Chapter 1
Los gritos desgarradores hacían eco en las paredes, la chimenea estaba encendida pero su calor no lograba llenar la habitación donde las enfermeras corrían de un lugar a otro asustadas e inquietas tratando de detener el sangrado de la reina Yeon-Si. Ella había intentado por más de quince años procrear un heredero al trono y ahora sentía como su último intento le arrancaba más que la esperanza, su vida también estaba perdiéndose en esa agonía.
El dolor en el cuerpo de la reina era insoportable, quería llorar pero ya no tenía las fuerzas para ello, la sangre oscura entre sus piernas manchando la cama y sus ropas mientras desprendía ese olor nauseabundo. Ella misma se había sorprendido por como pudo soportar tanto, era el quinto embarazo y el único que había llegado al final.
Desde que contrajo nupcias con el rey Hyukjae esa había sido su única obligación y no la podía cumplir, habían durado años en poder encargar al primer bebé y siempre en menos de dos meses estaba desangrándose mientras expulsaba al pequeño. Se sugirió la anulación de su matrimonio pero su esposo se negó pero ahora ya no habría impedimentos, sentía como todo a su alrededor se desvanecía lentamente mientras abandonaba este mundo.
—Ha muerto, ambos están muertos.- Grito una de las enfermeras mientras le tomaba el pulso a la reina. A su lado el cuerpo inerte del bebé que nació muerto, un golpe duro para el rey y el reino. Cubrieron con una manta oscura el cuerpo de ambos para su descanso eterno.
El viento se coló por las amplias ventanas de cristal enfriando aún más la habitación, el fuego de la chimenea se fue extinguiendo hasta que solo quedaron cenizas, que flotaban por el aire en pequeñas partículas. El silencio y la quietud gobernó en el lugar donde se acaban de perder a una reina, a una mujer que nunca pudo ser madre.
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—Siempre te dije que una Beta no era una buena opción, duraron años para que ella quedara embarazad y después de tres lustros pudo criar a un bebé dentro de su vientre pero nació muerto. Ahora que eres viudo...
—¡Madre! Déjame llevar el luto si quiera.- Exige el rey Hyukjae golpeando la palma de las manos contra la mesa a la vez que se pone de pie, tiene el rostro contraído en una mueca de disgusto.
Se pone recto y camina por la enorme biblioteca tratando de aclarar su mente, todo a su alrededor se siente tan sombrío y mezquino. Acababa de perder a su esposa, a la mujer con la que estuvo quince años, nunca pudo llegar a amarla completamente pero si se encariño con ella, hasta tenerle respeto.
Había sido su amiga, confidente y compañera pero ahora estaba muerta, junto a su hijo, al bebé que vio crecer y creyó podría tener en sus brazos. Tenía treinta y dos años y no había podido cumplir su más profundo deseo, tener a un bebé, sangre de su sangre.
—Sabes que es cuestión de tiempo, todos aquellos que pueden reclamar el trono tienen hijos. Solo deberían quitarte de en medio y rápidamente habría un heredero.- Continua la mujer acercándose con cautela hasta su hijo.
—Lo se, lo se pero estoy en medio de una pérdida no tengo cabeza para buscarme un esposo o esposa.- Habla entre dientes manteniendo su vista en las altas estanterías de libros.
No había una sola lágrima más que pueda salir de su ser, había llorado como un bebé durante toda la noche hasta dormirse. Hoy sería el entierro, apenas y pudo soportar velar a su mujer e hijo mientras el pequeño bebé estaba en los brazos de ella.
—Por eso lo hice por ti.- Responde la reina madre con una sonrisa. Camina alrededor de su hijo hasta el centro de la alfombra verde esmeralda en el suelo con sofás anchos alrededor. Sus pasos son suaves y silenciosos casi como los de un felino.
—No quiero a un omega.- Dice Hyukjae
con cansancio reflejado en sus ojos.
—Si te casas con otro beta en menos de una semana estarás muerto y sin corona. ¡Debe ser un omega!- Explica con exasperación.
—No quiero marcarlo y que éste atado a mi por el resto de su vida, soy un rey y como tú acabas de decirlo podría morir en días y el omega moriría después de mi por la tristeza y el dolor, no quiero eso para nadie.- La voz del hombre es fuerte y clara. Llena de energía como la de todo alfa.
—Es el último heredero de el mar del este, si te casas con el las tierras de la costa y sus navíos serán del reino, incluyendo sus riquezas.- Habla con seriedad Deok-Boon manteniéndose firme ante su primogénito.
—Y es un omega.- Concluye Hyukjae con obviedad mientras suspira derrotado.
No tenía la energía para pelear con su madre, para alegar, sabía que lo que ella le indicaba era el camino correcto o su cabeza estaría en una pica a la entrada.
—Si, tiene quince años, aún no tiene su primer celo pero éste será en su siguiente cumpleaños a mediados de octubre. En lo que dura el luto, lo traemos hasta acá y anunciaremos el compromiso lo más rápido posible.- La mujer se acerca hasta uno de los sofás amplios y toma asiento con elegancia mientras sonríe.
—Encárgate de todo, no estoy de humor.- Dice el alfa dándose media vuelta para salir de ahí.
—Espera, necesito una carta tuya.- Pide la reina madre con rapidez. El otro solo se gira y la observa en espera de una explicación. —El chico está comprometido pero hasta los veinte años iba a casarse, debes cancelar la unión, al ser rey puedes hacerlo. Se enviará la carta con la escolta que irá por el.- Dice con convicción alisando su ropa sin necesidad.
—De acuerdo.- Acepta sin ganas de nada, caminando hacia su escritorio para deshacerse de ese problema de una vez.
—Lee Donghae, es el nombre de tu futuro esposo y rey.- Explica la mujer.









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