Enfermedad de Hanahaki | Hazbin Hotel | Radioapple

Summary

Alastor empieza a toser unos extraños pétalos de rosas.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

CHAPTER 1: El comienzo



Alastor se encontraba sumido en una desconcertante situación. Cada vez que una tos se apoderaba de su cuerpo, un fenómeno inusual y asombroso ocurría: pétalos delicados emergían de su boca y también de sus manos, flotando en el aire antes de caer lentamente al suelo. El escenario era surrealista, y el joven no podía comprender qué estaba sucediendo.


Hace un mes, Alastor había notado una leve molestia en su pecho. En un principio, pensó que se trataba de los síntomas iniciales de una gripe común y corriente. Con previsión, se preparó para enfrentarla, tomando medidas para fortalecer su sistema inmunológico y resguardarse del posible malestar. Sin embargo, para su desconcierto, la molestia en su pecho no solo persistió, sino que también se intensificó de forma inesperada.


La llegada de la tos resultó ser el desencadenante de este extraño y misterioso evento. Él, perplejo y confundido, no podía creer lo que estaba presenciando. Los pétalos de rosas, tan hermosos como inusuales, brotaban de sus pulmones con cada acceso de tos. La vista de aquellos pétalos flotantes y coloridos llenaba su mente de interrogantes, sin ofrecer ninguna respuesta clara. La confusión se reflejaba en sus ojos mientras observaba el pétalo de rosa que yacía en su mano, incapaz de comprender el porqué de esta extraña manifestación. La perplejidad se apoderaba de su ser, sumergiéndolo en un mar de incertidumbre y asombro.


   — ¿Esto es acaso posible? —se decía confundido.


Ajustando sus gafas con precisión y abrochando su chaqueta, se preparaba para salir. Hoy tenía una cita especial con su mejor amigo en un acogedor restaurante, que pertenecía a una de sus amigas queridas; un encuentro esperado después de dos largas semanas sin verse. Esta amistad era una de las pocas que realmente valoraba en su vida, junto con la compañía incondicional de Mimzy, Rosie y los recuerdos de su difunta madre, que descansaba en paz.


Mientras caminaba por las calles, la gente lo saludaba efusivamente. No era de sorprenderse, ya que Alastor había ganado cierta fama en la ciudad debido a su trabajo como locutor de radio. A pesar de que los televisores habían llegado a la escena ya bastantes años, él se aferraba a su labor en la radio, convencido de que esa era su verdadera vocación. Su rostro, con su carisma y voz cautivadora, estaba destinado a la radio, no a las nuevas tecnologías.


Sin embargo, en medio de su trayecto, la familiar sensación de tos comenzó a surgir. Consciente de los extraños pétalos que emergían de su boca cada vez que tosía, Alastor aclaró su garganta, evitando que la tos se manifestara por completo. Sabía que debía investigar esta extraña ocurrencia. La biblioteca del centro de la ciudad parecía ser el lugar indicado para comenzar su indagación. No consideraba esto como algo normal, y la inquietud lo impulsaba a buscar respuestas. Aunque también tenía en mente la posibilidad de visitar al médico, a pesar de su aversión hacia las estériles salas blancas que le recordaban los últimos momentos de su madre.


A medida que se acercaba, pudo distinguir a lo lejos la característica cabellera rubia de su amigo, peinada hacia atrás con algunos mechones rebeldes que resaltaban. Su piel pálida exhibía un rubor natural en sus mejillas, y siempre optaba por vestir trajes blancos y tonos pasteles, una elección que reflejaba su personalidad amable y gentil. Los ojos color zafiro de su compañero eran su rasgo favorito, y a menudo se perdía contemplándolos durante largos minutos cuando estaban juntos...


Sin embargo, sacudió su cabeza ligeramente para apartar esos pensamientos. Debía dejar de pensar de esa manera, ya que no era apropiado tener esos pensamientos hacia su mejor amigo, especialmente porque era otro... hombre.


   — ¡Lucifer, amigo! —saludó el moreno mientras se acercaba a su amigo, quien se sobresaltó al escuchar su voz, evidentemente distraído.


   — Alastor, me asustaste. —rió suavemente— ¡Ha pasado tanto tiempo! Siento como si hubiera crecido un poco.


Esto hizo soltar una carcajada al más alto, negando con la cabeza mientras su brazo rodeaba uno de los hombros de Lucifer, acercándolo a él. Desde que se conocieron hace un año, había sentido una profunda conexión con él y deseaba tenerlo cerca...


   — Oh, pequeño, eso nunca sucederá. —Lucifer rodó los ojos, un poco ofendido pero divertido al mismo tiempo. Su brazo se posó en la espalda del m, ya que no alcanzaba a llegar a sus hombros, una diferencia evidente de altura entre ambos.


