between sanity and madness
Mudarse de país nunca ha sido nada fácil, son demasiadas cosas las cuales uno termina dejando atrás como amigos y costumbres para dar paso a una nueva vida con otras nuevas o mejores situaciones, sin embargo este no era lo que pensaba Memo Ochoa.
Todo lo que deseaba en la vida lo tenía en la ciudad que lo vio nacer; Guadalajara, poseía a los mejores amigos que jamás se esperó merecer Andrés Guardado y Javier Hernández, ya casi iba a finalizar la preparatoria para dedicarse full a lo que le encantaba en la vida: El piano y la música en general, y por último pero no menos importante, tenía a su hermoso novio Carlos Acevedo.
Pero cuando sus padres, Francisco y Natalia le dijeron una noche como cualquier otra que se iban a mudar al otro lado del continente porque una mejor oferta de trabajo se había presentado en Argentina para su padre, su vida perfectamente planificada se vino abajo, tan literal como metafóricamente.
Ya no podría ver a sus amigos como siempre lo hacia y al comentarle esta noticia a Carlos, este le dejo muy claro que no deseaba ninguna relación a distancia, siendo este el punto y aparte de su relación de dos años. Claro que le dolió este hecho, pero Andrés y Javier le dieron el apoyo suficiente para tratar de mantenerse firme y seguir adelante.
Lo único que le quedaba era su sueño de ser pianista, pero eso no compensaba todo lo que perdería en el momento en que pusiera un pie en el avión directo a Argentina. Además, seguía triste y desanimado para tratar de fingir una sonrisa de una felicidad que no llegaba a sentir ni lo más mínimo.
El día de la despedida llegó más rápido de lo esperado. Su familia estaba en el aeropuerto esperando su vuelo, mientras que compartía sus últimos momentos junto a Chicharito y Andrés, quienes les dieron a Guille unos regalos bien hermosos para que jamás se olvidara de ellos.
El menor de los Ochoa no pudo evitarlo y los abrazó con todo el cariño que sentía en aquel momento. Había compartido prácticamente toda su vida con ellos, eran muy especiales para él.
—Nunca nos olvides, Memo.
Las suaves palabras de Guardado se quedaron grabadas como fuego en la mente de Guillermo.
—Jamás lo haré —Dijo, separándose del abrazo— Son mis compadres, los que siempre estuvieron ahí para mí, ¿cómo los olvidaría?
—Mosca pues —Javier fue el que intervino, él era el encargado de siempre suavizar los momentos más emotivos— Uno nunca sabe si en Argentina también hay un par de loquitos como nosotros y nos reemplaces.
—Que va, ustedes son los originales —Dijo Memo dándole un pequeño golpe a Hernández, haciendo que los tres amigos se rieran un poco.
El castaño de rizos se prometió jamás olvidar aquel día.
Cuando la camioneta Ford F-150se estacionó al frente de en una casa con toques antiguos, Guillermo solo pudo hacer una pequeña mueca. Se esperaba una casa o apartamento en la ciudad, algo mucho más céntrico que esa casa algo apartada de la civilización, pero aunque quisiera no podía dar su opinión.
Si su padre decía que era lo mejor, este tendría siempre la razón.
Se metió su celular al bolsillo trasero del jean antes de abrir la puerta de la camioneta y salir. Hacia una brisa fresca, seguramente era la temporada donde hacia mucho más frío en Argentina. Además que los árboles alrededor de la casa le daba un toque especial al lugar, sintiendo como si hubiera retrocedido sin darse cuenta al pasado.
Cuando se dio cuenta, siguió a sus progenitores hasta la puerta principal, en donde vio como Natalia era la que había decidido tocar el timbre de la morada. Pasaron unos varios segundos para que se escuchara como el seguro de la puerta era retirado y la puerta fuera abierta.
Apareció entonces un hombre joven, algo más alto que Guillermo y poseedor de una mirada penetrante. Memo se sintió intimidado por este cuando sus ojos se encontraron.
