Mi Dulce Corazón

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Summary

Segunda temporada de Dulce Travesura, no necesitas leer la primera para leer esta. ¡Ah! También sera muchos años después de lo sucedido en los extras. Y ¿si Yago y Alex se separan? ¿ Puede que así haga el final? O tal vez las quiera ver sufrir.

Genre
Romance/Drama
Author
KMuri
Status
Complete
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Narr. Alex


Ya habían pasado años desde que tuvimos que dejar Paris, según Yago era mejor irnos de ese lugar ya que allí solo me ponía triste.


Pero eso era normal, en ese lugar conocí a mis primeras amigas, Cheris y Marcel, disfrute con ellas hasta que fallecieron sin olvidar que eran las únicas humanas que no se asustaron cuando les conté que era mitad vampiro y amante de un lumia.


Ellas siempre bromeaba ante la envidia que sentían ante mi no envejecimiento y que viviría "eternamente" sin embargo.


¿De qué me servía la eternidad si a todos los que amo se irán mucho antes que yo?


Si no fuera por Yago, estaría solo y triste en una vida monótona, aburrida, solitaria; gracias a esta reflexión a estas alturas comprendía los sentimientos que tenía mi abuela al ver morir a sus descendientes y el por qué estaba a la defensiva con mi encuentro con Yago.


Perdido en mis pensamientos no prestaba atención a lo que ocurría a mi alrededor pero no importaba mucho, estaba en mi casa.


— ¿En qué piensas Al? —Di un pequeño chillido cuando Yago hablo sintiendo de inmediato a este apegarse a mí con más fuerza— Si actúas así creeré que es algo malo.


— N-no, solo que me asustaste —Volteé a verlo ya que me encontraba en el balcón de nuestra nueva casa— Pero dime ¿Qué deseas?


— A ti, en un pastel. . . Cubierto de chocolate y crema batida. . .


— ¡YAGO! Hablo enserio.


— ¡Yo también! —Dijo empezando a reír, dejándome recordar por qué amaba su risa, esta es alegre y llena de energía masculina.


Él tomó mi mano y me atrajo al interior de la alcoba en el cual me recostó en la amplia cama, nos empezamos a besar sin control mordiendo nuestros labios para saborear la sangre del otro, este hábito había empezado después de que bebiera su sangre en aquel callejón detrás de la cafetería en que trabaje hace mucho tiempo.


— Mmm~. . . Yago~. . . —Nos separamos dejándome algo agitado— Dudo que sólo para tener sexo me estabas buscando. . . ¿Qué querías?


— A sí sobre eso. . . Kala y Panthia iban a venir a verte, para darte una buena noticia —Hablo quitándome la camisa que llevaba mientras estaba sobre mí.


Cuando termino de quitarse la camisa pude notar el deseo reprimido de mi pareja, tirando su camisa alcé mis manos para tocar su torso desnudo que ante mi tacto era duro y frío, son una sonrisa en sus labios le escucho decir si me gustaba lo que tocaba, sonrojándome por este comentario descarado infle mis mejillas pero solo asentí, sí me gustaba el cuerpo de Yago, me gustaba el frío que emanaba, que llevara mi aroma después de estar tanto tiempo junto.


Tomando mi camisa la alzó hasta hacer que mordiera el dobladillo y darle permiso a que sus labios fríos tocaran mis pezones donde ya había dejado marcas lascivas de la noche anterior.


Aprovechando que estaba distraído haciéndome gemir bajo ante sus lamidas, con un movimiento con mis piernas lo hice cambiar de posiciones estando ahora él contra la cama, soltando un gemido bajo al ver lo bien sujeto que estaba a mis pezones frote su miembro activo escondido entre sus pantalones con mis nalgas que estaban cubiertas por la ligera tela de mis bóxers.


Eran un desvergonzado como mi novio, a veces lo culpaba por haberme hecho así de lascivo pero no me molestaba volverme así, habían pasado años y el deseo sexual había aumentado en vez de disminuir, esto me alegraba y temía, solo espero que mi Yago no se aburra de mi cuerpo.


— ¿Noticia? ¿Se irán a casar? —Pregunte mientas besaba y lamia el oído pálido de Yago después de agacharme un poco, mi novio parecía un bebé lactando cuando no se despegaba de mi pecho— Yago. . .


Llame y este dejó de molestar mi pecho para levantar la mirada y verme de forma brillante, sus hermosos ojos turquesas siempre me quitan el aliento cuando me mira así, pero no sabía por cuánto tiempo lo haría, han pasado los años y sé que muy pocos humanos viven toda su vida a lado de la misma pareja con la que se juraron amor eterno.


Yago es un Lumia, una clase de vampiros el cual está dirigido hacia el deseo sexual mientras mi persona es solo un mitad vampiro que no bebe sangre que no sea de su pareja, no tenía idea si en un punto mi cuerpo envejecerá como el de un humano o si mi resistencia bajará.


