The Blessing Of The Blues

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Summary

Diferentes puntos de vista, historias distintas y vivencias alarmantemente silenciosas. Geraldine, un demonio denominado Pouchk (animales humanoides), se convertirá en trotamundos después de vivir una dolorosa realidad. El infierno dejó de ser el hogar retorcido y asquerosamente acogedor que una vez había reconocido como su casa, entre otras cosas, Gala, una simple mortal tendrá que dar de sí, algo que ni ella misma conoce, y no será sola, eso deben darlo por hecho.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

La tenua luz del abismo recae sobre los pesados ojos de un cadáver, frío y dolorosamente rígido. Solo se pueden oir los silbidos del viento, que desolado, genera una melodía por las cavidades de los cadáver algo malolientes, una hermosa melodía que no tiene nada que ver con la ruda ilustración que se divisa a ojos de los supervivientes.

Un silencio abundante recorría los corazones palpitantes, hasta que un joven de cabellos amapolas decidió hablar, causando que todos los presentes pusieran toda su atención en él con algo de molestia por romper el voto de silencio que nadie había pedido.

-¿Por qué están todos tan callados?- preguntó. -¿Acaso no fueron ustedes quienes planearon este genocidio?-.


Uno de los causantes se acercó al joven, amenazante, agarrando uno de sus hombros con fuerza. -Te recuerdo, Evangeline, que esto no fue por mera diversión, sino que, gran parte de nuestras acciones de días anteriores son por motivos políticos-.

El joven Evangeline bajó la mirada observando el calzado del más alto y suspiró apenado.

-Tan políticos como lo de ir con zapatos totalmente pulcros, ¿No es así?-. Alzó la mirada con enfado y apartó al más alto. -Si tanto os importan como para estar en silencio, entonces... ¿Por qué no sois capaces de ensuciaros los zapatos y darles una gloriosa despedida?-. Este señaló los cuerpos de los fallecidos. -Si tanto os importan, ¿Por qué dejáis que los pisen durante dos días?-

El más alto desbocó una sonrisa y señaló con rabia al joven. -¿Piensas que eres fuerte?, en serio, ¿Lo crees? Solo eres un niño insensato y malcriado que no entiende nada de como funciona la política, ¡No tienes ni idea!-. Otro de los presentes agarró el brazo con el que estaba señalando a Evangeline tratando de tranquilizarlo. -Xueh, ¡Xueh! Tranquilízate, maldita sea, ¿No ves que estás montando una escena por un simple niño?-.

Xueh, un hombre de aproximadamente 35 años, con cabellos lisos y largos se alejó del joven, reuniéndose con el resto de supervivientes. Evangeline no apartó la mirada en ningún instante, posando su vista sobre el más coherente de los supervivientes, mirándolo de hito en hito. -Ni siquiera sois capaces de recoger los cuerpos de vuestros compañeros, ¿Qué pensará la señora Lian de esto, eh?, yo sé qué es lo que pensará. Ella pensará que sois unos cobardes embusteros, ¡Incapaces de darle sagrada sepultura ni a vuestros compañeros de combate!-. El joven avergonzado pasó al lado de Mneon, el más coherente, y comenzó a correr hasta llegar al lugar más apartado posible y así, desquitar su ira sin molestar a nadie.

-Por eso odio a los niños-. Xueh habló con desinterés y puso rumbo a uno de los edificios más importantes dentro de todo el subterráneo (mejor conocido como infierno) “Las dunas de Dalhan”.

El grupo de supervivientes se encaminó a dicho edificio y al entrar, solo Xueh tuvo la valentía de golpear en una de las habitaciones esperando que abriensen la puerta, aunque fuera solo un poco. Y acertó, la puerta se abrió, recibiendo una encantadora sonrisa.

-Dalhan, querido amigo, ¿Cómo está mi prisionero?-. Xueh abrió sus brazos mostrando gratitud.

-¿Tu prisionero? Dirás "nuestro". No me he pasado días encerrado con este ser medio humano para que ahora vengas tú con tu asquerosa sonrisa y tu amistosa figura-. Dalhan respondió, dejando paso a Xueh, para que él misma viera al prisionero con sus propios ojos. -Lo mantuviste con vida, bien-. Xueh observó todo el recinto cerrado y caluroso soltando una carcajada. -¿Y esto?.. ¿Arena, acaso estás de vacaciones?-. Dalhan miró a Xueh seriamente. -Te recuerdo, "amigo", que yo vivo prácticamente en el desierto, si me lo otorgas a mí, será mediante MIS condiciones, cómo sabrás, cazo allí, y si tengo que estar cuidando de un.. ser como este, he de hacerlo en mi entorno, y así, de paso, me divierto un poco, ¿No crees?-. Dalhan sonrío con malicia y agarró la cadena que envolvía el cuello del prisionero, Xueh lo observaba con mofa, disfrutando de lo que veía.

