ProfecΓa
βEl dΓa en que su majestad engendre a un hijo varΓ³n, Γ©ste terminarΓ‘ dΓ‘ndole muerte una vez crezca y se convierta en adultoβ.
Como si se tratara de un mal bucle, las palabras del orΓ‘culo se repetΓan en la mente de Shinichiro una y otra vez.
Fue a la edad de 20 aΓ±os cuando se vio obligado a heredar el reino de su difunto padre, y por si fuera poco, entre sus obligaciones, se vio forzado a desposar a un doncel de nombre Takemichi Hanagaki, heredero de un reino vecino, esto con la promesa de crear una alianza.
La idea lo asqueaba, pues el chico no pasaba de los 15 aΓ±os. Al igual que Γ©l, era un mocoso con una obligaciΓ³n que cumplir.
Al principio de su matrimonio, Shinichiro no soportΓ³ tener cerca o mirar siquiera a Takemichi, pero fue cuestiΓ³n de tiempo para que terminara cediendo ante la amabilidad del ojiazul.
Muy para su sorpresa, Takemichi resultΓ³ ser un doncel de alma inquebrantable y espΓritu amoroso, sumado una inmadura, pero sensual figura.
Esto encantΓ³ al azabache hasta el punto de mandar al diablo sus propias reglas y finalmente consumar su matrimonio, tomando a Takemichi por primera vez en medio del gran salΓ³n del palacio.
DespuΓ©s de su primera noche juntos las cosas cambiaron, no sΓ³lo el azabache se mostrΓ³ mΓ‘s cariΓ±oso con Takemichi, tambiΓ©n el rubio buscΓ³ excusas para estar cerca de Shinichiro.
Pocas fueron las noches donde la pareja durmiΓ³ mΓ‘s de cuatro horas, pues comerse a besos y devorar sus cuerpos mutuamente era mΓ‘s divertido que cerrar los ojos y caer inconsciente. O al menos asΓ fue hasta que lo inevitable pasΓ³ y Takemichi quedΓ³ embarazado.
Cuando se diΓ³ a conocer la noticia fueron muchos los que se festejaron por lo alto. El nacimiento de un bebΓ© entre ambos reinos significaba prosperidad y paz.
Es asΓ, que a unos cuantos dΓas de dar a luz, Shinichiro decidiΓ³ acudir con el orΓ‘culo para saber el destino de su primogΓ©nito βcomo era tradiciΓ³n en su familiaβ. Mas grande fue su sorpresa al descubrir que el destino de su hijo no serΓa otro mΓ‘s que asesinarlo.
Shinichiro era reconocido y admirado por sus sΓΊbditos y su reino, por lo que aceptar un futuro tan cruel era impensable. AdemΓ‘s, se trataba de su hijo, ΒΏcΓ³mo podrΓa asesinarlo? ΒΏAcaso habΓa engendrado un monstruo?
El azabache quiso entrar en razΓ³n y pasar por alto la maldita profecΓa, pero el miedo siempre es mayor que la razΓ³n y esa no serΓa la excepciΓ³n.
Llegado el dΓa del parto, Shinichiro ordenΓ³ a Takeomi, uno de sus mΓ‘s fieles lacayos, dar muerte al bebΓ©.
El hombre de la cicatriz mirΓ³ atΓ³nito a su rey, no podΓa creer que el hombre que al que le habΓa jurado lealtad le pidiera tal atrocidad.
βMajestad, estamos hablando de su hijo βexplicΓ³ aterradoβ. ΒΏEstΓ‘ seguro de lo que me pide?
Shinichiro no quiso escuchar razones o cualquier palabra destinada a defender a su primogΓ©nito.
βHaz lo que te ordenΓ³. Deshazte de esa criatura sin que nadie lo notΓ©, y cuando Takemichi despierte le dirΓ‘s que el bebΓ© naciΓ³ muerto.
SabΓa que su actuar era digno de un tirano y demente, pero su miedo era mayor. Todos temΓan a algo, y a lo que Shinichiro le aterraba era la idea de morir, mΓ‘s si era a manos de su propio hijo. AsΓ que, ΒΏpor quΓ© no prevenirlo?
