1. Tiempo atrás
Y esta historia comienza con un corazón roto, el mío por supuesto.
20 años antes..
Era otro día como cualquier otro o eso me parecía por lo menos. Estaba pensando en demasiadas cosas como siempre, vaya novedad.
Samantha o Sam como todo mundo le decíamos, decidió no venir a la escuela y eso significaba que yo tendría un día extremadamente solitario. Lo cual por supuesto no me molestaba, estaba acostumbrada a vivir así en todas partes, en especial con mi familia, pero quizás si hubiera estado Sam las cosas hubieran ocurrido de diferente forma.
No sé si fue el aburrimiento o extrañar a mi mejor amiga, pero eso me llevó a poner atención a mi alrededor y entonces la vi. Supe inmediatamente que estaba frente a una chica nueva, ya que ni siquiera vestía el uniforme del colegio.
Rubia, alta, portaba unos anteojos y aunque no logré distinguir el color de sus ojos, algo me decía que seguramente eran azules. En lo que yo curiosamente la observaba, vi que se me quedó viendo fijamente y en seguida aparté mi vista.
Nunca tuve intenciones de hacerla sentir incómoda, aunque creo que no me prestó mucha importancia, pues todas las demás personas la miraban igual. Sabía que eso estaba mal, nadie debería sentirse como pez en acuario, en especial los peces.
Supuestamente, me concentré en el libro que tenía entre mis manos, obviamente sin ningún éxito. Cuando me percaté que ya no estaba cerca de mí, me pregunté si podría existir la posibilidad de que ella fuera mi compañera de grupo, me pareció que era de mi edad.
Mi intuición en ese momento no me falló, cuando entré a mi clase de Geografía la vi en mi salón. De cerca me parecía incluso más bonita de lo que la había visto, definitivamente sus ojos eran de color azul y no se me ocurrió más que sonreírle torpemente. Ella de momento no hizo nada y luego juraría haber visto una muy discreta y corta sonrisa.
A los pocos minutos, me di cuenta de lo tímida que ella era. No es que yo hablara mucho, pero eso era por mi personalidad reservada, lo de ella era más bien miedo. Pensé en lo difícil que era empezar de cero en un nuevo lugar y lo mucho que yo habría odiado eso, no habría querido estar sin Sam.
¿Debería hablar con ella? Tenía ganas de hacerlo, pero no sabía cómo entablar una conversación de forma natural, ni siquiera sabía cómo es que Sam había decidido ser mi amiga. A todo esto, Sam era lo contrario a mí, siempre rodeada de personas. Creo que mi grupo me estimaba por ella y simplemente habían aceptado mi forma de ser.
Diría que mi vida en la escuela no era precisamente mala, aunque claro, yo sólo me concentraba en sacar las mejores notas posibles. Igual parecía tener mi encanto, porque tanto Mike como Jack parecían estar muy interesados en mí. Por supuesto, no me interesaba ninguno, me vi en la necesidad de ser honesta con ambos.
Jack lo entendió perfectamente y se convirtió en mi mejor amigo. En cuanto a Mike, diría que desde entonces me empezó a odiar, aunque nunca fui capaz de imaginar cuánto.
Regresando a mi nueva compañera, se presentó ante todos nosotros por sugerencia de la profesora Roberts. Recuerdo la primera vez que escuché su voz y lo automáticamente nerviosa que me puse, había algo en su voz que me producía tantas cosas en el interior, especialmente alegría.
Sí, nunca había experimentado algo tan hermoso y especial como escuchar una voz que te den ganas de escucharla toda la vida, pero eso y mucho más provocaba en mí Kara Danvers. No había conocido a nadie con ese nombre, pero era increíble como cosas tan básicas como su voz o su nombre me hicieran sentir cosas tan hermosas, esa siempre fue su magia.
Justo cuando me armé de valor, decidida a hablarle y decirle cualquier cosa, noté como Mike se acercaba a ella y preferí mantenerme lo más alejada posible. Quizás esa era una señal de la vida que me decía que debía mantenerme alejada de ella, pero siempre decidí ignorar toda lógica o sentido común cuando se trataba de ella.
