Dress
Lucifer, el rey defirno. Se sentía malditamente solo.
Bueno, no tan solo. Recordaba contento como había vuelto a rehacer lazos con su adorada hija Charlie. Sin duda estaba muy feliz y también preocupado, pues su niña le había comentado el exterminio se había adelantado y estaba demasiado angustiada y sobre todo estresada. La abrazo fuerte y le prometió que estaría en la batalla y se quedaría un tiempo en el hotel para recuperar todo ese tiempo padre e hija que habían perdido.
Suspiró profundamente y camino por su palacio en silencio, ignorando olímpicamente los cuadros que adornaban las paredes, donde se vía pintada una familia feliz. Siguió su camino sin inmutarse hasta llegar a su alcoba, algo aburrido, tomó la opción de entrar y guardar algunas de sus cosas que quizás necesitaría cuando estuviera en el hotel.
Mientras rebuscaba entre las pocas cosas que había en el viejo cuarto que compartía con Lilith, notó en una de las esquinas de la amplia cama una bolsa de compra color rojo vino. Sin mucho apuro pero lleno de curiosidad, se acercó para tomar la bolsa entre sus manos y inspeccionar su contenido. La bolsa venía decorada con letras doradas apenas un poco visibles, se podía leer la palabra "Pasión" bordada en ella, un escalofrío recorría su anatomía y sin pensarlo mucho tomó lo que fuera y hubiera dentro de esta. Sacó de ella dos peculiares prendas que en mucho tiempo había visto.
La primera prenda eran unas sensuales pero bellísimas medias de encaje negro, parecían ser echas con la más fina seda que habría visto y su bordado era simplemente hermoso. Las miró con curiosidad unos segundos para dejarlas en la cama a un lado de la abandonada bolsa que con anterioridad había dejado caer sobre el colchón. Después, se encontró con la segunda y última prenda que lo haría sacar un jadeo de sorpresa. Se trataba de un hermoso vestido rojo brillante, era satinado pegado al cuerpo, sin mangas y con una gran abertura en la pierna izquierda. Aquel flamente vestido lo insitaba a ponérselo, a caer en la locura de la soledad y probar cosas nuevas. Ante aquellos fugases pensamientos, soltó el vestido complemente asustado, dejándolo caer sobre las cosas.
Se sentó en la cama frente al espejo de su gran tocador, observó su rostro sin expresión alguna y sus ojos viajaron a través del espejo, observando aquellas prendas. Por el mismo, era el puto soberano del maldito infierno, podía hacer lo que él quería cuando quería y nadie podía decirle algo en objeción.
Sin darse cuenta, se había levantado y poco a poco fue quitando prenda por prenda de su gran traje, quitando por último su característico sombrero de copa.
Dejó ver su cuerpo esculpido, su pequeña espalda blanquecina bajando hasta su diminuta cintura perfecta, llegando más a abajo hasta esas candentes caderas y ese fabuloso y jugoso culo. Sí, Lucifer era el ser más precioso que había existido, la misma Biblia lo decía. Con temor, tomó las medias de encaje y se las puso lentamente, le quedaban a la perfección y aquello le hacía tragar en seco.
Después de unos minutos, fue por la segunda e importante prenda, el vestido. Se lo puso de manera lenta y tortuosa. Ya listo, se giró para verse en el gran espejo y su boca se abrió ligeramente de asombro, no sabía que habría echo.
El vestido le quedaba a la perfección, hacia resaltar su figura y apretaba su pecho de manera deliciosa, podía sentir sus pezones semi endurecidos marcarse debajo de la tela, miró con detenimiento la abertura que no debajo nada a la imaginación, pues resaltaba las medias de encaje que lo hacían ver mucho más hermoso y sobre todo, apetecible.
Rió suavemente y decidió modelar un poco ante el espejo, en un acto de burla hacia él mismo.
No podía creer lo bien que le quedaba el conjunto. Sin poder evitarlo, sus pálidas y delgadas manos viajaron a lo largo de su anatomía, pasando por sus definidas curvas y acariciándose sutilmente con la yema de sus dedos. Mordió su labio inferior evitando que algún sonido sucio saliera de sus rosados labios. No entendía porque de repente se sentía deseoso y caliente, cualquier consecuencia culparía inmediatamente al vestido.
— Señor, un demonio solicita su presencia... — Se escuchó tras la puerta la voz de uno de sus tantos sirvientes.
Lucifer soltó un jadeo ante el toque de sus propias manos pasando por su pecho. Su mente empezó a volar y solo oyó un murmuro tras la puerta de su alcoba. Sus mejillas se encendieron sin querer y dijo:
— Que pase, no me interesa... — Su voz había salido fuerte y algo aguda, aún sin ser conciente de la situación en sí. Sus manos aún recorrían su cuerpo y ahora se encontraban en sus muslos, apretaba y acariciaba la fina seda de las medias.
