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A lo largo de la historia en el mundo de la hechicería, solo existe una maldición que es capaz de sobrepasar cualquier límite, capaz de llevar a la perdición a sus portadores y es totalmente irreversible, hasta el mas fuerte de todos cae de bruces en la flor de su vida.
Surgió como un método para equilibrar el mundo de la hechicería y el mundo en general, como si la selección natural hubiera dado un vuelco, una forma para que los fuertes no sigan haciéndose aun más fuertes de lo que ya son, para que el débil sea protegido y el fuerte sometido por fuerzas mayores, así se empezó a regir el mundo, bajó el cruel mandato del hilo rojo del destino ¿Porqué no ser capaces de decidir a quien amar? ¿Porqué tenemos que sufrir por amor?
Los hechiceros, sobre todo de las tres grandes familias, vivían con un constante temor a ser portadores de aquella maldición, pues ellos eran más propensos a poseerla, mientras más fuerte eres, mas posibilidades tienes, en cambio entre los no hechiceros, solo se lo tomaba como un enamoramiento a primera vista, pues estos no eran capaces de sentir la conexión tan fuerte como sus contrarios.
Y es que la maldición comienza leve, si nunca en tu vida te llegas a topar con el otro extremo del hilo, no tienes nada que temer y puedes hacer tu vida como te plazca, en cambio si ya se han visto, el más afectado será por defecto aquel que posea una mayor fuerza, poder o energía maldita, comienza como una pequeña necesidad de ver a la otra persona , cada vez mas y mas hasta el punto de incluso enfermar, mientras mas se convive con la otra persona, será mas la necesidad de dependencia, hasta el punto en que si uno muere, él otro también lo hará, aunque será una muerte sumamente dolorosa y triste.
Mientras mas tiempo convivan juntos, la conexión, en el caso de los hechiceros, se hará mas aguda, hasta el punto de saber si le pasa algo a la otra persona o si corre alguna clase de peligro, y por ultimo y por lo cual se considera peligrosa, es que no se puede atacar a su contrario, ni con hechicería y mucho menos con fuerza física, ya que ocurre una anulación de energía maldita en el primer caso y en el segundo, el cuerpo pierde fuerzas hasta el punto de no poder moverse.
Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.
Desde el momento de su nacimiento, Satoru Gojo, provocó un desequilibrio en el mundo de la hechicería, todos lo sintieron y al mismo tiempo predijeron su cruel maldición, todo el mundo sabía cual sería la debilidad del mas fuerte de todos, ahora solo tendría que encontrarla antes que él lo haga.
Trataron de matarlo desde que era un niño, con un precio elevado por su cabeza, cazarrecompensas, brujos y organizaciones criminales o de culto, trataron de matarlo, sin embargo todos aquellos intentos fueron en vano, él mas que nadie, sabía perfectamente la maldición que poseía y no tenía interés alguno en encontrar a esa persona, es más, si fuera por él, mejor que ya la desaparecieran del mundo, así no tendría que preocuparse...no mas maldición, no mas debilidades, solo un ser perfecto.
No tiene ninguna intención de buscarlo o de cuidarlo, no quiere saber nada de esa persona, simplemente no quiere nada.
Pero el destino no está de su lado, con tan solo 17 años, recibió la paliza de su vida, tanto física como emocional, fallaron su misión, perdieron a una amiga y salieron gravemente heridos, su mejor amigo se rompió emocionalmente, se le metieron ideas homicidas en la cabeza y ahora la suya tiene un precio, él no pudo o mejor dicho no hizo nada para ayudarlo, lo que terminó haciendo que termine en un círculo de culpabilidad, negación y tristeza.
Aquel hombre, Toji Zen’in, había arruinado su vida, y aun después de haberlo matado, le seguía causando estragos, había enviado a Kiyokata Ijichi a investigar sobre el hijo de aquel tipo, pobre chico, no tenía que pagar nada de lo que su padre había hecho, pero esta era la única manera en la que podría lograr la paz en su alma, solo es un niño, un insignificante mocoso, matarlo no alteraría de ninguna manera el curso natural de las cosas, tal vez eliminarlo haría que su amigo recuperara de alguna manera la paz?
-Aquí están los datos del chico joven Gojo.- habló el de lentes mientras le entregaba una carpeta al de lentes.
