberancia con sus dedos. Chuuya jadea y Dazai mira lascivamente: —¿El gato te comió la lengua?—


—Tú... lo deseas.— Chuuya golpea los hombros de Dazai con sus puños para hacerlo sentarse sobre sus talones. —Eres tan jodidamente injusto. Bastardo. Quitate esto.—


Riendo, Dazai se quita la camisa y se queda con las vendas alrededor del cuello y los antebrazos. Un Chuuya hambriento no pierde el tiempo chupando y mordiendo la piel debajo de la gasa. Es descuidado y apresurado en su búsqueda para marcar y mapear el cuerpo tembloroso de Dazai con su boca, y se siente... Dazai no sabe cómo sentirse.


Estallidos de dolor lo hacen buscar el cuidado de Chuuya, pero le falta esa… esa… alegría que había visto en las pupilas hinchadas de Chuuya. Es el entusiasmo descuidado que exhibe Chuuya lo que deja a Dazai sin aliento.


—Mmh...tú...Chuuya puedes quitar las vendas.— Dice, casi desesperado por estar igual de desnudo. Chuuya ha visto cada una de sus cicatrices, reparando un par de ellas en esas raras ocasiones en las que Dazai le pide ayuda. No hay necesidad de barreras entre ellos.


—No es necesario, ya sabes,— tararea Chuuya. Frota su nariz contra la de Dazai. —Esto es diferente a aquellos tiempos.


Dazai esboza una pequeña sonrisa privada. —Por favor. Quiero que lo hagas.—


—¿Dazai Osamu siendo educado? ¿Diciendo por favor?— Chuuya sonríe y desenrolla las tiras blancas de tela con cuidado, revelando primero la cicatriz de la quemadura de la cuerda alrededor de su cuello, luego la piel texturizada de sus brazos. Dazai observa, paralizado, mientras roza besos apenas visibles sobre las líneas gruesas. Cada uno de ellos. Algo florece en el pecho de Dazai. —Estoy muy, muy feliz de que estés vivo, Dazai.—


Abrumado por la sensación, acomoda a Chuuya contra el colchón. Fácilmente podría pasar el resto del día mirándolo, admirando la forma en que brilla a la luz de la tarde, pero esto no es lo que vinieron a hacer aquí. Chuuya se está poniendo ansioso y una mirada fija a sus piernas abiertas revela una mancha húmeda en su ropa interior. Dazai traza el contorno de la humedad con su dedo, apenas empujando.


—Para..joder. ¡Deja de, ah, de burlarte de mí!— Chuuya gruñe, pero es más un gemido entrecortado que algo intimidante. Golpea su talón contra la espalda baja de Dazai. —O te vas o lo haré... mierda.—


Dazai tira de la ropa interior y casi la rompe en el proceso. No le importa particularmente, no con Chuuya sonrojándose aún más, jadeando, con los ojos revoloteando entre su ombligo y los propios ojos de Dazai fijos en la entrada resbaladiza, y oh... Esto es obra de Dazai. Por inexperto que sea, Chuuya parece casi deshecho por las fuertes caricias en las manos de Dazai.


Nunca ha sido capaz de conectarse con su propio placer puramente físico. Siempre una especie de zumbido lejano. Nunca sintió la necesidad de explorar ese lado suyo. Sin embargo, ver a Chuuya así; tan perfectamente roto a manos de Dazai, negándose a suplicar, podría ser algo cercano a su perdición.


La inquietud corre por sus venas cuando abre aún más las piernas de Chuuya. Quiere que se sienta bien. Eso es más que suficiente para él.


Se siente natural arrodillarse entre las piernas de Chuuya. Una parte por excelencia de la vida. Así que se arrastra hasta el borde de la cama y desciende para poder estar cara a cara con su bonito y ondeante coño. Chuuya abre la boca para decir algo, pero Dazai se le adelanta. Con determinación, arrastra la lengua desde el frenillo hasta sus pliegues relucientes.


El sabor de su mancha lo supera.


—Da-Dazai, ngh, tú-..— Chuuya hace un ruido agudo y aflautado que hace que la sangre de Dazai cante. Después de aproximadamente un minuto de lamer los labios, suavemente rompe su agujero con la punta de la lengua. —Tú... joder, mierda. Dios-..—


Dazai no sabía que uno podía estar tan hambriento por el sabor de otra persona. No se resiste cuando Chuuya comienza a empujar sus caderas contra su boca abierta; Agradece la oportunidad de follarlo cada vez más profundamente con su lengua y sacar más sonidos necesitados.


Por primera vez siente una verdadera chispa que hace que su polla se contraiga, pero no le presta mucha atención. Su único objetivo es completar a Chuuya.


—Chuuya, bebé,— dice, mordisqueando su clítoris y eso hace que Chuuya suelte un gemido asqueroso. El líquido gotea por la barbilla de Dazai. —Chuuya.—


Dibuja círculos lentos en las caderas de Chuuya con su pulgar, manteniéndolo en su lugar, chupando con fuerza su clítoris y sumergiendo un dedo dentro de su coño. Está tan apretado y tan cálido que hace que Dazai jadee, quien descubre que Chuuya desmoronándose a su alrededor es una corriente de electricidad casi cegadora en su núcleo. Dazai se burla de él antes de buscar su punto más sensible. No hace falta mucho para encontrarlo. El grito lascivo de Chuuya es fuerte de una manera que Dazai no creía posible.


Chuuya pasa por el cabello de Dazai y se aferra a los mechones desordenados. A Dazai le duele el cuero cabelludo, pero es una especie de chispa agradable, sin mencionar que de todos modos está demasiado ocupado para notar el dolor.


—Oh Dios- Dazai, mn- joder, joder, joder,— esa parece ser la única palabra dando vueltas en el cerebro de Chuuya. Rechina la cara de Dazai mientras muerde su clítoris y empuja un segundo dedo dentro de él. —Dazai, creo- creo que voy a- ah, ah. Joder, más, por favor, yo-..—


No pasa mucho tiempo después de eso. Sigue maullando el nombre de Dazai como una oración hasta que un empujón oportuno contra ese lugar con su boca en su clítoris hace que Chuuya llegue al clímax alrededor de Dazai. Sus dedos, su lengua, su boca; Chuuya tiembla con las réplicas, apretando el cabello de Dazai para acercarlo más contra el calor de su coño. Así que sigue lamiendo la mancha que gotea hasta que las caderas de Chuuya se apoyan contra el colchón, respirando con dificultad.


Con cuidado, Dazai pasa sus labios arriba y abajo por las estrías en la parte interna de los muslos de Chuuya. Nada más que un roce reverencial de su boca, salpicando ligeros besos hasta que su respiración se nivela y Chuuya lo arrastra hacia sí con una mano insistente en su cabeza.


—Qué carajo, absoluto y siempre amoroso, Dazai,— gruñe con voz ronca, esforzándose demasiado en sonar enojado y fracasando. Dazai emite un tarareo evasivo y desliza una mano dentro del coño de Chuuya, quien se tensa a su alrededor antes de suspirar satisfecho. —No pensé que fuera posible correrse tan jodidamente fuerte.—


Tiene que sofocar una sonrisa en el hueco del cuello de Chuuya. —Soy un hombre con muchos talentos.—


—Cómo, mierda. Sí, sí, Dazai, sigue-..— Gimiendo, Chuuya se jode contra los dedos de Dazai. Principalmente bordea el lugar donde Chuuya más lo necesita, pero dos patadas en su espinilla después y frota el lugar una y otra vez hasta que Chuuya vuelve con un jadeo silencioso. Intercambian besos perezosos por un rato. —Santo cielo. ¿Cómo diablos sabes cómo...—


Ah. Una pregunta que preferiría no responder, especialmente entre las piernas de Chuuya y la mancha pegada a su piel. —Tal vez simplemente tengo talento natural. Está bien, Chuuya. Me quedé atrapado con la pesada corona de la competencia, y uno de nosotros tenía que ser el alivio cómico.—


—Jódete.— escupe Chuuya. Los dientes se hunden en el caparazón de la oreja de Dazai y sigue chupando hasta que Dazai se queja. —No me obligues a sacártelo.—


Eso hace que el calor suba al rostro de Dazai. Es una amenaza apenas velada, la especialidad de Chuuya y una de las debilidades de Dazai. No es que alguna vez haya expresado tanto. No es que le importe escaparse de su alcance.


