UNO
El temblor de sus manos era incontenible; apenas podía sostener el móvil. Observó a su alrededor, encontrándose en la cocina, rodeado por los utensilios y electrodomésticos habituales. Sin embargo, nada parecía real en ese momento de angustia desbordante. Se sentía incrédulo, deseando aferrarse a la loca idea de estar inmerso en un maldito sueño.
Pero no era así; anhelaba estar en uno justo en ese momento. Trató de respirar profundamente en un intento fallido de mantener la calma. Aun así, las lágrimas brotaban irremediablemente de su rostro. Negó frenéticamente, como si aquel acto pudiera evitar el ataque de ansiedad que se avecinaba, tomándolo de la manera más dolorosa posible.
Su pecho dolía y, a este paso, no sabía si era por su condición o si era su corazón el que había sido quebrado con brutalidad contra el pavimento, como si fuera un vaso de cristal. El mismo le latía con frenesí, retumbando en todo su ser, tanto que podía escuchar el sonido tras sus orejas.
Pronto, la respiración le faltó; se estaba ahogando, sintiéndose como un pez fuera de agua, boqueando cada vez más fuerte, necesitado de aire, necesitado de algún hecho que le indicara que la foto que acababa de recibir era totalmente mentira.
Las piernas le fallaron y no tuvo más remedio que caer contra el frío metal del refrigerador que se encontraba a su espalda. Resbaló contra él hasta llegar al piso, quedando como un trapo usado en el suelo, justo como se sentía.
Sin pensarlo demasiado, sus manos tomaron sus propias piernas y comenzaron a lastimarlas, arañándolas horriblemente. No quería hacerlo, pero era un acto desesperado que realizaba debido a todas las emociones juntas que sentía su cuerpo. En un momento fugaz de cordura, separó sus manos de sus piernas, pero se encontraron inquietas al segundo, queriendo tomar algo, agarrarse de lo que fuera con mucha fuerza. Tal vez era él quien realmente quería sostenerse de algo que lo mantuviera anclado en sus efímeros cinco sentidos, desesperado por no caer en la locura.
Entonces agarró su camisa con mucha fuerza y la estrujó entre sus manos con tantas ganas de lastimarse. Inconscientemente, sus manos encontraron su camino hacia su pecho, presionando con fervor sobre el lugar donde sentía un dolor agudo, como si intentara contener su corazón lastimado, ahí, entre sus manos.
Aquella acción fue su punto máximo, despojándose de la poca cordura que le quedaba. Rompió en llanto, uno desgarrador y fuerte.
Se dejó ser, no importaba cuánto podría llegar a doler su garganta al siguiente día, no importaba el dolor físico, no cuando su dolor sentimental era más fuerte y necesitaba sacarlo de su sistema a como dé lugar.
Duró algunos minutos sacando toda la desazón de su interior, su cabeza latía y sintió un leve malestar sentándose en su cerebro, como odiaba tener ataques de ansiedad. No hacían más que hacerlo sentir miserable luego de tanto berrear, estaba seguro que pronto su cabeza empezaría a dolerle con demasía a tal punto de vomitar.
Porque, por supuesto, luego de los episodios ansiosos, el castaño se mantenía quieto en cualquier lugar que haya caído, pues, su cuerpo quedaba débil, sin una gota de temple, haciéndole lucir como una rosa marchita, su arrebato le quitaba hasta el último aliento y simplemente quedaba a la vista un joven blandengue.
El vacío y desasosiego lo arremetieron, miraba las baldosas brillantes bajo su cuerpo inerte, respirando pausadamente, aparentemente ausente, pero no eran más que pensamientos intrusivos adentrándose en su mente, carcomiéndole.
La cantidad de veces que conocidos suyos le habían mencionado ver a su prometido con otras personas de manera muy cercana, eran demasiadas. Nunca creyó, aun así, tampoco indagó. Ciertamente se negaba a creer que su chico, su Jungkook, fuera capaz de hacerle algo así. Un joven azabache que no hacía más que llenarlo de mimos, detalles y atención, ¿cómo podía dudar de él, siquiera? viéndolo tan perdidamente enamorado cuando su mirada reparaba en él.
Jeon Jungkook era su centro de atención, era su todo, la persona con la que estaba seguro pasaría el resto de su vida y él sabía que para Jungkook era de la misma manera. O eso creía.