—¿Qué quieren? —Preguntó toscamente, sin saludar previamente. La familia se miró a los ojos un poco confundida por como fue su trato, pero Francisco decidió tomar la palabra.
—Buenas, disculpe pero nosotros venimos a ver la casa —Respondió sereno, sin reclamar lo anteriormente dicho.
—Ahh, entonces pasen adelante —Dijo el hombre, para luego abrir completamente la puerta ofreciéndoles el paso a la casa. Memo al ser el que estaba al frente no estaba muy confiado de entrar, había algo que no le terminaba de cuadrar ahí.
Pese a eso escuchó nuevamente las palabras del hombre, así que no le quedo más de otra que entrar.
...
—¿Podría dejarnos el piano? A nuestro hijo le gusta mucho tocarlo —Preguntó Natalia, mientras estaba sentada junto a su esposo en la sala conversando sobre ciertas cosas con el dueño de la casa-quien se llamaba Rodrigo-.
—No, no hay problema —Dijo— Todo lo de la casa es suyo.
—Ah, perfecto. Cerrado el trato entonces —Comentó Francisco con emoción, antes de darle un abrazo lateral a su pareja— Ahora díganos, ¿por qué una casa así está tan barata?
Mientras esta conversación sucedía, Memo estaba paseando por la sala admirando todo lo que había en el lugar. Observando algunos libros que estaban agrupados en una pequeña mesa, los adornos algo antiguos que había sobre la chimenea, las pinturas que se apreciaban en las paredes y el dichoso piano de cola el cual tocó para estimar su textura.
—El joven del cuadro, Lionel Messi —Rodrigo se giró hacia donde estaba la pintura de un hombre bajo la chimenea— Fue un compositor del siglo 19 que vivía en esta casa y desapareció en misteriosas circunstancias; algunos dicen que su fantasma aparece.
Guillermo observaba cautivado el retrato del muchacho llamado Lionel, ignorando completamente la conversación de sus padres con el ya ex-dueño de la casona, viendo atentamente como este parecía ser más un ángel que una persona que había existido hace muchos años atrás.
El señor Ochoa soltó una pequeña carcajada al escuchar lo que el hombre dijo— Yo me imagino que esos solo son mitos urbanos, ¿no?
La mirada de Rodrigo dejó mucho por lo cual desear. Y esto lo notó Memo cuando escuchó un sonido algo sospechoso provenir de otra parte de la casa.
...
—¿Dices qué en la casa donde vives ahora hay fantasmas por ahí? Y yo que pensaba que eras el menos esquizofrénico de los tres, jajajaja —Comentó Chicharito en la videollamada grupal que hacían los tres por Skype.
—Cállate, es verdad —Dijo Memo rodando los ojos— Escuché un ruido cuando el anterior dueño hablaba sobre eso, no estoy loco se los juro.
—Bueno, digamos que es verdad —Intervino Andrés— Realmente no habría ningún sustento lógico que respalde lo que dijo el señor. Solo debe ser alguna leyenda para asustar niños por la noche, al igual que la llorona; son puras mamadas wey.
Memo suspiró cansado, todos lo tomaban por loco— Está bien. Cambiemos de tema.
Así conversaron un poco sobre los nuevos chismes que rodeaban su escuela y de cuales chicos les atraía de su peculiar salón de clases (En el caso de Javier era uno de los chicos populares llamado Cristiano y sobre Andrés era un estudiante de intercambio que había llegado hace poco de nombre Sergio).
Hubieran seguido hablando por horas hasta que Memo decidió finalizar la videollamada a causa del sueño que cargaba desde horas atrás se hizo más presente en el. El viaje en avión había sido algo cansón además que ya el reloj de su mesita de noche marcaba las 10:10 de la noche.
Apagó su laptop dejándola en el escritorio de madera al otro lado de la habitación, antes de ir hasta la habitación de sus padres y despedirse de ellos. Simplemente algunas viejas costumbres siempre permanecen, a pesar del tiempo transcurrido.