Finalmente, los dos amigos ingresaron al cálido y acogedor restaurante de Rosie, una amiga de ambos a quien Lucifer había conocido gracias a Alastor, y la verdad es que se habían caído muy bien desde el principio. Rosie era una mujer ligeramente más alta que Alastor, con una piel pálida y ojos azules. Su cabello rubio estaba teñido y llevaba puesto un vestido ceñido al cuerpo, con detalles en rojo y negro, además de un llamativo sombrero adornado con extravagantes plumas. Desde lejos, la dueña del lugar los deslumbró con su entusiasmo y una sonrisa en sus labios pintados de un seductor tono rojo, acercándose a ambos con emoción.


   — ¡Alastor, Lucifer! ¡Cuánto tiempo sin verte, querido! —exclamó, dirigiéndose especialmente al segundo. Entre los tres presentes en ese momento, el joven Morningstar era el más ocupado, ya que provenía de una familia bastante poderosa y solo encontraba momentos libres en su apretada agenda para visitar a sus verdaderos amigos.


Afortunadamente, ya era un adulto, porque de ser un adolescente y su padre descubrir que sus amigos provenían de una "clase baja", probablemente no le permitiría salir de casa.


   — Discúlpame, Rosie. ¡Pero aquí estoy! —comentó entusiasmado, liberándose del agarre de Alastor para darle a Rosie un breve abrazo bajo su gran sombrero.


Esta muestra de afecto provocó una leve expresión de descontento en el rostro del castaño, aunque se esforzó por no mostrarlo demasiado, siempre manteniendo una sonrisa en su rostro.


Después de separarse, Rosie se acercó a Alastor y le dio un beso en la mejilla, dejando una marca de su labial. Un tanto avergonzado, Alastor soltó unas suaves risas y correspondió al saludo. Muchos se confundían con la relación que tenían, ya que cualquiera que los viera juntos asumiría que eran pareja, pero eso no era cierto. Rosie siempre había sido una mujer cariñosa que expresaba su aprecio a sus seres queridos a través del contacto físico, además de deleitarlos con su exquisita comida.


   — Pasen, pasen. —decía Rosie mientras los guiaba hacia el interior del restaurante. Lucifer volvió a colocarse a su lado, soltando risitas y dándole un leve golpe con el codo al costado de su amigo de gafas, llamando su atención. Luego señaló su mejilla con una sonrisa burlona, haciendo alusión a la marca que Rosie le había dejado allí.


Con el rostro ligeramente sonrojado, Alastor se limpió su mejilla con una mano hasta que finalmente quedó libre de cualquier rastro de lápiz labial.


La mujer alta les asignó una mesa especial para ambos, y pidieron sus platos favoritos del lugar, como los pancakes y el jambalaya de la casa. Como gesto especial, les sirvió un vino de cortesía, especialmente para Lucifer, quien a pesar de ser su amigo, tenía una influencia notable.


   — Cuéntame, ¿cómo has estado? Realmente te habías perdido. —comentó Alastor mientras se servía dos copas de vino, entregando primero la copa a Lucifer.


   — Ugh... no tienes idea. Realmente no sabes lo que he pasado. —dijo el joven rubio, cubriéndose el rostro con una mano. Agradeció el gesto de su amigo.


El moreno llevó la copa a sus labios, saboreando el líquido rojo mientras observaba al más bajo con una ceja enarcada.


   — Por algo estamos aquí, para que me actualices sobre todo. —respondió, sonriendo y asintiendo con la cabeza.


   — ¿Te puedes creer que me obligaron a casarme con Lilith? —soltó de repente.


Sus ojos se abrieron ampliamente, mostrando asombro. La noticia fue una maldita y jodida sorpresa, una molestia notoria en su ser y una terrible sensación en su pecho que aumentó de manera considerable en un instante. De repente, sintió ganas de toser. Aclaró su garganta por décima vez ese día, tratando de que fuera más suave, pero no lo logró.


   — ¿Y... y eso por qué? — preguntó, intentando sonar lo más sereno posible y su sonrisa siendo la más forzosa que ha hecho en su vida, pero aún así transmitiendo que era agradable. Deja la copa en la superficie de la mesa mientras sentía que comenzaba a temblar. Ocultó sus manos temblorosas debajo de la mesa.


La comida había llegado, y Rosie fue nuevamente la encargada de servirles, colocando los platos frente a cada uno según sus preferencias, y luego dejándolos a solas.


   — Hmm... primero, no quiero negar que realmente me encantaría casarme con ella y formar una familia. —dijo mientras tomaba el tenedor y acariciaba suavemente la superficie de los pancakes con una expresión de anhelo. Alastor notó un brillo característico en los ojos de Lucifer, ese brillo que él sabía que solo aparecía cuando su amigo estaba realmente emocionado— Pero siento que es demasiado pronto. Claro que quiero casarme con ella, pero solo llevamos tres meses de noviazgo.


No pudo contenerse más y, tratando de mantener la calma, tomó una servilleta y la llevó a sus labios, tosiendo ligeramente pero sintiendo cómo el dolor en su pecho se intensificaba. Como pudo, guardó la servilleta en uno de sus bolsillos, consciente de que los molestos pétalos de su enfermedad podrían estar allí. Al menos, la molestia de toser había disminuido un poco.


