Spit it out
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Había sido un fin de semana agotador. No solo física sino mentalmente, pues algunas declaraciones dichas por su compañero pusieron tenso al mexicano.
Decidió ignorarlo como siempre lo hacía cada vez que el holandés abría la boca para decir una tontería.
Tomo una ducha rápida intentando despejar su mente. Y salió del baño con la toalla envolviendo su cintura, listo para vestirse e ir a la cama.
Sergio escucho como alguien tocaba la puerta, pero se limito a ignorarlo.
Prendió la televisión para hacer algo de ruido. Quería que supiera que estaba ahí, pero no le abriría.
Estaba molesto con él.
Otros dos golpes a la puerta, uno más desesperado que el anterior.
—Por favor...—Lo escucho rogar al otro lado.
El pelinegro sonrió, le gustaba cuando hacia eso. Pero le encantaría que suplicara por él.
Se acercó a la mirilla solo para observar la desesperación en el rostro del rubio.
—No me ignores, por favor—Volvió a hablar, como si supera que lo estaba viendo.
Sergio abrió ligeramente la puerta, pero no dando el espacio suficiente para dejarlo entrar.
El rostro de Max se iluminó al verlo, temía que lo dejara afuera otra vez.
—Es tarde —Respondió secamente.
Y cuando iba a cerrar la puerta, el rubio puso su pie para evitar que lo hiciera.
—¿Podemos hablar de eso?—Max tomaba con fuerza la manija de la puerta, y su mirada reflejaba nerviosismo.
Sergio podía cerrarle en la cara y castigarlo con su silencio. Pero sabía bien porque el rubio había ido a verlo a altas horas de la noche.
A Max le encantaba hablar. Era una de sus cualidades más notorias que a muchos les podía resultar molesta.
Al mexicano no le importaba escucharlo, pero el problema venía cuando el rubio abría la boca a los medios holandeses y terminaba hablando mal de su compañero.
El pelinegro abrió la puerta y se hizo a un lado para invitarlo a entrar a su habitación.
—En realidad, no tengo muchas ganas de hablar —Aclaró, algo que no intimidó al rubio.
Max entro sin titubear y observo como su compañero tomaba asiento en un pequeño sofá cerca de la cama.
Entonces se dio cuenta que estaba prácticamente desnudo frente a él, algo que facilitaba las cosas.
—Se que te molesto lo que dije—Comenzó el rubio mientras se acercaba lentamente hacia él—Pero hay cosas que no puedo controlar.
Sergio sonrió incrédulo ante esa declaración.
—¿No puedes controlar tu boca?—Se burló.
Entonces Max se agachó frente a él, poniendo una mano en su rodilla para pedirle permiso. Entonces el pelinegro abrió las piernas, haciendo que la toalla cayera por los lados y dándole una gran vista a su compañero.
—No si se trata de ti—Dijo el rubio mientras comenzaba a subir su mano hasta llegar a la entrepierna.
—¿Y que harás para compensarlo?—La voz juguetona de Sergio se vio interrumpida por un gemido de placer al sentir la mano de su compañero tomando su miembro.
Su respiración comenzó a tensarse gracias al vaivén de la mano del rubio.
Sin embargo, el pelinegro no le daría la satisfacción que él buscaba en su atención.
Tomo su teléfono de la mesita a su lado y comenzó a revisarlo, fingiendo que habían cosas más importantes que Max.
Este último bufó molesto al ver cómo lo ignoraba.
Necesitaba su atención de vuelta.
Siempre se trató de eso.
Por eso lo hacía, hablaba mal de él para que esté se molestará y lo castigará en la cama.
Y obtendría lo que quería a como de lugar.
El rubio acercó su boca y con su lengua lamió la punta del miembro de su compañero. Notando como su cuerpo reaccionaba, pero ni siquiera se molestaba en voltearlo a ver.
Se acomodo de mejor manera para continuar con su tarea. Abriendo bien la boca para dejarlo entrar.
Sergio hacia todo lo posible por no prestarle atención. Pero Max estaba comenzando a desesperarse por esta.
El rubio metió toda la carne en su boca, sintiendo como lo invadía totalmente. Lo saco al ver qué el pelinegro seguía viendo su teléfono, y un hilo de saliva se escurrió entre ambas partes.
Entonces Max bajo hacia sus testículos y comenzó a devorarlos, mientras que con su mano continuaba masturbando al mayor.
El pelinegro no sabía cuánto más podría soportar estar en esa situación. Incluso el placer que le daba no era suficiente para compensar lo que salía de su boca.
Necesitaba castigarlo.
El rubio comenzó a buscar otros medios para llamar su atención. Así que dirigió una de sus manos hacia la entrada del pelinegro, buscando estimularlo.
Sergio se percató de esto al sentir la mano del joven tan cerca, así que lo tomo de la muñeca evitando que lo hiciera.
Max tenía el rostro completamente rojo, producto de su travesura. Pero sonriendo triunfante al capturar la atención del pelinegro.
Sin embargo, Sergio no soltó la muñeca después de llamarle la atención. Sino que se levantó y lo arrastró hasta la cama.
El rubio fue empujado con fuerza, quedando boca arriba en la cama y sintió como el hombre se subía sobre él, y lo obligaba a abrir la boca.