Como un fiel sirviente, Takeomi no cuestionΓ³ mΓ‘s al moreno y continuΓ³ su tarea. TomΓ³ al pequeΓ±o en brazos y lo sacΓ³ a hurtadillas del castillo rumbo al rΓo mΓ‘s cercano.
Una vez llegΓ³ a su destino, Takeomi colocΓ³ sobre la superficie del agua al pequeΓ±o, logrando despertarlo. El mayor esperΓ³ escuchar el llanto desesperado, pero lo ΓΊnico que sus ojos pudieron ver fue la mueca sonriente del bebΓ©.
βNi con esa fea cara vas a salvarte βclamΓ³ indignadoβ, pero no lo tomes personal, es mejor de esta forma.
Claro que el pequeΓ±o no entendiΓ³ la situaciΓ³n en la que se encontraba, y lo ΓΊnico que atinΓ³ hacer fue a balbucear y soltar un par de quejidos al sentir como la frΓa agua mojaba poco a poco su cuerpecito.
Takeomi intentΓ³ apartar la mirada y hacer oΓdos sordos a los crecientes sollozos del infante, pero fue inΓΊtil.
Derrotado, el hombre de la cicatriz sacΓ³ del agua al bebΓ© y lo colocΓ³ sobre el pasto. No tomarΓa su vida, pero le abandonarΓa a su suerte. Era lo que podΓa hacer por Γ©l.
βAhora todo depende de ti, pequeΓ±o. βSacΓ³ de uno de sus bolsillos una daga con el sΓmbolo de un dragΓ³n dibujada en el mangoβ. Sobrevive y vΓ©ngate o muere tal como lo desea tu padre.
Takeomi era consciente del tortuoso destino con el que habΓa nacido ese niΓ±o, el salvar su vida sΓ³lo podΓa significar alargar mΓ‘s esa condena. Esperaba no equivocarse.
DespuΓ©s de que Takeomi se marchΓ³, fue cuestiΓ³n de tiempo para que el bebΓ© comenzarΓ‘ a llorar, como cualquier otro demandaba alimento y atenciΓ³n de su madre.
En cualquier otro caso, animales hambrientos habrΓan acorralado al menor para despuΓ©s devorarlo sin piedad, pero al tratarse de un pequeΓ±o con un destino tan trΓ‘gico fue que contra todo pronΓ³stico encontrado y recogido por un par de pastores que iba de paso.
Se trataba de la joven pareja de Draken y Emma, quienes al ver abandonado al bebΓ© decidieron adoptarlo y criarlo como hijo propio, bajo el nombre de Manjiro Ryuguji.
En el palacio, Takemichi se encontraba desconsolado y con el alma hecha pedazos, pues aunque fuera apenas un joven doncel obligado a vivir una vida de adulto, no pudo evitar amar al ser que en su vientre cargΓ³. Uno que, en palabras de Takeomi, naciΓ³ sin vida.
El joven doncel pasΓ³ dΓas sin alimentarse o dormir, pues cuando lo hacΓa la imagen de su pequeΓ±o muerto calaba en lo mΓ‘s profundo de su ser.
Los rumores llegaron a Shinichiro, pero este en lugar de acercarse a su pareja se mantuvo alejado. QuizΓ‘ por la culpa de ser Γ©l el causante de esa tristeza o tal vez por hastΓo, decidiΓ³ apartar al joven rubio de Γ©l.
No obstante, aquello sΓ³lo fue el comienzo del fin para el azabache. El reino cayΓ³ en desgracia, sus aliados le dieron la espalda, sus tierras dejaron de producir y la promesa de una vida pacΓfica desapareciΓ³ de la noche a la maΓ±ana.
Por todo el reino los rumores acusaban al rey de ser el causante del castigo divino. Cuando esas palabras llegaron a oΓdos de Shinichiro, ordenΓ³ la muerte de los insolentes plebeyos que mancharan su imagen y desafiaran su autoridad. PasΓ³ de ser amado a ser temido y repudiado.
En el palacio las cosas no fueron diferentes. Takemichi dejo de sonreΓr y un amargo sentimiento se plantΓ³ en su pecho. Ni los asuntos del reino o su esposo le interesaron ya.