Desde la muerte de mis amigas mi mente me a estado destrozando con la idea de que mi amado Yago me dejara.


— ¡¿Alex?! ¡¿Al qué pasa?!


No me había dado cuenta hasta que vi las lágrimas que caían a la cara de Yago, había empezado a llorar de nuevo en medio de nuestro hermoso momento.


— Y-yo. . . No. . . Yago no me dejes. . . Po-por favor. . . N-no me dejes solo. . .


— . . . Al. . . —Vi su mirada preocupada, mis lágrimas no pudieron detenerse, lo hice de nuevo, hice que mi amado novio vuelva a poner esa expresión triste.


Sentí sus brazos fríos que en este momento me parecían cálidos rodearme con ternura, acomodando mi posición él me escondió en su pecho dejando que llore y me aferrara a él, mis brazos se abrazaron a su torso y mis piernas rodearon con firmeza su cintura.


— L-lo siento. . . Lo siento. . . Yo. . .


— Tranquilo, bebé, respira profundo y calma esas lágrimas.


— Wuuuuhh


— Vamos bebé, dile a tu Lumia lo qué pasa. . . Calmemos primero esas lágrimas.


La voz de mi pelirrojo era tranquila y consoladora haciéndome calmar pero mi cabeza estaba peleando contra las palabras de mi novio, la sola idea de que Yago ya no este a mi lado me hacia sentirme mal, hace ocho años perdí a mis amigas por causas naturales.


Y eso dolía, dolía tanto que muchas veces pensé que me volvería loco, ahora en base a ese dolor mi propia mente me estaba volviendo loco ante la idea de perder a mi pareja, no solo por qué este se vaya con otro, está el peligro que por sus salidas Yago sea atrapado por un cazador y ya no vuelva.


Todo esto duele, duele tanto que no sé qué pasa realmente.


— Pe-pero, no. . . No puedo. . .  Yago, tengo miedo. . . —Ya no puedo verlo, mis ojos duelen mi garganta igual, este llanto me está rompiendo y el sentimiento de estar cansando a mi novio no se va.


— ¿Miedo a qué?


— Mie-miedo a. . . Miedo a que me dejes. . . Sí un día despierto y. . . Y ya no estás allí. . . — Apoyé mi cabeza contra su hombro mientras escuchaba solo su silencio lo que me hizo temblar.


( Estaré solo, me dejará si no es por otro será por culpa de algún cazador. )


Siendo forzado a levantar mi cabeza por la fría mano de mi novio, entre mis lágrimas pude ver si rostro molesto lo que me hizo callar mi llanto.


— ¿Eres bobo? —Negué ante su pregunta y le vi asentir besando mi frente— Así es, no lo eres por eso debes entender que no te dejaré, sea por alguien más o por culpa de algún cazador.


— P-pe-


— Al, el día que muera te llevaré conmigo —Secó mis lágrimas siguiendo con sus besos en mi cara— bebé. . . Debes dejarlas ir —Su voz se volvió triste al igual que su mirada lo que hizo doler más mi corazón.


— . . . N-no puedo. . . Forme parte de su vida. . . Las vi casarse, tener sus problemas, las apoyé en sus momentos difíciles. . . Les vi tener a sus hijos, estuvimos con ellas cuando los educaron y cuando ellas empezaron a envejecer. . . Tener a sus nietos. . . Bisnietos. . . Estaba con ellas. . .


— Ellas eran humanas, bebé. . .


— Y por eso. . . El tiempo me las quitó.


— . . . Alex. . . —Me dio un último beso en la boca mientras me recostaba a su lado en la cama— . . . Será mejor descansar. . . Mañana vendrán Kala y Panthia, dudo que estén felices si te ven así de mal.


Asentí ante lo que dijo sabiendo que mi novio no podía encontrar aún palabras para ayudarme, esa noche dormiría abrazado a Yago al igual que en ese día en el cual me desplome y empezó todo esto.



8 años atrás.


Despertándose animado ya deseaba que el tiempo de visita llegará, hoy como siempre iba a visitar a mis amigas al asilo en el cual estaban por voluntad propia para no molestar a sus hijos con sus cuidados, después de todo hace tiempo ellas perdieron a sus esposos por lo que decidieron ir juntas al mismo asilo.


Sin darme cuenta ya habían pasado 87 años desde que nos conocimos, mi apariencia ya era de un chico de 25 y no la de un chico de 20.


Después de mudarnos para que no sospechen por lo regular Yago estaba afuera arreglando negocios con otros lumias o vampiros, por mi parte estaba trabajando en otro lugar de París ya que seria raro ver a un trabajador con la misma cara por 87 años.