De camino de regreso a su habitación, vio una pequeña biblioteca que no había notado anteriormente. No eran tan fanático de la lectura, pero hubo algo que lo había atraído solo para curiosear un poco. Sin embargo, antes de que entrara hubo algo de claridad en su mente y decidió hacerlo al día siguiente. Tendría mucho más tiempo del que tenía en ese momento.
Llegó a su cuarto y apagó las luces que yacían prendidas, quedando la habitación a oscuras. Solo había una pequeña claridad a causa de la luz de la luna llena que se filtraba a través de las cortinas.
Se acostó en la cama matrimonial y sin darse cuenta se había quedado profundamente dormido.
...
Todo estaba muy tranquilo en la casa, todos los habitantes de ella estaban durmiendo pacíficamente y solo se escuchaba el ruido de los típicos insectos nocturnos que siempre andaban merodeando por ahí, pero al marcar las 4:12 de la madrugada, hubo un ruido del cual hizo despertar a Memo totalmente asustado.
—¡Mierda! —Se sentó en su cama, tratando de regularizar su respiración.
Escuchó el mismo ruido nuevamente, pero esta vez pudo descifrar de donde venía: De la sala. Estaba decidido en quedarse en su habitación, pero estaba tan intrigado de que carajos era lo que sucedía en la planta baja de la morada que decidió irse a ver que pasaba.
Si hubiera estado en sus cinco sentidos, se hubiera quedado temeroso arropado con su cobija de tigre hasta la cabeza, pero realmente no estaba en todos sus sentidos en esos momentos.
Cuando salió al pasillo, notó como papeles -los cuales identificó después como viejas partituras- volaban hasta llegar a donde estaba el viejo piano de la sala y una niebla misteriosa comenzaba a rodear el lugar.
No sabía como sentirse en ese momento, tenía el chance de devolverse a su habitación y convencerse de que eso solo era producto de su alocada imaginación, pero algo que no lograba identificar lo atraía como un imán, lo conducía hasta llegar a la boca del lobo hambriento.
Bajó las escaleras de madera en absoluto silencio, sin hacer ningún ruido para tratar de no despertar a sus padres, además que el hecho de estar descalzo era una gran ventaja para su cometido.
Cuando llegó a la sala como tal, observó que en efecto se trataba de neblina real, pero aquello era sumamente imposible. Estaban cerca de una montaña y el aire fresco de la zona se debía a eso, pero aún así no tiene sentido de ese raro fenómeno.
Cada segundo que pasaba tenía más preguntas confusas que respuestas claras.
Se agachó para recoger algunas de las partituras que cayeron cuando Guillermo salió de su habitación, notando en el proceso que eran canciones ya escritas pero por lo antiguas que se notaban tal vez eran del compositor del cual habló el anterior dueño horas atrás.
Se disponía a dejar aquellos papeles en cualquier lugar, cuando vio que alguien estaba al frente suyo viéndolo fijamente.
—¡Chingada madre! —Memo reprimió un grito al ver aquel hombre, pero no pudo evitar maldecir un poco.
Aunque al verlo mejor, no pudo evitar palidecer como una hoja blanca tamaño carta. Era el mismo sujeto del cuadro, o mejor dicho su fantasma. Entonces Rodrigo sí tenía razón y Memo no era un esquizofrénico que necesitaba estar internado como 10 años en un hospital psiquiátrico.
«¿cómo se llamaba? ¿Leonel? ¿Leonello? ¿Lione? ¿Lionel? Ay no sé, no me acuerdo ya.»
Pero simplemente el fantasma era sumamente hermoso, el vivo retrato del Dios griego Adonis. Aquella piel tan blanca como la porcelana, esos ojos color café fijos en Guillermo que lograba hacerlo sentir indefenso, su ropa tan anticuada pero a la vez tan elegante y su arreglado cabello castaño que le llegaba hasta el cuello, simplemente lo cautivó por completo.
