Parte única
El partido contra Tōō estaba a punto de acabar. Kagami seguía en la zona mientras que Aomine estaba a punto de salir de ella. Maldecía tanto al pelirrojo como a sí mismo por no poder seguir aguantando. El bloqueo que hizo para evitar la clavada final no fue suficiente, menos cuando escuchó el lejano grito de Kuroko animando a Kagami tras darle aquel pase directo. Sin poder detenerlo, los recuerdos de cuando Kuroko le avisó de que aparecería alguien mejor que él circularon por su mente antes de que el balón lo superara y entrara en la canasta. Cayó al suelo, el árbitro la dio válida para después indicar el final del juego, dándole la victoria a Seirin. Para Aomine todo se detuvo, tanto la celebración del equipo ganador como los aplausos de los espectadores, solo pudiendo afirmar que él, Aomine Daiki, el as de la Generación Milagrosa, acababa de perder. No reaccionó hasta que vio como Kagami se acercaba a él con Kuroko en su hombro sostenido. Una extraña conversación se llevó a cabo antes de volver a chocar el puño con el peliceleste, como años atrás se lo había negado.
--Tetsu --llamó antes de que se fueran a formar, consiguiendo la atención de ambos. --¿Podemos hablar más tarde? --su mirada era baja y su tono ciertamente era más apagado.
--Claro, Aomine-kun --le sonrió quedamente para luego alejarse.
Aomine lo sabía, no era el mejor momento para decir aquello, pero ahora que por fin había experimentado la derrota tras un gran juego decidió que era lo mejor, ya que volvía a ser él, el Aomine Daiki de Teiko que ayudó a Kuroko a volverse lo que es hoy en día, aunque haya sido por las malas. Pero no tendría otra oportunidad, veía su actitud con el pelirrojo y quería decírselo cuanto antes ahora que había recuperado el juicio y recordado sus sentimientos pasados. No sabía lo que el de menor estatura podría decirle ni como podría llegar a reaccionar, pero debía sacarse ese peso de encima.
Se alineó con su equipo, viendo que Tetsu seguía en el hombro de Kagami, y se retiró junto a su equipo hacia el vestuario. No habló con nadie, no hizo falta, simplemente se limpió el sudor, se cambió y se fue corriendo a la entrada donde esperaría a Kuroko.
Mientras, Seirin estaba haciendo una pequeña fiesta por su victoria contra Tōō, aunque la entrenadora rápido los calló para dar unas palabras. Todos se limpiaron y cambiaron para después salir. Se sorprendieron al ver al as de Tōō en la puerta mirando su teléfono. Sin sorprenderse, Kuroko avanzó por su propio pie hasta encontrarse delante del mayor, quien despegó la mirada de su teléfono para ver a quien se encontraba delante de él. Con un gesto de cabeza le indicó que lo siguiera. El peliceleste se despidió con la mano de sus amigos y trotó hasta estar a un lado de su antiguo compañero. Todos vieron extrañados como esos dos se alejaban, más Kagami, quien tenía un mal presentimiento de ese pequeño "encuentro". Riko gritó, llamando la atención de todos, y decidieron ir a la casa de Kagami que era la más cercana para poder descansar.
El jugador de Tōō llevó a Kuroko hasta una cancha de baloncesto abandonada. Estaba junto a un viejo parque con algunos columpios y demás cosas oxidadas. No había nada más, ni carretera ni edificios que pudieran interrumpirlos. Volteó a ver a su acompañante tras dejar su mochila apoyada contra la pared, siendo imitado en poco tiempo.
--¿Qué necesitas, Aomine-kun? --rompió el tenso silencio el menor al ver que el de cabello azul oscuro no empezaba a hablar.
--Es algo difícil de decir, Tetsu --suspiró para intentar calmarse, aún sentía la derrota reciente, por eso sabía que era el mejor momento, porque su ego no le impediría hablar.