Al fin llegando al asilo en el que ellas estaban, saludé de forma alegre y calurosa a las enfermeras que ya me conocían al ser el único "jovencito" que diariamente venía de visita, los huéspedes también eran mis conocidos quienes me saludaban como si fuera uno de sus nietos, todos en ese lugar sabía que me tenían cariño al siempre venir y entretener a los ancianos o traer algunos postres para ellos, claro con permiso de las enfermeras y dirigentes.


Como de costumbre salude a la recepcionista y camine hasta el cuarto de Cheris en el cual me encontraría a Marcel regañándola por olvidar regar las flores o por alguna otra cosa, no me di cuenta de que la recepcionista me había estado llamando.


Esperando a que esté día sea igual que otro, no esperaba que realmente sea diferente, al llegar a su cuarto me encontré con unos enfermeros sacando una bolsa negra de la habitación de Cheris, al igual que otros enfermeros sacaban una bolsa negra del cuarto de Marcel.


— ¿Qué ocurre? ¿Marcel y Cheris están limpiando sus cuartos? —Confuso pregunté a una enfermera que escribía algo en un porta papeles, los tamaños de aquellas bolsas negras con un cierre en medio eran tan grandes como el tamaño de un cuerpo, no pensaba que ella tuvieran tanta basura en sus cuartos.


—  ¡Alex! N-no te esperábamos tan pronto. . . —La voz de la enfermera era de nerviosismo lo que hizo más confuso todo, mirando la duda en la cara de la enfermera sentí que algo mal pasaba.


— ¿Qué está pasando?


— . . . La verdad es que. . . —Aún dudando suspiro viendo los enfermeros alejarse con las bolsas negras sobre las camillas— Alex ¿Podrías llamar a alguien que venga por ti o vives solo?


— ¿Eh? Yo. . . —La mirada suplicante de ella no me permitió negarme por lo que saque mi teléfono marcando el número de Yago— Llamaré a mi novio.


— Bien, en cuanto venga me llamas por la recepción. . . Lo siento por esto pero quiero asegurarme antes de hablar más de esto.


Viendo la cara triste de la enfermera asintió para en seguida verla irse mientras Yago tomó la llamada, se podía escuchar el ruido de la calle a través del teléfono junto al saludo de su novio.


— ¿Amor pasó algo? ¿Las chicas aún no se despiertan? ¿Por qué no contestas? ¡¿Alguien te hizo algo bebé?! ¡Alex responde! —Escuchando a mi novio escalar a la paranoia contente rápido algo molesto.


— ¡Te contestaría si me dejarás hablar!


— ¡Oh! Jejeje. . . Lo siento bebé.


— No importa, ¿Puedes venir al asilo en donde están Marcel y Cheris? ¿Recuerdas la dirección?


— Sí puedo y recuerdo bien el asilo. . . ¿Les pasó algo?


— No sé, no me lo han van a decir hasta que vengas. . . Unas bolsas negras fueron sacadas de sus cuartos en camilla.


— . . . Bebé espérame en recepción, estaré allá en cinco minutos.


— Ven con cuidado.


Terminando la llamada mire a hacia las habitaciones de mis amigas, las cuales estaban cerradas por lo que me dirigí a recepción en donde la mujer me miro con tristeza pasándome un vaso con agua mientras me hacía esperar en los asientos cerca a la puerta de entrada y salida, algunas enfermeras o enfermeros me veían con tristeza mientras murmuraba entre ellos.


De entre esos murmullos solo pude entender breves frases.


"¿Cómo lo tomara?; él se ve tan inocente y protegido; tal vez ni siquiera conozca el significado de lo que pasó; ¿Podrá él soportarlo?; ellas eran su única familia"


( ¿De qué hablaran? )


Solo está pregunta pasaba por mi cabeza, no espere mucho a mi Yago ya que desde donde estaba sentado pude verlo corriendo hacia el asilo, saludándolo para que me viera vino a mí abrazándome viendo que este bien.


— ¿Bebé cómo te sientes? ¿Dónde están ellas? —A sus preguntas solo dije un ligero bien y negué ante la última.


— No sé de ellas, no me quisieron decir.


Tomando la mano de Yago fui con la recepcionista para llamar a la enfermera en jefe la cual vino rápido, al ver a Yago a mi lado ella asintió para volver a los asientos de espera en donde nos pidió sentarnos.


Espere confundido pero mi novio agarro mi mano con firmeza, no sabía que estaba pasando y me estaba asustando más.


— Alex, tú. . . Tú apreciadas mucho a las señoras Cheris y Marcel, ¿Verdad?


— Sí, a parte de Yago son mi única familia —Después de decir esto ella me tomó de mi mano libre.


— Verás, ellas ya eran muy mayores. . . Cuando una persona es así de mayor como ellas. . . No les queda mucho tiempo para seguir viendo a los jóvenes. . . ¿Me explico?