—¿Mentiste acerca de ser virgen o algo así?— Chuuya gruñe, goteando de ira creciente. —Porque si lo hiciste, te juro por Dios que tus días están contados, Dazai.—


—¡Nunca mentiría!—


—Ni siquiera me hagas hablar. Esa mierda es patológica.—


—Nunca te mentiría, Chuuya,— se queja Dazai. Quizás no sea del todo cierto, pero el hecho es que él realmente no le miente sobre las cosas que importan. No hay secretos entre ellos. —Uf, está bien. Hice un poco... de investigación.—


Chuuya entrecierra los ojos. —¿Me estás diciendo que viste pornografía para aprender a cojerme?— pregunta, incrédulo y un poco burlón. Dazai intimida su clítoris con la yema del pulgar.


—No, imbécil. No soy un campesino vulgar,— dice Dazai, francamente ofendido por la implicación. Es justo, supone. Los hombres de su edad están sumidos en la agonía de las hormonas. Más a menudo de lo que le interesaba, sus compañeros de clase le preguntaban sobre sus problemas favoritos, llegando incluso a citar el sexo gay para que respondiera. Para él, la pornografía es más desagradable que atractiva y una enorme pérdida de tiempo. —Busqué testimonios de hombres trans sobre la testosterona. Y lo que les resulta placentero. En la cama.—


El silencio reina durante tanto tiempo que Dazai teme haberla cagado. Esto no es propio de él. Es un genio sin esfuerzo, por el amor de Dios; no hace falta decir que debería poder conquistar sin problemas. Y, sin embargo, la idea de decepcionar a Chuuya hizo que la bilis subiera por su garganta. Así que se metió en una madriguera de conejo y se quedó despierto hasta pasadas las tres de la mañana leyendo estudios y viendo entrevistas.


¿Por qué le molestaría tanto lo que Chuuya piense sobre esto?


—Mierda. Ven aquí.— Chuuya atrae a Dazai para algo que no es exactamente un beso. Sus bocas flotan a menos de un ancho de distancia una de la otra, moviéndose juntas en un ritmo tan familiar que uno pensaría que habían estado haciendo esto durante mucho tiempo. —Me gustas más cuando eres un imbécil pretencioso,— respira, pero su voz se quiebra en la última sílaba. Dazai se ríe. —El hecho de que Dazai Osamu sea considerado me da escalofríos.—


—No vi a Chuuya quejarse antes.— Dazai chupa otra marca en el lugar donde la mandíbula de Chuuya se une a su cuello. —En realidad, era bastante dócil con mi boca hundida en su coño. Y ruidoso.—


—¿Y ahora eres bueno hablando sucio? No tienes idea de cuánto te odio,— gime Chuuya. Le toma más tiempo sacar a Dazai de su pecho en su neblina post orgásmica para poder juguetear con las presillas de sus jeans. —Fuera. T-te necesito.—


Bueno.


Finalmente está sucediendo.


De repente se da cuenta de que sólo está medio duro y zumbando con el tipo equivocado de energía nerviosa. Y Chuuya se desplomó ante sus propios ojos; sonrojado y listo y respirando con dificultad, mirándolo a través de las pestañas mojadas. Es tan perfecto que casi te destroza el alma.


Decir que sí no había sido un capricho. Dazai no hace las cosas sin considerar las consecuencias, pero tiene que admitir que tal vez… se había dejado llevar ante la posibilidad de hacer feliz a Chuuya.


¿Quiere esto? Sentado entre las piernas abiertas de Chuuya, lamiendo su sabor almizclado, había pensado por más de un fugaz momento que daría cualquier cosa por verlo desmoronarse así otra vez. ¿Es lo mismo que querer acostarse con él?


Dazai se quita los jeans y los arroja hacia la pila de ropa en el otro extremo de la cama. La cabeza de su pene está de un tono rojizo, gotas de líquido presememinal goteando en la punta, y no completamente dura. Ciertamente, piensa, no puede ser posible con alguien tan deliciosamente sexy como Chuuya a su merced.


—¿Có-..— Chuuya lucha por sentarse, sus ojos se oscurecen con algo que solo puede ser hambre. A Dazai se le erizan los pelos de la nuca. Lentamente, Chuuya lo bombea con suaves caricias, tocando su raja y lamiendo sus labios. La vista es francamente obscena. Es el enfoque decidido en sus ojos lo que llena la polla de Dazai hasta su máxima dureza. —Eso no va a entrar en mí.—


—¿Chuuya tiene miedo?— Dazai se burla, con una sonrisa lobuna en sus rasgos. La dolorosa lucha humana de Chuuya hace que Dazai se sacuda parte del temor profundamente arraigado en su pecho. —Hay tantas cosas en este mundo peligroso de las que asustarse y le tienes terror a un pene.—


No le había parecido que era bastante grande. Dazai nunca ha sido del tipo que se come con los ojos a los otros chicos que se cambian después de la clase de educación física, o intercambia ese tipo de información innecesaria con otro compañero durante la fiesta de pijamas. Se traga el nudo grueso detrás de su amenaza. Los chicos pretenciosos y pretenciosos como ellos hicieron que Dazai fuera más propenso a cometer erimes de odio.


Aparentemente es tan grande, grande, a los ojos de Chuuya. La declaración hace que le hormiguee el ombligo, caliente e incómodo, Dazai desea ahora que al menos haya fingido que se preocupa por algunos de sus clesametes para pasar el rato con ellos y navegar mejor en cualquier sexo que se suponga que sea.


Todo lo que sabe sobre las fiestas de pijamas es quedarse en casa de Chuuya, ni siquiera las fiestas de pijamas en este momento; noches de cine y acurrucados juntos, la única forma en que Dazai logra dormir más de tres horas seguidas.


—No estoy aterrorizado, imbécil,— escupe Chuuya, pero su puño todavía está alrededor del cocinero de Dezai, deteniéndose en el lugar donde la atención se encuentra con la parte inferior. —Puedo soportarlo.—


Dazai pone los ojos en blanco. —Prometo que seré bueno con el pobre y pequeño Chuuya.—


—Entonces será mejor que pongas tu dinero donde está tu boca.— Y Chuuya tiene el descaro de guiñar un ojo.


Volviendo al suelo, Dazai busca en su bolso un paquete de condones y una pequeña botella de lubricante, y se arrastra de regreso a su lugar entre las piernas de Chuuya. Está tan mojado que el deslizamiento dentro de su coño es rápido y suave. Chuuya se queja, apartando su mano con un gruñido. Mmm. Eso hace que Dazai tenga hambre y también un poco desesperación. No sabe qué hacer con todos estos sentimientos contradictorios.