Pero no quitaba el hecho de que se sintiera aterrado porque era un maldito fantasma el que veían sus ojos.
Cuando Lionel comenzó a acercarse a Memo, este último por inercia comenzó a retroceder a la par, hasta llegar a chocar con una de las paredes del lugar. El fantasma se había acercado tanto al contrario que Memo fácilmente podía notar un brillo particular en los ojos de Messi.
Aunque el sonido de algo cayéndose hizo que Guillermo gritara por el susto y se cubriera el rostro con las manos. A los pocos segundos vio que estaba solo en el lugar, como si lo vivido anteriormente solo hubiera sido algo generado por su mente.
Solo corrió asustado a encerrarse a su cuarto.
—Amá, apá —Llamó la atención de sus padres. Su madre cocinaba el desayuno, mientras que su padre estaba leyendo las noticias del día por su celular— El dueño de la casa tenía razón, en la madrugada se me apareció el fantasma del cuadro.
Memo estaría mintiendo si dijera que aquel fantasma no había generado algo negativo en él, porque era todo lo contrario. El recuerdo estaba grabado en fuego en su mente, estaba seguro que no había sido su mente jugándole una mala pasada.
—Es por eso el grito de anoche —Dijo su madre entregándole unos chilaquiles a Memo, encontrándole sentido a lo que hizo su hijo por la noche.
—Ahora crees en apariciones —Se unió Francisco a la conversación, dejando el móvil a un lado. Obviamente no creía lo que decía Guillermo.
Ambos adultos se rieron, mientras Memo solo rodaba los ojos al ver que no se tomaban en serio lo que decía.
—Ustedes nunca me creen nada —Dijo exasperado el de rizos marrones, para luego levantarse de la mesa claramente molesto. Sus padres solo se miraron por un momento, pero le restaron importancia al comportamiento de su hijo.
Creían que era una etapa de Memo, algo que olvidaría más temprano que tarde. Que tan equivocados estaban.
...
Y así las horas pasaron como arena entre los dedos, y Memo regresaba de haber explorado un poco los alrededores de la casa-inclusive llegando hasta donde estaban sus vecinos más cercanos como a 6 kilómetros-.
Por lo que recordaba, eran Enzo Fernández y Julián Álvarez, una pareja que vivían por la zona desde hace no mucho tiempo y que entendían perfectamente el sentimiento de Memo al mudarse a otro sitio completamente nuevo. Se quedó hablando con ellos hasta muy tarde, -sus padres estaban al tanto de esto- y ya prácticamente eran las cuatro de la madrugada cuando vio el reloj que estaba en el vestíbulo.
Memo fue hasta la cocina, viendo como le habían dejado la cena en el comedor, sonriendo sin darse cuenta.
Al momento de sentarse, retiró la tapa que tenía el plato viendo que era una sopa. Este alimento no era de su total agrado, pero tenía demasiada hambre y las galletas que les había ofrecido sus vecinos horas atrás ya no le hacían ningún efecto a su estómago hambriento. Aparte que no había desayunado a causa de su enojo generado por sus padres en la mañana.
Soltó un bostezo cuando trataba de agarrar la cuchara de metal, y su reloj de muñeca se iluminó revelando que eran las 4:12am, aunque Memo no lo notó. Además que una pequeña neblina ya algo conocida empezaba a rodear el comedor.
Cuando el menor de los Ochoa se estaba quedando dormido, algo le hizo despertarse y voltear hacia su lado izquierdo, notando por segunda vez al fantasma de la noche anterior.
Tan agradable que había sido el día que se le había olvidado aquel pequeño detalle.
El de rulos castaños tenía intenciones de gritar una vez más, pero Lionel puso su dedo índice en los labios de Memo, evitando que así soltara algún sonido proveniente de su boca. Luego al ver que Guillermo no iba a gritar, Messi con una seña le indicó al contrario que tomara su mano.
Ochoa estaba totalmente confundido, si era un fantasma ¿cómo carajos iba a tomar su mano?