Sergio metió su miembro en la boca del rubio, y comenzó a embestirlo, sintiendo su lengua húmeda resbalandose por toda su carne.
Entonces dejo de privarse de disfrutar. Follando la boca del joven que no podía parar de hablar de él por un poco de atención.
Max sentía que se ahogaba. Sentía como su boca era tomaba con tal brusquedad que solo podía justificarse con un enojo hacia él.
Pero lo sentía muy profundo en su garganta, hasta casi hacerlo vomitar. Aún así, intento controlarse para seguir dándole placer y compensar lo que había hecho.
Aunque siempre lo hacía a propósito.
Le gustaba que Sergio lo castigará. Así que siempre buscaba la forma en que se molestará con él para hacerlo callar de esa manera.
Las caderas del hombre moviéndose sobre él solo lo llevaron a colocar sus manos en las piernas de este, siguiendo el ritmo de sus movimientos.
Cuando finalmente se aburrió de su boca, Sergio salió de él solo para comenzar a desvestirlo.
Los labios de Max estaban tan rojos por todo lo que había pasado. Sus mejillas y todo su rostro ardía de lo colorado que estaba.
Sintió como el pelinegro se deshizo de sus pantalones y rápidamente se quitó la playera que llevaba puesta, quedando completamente desnudo sobre la cama.
Entonces el mayor lo obligó a abrir sus piernas, dejándolo expuesto frente a él.
Su miembro erecto estaba colorado debido a la necesidad de ser tocado.
Sergio comenzó a tocarlo, haciéndolo gemir al instante. Deseaba que le diera el mismo placer con la boca, pero eso no se iba a poder.
No se trataba de lo que Max quisiera, sino de lo que Sergio le hiciera. Y no quería complacerlo de esa manera.
No se lo merecía.
No se lo había ganado.
Bajo lentamente su mano sobre la carne del rubio, deslizando sus dedos en un movimiento tortuoso hasta finalmente llegar a su entrada y comenzar a estimularlo.
Max se retorcía debajo de él, sintiendo como su dedo buscaba el espacio para entrar. Y cuando finalmente lo hizo, no pudo evitar gemir ante su tacto.
Sergio sonrió ante esto. Sabía el efecto que tenía en él.
Entonces el rubio comenzó a mover sus caderas buscando profundizar más la estimulación.
—Estas tan necesitado —Se burló el pelinegro.
Pero a Max poco le importaba que jugará con él, se moría por tenerlo adentro.
Entonces Sergio comenzó a estimularse al pegarse al cuerpo del rubio, masturbando su miembro al usar el de joven.
Moviendo sus caderas para poder sentirlo aun mejor.
Max no podía soportarlo más, incluso cuando sintió como metía otro dedo en él.
No quería eso.
Lo deseaba a él.
Sergio tampoco buscaba torturarlo tanto tiempo, así que dejó su miembro en paz, saco sus dedos y se centró en estimularse a si mismo con la entrada del joven.
El rubio comenzó a mover las caderas, buscando más el tacto del mayor. Deseando que se deje de tonterías y lo tomara de una buena vez.
Y como si sus plegarias hubieran sido escuchadas, el pelinegro comenzo a entrar en él lentamente.
Max arqueo un poco la espalda al sentirlo dentro de él. Mientras que Sergio sostenía sus piernas con fuerza para acomodarse de la manera que más le gustaba.
Entonces comenzó a mover sus caderas sobre él, sintiendo como el rubio tomaba toda su carne.
Max no pudo evitar masturbarse mientras el pelinegro seguía follandolo.
Sentía que sus uñas se enterraban en su piel, marcandolo con un rojo intenso.
De pronto Sergio sintió la necesidad de cambiar de posición. Quería recordarle lo mal que se había portado.
Así que salió de él y lo hizo volverse, dejando su trasero al aire y listo para ser follado.
El pelinegro no dijo nada, solo tomo su miembro y volvió a entrar en él, haciéndolo temblar.
Max no sabía si podría seguir sosteniendo su propio cuerpo en esa posición. Y todo empeoró cuando sintió la mano del hombre golpeando con fuerza sus glúteos.
Sergio arañaba, golpeaba y pellizcaba la piel blanca, ahora colorada, del joven que se retorcía debajo de él.
Entonces el rubio se dio cuenta que no podía más en esa situación. Dejándose caer completamente en la cama, mientras que sentía como su miembro desbordaba su excitación en su punto máximo.
Pero el pelinegro continuaba tomándolo con fuerza. Dejando una irritación en la piel del joven.
Hasta que finalmente sintió como estaba a punto de venirse y lo hizo girarse para tomarlo con la boca.
Mientras le daba una que otra pequeña bofetada, recordándole que era una chico malo.
Llenando con su semen la boca colorada de Max. Sintiendo su lengua tomando cada gota como si fuera un dulce.
Y finalmente recostandose a su lado. Exhausto por lo ocurrido.
El rubio no desperdicio nada de la excitación de Sergio, tragando todo por completo.
Feliz de haber obtenido toda su atención.
Esto es pura perversión jaja one shot pedido por unas amigas, espero que les haya gustado.