—¿Para qué es el lubricante?— Chuuya mira la botella con sospecha y, cuando comienza a comprender, el rostro de Dazal se enrojece. —No estoy seguro de estar en-..—


—No quiero lastimarte, Chuuya,— explica, interrumpiendo a Chuuya antes de que pueda decirlo. Dazai solo puede soportar tanta mortificación cuando Chuuya puede ver a través de sus mejores intentos de ocultarlo. —Especialmente porque es un gato asustadizo, no, es un cachorro asustadizo.—


—¡Yo no dije eso!— Chuuya llora, arrebatando el envoltorio del condón de las manos de Dazai y abriéndolo. Entonces es cuando surge el siguiente problema. Ninguno de los dos ha usado uno de estos jamás. Se le olvidó a Dazai; y una vez más, estanques de alarma donde el placer debería arremolinarse. Permanecen quietos como una roca hasta que Chuuya toma la iniciativa. —No seré derrotada por un maldito condón. ¿Por qué necesito ovular? Si no lo hiciera, entonces podrías follarme.—


—¿Crudo?— Dazai inclina la cabeza con la mayor inocencia que puede reunir. Lo cual es mucho, si eso significa que puede irritar a Chuuya.


—Cierra la puta boca.—


Chuuya hace rodar el condón por la polla de Dazai con la punta de la lengua asomando fuera de su boca en concentración. Dazai se inclina hacia adelante para capturar sus labios y mordisquear suavemente el músculo, ganándose un grito. Es la paciencia de Chuuya lo que le hace pensar que tal vez esto no sea una mierda del todo, por lo que Dazai se sienta sobre sus talones y camina para que Chuuya se recueste.


Cubre su polla con una generosa cantidad de lubricante, se detiene y no se da cuenta de que le tiemblan las manos. Esto no es propio de él.


Esto no es-


—Dazai.— Chuuya guía las manos de Dazal hasta su cintura. La sonrisa que lo saluda es pequeña, con las mejillas rosadas y la garganta meneándose mientras traga. Por supuesto que estaría igual de nervioso, si no más. Dazai exhala, pero no sabe si es de alivio o de miedo. Coloca una almohada debajo de las caderas de Chuuya. —¿Listo?—


No. ¿O tal vez sí? No está del todo seguro. Después de todo, ¿no se supone que éste es el máximo nivel de intimidad que uno puede alcanzar con otra persona? ¿El pináculo de la cercanía? Que Chuuya le confíe esto; El cuerpo que le cuesta aceptar significa tanto que Dazai está desesperado por ser bueno para él. Para extraer todas las sensaciones posibles de su pequeña forma.


Dazai se alinea y, muy lentamente, empuja hacia adentro. El calor envuelve la cabeza mientras se desliza entre las paredes revoloteantes. "Se siente bien", piensa. Cálido y resbaladizo. El lubricante lo hace todo más fácil, y centímetro a centímetro Dazai supera la resistencia de su coño. El rostro de Chuuya está arrugado, los ojos bien cerrados mientras se adapta a la Intrusión, retorciéndose en el agarre de Dazai. Les toma un par de minutos, ya que él realmente no quiere que esto sea doloroso para Chuuya, hasta que finalmente está enterrado hasta las empuñaduras.


Está bien.


—Chuuya, Chuuya,— llama Dazal, husmeando su pómulo hasta que abre los ojos; nublado y brumoso. —¿Bien?—


—Sí. Sí. Joder, eres grande. ¿Qué carajo?,— respira, aire cálido abanicando la mejilla de Dazai. La forma en que su corazón late es casi demasiado agonizante. —Puedes, puedes moverte. No estoy hecho de vidrio.—


Él cumple. Suave al principio, embestidas superficiales dentro y fuera, trabajando su polla y buscando ese mismo lugar que hizo que Chuuya viera estrellas. Eso es todo lo que le importa a Dazai, el único punto de anclaje que lo ata al mundo material a medida que su mente se vuelve más confusa. Las paredes de Chuuya aprietan su eje y es casi asfixiante, algo se contrae en su estómago a pesar de que no se siente apegado a su propio cuerpo.


Las piernas se envuelven alrededor de su cintura, los talones se clavan en su espalda para obligarlo a ponerse en celo más rápido y con más fuerza.


Su visión nada. Dazai intenta establecer un ritmo constante y encontrarse con las caderas de Chuuya mientras se folla contra su polla, gimiendo algo que suena como el nombre de Dazai, pero las piernas de Dazai son masilla y cada respiración que respira se siente como plomo llenando sus pulmones. No puede ver la expresión de Chuuya, pero Dazai espera que sea de placer. El resto vendrá, está seguro. No puede ser tan raro que se sienta desconectado del resto de su cuerpo. Que no puede sentir nada en absoluto.


Chuuya gime con un sonido alto y entrecortado. Bien. Tira a Dazal hacia abajo para darle un beso contundente y lo folla a un ritmo casi brutal; nunca demasiado, él no... No quiere lastimar a Chuuya. Se besan como si fuera lo último que harían en este plano de existencia, o al menos así lo siente él. Dazal no puede oír nada. Ni siquiera los latidos de su propio corazón.


La cabeza de Dazal cae hasta la curva del cuello de Chuuya.


No puede respirar.


Él no puede-


Él-


Las uñas le arañan la espalda con tanta fuerza que dejan ronchas rosadas y palpitantes a su paso. Saca a Dazai de las aguas turbias e intenta respirar temblorosamente. Le toma un momento darse cuenta de que está llorando y todavía meciéndose dentro de la entrada de Chuuya a pesar de que es suave.


—Shh, te tengo. Te tengo,— murmura Chuuya contra su sien. Su voz es demasiado suave, demasiado amable, demasiado paciente. Dazal no se lo merece. —Dazai. Vamos. Oye, estás a salvo. Estas conmigo. Estás seguro.—


Mentiras. Simplemente arruinó lo único que Chuuya le pidió.


Chuuya los reorganiza para que queden acostados de lado uno frente al otro, Dazai hunde su piel sudorosa del hombro de Chuuya. El hipo le golpea la espalda y no puede formar ningún pensamiento, y mucho menos palabras coherentes para tratar de explicar un fenómeno que el propio Dazai no entiende.


—Vuelve. Habla conmigo.— Chuuya pasa sus dedos por las líneas hinchadas en la espalda de Dazai; el marcado contraste hace que el dolor hormiguee de una manera agradable. Un beso en la coronilla, luego otro. Dazai solloza, solloza y solloza. Chuuya, dulce Chuuya; no se burla de él por eso. —Estamos bien- hmn... Bueno. Puedes volver o te arrancaré las orejas de un mordisco.—


Una risa ahogada brota de él. Le duele intentar respirar cuanto más se apodera de él el ataque de risas maníacas, hasta que las lágrimas no son más que un rastro salado en sus mejillas y es capaz de mirar a un Chuuya increíblemente cariñoso; Ojos azules y claros y sin un solo rastro de piedad. Chuuya besa la punta de su nariz.


—Lo siento. Lo siento- Chuuya, y-...— Dazai tiene hipo, y esto no es propio de él. No recuerda la última vez que lloró, y mucho menos tan fuerte —No estás en-..—


—No te atrevas a decirlo.— Se retira un poquito e inclina la mandíbula de Dazai para verlo mejor. —No estoy enojado. Por supuesto que no estoy enojado. ¿Quién carajo crees que soy?—


A Dazai le toma un tiempo responder. El pánico se ha reducido al fantasma de una llama en su pecho, pero todavía está voluble y listo para salir disparado, y sabe que Chuuya puede sentirlo. Sus piernas se envuelven alrededor de las de Dazai, inmovilizándolo efectivamente contra la cama. Dazai tararea, pensando. El peor de los casos se hizo realidad y ni siquiera sabía que el sexo podía ser tan desastroso. Chuuya tiene todo el maldito derecho de odiarlo.


