La corona de un arcángel | Good Omens

Summary

Cuando el trono del primer reino Arcángel queda vacio, Gabriel, el primogénito y anhelado heredero de la gracia divina, se ve compelido a cumplir la profecía popular y contraer matrimonio con la princesa Del Orco, a pesar de sus profundas reticencias. Esta unión no solo lo investirá con la corona del reino más eminente, sino que también lo atará irrevocablemente a siglos de enemistad entre el reino Del Orco y el reino Arcángel. Mientras tanto, el príncipe Aziraphale se embarca en la tarea de mostrarle el reino a un visitante, ajeno a la complejidad política y las tensiones que envuelven la vida en la corte real •Ineffable Husbands •Ineffable Bureaucracy

Genre
Romance/Drama
Author
Klavz
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1

Mateo 21:22: "Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis."


•••


En medio de la majestuosidad del alcázar más imponente de los cuatro reinos Arcángel, resonaban siniestros murmullos que se mezclaban con el estruendo de la lluvia torrencial que golpeaba con furia las altas torres de piedra. El pueblo, en su sabiduría popular, lo habían bautizado como el "primer círculo", un nombre que, como un susurro envenenado, se propagaba más allá de las fronteras, llegando a los oídos de otros soberanos cuyos insignificantes dominios palidecían ante la magnificencia de los Arcángel.


Los Orco, cuyo dominio rivalizaba en grandeza con el de los Arcángel como la segunda corona más poderosa, rechazaron vehementemente adoptar la denominación del "segundo círculo", a pesar de poseer solamente un reino bajo su mando. En cambio, distinguidas familias como los Zhang, Ivanova y Goldblum, entre otros linajes respetables, prodigaban elogios a los Arcángel, admirando la expansión de su influencia sobre los cuatro reinos. Sin embargo, entre murmullos y risas disimuladas, muchos otros no podían ocultar la envidia que latía en sus corazones ante la ambición y la grandeza de los hermanos Arcángel, especulando sobre los desafíos y las luchas internas que seguramente acompañarían su búsqueda de dominio.


Aunque en los círculos más íntimos se tenía claro que la sucesión entre los Arcángel estaba determinada por la sangre y la tradición, donde el primogénito no era necesariamente el primero en heredar fortuna, sino aquel que seguía en la línea de sucesión, el segundo hermano sería designado para gobernar el segundo reino, el tercero estaría designado al tercer reino, y sucesivamente pues el poder que tenía cada uno de los hijos lo dictaba su posición de nacimiento. Sin embargo, esta antigua costumbre planteaba una intrigante incógnita: ¿Qué destino aguardaba al primogénito entre los Arcángel?


La respuesta era demasiado sencilla para el nivel de duda que llegaba a haber en las mentes del vulgo. 


El destino del primogénito se desvela con solemnidad y es que cuando los monarcas del primer reino perezcan, es él quien heredará el trono, aunque sus hermanos menores hayan sido coronados antes que él. Así se cumple el mandato ancestral.


En este momento crucial, la dualidad se impone con fuerza: si bien los tronos están vacíos tras el fallecimiento de los reyes, esta ocasión no marca la coronación del príncipe, sino la búsqueda de una consorte para el futuro soberano. Es así como se congregan en el gran salón las ilustres familias, algunas de ellas convocadas con honor, mientras que otras, como Aziraphale puede notar, habían logrado burlar la seguridad del lugar.


Aparentemente, los Goldblum tenían toda la atención de Gabriel en este instante. Desde los jardines frontales del palacio y con un paraguas en mano, Aziraphale no pudo evitar percibir los modales exquisitamente caballerosos que Gabriel prodigaba hacia la princesa. Quién sabe, con un poco de fortuna, su hermano ya habría sellado su destino conyugal en esta reunión.