Aunque aquello molestΓ³ a Shinichiro fue incapaz de confrontar a Takemichi, pues aunque deseaba recuperar el cariΓ±o del ojiazul la profecΓa era clara; morirΓa si un hijo varΓ³n nacΓa.
Los aΓ±os pasaron con gracia y benevolencia sobre Mikey. Gracias a su padre, Draken, se volviΓ³ el joven mΓ‘s fuerte de su pueblo. Era reconocido y admirado por su fuerza y belleza.
Y fue gracias a su talento que captΓ³ la atenciΓ³n del comandante de las fuerzas militares del reino de los Sano; Takeomi Akashi.
Manjiro no dudΓ³ en tomar la oferta de convertirse en un soldado imperial, no sΓ³lo porque era algo en lo que fuera talentoso, sino porque eso significaba que si morΓa sus padres no pasarΓan ninguna pena. Porque sΓ, Mikey conocΓa la verdad de sus orΓgenes, lo que le hacΓa amar y respetar a sus padres como a nadie mΓ‘s. No cualquiera serΓa capaz de recoger a un bebΓ© desconocido y criarlo como hijo propio.
Antes de marchar, Draken le entregΓ³ la daga que estaba a su lado el dΓa que lo encontraron, porque si alguien merecΓa respuestas ese era Mikey. El menor abrazΓ³ a su madre y a su padre, con la promesa de volver una vez obtuviera un gran puesto en el reino.
Una vez llegado al palacio junto con los otros hombres que serΓan sus compaΓ±eros, Mikey no pudo evitar mirar con curiosidad el lugar. El interior del castillo era enorme y mayormente decorado por gran variedad de pinturas y esculturas βque a su parecerβ eran de buen gusto.
Sin embargo, su recorrido se detuvo cuando logrΓ³ vislumbrar una figura que caminaba en su direcciΓ³n. Era un hombre de finos rasgos, alborotado cabello dorado, piel nΓvea, y una elegante casaca a tono celeste con bordes dorados. Sin embargo, lo que mΓ‘s llamΓ³ la atenciΓ³n de ese desconocido fue la mueca triste plasmada en su rostro.
Negro y azul se encontraron, y pronto una sensaciΓ³n electrizante recorriΓ³ el cuerpo de ambos. Las mejillas de Takemichi se tiΓ±eron de carmΓn y bajΓ³ la mirada incapaz de seguir con el juego de miradas del joven guardia. Manjiro sonriΓ³ divertido, pero antes de poder hacer mΓ‘s, Takeomi se adelantΓ³ y los presentΓ³ sin pedirlo.
Manjiro, un nuevo miembro de la guardia real, y Takemichi, el esposo de su majestad, el rey Shinichiro.
De mΓ‘s estΓ‘ decir que ni el descubrimiento fue suficiente para acabar con la curiosidad que el ojiazul le despertΓ³.
Manjiro hizo todo lo posible por sobresalir y ganar el reconocimiento de su superior, cosa que no le fue muy difΓcil. De esa forma pudo pasar mΓ‘s tiempo en el palacio, resguardando al rey, pero sobre todo a Takemichi.
El doncel, quien ya no era ingenuo, se mostrΓ³ renuente a dirigirle siquiera la palabra, con los aΓ±os aprendiΓ³ que todo el que se acercaba Γ©l lo hacΓa con segundas intenciones. Pero la insistencia y la galanterΓa de Manjiro fue suficiente para de poco en poco terminarΓ‘ perdiendo miedo y confiando en Γ©l.
La compaΓ±Γa del menor era cΓ³moda y le brindaba una sensaciΓ³n cΓ‘lida en el pecho, cΓ³mo hace mucho tiempo no sentΓa. El guardia se mostraba preocupado y siempre que podΓa intentaba sacarle una sonrisa, aunque claro, esto era un secreto entre ambos.
Por primera vez en aΓ±os, Takemichi se sintiΓ³ amado y protegido, y fue cuestiΓ³n de tiempo para que hiciera uso de su poder y ordenara el nombramiento de Manjiro como su guardia personal. Para este punto ya confiaba ciegamente en Γ©l.