En cuestión de segundos, la puerta fue abierta en un abrupto movimiento, dejando ver a un demonio muy conocido. Su sonrisa dorada y ojos rojos, cabello rojizo y traje muy bien planchado, y no podía faltar su gran micrófono de mano.
— ¡Oh, mi querido soberano del infierno! ¡He venido yo ha... — Sus palabras quedaron atascadas en lo profundo de su garganta al ver tal imágen.
Parpadeó un par de veces al no creer lo que sus ojos veían.
El patriarca del Inframundo portaba un elegante y sensual vestido. Perdió el aliento por un momento al ver esas caderas menearse lentamente de un lado a otro... Y, esas magníficas y fuertes piernas envueltas en aquella fina tela le hacían sentir que el cuello de su camisa de vestir lo asfixiaba. Trató de acomodar lo mejor que pudo su traje y disimuló lo más que podía la incomodidad que creía de a poco dentro de sus pantalones, soltó un jadeo lleno de sorpresa y una sonrisa pintada de lujuria se asomó por sus labios negros. Carraspeó llamando la atención de lucifer.
El rubio abrió los ojos lentamente y de lo más tranquilo que estaba se transformó en sorpresa de inmediato, formando una mueca de susto y horror al ver al demonio de la radio parado en la puerta tras de él. Se abrazó a si mismo y se dió la vuelta para verle, ambos se quedaron en un total e incómodo silencio. El ángel no sabía donde meter la cabeza ó que hacer, pero una fugaz idea pasó por su alocada cabeza ¿Qué podía perder? Sonrió felinamente y se acercó al más alto caminando de manera lenta y provocativa, sus caderas se movían al compás de sus brazos y su pecho levantado en signo de no temer ante la situación.
Alastor lo miró ligeramente embobado y se obligó a mover su vista a otro lugar que no fuera a esa increíble figura que lo insitaba a devorarle por completo. Lucifer terminó de acercarse y soltó:
— ¿A qué debo tu persona aquí, Alastor? — El nombre del demonio salió en forma sexy y provocadora. Lucifer no pudo evitar morderse el labio notando como el nombrado estaba visiblemente nervioso y ansioso. No pasaría nada si jugaba un poco con él ¿Ó sí?
El pelo rojizo olvidó por completo a que había ido al palacio del rey del infierno. Olvidó por completo que hacía ahí pero lo único que quería era arrancarle ese vestido y arremeter contra con el ángel caído con esas espléndidas medias puestas. Tragó en seco antes de si quiera responder a la pregunta del soberano.
— Yo, yo he venido a... Yo...— Maldijo en su cabeza al notar como su voz sonaba entre cortado y algo bajo, se había vuelto más ronca.
Lucifer lo miró de arriba abajo y su vista de fijó de inmediato en el gran bulto encerrado en los pantalones de Alastor, pidiendo misericordia. Rió bajito y manteniendo un aura sensual, se sentó en la cama dejando las piernas ligeramente abierta, se podían ver las medias de encaje apretando deliciosamente sus muslos pálidos con tonalidades rosadas. El demonio radio mordió su labio con fuerza, conteniendo de tirarse encima del rubio y hacer que grite su nombre.
— Alastor, el demonio radio...— Murmuró Lucifer sin importancia, mirándose las uñas como si estas fueron de lo más interesante. El pelo rojizo lo miró desafiante con un hambre voraz, le comía con la mirada. — Trabajas para mi hija, ¿No es así?-No esperó respuesta alguna, sus traviesas manos pálidas subían el vestido lentamente mostrando más sus piernas. Alastor tragó en seco y asintió sutilmente con la cabeza. — Bueno, si trabajas para mi hija... También trabajas para mi...— Calló pocos segundos y le indicó con el dedo al mayor que se acercara. Este caminó despacio pero Lucifer lo jaló del cuello de la camisa para quedar cara a cara. — Ahora tienes un trabajo...
Alastor no dudó en mostrar su más y lujuriosa sonrisa y sin permiso alguno, tomó la fina cintura de Lucifer para levantarlo de la cama y pegarlo a él. Pecho con pecho unidos. El rubio envolvió sus brazos alrededor de los hombros y parte del cuello del más alto, mientras este, con síndrome de manos inquietas, apretaba la pequeña cintura y bajaba por sus caderas hasta llegar a ese pomposo culo apretándolo con fuerza, sacándole sonoros jadeos y gemidos al rey.
— Voy a hacer que grites mi nombre, voy a hacer que aclames por que pare, voy a hacer llores por mi verga... — Murmuró Alastor sobre los labios de Lucifer, este se sonrojó notablemente y solo sonrió con picardía, aquello lo ponía de sobremanera.
