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El pulso estaba disparado al mil, la paranoia de que alguien lo observaba mientras navegaba en la página rosa crecía con el paso de los minutos...
Terminó de digitar los números de su tarjeta de ahorros para no ser rastreado por su padre y le dió clic en "aceptar"
Su respiración se volvió errática cuando la pantalla le indicó que el catálogo estaba por descargarse.
Cada segundo que transcurría lo hacía transpirar en demasía. Pero la adrenalina que sentía en esos momentos lo hacía continuar, una larga lista de jóvenes salió una vez que la página se actualizó.
Ninguno tenía su nombre real.
Obviamente.
Él tampoco había puesto su nombre real, aunque no creía que "Muffin69" era un excelente nombre de presentación, pero creía que le daría credibilidad ante los "posibles prospectos" que le ayudarían a perder su virginidad.
Sería más fácil si tuviera valor suficiente para tener una relación abierta con un chico y perderla con él, con el súbito pretexto de que se amaban aunque solo estuviera caliente y ansioso. Pero todo en su vida era difícil, su familia, la universidad, sus relaciones interpersonales, las materias y el trabajo que hacía a escondidas para pagarse este tipo de "gustos" ya sea una malteada de fresa con mucha azúcar y crema pastelera o un hombre sexi para follar. Solo porque ya lo había intentado con una chica de su facultad y no había funcionado.
"Ahora inténtalo con un chico, conmigo no, claro, pero nada pierdes con hacerlo, toma..."
Mild dejó un papel doblado en su escritorio con la página rosa.
Gulf arqueó la ceja y el solo se encogió de hombros.
Y ahí estaba deslizando el mouse táctil para seguir viendo a los chicos, su dedo en la boca mordisqueando la uña daba a conocer que no había nadie allí que lo convenciera.
"Mierda, tenía que elegir a alguien porque ya había pagado"
En la última parte del catálogo virtual una peculiar foto llamó su atención, una estrella con letras pequeñas decía "premium"
La foto mostraba el torso del chico, con uniforme universitario y unos brazos que daban a entender de todo.
La elección no se completaba.
Le dió clic tantas veces que seguramente estaría roto si no fuese un poco débil.
— Mierda — musitó en voz baja. Un recuadro dorado decía:
"Te hacen falta 1000 baths para completar tu solicitud"
Carajo, ya había soltado mil quinientos baths, equivalente a tres semanas intensas de trabajo.
Tendría que pasar de esa opción.
Otro cuadro apareció cuando deslizó la página hacia abajo.
"No desaproveches la oportunidad...
Si no cuentas con el saldo suficiente puedes hacer el pago en efectivo al momento del encuentro"
La tentación entró por sus poros con rapidez, podría pedir prestado y luego fingir algo con su padre que cuando se trataba de dinero nunca pedía explicación, siempre y cuando fuese en efectivo y cuando realmente estuviese ocupado.
Una sonrisa ladina se dibujó en su rostro al imaginarse mil y un posibilidades para quitarle mil baths a su padre sin tanto esfuerzo.
La palabra "aceptar" se había vuelto su favorita.
Un emoji sonriente y una clave le indicaron que todo estaba hecho, la cita era para el fin de semana, le descargaron un documento con el reglamento del sitio y las especialidades del lugar, con un ligero costo extra.
El paquete premium incluía una caja sorpresa de regalo y un ticket de descuento en su siguiente visita.
La última parte en letras chiquitas pasó despercibida para el chico extasiado que anotaba todo lo que sabría no podría memorizar. Ensimismado en todo lo que tenía que hacer, dejó a un lado esa parte pequeña del reglamento, principalmente porque en ningún momento pasó por su cabeza, la palabra repetir.
No lo necesitaba, era solo una vaga prueba para ver de qué lado estaba, a qué género pertenecía, no necesitaba de un chico como esos.
"El chico de este paquete premium bajo el nickname «NewStar» no estará disponible en su siguiente visita, ningún chico premium se puede repetir"
Mild obtendría su recompensa si todo salía bien, en caso contrario recibiría una paliza que jamás olvidaría.
— Nos vemos el sábado NewStar.
Cerró la página y volvió a su viejo libro antes de acostarse con la firme esperanza de que todo saldría bien.
Tenía que salir bien.