Intenté no prestarle atención a ninguno de los dos, pero la escuché reír y me sentí abrumada. ¿Qué es lo que tenía ella que todo parecía gustarme? No tenía ni un día de conocerla y ya me sentía completamente pérdida. Sam seguro se reiría de mí, por todas las veces que dije que no tenía tiempo para fijarme en alguien y ahora parecía estar toda descontrolada por la chica nueva.
Lo más inteligente que se me ocurrió fue ir en búsqueda de Jack, nos llevábamos bien e inclusive diría que en ocasiones nos entendíamos a la perfección. Ese día no me importaba si teníamos o no conexión, sólo quería distraer a mi cabeza y estos extraños pensamientos que empezaban a nacer dentro de mí.
—Jack, ¿Qué haces?
—Lena, debes estar muy desesperada para hablarme. ¿Te hace mucha falta, Sam?—Jack tenía razón en que sólo lo había buscado por eso y me sentí mal, no lo merecía.
—No voy a negar lo mucho que la extraño, pero no es que me sienta desesperada... Es decir, tú y yo somos amigos, ¿Cierto? No quería hacerte sentir mal...
—Deberías ver tu rostro, me das tanta ternura a veces, Lena. Descuida, sólo estaba bromeando, me puedes hablar cuando tú quieras y como quieras, no hay problema. Estoy leyendo un artículo de ciencia, ya sabes que me interesa todo eso, tú y yo algún día seremos importantes científicos.
—Sí, aunque mi laboratorio será mejor que el tuyo.
—No sé si me gustaría competir contra ti, Lena. ¿Qué me dices de crear algo juntos?
—Podríamos colaborar, tal vez, pero yo tendré mi propias cosas.
—Siempre tan solitaria e independiente... Serías capaz hasta de no enamorarte de nadie con tal de no tener que compartir tu corazón.
—Bueno, sabes que eso no es algo que me robe el sueño...—Menos mal que Jack no notó cuando mi mirada se dirigió específicamente a la rubia y no a su compañía.
—¿Qué ves? Ah, claro, ahí está el molesto de Mathews y la nueva.
—Sí, está ahí con Kara.—Tampoco notó que para mí, ese nombre era especial.
—¿Así se llama? No presté atención cuando se presentó, de todas formas no me interesa nada de ella.
—¿Por qué te expresas así de ella? Ni siquiera la conoces, bueno, ninguno de las dos la conocemos.
—Creo en las primeras impresiones y para estar ahí pegada de Mathews, no me da buena espina.
—Jack, deberías dejar esa absurda rivalidad con Mike. Ustedes solían ser buenos amigos o por lo menos buenos compañeros.
—Sí, pero él se porto mal. Yo lo consideraba mi amigo, pero no le importó pretenderte e inventar mentiras con tal de tenerte.
—¿Qué clase de mentiras?
—No, olvida lo que dije.
—Necesito que me expliques.
—Le dijo a todos los chicos del salón que a ti te gustaba él y yo de momento le creí, por eso había actuado tan raro contigo, esperaba que me lo dijeras tú.
—Ahora entiendo tantas cosas...
—No fue hasta el 14 de febrero que armó todo su numerito y le rechazaste delante de todos que empecé a cuestionarme las tonterías que nos dijo. Así que ese día, tanto tú como yo lo terminamos de hundir por completo. Obviamente sigue teniendo a sus supuestos amigos que le celebran todo, pero sabe que con la gran mayoría carece de total respeto.
—Nunca pensé que él llegaría a tanto. ¿Qué necesidad de estar inventando cosas?
—Las personas como él, sólo saben actuar de esa forma tan cobarde. Afortunadamente, no te enamoraste de él. Mathews no es capaz ni de hacerse feliz a él, menos a alguien más. Pobre de la persona que termine con él y todo parece que será esa rubia.
