Wrong neck, right bite [Jumil]

Summary

JaeHyun estaba marcado. ⠀No era nada malo que una persona fuese marcada por otra, de hecho, era extraordinario que todavía hubiese alguien que pudiese hacerlo. ⠀Solo que JaeHyun no era un omega. JaeHyun era un alfa y los alfas no debían ser marcados.

Genre
Romance/Drama
Author
Nalu
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Marca

Un aire extrañamente fresco le enfría las posaderas cuando vuelve a rodar sobre la cama por séptima vez esa mañana.


Es curioso como el encontrar la postura correcta se vuelve más difícil cuando tienes sueño y al mismo tiempo resaca. Por alguna razón te percatas mejor de cuando tu cabeza se hunde demasiado en la almohada, de cuando la cama tiene demasiadas arrugas, el pie está demasiado cerca del borde o las sábanas de repente desaparecen sin previo aviso. Y JaeHyun conoce demasiado bien esa sensación porque esa mañana le estaba tocando vivirla.


No había representación más torpe de él mismo que con un ojo entreabierto y la baba escurriendo por la barbilla arañando con los dedos de los pies la bajera de la cama buscando las sábanas. Primero a la izquierda, luego a la derecha y por último estirándose hacia abajo.


Si el universo estuviese de su parte ya las habría encontrado, pero el universo es caprichoso y no se pone de parte de nadie, menos aún de un veinteañero aún más caprichoso.


En un último movimiento desesperado por parte de su subconsciente para mantener su trance, da un manotazo hacia atrás y cae justo donde más frío estaba comenzando a tener: la nalga izquierda, que para más burla no tenía ninguna capa de tela encima. Y si la sabana no había sido suficiente para despertarle, el darse cuenta de que estaba desnudo si lo había sido. 


Había cosas que JaeHyun no hacía y una de ellas era dormir sin ropa. Aunque tiene algún recuerdo de cuando era pequeño y si le gustaba hacerlo, SangYeon como buen hermano mayor se había encargado de quitarle aquel gusto antes de su primer campamento de verano del colegio. Recuerda que había sido un trabajo duro, repetitivo y por encima de todo molesto. También le había hecho aprender a prepararse para un chapuzón de agua fría imprevisto, y pensando que volvería a aquel año, se irguió en la cama más rápido que un rayo. Sin embargo, para cuando realmente piensa con claridad, se acuerda de que hace varias semanas SangYeon dejó Corea para ir a Estados Unidos quedándose solos él y YoungJae. 


La ausencia de adrenalina es la que le hace suspirar y destensar sus hombros, sentado en el borde de la cama y dando paso a todo el dolor que no había notado hasta el momento. Por fin había encontrado la sábana, más ahora le daba igual, no se iba a volver a tumbar, menos aún al darse cuenta de cómo tenía de agarrotados los músculos de la espalda, con un dolor casi tan agudo como el de la cabeza. Estirarse le resultó esa mañana la tarea más difícil y aunque era casi imposible superarlo, el encontrar unas extrañas manchas en las sábanas bajo su cama y descifrar que eran desde la distancia, se volvió el ejercicio más complicado de su vida universitaria. Y echándole la culpa a su genética por no tener el intelecto de Sherlock Holmes, se agachó para alcanzarlas y ver que eran.


Es entonces cuando un calambre frío como un témpano y doloroso como un puñetazo en los morros, le hace pensar que realmente había algo mal en su hombro. Intenta descubrir con las yemas de sus dedos que le pasa dejando en segundo plano las manchas, pero la curiosidad crece aún más cuando toca la abertura de una herida. Lo primero que hace es buscar su ropa con un vistazo a su cuarto, pero está demasiado ofuscado como para detenerse a mirar en cada recoveco donde podrían estar y que en ese momento no alcanza a ver. Así que, lo segundo que hace, como puede, es hacer un gurruño a la sábana alrededor de la cintura para moverse descalzo hasta el baño, guiado más por esa misma curiosidad que por cualquier otra razón. Después cierra la puerta tras él y se inclina hacia el espejo ayudándose del lavabo para apoyarse y poder acercarse más, encontrando, lo que a su parecer cree que es, un arañazo en la hendidura de su cuello, y cambiando de opinión cuando la observa detenidamente en el reflejo a una mordedura. Si tuviese que describir la vista en una palabra sería “desagradable” y lo siguiente que diría es que se asemejaba a las series favoritas Sunwoo, aquellas de las que nunca se acordaba del nombre y que trataban curiosamente siempre de lo mismo: Zombies.


Hay sangre seca sobre la herida y está enrojecida debido al calor de la inflamación, como si estuviera infectada. Hace palpar con sus yemas la primera marca y aparta los dedos como si se hubiera electrocutado cuando vuelve a sentir otra punzada. Por Dios, le dolía horrores.


— ¿Qué..? 


No tiene tiempo para investigar más cuando alguien timbra y acaba sobresaltándose de nuevo, apretando la herida con la uña inconscientemente y haciendo que vuelva a abrirse y sangrar.


—¡YoungJae puedes abrir!? — alza la voz y busca una excusa para que no le haga salir del baño — ¡estoy cagando! — mientras agarra papel higiénico y vuelve a tocar los bordes de la herida en el espejo intentando detener el pequeño sangrado. 


No obstante, el timbre vuelve a sonar. 


— ¡YoungJae están llamando! — Alza todavía más la voz por si aún seguía sin escucharle, esta vez desviando la mirada del espejo hacia la puerta cerrada del baño. 


Y si aún le quedaba alguna esperanza de que el timbre se fuese a detener y Youngjae se levanta para responder el interfono, termina por ir directo al váter al igual que el papel cuando escucha de nuevo el ruido estridente.


—¡YoungJae! 


Decide salir de mala gana y avanza con pasos agigantados, agarrando la sábana en su cintura para que no se le resbale, hasta el interfono. 


— ¿Sí? — contesta finalmente. 


—Soy yo, ChanHee, HyunJae—. Conoce su voz y no hay un ápice de duda en él. Aprieta los botones con la misma mano con la que agarraba el diminuto teléfono y cuelga después. Deja la puerta entreabierta para que entre en cuanto suba con total confianza y luego camina hasta la puerta del otro chico molesto.


Youngjae solía acatar lo que le decía su hermano, y rara vez se negaba. Al fin y al cabo era el segundo al mando después de Sangyeon, aunque ya no tenía mucho sentido esa pequeña regla porque los tres ya habían cumplido la mayoría de edad. No obstante era una costumbre que se había quedado y no parecía querer irse de la familia.


— YoungJae ¿qué te pasa? ¿Por qué no abres? — empuja la puerta sin tomarse el tiempo de tocar antes de entrar, pues nunca estaba el pestillo puesto y había tanta luz que suponía que debía estar despierto — ¿YoungJae? — mas la cama está hecha, con el abrigo que había llevado el día anterior a la universidad encima como siempre solía dejarlo y no hay indicios de que haya pasado la noche en casa. 


YoungJae no había dormido allí, pero alguien había entrado en su cuarto porque había un abrigo extra colgado de la silla, y estaba seguro de que no era ni suyo ni de su hermano porque no es capaz de reconocerle. Y lo peor es que era demasiado grande como para que entrara en la categoría de ligues que a veces tenía durante las noches de fiesta. Ligues que nunca entraron en la habitación de YoungJae y que rara vez se fueron sin dejar rastro.