-Gracias, puedes irte.- sin hacer preguntas, el de cabello castaño se marchó del lugar, el albino abrió la carpeta con cuidado, sacando de esta su contenido. -No te lo tomes personaaaaaal.- mencionó buscando el nombre del infante. -Megumi, vaya nombre...al parecer ni tu padre te quería como para buscarte un nombre de chico.-
Nombre: Megumi Fushiguro
Sexo: Masculino
Edad: 7 años
Residencia: Saitama
No tardó mucho en encontrarlo, una pequeña casa entre los barrios bajos de Saitama, sabía que el tipo ganaba un buen dineral con esos pequeños trabajitos que hacía, suficiente para darle una buena vida a su hijo, pero el desgraciado lo gastaba todo apostando en estúpidas carreras de caballos...si, también había investigado a Toji y toda su desgraciada vida.
Y bingo! lo encontró, como viene de una familia de hechiceros, lo mas probable es que cuente con energía maldita, algo que los ojos de Gojo captan al instante y ahí lo tenía, un pequeño niño de cabello negro y despeinado que terminaba en picos, lo mataría mientras estuviera de espaldas, pero para no cometer una equivocación, primero preguntaría, luego de confirmar lo acecinaría...que grave error.
-Hola niño, eres Megumi Fushiguro?- el nombrado paró en seco su caminar para luego voltear hacia el mayor y encararlo.
-Y usted quien es? Y porque tiene esa expresión en la cara?- el rostro del albino era un poema.
Su cuerpo empezó a sudar frío, sus manos estaban temblando, su pecho dolía y se retorcía por dentro, pronto sintió como las fuerzas de su cuerpo lo abandonaban hasta el punto en el que tuvo que agacharse, aquellas esmeraldas deslumbrantes lo seguían observando, cada movimiento, cada gesto...¿Qué clase de broma del destino es esta? Esto si que es una mala jugada de la vida, no podría ser esto cierto, verdad? No no, con él no, es hijo del hombre que arruinó su vida y peor aún, es un niño de 7 años, le lleva 10 años de diferencia!!
-Y ahora que le pasa?- preguntó el infante retrocediendo un poco.
-N-no es nada.- habló tratando de recomponerse, pero todo era inútil, acaso le estaba dando fiebre? Los testimonios que había escuchado de la gente con esta atadura, eran diferentes a lo que le estaba pasando, muy diferentes.
-Te sientes bien? Estás enfermo? no deberías salir de casa estando en ese estado, toma.- dijo mientras le acercaba una botella con agua, la cual tomó sin dudarlo, se estaba muriendo de calor.
-Gracias...- vociferó mientras intentaba nuevamente ponerse de pie.
-Como sabes mi nombre?- replicó el de ojos verdes.
-Yooo...- no le podía decir que venía a matarlo, no ahora que sabía que el chico era el otro extremo de su hilo. -Tu papá! me pidió que te cuidara...- la garganta le ardía al mentirle, es acaso otro efecto de la atadura?
-Mi papá? no lo he visto en años, ni si quiera me acuerdo como es su rostro y de seguro ni el se acuerda del mío, me sorprende que haya mandado a alguien por nosotros.-
-A mi me sorprende como hablas, estás seguro de que estás en primer grado? un segundo nosotros?- preguntó el de gafas.
-Si, Tsumiki, o es que acaso papá no te habló de ella?- el infante empezó a retroceder, este tipo se traía algo entre manos.
-Oh si, digo no, digamos que en estos ámbitos, ella no es importante, tu papá te vendió al clan Zen’in, ya que aseguraba que tu había heredado el don.- aclaró mientras se acomodaba las ropas. -Los puedes ver, verdad?-
-Si solo viniste por mi, que pasará con ella? la vas a dejar aquí?- la preocupación del niño hacia su media hermana hacía que se le estrujara el corazón, el destino si que no estaba de su parte.
-Que quieres que haga con ella?- preguntó el mayor.
-Quiero que esté conmigo...- dijo mientras se paraba firme, el peliblanco soltó un ligero suspiro para luego sonreír.
-Está bien, lo que tu digas.- mencionó mientras acariciaba los cabellos azabaches del mas bajo.