—Chuuya no terminó,— murmura Dazai al fin. Las palabras saben a sal y a arrepentimiento. Chuuya retuerce uno de sus pezones, sacando un silbido de su boca. —¿Para qué fue eso, bruto?—


—¿Estás bromeando?— Otra vuelta de tuerca al tema maltratado. Al menos Chuuya no parece estar realmente enojado, ruidoso y malhablado como está. Es vergonzoso que Dazai esté siendo abrazado con tanta fuerza después de un ataque de pánico; no ha tenido uno de esos en meses, pero de alguna manera es... agradable, en los brazos de Chuuya. —Me hiciste correrme dos veces, imbécil. ¿O me imaginé el orgasmo más intenso que jamás haya tenido?—


—Pero..—


—Pero nada, Dazai. Me gustó todo lo que me hiciste, ¿vale?— Chuuya lo regaña. La admisión alivia el gran peso que aplasta el pecho de Dazai. Incluso si… Incluso si doliera, para él, Chuuya se divertía. Le hace cosquillas saber que definitivamente hay algo mal en su proceso de pensamiento, pero no quiere insistir demasiado en ello. —No sé ustedes, sin embargo. ¿Van a decirme qué carajo pasó?—


Bien. Hasta aquí lo de ignorar sus sentimientos. Es exactamente todo lo que odia y ama de Chuuya, cómo lo pone en apuros cuando más importa. Dazai suspira.


—¿No puedo responder?—


—Absolutamente no.—


Dazai mete su cabeza debajo de la mandíbula de Chuuya y habla justo contra su clavícula, casi demasiado bajo para entenderlo, no lo sé. Hace una pausa, temblando al sentir los dedos de Chuuya dibujando patrones aleatorios en su sensible espalda. Fácilmente podría quedarse dormido aquí. —Se sintió como una experiencia extracorporal. Pensé que se suponía que el sexo era diferente. Pero apenas estaba allí. No podía sentir nada en absoluto. Y entonces... y entonces estaba-..—


Es el turno de Chuuya de hacer una pausa. El golpe en su pecho es un ancla, y Dazai respira el olor a sudor y la crema hidratante de coco de Chuuya, con los ojos ardiendo por las lágrimas no derramadas. No cree que vuelva a llorar hoy, pero está cerca. El silencio se prolonga, pero no es raro que se sienten juntos en largos períodos de silencio, cada uno en su propia burbuja. Esa es la red de seguridad de Dazai: puede ser él mismo y ser juzgado sólo por su gusto por las patatas fritas.


(Injusto, viniendo de Chuuya. Sólo a los perros como él les gusta el helado de menta con chispas de chocolate).


Ahora que ha probado esta calidez, tan cerca del chico del que está absolutamente enamorado, Dazal descubre que no quiere estar en ningún otro lugar, nunca más. Como si le leyera la mente - ¿porque cuándo no?- Chuuya lo agarra con más fuerza.


—¿Estuviste esforzándote todo el tiempo?— Pregunta Chuuya, y su voz tiembla. El pánico vuelve a crecer en la boca del estómago de Dazai. Esta nunca fue su intención, pero su cerebro tuvo que ir y estropearlo todo.


Puntos negros bailan en los bordes de la visión de Dazai. Puede sentir que se le cierra la garganta. —No, no. Chuuya- no. Y-...—


—Bebe, respira,— reprende Chuuya con un pellizco casi juguetón en el trasero de Dazai. Respiran juntos, sus pechos suben y bajan al mismo ritmo, hasta que Dazai puede retroceder y mirarlo. Dazai se enorgullece de su sentido de orientación, pero sí, podría perderse en los ojos de Chuuya. —Eso es. Buen chico.—


Dazai ignora alegremente la forma en que los elogios lo hacen sentir caliente.


—Realmente me gustó hacer que Chuuya se sintiera bien. Me cautivó verte correrte en mi boca. Agregar mi propio cuerpo a la mezcla lo hizo todo... Realmente no sé cómo explicarlo,— admite. —Eh. No estoy acostumbrado a no tener todas las respuestas.—


—Dazai, investigaste cómo hacerlo bien para mí. Hiciste un esfuerzo adicional para que estuviera cómodo. Joder,— tartamudea Chuuya, de manera tan inusual que hace que Dazai se detenga. Se pregunta qué tiene de inusual preocuparse por el disfrute de su pareja; Se sentía tan natural como respirar hacer esto por él.


—Joder, esto es tan tonto. Mentí. Esto no se trataba de conveniencia, en absoluto. Yo- — Sus ojos se cierran, sus dientes se muerden el labio inferior hasta que Dazai los aleja de la carne hinchada. —Yo sólo. Quería que fueras tú. Quería que fueras mi primera vez.—


Es una sorpresa que Chuuya no pida a gritos un desfibrilador, considerando cuánto tiempo deja de latir el corazón de Dazai. O tal vez esa sea su propia percepción del tiempo distorsionándose a su alrededor; La sangre corre fría por sus venas antes de reiniciar el flujo de calor en su cuerpo que hace un hogar en sus mejillas, su nariz y las puntas de sus orejas. Chuuya deja escapar un suspiro y besa ligeramente cada centímetro de la piel en llamas.


—Todavía no estoy tan seguro de cómo me siento con respecto al sexo,— confiesa Dazai, y suena cierto. Se siente bien decirlo en voz alta, dejar de lado los oscuros remolinos en su mente sabiendo que Chuuya no le dará la espalda. Admito que estaba... inseguro. Supongo que nunca se me había pasado por la cabeza. Él sonríe, con las esquinas apenas levantadas. —Pero Chuuya tiene una manera de hacerme sentir cosas. Lo cual apesta la mayor parte del tiempo, claro está. El cerebro de perro de Chuuya no puede hacerle esto a su dueño, pero pensé que si iba a descubrirlo, sería contigo.—


—Oh, Dazai. Deberías haberme dicho, maldito bastardo.— Es lindo que Chuuya intente sonar agresivo aquí, pero sale con tanto cariño que abre algo en el pecho de Dazai. ¿Es así realmente como le habla Chuuya? —Lo siento, no me di cuenta.—


—No te disculpes,— dice Dazai. Es su turno de acercar a Chuuya contra su cuerpo, así que cierran sus labios uno sobre el otro, negándole un beso. —Lo hice para que Chuuya no pudiera darse cuenta. Aunque no contaba con todo el asunto del ataque de pánico, ni siquiera traje mis medicamentos SOS.—


Reducen la distancia restante entre ellos, el brazo de Dazai en la cintura de Chuuya y la mano de Chuuya enredada en los rizos salvajes de Dazai. Sus bocas se juntan en un ángulo que los hace suspirar de contenido. Este beso es un beso sin destino; moviéndose y balanceándose juntos sólo por el simple hecho de hacerlo. Cualquier otra sensación en su cuerpo se desvanece, dejando atrás solo los lugares donde se tocan y un hormigueo recorre la columna de Dazai.


Los amarillos de la tarde se funden con los rosas y naranjas del atardecer, pero ninguno de los dos se da cuenta. Realmente no les importa en este momento el paso del tiempo. Permanecen voluntariamente atrapados en ese único segundo que se estira y se estira mientras se besan sin ninguna intención de detenerse.


Dazai bebe cada gemido de necesidad que sale de la boca de Chuuya, incapaz de contener sus propios gemidos cuando su compañero lame las costuras y Dazal se las abre, y deja que la lengua de Chuuya recorra el paladar.