La noticia sobresaltΓ³ al Akashi, pero al ser una peticiΓ³n de Takemichi no pudo negarse. DespuΓ©s de todo, nunca pedΓa nada y cumplir tan banal capricho no le daΓ±arΓa.
A oΓdos de Shinichiro la noticia llegΓ³, pero poco le importΓ³, con Takemichi apenas y se dirigΓan la palabra. Aunque si el rey hubiera sabido de la cercanΓa entre el guardia y su esposo, seguramente habrΓa intervenido.
Manjiro agradeciΓ³ el descuido y la falta de atenciΓ³n para con Takemichi, porque si el rey no lo amaba, Γ©l sΓ que lo harΓa. No soporta ver la tristeza reflejada en los bellos zarcos de su majestad, porque aun con una sonrisa en sus labios, Γ©l podΓa ver dolor en el rostro ajeno.
Para muchos, Manjiro podΓa parecer un idiota amante de los problemas, pero lo que nadie conocΓa era el lado mΓ‘s oscuro que escondΓa y aquel que utilizaba para ir por lo que querΓa.
El joven guardia sabΓa de la debilidad de Takemichi por verlo herido y aprovechando eso en uno de sus tantos entrenamientos se hizo golpear lo suficiente para despertar la preocupaciΓ³n de su majestad.
Takemichi odiaba ver sangre y moretones en el cuerpo y rostro de Mikey, le provocaba una sensaciΓ³n opresiva en el pecho. Lo querΓa proteger. ΒΏPor quΓ©? Ni Γ©l mismo lo sabΓa.
βNo deberΓas excederte βle reprendiΓ³ severo y continuΓ³ limpiando los restos de sangre seca de la cara del chicoβ. Eres fuerte, pero un dΓa podrΓas salir lastimado.
Mikey mirΓ³ embelesado al ojiazul, imaginando como serΓa probar los labios ajenos. No era tonto, sabΓa que no debΓa jugar porque de ser descubierto le cortarΓan la cabeza.
βTakemicchi tiene unas manos muy suaves. Me hace feliz.
El ojiazul no supo cΓ³mo actuar al sentir a Manjiro frotarse contra sus manos, las cuales ardΓan como si de fuego se tratara, pero era una sensaciΓ³n tan adictiva que le fue imposible resistirse.
La cercanΓa de Takemichi y Mikey no pasΓ³ por alto ante la mirada atenta de Takeomi, y tampoco era algo que le molestara. La verdad era que encajaba en sus planes.
Un golpe de Estado, ese era el propΓ³sito que durante aΓ±os Takeomi ideΓ³. El pueblo y las sirvientes estaban cansados del rey tirano que era Shinichiro, pues tras el βincidenteβ con su hijo, el azabache perdiΓ³ el control de sΓ mismo. Akashi sabΓa que si querΓa vencer al rey necesitaba de alguien fuerte y temerario, alguien como Manjiro.
El rubio se mostrΓ³ desinteresado en un principio, hasta que escuchΓ³ la propuesta de Takeomi: βLa corona y la mano de Takemichi serΓ‘n de quien derroque al reyβ.
Mikey no ambicionaba poder o pelear contra un hombre tan ruin, pero tampoco podΓa imaginar a Takemichi como esposo de alguien que no fuera Γ©l. Es asΓ que en una frΓa noche de otoΓ±o siguiΓ³ las Γ³rdenes de Takeomi y librΓ³ la batalla final contra Shinichiro y algunos de sus soldados a las afueras del castillo.
Hubo muertos por ambos bandos, y aunque la batalla era feroz y sangrienta, Mikey era quien tenΓa la tarea mΓ‘s importante, porque si querΓa ser el siguiente en desposar a Takemichi debΓa ser Γ©l quien le diera muerte al rey.
Con ese plan en mente, Manjiro peleΓ³ en un duelo a muerte con Shinichiro, el cual de dΓ©bil no tenΓa mΓ‘s que la apariencia. La pelea fue tan dura que Mikey creyΓ³ perder cuando su rival logrΓ³ arrebatarle la espada.