Aunque no conocía personalmente a Lilith, ya había oído hablar de ella varios meses atrás, incluso antes de que Lucifer le mencionara que era su actual pareja, algo más que un simple enamoramiento. A través de fotos y artículos de periódico, había visto a una mujer alta, rubia de largos cabellos que llegaban hasta sus rodillas, con una mirada dura y facciones perfectas. Definitivamente, era el tipo de mujer que Lucifer buscaba, además de provenir de una familia adinerada.


   — ¿Y por qué tu familia? Ya eres un adulto, no deberían obligarte a hacer algo que no quieres —preguntó Alastor un poco molesto, dando otro sorbo a su vino para refrescar su garganta.


Ni siquiera había probado su comida.


   — Lo sé. Les he dicho lo mismo, pero parecen empeñados en obligarme. —respondió, llevándose un bocado de comida a la boca y comenzando a masticar— ¡Pero quieren que lo haga pronto! Mi padre me ha dicho que si no lo hago en los próximos cinco meses, me prohibirá tener contacto con la familia de Lilith.


   — Pero ya no vives con él, ¿verdad? —preguntó, tratando de entender la situación.


   — Por supuesto que no, ya me faltaba más. Todos mis hermanos ya se han ido de casa. Soy un adulto, no un maldito niño. —suspiró el rubio, mostrando cierta frustración.


Definitivamente el más alto odiaba al padre de Lucifer. ¿Por qué lo obligaría a hacer algo así? ¿No era suficiente que estuviera saliendo con esa mujer? Sus uñas se clavaron en sus piernas mientras luchaba contra la creciente sensación de celos. Aunque lo sentía, se negaba a reconocerlo. Él quería ser esa persona, quería casarse con Lucifer y ser la única persona en pasar el resto de su miserable vida a su lado.


   — Bueno... al menos es alguien a quien... amas —logró decir con dificultad, desviando su mirada por encima de sus gafas hacia su plato de jambalaya.


   — Pues si. —dice, ahora él dándole un sorbo a su copa de vino— Es lo mínimo. Ambos compartimos el mismo pensamiento. De verdad la amo.


En eso, Alastor se levanta de su silla, haciendo llamar la atención de su acompañante.


   — Debo de ir al baño. Perdóname.


Sus ojos oscuros se llenan de urgencia mientras se dirige hacia el baño con paso decidido, consciente de que necesita un respiro. Con delicadeza, cubre su boca con la mano, evitando toser en medio del lugar y exponer la angustia que sus pulmones le infligen. Al fin llega a su destino, y al percatarse de que se encuentra solo, cierra la puerta con llave. En ese pequeño santuario, el aire se vuelve denso mientras comienza a toser, un dolor punzante estremeciendo su pecho y un ardor implacable consumiendo su ser. Lágrimas se deslizan silenciosamente por sus mejillas mientras lucha por contener el sufrimiento. Un temor latente se apodera de él, pues no desea ver sus manos empapadas de sangre al toser con tanta violencia.


Finalmente, cuando considera que ha sido suficiente, Alastor se observa las manos con detenimiento. Descubre, con una mezcla de horror y desazón, que están cubiertas de pétalos, una profusión de ellos que caen incesantemente hasta el suelo. La situación es alarmante, más que preocupante. Sin perder tiempo, descarta esos pétalos en la cesta de basura, y luego se lava las manos minuciosamente, mientras se contempla en el espejo. ¿Por qué su condición ha empeorado de forma tan abrupta? Justo ahora, cuando se encuentra en compañía de aquel rubio que le ha brindado tanto consuelo y felicidad... pero que también le ha revelado su inminente matrimonio.


Un nuevo acceso de tos lo embarga, pero en esta ocasión no se acompañan de pétalos. Alastor se quita las gafas con gesto cansado y, con sumo cuidado, enjuaga su rostro para eliminar las lágrimas que empañan sus ojos y limpiar también sus lentes.


Sale de allí, no queriendo hacer esperar más al de piel pálida ya que realmente era lo último que quería. La sensación de tos se había ido casi por completo, pero el dolor punzante en su pecho después de toser varios minutos estaba allí.


Se sienta en su silla, donde Alastor nota una mirada preocupada hacia él.


   — Hey, ¿estás bien? te noto cansado. —dice preocupado el rubio. Ya estaba por terminar su comida mientras que él, no había tocado su jambalaya.


  — Perdón, al parecer me dará una gripe. —dice, finalmente tomando una cuchara y dando el primer bocado de su comida.


   — Sí quieres te puedo comprar algo en la farmacia. —Alastor ríe suavemente y niega con la cabeza. Ya cuando habría dirigido la comida empieza a hablar.


   — No hace falta, querido. De verdad que estoy bien.


No, no lo estaba.


   — Hmm... De acuerdo. Solo avisame si pasa algo.