— Ah, maldito pecador... Tómame... — Lucifer sonrió con sorna, ese maldito venado no haría tal cosa de hacerlo llorar ¿Cierto?
En un movimiento rápido, ahora Alastor estaba sobre la cama mientras que él estaba arriba sentado sobre su regazo, podía sentir la creciente erección del rojizo golpeando su culo, solo lo hizo jadear de deseo, seguramente la tenía pequeña. El demonio radio apretó su cintura y atacó el cuello blanquecino, dejando mordidas profundas que poco a poco brotaban la sangre dorada del rey. Descendió hasta el escote del vestido y lo bajó con cuidado, revelando los rosados pezones del soberano, no dudó en morder y chupar, tratando se obtener algo de ahí.
— Mmhg... Maldito... — Lucifer apretaba y jalaba el cabello de Alastor, sus caderas se movían rápidamente sobre el regazo ajeno, frotándose contra él.
Se separó del pecho del rubio y cambio de posición, ahora el hombre-venado estaba encima de Lucifer, exactamente entre sus piernas. Las separó un poco más y subió el vestido lo suficiente para revelar el fruto prohibido, quedando completamente sorprendido. Lucifer tenía dos genitales, un pene de considerable tamaño y una vagina gorda que estaba completamente empapada, sin mencionar que su pene se encontraba botando liquido pre seminal. Sonrió con lujuria y se agachó para quedar cara con los genitales del rey, tomó el pene de este con una de sus manos empezando a masturbarlo lentamente, dirigió sus labios aquel apretado coño que le aclamaba, besando y pasando su lengua superficialmente sobre su clítoris y los labios.
Lucifer tembló y llevó una mano a la boca, tratando de tapar los sonoros ruidos de placer que amenazaban con salir de lo más profundo de su garganta. Alastor subió la mirada y sin dejar su trabajo de comerle el rosado coño y estimular la erección del rubio, frunció levemente el ceño sacando de su espalda uno de sus tentáculos, quitando la mano de Lucifer que le impedía escuchar esos hermosos gemidos cargados de placer. Jadeó sientiendo aquel miembro negro del demonio de la radio tomar su mano con fuerza, fácilmente podría tirar lejos a Alastor pero no podía negar que le calentaba demasiado esa faceta dominante sobre él.
En unos pocos segundos, Lucifer se había corrido en la mano de Alastor que aún masturbaba el pene del rubio, el más alto se separó de aquella verga y ese mojado coño para retirar su propio saco y desabrochar su camisa de vestir, todo bajo la atenta y deseosa mirada del rubio. Terminó de desabrochar su camisa mostrando su abdomen delgado pero sorprendentemente formado, adornado con múltiples cicatrices y manchas, la loca idea de curarlo pasó por unos instantes en la cabeza del rey del infierno. Alastor rió ligeramente viendo como Lucifer lo comía con la mirada, mordió su labio inferior bajando sus propios manos a sus pantalones, liberando aquella palpitante erección que le pedía a gritos atención.
Bajó sus pantalones hasta las rodillas y de apoco su ropa interior, solo para torturar a Lucifer, quién se retorcía impaciente y ya había bajado una de sus manos acariciando su propio coño. Alastor tampoco podía esperar y de un solo tirón, bajó lo suficiente su ropa interior liberando por fin su pene. El rey del infierno abrió ligeramente la boca ante aquel caliente, grande, ancho y venoso pedazo de carne que posiblemente entraría en lo más profundo de su ser, no podía estar más emocionado. Su boca de pronto se sintió seca y tuvo la tremenda necesidad de tener esa vergota, porque verga se queda corta, en su boca.
— ¿Admirando la vista, mi rey?— Alastor sonrió y volvió a posicionarse encima de Lucifer, moviendo su pelvis frotándose contra los labios mojado del rubio, quien no podía hacer más que llorar de placer y suplicar por sentirlo dentro.
Alastor metía la punta de su pene en su coño y volvía a sacarlo para seguir frotándose, Lucifer temblaba y sacaba maldiciones, sin duda era un maldito hijo de puta, pensó. El demonio se aburrió de aquel jueguito y sin aviso, entró en el apretado y caliente coño del rey infernal. Ambos jadearon fuerte ante las nuevas sensaciones que los envolvían. Alastor sentía como su pene era apretado por las paredes internas y calientes del rey, echó su cabeza hacia atrás buscando de alguna forma controlarse para arremeter con fuerza sobre Lucifer.
Lucifer cerró los ojos sintiendo como las lágrimas bajaban por sus mejillas rosadas. Sentía el pene de Alastor por fin dentro de él, moviéndose apenas y lo caliente que estaba. Podía jurar que volvió a sentir el cielo en muchísimo tiempo. Al cabo de unos minutos en lo que se trató de acostumbrar al tamaño del demonio, movió sus caderas lentamente soltando bajos gemidos.