βΒΏEso es todo lo que tienes? βInterrogΓ³ con mofa el azabache y apuntΓ³ al pecho del rubioβ. Es una lΓ‘stima, eres tan joven y tan ingenuo.
Como buen villano, Shinichiro se sintiΓ³ tan confiado de su victoria que descuido a su rival e ignorΓ³ la daga que este sacaba de su manga.
En un acto sin piedad y cumpliendo el designio de su nacimiento, Manjiro clavΓ³ el puΓ±al en el pecho de Shinichiro y atravesΓ³ su corazΓ³n, garantizΓ‘ndole la muerte.
La sangre comenzΓ³ a manar del pecho del mayor, su vista se oscureciΓ³ y sin poder detenerse cayΓ³ de rodillas al suelo.
Manjiro se dedicΓ³ a observar su reflejo, desvanecerse en los ojos de su rival. Ver morir al moreno le traΓa una sensaciΓ³n de paz difΓcil de explicar.
Fue irΓ³nico, Shinichiro abandonΓ³ a su hijo para no morir por su causa, y al final su propio miedo fue el culpable de su muerte.
Cuando la noticia de la muerte del rey se esparciΓ³, los festejos entre los pobladores y los rebeldes no se hizo esperar.
Mikey llegΓ³ al castillo, el cual ya no estaba custodiado por los guardias de siempre, en su lugar estaban miembros de la rebeldΓa.
PasΓ³ de largo y encaminΓ³ sus pasos hasta la habitaciΓ³n real, y tan pronto como diΓ³ un paso en la estancia, su mejilla ardiΓ³ tras recibir una bofetada de Takemichi.
βAsesinaste a su majestad.
Manjiro acariciΓ³ su mejilla y mirΓ³ al ojiazul, aunque esperaba esa reacciΓ³n, no dejaba de molestarle. ΒΏQuΓ© acaso no lo querΓa?
Empero no hubo tiempo para represalias porque los labios de Takemichi se posaron sobre los suyos. Mikey correspondiΓ³ de inmediato y tomΓ³ por la cintura al doncel profundizando mΓ‘s su beso.
Manjiro degustΓ³ con placer la boca de Takemichi, y se dedicΓ³ a probar con lentitud cada centΓmetro de la cavidad. TenΓa un sabor dulce, tal como lo esperaba.
Pronto sus besos se tornaron mΓ‘s apasionados y demandantes. Mikey ya no podΓa ni querΓa contenerse. El menor alzΓ³ el cuerpo de Takemichi, haciendo que este enredara las piernas en su cadera, y sin dificultad se encaminΓ³ hasta la cama.
ColocΓ³ el cuerpo del ojiazul con cuidado sobre el colchΓ³n y quitΓ³ poco a poco las prendas del rubio, permitiΓ©ndose dejar algunas mordidas en los lechosos muslos de su amante.
Una vez desnudo se detuvo a admirarlo. TenΓa los ojos entrecerrados, los labios hinchados y rojos y un rubor que cubrΓa sus mejillas, pecho y muslos. Era mΓ‘s bello de lo que esperaba.
Manjiro atacΓ³ de nueva cuenta los labios ajenos y mordiΓ³ ligeramente el labio inferior, lo que hizo a Takemichi jadear sin pudor.
El ojiazul frunciΓ³ el ceΓ±o al notar que era el ΓΊnico sin ropa, asΓ que arrancΓ³ la ropa de Manjiro sin importarle hacerla aΓ±icos.
El hilo de razΓ³n que mantenΓa cuerdo a Takemichi desapareciΓ³ tan pronto como tuvo el cuerpo desnudo de Mikey frente a Γ©l. Era tan perfecto y atractivo que no podrΓa imaginar era su entrada al infierno.
La mente de Manjiro estaba nublado en deseo, ya sΓ³lo era consciente de como su ser y su virilidad clamaban por fundirse en el interior del ojiazul.
JugueteΓ³ con descaro alrededor de la rosada y hΓΊmeda entrada del doncel, para despuΓ©s hundir uno de sus dedos, dos y finalmente tres de sus falanges, incrementando la velocidad de sus movimientos y simulando pequeΓ±as embestidas que arrancaron gemidos de la boca de Takemichi. Eso fue suficiente para calentar a Mikey, quien no esperΓ³ mΓ‘s y se colΓ³ en medio de las piernas del ojiazul.