—No creo que debas juzgarla de esa forma, Jack. Ella no conoce a nadie, Mike fue la primera persona que se le acercó, es normal que esté conversando con él.
—Eso podría entenderlo, pero parece que se entienden muy bien y eso me da que pensar.
—Como dije antes, tú eras su amigo y eso no te convertía en él, así lo mismo con ella.
—Preferiría no hablar de ninguno de los dos, el tema de Mathews me hace enojar y no quisiera estar así contigo.
—Está bien, hablemos de otra cosa...
—¿Y ahora por qué no vino, Sam?
—Eso es lo que yo me pregunto, no sé nada por lo menos.
—Yo no sé por qué razón es que parece que yo no le agrado, pero en realidad yo la estimo. La escuela se siente muy diferente cuando ella no está aquí.—Obviamente, a mí no me correspondía explicarle a Jack sobre lo que pasaba con Sam. Primero porque no era correcto, pero tampoco es que tenía mucha claridad. Sólo sabía que Sam parecía detestar a Jack y a Mike por igual, siempre me decía que ambos eran poca cosa para mí y que sería una tonta si me enamoraba de cualquiera de ellos.
—Sí, hace falta su alegría y locura.
—Aunque me agrada estar contigo ahora y conversar tan lindo.
—Gracias, Jack, eres un gran amigo para mí.—Noté como quiso ocultar su decepción al escuchar que lo nombraba así, pero prefería ser honesta.
—Eso somos. Solo amigos...—Regresamos a clases y todo transcurrió con relativa normalidad hasta la hora de salida. Yo estaba caminando tranquilamente cuando ella se tropezó conmigo. Nuestras cosas cayeron al piso, incluidos sus anteojos. Me agaché y la ayudé, por fortuna sus anteojos no habían sufrido ningún daño, así que sólo se los entregué para que pudiera ver mejor y por unos bellos instantes, nuestras miradas se cruzaron y nos resultó difícil apartar la vista.
—Muchas gracias por todo, no me fijé bien por dónde estaba caminando, todo es tan nuevo para mí. ¿Te encuentras bien? Soy Kara Danvers.—Pensé que ella hablaba mucho, pero quizás eran nervios o sólo era yo que no pronunciaba muchas palabras.
—Estoy perfecta.
—Eso se nota, digo, se ve que no te hiciste ningún daño.
—¿Tú te encuentras bien?
—Sí. Aliviada de que mis anteojos se encuentren bien, mi madre me habría matado y encima me quedaría sin ver por una larga temporada.—Me llevó unos segundos entender a qué se refería, había olvidado que en mi colegio existían muchas personas becadas. Yo no era una de ellas, tampoco Jack ni Sam, pero personas como Mike que eran muy buenas en deportes o como Eve que tenían excelentes calificaciones eran parte de ese programa educativo.
—Me alegro de que todo esté en orden.
—Eres realmente amable, compañera.—¿Ya había contado que yo no era muy buena socializando? Por supuesto, había olvidado presentarme.
—Lena Luthor es mi nombre.—Le extendí la mano como si fuéramos a pactar un negocio, pero ella fue tan dulce para contestarme de la misma forma. Su mano se sentía cálida y suave y su agarre me hizo sentir en confianza, como si de alguna forma, ella y yo ya nos conociéramos.
—Mucho gusto, Lena.
—Lo mismo digo, Kara.
—Me encantaría quedarme a platicar más contigo, pero me tengo que ir, mi hermana me espera.
—Yo también tengo que irme...—Quise omitir que el chófer de la familia me estaba esperando para llevarme a casa, ella todavía no me conocía y no quería causar una imagen equivocada. Había personas que con sólo mencionarles mi apellido se alejaban de mí o por el contrario, querían a toda costa tenerme en sus vidas. Se despidió de mí con un beso en la mejilla que no esperé, se disculpó y se alejó rápidamente.