Está un poco húmedo y desordenado, pero suave en la intimidad. Dazai no está tan seguro de haber experimentado mucho en sus dieciocho años de vida miserable. El nombre de Chuuya es lo único que sabe. Chuuya; sus pestañas rozaron los párpados de Dazai, sus uñas se clavaron ligeramente en la nuca.


—Joder,— gruñe Chuuya. Dazai se queja por la pérdida de sus labios. —Mierda.—


Dazai se ríe. Incluso si Chuuya no lo menciona, la humedad que cubre el muslo de Dazai es innegable. ¿Y honestamente? A él le gusta. Le gusta que el placer gotee de Chuuya, que deje una huella en su propia piel.


—¿Podemos intentarlo de nuevo?— él pide.


Chuuya parpadea para disipar la neblina. —¿Tener... sexo?—


—Sí.—


—¿Estás seguro? ¿Realmente seguro? Porque no te estoy pidiendo nada, Dazai. No me debes esto. Ni nada en absoluto,— dice Chuuya. Su voz sale entrecortada y desesperada. Dazai muerde su mandíbula, provocando otro sonido de satisfacción. —Sólo te quiero a ti. Podemos quedarnos aquí y ver algo. Creo que hay una maratón de películas de terror en marcha.—


—Quiero hacerlo,— subraya Dazai. En un segundo, los voltea para quedar boca arriba y Chuuya se sienta encima de él. —Quiero hacer esto. Con Chuuya, donde sea seguro.—


Algo brilla en los ojos de Chuuya, y luego la sonrisa más brillante que Dazai jamás haya visto brilla en su rostro pecoso. Esto es suficiente: Chuuya comparte este toque de felicidad con él. Desnuda y exponiendo el cuerpo que medio le gusta en el mejor de los días. Tal vez, piensa Dazai, esta podría ser la máxima expresión de confianza, y quiere retribuirle, así que se relaja contra el colchón y observa cómo Chuuya se balancea para sentarse entre sus piernas.


Se había olvidado por completo del condón arrugado alrededor de su suave pene. Chuuya rápidamente lo descarta, y después de un sutil asentimiento de Dazai, se mueve hacia las tiras de tela blanca en sus muslos.


—Si quieres parar, paramos. Toca dos veces cualquier parte de mi cuerpo que esté más cerca y no importa lo que estemos haciendo, no importa cuánto placer creas que siento, paramos. ¿Estoy claro?— Pregunta Chuuya, dejando besos con la boca abierta en la piel llena de cicatrices de sus muslos. Dazai traga saliva. Su polla se contrae y no pasa desapercibido. —¿Oh? ¿Te gusta que te digan qué hacer?—


Dazai no responde. ¿El? Por lo general, es él quien le da órdenes a su perro.


La dificultad en su respiración es suficiente declaración.


Se necesita un tiempo vergonzosamente corto para que Dazai vuelva a funcionar, esta vez más fuerte que antes. Chuuya se mete un mechón de pelo rebelde detrás de la oreja y...


Se inclina para lamer una raya en la carne medio dura. Arde con los restos de la sobreestimulación, pero es un tipo de dolor bienvenido que Dazai disfruta mientras su cocinero vuelve a la vida. Chuuya es entusiasta en la forma en que intenta tragárselo, descuidado y hermoso mientras se frustra cuando no puede meter más de una cuarta parte de su eje en su boca. La vista es tan obscena que hace que Dazai gima, luchando por mantener las caderas quietas.


—Chuuya...— jadea, contento de sentir su cuerpo en llamas. No puede decir que no esté un poco inseguro, pero la leve inquietud desaparece tan pronto como Chuuya levanta la cabeza para ver cómo está, y ya se ve tan jodido, con los ojos vidriosos solo por caer sobre él. —Está bien. Sí. Sigue, sigue.—


Chuuya hace girar su lengua alrededor de la cabeza, pasando la punta por el presemen en la hendidura, maullando alrededor de la polla de Dazai. Intenta respirar profundamente: —Pensé que sabría diferente.—


—Uh. ¿Diferente cómo?— Dazai resopla. Cada sitio web que visitó anoche le recordó en letras grandes y en negrita que los coños no saben a caramelo, por lo que supone que lo mismo se aplica a las pollas. No es que esté interesado en descubrirlo.


—No lo sé,— tararea. —No. En realidad, pensé que sabría a mierda. No digas nada.— Chuuya retuerce la carne de la barriga de Dazai, más suave ahora que ha ganado algo de peso por orden de Chuuya (y Adam). —¿Estás bien?— Dazai asiente. —Necesito una respuesta verbal, Dazai.—


—Sí. Estoy bien y estoy seguro de que quiero hacer esto,— dice Dazai, haciendo una pausa entre cada palabra para enfatizar. Su cuerpo ya no se siente flotante. Más bien, se siente atado a los lugares donde él y Chuuya entran en contacto, con la piel erizada de sudor. —Sé que Chuuya me atrapará si me caigo.—


Eso le valió una patada a medias en la espinilla.


Chuuya se lanza a buscar otro condón y la botella de lubricante. Esta vez es más fácil rodarlo a lo largo de Dazai; más rápido también. Luego viene el lubricante, frío incluso a través del látex, pero Dazai apenas lo registra con el zumbido de energía que recorre sus terminaciones nerviosas. Antes, había estado tan obsesionado con superarlo que se había olvidado de vivir en el acto y compartirlo con Chuuya. Entonces extiende la mano para unir sus manos mientras Chuuya se levanta para arrodillarse justo encima de la polla de Dazai.


—Mierda. Está bien. Joder,— Chuuya exhala un suspiro tembloroso. Dazai aprieta sus palmas lo suficiente como para sacar a Chuuya del lugar de su cerebro donde se había retirado, y Dazai podría estar un poco enamorado de él. —Ni siquiera sé dónde escondes esta... enorme monstruosidad.—


Sin más preámbulos, se hunde sobre la monstruosa polla de Dazai. Tal vez Chuuya es tan pequeño que cualquier cosa parece demasiado grande para él.


Centímetro a centímetro chupa la polla de Dazai con el calor de su coño, justo hasta que su culo está al ras de las caderas de Dazal, y está tan apretado que Dazal siente como si le estuvieran aplastando el eje. Y entonces Chuuya comienza a moverse, sin darles a ambos la oportunidad de acomodarse, como si esta no fuera todavía la primera vez para Chuuya. Honestamente hace un poco de calor. Dazai apenas logra ocultar un silbido. Slick corre por el resto de su ombligo.


—Quiero-, ;intenta decir Chuuya, ya sin aliento. Mueve sus caderas con movimientos circulares lentos; demasiado lento. Dazai casi puede trazar el contorno de su polla distendiendo el estómago de Chuuya. —Oh Dios. Joder, sí, sí. Yo- Dazai. Yo quiero...—

Las palabras se disipan en un gemido ahogado.


Después de un minuto de frotarse contra el ombligo de Dazai, arrastrando su clítoris por todos los pelos nervudos de allí, Chuuya comienza a moverse arriba y abajo por su polla. Hay un momento de pánico en el que la visión de Dazal se tambalea, las piernas frías y rígidas y piensa que va a sufrir otro ataque, pero Chuuya arrastra una palma callosa desde la mejilla de Dazai hasta la curva de su cuello y se inclina para, de todas las cosas, morder. la punta de su nariz. Y funciona. Pequeños jadeos salen de la boca de Dazai.