Lo mirΓ³ con lujuria y alineΓ³ su miembro a la palpitante entrada del ojiazul. Takemichi se frotΓ³ inconsciente al sentir el glande de Manjiro a punto de invadir su entrada.
βSΓ© paciente, Takemicchi. Voy a darte lo que te gusta.
Como un afrodisΓaco, la voz de Manjiro aumentΓ³ la lascivia en el ojiazul, quien lo ΓΊnico que deseaba para ese momento era ser penetrado por el menor.
βΒ‘Ha-hazlo ya! βOrdenΓ³ con lujuria, alzando mΓ‘s sus caderas. Mikey sonriΓ³ complacido de ver a Takemichi tan necesitado de Γ©l.
TomΓ³ las caderas del doncel y entrΓ³ de una estocada, arrancando un sonoro gemido del rubio.
Manjiro entraba y salΓa del interior de Takemichi con violencia, contrario a la ternura de los besos que plantaba en los labios ajenos. Pronto sΓ³lo gemidos y sonidos de pieles chocar sonaron como melodΓa por todo la habitaciΓ³n.
El menor apretΓ³ las caderas del azabache, sin percatarse de como sus dedos quedaban marcados sobre la nΓvea piel, provocando que las uΓ±as del doncel se clavaran en su espalda. DespuΓ©s de unos minutos, Mikey bajΓ³ la velocidad de sus estocadas y aumentΓ³ la profundidad.
Takemichi sintiΓ³ su interior colapsar al sentir lo profundo que llegaba en Γ©l y un cosquilleo apareciΓ³ en su bajo vientre. Mikey sintiΓ³ como su miembro comenzaba a ser apretado por las paredes de Takemichi, ambos estaban a punto de terminar.
TomΓ³ el miembro de Takemichi y moviΓ³ su mano de arriba hacia abajo, sin bajar la intensidad de las penetraciones y con los gemidos de Takemichi pidiΓ©ndole no parar. Pronto el lΓquido blanquecino del ojiazul escurriΓ³ por la mano de Manjiro, y este diΓ³ un par de estocadas mΓ‘s y terminΓ³ en el interior de su querido Takemichi.
Durante unos instantes se quedaron en silencio, mirΓ‘ndose con ternura e intentando normalizar sus respiraciones.
Cuando Mikey saco su flΓ‘cido miembro del interior de Takemichi una sonrisa juguetona se dibujΓ³ en su rostro al ver su semen resbalar del interior del ojiazul y mojar el interior de sus muslos.
Takemichi era completamente suyo.
Como era de esperarse, el pueblo aceptΓ³ a Manjiro como rey, se sentΓan aliviados de que un joven valiente hubiera acabado con la pesadilla que habΓa sido Shinichiro.
Lo que vino despuΓ©s pareciΓ³ ser la calma despuΓ©s de la tormenta. Los reinos vecinos aceptaban al nuevo rey, las cosechas eran las mejores en aΓ±os y la paz volvΓa a ser una realidad.
Pero de todo aquello, a Manjiro lo ΓΊnico que le hacΓa feliz era saber que sus padres podrΓan vivir sin preocupaciones y con la vida que merecΓan. AdemΓ‘s, ahora su vida estaba completa, Takemichi oficialmente era su esposo y dentro de pocos meses nacerΓa su primer hijo.
Sin embargo, las historias que empiezan mal terminan mal, y eso lo aprenderΓa Mikey cuando, en una de sus reuniones con Taqueo, este encontrarΓ‘ la daga que aΓ±os atrΓ‘s abandonΓ³ al lado del hijo de Shinichiro.
βΒΏDΓ³nde conseguiste eso?
βAh, es un regalo de mis padres βrespondiΓ³ restΓ‘ndole importanciaβ. Oh, ΒΏno te lo he dicho? Me abandonaron cuando nacΓ.
