Introducción.
Desde el jardín de niños estoy enamorado de él.
Ah, Izuku Midoriya, nunca olvidaré cuando entraste al salón de clases con esos tenis del Rayo Mcqueen, tu cabello ondeándose por el aire de fuera y esas pecas moviéndose al par de tu sonrisa nerviosa por llegar tarde. La directora iba detrás pidiendo a la profesora que te dejara entrar y ella, sin saberlo, también le dio acceso a que aquel dulce niño se abriera camino en mi corazón paso por paso.
Cuando te mandaron a sentar, escogiste el asiento vacío a lado mío, me sonreiste como si a partir de ese momento tú y yo nos volveríamos los mejores amigos, aunque la realidad sería tan distante de lo que ahora conocemos. Una sonrisa opacada apenas por la falta de un diente de leche, sincera como los ojos esmeraldas que impactaban destellantes sobre los míos en la búsqueda de la amistad sincera.
¿Y yo? Tontamente giré el rostro diciendo "no te atrevas a copiarte de mí".
Estúpido.
Nunca debí hacerle caso a mi madre. Cuando ella mencionó que molestaba al chico que le gustaba en la primaria pensé que eso te haría darte cuenta de mis sentimientos, pero qué ibas a saber que las grandes manchas de lodo en tu libreta en un inicio eran corazones, que aquella vez que te empujé fue para que olieras las rosas o, la razón por la que acabé en dirección, ser atrapado mientras escribía en el pizarrón tu nombre. "Deku es lindo", quise escribir, pero era demasiado tarde cuando fui llevado a tener una charla contundente sobre dejarlo en paz, que eran tantas tus quejas que tenías miedo hasta pisar el salón por el temor de lo que te fuera a hacer, aun si tu mamá decía que era cosa de niños, la directora me había dejado claro que era parte de los niños problema.
No pude confrontarte y explicar qué estaba intentando conseguir, me había deprimido a tal magnitud que estuve a nada de no aprobar el jardín de niños, algo estúpidamente improbable.
Empeoró cuando inicié la primaria, sólo podía mirarte de lejos sin intentar acercarme, la vieja bruja me había prohibido hablarte por los problemas en el preescolar, aun así, sé que hablabas mal de mí, que era un agresivo y un abusivo, bajo tus palabras temías tanto por ti que siempre deseabas estar acompañado, mas la gota que derramó el vaso fue cuando expresaste tu odio hacia a mí, un acto que se grabó en mi mente. "Él seguro es un marica porque siempre me está mirando, quizá por eso me molestaba demasiado en el jardín de niños", un comentario que no justifica lo que hice después.
Arrojar tus libretas a los charcos, subir tu mochila al techo del instituto, quitarte los zapatos y meterlos dentro del sanitario, bajarte los pantalones en público, meter tu cabeza en el escusado usado, obligarte a comer tu bentō lleno de mis mocos, estos son algunos ejemplos de aquello que te hice en ese entonces burlándome siempre que un marica te había hecho llorar. Me daba asco ser un mierda, pero pensaba que eso era lo que pedías a gritos cada que insinuabas que yo era una basura, pensé que con eso estaríamos a mano hasta que tuvimos esa charla grupal donde hablaban de las relaciones y las maneras sanas de interactuar para no caer en una relación que diera dolor, entonces me detuve y pudiste seguir una vida relativamente normal, estábamos a un año de salir del instituto para poder entrar a la universidad que en mi mente me despedí de ti para iniciar una nueva etapa en mi vida.
Mas el destino hizo de las suyas, porque aunque me creía solo aplicando para entrar a una universidad de prestigio, te vi entrar en la misma aula en la que ahora tomaría mis clases. También te sorprendiste, mas no dijiste nada ni empezaste rumores como antes. Sentía tu miedo aun si no te dirigía la palabra, podía pasar dentro de mí una increíble culpa que no podía frenar y era debido a lo mismo.
Izuku, me seguías gustando, espero puedas perdonarme.