—Muy bien, cariño, entonces- ah, mhn- joder, joder, yo-.._🇯Hay poca coherencia en las palabras arrojadas por los labios de Chuuya, pero a Dazal no le importa en lo más mínimo. El calor envuelve su polla. Chuuya surge hasta que solo la punta permanece dentro de su entrada y rápidamente se arrastra hacia abajo hasta la empuñadura. Lo hace una y otra vez, haciéndolos gemir a ambos, —Dazai, Dazai, Dazai, sí, más, más, por favor.


Dazai no puede pensar, pero no tiene nada de desagradable. Su mirada está fija en la gota de sudor que cae por el cuello expuesto de Chuuya, los músculos de sus muslos temblando mientras se levanta para perseguir su placer, las maldiciones derramándose de su boca; y realmente es la persona más hermosa que Dazai haya visto jamás. Da un giro experimental de sus caderas para ver a Chuuya echar la cabeza hacia atrás y bloquear blasfemias.


Es difícil mantenerse firme y follarlo al mismo tiempo, pero Dazai hace todo lo posible para enfrentar los movimientos tartamudos de Chuuya.


—Continúa, por favor,— suplica Chuuya, y oh, qué lindo queda en sus labios. Una blasfemia. —Puedes- joder, ¿por qué eres- ngh- bueno en esto...? Yo- ah, ah, sí. Mierda, Dazai, ¡puedes esforzarte más!—


Alcanzando más y más profundamente dentro de él, Dazai construye un ritmo constante de embestida contra el punto dulce de Chuuya. Lo vuelve loco. Es una locura ver cómo Chuuya se desmorona sobre su polla. Todavía es un poco desalentador, pero Dazai se siente más conectado con su cuerpo que nunca. Chispas explotan detrás de sus ojos.


Chuuya es imprudente en su abandono, rebotando fuerte y rápido en el regazo de Dazai.


—Chuuya- oh Dios,— jadea, sentándose para estar al nivel de la cara arrugada de Chuuya. Dazai colocó una mano entre sus cuerpos y hace círculos con su pulgar justo en el olit hinchado de Chuuya, usando su mancha para mejorarlo. Los ojos azules se abren de par en par para mirar, sin ver y desenfocados. Dazai se da cuenta de que la energía de Chuuya está menguando, por lo que toma el control, impulsado por el puro deseo de llevarlos a él (ellos) a la línea de meta. —Joder. Te- te sientes tan bien.—


No es una mentira ni una charla sucia para irritar aún más a Chuuya. No es un intento de engañarlo para que siga adelante.


—Eres tan per- perfecto. Mm... Tú- Dazai, oh Dios mío, mierda, tú-— Chuuya gime con cada movimiento puntiagudo de las caderas de Dazai. Tiene movimientos descoordinados, apenas capaz de igualar el ritmo de Dazai. Dazai actúa sólo por instinto y envuelve una mano alrededor de la cintura de Chuuya y usa la otra para enrollar sus pezones. El grito ahogado es melodioso; una sinfonía, un concierto en sí mismo. Está claro que Chuuya se está acercando al límite, por lo que Dazai planta sus pies en la cama e intenta follarlo más profundamente, consciente de sus propias extremidades temblando por el esfuerzo. Chuuya habla, —Mío, mío, mío...—


Chuuya convulsiona alrededor de la polla de Dazai mientras llega al clímax, con la boca abierta en un gemido silencioso. Dazai lo ayuda a superarlo, nervioso por su propia liberación y el calor que se arremolina en su vientre; La visión de su compañero respirando pesadamente encima de él, tan feliz, hace que Dazai se lance a su propio desmoronamiento. El corazón se le sube a la garganta y todo a su alrededor se ve confuso y confuso.


Las palabras de Chuuya resuenan en sus oídos a través de la estática que intenta apoderarse de él. Mío. No se atreve a mencionarlo, aterrorizado ante la idea de que no sea más que una alucinación. Nunca había deseado tanto pertenecer a alguien.


Dazai toma a Chuuya en sus brazos para darle un beso en la unión entre su hombro y su cuello. Como un eco de sus acciones anteriores, Chuuya pasa sus uñas por la espalda de Dazai en reminiscencia. Está casi demasiado abrumado para quedarse quieto, no por el sexo en sí, sino por la inmersión en las profundidades de vulnerabilidad que acaba de experimentar.


Y Chuuya sale adelante; en su neblina post orgásmica sostiene a Dazai cuyos ojos están llenos de lágrimas, y esta vez las deja caer y gotear en la piel de Chuuya.


—Eso fue algo extraordinario,— jadea Chuuya. Dedos suaves dibujan círculos en la parte baja de la espalda de Dazai. Si no fueran un desastre de fluidos pegajosos, elegiría quedarse aquí hasta el amanecer. —¿Estás bien?—


—Yo...— Hipo, los dientes se hunden en la carne tan perfectamente presentada ante él. No es lo suficientemente difícil como para dejar huellas. De alguna manera, anclarse al cuerpo de Chuuya de esta manera lo castiga. —Sí. Estoy tan bien como se puede estar con los fluidos de las babosas por todo el cuerpo.—


—Uno de estos días te estrangularé mientras duermes. Recuerda mis malditas palabras,— jadea Chuuya. ¿Y qué puede hacer Dazai, excepto girarse para besarlo? —Esto es tu culpa. Así que vas a llevarme a la ducha.—


—Pero por qué,— se queja Dazai, como si no tuviera ganas de limpiar la pegajosidad. —Chuuya es lo suficientemente fuerte como para caminar solo.—


—Acabas de follar mi coño hasta el olvido. Llévame al maldito baño.—


Entonces está arreglado. Dazai finge estar abrumado por el cuerpo tan pesado de Chuuya, balanceándose con cada paso, aunque no todo es fingido. De repente se siente cansado y es algo más que el simple esfuerzo físico. La naturaleza visceral del intercambio lo alcanza. Llegan al baño enredados. Tan suavemente como puede, Dazai deja a Chuuya en el taburete junto a la ducha y va a deshacerse del condón.


Cuando regresa, un chorro de agua tibia cae del cabezal de la ducha. Chuuya está debajo con los ojos cerrados, tarareando una melodía que Dazai no reconoce. Es fácil acercarse sigilosamente a él de esta manera, de puntillas para rodear su cintura y abrazarlo; lo suficientemente cerca como para convertirse en una criatura singular.


—Siéntate,— murmura Dazai contra los rizos mojados.


—No. Lo cobraré más tarde.— Chuuya sacude la cabeza y empuja a Dazai hasta que tropieza y aterriza con su trasero sobre Dazai en el taburete. —Te cuidaré hoy, así que no tendré que hacerlo nunca más.—


Ambos saben que es mentira. Si hay un lenguaje que les resulta dolorosamente familiar a ambos, es la práctica de cuidarse mutuamente. A través de la obstinada desgana de Dazal durante sus episodios depresivos. A través de las llamaradas de la disforia de Chuuya. Si hay algo que saben intrínsecamente -aunque no lo digan en voz alta-, es que están unidos.


Fue toda una revelación. Dazai se sorprende cada vez que Chuuya casi cierra la puerta de sus bisagras para recordarle que debe comer y beber agua.