Los pies de Takeomi temblaron, mientras que una capa de sudor frΓo empaΓ±Γ³ su cuerpo. En el reino sΓ³lo una familia tenΓa el derecho de portar el emblema del dragΓ³n negro, y si Mikey era aquel bebΓ©, eso significaba queβ¦
Takeomi sintiΓ³ nΓ‘useas. ΒΏCΓ³mo podrΓa explicar su crimen? No habΓa justificaciΓ³n, por su culpa Takemichi y Manjiro habΓan cometido el peor de los pecados.
βTΓΊ no puedes ser. Β‘Esto es una abominaciΓ³n!
Manjiro mirΓ³ sin comprender al Akashi, a sus ojos se veΓa como un demente.
βΒΏQuΓ© dices?
βFui yo quien te abandonΓ³ βsoltΓ³ lleno de culpaβ. El hombre que te dejΓ³ en ese rΓo fui yo. Shinichiro me lo ordenΓ³, querΓa que matarΓ‘ a su hijo, pero no pudeβ¦ Yo no pude matarte, Mikey, asΓ que te abandonΓ© en ese lugar sΓ³lo con esta daga.
Mikey mirΓ³ aterrado a Takeomi, quien suplicaba de rodillas. En cualquier otra situaciΓ³n hubiera reΓdo o insultado al sirviente por el atrevimiento de su broma, pero de alguna forma todo parecΓa encajar, y eso era una amarga realidad; habΓa asesinado a su padre, y lo que era peorβ¦
βPerdΓ³name, por favor.
Lastimeros sollozos fueron suficientes para detener el puΓ±o con el que Manjiro estaba dispuesto a cerrarle la boca a Takeomi.
La mirada de Mikey se tornΓ³ horrorizada al ver que no era otro que Takemichi, quien, queriendo sorprender a su esposo, se escondiΓ³ detrΓ‘s de la puerta. Bastaba ver su mueca horrorizada para saber que conocΓa la verdad.
El doncel huyΓ³ despavorido e hizo oΓdos sordos a los gritos de Maneiro.
QuerΓa arrancarse las entraΓ±as con sus propias manos, pero ni eso podrΓa remediar la abominaciΓ³n que habΓa cometido, porque BanΓ‘michi entregΓ³ su vida, su amor y su devociΓ³n a un sΓ³lo hombre, uno que resultΓ³ ser su hijo.
Decidido estaba para terminar su sufrimiento y pagar su castigo, asΓ que corriΓ³ hasta su habitaciΓ³n y tomΓ³ una cuchilla de las que usaba Mikey para afeitarse.
βΒΏQuΓ© intentas hacer?
Manjiro arrebatΓ³ la cuchilla de la mano de Takemichi antes de que pudiera hacerse daΓ±o.
βΒΏQuΓ© no te das cuenta de lo que hicimos? βEl lamento de Takemichi era fuerte, y sus gritos desgarradoresβ. TΓΊ y yoβ¦ Nosotros no debimos.
Manjiro, yo soyβ¦
βΒ‘CΓ‘llate! No digas ni una palabra mΓ‘s, Takemicchi. βEnterrΓ³ el rostro de Takemichi en su pechoβ. Yo soy tu esposo y tΓΊ eres mi reina.
Las lΓ‘grimas de Takemichi mojaron la ropa de Mikey, pero a este ni cuenta se diΓ³. DespuΓ©s de todo, tampoco era capaz de notar su propio llanto.
Era un pecador, un malnacido que amaba y deseaba al hombre que le diΓ³ la vida. Estaban condenados al peor de los castigos, mas estaba dispuesto a aceptarlo, porque Takemichi era suyo.
Se desharΓa de Takeomi, era el ΓΊnico que conocΓa la verdad. No perderΓa a su Takemichi.
βSi tΓΊ mueres entonces tendrΓ‘s que cavar dos tumbas porque yo te seguirΓ© al infierno, Takemicchi.
Al final sΓ³lo el remordimiento quedarΓa, y del peso de su pecado dos salidas encontrarΓan: vivir con la culpa o la muerte.
Porque aunque fueran la historia trΓ‘gica de un amor que no debiΓ³ ser, el hecho era que sus destinos eran uno mismo.









EstΓ‘ locazo estΓ‘ esta historia, recomendable