Porque no importaba el exceso de personas hablando de su novio como si realmente lo conocieran, él siempre le creía, confiaba en él. Pero ahora, era distinto. No era lo mismo personas soltando palabras acusatorias al aire con la intención de dañar su compromiso, a que un amigo le mandara una foto de su novio en una fiesta besando a otro chico.
Su burbuja se había reventado, el castillo de cuento de hadas había sido derrumbado ante el conocimiento de la imagen y con ella se llevaba su idealización de relación perfecta que creía tener, fue como una cachetada a la realidad, su aterrizaje a tierra sin el más mínimo cuidado.
Con sumo cuidado volvió a tomar su teléfono, que yacía en el suelo de la cocina. Desbloqueó la pantalla y volvió a mirar la imagen.
Aquella mano que bien conocía, cubierta de tinta desde los nudillos hasta su hombro, tapaba toda la extensión del rostro de su acompañante, un muchacho que por su complexión podía imaginar, rondaba la misma edad de ambos.
Y sintió tristeza, era la misma imagen posesiva, la manera en que Jungkook lo tomaba para besarlo, abarcando su diminuto rostro, para atraerlo hacia él y mantenerlo en su lugar para saborearlo a su antojo. Se preguntó entonces si lo hacía con igual parsimonia y calidez hasta quitarle el aliento como con él, si acaso a través de aquellos besos su acompañante podía sentir un amor infinito como él lo hacía.
Un pensamiento doloroso le atravesó, si Jungkook ya había probado otros labios, ¿era posible que sus manos hayan paseado lujuriosamente por el cuerpo de aquel joven? ¿Se habría acostado con alguien más que no haya sido él? La indignación acompañó su tristeza. ¿No era suficiente para su novio? Imágenes de Jungkook tomándolo con alevosía, amor y lujuria inundaron su mente. Él gritando de placer en cualquier sitio que Jungkook quisiera follarlo, el azabache brindando arremetidas contra su ser, en un delicioso vaivén, con sus manos siempre puestas sobre su cuerpo, queriendo tenerlo todo de él, volviéndolo loco de tanto placer, siempre tan insaciable. No pudo evitar sentirse asqueado cuando imaginó a otra persona que no sea él ocupando un lugar que pensaba, le pertenecía exclusivamente.
Su corazón pesó y lloró de nueva cuenta. ¿Jungkook había dejado de amarlo y ahora amaba a otra persona?
Tomó su corazón destrozado entre sus manos y sacando fuerzas desde lo más recóndito de su persona, levantó su cuerpo del suelo con la intención de ducharse. Pronto su cabeza dolería infernalmente y necesitaba prepararse para ello, tomaría una pastilla y pretendería recuperar su sueño. Esperaba dormir, se necesitaba cuerdo y estable para cuando llegue Jungkook, aun no sabía cómo abordar el tema, pero de momento solo necesitaba dormir.
Intentó conciliar el sueño apenas tomó su ducha, pero sus pensamientos y el dolor incesante de su corazón no le dejaban en lo absoluto, después de dar muchas vueltas en el colchón mullido y haber derramado lágrimas en su almohada, logró hacerlo.
Jimin había podido dormir menos de una hora cuando el sonar de unas llaves le levantaron de su sueño. Con movimiento letárgicos tomó asiento en el borde de su cama, restregó su ojos para quitar la pesadez en ellos y tomó su teléfono para visualizar la hora.
Cuatro de la mañana.
La puerta de la habitación chilló cuando su novio atravesó el umbral y Jimin pudo sentir como en su estómago se sentó una enorme carga, parecida a una piedra. Le miró sin expresión alguna, más su corazón respondió alegremente ante la presencia del azabache.
—Kook —susurró, el contrario le brindo una sonrisa y terminó por acercarse frente a él.
Su mirada era intensa, tenía ojos grandes y brillantes e inevitable sintió un cosquilleo en sus entrañas, se regañó internamente ante tales emociones. No podía ser blando ahora, no debía caer bajo los encantos de Jeon Jungkook
—Bebé —tomó el rostro de Jimin entre sus palmas y le plantó un beso—, perdón si te desperté —besó su mejilla.
—Es tarde —atinó a decir Jimin, habiendo tomado por sorpresa los besos de su novio.