Dazai obedece, aunque no sin una mirada furiosa con los ojos entrecerrados. —¿Por qué siento que Chuuya tiene una agenda secreta?—


—Mi agenda secreta es deshacerme de todos esos enredos en tu cabello,— dice Chuuya. Una de las cosas más exasperantes de Chuuya es su rutina de cuidado del cabello. Sobre todo porque lleva mucho tiempo. Y queda bastante claro que planea usar todos los productos con él. —Es poco halagador, por decir lo menos. No quisiera que la gente notara lo feo que eres de cerca.—


Chuuya realiza los movimientos de lavarse el cabello con champú y acondicionarlo. Los dedos masajean su cuero cabelludo hasta el punto que es casi doloroso, las uñas raspan la tierra y el sudor acumulado allí, y el olor de algo cítrico casi lo adormece hasta lograr un sueño tranquilo. No hablan y disfrutan del silencio compartido.


—Creo que quiero seguir explorando lo que... significa el sexo para mí,— murmura Dazal. Chuuya emite un tarareo de reconocimiento. —Con Chuuya.—


—¿Conmigo?— Chuuya tose. ¿Cómo está tan sorprendido? Dazal no está tan seguro de que alguien lo sostendría durante un ataque de pánico con su suave polla dentro. Tal vez... —Dazai, me divertí. Yo -está bien. Será mejor que no estés grabando esto en secreto, imbécil; pero... me sentí jodidamente visto, ¿vale? Si crees que tenemos que seguir haciendo esto por algún sentido retorcido del deber, entonces-..—


—Desprecio la idea de que alguien más me toque tan íntimamente,— interrumpe a Chuuya antes de que pueda entrar en espiral. Grace está prácticamente ausente cuando le toca a Dazai manejar su propia diarrea mental. Aturdido y somnoliento, no quiere joder si Chuuya también se topa con sus propios rincones oscuros. —El tacto siempre ha sido aborrecible para mí. Cállate, Chuuya. No quiero oír tus ladridos. Así que tal vez descubra que odio el sexo, ¿vale? Aún no lo he decidido. Sé que realmente, Realmente me gustó hacer esto con Chuuya, así que quiero hacerlo de nuevo, porque confío en Chuuya con todo.—


—Pendejo,— dice Chuuya, rociando agua directamente en la cara de Dazai. Se arrodilla frente a Dazai para enjabonarse el frente con su costoso y burbujeante jabón. Feliz con su obra, Chuuya salpica el rostro de Dazai con apenas besos y retrocede cada vez que intenta perseguirlo. —Es como si supieras que no puedo igualar tus malditos discursos.—


Chuuya se prepara para ir y tratar de hacer que Dazai se emocione más de lo que ya está.


—Walt.— Dazai descarta el taburete y cae de rodillas directamente frente a Chuuya; hueso contra hueso. —Ahora somos iguales.—


Y, por una vez, no es un golpe a la altura de Chuuya.


Después de todo, son iguales (en espíritu. Dazai ciertamente no es un perro).


—Tienes que dejar de hacer eso, realmente moriré uno de estos días,— gime Chuuya y rápidamente pellizca las fosas nasales de Dazal cuando intenta decir por favor hazlo. —Apreciaré este privilegio,— dice, juntando sus frentes y el resto del mundo desaparece. —Tú te caes y yo te atrapo. Yo me caigo y tú me atrapas. Lo que sea. ¿Verdad?—


Si esto continúa, es probable que Dazai se vuelva adicto a los besos de Chuuya. Anticipa los movimientos de Dazai antes de que él mismo sepa lo que hará, provocando y moviendo la punta de su lengua justo donde hace suspirar a Dazai. A veces es demasiado. El tipo correcto, demasiado.


—A veces no me gusta mucho existir en mi cabeza,— respira Dazai contra la boca de Chuuya. —Y es muy injusto. Mi psiquiatra me prometió que los antidepresivos arreglarían todo.—


—Estoy seguro de que eso no es lo que ella dijo. Así que será mejor que sigas tomando tus malditas pastillas de la felicidad o te las meteré por el culo.— Chuuya se retira para mirar con un cariño que Dazai se dio cuenta de que siempre ha estado ahí. Ostentaba como una docena de soles convertidos en una pulsera sólo para él. La pequeña amenaza agarra el rostro de Dazai entre sus manos, aplastando sus mejillas. —Por si sirve de algo, me gusta tu estúpida cabeza.—


Pausa.


Una sonrisa llena de dientes de Dazai.


—¿Cuál?—


_Crees que eres gracioso.— Chuuya inclina la cabeza. Tan inocente, tan dulce... —Voy a coserte la boca.—


Solo después de diez minutos adicionales de salpicar agua y arrojarse los valiosos productos para el cabello de Chuuya, logran salir de la ducha, limpios, renovados y riéndose como niños de cinco años.


                ♡♡♡♡♡♡


Hornear galletas es lo siguiente en su itinerario. O al menos intentarlo.


A pesar del asombroso talento de Dazai para hornear, elige cubrirse con Chuuya para actuar como la persona más incompetente del planeta. Le indica a Chuuya qué hacer y cómo hacerlo, feliz de marcar un ritmo con sus dedos en el estómago de Chuuya, ahora vestido con una de las camisas de Dazai que olvida en la casa de Chuuya.


—El acto de princesa inútil solo te llevará hasta cierto punto,— se queja Chuuya, untando la mezcla de galletas en la mejilla de Dazai. La textura granulada le pica en su piel sensible, pero Chuuya rápidamente soluciona el problema lamiéndola con su lengua, dejando a Dazai para preguntarse cuándo se volvió tan atrevido. —Sé que no te gusta tocar esta mierda pegajosa, pero será mejor que vigiles las malditas galletas cuando estén en el horno para que no se quemen.—


—Ahora, Chuuya,— dice Dazai. Si pudiera cargar a Chuuya con más fuerza sin arruinar media hora de trabajo, lo haría. —Sé más amable conmigo.—


—Acabo de tener tu polla en mi boca, así que puedo tratarte como carajo quiera,— espeta sin ningún mordisco real. Dazai lo abraza con más fuerza, tan fuerte que Chuuya lucha por girar la cabeza para besar la sien de Dazar. El gesto lo marea muchísimo —Dazai, cierra la boca, idiota. No te voy a dar masa para galletas. La última vez pasaste tres días vomitando.—


Dazai vigila diligentemente las galletas mientras Chuuya lava los platos. Un vistazo rápido revela un nuevo par de guantes amarillos para cuando le toque a Dazai ayudar con el desastre que a menudo causan en la cocina. No había dicho nada y ni siquiera recuerda cómo pasó. Sólo que Chuuya parecía estar más consciente de los problemas sensoriales de Dazal que cualquier otra persona. Quizás incluso el propio Dazai.


Las bolas de formas extrañas se convierten en galletas perfectas y crujientes después de unos quince minutos. Dazai tiene que pasar por todo el calvario de dejarlos enfriar. Chuuya tiene que actuar como perro guardián para evitar que mastique su obra en cuestión de segundos.


—Es como si Chuuya realmente me odiara.— Dazai saca la lengua y Chuuya la chasquea con los dedos. El gemido que sale de la boca de Dazal es una exageración de petulancia. —La comida está hecha para comerse.—


—No te quemes cuando te quemes los dedos.—


—Mm... Entonces Chuuya debería enfriarlos por mí,— dice Dazai. Señala la galleta más cercana. —Explotar.—


Chuuya no le sopla aire fresco al dulce, pero está bien. Probando el calor con el dorso de su mano, Chuuya le da un pequeño bocado y se lo da directamente a Dazai. Es todo lo que puede hacer para evitar soltar algo tan vergonzoso como una confesión de amor.


Se ponen cómodos en la cama de Chuuya, hecha nuevamente con sábanas limpias y frescas, y encienden el televisor para cambiar de canal hasta que llegan a El Exorcista. Las películas de terror y la pura idiotez de los blancos en escenarios relacionados con fantasmas fue una de las primeras cosas que los unieron. Las películas japonesas tenían un aura mejor, pero hasta el día de hoy resulta divertidísimo ver películas occidentales y sus tontas imágenes religiosas.