No sé qué rostro habré tenido en esos momentos, pero estoy segura que no fue el mejor o ella no se hubiera sentido tan apenada. Quizá fue la sorpresa o lo mucho que me agradó la acción, pero me quedé como paralizada por algunos segundos. Miré a mi alrededor para constatar que no estuviera nadie cerca y toqué con mi mano la mejilla donde ella había depositado ese tierno beso.
A diferencia de mí, con el pasar de los días ella fue haciendo más amistades. Parecía ser una persona alegre que no se metía en ningún problema. Yo la adoraba en secreto, parecía caerle bien a Sam, lo cual no era una tarea nada fácil y saber eso me hacía sentir bien.
Los problemas en mi familia eran bastante comunes, mis padres solían discutir todo el tiempo, era obvio que sólo seguían juntos por las apariencias y el qué dirán. Me prometí que si algún día me convertía en madre, jamás le haría pasar a mis hijos por algo así, pues prefería estar sola que mal acompañada.
Ese día en particular, se excedieron tanto en sus gritos y discusiones que Lex y yo huimos de ahí. Me senté en una banca a fuera del colegio y cuando llegó la hora de entrar a clases, decidí quedarme afuera.
No me sentía bien y no iba a poner atención a ninguna de las clases, tomé mi libreta y empecé a hacer figuras sin ningún sentido, sólo así encontré un poco de calma en el caos que parecía ser mi vida. A la hora de la salida, le dije al chófer que tenía ganas de ir al parque y que me recogiera después, lo que menos quería era llegar a casa y sumergirme de nuevo en ese infierno familiar.
Estando en el parque, no sé si fue por el sol o por el simple hecho de hacerme sentir mejor, pero decidí ir a la heladería que estaba enfrente de mí. Pedí un helado de vainilla, mi favorito y empecé a sentir como si de pronto todo mejoraría. No me equivoqué, porque cuando menos lo esperé, ella entró al lugar. Se pidió un helado de chocolate y lo disfrutaba como si fuera una niña de seis años. Notó mi presencia y se acercó a mí.
—Hola, Lena. ¿Puedo sentarme contigo?
—Hola, Kara. Claro, no hay problema.
—Hoy no entraste a clases...—Sonreí, no esperaba que nadie aparte de Sam o Jack se fijara en mi ausencia.
—¿Tú notaste que no estaba?
—Imposible no darse cuenta.—Esa respuesta me tomó con la guardia baja, antes de confundirme y hacerme historias, quise saber a qué se refería.
—¿Por qué?
—¡Vaya pregunta!... Tú eres lo más luminoso que hay en el salón, lo que me hace sonreír cada día...
—¿Yo te hago sonreír?
—Sí, no me preguntes por qué, ni siquiera yo tengo una respuesta, pero verte cada día, me hace la vida más bonita.—Fueron sus palabras y mis propias emociones lo que me llevaron a confesar mis sentimientos y de la forma más torpe.
—Me gustas—Sí, sólo me limité a decir eso y ella se quedó pensando.
—Dime la verdad. ¿Hablas en serio?—Sonreí por nervios e intenté sonar y parecer lo más segura posible.
—Claro.
—No me lo creo.—No era mi intención que ella piense que estaba bromeando o algo por el estilo, sólo no sabía cómo expresarme correctamente, odiaba a mis padres por hacerme de esta forma que a veces me hacía parecer tan dura o sin sentimientos.
—Escúchame, Kara. No era mi intención confesarte mis sentimientos así de la nada, lo siento, pero lo que dije es verdad. No quiero lastimarte, realmente me gustas.—Por primera vez en mi vida, decidí abrir enteramente mi corazón. Quería que sepa lo que me hacía sentir, independientemente de lo mucho que me asustaba todo lo que sentía por primera vez. Sé que me creyó, porque vi la alegría en su rostro.
—Tú también me gustas, Lena.—Ese día, con esas palabras y la sonrisa más dulce, ella selló mi destino. Desde ese momento y hasta el día de hoy, mi corazón le ha pertenecido por completo a Kara Danvers.
Continuará...