Exhaló el aliento que había contenido en sus pulmones, sintiendo el peso de la fatiga abrumándolo. Convencer a Gabriel de dar el paso hacia el matrimonio había representado un desafío monumental en sí mismo, pero ahora, la tarea de persuadirlo para que considere a una princesa digna de su rango era una tarea aún más ardua.


—Eso se desinfló como un globo.— De reojo, diviso a un misterioso individuo que se erguía a su costado, sosteniendo un paraguas que resaltaba en marcado contraste con el suyo: el suyo, blanco como la pureza misma, y el del extraño, negro como la oscuridad que lo rodeaba, en perfecta consonancia con el atuendo que vestía. Solo su cabello rojizo, sus innecesarios lentes oscuros y el bastón plateado, tallado con la forma sinuosa de una serpiente, destacaban entre la sombría indumentaria que lo envolvía.


—Si… — Le contestó sonriente—. Lo siento ¿Qué dijiste?


—Dije que eso se desinfló como un globo.


Al parecer, el traje oscuro que envolvía al pelirrojo estaba adornado con elegantes serpientes plateadas bordadas en puntos estratégicos, agregando un aura enigmática a su presencia. Aziraphale también pudo captar la peculiaridad de su dicción, moderada y melodiosa, que resonaba de manera agradable en sus oídos, añadiendo un intrigante matiz a la misteriosa figura que tenía a su lado.


—Oh, sí, sí— Aziraphale no entendió absolutamente nada—. Así es. Exacto. 


—En mi opinión esto es ridículo. En verdad, ¿por qué el príncipe Gabriel debería limitarse a elegir entre princesas, en lugar de permitir que las princesas lo elijan a él? ¿Por qué no considerar a un caballero?—Espetó el desconocido con un dejo de desdén en su voz, mientras sus ojos pasaban del príncipe Gabriel a el hombre a su lado. Lo miró con detenimiento observando cada detalle de su impecable atuendo blanco. La pajarita de tartán, desentonando de manera evidente con el uniforme que sugería una posición de autoridad, desconcertaba al observador. No obstante, su atención pronto se desvió hacia el peculiar tono de cabello del príncipe, tan puro y angelical, lo cual parecía justificar plenamente su ilustre apellido—. Esa sería una opción más sensata, en mi modesta opinión.


—¿Un hombre?—Aziraphale, visiblemente consternado, busco con la mirada a todo aquel que haya escuchado y cuando no dió con nadie clavó su mirada en el desconocido con ojos desbordantes de temor, como si estuviera contemplando a un ser sobrenatural o monstruoso e imploró, sintiendo el peso de la incomodidad en cada sílaba—. Te ruego, modera tu tono de voz y presta atención a tus palabras. En nuestra sociedad, las relaciones sentimentales y sexuales se conciben tradicionalmente entre individuos de sexos opuestos. De lo contrario..


—Seria pecado, lo sé—Continuó, planteando su conocimiento con una elegancia desafiante.


—¡Oh, Dios! —Aziraphale balbuceo un poco al final e inmediatamente miro ahora con curiosidad incrédula al hombre frente a él — ¿Ridículo? De esto depende la coronación de Gabriel…


Se interrumpió abruptamente al darse cuenta que no sabía el nombre del extravagante desconocido.


—Crawley — En su rostro se dibujó una sonrisa que desapareció al instante en que se dio cuenta de que una sola palabra no era suficiente para presentarse—. Anthony J. Crawley. 


—Es posible, Crawley, que tengas razón en cuestionar por qué Gabriel debería tomar la iniciativa en lugar de ser el objeto de elección—Musitó, su tono impregnado de reflexión—. No obstante, debemos considerar el hecho de que él está destinado a reinar sobre la corona más prestigiosa, y, tú debes saber, es él heredero de Dios, lo cual indudablemente le otorga una posición privilegiada— concluyó, su mirada recorriendo con suficiencia el entorno.


—¿Tú de verdad lo admiras, no?— Preguntó con genuina curiosidad.