Alastor entendió de inmediato la indirecta y empezó a moverse lentamente, chocando su pelvis con el culo de Lucifer. Las embestidas se volvían más rápidas y violentas mientras aumentaba el ritmo de la penetración, el pelo rojizo agarró una de las piernas del rubio y la llevó a su hombro, aferrándose ahí mientras mordía con fuerza y saboreaba la dulce sangre del rey. Lucifer ya no gemía, más bien gritaba el nombre de Alastor, ambos podían afirmar que aquellos gritos se escuchaban hasta afuera del palacio.
— ¡Ah, Alastor! ¡Más, quiero más! — Pedía Lucifer cargado de placer.
— Su... Mmhg... Su majestad, puedo lastimarte... — Ni siquiera se tomó el tiempo de pensar esas palabras antes que salieran de sus labios. Se movía rápidamente creando ese obsceno y delicioso sonido de ambas pieles chocando.
— ¡N-No me importa! ¡Destrúyeme! ¡Parteme en... Ahh! — Alastor dejó de escuchar cuando tuvo la autorización de Lucifer. Salió de él y de inmediato y sin explicación de alguna, le dió la vuelta dejando el pecho del rubio pegado a la cama levantando su culo, solo para el demonio radio.
El pelo rojizo bajó el rostro para volver a besar y beber los jugos que botaba el dulce coño del rubio. Volvió a posicionarse no sin antes darle tremenda nalgada que había sonado en seco, el rubio gimió fuerte completamente sorprendido ¿Quién se creía ese demonio? Aquella pregunta quedó en segundo plano cuando volvió a sentir esa gran verga dentro de él, moviéndose cada vez más rápido y duro. Los ojos de Alastor se habían tornado cada vez más rojos y brillantes, se movía con violencia dentro del rubio.
Siguió así por unos momentos más y decidió cambiar de posición, ahora estaban en donde todo había comenzado, Alastor sentado con Lucifer en sus piernas, solo con la diferencia que ahora estaba saltando sobre el pene del demonio. El rubio gemía extasiado mientras que él pelo rojizo gruñía a cual perro, mordiendo cuello y hombros del soberano, dejaría toda marca posible. Sentía una incomodidad en su vientre bajo, indicando que pronto se correría al igual que Lucifer.
Jadeó y empujó suavemente al rubio a la cama otra vez quedando el pelo rojizo arriba. Empujó con violencia mientras se acercaba para mirarle a Lucifer. Ambos hacían contacto visual mientras sus bocas estaban ligeramente abiertas sacando diferentes sonidos sucios. Lucifer gritó muerto del placer, jalando el cabello de Alastor pegandolo a su rostro y besarle mientras ambos se corrían.
El beso no era duro o lascivo, era tierno y lento, sobretodo dulce. Alastor terminó por correrse en cantidad dentro del coño de Lucifer, su semen se desbordaba bajando por sus muslos aún con su pene dentro. El rubio se vino en su coño soltando sus fluidos y poco después también con su verga, botando a chorros su semilla, ensuciando el pecho del contrario y parte del dichoso vestido que había comenzado con aquella locura.
Ambos respiraban con dificultad tratando de dar buscar oxígeno.
Alastor terminó con el contacto separándose de Lucifer, quién solo jadeó cansado. El demonio se vistió como pudo y antes de marcharse, se acercó a un cansado y tembloroso Lucifer, susurrando en su oído:
— Deberías usarlos más seguidos... Aunque me pones mucho más con tu trajecito... — Le dió una lamida a la oreja ajena y terminó por irse del lugar.
Lucifer suspiró pesadamente con una sonrisa traviesa, bajando su mano directo a su coño comprobando el semen que aún salía de su interior.
— Maldito pecador...
🍎.🦌
— ¡Alastor, volviste! — Charlie sonrió mientras veía llegar extrañamente por la puerta a su socio. Alastor sonrió y se acercó a la animada princesa.
— Felicidades, Charlie...
— ¿Felicidades? ¿Por qué?
— En un tiempo entenderás...
Y sin más, Alastor se esfumó en un chasquido dejando a una confundida Charlie.
🍎.🦌
n/a: súper fumado mk KQHDIWNAK no sé chamo solo se me ocurrió okkk no jate
tengo pensado segunda parte pero me demore casi una semana escribiendo esta vaina y ptmr no sé
opiniones pls (jate les denuncio la cuenta) kqhxowb mentira
chau
(lean mis otras historias mmwebos)
Alastor top muéranse todossss.
n/a: no lo sé, me mude aquí pero aún no me acostumbro, veremos que sucede después