A Little Death
Pasadas las 5 de la tarde, el trabajo parecía no terminar nunca. Aquel hombre de cabello blanco y ojos azules estaba agotado y parecía cansarse aún mas cada minuto que pasaba. Cerró sus ojos y tocó su frente esperando que el dolor de cabeza se tranquilizara un poco, pero el sonido de la puerta lo despertó inmediatamente de todos sus vagos pensamientos.
– ¿Sigues trabajando? Ya es demasiado tarde. – Mencionó aquel chico que cada que podía se escapaba de su lugar de trabajo con algún pretexto para visitarlo. – Te traje unas noticias de bajo el agua sobre tu señorita. – Dijo burlón mientras apoyaba firmemente sus dos manos sobre el escritorio del mayor.
Neuvillete tomó aquel periódico en sus manos y leyó solamente la portada antes de dejarlo nuevamente en el escritorio.
– "La falsa arconte" Que tonterías – Dijo serio.
– Si no fuera por tu empeño en ayudarla y hacer que mágicamente las cosas salgan como ella quiere, sabes que no sería nadie.
Aquel hombre estresado por el trabajo prosiguió con sus asuntos sin tomarle la menor importancia a lo que el menor le decía, aunque debía de admitir que se sentía aliviado de poder conversar de algo diferente después de tanto tiempo sin tener charlas fuera de su situación de trabajo, simplemente disfrutaba de la compañía de aquel otro chico.
Wriothesley se alejó de el y miró por la ventana esperando a que el ultimo rayo de sol desapareciera y sonrió orgulloso cuando así sucedió.
– Hoy parece que no lloverá – Dijo alegre y cerro sus ojos dejando que la fría brisa lo envolviera. – Si no te conociera, podría jurar que tu eres el verdadero arconte. – Rió.
Al cabo de unos minutos, después de un rotundo silencio por parte de ambos, Wriothesley se dirigió nuevamente a Neuvillete con la intención de robar un poco de atención. El cuerpo del mayor se tensó rápidamente y su corazón comenzó a latir como normalmente lo hacia cuando aquel chico se acercaba de esa forma hacia el.
Aquel joven alcalde del Fuerte Meropide y emisario de los culpables sabía lo que hacia cada vez que visitaba a su juez supremo y admitía que le gustaba el riesgo que involucraban sus acciones cerca de el. Wriothesley se abalanzó sobre el apenas tocando con su mano la pierna del mayor y besándolo de la forma en la que sabía que Neuvillete no se apartaría. Sus lenguas se rosaron descaradamente cuando el de cabello negro se aparto a penas dejando un poco de saliva en los labios de ambos, se acercó a su oreja y después de que el otro cerrara sus ojos y lamiera un poco sus propios labios suavemente pronunció:
– Sigue así y vendré a ayudarte pronto cariño.
Neuvillete no sabía lo que sucedía cada vez que el alcalde lo visitaba, simplemente imaginaba que su relación era tan buena que quizás era una forma de demostrarse el aprecio que ambos se tenían pues según el, su amistad se volvía diferente a la que tenia con otros por esa simple acción y eso la hacia especial.
Aquel hombre que por un momento había olvidado todo el trabajo que tenia pendiente, recostó su cabeza sobre su silla y respiró hondo intentando calmarse un poco, fue allí cuando recordó la primera vez que Wriothesley actuó de esa forma con el.
Una tarde igual que esa hace unos cuantos años Neuvillete había decidido salir a caminar un poco para observar a la personas que vivían en la nación de Fontaine, se había tomado con tanta seriedad el querer entender a los humanos que cada día salía a intentar replicar algunas de las acciones que veía en ellos. Comer, beber, charlar, pero había una de ellas que no entendía por más que observaba.
Jóvenes tomados de las manos, adultos mirando juntos las estrellas, familias grandes y pequeñas tomando el almuerzo.
Al principió pudo jurar entender la naturalidad de reproducción y el supuesto amor que necesitaba el ser humano tal como cualquier ser vivo. Pero mientras más novelas de amor leía, mientras más casos "tontos" sobre parejas y divorcios recibía, menos comprendía ese sentimiento. "¿Por qué al ser un sentimiento tan fuerte podrían dejar de sentirse así con la persona que decían amar? ¿Por qué le harías daño a alguien que amas? ¿Por qué hay gente que parece tener ese sentimiento por muchas personas?" Muchas preguntas extrañas acerca de ese sentimiento recorrían su mente mientras observaba en aquel lago a una pareja de ballenas jugar.
Neuvillete pensó mas seriamente en su silla. Ni si quiera era capaz de recordar la razón por la que aquel día había comenzado a llover, pues simplemente recordaba haberse quedado en ese lugar en silencio mientras se sumergía cada vez más en sus pensamientos a hasta que la lluvia pareció haberse detenido.
– Te puedes resfriar. – Pronunció Wriothesley quien sostenía un paraguas para el.
Aquel nuevo alcalde del fuerte Meropide le observó atentamente mientras los ojos de Neuvillete miraban a los suyos y su mente intentaba darle explicación a la acción del menor quien en ese entonces aún desconocía su identidad como dragón de agua.
– Gracias – Pronunció aun sin dejar de ver sus ojos azules.
"Su mirada tan diferente" Pensó tranquilamente hasta que aquel chico se acercó hacia el y lo beso tiernamente durante unos segundos, los suficientes para que ambos pudieran sentir la rapidez de su respiración y escuchar el sonido de su corazón el cual latía más fuerte.
Neuvillete se apartó primero pero no se alejó completamente de lo que sucedía, una risa salió del pelinegro quien tomó su mano y dejó en ella el paraguas que sostenía para el.
– Realmente agradezco que estes junto a mi, por favor no te enfermes. – dijo antes de retirarse.
Y como si de un suceso completamente anormal para Neuvillete se tratase, había dejado de llover. Sorprendido miró alrededor sin entender lo que había sucedido.
Igual que ahora.
Neuvillete se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana para observar la luna que comenzaba a asomarse por las grandes montañas ¿Debía de admitir que esa extraña sensación le gustaba?