--Te escucho --afirmó con su inexpresivo rostro con cierta curiosidad, aunque no lo diera a notar.
Con un último suspiro y las manos en los bolsillos del pantalón decidió comenzar a hablar.
--Tetsu, esto es algo difícil de asimilar y que había decidido ignorar tras aquel partido contra Inoue --empezó a decir con cierto dolor, aunque bien disimulado. --Después de que perdiera hoy siento que es el mejor momento para decírtelo, ya que por fin puedo volver a ser el Aomine Daiki que recuerdas de Teiko, aunque sea solo por un tiempo --susurró lo último, bajando ligeramente la mirada y rascando su nuca con nerviosismo.
--Aomine-kun, no entiendo --se sinceró sin problema Kuroko al ver que Daiki se estaba yendo por las ramas.
--Cuando conocí al "fantasma" aquel día en el gimnasio francamente me sorprendí --recordó con cierta diversión, devolviendo la mano a su bolsillo. --Me gustó conocer a alguien que le gustara tanto el baloncesto como a mí. Más tarde, cuando ya llevábamos unos meses de conocernos me di cuenta que no solo me caías bien por tu pasión por el baloncesto --aquí iba lo difícil, podía ver la mirada expectante que tenía el contrario, aunque fuera inexpresivo a él cada vez se le facilitaba más el poder leer sus expresiones. --Tardé en darme cuenta y tras el partido contra Inoue lo quise olvidar ya que te estaba haciendo daño con mi comportamiento --un último suspiro y volvió a elevar la cabeza para quedar viendo la azulina mirada que intentaba analizarlo. --Me gustas, Tetsu, y no como amigo, quiero que seamos algo más que eso --admitió al final sin pelos en la lengua con tono serio y directo.
Kuroko abrió ligeramente los ojos y la boca en sorpresa, no se esperaba ese resultado de aquella conversación. Su corazón se aceleró como si estuviera en medio de un partido, la boca se le secó y su cerebro se estaba remontando a años atrás, cuando Aomine entrenaba con él, lo apoyaba para ser mejor y aquel momento al lado del rio donde le dijo aquellas dolorosas palabras con mirada vacía. Pero su pecho se sintió cálido, las lágrimas se acumularon en las comisuras de sus ojos y no pudo seguir aguantándole la mirada al mayor, desviándola hacia el suelo.
El de piel oscura se alarmó al ver los ojos aguados del contrario y como desvió la mirada al suelo. Quiso acercarse y abrazarlo pero no sabía como podía reaccionar Tetsuya. Al final ignoró las advertencias de su cabeza y envolvió el pequeño cuerpo en sus brazos, pegándolo a su pecho y apoyando la barbilla en la cabeza ajena con cuidado de no lastimarlo. Cualquier miedo se esfumó al sentir como los pálidos brazos del peliceleste se aferraban a su espalda en busca de un consuelo que estaba dispuesto a darle. Acarició su cabeza con una mano mientras la otra seguía envolviendo el cuerpo delante de él.
--Idiota --consiguió formular Kuroko ahogadamente contra el pecho del mayor.
Esa palabra fue como un golpe para Aomine.
--Pensé que nunca podría estar así contigo --se sinceró, relajando su cuerpo para sentir con mayor facilidad las caricias que el peliazul le proporcionaba. --Te quiero, Aomine-kun --susurró apenas audible, aunque a la distancia que estaban no pasó desapercibido para el fino oído de Daiki.
Una amplia sonrisa se formó en su rostro mostrando ligeramente los dientes y abrazó un poco más fuerte el cuerpo entre sus brazos antes de separarlo y verlo directamente a los ojos, los cuales estaban rojos y levemente hinchados por el reciente llanto. Acarició su mejilla delicadamente y sin poder esperar más juntó sus labios en un tranquilo beso. Al principio Tetsu se sorprendió, pero no tardó en corresponder, pasando ambos brazos por el cuello ajeno mientras sentía una mano rodearle la cintura y la otra desplazarse hasta su nuca para evitar que se separaran. Aomine estaba ligeramente encorvado para poder alcanzar bien el rostro del menor mientras que este estaba mirando hacia arriba para que fuera más sencillo para ambos el mantener esa íntima unión. El aire faltó y se tuvieron que separar por eso, cada uno volviendo a una posición un poco más cómoda aunque sin mover sus brazos ni un ápice.