Pero sin importarle eso, con algo de miedo y lentitud agarró la mano de Messi, y al contrario de lo que el pensaba no era un fantasma como tal -ya que podía sentirlo, estaba totalmente fría la mano del otro-. Entonces, ¿será que no estaba tan loco como él creía?
Lionel esbozó una sonrisa que nuevamente hizo que sentimientos desconocidos en Memo se manifestarán en su interior, deleitándose con el no-fantasma.
Pero eso no duró mucho, ya que todo había sido producto de un sueño que tuvo. Al despertar se encontró solo en el comedor, y el plato de sopa sin terminar. Eso solo hizo que llevara sus manos a su cabello, simplemente estaba enloqueciendo por culpa de esa maldita casa.
...
Había pasado casi una semana sin actividad paranormal, para la suerte de Memo. Además que hizo más amigos gracias a sus vecinos, pero aún así ninguno de los chicos se comparaba lo que había significado su longeva amistad con Andrés y Javier.
Los tres conversaban y todo por su grupo en whatsappy hacían sus videollamadas por skype constantemente, pero sin lugar a duda no era lo mismo que verse en persona y echarse broma.
Aunque averiguó mucha más información del no-fantasma de su casa, gracias a Leandro Paredes -uno de los amigos de Julián- que sabía mucho sobre leyendas y mitos que rodeaban la zona.
«¿Lionel Messi? Bueno, fue un compositor muy reconocido en Argentina y otros países de Latinoamérica, su música era muy revolucionaría para la época en la que se trataba y su mayor talento era tocar el piano, pero un día muy normal se dio la noticia de que había desaparecido y posteriormente hallado muerto en su casa semanas después por causas desconocidas antes de terminar su última canción más esperada. Muchos dicen que se suicidó y otros afirman que lo asesinaron, pero nunca lo sabremos; han pasado dos siglos tras eso.»
Aún sentía el aroma del cigarrillo que Leandro fumaba mientras relataba la versión de la historia que él conocía. Claro, había ciertos detalles que tenían un poco de sentido, pero otros eran nuevos huecos en la historia que se formaban.
Pero en ese momento no estaba para distracciones, estaba leyendo uno de los libros de la biblioteca «Orgullo y Prejuicio» en el patio de la gran casona, cuando sus oídos captaron el ruido de una de las ventanas abriéndose abruptamente.
Ya se había medio acostumbrado de que ruidos extraños sucedieran dentro de la casa, pero ese en especifico hizo que levantara la vista del libro y viera que ahí estaba nuevamente Lionel junto a la clásica niebla que lo rodeaba, viéndolo desde la lejanía de su propia habitación.
Le pareció raro que el no-fantasma se manifestara a plena luz del día, pero le restó importancia cuando este le hizo una seña para que fuera hasta donde el estaba.
Guillermo dejó en automático el libro en la mesa del patio, antes de ir corriendo hacia la habitación, pasando por la sala donde se exhibía el majestuoso piano y la biblioteca de interesantes libros.
Al llegar a su cuarto, vio como Lionel ya había desaparecido del lugar dejándole un sentimiento de vacío en él, aunque al revisar con más detalle el lugar vio como había algo escrito en el espejo con rastros de neblina en ese lugar precisamente.
«Biblioteca 412»
Lo único que entendió fue el lugar, más no los números. ¿Qué era exactamente lo que representaba aquellos tres números? Así que sin darle tantas vueltas al asunto se dirigió hacia la biblioteca de la casa, que estaba justo al lado de su cuarto.
Se la pasó buscando por varios minutos algo fuera de lo común en la estantería revisando todas las secciones de libros, pero simplemente no había nada, ningún indicio de nada extraño.
Entonces una carpeta negra casi se cae mientras revisaba unas enciclopedias, atrapándolo por mero instinto. Iba a dejar aquel portafolio en donde lo dejó para seguir revisando a profundidad cada uno de los libros que allí había, pero quiso revisar primero que había dentro.
Algo se lo decía, su sexto sentido tal vez.