—¡Claro que lo hago! Él es mi hermano, no se trata únicamente de admiración, sino que experimento un profundo orgullo hacia él. Estoy convencido de que su matrimonio será motivo de gran felicidad para él.


—Oh, sí, sí, la vida de casado debe de ser muy feliz—Se burló.


—Logro reconocer tu sarcasmo, Crawley, y debo decirte que no es gracioso — Replicó Aziraphale con tono serio, volviendo a observarlo con la mirada cargada de desconfianza, como si lo considerara un demonio en persona. De soslayo, en un instante en que el viento sopló con fuerza, notó que Crawley también lucía una capa sujeta firmemente al cuello.


En algún momento, la lluvia había cesado y ambos habían tenido la oportunidad de bajar sus paraguas.


—Yo creo que lo es. 


—De cualquier madera, una boda siempre es un milagro— Las comisuras de sus labios se elevan involuntariamente. Estaba demasiado feliz que no podía contenerse y dejar de expresarla.


—Por lo horroroso que es, yo creo, ángel. 


—Soy un Arcángel, no un Ángel— El príncipe no podía dejar de asombrarse por la familiaridad y confianza con la que Crawley lo abordaba. Por lo general, la gente solía pensarlo dos veces antes de dirigirse a él con semejante falta de respeto, pues si bien su aspecto físico no imponía temor, su apellido, indudablemente, sí.


— Ángel te queda mejor; deja el Arcángel para aquellos que buscan problemas, como los reyes ocupados con sus bodas, asuntos administrativos y guerras, entre otras preocupaciones mundanas— Pronunció Crawley con un gesto que desestimaba la importancia de tales asuntos.


—Entonces, me resulta adecuado— Reflexionó, su tono imbuido de solemnidad—. Como príncipe, asumo responsabilidades que escapan del dominio de Gabriel, aquellas en las que no se especializa.


O más bien no se le dan en absoluto.


—¿Qué cosas? 


—Economía, negocios y estrategia militar, el liderazgo de escuadrones recae sobre mis hombros— Reflexionó, desviando la mirada hacia la lejanía mientras expresaba sus responsabilidades y observaba los intentos fallidos de su hermano por encontrar a una princesa que le agrade—. No obstante, mi hermano, Gabriel, sobresale en las habilidades físicas, él es el verdadero comandante después de todo. Además, me ocupo de labores filantrópicas, especialmente enfocado en la caridad, un aspecto que encuentro gratificante— Al finalizar su relato, volvió su atención al hombre a su lado, cuyos ojos dorados irradiaban un genuino interés—. Y tú, Crawley, ¿cuál es tu ocupación?


—Actualmente me encuentro en un período de descanso, dedicado a viajar, explorar y experimentar— Divagó sin fijar la mirada en ningún punto en particular. Luego, dirigió su atención hacia su interlocutor con una mirada penetrante—. Por cierto, ¿cuál es tu nombre, ángel?


—Oh, disculpa mi descuido. Debería haber asumido que ya estaba informado, como todos aquí— Expresó el príncipe mientras extendía su mano, la cual fue prontamente aceptada. Los lentes oscuros de Crawley no evitaron que sus pupilas se posaron en el apretón de manos, sintiendo la palma del otro cubrir la suya, mientras los dedos del rubio acariciaban su piel. Experimentó una sensación reconfortante de calor, atribuida en su mente al frío del exterior—. Permítame presentarme adecuadamente, soy Aziraphale Arcángel.


—Aziraphale— repitió, deleitándose con la pureza del nombre en su lengua. Pronunciaba cada letra con reverencia, como si nunca quisiera olvidarlas. Para él, ese nombre prometía una suerte sin igual.


—Entonces, Crawley, sería un placer mostrarte los alrededores del Alcázar—Anunció Aziraphale con una sonrisa cálida.


Volvió a desplegar su paraguas para protegerlos de la lluvia que, caprichosa, había vuelto a caer.


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Salmo 27:1: “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién tendré miedo?"