-Entiendo, entiendo. Bien.. ¿Estás listo para tu destierro?..¿Geraldine?-. Se agachó observando los furioso ojos de Geraldine riéndose maliciosamente. -Está claro que me lo voy a pasar genial-. Sonrió mirando al resto de supervivientes y salió del recinto satisfecho.










Por fin llegó el día, el destierro de Geraldine era noticia hasta por el rincón más desconocido del subterráneo, los submundistas se habían reunido justamente en el centro del pentágono, rodeando en corrillo al futuro exiliado, Xueh apareció casi de la nada, pasando entre los demonios que prácticamente eran una muralla.

-Amigos... Hermanos.. hoy, por fin, nos libraremos de este repugnante ser.. aunque yo habría elejido la muerte como castigo..-. Este abrió los brazos caminando por el pequeño espacio observando a todos los submundistas como si de un espectáculo de magia se tratase, él sería el mago y su hechizo final sería desaparecer a su compañero en vivo y en directo sin antes haber jugado con él.

-Bien, señoritas, ¿Quién quiere ver como el toro es agarrado por los cuernos?-. Xueh sacó una sonrisa burlona agarrando al Pouchk de la cornamenta y tirando de él como si fuera un simple objeto inanimado. -Será divertido ver cuánto tiempo podrá estar en la tierra sin sus poderes..-. Este lanzó a Geraldine al suelo dándole un par de patadas en el estómago mientras se escuchaban risas animándolo a continuar por parte de los submundistas que disfrutaban del escenario.

Mneon entró a la escena acercándose a Xueh y mirándolo en silencio, indicando que ya era hora, habían "convencido", más bien, obligado a Evangeline a abrir las puertas del infierno para deshacerse de Geraldine. Este último estaba echando a los submundistas para que Geraldine tuviera un destierro digno, pero no logró nada.

-¡BUUUU!-. Gritaban, lo abucheaban, no les importaba, y eso ponía de muy mal humor al joven Evangeline.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja!-. Xueh carcajeó descaradamente, a él no le importaba dejar en ridículo a las personas, solo se limitaba a observar lo que sucedía mientras agarraba a Geraldine para llevarlo a las afueras.

Mneon le dió una señal a Evangeline para que abriera las puertas, y así lo hizo.

Avergonzado por los abucheos alzó los brazos al aire y conjuró unas palabras, haciendo que el techo de tierra y piedras se desmoronara, dejando pasar la verdadera luz y no la simulada por radiación, todo el humo que estaba condensado dentro del subterráneo salió rápidamente y Xueh, agarrado a un pilar que sostenía el techo lo escaló ágilmente con Geraldine en su espalda, al llegar a las puertas salió y tiró a Geraldine, que yacía inconsciente en el suelo.

-Escúchame bien, Gerald, hoy comienza tu castigo. Estarás condenado a caminar escapando de los humanos, no tendrás poderes y será inútil esconder esas pezuñas y cornamenta, tenlo claro, Pouchk-. Xueh miró a Geraldine con desprecio e hizo aparecer una bolsa con agua y comida lanzándola a su lado para luego volver a hablar. -Todos te odiarán, te tendrán miedo, porque eres un monstruo, así que te brindo esta bolsa, contiene alimento y bebida. Úsalo con cabeza, porque nadie querrá ayudar a un ser inmundo como tú-. El hombre de cabellos largos saltó dentro del Averno, y las puertas se cerraron al instante.

Todos los presentes celebraban el destierro y se iban a sus trabajos a continuar como si nada hubiera pasado.

Los supervivientes felicitaban a Xueh, pero Mneon observaba a Evangeline, el más joven se encontraba sentado de rodillas agarrando la medalla de Geraldine, podía ver el brillo de sus lágrimas caer tan rápido como balas. Cuando intentó acercarse Xueh lo retuvo y se lo llevó junto al resto de supervivientes ha celebrarlo.