Memo caminó hasta sentarse en el sofá que estaba al lado del estante, mientras iba abriendo la carpeta observando algunas partituras -de las cuales supuso que eran canciones que había escrito Lionel-, pero entonces encontró un retraso de periódico ya viejo.
—Compositor Messi desaparece misteriosamente —Leyó el enunciado en voz baja, viendo como una foto de la casa acompañaba el titular de la noticia. Por lo que observó la casona no había cambiado en nada prácticamente.
Dejó el papel de lado junto a las partituras, viendo que más podía conseguir dentro del portafolio.
—El misterio de la desaparición de Lionel Messi sigue sin resolverse.
Era otro pedazo de periódico junto a más canciones del músico, y así podría seguir durante horas; revisando cada canción y cada titular ya manchado de amarillo por el tiempo transcurrido.
Entonces un último recorte de periódico llamó su atención.
—Su última canción: “Quiero Que Vuelvas” incompleta para siempre —Esta vez había una foto de Lionel vestido elegante, con una gran sonrisa en el rostro, cargando un premio que no reconocía entre sus manos. Esto hizo que Memo se maravillara con esa imagen.
Sonrió al notar como había una partitura completamente en blanco con un titulo con una letra perfecta «Quiero Que Vuelvas» era lo que se leía ahí. Entonces sintió como que si hubiera descubierto la cura contra el cáncer, o que todos los secretos del universo hayan sido revelados exclusivamente a él sin ninguna clase de filtro.
Guardó todos los papeles en la carpeta negra, antes de marcharse de la biblioteca. Solo le quedaba esperar.
Guillermo bajó a la sala cuando notó que ya sus padres estaban totalmente dormidos en su habitación respectiva. Esa escena le recordaba la primera noche en la que había estado en la casa, cuando conoció por primera vez al no-fantasma de Lionel.
Ahora viéndolo de otra perspectiva, era divertido y alocado por igual. Creía que Javier tenía razón, le había dado esquizofrenia o algo parecido.
Se sentó en el banco del piano, revisando en su Apple Watch que efectivamente ya el reloj había marcado las 4:12am, misma hora en que Lionel se presentaba ante él sin falta-menos el día que lo vio en plena luz del día, pero eran detalles irrelevantes-. Entonces la brasa ardiente de la chimenea se apagó inesperadamente. Esto logró que un escalofrío rodeara por un instante la espalda de Memo.
Guillermo por miedo cerró los ojos, sin saber que Lionel ya había aparecido en la sala, sentándose a su lado en el banco. Cuando Memo se dio cuenta de que Messi estaba ahí con él fue cuando este último se acercó a su oreja y comenzó a susurrar notas musicales.
Las notas que iban en la partitura en blanco.
El castaño de rizos agarró un bolígrafo que había traído por si las moscas y comenzó a anotar todo lo que le decía el compositor a su oreja, mientras que este comenzaba a acercarse más a él, llevando su mano al rostro de Memo.
Así duraron un buen rato, anotando y susurrando respectivamente hasta que Lionel comenzó a tocar el piano a la par que Guillermo seguía escribiendo en la hoja.
Ambos se giraron para verse, admirando al otro con anhelo. Comenzaron a acercarse lentamente, antes de que Messi tomara la iniciativa y atrapara los labios de Guillermo en un sublime beso. Este último se sorprendió por el contacto helado del otro, sin embargo correspondió el gesto con rapidez.
Así duraron hasta que Memo se separó a falta de aire en sus pulmones. Sin decirse ni una palabra siguieron con su trabajo, antes de que Messi tocara las notas finales de la canción.
—Quiero que regreses —Cantó Memo, para luego abrir los ojos y ver que ya Lionel no estaba en la sala junto a él.
Al ya cumplir el objetivo de terminar la canción -la cosa que lo tenía atado al mundo terrenal-, su espíritu ya podía descansar en paz. Entonces, ¿por qué Memo tenía un sentimiento de vacío en su pecho? nunca lo sabría.