Capítulo I
“El convento"
•ROMINA•
Tengo todo el cuerpo entumecido, hace frío, el viento hace que baile mi cabello, lo despeina y enreda. Parece que viene de todos lados, de pronto lo siento atrás, en un lado o en otro, o enfrente descubriendo mis orejas. Hace que me estremezca, mis dientes castañetean y puedo observar el vaho saliendo de mi boca.
Empiezo a frotar mis brazos desnudos para causar algo de calor. Los dedos de mis pies parecen estar inertes aunque gracias al frío ya dejaron de doler; anestesiados o entumecidos.
Camino hacia una banca del parque cansada. Esta más fría de lo que esperaba. Me sacó los tacones y siento un descanso tan placentero que dolió. No sé cómo describirlo, la sensación fue de alivio pero doloroso por el tiempo en que estuvieron en esa posición que deforma y tortura pies.
Malditos los que dijeron que eran elegantes y sensuales.
–Rápido, Romina que me voy a entumir y te va a costar cargarme hasta la casa— dijo Julia castañeteando sus dientes como yo.
–Ya no siento mis pies, espérame– dije riendo después de estar a nada de caerme
Julia me sostuvo y luego sonrió burlona
Trrr trrr...
El teléfono de Julia comenzó a sonar, ella abrió los ojos tanto que creí que se le saldrían y rodarían por el suelo.
–¿Que? ¿Quien es, Julia?– dije curiosa por su reacción
–No estoy muy segura, Romi pero tengo un presentimiento– contestó– ¡Bueno!
–Pon el altavoz– le susurre y ella me hizo caso
–¡Alo!– contestó un hombre– ¿Con las abadesas?
Julia me dio una mirada cómplice y una sonrisa de satisfacción, hacía ya un buen rato que no nos llamaban
–Ellas mismas– dijo con ese tono tan arrogante que le salía del alma–¿con quién tengo el gusto?– ella sabía quién era o no tendría esa cara que pone cuando las cosas le salen tal cual las planeo
–Omar Saldívar, muñeca. Me pasaron su contacto, según lo que me dicen son muy buenas en esto de conseguir "monjitas" y sobre todo me comentaron que se manejan con mucha discreción.
–Y no le mintieron, señor Saldívar. Ahora dígame ¿cuántas va a querer?– pregunté
–Bueno, quiero seis para esta fin de semana viernes, sábado y domingo les estaría dando $10 000 a cada una por día y si pueden traerme algunas mmm... ¿como se les dice "rata"?– le pregunto a alguien más– ah si, "novicias" ya saben de las más puritas a esas yo les daría $15 000
Era mucho dinero y jamás había escuchado de este tipo, no cualquiera daba esta cantidad por día.
–Claro señor Saldívar, no le prometo las novicias pero le llevaré unas bien lindas. Le pasaré la ubicación del convento desde el jueves a este mismo número – terminó Julia y colgó
–Maldita sea, Romina ¿sabes quien era?– vociferó Julia
–Omar Saldívar – contesté burlona
–Chistosa– dijo–¿quieres que te cuente?
–¡Ay! Me choca que la hagas tanto de emoción, sabes que si quiero–le dije pegándole en el hombro
–Bueno, te cuento de camino
Retomamos nuestro camino, ya se nos había quitado el frío de escuchar semejante cantidad de dinero.
–¿Te acuerdas que ayer me desaparecí quince minutos cuando estábamos en aloha? – asentí contestándole, aloha es un antro– ¿también recuerdas al tipo que se lucia presumiendo dinero? – también asentí sin decir nada continuando nuestro camino– bueno aquel tipo supuestamente es de una "organización importante" según el, pensé que era un hijo de papi despilfarrando dinero y que solo alucinaba hasta que me dijo que era prácticamente el chalán, del chalán de Omar Saldívar que es mano derecha de Nicasio Rumen Oreguera Cervantes líder del cartel de Jalisco nueva generación. Yo le conté a que nos dedicamos y no tardó en pedirme el contacto, nena– ahora los ojos que parecía que iban a rodar por el suelo eran los míos, mi quijada estaba hasta el suelo– él me dijo que me reconocía de cuando llevamos a las niñas a Puerto Vallarta con Ximenez, son conocidos y lo invitó a esa fiesta. Yo creo que Ximenez fue el que le dijo a Omar Saldívar sobre que nos manejábamos con discreción– terminó con una sonrisa de oreja a oreja
– Estás loca Julia– le asegure, nunca habíamos tenido un cliente tan importante y me asustaba– Mañana en la tarde llamaré a Ximenez para confirmar eso, no quiero correr riesgos y ponernos a todas en peligro.
– Claro, Romi; también hacemos cuentas para saber cuánto nos toca a nosotras y ellas.
Llegamos a nuestra calle sin pavimentar, y entramos a nuestro "convento" que era literalmente un convento abandonando. Ella y yo salimos de un orfanato en la capital cuando teníamos quince y la renta de una casa o un departamento salía muy costosa para nuestro salario mínimo así que un día caminando por los rincones más oscuros de un pueblo en Toluca en el Estado de México encontramos una zona empedrada donde se veían varias haciendas y ranchos increíblemente bonitos una zona oculta para muchos ya que yo creía que ese tipo de haciendas solo las vería en Culiacán o Mazatlán pero ¿en Toluca?, hasta que Julia me comentó que los narcos tienen casas de seguridad en todos lados y este tipo de zonas suelen ser más baratas. Después de pasar por algunas haciendas vimos otra con un puente en la entrada pero de adorno porque abajo no había agua ni cañería solo algo de basura, este puente tapaba un poco una calle que daba para abajo en forma de curva estaba en medio de la hacienda y un campo de futbol con grandes pinos a su alrededor pero antes de ir hacia esa calle porque nos picaba la curiosidad Julia y yo fuimos al baño abajo de ese puente supusimos que no se vería nada desde arriba pero un coche nos pitó y solo salimos corriendo hacia abajo en la calle a la cual ya habíamos planeado dirigirnos.
Seguimos caminado y recuerdo que nos sorprendió que muchas de ellas estuvieran abandonadas se veía mucho la diferencia en la pintura, en el color y el largo de el pasto, las rejas oxidadas o las puertas de madera desgastada. Pensamos en meternos a alguna pero si supuestamente por ahí había uno que otro narquillo yo no quería correr el riesgo. Así que en esa parte de el pueblo laberintoso encontramos otra calle que subía ya sin empedrado ni pavimentado solo tierra y piedras de grava. Ahí solo habían milpas y a lo lejos vimos el convento nos dirigimos hacia allí pensando que podrían ayudarnos pero no había nadie, una vieja vagabundeando pasó y nos dijo que ahí no había nadie que nos ayudara, como ya habíamos pensado en meternos a alguna haciendo decidimos meternos mejor al convento. Dios no podía enojarse con nosotras por fisgonear en su antigua morada o de las monjas o de lo que fuera, ella y yo estábamos desamparadas como dos perros de la calle y lo necesitábamos así que lo hicimos nuestro.
–Buenas noches, Romi– dijo Julia amarrando su mini cabello rubio frente a la puerta de su recámara
–Buenas noches, Juli– respondí sonriéndole y entré a mi recámara
“Un secreto entre las flores” esta tambien disponible en Wattpad https://www.wattpad.com/1133878527?utm_source=ios&utm_medium=link&utm_content=share_reading&wp_page=reading_part_end&wp_uname=Saaash_AA