--Te amo, Tetsu --rompió el silencio sin poder contener su felicidad.
--Yo también te amo, Aomine-kun --contestó con una sonrisa poco vista en él, mostrando sus dientes y dejando colgar sus brazos del cuello ajeno.
Aomine lo cargó, elevándolo por los muslos y haciendo que el menor enredara las piernas en su cintura, el cual se sonrojó por la nueva posición, aferrándose al cuello del moreno para estar más seguro de que no caería.
--¿Quieres ser mi pareja? --preguntó mirando directamente los celestes del contrario.
--Claro, Aomine-kun --sonrió con un lindo sonrojo surcando sus pálidas mejillas.
Aomine volvió a unir sus labios en un tierno beso, pero toda la atmósfera fue rota cuando un móvil comenzó a sonar. El moreno gruñó al ser obligado a separarse y bajar al menor de sus brazos, corroborando que era el teléfono de este el que sonaba. Lo cogió del bolsillo de su pantalón y contestó.
--¿Sí? --no podía oír respuesta, resignándose y abrazando de nueva cuenta el pequeño cuerpo contra el suyo. --Kagami-kun, estoy bien --ese nombre acababa de fastidiarle el momento. --Está bien, voy enseguida --así colgó y devolvió el aparato a su bolsillo, encogiendo los brazos y dejándose arrullar por los amplios que Daiki poseía. --Tengo que irme, Riko-san preparó comida --separó la cabeza para poder ver de frente la cara del mayor.
--Define comida --sonaba sospechoso.
--Es como la de Momoi-san --la cara de Aomine palideció y aferró aún más el delgado cuerpo contra el suyo.
--No pienso permitir que mueras por intoxicación --declaró con miedo.
--Es la entrenadora, tengo que ir, además, Kagami-kun le enseñó a cocinar, no puede estar tan malo --aunque ni él mismo estaba seguro de eso.
--Me da igual --enterró la nariz en los celestes cabellos, inhalando su fragancia natural.
Sin responder Kuroko solo se dejó hacer por los mimos del peliazul hasta que decidió que era suficiente. Con la poca fuerza que tenía consiguió alejarse lo suficiente para volver a quedar de frente. Se puso de puntillas, pasó sus brazos por el cuello ajeno y le dio un suave beso que fue correspondido al segundo. Se separó y acercó a la pared para recoger su mochila, seguido del as de Tōō.
--Veré tu próximo partido --aseguró Aomine cuando comenzaron a alejarse de la cancha.
--Me esforzaré al máximo --aseguró con su rostro sin emociones pero mirada decidida.
--Me ofendería si no lo hicieras --rio ante la respuesta del contrario.
Llegaron al estadio de la Winter cup, donde el mayor le dio otro beso más intenso al peliceleste antes de despedirse y alejarse cada uno por su camino.
(...)
Después de comer (lo que pudieron) de la comida de Riko, Kagami y Kuroko estaban en la terraza del primer mencionado.
--¿De qué quería hablar Aomine? --preguntó aquello que carcomía su mente.
--Aomine-kun ahora es mi pareja --fue directo, no veía la razón para ocultarlo.
Kagami palideció y miró al contrario como si le hubiera salido una segunda cabeza.
--¿¡Cómo!? --gritó exaltado por la información dada.
Kuroko iba a hablar, pero comenzó a marearse para seguido caer inconsciente, el pelirrojo agarrándolo antes de que cayera por poco. Entró y el resto estaba igual, no tardando también en caer.