— ¿Esta diciendo que Cheris y Marcel se irán de viaje? ¿A dónde viajan? Ellas no me lo contaron.


— . . . Alex. . .


— No pequeño, a lo que me refiero es. . . Ellas eran muy viejas y ya no podían estar más tiempo a tu lado. . . Hoy en la mañana cuando fuimos a despertarlas. . .


— ¿Qué les pasó?


— . . . Ellas fallecieron Alex, murieron mientras dormían. . . Su edad era muy avanzada. . . Ya era tiempo de que descansarán de esta vida.


Entendiendo mejor lo que estaba pasando mis lágrimas empezaron a salir, todo mi cuerpo temblaba sin control y ya no pude escuchar correctamente pero solo sentí a mi pareja abrazarme con fuerza.


Poco después me desmaye en brazos de Yago estuve inconsciente por varias horas y al despertar mire a mi novio a mi lado, tomando mi mano me informó que ya se habían comunicado con las familias de mis amigas, sus hijos y nietos habían decidido enterrarlas ese mismo día al parecer ya estaban preparados para la llegada de esta noticia.


Para mi mayor pesar no pude ir a despedirlas, sus familiares de tres generación ya me conocían y si me veían se dejaría en claro que no soy humano y llamarían a los cazadores para eliminarme.


Yago tampoco me permitió saber a dónde las enterrarían, él estaba seguro que las sacaría de sus sepulcros e intentaría volverlas vampiros a parte de que sus hijos y nietos pensaban que yo había muerto hace tiempo atrás.


Esa noche solo pude lamentarme haciendo un desastre la casa en la que vivíamos, estaba frustrado y dolido, no podía despedirme de ellas, no me dejaron acercarme a sus tumbas.


Mientras Yago solo me seguía por la casa tratando de calmarme pero no estaba escuchando, me dolía el pecho y aunque me quería lastimar para calmar ese dolor él me detenía.


— Alex, por favor bebé. . . Trata de calmarte.


— ¡¿CÓMO QUIERES QUE ME CALME?! —Le grite arrojando un florero contra el piso frente a mí, Yago estaba detrás de mí tratando de sujetarme pero no le dejaba.


— Bebé —Escuche su voz dolida y solo pude derrumbarme, esta es la primera vez que perdía a alguien tan cercano a mí, mi madre hace tiempo entendí que no me amaba ni veía como hijo por lo que ya no me importaba si aún vivía o estaba muerta, mi padre me dejó de lado cuando desperté mi lado vampírico y aunque dolió sabía lo que pasaría después de una charla con mi abuela.


Mi abuela siempre estaba lejos, la única familia a parte de mi novio eran ellas, mis amigas, las chicas que me ayudaban a mejorar mi propio entender sobre lo que era amor maternal.


— No pude ir a verlas. . . E-ellos se fueron. . . ¡Me dejaron solo! —No pude más y me derrumbe llorando de rodillas en el piso— Lo siento. . . Lo siento Yago —Lo último que grite pudo haber hecho doler a mi novio, él estaba aún conmigo.


( ¿Pero por cuánto estará? )


Sintiéndome desorientado por ese pensamiento no supe cuando Yago me abrazo estado a la par conmigo.


—  No estas solo, Al —Beso mi coronilla— Sabes que aún estoy aquí y siempre será así —Sus palabras me hicieron calmarme, mi cuerpo se relajo y se apoyó cansado en el suyo mientras le escuchaba suspirar pareciendo aliviado.


Sus frías manos secaron mis lágrimas mientras sus brazos me rodeaban con fuerza— Tal vez no lo creas pero. . . Sé cómo te sientes, bebé.


— ¿Yago? —Alcé mi mirada roja por el llanto, estaba sorprendido por sus palabras.


— Hace mucho tiempo, mucho tiempo, también me hice amigo de un humano. . . Cuando le conocí él era solo un niño, al igual que yo. . . Los años pasaron y él creció pero yo no pude crecer con él. . . Él me acepto tal y como era, al igual que tú. . . Lo crecer, casarse, envejecer como un humano, vi a sus hijos. . . A la final le vi morir con una sonrisa.


Estado en silencio escuché su relato, le vi empezar a llorar sin que este mismo se diera cuenta, alcé mis manos hacia su cara para limpiar sus lágrimas en silencio mientras terminaba de hablar, la mueca de dolor hizo a mi corazón apretarse.


— Te hice recordar algo doloroso. . . Por favor perdóname amor —Me levante un poco para besar sus labios de forma casta.


— Alex, la pérdida de un ser querido nunca se supera pero se puede aprender a vivir con ello. . . Al menos en nuestro caso —Sintiendo una ligera caricia en mi mejilla hizo que me apegara a él— Prométeme que intentarás conllevarlo.


— Sí. . . Trataré.


— Te amo Alex Dohrn.


— Y yo a ti Yago Murd.