—Lo sé, lo siento… Yoongi hyung no me quería soltar —soltó una risita y jugueteó con la barbilla de Jimin antes de sacar su billetera y celular de sus bolsillos para dejarlos en la mesita de noche—, iré a tomar un ducha y regreso contigo —acerco su rostro al del castaño —, te extrañé mucho.
Se quedó solo en la habitación luego de haber recibido un fugaz beso, ¿qué había Sido eso? ¿por qué no reclamó? ¿Por qué se dejó besar sin más?
El castaño restregó su cara en un acto de frustración y suspiró cansado, de si mismo, por ser un débil y cobarde. Observó la mesita de noche donde yacían las pertenencias de Jungkook, entonces un sentimiento de adrenalina alojó su ser, sus ojos bailaron entre la puerta del baño y el móvil de su novio, solo le tomó segundos pensarlo, tomó el celular entre sus manos y empezó a buscar.
No tenía claro a dónde dirigirse exactamente, pero buscó fotos, contactos, mensajes; cualquier indicio de que Jungkook pudiera estar siéndole infiel. Sin embargo, todo parecía estar en orden. Los chats con sus amigos versaban sobre trabajo y temas triviales. La galería estaba repleta de fotos de ambos, así como algunas suyas. No había ningún contacto que pudiera dar lugar a sospechas.
¿Entonces que había sido la foto que recibió? Ansioso, mordisqueo sus labios hasta hacerlos sangrar y decidió dejar el aparato donde se encontraba inicialmente. Solo unos minutos después, Jungkook salió del baño, restregando su cabellera con una toalla, llevaba solo bóxer y el torso descubierto.
El castaño le miró con un sentimiento de culpa, nunca había hecho tal cosa, pero estaba al borde de otro colapso ante la incertidumbre.
Tal vez solo había sido una foto mal intencionada, quería aferrarse a la idea de que su novio era igual de leal que él. Tampoco soportaba la idea de que Jungkook jugara de esa forma con sus sentimientos, se negaba rotundamente.
—¿Todo bien? —preguntó Jungkook, se recostó en la cama junto a él.
—Si —susurró escueto, Jimin.
—Ven —llamó sonriente y señaló su pecho. Jimin entendió el gesto y automáticamente recostó su cabeza en la piel desnuda. Jungkook aspiró la cabellera castaña y plantó un beso—, no dijiste que me extrañaste también.
—Lo hice —Jimin abrazó el torso de su novio y cerró los ojos disfrutando de la sensación.
No podía privarse de la tranquilidad que recibía su corazón por el simple hecho de estar junto a Jeon Jungkook .
—¿Sí?
Jimin asintió.
—Estás muy callado, ¿seguro estás bien? —volvió a cuestionar, mientras trazaba figuras intangibles en el brazo de Jimin.
—Solo… tengo sueño.
—¿Me esperaste mucho?
—No en realidad… Jungkook —recibió un murmuro en respuesta—, ¿la pasaste bien con hyung?
Preguntó cauteloso. No quería que Jungkook le confirmara la existencia de la foto, no lo soportaría. Solo necesitaba escuchar que todo había ido bien.
—Oh, si. Pasamos el rato en un bar con el resto de los chicos, y luego fuimos a casa de hyung para rematar. Hoseok hyung terminó tan borracho que calló dormido en el pasillo del departamento —rió al recordarlo—ya sabes, todo tranquilo, nada fuera de lo normal.
Jimin asintió analizando las palabras de su prometido. De alguna manera su conversación calmó sus nervios, su corazón se alivió y tomó por certeras sus palabras.
—Es bueno escuchar que te divertiste.
—Pero, ¿sabes qué?
El corazón de Jimin saltó.—Hm
—No hubo momento en el que dejé de pensarte. Contaba las horas para llegar y abrazarte —Jimin sonrió enternecido—, te amo.
Jimin afianzó su abrazo y besó el pecho del azabache —Te amo también Kookie.
Levantó su rostro encontrando a su novio mirarle atentamente, este agarró su barbilla y lo besó con alevosía y pasión.
Si, su relación estaba intacta. No había nada de que preocuparse.
Y de ser cierto, de ser real la deslealtad… No quería saberlo, no podría seguir sin él, lo necesitaba, su corazón lo necesitaba.