Y Dazai nunca, nunca tiene miedo.


(Él es.)


Dazai apoya su cuerpo contra un fondo de almohadas, y Chuuya coloca sus piernas sobre uno de los muslos de Dazai para acurrucarse más cerca de él, con la cabeza apoyada en la unión de su hombro. Esto es nuevo, tal vez no del todo, pero es nuevo como consecuencia de la tarde más cargada de emociones que Dazai ha experimentado en mucho tiempo. Ni siquiera contando el sexo. Nunca había considerado la posibilidad de que incluso el cuerpo pudiera brindarle una especie de intimidad nueva y maravillosa que Dazai no está seguro de querer rechazar. Al menos no con Chuuya.


Sin siquiera pensarlo, toma una de las galletas del cuenco y se la ofrece a Chuuya.


Chuuya hace un ruido interrogativo. —Pero odias cuando el chocolate se derrite en tus dedos, tonto. Déjame-..—


—Cállate.— Dazai mueve la galleta frente a los labios de Chuuya hasta que se separan para él, mordisqueándola y tragándola con un zumbido de satisfacción. —Chuuya hizo todo por mí. Asqueroso, obviamente. Aunque yo no soy tan... Desconsiderado que no puedo devolver el favor.—


—¿Quién carajo eres y qué has hecho con mi Dazai Osamu?", ladra, pero Dazai puede sentir las pestañas de Chuuya haciéndole cosquillas en la mandíbula mientras pone los ojos en blanco; y tal vez lo que florece en su pecho sea una flor o un jardín entero. —Déjalo, idiota. No voy a dejar que te lastimes así. No bajo mi jodida guardia. Ahora dame el estúpido cocinero o te arrancaré las manos de un mordisco.—


—Un buen ejemplo,— se ríe Dazai. —Un perro, de principio a fin.—


Chuuya muerde el pulgar de Dazai la próxima vez que se acerca lo suficiente a su boca con el resto de la galleta. Es un milagro que no se haya roto la piel. La Impresión es un recordatorio de un reclamo que Dazai no sabía que necesitaba, uno que puede conservar hasta que la mancha dejada por sus dientes se desvanezca. Deja el plato de galletas y mastica felizmente las delicias redondas. Con las luces apagadas, sólo el brillo intermitente de la película ilumina sus rostros.


Dazai no está viendo la película en absoluto.


Lo golpea como un camión.


—¿Estamos saliendo?— Pregunta tan sin rodeos, tan de repente; el Dazai que piensa mil veces cada jugada en el tablero de ajedrez, sometiéndose a la epifanía más profunda.


Chuuya casi se ahoga con el bocado que había estado masticando. —¿Estás bromeando?— Se mueve hacia atrás para encontrarse con los ojos claros y sin parpadear de Dazai. Lo que sea que busque, lo que sea que busque; Dazai no está muy seguro, pero no tiene miedo. Por fin, Chuuya suelta la risa más hermosa y entrecortada. —Sí. Estás jodidamente atrapado conmigo.—


—¿No hay contrapartida?—


—No hay devolución, idiota.—


Hay algo familiar en la forma en que se inclinan el uno hacia el otro al mismo tiempo. La atracción ineludible de la luna sobre las olas contra la costa, la atracción siempre presente de la gravedad sobre todos los cuerpos conocidos en el universo. Es natural que sus labios se encuentren a mitad de camino. Se encajan y el sabor de Chuuya es tan dulce en la lengua de Dazai; chocolate y azúcar moreno, alegría tranquila y alegría. Él lo sabe porque Dazai es igual.


Renacendo por dentro mientras se besan sin prisas, sin calor, pronunciando sus nombres porque se niegan a separarse ni siquiera por una décima de segundo.


La mano de Dazai recorre la carne de la parte interna del muslo de Chuuya, trazando las estrías en la piel cálida. Chuuya traza cada fila de dientes de Dazai con su lengua y jadea contra sus labios cuando Dazai toma el músculo en su boca. Dazai podría emborracharse con esto.


—Bastardo,— murmura Chuuya, débil y apestando a una adoración a la que Dazai aún no se ha acostumbrado.


—¿Sí?— Dazai se ríe, no sin verse afectado. Siente como si hubiera corrido dos maratones seguidos.


Es en ese capullo que no notan el insistente golpe en la puerta de Chuuya. Casi demasiado suave al principio, y ante la falta de respuesta dos veces más para conseguir que la atención de los adolescentes se centrara actualmente en asuntos mucho más urgentes.


Dazai se mueve para mordisquear la mandíbula de Chuuya.


La puerta se abre sin chirriar.


—Chico, solo me preguntaba si ustedes ycenaron o-...— Los ojos de Adam se mueven entre Chuuya, Dazal y de nuevo a Chuuya. Sus cejas apenas llegan a la línea del cabello. En circunstancias normales, a Dazai le resultaría gracioso, tal vez incluso hacer un comentario al respecto que sabe que haría reír a Adam. Ahora, sin embargo, mientras su cerebro se reinicia, solo puede agarrar el muslo de Chuuya con más fuerza y la boca forma una delgada línea.


Él sabe qué tipo de imagen hacen.


Los dos estaban tan apretados en la oscuridad que tendrían que luchar por las mismas partículas de oxígeno. Los labios de Chuuya estaban hinchados y resbaladizos por la saliva. La mano de Dazai acercándose a las costuras de los boxers de Chuuya. Una película completamente olvidada.


—Traje las sobras de la cena corporativa de esta noche. Eso es todo lo que quería... decir,— Adam tose incómodamente, desviando la mirada, pero en realidad no exige a los chicos que se separen. —Dazai-kun, supongo que pasarás... ¿la noche?—


Dazai parpadea para disipar la neblina en sus ojos. —Sí.— Chuuya le da un codazo en el costado. —Señor. Sí. Gracias.—


—Gracias, papá,— dice Chuuya. El hecho de que no ponga distancia entre ellos es un cubo de mantequilla en el estómago de Dazai; tal vez no sea el mejor compañero para los restos de vergüenza que se acumulan allí. —Iremos, eh. Toma un poco más tarde.—


Sin más preámbulos, y más palabras para agravar la naturaleza vergonzosa de ser sorprendido chupando la cara, Adam sale del dormitorio de Chuuya y cierra la puerta detrás de él. Esperan un par de segundos, hasta que sus pasos desaparecen escaleras abajo. Entonces Chuuya se hunde contra el costado de Dazai y esconde su rostro llameante en la curva de su cuello.


—Jesús, joder.—


—¡Él sabe totalmente que tuvimos sexo!— Dazai se frota el pecho, donde Chuuya se retorció y clavó un clavo en uno de sus pezones. —Estoy empezando a creer que a Chuuya le encanta mutilarme.—


—Ni siquiera, imbécil,— suspira Chuuya. Dazai cree que eso será el final cuando una sonrisa ilumina el rostro de Chuuya y se mueve para acunar las mejillas de Dazai. El puente de su nariz está pintado de un adorable rosa; pecas una lluvia de constelaciones visibles contra una puesta de sol. Comparten sonrisas de mierda que se convierten en resoplidos que luego se convierten en intentos de recuperar el aliento para hablar. Chuuya roza su nariz contra la de Dazai, —Ven aquí.—


Entonces, tal vez los antidepresivos no solucionen todo.


Sin embargo, ya no es como si Dazai los necesitara para resolver todos sus problemas.